Lentamente y sin necesidad de despertador, Shizuo se despertó. Al incorporarse y mientras terminaba de reaccionar, disfrutó del bello instante en el que no había nada de qué preocuparse, nada especial en qué pensar. Eso no duro demasiado, pues al observar los alrededores de su habitación se encontró con un atuendo azul que lo hizo recordar de inmediato algo realmente desagradable y, sin que se lo pudiera explicar del todo, agradable al mismo tiempo.
La noche anterior, alguna especie de impulso se apoderó de él y movió su cuerpo de forma que ni en su más horrible pesadilla hubiera hecho. Acercarse de esa forma a Izaya, de entre todas las posibles personas, y hacer justo eso estuvo fuera de su control. Se había preparado para partirle la cabeza a la pulga en cuanto se burlara de esas acciones que no había podido controlar. Sabía que en cuanto comenzara a tratar de hablarle a Psyche, Izaya lo usaría como material de entretenimiento porque así es como era. Sin embargo, por motivos que sólo la pulga conocía, no lo hizo. Había pensado en algunos otros escenarios que se desarrollarían de manera diferente pero no tenía demasiadas esperanzas en que se pudieran lograr, principalmente porque no se ajustaban a lo que Izaya Orihara haría, diría o pensaría siquiera.
Lo que encabezaba la lista de imposibles, de cosas que a Shizuo ni siquiera se le habían ocurrido, fue justo lo que sucedió. Izaya o Psyche, ese cuerpo, correspondiendo su abrazo, diciendo aquellas palabras, llorando. Realmente todo parecía un sueño. Y ¿Por qué había sucedido eso?
Esta era una posibilidad que Shizuo ya se había planteado, claro que lo había descartado rápidamente porque no era algo que pudiera asimilar con él, el que Izaya en realidad tampoco supiera que él era Tsugaru. La idea le había llegado debido a las conversaciones que habían tenido. De verdad eran tan sinceras algunas confesiones, nunca intentó sacarle información ni nada que pudiera usar en su contra y había dejado en claro que no quería que descubrieran sus identidades mutuamente porque temía lo que podría terminar pensando de él.
En cuanto descubrió su identidad, todo lo había relacionado con los engaños y artimañas de la pulga quitándole toda credibilidad, pero después de lo sucedido anoche, Shizuo ya no estaba tan seguro. Definitivamente no después de sentir esos brazos alrededor de su cuerpo que lo apretaban con tanta desesperación. No al tener a ese alguien temblando y asegurándole su amor. Porque obviamente esa no era su relación con Izaya.
Ellos se odiaban. Eso era todo lo que sabían y todo lo que necesitaban para que al momento de verse ya tuvieran ese impulso de aniquilar al otro, no había cabida de ninguna manera para algo diferente y aun así allí estaba.
Shizuo lo odiaba, eso no había cambiado, pero ¿Qué era esa otra cosa que sentía al pensar en Izaya?
Izaya había salido a comprar algunas cosas que faltaban en casa ya que Namie estaba ocupada y él no tenía precisamente nada mejor que hacer en ese momento.
Siendo una ciudad tan pequeña y el destino tan inoportuno: Se encontraron en la calle, frente a frente.
Todos los transeúntes y esas dos personas que acompañaban a Shizuo, en cuanto se percataron del contacto visual de ese par, se hicieron a la idea de que una persecución con máquinas volando comenzaría. Esperaron ver qué dirección tomarían para ir hacia el lado contrario y por ello todos los observaron durante un momento de intranquilidad en el que el ambiente se hizo pesado.
Shizuo e Izaya, los causantes del momentáneo tráfico humano continuaron de pie mirándose. Al mismo tiempo desviaron la mirada y comenzaron a caminar pasando de largo al otro, tan cerca que sus hombros podrían haberse tocado si el viento por algún capricho hubiese soplado más fuerte. Esa acción dejó a los espectadores conmocionados y estáticos mientras procesaban que esas dos personas de verdad se habían ignorado.
Y de esa forma, durante el tiempo siguiente, cuando salía Izaya a caminar y veía a Shizuo caminando por ahí, prefería tomar otra calle en lugar de ir a molestarlo, si Shizuo se percataba de la presencia del informante lo dejaba pasar. Cosas que ellos nunca harían seguían sucediendo y nadie terminaba de entender por qué. Ni siquiera ellos. Como fuera, ese suceso significó un lapso de tranquilidad para la ciudad. Aunque claro, las cosas no duran para siempre.
Muy a su pesar, la rutina seguía y ellos, aunque no de la misma forma que todos los demás, eran arrastrados por ella. Debían trabajar, y ese resumen era suficiente. Shizuo seguía caminando por las calles detrás de Tom y a un lado de Vorona. Izaya seguía yendo de aquí para allá espiando y sobornando a las personas para conseguir algo de información para pasar el rato, tal vez llevar a alguna persona al límite y observar sus reacciones. En ese momento estaba en el caso de una chica que estaba confiando en él para salir del país, cosa que jamás sucedería, pero ella no tenía por qué enterarse aún.
Mientras Izaya caminaba por la ciudad, se percató de que lo estaban siguiendo. Sucedía a menudo últimamente. Se adentró en algunos callejones desolados fingiendo que no lo sabía. Prontamente se vio rodeado por cinco personas, no se veía como algo que no hubiera podido controlar, pero decidió dejarse llevar inspirándoles superioridad. Lo secuestraron llevándolo en una camioneta, algo a lo que Izaya no se opuso en absoluto y sólo le amarraron las manos. Llegaron a lo más recóndito de la ciudad, se adentraron en un viejo edificio que parecía abandonado de apariencia, pero que en realidad tenía a lagunas personas viviendo allí.
El sonido ambiental incluía un constante ruido de pelea, gritos, cosas rompiéndose. Un escenario interesante. Entraron en una habitación del segundo piso e Izaya quedó de pie en el centro. De una puerta diferente de la cual había ingresado Izaya entró un tipo de traje raído, de apariencia un poco contrastante, como algún vago vestido elegante. Y sin pensarlo dos veces disparó a Izaya en el hombro. Este solo se tambaleo pues no podía subir sus manos para taparse la herida.
–Izaya Orihara… – Siseó el hombre. – Ahora, por fin, pagarás las consecuencias por habernos estafado, a nosotros de entre toda la gente, fuimos la peor opción con la que te pudiste involucrar.
Rebuscando en sus recuerdos, Izaya intentaba relacionar a ese hombre, o a esas personas con algún caso que hubiera tenido en el pasado en el que alguna parte su hubiera visto lo suficientemente afectada como para que después de, cualquiera que fuera la cantidad de tiempo, decidieran regresar en busca de alguna venganza. Había muchos. Intentó sacarle más información con algunas preguntas desviadas que al final resultaron en otro disparo que le pasó justo junto a la oreja. El informante sólo se preocupaba por depurar su lista de posibilidades mental para sacar un nombre.
Como sea, estaba apuntando con una pistola a Izaya y temblaba lleno de rabia. Izaya no podía evitar sonreír. Era, en realidad, bastante probable que muriera en ese momento, pero ¿Qué pasaría primero? ¿Se desangraría? ¿El tipo le daría en la cabeza? Toda una apuesta final. Basándose en su apariencia de ese instante, Izaya apostaba más por la segunda, se veía al límite, cada segundo que Izaya seguía respirando era una tortura para él, seguramente la idea del sujeto era hacerlo sufrir, pero ese tipo de personas con poca paciencia raramente logran esos objetivos que necesita esperar. ¿Quién sabe?
De las ideas que se le venían Izaya siguió jugando un poco para tener un nombre. Otro disparo, esta vez en su pierna, lo que lo hizo balancearse pero no caer, usaría todas sus fuerzas para mantenerse de pie, y no era tanto por su orgullo sino por molestar al que esperaba verlo postrado en el suelo.
El sonido estruendoso del fondo no hacía más que aumentar, era bastante familiar, como si enormes cosas fueran arrojadas, alguna estructura firme rompiéndose por pura fuerza bruta, le recordaba a alguien.
'La peor opción con la que me pude involucrar ¿eh? – eso fue lo que le había dicho – No lo creo. Hay otro tipo que sería aún peor' Izaya no tenía forma de saber qué tipo de expresión habrá puesto en ese momento, pero fue suficiente para alentar al siguiente disparo que dio en su brazo. Se sentía mareado y agotado por el simple hecho de estar de pie.
'Es una lástima, Shizu-chan, parece que lo último que veré no será tu rostro lleno de agonía al matarte'. Esa alegría de Izaya de molestar a ese desconocido, del cual ya no se estaba preocupando por descubrir su identidad, se desvanecía poco a poco. ¿De verdad estaba bien si su vida se acababa allí? En realidad no tenía nada mejor que hacer ni por lo cual mantenerse. Era ese tipo de persona que nadie extrañaría y probablemente se alegrarían. Sí, no había nada de malo en eso. ¿A quién le importaba?
"Psyche… Te amo. Yo te puedo proteger"
…
Estaba tan enojado con esa gente que intentaba atacar a Tom mientras él estaba encargándose de otro tipo en el día libre de Vorona, que Shizuo no se molestó en pensar en lo que golpear el suelo de un tercer piso con todas sus fuerzas acontecería. Después de atravesar el concreto y caer a la planta de abajo se encontró con una escena un tanto peculiar. Tipo cualquiera gordo con un arma apuntando a alguien, cinco tipos cualquiera alrededor, una pulga bastarda con las manos atadas con lo que parecía un charco de sangre a sus pies. Cualquiera diría que Izaya era la víctima, Shizuo pensaba que seguro se lo buscó.
Con la lentitud que lo obligaba la falta de sangre, Izaya se giró hasta ver a Shizuo y susurrar un ligero… – Tsugaru – para luego caer al suelo. Y sin entender nada de lo que sucedía, simplemente por haber escuchado eso y por haber visto aquellos ojos que tanto decían, Shizuo acabó con las personas de esa habitación y cargó con Izaya de regreso a lo que se podría considerar la civilización de Ikebukuro, a lado de Tom y con la deuda saldada.
