Disclaimer: Los personajes pertenecen a Kishimoto-sensei.
Historia de Sherryl Woods esta es una adaptación de "La Gran Sorpresa"
¡A disfrutar de la lectura!
Capítulo 4
No iba a llamar a Temari. Se había prometido a sí mismo que no iba a hacerlo. Había sido ella la que se había marchado… otra vez. La puerta a su futuro se había cerrado cuando se había subido al avión.
Era increíble, cómo el color había desaparecido de su vida sin ella. Konoha le había parecido una ciudad preciosa antes de que llegase. En esos momentos, después de haber vuelto a verla a través de los ojos de Temari, debería haberse sentido el doble de cautivado con ella. Pero se sentía vacío, solo y sin vida.
Tampoco le motivaba su trabajo. Su jefe le había ofrecido un puesto fantástico esa misma mañana y él sólo había podido asentir y tomar notas de los detalles. El trabajo iba a implicar pasar dos meses en el país del Trueno trabajando en el proyecto de un nuevo puente. Debería haberse sentido eufórico, pero lo veía sólo como una manera de escapar de los agridulces recuerdos que había empezado a tener en Konoha. Hasta se había planteado rechazar el trabajo. Le había prometido a su jefe que le daría una respuesta antes de que terminase el día.
Era difícil de creer que poco más de una semana antes hubiese estado preguntándose qué era lo que le faltaba en la vida. Ya lo sabía y no se le ocurría ningún modo de cambiar las cosas para conseguir lo que quería, lo que necesitaba.
Bueno, eso no era del todo cierto. Podía dejar su trabajo y volver a Suna. Entonces, Temari se casaría con él, y sería un hombre infeliz y amargado, como había sido su padre.
También había visto el infierno por el que el padre de Temari, Rasa no Sabaku, había hecho pasar a toda la familia, a pesar de que ella hubiese intentado ocultárselo. Durante mucho tiempo, había sufrido por la niña cuya vida se desbarataba cada dos o tres meses y había hecho todo lo posible por darle la estabilidad que no tenía en su casa. Había sido entonces cuando se había forjado la unión entre ambos y Shikamaru había estado seguro de que sería un vínculo que duraría toda la vida.
Había visto la expresión de sus ojos cuando le había dicho que se marchaba a Konoha. Temari se había sentido dolida y traicionada. En ese momento, lo había metido en el mismo saco que a su padre, y eso había sido todo. Ella no se daba cuenta de lo diferentes que eran. Él tendría que viajar, sí, pero siempre volvería a casa. Y nunca permitiría que Temari dudase de ello, como había hecho su padre.
Se preguntó si merecería la pena decirle todo aquello, y llegó a la conclusión de que no. Si Temari no era capaz de verlo, ni todas las palabras del mundo serían capaces de convencerla. Y ella no se arriesgaría lo necesario para que pudiese convencerla con hechos.
Lo que significaba que no había ninguna respuesta, al menos, por el momento. Cruzó el pasillo y le dijo a su jefe que aceptaba el trabajo en el país del Trueno. Al día siguiente estaba subido a un avión, agradecido por poder huir de los recuerdos que lo asaltaban en Konoha cuando menos se lo esperaba.
A Temari no le habría hecho falta el test de embarazo ni la visita al médico para confirmar que estaba embarazada. Su cuerpo era como un reloj. Cuando no le había venido la regla, había sabido sin ninguna duda cuál era el motivo. No obstante, cuando el médico se lo confirmó, se sintió invadida por una enorme alegría.
- Vas a tener un bebé - le dijo la doctora Sakura Uchiha - Para mediados de este año.
Las lágrimas corrieron por las mejillas de Temari.
- ¿Estás segura?
No habría podido soportar que le diesen esperanzas y después descubrir que habían cometido un error en el laboratorio.
- Estoy segura - le aseguró la doctora - Doy por hecho, a pesar de las lágrimas, de que estás contenta con la noticia.
- Ah, sí. Sí.
- Vas a tener complicaciones.
A Temari se le aceleró el corazón al oír aquello.
- ¿Complicaciones?
- Con el colegio. Tal vez los padres no quieran que des clase a sus hijos porque estás embarazada, pero soltera.
- No me importa - replicó ella, levantando la barbilla de manera desafiante - Me tomaré una licencia si tengo que hacerlo. Quiero tener este bebé.
- ¿Podrías permitírtelo económicamente?
- Lo haré si tengo que hacerlo - contestó ella, pensando en el dinero que le había dejado su madre. No tendría mejor oportunidad para emplearlo - Y te pagaré, no te preocupes por eso.
- Por favor, Temari, no es eso lo que me preocupa - le dijo la doctora, sintiéndose ofendida - Lo que me preocupa es el estrés que sufrirán tanto el bebé como tú.
- Ah - Temari se ruborizó - Lo siento.
- No pasa nada. Mira, si hay algo que pueda hacer para que las cosas te resulten más fáciles, si necesitas una carta para el colegio, lo que sea, pídemelo.
- Gracias.
- ¿Y el padre?
- ¿Qué pasa con él?
- ¿Vas a decírselo? Podría ayudarte si te quedas sin trabajo.
- No - respondió Temari - No voy a pedirle ayuda.
No obstante, aquella noche, sentada en la habitación que iba a destinar al bebé y pensando en la maravillosa noticia que había recibido, la asaltó una imagen de Shikamaru. Supo que a él también le alegraría la noticia. Estaba segura. Y tenía derecho a saberlo. No tenía que casarse con ella, ni pasarle una pensión, ni nada de eso. Pero tenía derecho a saber que iba a ser padre.
Temari tardó una semana en hacer acopio de valor para llamarlo. Después de dejarle tres mensajes en el contestador de su apartamento, imaginó que lo habían mandado a trabajar fuera de Konoha. Al final, respiró hondo y decidió llamar a su despacho, preparándose para el interrogatorio que le haría su secretaria.
- El Señor Nara está fuera de la ciudad - le informó Shiho, sin contarle adonde había ido.
- ¿Puede ponerse en contacto con él?
- Sólo si es una emergencia.
- Lo es - insistió Temari - Por favor, pídale que llame a Temari no Sabaku lo antes posible. Tiene mi número.
- Le daré su mensaje cuando tenga noticias suyas.
Temari perdió la paciencia.
- ¿Así se comporta cuando hay una emergencia? ¿Se queda sentada, esperando a que sea él quien dé señales de vida?
- Esas fueron sus instrucciones.
De repente, Temari se sintió de nuevo como una niña de doce años. Se había caído de un árbol y se había roto un brazo. Y recordó que deseaba desesperadamente que estuviese allí su padre, lo necesitaba, lloraba, y su madre le decía que no podía localizarlo. A su hijo nunca le pasaría aquello. Ella se ocuparía de que así fuese.
- No importa - añadió - No se moleste en decirle al Señor Nara que he llamado.
Aquella noche, por primera vez desde que tenía doce años, lloró hasta quedarse dormida por un hombre que estaba demasiado lejos para preocuparse por ella.
El proyecto de en el país del Trueno se alargó mucho más de lo que habían previsto. Shikamaru podría haber dejado a otra persona al mando una vez que el trabajo estuvo encaminado, pero su jefe le había dicho que el cliente se merecía su atención personal. Y él no tenía ningún motivo para volver a su solitario apartamento en una ciudad que había perdido todo su brillo. No volvió a Konoha hasta finales de agosto.
La primavera, el verano y el otoño habían pasado casi sin que se diese cuenta. No obstante, no había pasado ni un segundo en que no hubiese pensado en Temari. La había echado de menos, había deseado estar con ella y se había maldecido por su debilidad.
Aunque era obvio que ella no se había acordado de él. Si lo hubiese llamado, Shiho le habría dado el mensaje.
Al llegar a Konoha aquella noche, supo que no podría dormir, así que fue directamente del aeropuerto a su despacho, donde lo esperaba una montaña de informes y de notas. Iba a romper estas últimas cuando leyó por casualidad el nombre de Temari. Miró la fecha: 7 de febrero. Se sintió furioso. ¿Por qué no le habían dado el mensaje entonces? ¿Por qué se había quedado encima de su mesa durante todos aquellos meses?
Se dio cuenta de que Shiho había escrito la palabra "Emergencia" y que luego la había tachado y había añadido "No importa".
Se preguntó qué emergencia había podido tener Temari. ¿Por qué no le habían dado su número de teléfono en el país del Trueno? Sin preocuparse por la hora que era, llamó a su secretaria a casa, despertándola.
- Shiho, estoy en mi despacho. He visto que hay un mensaje del mes de febrero de Temari no Sabaku. ¿Por qué no me contó que había llamado? Dijo que era una emergencia. ¿Qué clase de emergencia?
- Espere, déjeme pensar - contestó ella, poniéndose alerta - Fue justo después de que se marchase. Ah, sí, ya me acuerdo. Cuando la informé de que había dejado dicho que le diese los mensajes cuando llamase, me contestó que lo olvidase. Debería haber tirado la nota a la basura, Señor, lo siento.
- No, lo que tenía que haber hecho era darme el maldito mensaje - gritó - Da igual - añadió. Y colgó enseguida para marcar el número de Temari.
El corazón le latía a toda velocidad al pensar que lo había necesitado y él no había estado ahí.
Debía de estar amaneciendo en Suna, pero el teléfono de Temari sonó y sonó, y ésta no contestó. Ni siquiera saltó un contestador. Al menos el número seguía funcionando, aunque eso no lo consolase.
Shikamaru tuvo un mal presentimiento. Llamó al aeropuerto y se marchó del trabajo. Al llegar a casa, oyó que tenía tres mensajes de Temari que debían de llevar meses allí. Más asustado que nunca, metió algo de ropa limpia en una maleta y fue directo al aeropuerto. Tomaría el primer vuelo que saliese por la mañana.
Mientras recorría el largo trayecto que había entre el aeropuerto y su ciudad natal, se dijo una y otra vez que no tenía motivos para preocuparse. Lo más probable era que Temari tuviese el contestador estropeado. Y debía de haber salido de casa antes de lo habitual esa mañana. Seguro que estaba allí cuando él llegase.
Al llegar a la ciudad, intentó verla a través de los ojos de Temari, intentó imaginársela como un refugio. Era cierto que las calles estaban limpias y formadas por grandes casas con bonitos porches. Los viejos robles tenían las ramas desnudas, pero en primavera y verano su sombra aliviaba el penetrante resplandor del sol. Y el agua del río, en vez de ser gris como en esa época, era de un azul brillante.
La zona del centro estaba formada por poco más de una docena de manzanas, con pequeñas tiendas y parpadeantes luces de neón. En verano, las aceras estaban abarrotadas de vecinos y turistas, pero en esa época del año, en la que el viento frío golpeaba con fuerza, estaban prácticamente vacías.
¿Por qué no lo atraía todo aquello como atraía a Temari? No lo odiaba, ni tenía malos recuerdos de su vida allí. Pero nunca le había parecido suficiente. Allí no había tenido las oportunidades que tanto había ansiado.
Unos minutos más tarde estaba sentado delante de la casa de Temari, mirando las contraventanas cerradas y recordando la primera vez que había visto a la niña que vivía allí. Ella se había convertido en su sombra desde el primer día.
No miró ni una vez la casa de al lado, la que había sido su hogar durante casi toda su vida. Estaba demasiado aturdido con la oscuridad que reinaba en la de Temari. No había señales de vida, ninguna indicación de que alguien estuviese en ella. La sensación de desazón que tenía en la punta del estómago aumentó.
¿Y si le había pasado algo? ¿Y si había estado enferma y lo había necesitado? Se le ocurrieron cientos de preguntas, cada una peor que la anterior.
Por fin, pensó en el colegio. Allí encontraría respuestas. Condujo sin darse cuenta de por dónde pasaba. Estaba saliendo del coche cuando se encontró con Ino Yamanaka, que acababa de salir del edificio. La había conocido casi al mismo tiempo que a Temari, pero sabía que no le caía demasiado bien. En esos momentos, Ino lo estaba mirando con incredulidad.
- ¿Shikamaru?
Él la agarró por los hombros.
- ¿Dónde está? - le preguntó, sin intentar ocultar su preocupación - ¿Dónde está Temari?
La expresión de ella era de cautela.
- Por favor, Ino, dímelo. ¿Le ha pasado algo?
- Has tardado mucho tiempo en venir a hacer esa pregunta, ¿No crees? - replicó ella acalorada - Hace meses que te llamó.
- No lo supe hasta anoche. He estado en el país del Trueno varios meses. Tienes que creerme, si hubiese sabido que quería contactarme, le habría devuelto la llamada - se pasó la mano por el pelo y pensó en lo mal que debía de haberse sentido Temari al ver que no le devolvía las llamadas - Debió de sentirse muy abandonada al ver que no la llamaba.
- Sí - admitió Ino. Su expresión se suavizó de repente - La quieres, ¿Verdad? ¿La quieres?
- Siempre la he querido.
Ino asintió, sabía que era verdad.
- Eso me parecía. Le dije que tenía que haber algún malentendido, algún motivo por el que no la hubieses llamado. Le supliqué que siguiese intentándolo, pero se negó.
- Entonces, dime dónde está. Deja que intente arreglarlo.
- Ven a mi casa - le dijo Ino - Tenemos que hablar.
Shikamaru quería respuestas, allí, en ese momento, pero sabía que no tenía elección. Ino pretendía hacer las cosas a su manera. La siguió hasta una pequeña casa de ladrillo visto con contraventanas negras, entró y aceptó la taza de café que le ofrecía.
- ¿Vas a decirme dónde está?
- Después de que hayamos hablado. Quiero estar completamente segura de que estoy haciendo lo correcto.
Shikamaru sonrió.
- Siempre supe que iba a tener que pedirle permiso a alguien para casarme con ella, pero jamás imaginé que tendría que pedírtelo a ti.
- Ah, por aquí somos muchos los que nos preocupamos por Temari. Tienes suerte de haberte encontrado conmigo primero. Sai quiere matarte.
Ino le dijo aquello con tanta sinceridad, que lo hizo estremecerse.
- En ese caso, me mantendré alejado de él.
- Va a ser difícil. Me casé con él hace seis meses. Debe de estar a punto de llegar a casa.
Shikamaru todavía se acordaba de Sai del instituto. Había sido un chico de su mismo tamaño, bastante pálido, con un aire siniestro y sonrisa fingida, aunque siempre se había dicho de él que en realidad era un buenazo. Shikamaru rezó porque los rumores fuesen ciertos.
Ino todavía no le había dicho dónde estaba Temari cuando Sai llegó a casa. Seguía siendo un hombre siniestro que frunció el ceño al reconocer a Shikamaru. Éste se sintió intimidado, pero Sai le dio la espalda, como si no existiese, y saludó a su mujer con un sonoro beso.
- ¿Qué ha pasado, cielo? ¿Cuándo ha venido? - preguntó señalando a Shikamaru.
- Está buscando a Temari.
Sai le lanzó una mirada feroz.
- Tal vez Temari no quiera que la encuentres, como hiciste tú cuando te llamó.
- Ha sido todo un lamentable error - volvió a explicar él.
- Eso es lo que tú dices.
- Es la verdad, maldita sea. Tienen que decirme dónde está. ¿Está bien? ¿Qué está pasando aquí?
Ino agarró a su marido del brazo y miró a Shikamaru.
- Discúlpanos un minuto, por favor.
Los oyó murmurar fuera de la cocina, pero no pudo descifrar ni una palabra. Imaginó que estaban decidiendo qué contarle. Si las circunstancias hubiesen sido diferentes, se habría puesto serio con ellos, pero eran los únicos que podían ponerlo al corriente de lo que ocurría. Si alguien conocía los secretos de Temari, era Ino. Y le gustase o no, era mejor conseguir la información de ella que intentar obtenerla del director del colegio.
Por fin, cuando estaba a punto de perder los nervios, la puerta de la cocina se abrió y Sai entró solo. Tenía en la mano un trozo de papel. Se lo dio.
- Ésta es la dirección - le dijo, poniéndose frente a él - Si vuelves a hacerle daño, tendrás que vértelas conmigo. ¿Lo has entendido? - finalizó con una falsa sonrisa que le hizo temblar un poco de miedo.
- Por supuesto - contestó Shikamaru, rodeándolo para ir hacia la puerta - Me alegro de que los ha tenido durante todo este tiempo - añadió con sinceridad.
- Tendrías que haber sido tú quien estuviese a su lado.
Shikamaru suspiró. Sai tenía razón.
- Sí - admitió sin reservas, a pesar de no saber qué era lo que le había sucedido a Temari - Tendría que haber sido yo.
¡Hello mis muchachones! ¡Aquí otro cap! Y esta ocasión lo cuelgo este día por es el cumple de nuestro amado Shikamaru... ¡Feliz Cumple Shika!. Bueno ya se armó la grande y Shikadai esta en camino xD ¿Comó irá a reaccionar Shikamaru?... Y ya antes de dejarlos nuevamente como en cada cap un saludo para Karinits-san, TeaganShamir, Yi Jien-san y Roronoa Saki mil gracias por sus reviews. ¡Ahora si nos leemos en el próximo cap! ¡Bezasos!
