Personajes: Sthepenie Meyer.Historia: Delora L. Pereñiguez
Capítulo 4:
Bella PDV
—¿Hola?
Asomé mi cabeza hacia el interior de la mansión, apretando los dientes al mismo tiempo que un trueno volvía a estremecer mi cuerpo. Tirité al estar calada de la cabeza a los pies. Lo último que quería era pillar un resfriado, y todo porque a tonta no me ganaba nadie. Yo solita me había metido en este embrollo.
—¿Hola? ¿Hay alguien? —me castañeaban los dientes—. ¿Masen?
Esperé un largo y tenso minuto. Pero no vi a nadie. Al parecer aquí tampoco estaba él.
Mi mente me decía que no entrara, pero mi corazón tenía que ganarle por enésima vez desde que había pisado la misteriosa isla Swan. No había tomado buenas decisiones desde que supe que era una Swan. Y entrar a la mansión se iba al cajón de las «malas decisiones.»
Además que ni loca me quedaba fuera con la que estaba cayendo.
El frío abrazaba el interior de la mansión con un electrizante silencio que lo recorría en todas las direcciones. ¿Cómo se habrá abierto la puerta? Tal vez solo estaba atascada y con un golpe de viento se había abierto. Era posible.
La ingenua que llevaba dentro de mí hizo que diera los pasos suficientes hasta el interior del recibidor, insegura de si era lo correcto, y de pronto, la puerta se cerró a mis espaldas haciendo que brincara del susto dándome la vuelta.
—No, no, no —negué con el corazón palpitándome, volviendo hacia la puerta e intentando abrirla. Traqueteé el pomo innumerables veces pero parecía atascado. ¿En serio?
Golpeé la puerta en un intento de frustración al no poder abrirla.
—¡Qué demonios está pasando! —dije en voz alta para oírme a mí misma y no entrar en «modo pánico.»
Desorientada por la situación en la que me había metido, cavilé una manera de salir. Me quedé ahí, sin más. Con la mente en blanco. Los segundos pasaron, y el hecho de saber que estaba encerrada en una mansión abandonada y que me encontraba sola, me tenía en un total bloqueo.
Esto no era peor que esa vez en la que la monja, Esther, me encerró dentro de una despensa, a oscuras, durante una hora. Solo tenía seis años. Y según ella fue para darme un escarmiento por ser tan «revoltosa» y una «mala influencia» para las demás niñas; según sus palabras. Gracias a la Madre Superiora, Carmen, no se me hizo un trauma gordo pasar demasiado tiempo encerrada en la oscuridad. Pensé, agradándome recordar a la Madre Superiora.
Otro trueno se alzó sobre el cielo alterando mi sangre. Caminé hasta una de las ventanas del recibidor, observando con un profundo pesar que me sería imposible salir de aquí con ese diluvio que estaba cayendo ahí fuera.
¡Estupendo! ¿Por qué me metía sola en estos líos?
Regresé a la puerta principal pero fue inútil seguir intentando abrirla.
Parecía atascada. Tal vez era cosa del pestillo o la humedad había hecho que la puerta de madera se bufara, y por eso no había manera de abrirla. Mi «buena suerte» siempre ayudándome. Al menos estaba resguardada en el interior de la mansión. Me libraría de una pulmonía. Con las manos, me quité las gotas de lluvia de mis brazos y escurrí mi pelo. Miré mi vestido empapado pegándose más a mi piel. Hice una mueca. Si pronto no me quitaba esta ropa y me secaba, no sé si al final me libraría de un buen resfriado.
Suspiré con pesar cerrando un momento los ojos.
La sombra que vi pasar por la ventana fue una alucinación. El hombre que vi y que creía que era Masen, también fue una alucinación.
Esta isla no me volvería loca.
Pero sí era cierto que me había creado un estado de ansiedad, desasosiego y miedo… miedo a lo desconocido. Menos mal que Alice no me había acompañado, de vernos en esta situación habría entrado en «plan histérica» al estar encerradas en este lugar, y más con la historia que tenían los Swan.
Me tranquilizaba que ella estuviera en Roundstone.
Eché un vistazo a mi alrededor, me calmaba algo oír la lluvia. Mis tripas rugieron en ese instante. Torcí una sonrisa sacudiendo la cabeza. Y también me calmaba oír mi barriga pidiendo comida.
Llevaba desde esta mañana sin probar bocado porque se suponía que esto sería pan comido. Puse los ojos en blanco. Estupendo, ahora me daba por pensar frases hechas con comida. Ni modo, no me quedaba otra que estar aquí hasta que encontrara un modo de salir.
No tendrías que haber dejado ir a Edward. Me dijo mi parte aterrada.
Hice un mohín.
—Lo sé —me contesté a mí misma.
Toqué mis labios con una sonrisa tonta al recordar ese beso. Lancé otro suspiro al sentirme desolada de saber que no volveré a verlo.
Ojeé el recibidor para distraerme.
Una majestuosa escalera de madera estaba situada justo en el centro del recibidor e invitaba a subir a la segunda planta, con una destacable alfombra roja desgastada por el tiempo. Pero no tenía ánimos de subir y tampoco deseaba descubrir que habría arriba, porque no era de esas que fisgonean en plan cotilla. Por lo que decidí deambular por la primera planta.
Olía a cerrado y un poco a humedad. No era un olor desagradable, sino que parecía guardar recuerdos, recuerdos que habrán perdurado por mucho tiempo de la misteriosa familia Swan. No sé cuánto tiempo llevaba esta mansión cerrada, pero debe ser mucho, por el polvo acumulado en los muebles, en las telas, en las lámparas de diversas formas. La moqueta de color vino del pasillo que recorría estaba desgatada, sin brillo. Se notaba el tiempo que estaba esta mansión sin habitar.
No sé, me había imaginado el interior como más lúgubre, mucho más apagado debido al tiempo que tenía la mansión. Como con miles de telarañas y bichos que me darían repelús.
No descartes que te encuentres con alguno en cualquier momento. Pensé con un estremecimiento.
Y aquí me hallaba. En la mansión Swan. Hogar de mis (supuestos) antepasados. La verdad no sé si quería ser una Swan. Tenía mis dudas.
Porque si era la última descendiente, ¿cómo podría saberlo? Mis padres estaban muertos. Y Masen no aparecía por ningún lado. Y no creía del todo en esos papeles que me dio Denali.
¿De verdad toda la familia Swan murió aquí? ¿Qué pasó realmente? ¿Qué historia había detrás de esa familia? Edward me contó tres teorías, pero de todas las que habrá, ¿cuál será la verdadera historia de los Swan?
Me dio un escalofrío y froté mis brazos.
No logré abrir ninguna puerta. No hubo manera. Todas estaban cerradas. Incluso había una (parecía especial) que tenía un tipo de cerradura en la que se introducía cuatro dígitos. Humm… eso era demasiado moderno para la decoración que tenía la mansión.
Era surrealista que no pudiera abrir ni una simple ventana. Oír mis propios tacones sobre el suelo no era muy tranquilizador, al resonar el ruido entre los pasillos. Era como si alguien también estuviera dentro de la mansión caminando al mismo tiempo que yo.
Ese pensamiento me estremeció, desagradándome.
Había algo en el ambiente que no podía describir con exactitud, pero estaba muy cargado. El vello de mi piel aún seguía erizado y sentía escalofríos cada dos por tres.
Uno de los tantos pasillos de la primera planta me llevó a la cocina. Ese lugar necesitaba un buen repaso de limpieza. No sé por qué un sentimiento de nostalgia me embargó mientras la recorría. Girando mi rostro hacia el lugar más alejado, observé que bajando unos escalones había una puerta marrón.
Sobre la puerta había una placa dorada algo deteriorada que ponía: Bodegas Swan.
Arrugué la frente cuando cerca del fregadero vi un cuchillo. Fui hasta él, cogiéndolo con cuidado, mirando las sierras totalmente oxidadas. ¿Qué hacía un cubierto ahí? ¿No se suponía que no había nadie en la mansión?
Automáticamente lo solté sobre la encimera, despavorida, alejándome de él al no gustarme la sensación que tenía en mi cuerpo desde que estaba aquí.
No quería estar más tiempo en esa cocina, y por lo que veía no tenía una salida hacia el exterior. Miré la puerta que me llevaría hacia las bodegas, pero desterré enseguida ese plan al intuir que ese lugar estaría más oscuro que la boca de un lobo, y sobre todo habría alguna que otra rata con la que ni en sueños querría toparme.
¡¡¡PLAM!!!
Pegué un grito tirando el bolso al suelo, llevando mi mano al pecho al oír el estrepitoso portazo de una puerta al cerrarse de golpe.
Tragué saliva, agachándome temerosa para recoger el bolso.
Dudé en moverme, pero finalmente me ganó la valentía de saber de dónde había procedido ese portazo. Caminé despacio saliendo de la cocina, y cruzando unos cuantos pasillos, volví otra vez al recibidor mirando cohibida a mí alrededor.
Ese estridente sonido fue una puerta. Lo había oído perfectamente.
Contemplé las escaleras que daban hacia la segunda planta. Ese portazo había procedido de allí arriba. Mirando por encima de mi hombro, fui escuchando el silbido del aire colándose por algún lugar de la mansión, siendo un sonido escalofriante para el estado en el que me encontraba. ¡No quería estar ni un minuto más aquí! Mis manos temblaron mientras abría el bolso y sacaba el móvil esperando tener cobertura.
¡Joder, no!
Mi cara acogió el terror al no tener cobertura. No me atrevía por nada del mundo a subir a la segunda planta, estaba segura de que el ruido había procedido de allí. Y esta vez no había sido mi imaginación. Había oído una puerta cerrándose. Como si alguien la cerrara enfadado…
Apreté la mandíbula sacudiéndose mi cuerpo.
—Joder, quieres parar de pensar esas cosas —me susurré muerta de miedo.
Tal vez arriba hay una ventana abierta… Pensé. Pero si eso era así, ¿quién la había abierto? Turbada, me marché por un pasillo acelerando mis pasos, aliviándome en parte oír el ruido de la lluvia al repiquetear en los cristales.
En ese largo y lúgubre pasillo fui traqueteando cada pomo hasta que aliviada, conseguí abrir una puerta.
Y entré sin pensar. Era un baño. Cerré la puerta detrás de mí con el absurdo pretexto de echar el pestillo, pero no tenía. ¡Qué bien!
Oh, venga, Bella. ¿De quién te vas a esconder? Los fantasmas no existen.
Me dije en un ataque de risa mental.
Frotándome con fuerza un brazo, caminé hasta el lavabo mirándome en el espejo cuadrado de la pared, pero no logré ver mi reflejo pues había una gruesa capa de polvo que lo impedía. Chasqué la lengua y solté aire, dejando la cabeza agachada.
Esa isla está maldita.
Quién pise esa isla está muerto.
¡Si le das valor a tu vida no vayas!
En mi mente resonaron las voces de esos hombres antipáticos del bar O'Dowd's.
Levanté la cabeza. Y me puse en guardia. Sintiendo mi cuerpo tenso, me quité los zapatos caminando por la losa de mármol. Fue un alivio sentirla fría.
No había peor condena para una mujer que andar con esos tacones. Sentir el frío bajo mis pies me daba algo de cordura ante la ridícula situación que estaba viviendo.
Me giré hacia el lavabo pensando que no habría ni una sola gota de agua, pero para mi sorpresa, cuando abrí el grifo empezó a salir un hilo de agua.
Qué raro… ¿la llave de paso estaba abierta? Nadie habitaba la mansión. ¿Cómo era posible? El agua salía muy clara, sin ser espesa o marrón. Como si alguien hubiera estado usando muy a menudo las cañerías de la mansión, y por ello el agua fluía sin problema.
Tonterías. Pensé.
Incliné mi cuerpo y refresqué mi rostro, mitigando más mi inquietud al sentir el agua fría, dejando escapar de mis labios una exasperante respiración.
Mantuve un momento la mano mojada sobre la nuca, mientras me daba unos segundos cerrando los ojos. Sentir el agua me mantendría serena ante tanto pensamiento loco.
Dentro del maldito bolso solo tenía el móvil y un paquete de pañuelos. No me era de mucha utilidad en estos momentos.
No quería salir del baño. Aquí me sentía segura. Y aún no encontraba el porqué de esa sensación.
Miré de reojo la puerta cerrada.
Y de un momento a otro comencé a sentirme mal, a sentir mareos, náuseas, el baño se distorsionaba ante mis ojos, se movía a una velocidad de vértigo. Dejando una mano sobre mi cabeza, sentí una fuerte presión sobre los oídos que me dejó arrodillada sobre el suelo, recostando mi espalda contra la pared para buscar apoyo.
El cuerpo me pesaba.
Me encontraba embotada.
Todo seguía dándome vueltas.
¿Sería por el cansancio? ¿El hambre? ¿El miedo?
El frío fue haciéndose más inminente en el baño, y tirité acobijada entre mis propios brazos.
Los parpados también me pesaban.
Y caí sin remedio en un profundo sueño.
Un estrepitoso trueno hizo que me incorporara hacia delante, haciéndome daño en el cuello. Exhalé un quejido guiñando los ojos sin apenas abrirlos al dolerme horrores la cabeza, notando que la presión de los oídos iba disminuyendo.
¿Qué me pasaba? Parecía como si me hubiesen drogado.
¡Imposible!
Los brazos me dolían mucho; como si hubiesen soportado una horrible y desmedida presión.
Noté la garganta seca al igual que mis labios. ¿Cuánto tiempo había dormido? Abriendo del todo los ojos la oscuridad me envolvió. Llena de pavor, me puse de pie apoyándome en la pared al darme cuenta de que se había hecho de noche.
No. ¿Cómo era posible? Tanteando el suelo, llegué hasta mi bolso y rebusqué en su interior el móvil, aliviándome la luz que desprendió cuando deslicé el dedo por la pantalla táctil. Arggh, la maldita cobertura no había vuelto. Y por ende no tenía ni una llamada de Alice, ni un mensaje… nada.
Me quedaba solo un veinte por ciento de batería.
Activé la linterna de mi móvil a pesar de que eso reduciría más rápido la batería, pero no pensaba quedarme a oscuras. Eso sí que no. Eran más de las once de la noche. ¿Por qué diablos había dormido tantas horas? Desde la pequeña ventana del baño podía oír la lluvia. Seguía cayendo ahí fuera con mayor intensidad. ¿Es que acaso no tenía intención de parar en algún momento?
No sabía si salir o quedarme en el baño. Mi lado precavido me pedía que me quedara. Sí, no me vendría mal estar aquí unos minutos más. Y giré la pantalla iluminando la puerta cerrada.
Me quedé lívida de golpe.
Un jadeo quebrado brotó de mi garganta.
Mi cuerpo comenzó a temblar.
La puerta estaba abierta.
Y yo podía jurar mil veces que recordaba haberla cerrado.
¡Estaba abierta!
Mis más oscuros temores se confirmaron.
Había alguien en la mansión. Dentro. Cerca de mí. Acechándome. Y lo que hacía que la bilis subiera por mi garganta… estuvo aquí conmigo. Lo que me dijeron los aldeanos de Roundstone sonó más fuerte en mi cabeza. Mi respiración se hizo más forzada. ¿Cuántas posibilidades había de que fuera una persona de carne y hueso?
Lo sabes, ni una. Este lugar es un completo desierto. Me dije en mi fuero interno.
Con el temblor que me gobernaba me costó horrores ponerme los zapatos, pero finalmente lo conseguí. Y horrorizada, no vacilé ni un segundo más saliendo apresurada hacia fuera, asomando primero mi cabeza por el pasillo, que ese instante iluminó un relámpago haciendo que apretara los dientes.
¡¡Tengo que salir de aquí!! Pensé en el acto.
Corrí por el pasillo hacia el recibidor, traqueteando nuevamente la puerta.
Intentando templar mi pulso, iluminé cada trozo de pared encontrando cerca de las escaleras un interruptor. Fui hasta él con la esperanza de que hubiera luz. Pero no fue así.
Las sombras que de pronto se alzaban ante mí con mil formas por la iluminación de los relámpagos, me jugaban una mala pasada, jugaban con mi poca cordura, porque creía que había alguien cerca de mí, acechándome en la oscuridad y en silencio.
No dejé de dar vueltas con la linterna del móvil.
¡¡PLAM!! ¡¡PLAM!!
Grité como nunca antes había gritado en mi vida. El corazón me dio un vuelco. Me quedé más lívida sintiendo una presión sobre el estómago. Dos puertas se habían cerrado al mismo tiempo viniendo ese sonido de la segunda planta, haciendo que dejara mis ojos desorbitados sobre el hueco de las escaleras, mirando hacia arriba. Y lo siguiente que escuché mezclado con la incesante lluvia, fue el lento chirrido de una puerta abriéndose, como si lo hiciera a propósito porque sabía que me estaba ganando terreno.
Mi fortaleza se desquebrajó dejándome insegura. Muerta de miedo. Ya no sabía en lo que creer. Ya no sabía si era mi imaginación por estar sola en esta mansión abandonada o si había alguien aquí. Vivo o muerto.
Mis ojos se llenaron de lágrimas negando con la cabeza.
No creo en los fantasmas. No creo en los fantasmas. No creo…
Fui repitiéndome una y otra vez en mi cabeza tapándome los oídos.
Sentía el corazón en la garganta, y estuve a punto de cometer la locura de romper una ventana con cualquier objeto que encontrara a primera vista... cuando lo escuché.
Tap, tap, tap, tap, tap, tap, tap…
Pasos. Procedentes de la segunda planta.
No podía moverme. Mi shock me lo impedía. Los pasos se frenaron de golpe. Un instante en el que exhalé aterrada. Y oí como una puerta se abría y se cerraba con un afilado sonido que penetró en mi piel. Como si quisiera hacerme saber que me tenía en sus manos. La piel se me puso de gallina, temblándome las piernas. Dejé que el bolso se deslizara de mis manos. Esta vez no me agaché para recogerlo.
Me llevé las manos a la boca para no gritar, con los ojos empañados por las lágrimas.
Los pasos volvieron y el miedo me sumió en un profundo mundo caótico.
¿Estaba bajando las escaleras?
Las lágrimas recorrían mis mejillas mientras caminaba hacia atrás, aturdida, despavorida por la situación del momento. No sé cómo conseguí que mis piernas reaccionaran, y me deslicé por uno de los pasillos para volver a la cocina, escuchando aún esos pasos que penetraban en mis oídos debilitando mi cordura.
Logré llegar a la cocina con la idea de coger el cuchillo que vi hace unas horas.
Ah, qué lista eres. Si es un fantasma que poco vas a hacerle. Pensé histérica.
Pero el cuchillo no estaba sobre la encimera, cerca del fregadero.
—Qué… —logré articular.
Me quedé de piedra.
¡Juraría que estaba ahí!
Abrí como una posesa todos los cajones de la cocina. Gemí más asustada al estar todos vacíos y no encontrar algo con lo que defenderme. No sé en lo que estaba pensando, pero no tenía el poder de cavilar con cordura que era lo razonable o no. La mano que sostenía mi móvil (iluminado por la linterna), me temblaba, tanto, que no vi a tiempo el mueble con el que me choqué golpeándome la frente.
Aullé de dolor sin poder evitar que el móvil se me deslizara de la mano y cayera al suelo.
La pantalla se apagó de golpe. Todo se quedó a oscuras. Y di un brinco.
—No —balbuceé.
Ignoré el dolor sobre mi frente y me agaché buscándolo, desesperada, en plena oscuridad. Los ojos me escocían del esfuerzo que hacía por desear ver en una absoluta oscuridad. Comencé a respirar deprisa, agobiada. No logré dar con el móvil. Joder, si se había caído sobre mis pies. ¿Dónde estaba? De rodillas, tanteé un mueble con un hueco grande, lo suficiente para mí, y abatida por el pánico me resguardé en su interior flexionando las rodillas y pegándolas contra mi pecho. Quería dejar de sollozar, pero no podía.
Cerré los ojos con fuerza. Me concentré en algo positivo. Algo que me diera luz. Fue Edward quien se coló en mis pensamientos, abriéndose paso entre la oscuridad que me rodeaba y me debilitaba. Recordé esa sonrisa suya tan bonita, su voz grave y sexy, como me hacía sentir bien, nuestro beso... Apreté los labios con más lágrimas surcando mi rostro. Porque me dolía el desear quererlo aquí conmigo. Lo quería aquí conmigo como nunca antes había querido nada. Y saber que ese deseo era imposible, inalcanzable, atravesaba mi corazón como una daga afilada.
Esperé con los espasmos de mi cuerpo acompañándome. El silencio me inquietaba, me perturbaba, me creó un estado de ansiedad que hizo que me costara respirar. Nunca imaginé que al entrar en la mansión Swan llegaría a esta situación que escapaba de toda realidad posible, y que llegaría a creer en fantasmas y maldiciones. Algo que se había inventado desde tiempos antiguos con el objetivo de asustar a los más débiles o hacer de ello una buena ganancia; como Hollywood hacía con las películas. ¡Pero aquí sí existía! Lo estaba viviendo en carne propia.
Unos minutos después esos pasos volvieron a oírse cimentando mi miedo.
Tap, tap, tap…
Mi cuerpo estaba agarrotado por el temor, mi rostro surcado de lágrimas, y me estaba haciendo daño el modo en el que apretaba con mis uñas la palma de mis manos. Tal era mi trastorno que hasta capté el ladrido de un perro.
Los pasos estaban llegando a la cocina.
Me había encontrado.
Tragué la respiración y el sollozo, concentrándome en qué hacer cuando llegara.
Los aldeanos de Roundstone tenían razón. La isla, y sobre todo la mansión, estaban malditas.
Así termina este capítulo!!! Que nerviosss, pobre Bella ... ahora si como dicen tuvo que ¡¡¡Ver para Creer!!! Y apenas empieza esto! D:
