Notas de Autora:
¡Un gran agradecimiento a todos los que han estado creando contenido para fans de Noblesse! Lo he devorado todo con avidez y ahora es justo devolver el favor. ¡Espero que disfruten! ~
Notas de Traductora:
¡Hola! He decidido partir traduciendo este dirvertido fic con la intención de comenzar a ampliar el escaso fandom de Noblesse en español, sobretodo ahora que se viene el anime. ¡Espero que les guste tanto como a mí!
Las invito a buscar la página de facebook: Noblesse -Boys Love
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Las Aventuras del Señor Anterior
Por Queen_of_the_Ruckus
Capítulo 1:
Los números se derraman rápidamente por la pantalla en la medida que procesa sus últimas pruebas. La hora es bastante irrelevante ya que no habrá clases al día siguiente, pero asume que es tarde. Frankenstein ha puesto alarmas para prevenir olvidarse de cosas importantes, como el té o el trabajo, pero para lo demás se ha instalado en el laboratorio del sótano, subnivel 3. Está frunciendo el ceño ante una idea que ciertamente no funcionará, cuando su conexión con el Maestro se oscurece. Se pone rígido, con hielo en su estómago. Busca a Raizel, pero se sorprende al descubrir que no hay nada allí. No puede sentirlo a través del vínculo.
Su silla está en el suelo y él se encuentra a medio camino hacia el ascensor antes que sus pensamientos destilen a un punto de consideración adecuado —¿Qué podría haber ocurrido? ¿Está dormido? ¿En peligro? ¿Ha sido vencido? Seguramente no muerto. Absolutamente no muerto. ¿Dormido, entonces? Por favor, Dios, que sólo este dormido, por favor Raizel—. Toma el ascensor que está esperando en su piso, pero lamenta su elección ya que no puede hacer nada más que caminar durante el ascenso.
Vuela a la habitación de Raizel al instante que le es posible y, de repente, se siente cohibido ante la elaborada puerta. Arrastra los pies por un momento, antes de decidir que golpearla bajo estas circunstancias es inapropiado. Con gran expectación, abre la puerta…
…a una habitación vacía. Las cortinas susurran con la brisa de la venta abierta. La ventana del Maestro.
Frankenstein se queda congelado. Esto es tan familiar, todo es tan familiar. Esta misma escena acecha sus pesadillas, tanto las que tiene despierto como las inducidas por la Lanza Oscura. Los detalles son diferentes, pero el núcleo permanece: está solo en la habitación que Raizel solía ocupar, la ventana abierta, él sintiéndose indefenso.
—Atrápame si puedes...
Las palabras revolotean a través de su mente con un curioso acento en ellas, muy poco parecido al de Raizel. La conexión se cierra de nuevo en un instante y no hay nada más.
Salta a través de la maldita ventana abierta y corre tan rápido como es inhumanamente posible, destruyendo por completo todo lo que tiene la mala suerte de encontrarse bajo sus pies, hacia la guía fugaz de un único pensamiento errante.
Puede o no tener pensamientos tan blasfemos como encerrar, a su regreso, al Maestro en una habitación con ventanas que no se puedan abrir. Porque, sin duda, volverá con él. Lucha por mantener a raya el pánico con pensamientos frívolos, aferrándose al extraño fragmento que no es del todo su Maestro, pero que es lo suficientemente similar para investigar.
En la casa silenciosa, M-21 se despierta de un sueño muerto, con los ojos súbitamente abiertos. Sale cautelosamente de su habitación.
Frankenstein voltea la cabeza y patina hasta detenerse de golpe en un concurrido estacionamiento, estrellándose de lleno contra el costado de un automóvil, que definitivamente no estaba mirando, y parece no darse cuenta. El viento es triturado por sus pulmones, él silencia las alarmas y la curiosidad de los transeúntes de forma instintiva, con un poco de su poder, dejando atrás el vehículo de seguro no abollado, sin pensarlo. Había vislumbrado el perfil de su Maestro recortado contra luces de colores deslumbrantes, desapareciendo en lo que parece ser un bullicioso club nocturno.
Se abre camino hacia el interior (manipulando casualmente la percepción de quienes lo rodean para poder pasar sin obstáculos), respirando un poco más controlado ahora que su Maestro está contenido en este espacio, y escanea la apretada multitud de ebrios, una veintena de cosas ondulantes. Al no localizarlo de inmediato, procede (tan sistemáticamente como le es posible en el entorno actual) a abrirse paso entre la multitud. Cambia su bata de laboratorio a algo más adecuado mientras intenta recordar lo que su Maestro podría haber estado vistiendo. Después de lo que parece un periodo insoportablemente largo para el pobre Frankenstein, sus ojos captan un destello rubí y plateado entre la masa de cuerpos que se retuercen en la pista de baile.
Raizel parece estar felizmente aplastado entre un par de bailarines entusiastas y a Frankenstein lo inunda un complejo cóctel de emociones. Después de unos momentos, Raizel llama la atención de Frankenstein, realizando unos movimientos de baile que logran que la cara de su sirviente se ponga carmesí y luego se separa para encontrarse con él en el bar. Raizel se sienta entre un par de asientos ocupados.
Frankenstein mira con dagas en los ojos al ocupante junto a él hasta que se aleja a trompicones en estado de ebriedad, en una interacción que dura aproximadamente 3 segundos. Se deja caer deliberadamente y se vuelve hacia Raizel, por completo perplejo y bastante molesto. Con gran dificultad, comienza vacilante: —Mi Señor…
Raizel ladea la cabeza, apoyando su cuerpo de lado contra la barra, presionando la mano contra su mejilla, mientras se gira para mirar a Frankenstein. Una sonrisa extraña adorna su rostro y sus ojos se iluminan con perversa alegría —Oh, eres brillante. ¡Lo entendiste más rápido de lo que esperaba! Pero, en realidad, debería haber esperado esto de ti. —Raizel ríe salvajemente.
Frankenstein se atraganta y casi muere.
—¿S-señor? ¿Señor Anterior? ¿Eres tú? ¿Qué mierda? ¡Qué Mierda! ¿Qué has hecho? ¿No se supone que estás muerto? ¡Libera a mi maestro ahora mismo! Devuélvemelo. Inmediatamente. —Su compostura comienza a regresar cuando las palabras se deslizan, el tono evoluciona rápidamente a uno de furia y órdenes.
—Mmm… ¡Nop! No aún, de todas formas. Me estoy divirtiendo demasiado con esto. ¡Y aún no termino! Ni mucho menos.
Frankenstein contiene a la fuerza a la Lanza Oscura. Se traga el impulso de darle un puñetazo a este idiota divino en la bonita cara de su Maestro. Preferiría morir antes que dañar el cuerpo de su Maestro, habitado como está por una basura tan molesta. Se repite esto a sí mismo en el silencio que sigue entre ellos, en una letanía de autocontrol.
En ese momento una de las personas con las que "Raizel" había estado bailando se desliza hacia el otro lado y el Señor se gira suavemente para inclinarse y posar de manera tentadora. Palabras peligrosamente indecorosas se escurren de su lengua, en la suave voz de Raizel.
Violentos temblores se apoderan de Frankenstein mientras su estómago se aprieta.
—Pues sí, me gustaría volver contigo a tu casa —ronronea el Señor mientras bate amablemente las largas pestañas de Raizel—. ¿Te gustaría que fuéramos solo nosotros dos, o deberíamos intentar encontrar…?
La pregunta del Señor se interrumpe abruptamente cuando la mano de Frankenstein lo agarra del hombro y lo hace girar bruscamente para enfrentarlo. —¿Qué demonios estas tratando de hacer? Nos vamos.
La mirada de Raizel está llena de diversión mientras mira a Frankenstein desde los ojos hasta la mano en su hombro.
Frankenstein lo libera de inmediato, luciendo mortificado. Raizel se vuelve hacia su pretendiente y se disculpa. —Aparentemente, mi compañero aquí es del tipo celoso. Lamento tener que excusarme. Tal vez nos veamos de nuevo otra vez.
—Y un demonio —murmura Frankenstein, agarrando firmemente a Raizel por la muñeca y escoltándolo a la fuerza fuera del club, sin querer arriesgarse a perderlo nuevamente entre la multitud. Su mano está cuidadosamente controlada, pero casi inamovible alrededor de su delicado Maestro. Su aura furiosa hace que los más cercanos se alejen evitándolo para salir sin incidentes.
M-21, Tao y Takeo encuentran a Frankenstein y Raziel, aparentemente saliendo de algún tipo de altercado, en medio de una calle del centro de Seúl. Detienen el coche y observan, deliberando sobre si debiesen fingir que no los han visto y simplemente conducir de regreso a casa. De verdad no quieren quedar atrapados en el fuego cruzado al que ninguno de ellos podría sobrevivir si esos dos estuvieran peleando, y la situación definitivamente parecía estar por encima de su salario. Además, ninguno de ellos quería que tener que elegir un bando.
Frankenstein registra su presencia justo cuando Tao está por pisar el acelerador para arrancar, deteniéndolos con irritación.
—¡Perfecto! Sube al auto. —Frankenstein tira a Raizel hacia ellos, arrastrándolo por el brazo.
—¡Ooh!, ¡qué novedoso! Los humanos realmente son maravillosos. ¿Quién hubiera pensado tal cosa? ¿Esto también funciona con electricidad?
Frankenstein lo ignora. Abre la puerta del asiento trasero, empuja a Raizel hacia abajo y a través de la puerta, haciendo una pausa para poner el seguro de niños antes de cerrarla de golpe. —¡Oye! —es interrumpido.
Se endereza, mira hacia el cielo y deja escapar un largo suspiro. Su previsión se ve recompensada de inmediato cuando los sonidos de un intento fallido llegan a sus oídos. De repente, gira sobre los talones y se dirige hacia la puerta del lado del conductor. Golpeando el cristal, le indica a Tao que salga. Tao salta enérgicamente, nervioso por la extraña atmósfera. —Metete atrás, Takeo está al medio. Asegúrate de que esté abrochado correctamente. Takeo, cuidado con tu arma. Mantenla fuera de su alcance.
—Um… ¿quieres que abroche a Takeo, Jefe?
Frankenstein se vuelve para mirarlo, su aura rezuma terriblemente. —Tao, abróchale el cinturón al Maestro. No me importa lo que hagas con Takeo.
Tao traga saliva y se retira.
El coche está en silencio excepto por sus pasos alrededor. Takeo se inclina y maniobra delicadamente el cinturón de seguridad en el cuerpo de Raizel, evitando con cuidado cualquier contacto físico con el hombre. Raizel lo mira con curiosidad, una agudeza calculadora en su mirada normalmente pensativa. —Discúlpeme usted. —Takeo está bastante seguro de que ha visto a Raizel abrocharse el cinturón antes, pero Frankenstein los está haciendo sentir lo suficientemente incómodos como para seguir sus órdenes sin cuestionar. No que normalmente cuestionen su juicio cuando se trata del señor Raizel.
En el instante que se acomodan, Frankenstein se desvía hacia la noche. Sus cabezas golpean contra los reposacabezas y los neumáticos chillan. Se siente bien tener algo en lo que ocupar sus manos, algo en lo al menos distraer un poco su mente. Está luchando contra la muy confusa necesidad de envolver sus manos alrededor del elegante cuello de su Maestro y estrangularlo. O, más exactamente, ahogarlo hasta dejarlo inconsciente. Pero el impulso también le da ganas de vomitar, arrancarse trozos de su propia carne y saltar de un puente desde una altura fatal (cualquiera que sea la altura que tendría que ser para una persona como él). Así que no. Definitivamente no pondrá sus manos en el hombre en el asiento detrás de él, caminando en la piel de su Maestro.
—Muy bien, seré yo quien muerda la bala en este caso. ¿Qué demonios fue eso, Jefe? ¿Qué sucede? —espeta M-21, con la espalda rígida y el ceño fruncido.
Frankenstein permanece callado durante un largo, incómodo y prolongado momento. Entonces deja escapar otro suspiro audible. Desde el asiento trasero llega una exclamación emocionada, seguida de chillidos y gestos salvajes que son completamente extraños y surrealistas, viniendo de la boca y las extremidades de Raizel —. ¡Frankenstein, ¿no me digas que… estos son tus hijos?!
Frankenstein suspira y se inclina un poco sobre el volante.
El trío está mirando a Raizel como si se hubiera quitado una elaborada máscara y se hubiera revelado como el Doctor Crombell. El vello de sus brazos y cuello se eriza.
—Mmm… ¿o estos dos son tuyos y el de tipo lobo de Muzaka? Ya sabes, siempre me pregunté sus intenciones con mi querido Raizel. Es muy noble de tu parte jugar como su padrastro…
—¿Quién eres tú? —exige Takeo serio, congelado mientras Raizel juguetea con la punta de un largo mechón de su cabello.
—¿Jefe? —Tao se dirige a Frankenstein, su tono aumentando a medida que la palabra se apaga.
—El Señor Anterior de los Nobles. Su alma estaba en la pieza de Ragnarok que reponía al Maestro. Por favor, no lo animen. —Frankenstein mira severamente el reflejo de Raizel en el espejo retrovisor.
—Encantado —dice el poseedor de Raizel, sonriendo y asintiendo con la cabeza al trío estupefacto.
—¿Dónde está el señor Raizel entonces? —pregunta M-21 lentamente.
—¿También está ahí? ¿Podemos… hablar con él? —pregunta Tao con los ojos muy abiertos—. ¿Por favor?
—Él está dormido dentro. ¡Estoy cuidando su alma! —Una mirada de inmensa satisfacción se desliza por los rasgos normalmente estoicos de Raizel—. No teman, esto es para su beneficio. ¡Mi pobre Raizel está tan cansado! Sólo accedió a esto por cómo yo me culpaba tanto a mí mismo… Esto es tan bueno como irse a dormir para él, muy similar, ya ven. No estoy recurriendo a ninguno de sus poderes, todo lo que hago es de mi propia astilla de alma. —Aquí, sus ojos se cierran mientras coloca una mano en su pecho, haciendo una pausa para un énfasis dramático antes de acelerar sus palabras—. Y, por supuesto, le prometí que lo despertaría en caso de peligro para aquellos a quienes protege. Ahora, ¡explícame el espléndido color de tu cabello! —Raizel asiente a Takeo—. ¿Esto es obra de Frankenstein? ¿Cómo se logra?
Frankenstein ignora su pregunta. —¿El Maestro estuvo de acuerdo con esto? ¿Estás siendo honesto? ¿Esto realmente le dará algo de tiempo?
—Siempre eres tan serio cuando se trata de tu Maestro… ¡Por supuesto! Soy un gran Señor, ¿verdad? Eso no cambió solo porque me fui al sueño eterno —extendió la mano para tocar el hombro rígido de Takeo, luego rio—. ¡Oh, vivir como humano es realmente espléndido! Olvídate de esa corte sofocante… ¡Oh, mi pobre, querida Raskreia! Me pregunto si podría convencerla en persona que Raizel sería una mejor opción para Señor… ¿Liberarla para que haga cosas como esta? ¡Aunque no es una petición frívola! Raizel aún insiste en cumplir con su deber, eso es obvio por el estado de su alma. Sería un destino mucho mejor para él.
—No —gruñe Frankenstein —, bajo ninguna circunstancia llevarás a mi Maestro contigo a Lukedonia. Su voluntad es vivir su vida aquí.
—¡Ja! Como si pudieras detenerme. Aun así, es injusto que no me dejes andar por aquí libremente. ¡¿Sabías que ya ni siquiera tengo un nombre?! La única razón por la que mi pobre Raizel no sufrió el mismo destino es porque su título era demasiado terrible para que él lo soportara. Era necesario ocultárselo a todos menos a algunos, por lo que se siguió llamando por su nombre. Yo nunca tuve la opción. Me tranquilizaría poder vivir de manera informal por un tiempo, aunque sea fugaz.
—Viejo maldito, debes saber que nunca te dejaré usar a mi Maestro de esa manera. Resígnate, estarás confinado hasta que despierte.
El Señor Anterior no parece muy preocupado por esta declaración, y en su lugar se ocupa de observar el mundo a través del auto a toda velocidad, presionando distraídamente los botones de la puerta y haciendo girar el cabello de Takeo.
—¿Por qué no puedo sentir al Maestro en nuestro vínculo? ¿Me estás bloqueando? —Frankenstein mira fijamente las líneas que pasan destellando en la carretera.
—¡Por supuesto! Seguramente lo despertarías. Está en una forma terrible. El descanso es realmente bueno para él. De seguro estás de acuerdo.
Asiente levemente, con el rostro rígido. —¿Qué estabas intentando hacer antes? ¿Sólo estabas tratando de meterte conmigo? Incluso tú deberías tener más sentido común que eso.
—¡Ja! "Poseído" —resopla Tao, a su pesar. El Señor inclina la cabeza hacia atrás con satisfacción propia. Frankenstein los ignora a ambos.
—Bueno, Raizel ama tanto a los niños, ya sabes. Se siente muy solo sin una familia. Pensé que crear algunas vidas en lugar de solo acabar con ellas traería luz y significado a su existencia más allá de su deber. ¡Cómo mi dulce Raskreia lo hizo por mí! No sabía que ustedes dos ya habían adquirido un puñado. ¡Estoy bastante impresionado! ¡¿Cuánto tiempo tomó hacerlos?! Seguramente no mucho. De mis conversaciones con Raizel deduje que solo despertó recientemente. ¿Son de antes, quizás?
Frankenstein parece tener un aneurisma. El coche se ralentiza drásticamente cuando su rostro y su cuerpo se contraen a través de una confusa oleada de estados emocionales. M-21 agarra el volante con sus dedos insensibles y los saca con suavidad de la carretera. De forma torpe extiende su pierna sobre la separación, presionando delicadamente su pie sobre el de Frankenstein hasta que el auto se detiene, luego estaciona. Se retira a su lado y traga. Difícil. ¿Qué diablos estaba insinuando este tipo?
—Yo… yo no sé qué decir a eso.
—¡Ja! Nunca imaginé que tú…
—¡Ese era un puto hombre! ¡Y tú estabas tratando de montar una jodida orgía! ¡Con humanos extraños al azar! ¡Ni cinco minutos después de que sacaste a mi Maestro a dar una jodida vuelta! ¿Y qué diablos quieres decir de mi relación con el Maestro? ¡¿Crees que tendríamos hijos juntos?! ¡Estos son adoptados! ¡Adoptados! —Una pausa —¡Y no son nuestros hijos! Yo también soy un hombre, en caso de que no lo hayas notado. ¡No estamos juntos, él es mi Maestro! —Frankenstein termina sin aliento como si realmente pudiera explotar.
—Oh… Ahora, eso es interesante —ronronea el Señor con la voz de Raizel—. Nunca lo entendiste, ¿verdad? ¿Por qué jugaste a las casitas sin contrato durante tanto tiempo en Lukedonia? O tal vez, simplemente no lo admites. Me pregunto, ¿cuál podría ser la razón? Raizel aceptaría con gusto cualquier cosa que le quisieras ofrecer. Y yo soy de la opción de que el género apenas importa en este tipo de cosas… Para alguien tan brillante, realmente no sabes mucho sobre nosotros.
El trío, en ese momento, por unanimidad decide largarse. M-21 acaba de empezar a extender su mano hacia la libertad y los dedos de Tao apenas habían agarrado la manija de la puerta cuando Frankenstein ladra —¡Quédense! —y luego—, ¡necesito que ustedes tres ayuden a proteger y contener a este imbécil! —Vuelve su atención al Señor esta vez—. Dejarás esto y regresaras en silencio con nosotros. Si realmente no estás quemando el alma del Maestro, entonces tus recursos están severamente limitados. Dudo que puedas defenderte adecuadamente, y yo no estoy dispuesto a arriesgarme. Si debo refrenarte, lo haré.
—Pervertido —bromea "Raizel", los labios se curvan en una sonrisa maliciosa, las cejas se alzan sugerentemente antes de volver a adoptar una expresión más desafiante. Todo es muy desconcertante.
Continuará...
Notas de Autora:
¡Woohoo, primera publicación de fanfic! ¡Gracias por leer! Se fomentan las correcciones gramaticales y ortográficas, las ideas y los comentarios generales. Pido disculpas si el formato es un poco extraño. Lo escribí todo en el Google Drive de mi teléfono… Publicaré una nueva entrega en poco tiempo.
Notas de Traductora:
No duden en dejar sus comentarios. Procuraré tener el próximo capítulo en poco tiempo.
