Pasó un mes aproximadamente después de haber llegado al pequeño pueblo entre las montañas, había comenzado a cultivar algunas verduras primaverales y ya tenia un pequeño negocio donde enviaba algunas de estas para para consumo . Al parecer le estaba haciendo competencia a la tienda nueva de Joja-cola que se había instalado recientemente, pero algunos de sus vecinos que también consumían sus productos le habían manifestado que sin duda sabían mejor.
También tuvo que aprender a cortar madera de algunos árboles para construir materiales de trabajo y vender algunas cosas. Por obvias razones pasaba bastante tiempo con Robin, la carpintera del pueblo. Compraba materiales;ella le ensañaba a realizar algunos cajas y cofres para guardar algunas cosas. Se sentía extraña porque casi todos los días trataba con Sebastian.
Aprovechaba la visita a la casa de Robin para visitar una pequeña mina donde también hacía recolección de minerales para la biblioteca/museo del pueblo. En solo un mes había cambiado totalmente su ritmo de vida.
En una ocasión llegó temprano de la mina con algunos cuarzos, Robin la dejó entrar y le pidió esperarla ya que tenia que hacer algunas entregas antes. Ella aceptó y se quedó en el lugar de espera de su tienda. Y había estado en esa situación y Robin no tardaba nada en ir y venir a dejar los materiales.
Pasaron alrededor de 10 minutos, Maru, la hijastra de Robin y Demetrius, su esposo pasaron rumbo a sus empleos y la saludaron con amabilidad. Demetrius la invitó a pasar a su cocina y le ofreció algo de agua, para después marcharse. Pocos momentos después escuchó una puerta abrirse y escuchó pasos acercándose, pensó que era Robin.
-Buen día...- sonó una voz adormilada y gruesa, ella se ruborizó un poco al girarse y ver a Sebastian un poco despeinado vestido con un pantalón de dormir color gris y un suéter delgado color negro.
-B-buenos dìas...- contestó aclarándose la garganta.
-Vienes de la mina- afirmó mirando sus botas llenas de tierra, el en ocasiones también iba y recientemente ella le había regalado una linterna para explorar un poco cerca.
-si- sonrió y de su mochila sacó algunas rocas que había recolectado -encontré muchos cuarzos hoy- afirmó mostrandole algunos trozos blancos.
Al mirarlo se dio cuenta que el mostraba algo de interés en las rocas y ella tomó una un tanto grande.
-¿Quieres una?- dijo extendiéndole esta; el por primera vez en un mes le mostró su rostro feliz y ruborizado.
-Gracias... me gusta...- le respondió tomando el cuarzo en sus manos. Justo en ese momento llegó Robin, ambos caminaron hacia el pasillo, Sebastian le agradeció de nuevo y fue hacia su habitación. Ella se quedó mirando unos segundos y cuando regresó su mirada al pasillo Robin la observaba con una sonrisa juguetona. No hubo comentarios, todo el día siguió normal, pero no pudo dejar de pensar en ese momento incluso cuando fue a dormir. La sonrisa de Sebastian no abandonaba sus pensamientos...
