Disclaimer: El Potterverso no me pertenece y esto no tiene ánimos de lucro.

Esta historia participa en el reto Tropos, tropos everywhere del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.

¿Ha pasado mucho tiempo, no? Llevo un buen rato sin publicar, pero los buenazos de la Noble y Ancestral Casa de los Black crearon un reto que va de mi cosa favorita en la vida: LOS TROPOS. Especialmente los tropos de romance con alto pining y mucho mirarse a los ojos con amor. Y además, me sortearon el tropo de los "casi besos", que es claramente un imán para mi amor por el romance lleno de angst.

Así que esto es lo que salió. No creo que sea lo mejor que he escrito, pero es lo ha salido.

Aguas revueltas

We none of us expect to be in smooth water all our days.

Jane Austen, Persuasion

Londres, mayo de 2001

Theodore Nott había cometido muchísimos errores a lo largo de su breve vida. Casi todos cuando era un mocoso que no sabía nada de nada, mucho menos de plantarles cara a su padre y al Señor Tenebroso. Y aun así, había pagado por ello. Pagado con años en Azkban, que aun sin dementores era un lugar miserable. Y seguía pagando, con cada mirada de desprecio que recibía, con cada comentario que escuchaba acerca de cómo podían darle una segunda oportunidad a alguien como él. A alguien que había hecho lo que él había hecho.

Pero incluso ese error se veía pequeño al lado de ella. Al lado de dejarla ir, por segunda vez. Aunque en realidad sólo la había dejado ir una vez, cuando ella había insistido en que él tenía que tomar bando y él se había quedado donde estaba. Ella se había alejado y él no había dado un paso para seguirla. Ahora las cosas eran distintas.

Ahora él era quien se había alejado. No podía estar con ella. No podía arrastrarla a su estatus de paria social, contaminarla. Lisa se merecía mucho más que eso. El mundo tenía que sonreírle como ella sonreía al mundo.

Por eso había dejado de contestarle sus mensajes y la evitaba siempre que le era posible. Era lo mejor para todos los involucrados. Ella ya había perdido demasiado por él, lo mejor que podía hacer era desaparecer y dejar que ella siguiera con su vida.

Con lo que no contaba era con ella.

Con ella apareciendo en su trabajo un día casi a la hora del cierre, cuando no quedaban clientes en la heladería y la escoba barría por su cuenta las baldosas de colores que decoraban el suelo de la heladería de Florean Fortescue. No había contado con ella, su sonrisa y sus ojos que, incluso con todo lo que ha pasado en sus vidas, siguen teniendo la misma luz de siempre.

Aunque en estos momentos, no parecían especialmente luminosos. Theo la había visto pocas veces así, pero podía reconocer a Lisa Turpin enojada. Y darse cuenta de eso hizo que se le encogiera el corazón.

—¿Ya has tenido tiempo suficiente para ser dramático? —preguntó a quemarropa, acercándose al mostrador de la heladería. Por el rabillo del ojo, Theo vio como Florence, su jefa, se retiraba a la cocina detrás—. ¿Cinco meses, en serio?

—¿Qué estás haciendo aquí?

—¿Qué crees? Después de que no te dignaras a responderme ninguna de las lechuzas que te envié, o que cada vez que iba a tu casa, curiosamente no estabas ahí, te di tu espacio. Pero tenemos que hablar de una vez por todas, Theodore Nott.

—Lisa, ya te lo dije. No creo que podamos volver a empezar. Y no soy…

—No empieces de nuevo, por Circe —bufó Lisa, alzando ambas cejas a modo de advertencia—. Di lo que quieras, pero quiero que vuelvas a estar en mi vida. Como amigos.

Las últimas dos palabras se quedaron en el aire entre los dos. La chica estiró una mano en dirección al joven, como invitándolo a desafiar una ley silenciosa.

—Mira, puedes ir de independiente por la vida, pero te conozco mejor que esto, Theodore Nott—. A Theo le saltó el corazón, muy a su pesar, al escucharla decir su nombre completo. Como hacía antes—. Y necesitas amigos.

Theo se mordió el labio. En los últimos meses, no había podido dejar de pensar en ella y en lo que haría si la volví a tener enfrente.

Ninguno de los escenarios en su cabeza había contemplado estrecharle la mano y aceptar la oferta de amistad que ella le extendía.

—Vale. Amigos —dijo, estrechándole la mano.

Ella le sonrió.

Y Theo supo que había agregado otro error a su colección.

-o-

Londres, junio de 2001

—¿De verdad nunca has comido pizza? —preguntó la chica, alzando las cejas con sorpresa—. ¿Nunca?

—A ver, sé lo que es —respondió él, encogiéndose de hombros—. No crecí debajo de una piedra, pero es sólo que nunca la he probado.

—Es la mejor comida del mundo.

Lisa se había cambiado de ropa después de su guardia, a una sudadera con unos muñecos que Theo no lograba identificar, y unos jeans desgastados por el uso. Se había atado el pelo en dos trenzas como las que había usado en sus primeros años en Hogwarts y tenía los pies enfundados en unas pantuflas rosadas y peludas que eran una ofensa a los ojos de Theo. O lo habrían sido si no hubiera sido ella la que las llevaba.

—Si tú lo dices.

—Tengo razón, ya lo verás —dijo la muchacha, levantándose para coger una hoja de papel y hacer una anotación en ella. Su lechuza, que descansaba en una percha junto a la ventana mirador, sacudió las alas mientras la joven le ataba la nota a la pata y abría uno de los paneles para dejarla salir—. Y ahora esperamos —declaró, sentándose en el sofá junto a Theo.

Theo respiró hondo, sintiendo el olor del shampoo de Lisa en su cabello. La tenía tan cerca, tan cerca. Tanto que si estiraba una mano podría tocarla. Lisa no parecía darse cuenta de que él la estaba mirando, absorta como estaba en elegir algo para ver esa noche. Theo no entendía bien cómo funcionaban esos aparatejos muggles, mucho menos por qué a Lisa le gustaba tenerlos en su casa. Pero en realidad, le estaba empezando a agarrar el gusto a esas cosas que se llamaban películas.

—¿Te parece esta? —preguntó la muchacha, dándole apenas un momento al joven para apartar la mirada y hacer cómo que estaba muy ocupado siguiendo el bordado de los cojines con el dedo—. Va de un tipo que se queda atrapado en una isla en la mitad de la nada… —Lisa se detuvo repentinamente, como si se hubiera dado cuenta de algo—. Ahora que lo pienso, quizás no es la mejor película para ti.

—¿Lo dices por Azkaban?

—Por supuesto, ¿por qué más?

—Está bien, Lisa.

—No, no lo está. Veamos otra cosa —Lisa apartó la mirada rápidamente, examinando de nuevo las cajas que tenía enfrente. Theo extendió una mano y le tocó el hombro.

—Está bien, de verdad.

Lisa se quedó mirándolo por unos momentos y Theo sintió esa sensación familiar del estómago cerrado. No recordaba la última vez que habían estado tan cerca. Y por alguna razón, le parecía que Lisa estaba cada vez más cerca de él, tanto que no sólo podía oler su cabello, sino que también podía ver sus labios.

Sus labios.

Los labios que le habían dado su primer beso en los terrenos de Hogwarts, antes de que todo en sus vidas se fuera a la mierda. Lisa estaba tan cerca de él que sólo tenía que inclinarse un poco para que sus bocas se tocaran.

Sólo un poco.

Theo sintió que el aire se volvía espeso a su alrededor.

Y entonces algo golpeó la ventana.

Lisa saltó como si hubiera estado sentada en un resorte y Theo se echó hacia atrás.

—¡La pizza! —exclamó ella, acercándose a la ventana para dejar entrar a la lechuza que traía una caja cuadrada, que depositó sobre la mesa antes de volver a su percha—. Yo… lo siento mucho, Theo, no…

—Olvídalo, está bien.

Lisa tenía las mejillas coloradas y él, una vez más, pensó que se veía preciosa. Pero que estaban intentando ser amigos. Nada más.

Había cosas que simplemente no podrían ser.

-o-

San Mungo, junio de 2001

—Por favor, dime que estás bromeando —dijo Morag, mirando a su amiga que acababa de contarle lo que había sucedido con Theo unos días antes. O mejor dicho, lo que no había sucedido.

—Lo sé, lo sé. Esto de ser amiga de Theo es la peor idea que he tenido en mi vida. —Lisa se echó sobre la mesa del despacho que compartían en el hospital mágico.

—No diré que no —replicó Morag—. Pero sospecho que tenemos razones disitntas para creerlo.

—¿Quieres decir que tengo que olvidarme de él y dejarlo ir?

—No. —Morag hizo una mueca—. Más o menos lo contrario, Lisa. Te pasaste años tratando de olvidarte de él y apenas apareció, dejaste a Tony.

—No me lo recuerdes. —Gimió Lisa, sin levantar el rostro de la mesa—. Soy lo peor y tiene todas las razones del mundo para odiarme.

—Ya, fue doloroso. Pero no te odia, Lisa. Tarde o temprano volverán a ser amigos. Pero con Nott… las cosas son distintas.

Por supuesto que eran distintas. Con Tony todo siempre había sido fácil, como navegar en un lago en calma, siempre sabiendo a dónde se dirigía. Con Theo, las cosas se parecían más a una tormenta, sin que Lisa nunca supiera a dónde se dirigía. Pero con Tony nunca habìa terminado de sentirse bien, como si algo no calzara. Con Theo, con todos los problemas que le habìa traído —y le seguía trayendo, maldita fuera—, Lisa siempre sentía que estaba donde tenía que estar. Por eso había sido tan díficil volverlo a ver, porque le había hecho ver que las cosas con Tony simplemente no encajaban.

—¿Y qué hago ahora?

Morag suspiró.

—No sé por qué me preguntas a mí, tu amiga perpetuamente soltera —bromeó—. Creo que Padma está más calificada para este tipo de consejos que yo.

—Puede ser. Pero creo que las dos sabemos lo que diría Padma ahora. —Lisa levantó la cabeza y sonrió.

—Claro. Algo así como "sólo dile lo que sientes" o algo por el estilo. Eso fue lo que según ella le sirvió con el tarado de Smith.

—¿Y si me rechaza? Él también tiene todas las razones para no querer estar conmigo. Lo herí tanto.

—Creo que probablemente nuestra Padma hipotética te diria que los dos tienen que hablar de esto, aclarar el aire de alguna forma. No pueden seguir así.

No, no podían. No con esa muralla de las cosas que nunca se habian dicho entre ellos. Lisa suspiró y dio un sorbo a la taza de té que había dejado sobre su escritorio y que después de toda esa conversación, estaba fría.

Tarde o temprano tendría que hablar con Theo sobre todo esto. Pero ahora mismo, esperaba que fuera más tarde que temprano.

-o-

Callejón Diagon, julio de 2001

A pesar de haber sido novios por casi tres años, Lisa nunca habia tenido una cita con Theo. Las cosas habían sido demasiado complicadas para eso y Theo siempre dijo que quería protegerla. Lisa se había demorado en entender por qué. Theo no quería que nadie la utilzara para forzarle la mano, bastante tenía con su padre, que ya estaba determinado a convertirlo en un mortífago. Lisa habría sido otra herramienta para manipularlo, pero Theo se había empeñado en mantenerla en secreto lo más posible. Su relación había sido de conversaciones eternas al borde del Bosque Prohibido, besos en rincones escondidos y reuniones a altas horas de la noche. Nunca se habían tomado una taza de té en Madame Pudipié, ni cervezas de mantequilla en Las Tres Escobas.

Por eso era una novedad que Lisa se hubiera atrevido a invitarlo a tomar un café en una cafetería en el Callejón Diagon. Un café. Algo amistoso y seguro. Ni una posibilidad de encontrarse en una situación como la de unas semanas antes. Lisa no estaba segura de si confiaba en sí misma como para verlo en solitario.

Ella llegó primero, ansiosa y con el estómago hecho un nudo. Se había sentado en una mesa en un rincón y había pasado los últimos cinco minutos jugando con los sobrecitos de azúcar que estaban en una cajita junto a las servilletas. Después de todo, ahora era ella la que lo había evitado durante semanas. Había tenido que armarse de valor para escribirle una nota e invitarlo. Ahora sólo tenìa que sobrevivir esta nueva reunión sin quedar como una completa idiota.

Toda esa resolución se fue al carajo cuando lo vio entrar. Se veía más sano que en los últimos meses, habia ganado peso y sus mejillas ya no estaban hundida. Tenía el pelo demasiado largo, tanto que Lisa por un momento pensó en lo mucho que quería pasar sus dedos entre sus cabellos. El pensamiento fue lo suficientemente claro para que Lisa se pusiera violentamente roja, justo cuando él llegó a su mesa. Por suerte para ella, Theo no hizo ningún comentario, aunque ella sabía que era imposible que hubiera pasado por alto sus mejillas coloradas.

—Hola.

—Hola.

Lisa se mordió el labio. Por unos momentos, ninguno de los dos dijo nada. Theo, sentado frente a ella, se puso a juguetear con el borde de una servilleta.

—¿Supiste que Malfoy se va a casar? —preguntó Lisa, que se había enterado unos días antes por Corazón de Bruja (no era que ella leyera la revista horrible, sólo que de vez en cuando cogía alguna copia que quedaba abandonada en la sala de espera en San Mungo).

—No, no tenía ni idea —respondió él, devolviéndole una mirada inescrutable—. No he seguido hablando con mis compañeros de casa.

Lisa quiso azotarse la cabeza de nuevo. Por supuesto. Los que se habían salvado de ser encarcelados habían hecho todo tipo de esfuerzos por distanciarse de los que sí habían dado con sus huesos en Azkaban. Como Theo.

—Y bueno, creo que nunca le caí bien a Malfoy —añadió Theo, con algo que se parecía a una sonrisa.

—¿Por qué no?

—Supongo que porque no estaba dispuesto a lamerle el culo como los demás. O porque pasaba de él y sus tonterías, así que él pasaba de mí.

—Menudo idiota que era.

—Oh, te aseguro que lo sigue siendo —Theo sonrió—. Ahora debe esconderlo mejor.

Otro silencio, menos cargado que el primero. Lisa siguió jugueteando con los sobrecitos de azúcar.

—Por favor dime que no me invitaste para cotillear acerca de Draco Malfoy —dijo Theo y Lisa volvió a sonrojarse violentamente. ¿Cómo podia decirle que lo había invitado porque lo extrañaba tanto que le dolía?

—No, claro que no. Sólo quería asegurarme que estaba bien.

—Lo estoy, gracias por preocuparte.

—Claro que me preocupo, Theo.

Él sonrió de nuevo, pero era una sonrisa que estaba libre de la amargura que a veces solía teñirla. Lisa la recordaba de sus primeros años en Hogwarts, cuando los dos se habían hecho amigos. La amargura había aparecido después, cuando él fue el primero en notar que el pequeño mundo que habían construido no iba a aguantar los embates del exterior.

—Te he extrañado, Lisa —dijo él finalmente.

Lisa sonrió. Quizás no todo estaba perdido. Quizás podrían volver a ser amigos una vez más. Volver a encontrarse. De pronto, casi sin aviso, sintió el rostro de Theo muy cerca del suyo. Tan cerca que ella podría haber deslizado sus dedos por su cabello. Tan cerca que podía oler su colonia. Tan cerca que…

—Tienes algo en… —musitó él, bajito, para que sólo ella lo oyera, y pasándole una mano por el mechón de cabello que caía junto a la mejilla de Lisa.

—Oh.

Todo su cuerpo estaba concentrado en esos momentos, en los labios de Theo tan cerca de los suyos que sólo tenía que moverse un poco para tocarlos.

Pero antes de que pudiera hacer un movimiento, escuchó el ruido de una taza caer al suelo. Theo se echó hacia atrás, con una mirada que ella, una vez más, no supo interpretar.

-o-

El Caldero Chorreante, agosto de 2001

Theodore Nott nunca había sido de muchos amigos. Era introvertido y siempre había preferido quedarse a un lado y observar, más que participar en los juegos de otros chicos de su edad. Lisa había sido una excepción, pero no la única. Ahora, años después, Theo no se explicaba que Blaise Zabini siguiera siendo su amigo. Probablemente porque la opinión del resto, en general, le importaba un comino. No le importaban los comentarios ni las miradas cuando lo veían junto a Theo.

Lo que era más sorprendente era que Blaise lo había arrastrado a un bar. Un viernes por la noche, cuando Theo normalmente prefería quedarse en casa con un libro y una taza de café. O quedar con Lisa, a pesar de que cada momento junto a ella era una lucha constante en su interior entre el impulso de besarla hasta dejarla sin aire y su sentido común que le decía que no era el momento.

El bar estaba lleno y Theo reconocía algunas caras de sus años escolares. Dudaba mucho que la mayoría de esas caras fueran a estar muy contentas de verlo ahí. Aunque la verdad era que con la cantidad de gente que había, lo más probable era que nadie se diera cuenta de que estaba ahí.

—Entonces, ¿estás dispuesto a ser mi segundo? —Blaise depositó un vaso de whisky de fuego frente a Theo antes de deslizarse en el asiento junto a él con una copa de vino para sí mismo. Theo, una vez más, se preguntó cómo exactamente su amigo se las había arreglado para arrastrarlo hasta ahí.

—¿Ah? ¿Con quién vas a pelear?

—Con nadie —respondió Blaise, con una mirada divertida—. Es un decir, hombre. Sólo necesito que me ayudes a identificar a la chica o chico que pasará la mejor noche de su vida. Conmigo, claro.

—Si es contigo, dudo mucho que sea la mejor noche de su vida —replicó Theo.

—Mira, estás recuperando tu sentido del humor —dijo Blaise con una sonrisa divertida—. Te aseguro que una noche conmigo es lo mejor que le podría pasar a cualquiera de estas personas. Y que conste que te lo he ofrecido a ti.

—Sí… creo que paso.

—Tú te lo pierdes. Aunque como suspiras por tu Lisa, tampoco creo que lo fueras a disfrutar particularmente. —Theo le lanzó una mirada de advertencia, que su amigo ignoró olímpicamente—. Mira, no soy quién para decirte qué hacer, pero a lo mejor deberías hablar con ella directamente.

—De verdad, Blaise, no quiero hablar de esto.

—No te entiendo, Theo. Pensé que estaban volviendo a ser amigos.

—Algo así. Pero no sé si podremos borrar todo lo que pasó —musitó Theo, apretando los labios y bajando la mirada hacia el vaso de whisky de fuego que tenía en la mano—. No quiero hablar de esto.

—Vale. No tenemos que hablar si no quieres, pero si estás dispuesto a echarme una mano con lo mío, lo aceptaré con gusto.

—No lo sé. Creo que esto es una mala idea.

—Por supuesto que lo es. Me traje a mi amigo emo para que sea mi segundo, claramente no soy el de las ideas brillantes. Pero también es cierto que necesitas airearte, Theo.

—¿Airearme?

—Sí. Salir de tu puto cuarto y respirar un poco. Eres joven, trata de actuar como si lo fueras.

Theo suspiró y dio un sorbo a su vaso. El whisky recorrió su garganta, dejándole la habitual sensación de calor a su paso. Nunca había sido un bebedor habitual, pero sí que recordaba una vez en que se había robado los restos de una botella de casa y había convencido a Lisa de probarlo con él. Los dos haían hecho arcadas tras el primer sorbo, escondidos en una sala de clases desocupada, pero habían seguido bebiendo y riendo bajito mientras se besaban, envalentonados por el alcohol, que no había sido suficiente para emborracharlos del todo, pero sí para soltarles la lengua y hacerlos hablar de todo y nada.

—¿Necesitas que practiquemos las sonrisas o ya estás listo para salir a las pistas conmigo? —preguntó Blaise, que había vaciado su copa de vino y estaba mirando fijamente a su amigo.

—Vale, lo que sea.

Trató de empujar el recuerdo de Lisa con las mejillas coloradas a la parte de atrás de su cerebro. ¿Por qué siempre tenía que estar ahí? ¿Por qué no podía conformarse con una amistad simple y sin complicacione? Eso era lo que los dos querían, ¿no?

-o-

El Caldero Chorreante, agosto de 2001

Lisa dio un sorbo al vino blanco que tenía en la mesa frente a ella. Esto había sido una mala idea. Una pésima idea. Ella, que hubiera preferido quedarse en casa con un libro y una taza de té, estaba en una cita doble por idea de Morag. Su amiga le había rogado que la acompañara y le había asegurado que su chico llevaría a un amigo muy simpático y tal. Morag llevaba un par de semanas saliendo con el chico en cuestión, Luke Cholderton, que trabajaba en el Ministerio y tenía pinta de ser un buen tipo, aunque con Morag nunca se sabía. Para una chica tan lista, su gusto en hombres era cuestionable, por lo bajo.

Así que ahora Lisa estaba en el Caldero Chorreante, sentada en una mesa adosada a la pared, mientras intentaba hacer como que lo estaba pasando bien. Al menos lo estaba intentando.

El amigo de Luke, Geoff, parecía simpático y se había esforzado por preguntarle a Lisa cosas sobre ella. Los dos eran medio muggles y pronto se enfrascaron en una conversación acerca de fútbol. Lisa habñia heredado de su padre el gusto por ese deporte, junto con la afición por el Manchester United, que siempre había sido el equipo favorito en casa de los Turpin. Geoff, por su parte, era seguidor del Liverpool, aunque Lisa no lo iba a contar en contra de él.

—¿En qué departamento del Ministerio dices que trabajas?

—En Cooperación Mágica Internacional. Siempre me gustó conocer cómo vivían los magos en otras partes del mundo y he tenido la suerte de poder viajar bastante con el Ministerio. ¿No quieres más vino?

Ella asintió y, por el rabillo del ojo, miró a Morag, que estaba enfrascada en una conversación muy íntima con Luke. Casi no se dio cuenta de que Geoff se había acercado más a ella, que estaba sentada casi al borde de la mesa.

—¿Y cómo fue que tú terminaste en San Mungo? —preguntó, rellenando la copa de la joven con la botella que descansaba al medio de la mesa.

Lisa se mordió el labio. Podía contarle que había descubierto que no sólo le interesaba, sino que también tenía talento para la sanación en ese año terrible en Hogwarts, cuando todo en su vida se había ido a la mierda. Miró a Geoff, que parecía tan honesto y tan simpático y tan sin complicaciones. No podía hablarle de ese año. Era algo que sólo podían entender los que habían estado ahí, un secreto que cargaban a duras penas. La guerra había tocado a toda la comunidad mágica, pero los que habían pasado por Hogwarts en ese año de los horrores compartían un dolor diferente.

—Siempre quise ser medimaga —dijo, a modo de explicación. No era una mentira, sólo una verdad diluida, a medias. Pero no podía hablar con él de eso, de los niños con cicatrices de maldiciones que nunca sanarían o de los huesos rotos que tuvo que aprender a reparar sin poción crecehuesos. Mucho menos de los que no había logrado ayudar.

—Ya veo. Creo que te pega, Lisa.

Ella sonrió. A lo mejor él había entendido que no era un tema del que quisiera hablar, porque se enfrascó en una historia sobre el año que había pasado viviendo en Etiopía, aprendiendo sobre la cultura mágica local. Era fascinante y Lisa se permitió perderse en sus palabras. Después de todo, era joven. No podía pasarse la vida lamentándose por una relación que había perdido cuando tenían diecisiete años. No podían recuperar eso con todo el trauma que sostenían entre ambos. Una amistad era lo mejor que podían ofrecerse, pero Lisa tenía que seguir adelante cómo fuese.

—¿Me acompañas a la barra a buscar otro trago?

—Sí, claro —dijo Lisa, mirando de reojo a Morag, cuya melena roja le cubría el rostro, pero Lisa podía notar que se reía ante algo que Luke le había susurrado al oído. Geoff lideró el camino hacia la barra, por en medio del sorprendentemente lleno bar. Hannah se había hecho cargo del local hacía no mucho, esforzándose por transformarlo en un lugar más amable para los jóvenes, especialmente por las noches. Los viejos clientes se quejaban, aunque lo cierto era que los estándares de limpieza habían mejorado mucho.

—Vaya, vaya, qué sorpresa.

Lisa miró hacia el lugar de donde provenía la voz, encontrándose cara a cara con Blaise Zabini. Nunca había estado muy segura de qué pensaba acerca del muchacho, que tenía la tendencia a no comprometerse a nada ni a nadie.

—Blaise, hola.

Antes de que ella pudiera decir nada más, Theo apareció junto a Blaise y ella sintió cómo el corazón le daba un salto involuntario.

—Lisa.

—Theo…

La sonrisa en el rostro de Blaise se amplió aún más y Lisa sintió el impulso de querer esconderse del mundo. Los ojos de Theo estaban clavados en ella, sin que él dijera una sola palabra.

—Qué fantástica coincidencia. Justo le estaba diciendo a mi compadre Theo que hace mucho tiempo que no te veía y que sería bonito que los dos hablaran de nuevo. Ya sabes, del pasado y esas cosas.

—Lisa, ¿está todo bien?

Geoff se había dado cuenta de que la chica se había quedado atrás y había vuelto a buscarla. Su mano se deslizó por la cintura de Lisa, acercándola a su cuerpo. La sonrisa que bailaba en los labios de Blaise desapareció instantáneamente.

—¿Son amigos tuyo? —preguntó su cita, mirando a los dos Slytherin de pies a cabeza, como si los estuviera evaluando de alguna forma.

—Sí, fuimos a Hogwarts juntos —respondió Blaise, con un tono que dejaba a las claras que estaba completamente consciente de la tensión que acababa de llenar el aire entre ellos. Theo estaba mirando fijamente a Lisa, que sólo quería decirle que no la mirara así. Como si lo hubiera vuelto a herir en lo más profundo.

Antes de que nadie dijera nada más, Theo se dio media vuelta para dirigirse hacia la puerta que llevaba al Callejón Diagon.

—¿Qué le pasa? —preguntó Geoff, su mano aún en la cintura de Lisa. Ella se separó de él y empezó a seguir a Theo—. ¿Y a ella?

Blaise suspiró y le pasó un brazo por los hombros.

—Venga, te compro una cerveza y te explico.

-o-

Afuera, agosto 2001

Theo necesitaba aire fresco. Necesitaba respirar y enfriar la cabeza, porque sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. Acababa de caer una llovizna y los adoquines del Callejón Diagon brillaban a la luz de las farolas. Los escaparates apagados y las calles vacías eran una vista bienvenida después del ruido dentro del Caldero Chorreante. Respiró hondo y echó a andar. Podría haberse desaparecido, pero lo cierto era que necesitaba caminar para despejar la cabeza y ordenar sus pensamientos.

—¡Theo! —escuchó una voz detrás de él que lo hizo detenerse. Lisa estaba corriendo detrás de él y cuando estuvo a unos pasos de distancia se detuvo, como si no supiera qué decir—. ¿Estás bien?

—No puedo hacer esto —dijo él, mirando a los adoquines en el suelo en vez de a ella. Si la miraba, no sabía qué pasaría.

—¿Qué cosa? —preguntó ella, dando un paso más hacia él. El Callejón Diagon estaba casi vacío, siendo casi las dos de la mañana.

—Esto. Lo que sea que sea esto. No puedo ser tu amigo, Lisa.

—¿Qué? ¿Por qué no? —Ella volvió a avanzar hacia él, sus grandes ojos expresando su confusión.

—Porque cada vez que te veo, sólo puedo pensar en que estoy enamorado de ti —dijo él, casi involuntariamente. Lisa abrió más los ojos al escuchar eso—. Y sé que dijimos que queríamos ser amigos, pero no puedo, Lisa. Creo que lo mejor será que no nos veamos por un tiempo —masculló, dando media vuelta y empezando a alejarse de ella de nuevo.

Lisa se tardó unos momentos en reaccionar, pero pronto lo alcanzó y le cogió la manga, obligándolo a darse vuelta.

—Theo…

Estaba tan cerca que Theo no pudo evitar inclinarse hacia ella, oliendo el perfume que se desprendía de sus rizos rubios. Hizo ademán de volver a alejarse, pero Lisa se lo impidió, acercándose a él y rozando sus labios con los suyos.

—Soy una estúpida —musitó antes de darle un beso en la comisura de los labios. Theo sintió el sabor de su bálsamo labial y sólo pudo aferrarse más a ella, profundizando en el beso con suavidad, con calma. Lo que llevaba meses queriendo hacer. Las manos de la joven en su cintura, agarrándose a él como si fuera lo único que la mantenía en el suelo.

Cuando por fin se separaron, un poco mareados y sonrientes, Lisa escondió la cara en su pecho, pero Theo pudo ver que estaba sonriendo. Se veía tan bonita cuando sonreía.

—No sé si ha quedado suficientemente claro, pero eso es que también estoy enamorada de ti, Theodore. Y soy una idiota porque creía que lo mejor para los dos era no repetir nuestros errores.

—Nunca he creído que estar contigo fuera un error —murmuró Theo, lo suficientemente alto para que ella lo oyera—. En cualquier caso, es una de las cosas de las que más me he enorgullecido en la vida, si sirve de algo.

—Yo tampoco creo que hayas sido un error. Creo que mi error fue no apoyarte en esa época.

—No lo eres. Y éramos unos críos, todo era distinto.

Lisa le sonrió de nuevo y él le besó la coronilla. Seguía usando el mismo shampoo que en su adolescencia, con olor a frutillas y menta.

—Por cierto, ¿quién era ese tipo del bar?

Lisa abrió mucho los ojos y se puso colorada antes de esconder el rostro en la chaqueta de Theo.

—Morag me convenció de acompañarla en una cita doble. Geoff era…

—Oh.

Theo sonrió como rara vez lo hacía. La estaba rodeando con los brazos, sin preocuparse por lo que podía pensar cualquier persona que los viera en la calle a esas horas.

—Tendré que pedirle disculpas.

—Después —dijo él, besándola de nuevo.

—Después —respondió Lisa.

Theo y ella tenían mucho de que ponerse al día.


Este fic es una especie de secuela de Ruinas, que escribí hace unos años y es sobre Theo saliendo de Azkaban y reencontrándose con Lisa. Al final del fic las cosas no quedaban del todo resueltas y tenía pendiente volver a ellos en algún momento. Y por supuesto, mi inspiración es Jane Austen (y algo de Sally Rooney, la verdad sea dicha) y el precioso Persuasión, que muestra a una pareja que reexamina su relación del pasado y las complicaciones que trae.

En fin, no tengo mucho más que decir.

¡Hasta la próxima historia!

Muselina