¡Hola! Siempre quise hacer uno de estos fics de cuatro y una cosas y finalmente tuve la oportunidad con esta ship, así que espero que les guste. Aún no estoy cien por ciento satisfecha con el resultado, pero meh, no me quise quebrar más la cabeza.

¡Muchos besos y gracias por leer!


La quinta es la vencida.

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Los entrenamientos son una constante definida en la vida de la familia Vongola y, de hecho, algunos días son buenos. Algunos días, Gokudera sale del lugar en donde esté entrenando con las palmas de las manos magulladas y dolor en las piernas y brazos, pero aun así, se las arregla para sentirse como si estuviera flotando, sabiendo que está mejorando, que está haciendo las cosas bien; que está haciendo todo lo posible por esta familia y por el Décimo, así que eso es más que suficiente para llenar su pecho de tanta dulce satisfacción que hace desaparecer todo el sudor y el dolor y los moretones.

Sin embargo, hay otros días que no van tan bien en cuanto a sus entrenamientos. Hayato sabe que es natural porque, por supuesto, si no hay bajas no hay altas, pero, aun así, todavía le frustra cuando pasa una hora sin que él dé tantos golpes o atine a tantos objetivos como le gustaría, cuando lo intenta, maldita sea, lo intenta de verdad, pero todavía no lo está haciendo bien.

Estos días son los que hacen que su mal humor se triplique y aunque Tsuna trata de ser amable y hacerle mirar el lado bueno, eso no hace que duela menos o se siente menos frustrado. En esos días, Gokudera no sale de ánimo. Él arrastra los pies contra el suelo, y el peso que se enrosca en la boca del estómago se siente como si lo estuviera arrastrando hacia abajo haciéndolo preguntarse si todo lo que había logrado hacer hace una semana había sido pura suerte y no un avance real.

Hoy es otro día de entrenamiento espectacularmente malo. Simplemente… no había ido bien y tenía más heridas de las que habría querido. Claro, Gokudera, a pesar de toda su esfuerzo y determinación, es solo humano, pero no puede seguir así todo el tiempo.

Eso es lo que le dice a Tsuna, quien amablemente pregunta cómo le fue una vez llega a su casa, y es en momentos como estos en los que está agradecido de tener a alguien como él siendo su jefe; no hace más preguntas cuando Hayato no responde más, solo sonríe y palmea su espalda, entendiendo sin necesidad de palabras. Le dice que vaya a descansar a su casa, se acueste temprano y que, con suerte, se sentirá mejor por la mañana.

Hay otras personas, sin embargo, con las que Gokudera no está agradecido de toparse en días como estos.

—¡Hahi! Gokudera-san, ¿qué estuviste haciendo hoy? Te ves muy mal —una Miura aparecida de la nada le pregunta, con los brazos cruzados con fuerza sobre el pecho.

Ella tiene una botella de agua en su mano, y Hayato se queda mirando eso en lugar de mirar a los ojos de Haru para responderle porque simplemente no está de ánimo para hacer frente a la estupidez de esta chica.

—A veces, las personas normales tenemos malos días. No todo el mundo puede andar feliz y despreocupado por la vida como tú, estúpida.

La última palabra sale mucho más dura de lo que Gokudera hubiese querido, y por un momento se siente pesado, la gravedad de sus palabras lo golpea con toda su fuerza. No debería importarle en lo absoluto, porque le ha dicho cosas peores, sinceramente, pero se encuentra con un profundo sentimiento de molestia y vergüenza por sacar su estúpido—completamente injustificado, ni siquiera es culpa de la tonta de Miura—enojo hacia una conocida que se mostró bien intencionada al preguntar por su estado.

A pesar de que no es su fuerte, hay una disculpa a medio formar en los labios de Gokudera—aunque no sabe muy bien como disculparse con ella—cuando finalmente mira el rostro de Haru, esperando ver una sombra oscura cayendo sobre esos rasgos afilados, y…

Las palabras mueren en la punta de su lengua cuando ella parece lejos de estar enojada. Incluso se ve un poco... ¿Simpática? Se ve como siempre, en realidad. No está temblando de ira como suele hacer cuando Hayato le dice algo grosero.

Hay un silencio lacónico donde ninguno de los dos dice nada. A su alrededor, hay un montón de personas pasando y hablando entre sí, pero todo se registra como nada más que ruido para Gokudera, y él puede escuchar su corazón latiendo en su interior mientras intenta desesperadamente decir algo, cualquier cosa.

Finalmente, es la misma Haru quien rompe la tensión primero. Descruza los brazos, desenrosca la tapa de la botella y luego toma un largo trago de agua.

El peliplata permanece estupefacto, solo observando como la chica envuelve sus labios alrededor de la boquilla de la botella, y la forma en la que se balancea su garganta mientras traga.

Solo se da cuenta de que ha estado mirando cuando ella finalmente termina de beber el contenido y él tiene que apartar los ojos, mirando hacia el suelo como si no estuviera notando lo rojos y húmedos que se veían los labios de Haru en ese preciso momento y como si no se hubiese imaginado como se sentirían si él…

No.

No debe pensar en eso.

—Toma —Haru le ofrece algo empaquetado. Lo empuja bajo su nariz para obligarlo a tomarlo —. Compré esto en la tienda de postres. Me anima mucho cuando estoy decaída. ¡Seguro que te ayuda, Gokudera-san!

La chica se aleja después de eso, dejando a Hayato agarrando débilmente el paquete.

Él no come un solo trozo de ese pastel de limón y al final sólo lo regala, intentando olvidar todo lo relacionado con ese día porque, sin duda, absolutamente, positivamente no piensa en la curva exacta de los labios de Haru por lo que queda de la noche.

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—Parece que el dúo dinámico está más enérgico hoy —susurra Reborn con complicidad, excepto que en realidad no es un susurro cuando lo dice lo suficientemente alto como para que todos lo escuchen.

Incluyendo a dicho dúo dinámico, a saber, una Miura Haru y un Gokudera Hayato, pero ni siquiera les importa porque están demasiado ocupados gritándose el uno al otro en medio del campo. La mitad de los presentes los mira como si estuvieran pensando en intervenir, y la otra mitad continúan con sus cosas como si ni siquiera estuvieran allí, tan acostumbrados a sus payasadas que a estas alturas ni siquiera les importaba mucho, conscientes de que después de cinco minutos como máximo se callarán y se ignorarán uno al otro como si ese argumento nunca hubiera existido en primer lugar, hasta que empezara el próximo round.

—Tal es la naturaleza de su relación —Yamamoto le murmura a Kyoko, riéndose todo el tiempo, y ella, por su parte, elige sabiamente no comentar sobre eso.

¿A quién se le ocurrió que era buena idea ponerlos en el mismo equipo para jugar futbol? Se suponía que esto sería divertido para Lambo e I-pin y, de paso, los haría animarse al resto también.

—Te dije que no retrocedieras incluso cuando está claro que es solo una finta, ese es el objetivo de una finta, ¿por qué no puedes meterte eso en la cabeza? Espera, no respondas eso. Es porque eres estúpida.

—Eso es lo que estoy haciendo, idiota, y tal vez si sacas la cabeza de tu trasero por una vez, verías que eso es exactamente lo que estoy tratandode hacer. ¡Y Haru no es estúpida!

—¡Pues esfuérzate más! ¡Y si eres estúpida!

—¡Que no!

De alguna manera, a lo largo de su discusión, se han acercado más y más el uno al otro, y ahora sus frentes están presionadas entre sí; Gokudera inclinado hacia abajo y Haru prácticamente de puntillas en este punto.

De hecho, es algo lindo, quiere decir Kyoko, pero no lo hace, porque teme que esta discusión jamás acabe.

Pero parece que sí acaba, pues de repente ambos se dan cuenta de que sus rostros están prácticamente a centímetros de distancia, y Haru puede sentir el aliento de Hayato en su propia boca, y...

Se separan, casi como los polos de dos imanes diferentes.

No se hablan durante la siguiente hora y el juego finaliza en paz.

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Este verano en particular ha sido tremendamente caluroso, y aunque Gokudera ha llegado enérgico como siempre a casa de Tsuna, pronto se encuentra a merced de la mala vibra que genera la onda de calor. Por eso, el peliplata casi rompe a llorar cuando Bianchi—con sus gafas puestas, gracias al cielo—y Reborn entran a la habitación de Tsuna juntos con dos bolsas de compras llenas de potes de helado entre ellas.

De hecho, Tsuna se rompe un poco cuando dejan los cubos de helado y comienzan a repartir cucharas a todos los presentes.

—¿Es esto real? ¿Estoy muerto? ¿Es así como se ve el cielo? —el chico castaño lloriquea cuando Bianchi le entrega una cuchara. Por supuesto, recibe un golpe poco amigable por parte de Reborn.

—Si el cielo es una habitación llena de un grupo de adolescentes sudorosos, es seguro que nadie querrá ir a ese lugar cuando muera —responde el pequeño desde el lugar en donde aterrizó y su respuesta da pie a una ronda colectiva de risas.

Es agradable, piensa Hayato. Casi se siente como lo que debería ser una familia, y la idea lo llena de un sentimiento extraño de calidez, por lo que no puede evitar medio sonreír un poco cuando levanta la tapa del pote con el borde de su cuchara y come del helado de mandarina. Luego deja el helado en la mesa, mirando como todos hablan animados mientras comen de la golosina.

—¿Gokudera-san está sonriendo? —la voz de Haru llega a sus oídos y la sonrisa en el rostro del chico desaparece cuando se gira para ver a la castaña estacionando su trasero en el piso al lado de donde él está sentado, porque es el único lugar libre.

Ya sabía él que el sentimiento de paz no duraría. ¿Por qué tenía ella que venir también hoy, cuando hacía tanto calor como para soportarla? Todo estaba perfectamente bien antes de que llegara.

—No estoy sonriendo —él resopla, ganándose una mueca por parte de Miura, que se transforma rápidamente en una sonrisa cuando mira en dirección a la mesa.

La chica estira la mano rápidamente y toma el pote de helado, con la cuchara todavía metida entre los sólidos trozos casi congelados.

—Qué raro, Haru podría jurar que vio una sonrisa —murmura mientras toma la cuchara y come un poco del helado que era de Gokudera, e ignora la cara de horror del chico mientras se mete la golosina en la boca —. ¡Me encanta el helado de mandarina!

Definitivamente esta mujer es de otro planeta porque, ¿quién demonios come un helado que se encuentra sin preguntar si es de alguien en primer lugar?

—¿Qué? —Haru pregunta, lamiendo los restos de helado en la cuchara. Lo que no se espera es la mirada de asombro que está recibiendo por parte del chico. Lo que espera menos es que el rostro de Gokudera se vuelva de un tono brillante de rojo.

Entonces ella mira el helado y de nuevo al peliplata y el resto lo deduce fácilmente.

Haru rápidamente le pasa el pote de helado, con cuchara y todo y desvía la mirada, mientras que lo primero que a Gokudera se le ocurre hacer para evitar avergonzarse más es llevarse una cucharada entera de helado a la boca. Inmediatamente después suelta un grito muy agudo—llamando la atención del resto—y transcurre un minuto seguido de quejarse de cuánto le duelen los dientes y la cabeza.

Su gritería y todo el alboroto que surge a base de eso casi hace que Haru se olvide de todo el incidente relacionado con el pote de helado robado. Casi hace que ella olvide que lo que menos esperaba realmente era sentir que sus propias mejillas comenzaban a calentarse y su corazón a acelerarse en respuesta al rápido enrojecimiento de la cara de Gokudera.

No quiere pensar en lo que eso podría significar.

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Su último día de secundaria es muy emotivo. Es una victoria el graduarse, por supuesto que es una victoria, porque así está más próximo el día en el que Tsuna tome el mando de la familia Vóngola. Además, ninguno de ellos tendrá que preocuparse por su futuro porque ya saben lo que les espera. Sin embargo, el día es emotivo y cuando termina la jornada escolar, Gokudera se siente extrañamente vacío, como si se hubiera quitado una parte de él, y cuando el día terminó, ese fragmento había desaparecido para siempre, dejándolo sintiéndose un poco vacío y extremadamente desequilibrado.

Nunca antes se había sentido así por terminar alguna cosa, y ciertamente no por terminar la escuela. Graduarse era graduarse y eso estaba destinado a celebrarse, entonces, ¿por qué lloraba Tsuna cuando debería estar sonriendo, maldita sea? No es como si se fuesen a separar o alguna mierda de esas.

Y luego todos se están felicitando y abrazándose y deseándose lo mejor de aquí en adelante, y francamente Gokudera se aparte y elige no participar el tiempo suficiente hasta que Yamamoto lo fuerza a integrarse en el montón de personas. A través del lío de abrazos grupales y brazos entrelazados y palmaditas en la espalda que son un poco demasiado contundentes, Hayato encuentra a Haru, o Haru encuentra a Hayato—no está muy seguro de cómo fue que pasó—y antes de siquiera considerarlo, ella le sonría y le abraza con los brazos alrededor de su espalda, poniendo su rostro contra el ángulo de su hombro y cuello, mientras que él en automático le rodea la cintura con los brazos porque no sabe qué más hacer.

—Felicitaciones para ti también, Gokudera-san —Haru susurra, y aunque Gokudera no le responde, permanecen así por un tiempo, inmóviles, mientras que a su alrededor los demás continúa pasando a su lado, como si hubieran logrado forjar su propio rincón temporal en el tiempo.

Gokudera piensa que debería estar retrocediendo, debería librarse del sorprendentemente fuerte agarre de Miura, pero no lo hace. Se queda allí, aguanta, y cuando ella levanta la cabeza, sus labios rozan peligrosamente cerca del borde de su mejilla, pero Hayato no se mueve, no dice nada tampoco.

No encuentra qué decir, la verdad.

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Cuando sucede, no es romántico. Las cosas entre ellos nunca han sido románticas, después de todo. Son demasiado estúpidos para eso.

Y tal vez ambos se han estado abriendo camino hacia este mismo momento, tal vez desde ese fatídico día cuando se encontraron por primera vez, pero su viaje hasta este este punto exacto en el tiempo nunca fue uno lleno de fuegos artificiales y grandes orquestaciones y fanfarrias extravagantes.

De hecho, estuvo lleno de conflictos.

Él acaba de llegar de una misión y puede ver a Haru bajando las escaleras con una caja grande llena de quién sabe qué cosas en sus manos. No está muy seguro de cómo sucede, pero el pie de la castaña se tropieza con algo en el último escalón, lo que la hace resbalar inevitablemente y, antes de darse cuenta, cae hacia adelante soltando la caja. Está a sólo unos segundos de que la parte anterior de su cráneo se encuentra con el duro piso de concreto cuando Gokudera la atrapa. Él actúa rápido, y en el momento en que ve que la caja se vuelca precariamente por el rabillo del ojo, deja caer el cigarrillo que estaba a punto de encender y se moviliza rápido, extendiendo los brazos para así atrapar a Haru, pero ambos caen sin ceremonias en el proceso, con la mujer aterrizando encima del peliplata sin gracia en una maraña de miembros.

—Eres una idiota —murmura Gokudera, con lo que se siente como el comienzo de un moretón que empieza a florecer en sus codos, pero secretamente satisfecho por evitar que la estúpida mujer se lastime.

Haru lo mira por unos pocos segundos antes de sujetar su rostro con ambas manos y besarlo.

No es nada especial. Los fuegos artificiales no se disparan. Una orquesta de ángeles no empieza a cantar espontáneamente. El mundo no se acaba. No hay cometas ardientes en el cielo, no hay terremotos que amenacen con tragarse la ciudad entera, no hay monstruos gigantes arrasando la ciudad. Sólo la presión de los labios de Haru contra los suyos, suaves, secos, un poco agrietados, pero increíblemente dulces.

Gokudera le devuelve el beso, porque puede, y porque ha querido que esto sucediera posiblemente por mucho más tiempo de lo que se había dado cuenta.

Es probable que mañana se despertará con cortes en los brazos y moretones en la espalda, y le enviará a la estúpida mujer un mensaje de texto mordaz sobre ser una tonta torpe y cómo la torpeza puede ocasionar catástrofes macroscópicas o incluso matar a alguien, pero por ahora, los dedos de Haru rozan la mejilla de Hayato mientras él extiende sus manos para enroscarlas en el cabello castaño y esto es perfecto.

Es absolutamente perfecto.