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EL MUNDO SE ENTERA
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La noticia de la derrota y captura de Monkey D. Luffy recorrió el mundo en un santiamén, provocando reacciones que, a pesar de conocer previamente el vínculo con Dragón, el gobierno no pudo prever de ningún modo posible.
Vivi en Arabasta estaba disfrutando de un paseo en el palacio en compañía de Kohza, discutían sobre asuntos del bienestar del país cuando Carue llegó corriendo con Igaram tras él intentando en vano detenerlo. El pato llevaba en su pico el periódico y aunque Igaram no tenía pensado ocultarle realmente la noticia a la princesa (sabía que nunca se lo perdonaría), esperaba al menos poder prepararse mentalmente para aquello. Pell, Chaka y el rey Cobra hacían una carrera desesperada tras él.
—¿Qué pasa, Carue? —preguntó Vivi divertida y extrañada. Kohza alzó una ceja ante la situación, no era extraño que el rey, Igaram, Pell y Chaka corrieran como mamás gallinas tras la princesa pero había algo en su expresión que estaba lejos de la comedia— ¿El periódico? —Su rostro se iluminó— ¿No me digas que Luffy-san hizo algo más para molestar al gobierno?
—Vivi-sama… —gimió Igaram con pesar, cayendo de rodillas al suelo—. Tiene que ser fuerte…
La sonrisa de Vivi se perdió lentamente, miró el rostro en blanco de su padre y los preocupados de sus guardias y cogió el periódico con manos temblorosas. Kohza solo tuvo que leer el titular para saber que los acontecimientos que sucederían tras eso serían catastróficos.
El grito de Vivi se perdió en palacio.
Algo que no ocurrió con el grito de Makino en Villa Foosha. Era una de las personas que más temprano se levantaba, un hábito que tenía desde niña, así que fue la primera que leyó la noticia. Cuando todo el que la oyó acudió en tropel, se toparon a la joven llorado en el piso de madera sobre el cual se había derrumbado, su rostro escondido entre sus manos.
El alcalde solo tuvo que mirar alrededor para encontrar el periódico, su expresión sombría. En cuanto comprendió lo sucedido cerró los puños sobre el papel y lanzó una maldición. ¡Sabía que eso pasaría! ¡Garp jamás debió dejar que Luffy (o Ace) se hiciese pirata!
Todos los aldeanos quedaron consternados en cuanto la noticia se esparció. ¡Luffy había sido capturado! No sabían mucho sobre lo castigos a los que eran sometidos los piratas, pero si tenían clara una cosa: la destrucción de Enies Lobby le había asegurado al pequeñín que vieron crecer un destino miserable y doloroso. Los más sentimentales lloraron junto a Makino. Puede que sonase estúpido pero nunca habían dudado de las buenas intenciones y la moral del niño, sin importar que él se llamase pirata, ellos habían comprendido que su definición de esa palabra era libertad y no lo que normalmente se asociaba a los criminales del mar.
—Cuando Dadan se entere… —murmuró el alcalde, y no pudo evitar que su voz se quebrara un poco. Lo peor de todo era que ser juzgado como pirata en realidad sería una bendición para Luffy, porque tenía la sensación de que la destrucción de Enies Lobby a pesar del insulto que constituía no era nada comparado con su línea de sangre.
Makino también lo sabía y por eso lloraba desconsoladamente.
Si el gobierno sabía (y lo más probable a esas alturas era que sí), Luffy sería ejecutado solo por haber nacido… porque ese era (a sus ojos) el peor de sus delitos.
—¡Maldición!
En villa Cocoyasi, Genzo gritó también mirando el periódico con incredulidad. Nojiko a su lado estaba pálida, las mandarinas del día habían caído con estrepito al suelo y se habían echado a perder.
—Nami… —Fue todo lo que pudo decir. Oh, ¿qué había pasado con su hermana? ¿Qué había pasado con los demás? ¿Cómo en el mundo alguien podía haber derrotado a Monkey D. Luffy? A pesar de su carácter simple, de su baja estatura y su apariencia debilucha, ella fue testigo en primera fila como todos en la villa del poder brutal que poseía.
—Esos malditos perros —exclamó Genzo, casi masticando las palabras— ¡Si le han puesto mano a Nami…!
—¡Genzo-san, Genzo-san! ¡Esto es terrible! —Los aldeanos comenzaron a congregarse en torno al lugar agitando los periódicos— ¡Han capturado al capitán de Nami!
—¡YA LO SÉ! —exclamó crispado, queriendo gritar y llorar al mismo tiempo—. Hay tantos piratas que se merecen la muerte y van y capturan al único que hace algo bueno en el mundo. ¡Malditos sean los del gobierno!
—Las otras villas están recibiendo las noticias también… ¿Qué haremos, Genzo-san? —Uno de los aldeanos se adelantó, mirándolo con firmeza aunque temblaba—. Ese niño salvó nuestras vidas, algo que el gobierno mundial consideró demasiado insignificantes para tomar en cuenta… y Nami…
Genzo los observó con tanta sorpresa que su rabia se mitigó un poco. Nojiko se tragó sus lágrimas y sonrió aunque sus labios estaban pálidos y temblorosos.
—No podemos dejar que le hagan nada. —Otro habló también— ¡Nami sacrificó años de su vida para intentar salvarnos de Arlong! ¡Y al final ese niño pirata lo logró por Nami! ¡El gobierno y la marina no hicieron nada por nosotros!
—¡Las islas Conomi tenemos una gran deuda con el chico del sombrero de paja!
Todos gritaron en total acuerdo, levantando los puños como si estuviesen preparados para dar batalla, tal como el día en el que Arlong traspasó todo lo aceptable tras años de dolor y humillación. En aquel momento estaban dispuestos a morir, no era diferente ahora. Si no fuese por ese chico y Nami, probablemente las islas Conomi habrían sido objeto del yugo de Arlong hasta su erradicación.
—Son piratas —dijo Genzo lentamente, para estar seguro de que entendían lo que significaba aquello—. El gobierno no dará ninguna compasión al aliado de un pirata.
—¿Qué importa lo que opine el gobierno mundial? ¡Para ellos ni siquiera existimos!
—¡En este momento estaríamos muertos si no fuese por ese pirata! ¡Da igual lo que pase de ahora en adelante!
—¡Exacto! ¡Incluso si morimos será porque hicimos algo, aunque fuese solo protestar y no mirar como nuestro salvador muere!
Genzo rio amargamente.
—Muy bien, estamos locos de remate. —Dio una palmada contra la pared con una mirada turbia—. Después de Enies Lobby no hay modo de que no anuncien la sentencia que le darán a Mugiwara no Luffy. Y entonces sabremos qué hacer.
—¡SI!
El grito fue una especie de júbilo y euforia, algo que Kaya en villa Syrup no podía tener. Los libros de medicina se le habían caído del regazo, y Merry solo podía acariciarle el cabello con pesar mientras la muchacha lloraba a lágrima viva ante la noticia. ¿Qué había pasado con Usopp? Nadie en el pueblo perdió el sueño ante el titular, solo era otro pirata que recibiría un castigo ejemplar, solo Kaya y los antiguos miembros de los piratas de Usopp contemplaron la noticia con espanto, sin saber qué hacer.
Lo mismo ocurría en el Baratie, donde Zeff tuvo que leer una y otra vez la noticia con expresión lívida, sus nudillos blancos, una vena palpitando en su frente de la ira y la aflicción.
Tan inverosímil como sonaba había creído que el niño del sombrero de paja era invencible y que Sanji estaría protegido hasta que consiguiera alcanzar su sueño. La destrucción de la isla judicial no hizo más que mostrar la impetuosidad, temeridad y el alcance del poder de Mugiwara no Luffy… hasta que se había topado con un enemigo que no debía estar en su camino. La noticia anunciaba que un ex tripulante sin nombre de la banda de Shirohige derrotó al muchacho para conseguir un puesto como Shichibukai, y en el camino se llevó por delante a los principales luchadores de la banda que intentaron en vano proteger a su capitán: El Cazador de Piratas Roronoa Zoro, y Pierna Negra Sanji.
Los tres habían sido trasladados a Impel Down, la gran prisión submarina, la pesadilla de todo criminal.
—¿Jefe? —Patty preguntó, consternado, con el resto de los cocineros a su alrededor. La noticia llegó en cuanto abrieron el restaurante, podían escuchar voces animadas afuera.
—¡Esto hará pensar dos veces a toda esa basura pirata! —Un oficial marine ingresó riendo escandalosamente— ¿Acaso pensaban que podían destruir Enies Lobby no tener su merecido?
—Todos los piratas temerán ir contra el gobierno y la marina —apoyó otro, con una gran sonrisa satisfecha.
—Depende de cómo sea tome, fue un pirata el que lo capturó —dijo el último, irritado—. Supongo que fue cuestión de suerte, solo alguien del Nuevo Mundo podía frenar a Mugiwara no Luffy. Eso ha salvado un poco nuestro orgullo…
—Qué suerte ni nada ¡Es justicia!
La mirada de Zeff se tornó demoníaca, tiró el periodo a sus cocineros y, sin la más mínima piedad, fue hacia los marines y los pateó con tanta fuerza que salieron rompiendo las puertas y cayeron al mar. El resto de los clientes que empezaban a llegar apenas y pudieron apartarse a tiempo, cuando miraron asustados adentro vieron al antiguo pirata delante de ellos, con la pierna de palo levantada y una expresión de rabia tan intensa que podía ser confundida con odio.
—¡Ningún cabrón marine vuelve a entrar en este restaurante! —Gritó, escupiendo saliva como si fuese un animal rabioso— ¡ME IMPORTA UNA MIERDA SI PUEDEN PAGAR O NO! ¡NO VUELVEN A SERVIR A UN MARINE HASTA QUE ORDENE LO CONTRARIO!
Y aquella orden hablaba de todo lo que estaba sintiendo Zeff, del inmenso dolor, la incertidumbre y la ira. No era estúpido, sabía cómo era la vida pirata, sabía los riesgos que existían ¡pero él había criado a ese renacuajo! ¡Era su padre! ¡Ningún padre iba a servir al posible asesino de su hijo! En ese momento la única regla que se había hecho, servir a quien tuviese hambre, sin importar su origen, se hizo añicos.
Carne y Patty se miraron aturdidos, y luego miraron la noticia junto al resto, comprendiendo, profiriendo un alarido de rabia tan intenso como el que Zeff había dado.
En Shimotsuki, la aldea natal de Zoro, su maestro fue quizá el único entre todos los que estaban relacionados con los Mugiwara que recibió la noticia de sus nuevos estudiantes con calma. Su expresión no varió en lo más mínimo mientras los niños chillaban y preguntaban que iba a pasar con su alumno. El espadachín veterano estaba más preocupado por el estado mental que por el estado físico de Zoro; lo conocía desde que era ese orgulloso niño que retaba infructuosa y obsesivamente a Kuina día con día, y cuando escuchó que estaba sirviendo a otro hombre se sorprendió tanto de la noticia como se admiró del hombre que había conseguido el respeto y la lealtad de Zoro. Si todo era como decían las noticias, Impel Down no sería necesario para torturarlo, su propia mente, su propio orgullo lo consumiría ante su incapacidad de haber protegido al hombre que elegió servir.
Pero ese era el camino escogido, bueno, malo, con la victoria o la derrota, Zoro debía sobrevivir si quería lograr su ambición. Él no podía hacer nada, salvo pedir a Kuina que velara por su amigo.
Todo lo contrario en Ciudad Orange donde el alcalde miraba el periódico con expresión concentrada. Chouchou ladraba lastimosamente a su lado, mirando la imagen de Mugiwara no Luffy. El chiquillo que los había salvado meses atrás de Buggy estaba siendo trasladado al lugar que, según los rumores, decían que era el infierno en la tierra.
—No sé si es justicia o solo puro orgullo —masculló, dividido entre la lógica del mundo y su propia lógica—. Es un pirata, lo sé, pero salvó a ciudad Orange, a todas las islas Organ en realidad.
—No es como si pudiésemos hacer nada, hombre —dijo Poro, su amigo, sombríamente—. Mejor deja de tener simpatía por un pirata. Destruyó la isla judicial del gobierno, no puede ser tan bueno como dices.
—El hombre que vi no habría hecho eso sin una razón —afirmó sin duda alguna Boodle—. Sé que llamándose pirata ya es suficiente para que desconfíen pero no puedo ser tan desagradecido como para olvidar lo que hizo por nosotros.
Los habitantes del pueblo se miraron sin saber qué decir, el alcalde había relatado una y otra vez a todas las villas que conformaban las islas Organ sobre su salvador y la proeza que realizó. Al no haber sido testigos de primera mano del hecho no podían confiar plenamente en lo irónico que significaba deber sus vidas a un pirata, pero creían y confiaban en el alcalde y si él quería creer que el chico no merecía eso solo podían aceptar su criterio.
En el reino de Sakura, sin embargo, aunque los aldeanos no fueron testigos de la derrota de su rey corrupto, no dudaron ni por un segundo en cuanto Dalton y la bruja Kureha relataron en palabras cortas y directas el acontecimiento. Habían visto un milagro cuando un árbol de Sakura floreció en un reino de nieve, y luego otro cuando una banda de piratas los salvó de la persona que supuestamente debía protegerlos.
Piratas o no, luego de Wapol y Mugiwara, su sentido del orden de las cosas se había distorsionado fuertemente.
—Sabía que mi reno se iba con un hombre muy peligroso —murmuró Kureha, contemplando el periódico con impotencia. Era increíble pensar que una semana y media atrás todo había sido diferente—. Lo que no podía adivinar era que se toparían con alguien de la misma medida antes de tiempo. —El nombre de Marshall D. Teach era tan llamativo como el de Monkey D. Luffy.
Los D. eran una tormenta arrasadora, para bien o para mal.
—No dicen nada sobre Chopper —intentó consolarla Dalton, aunque su expresión era rígida—. Solo hablan sobre Mugiwara y sus principales combatientes…
—Al interponerse en el camino de ese hombre se aseguraron un boleto directo a Impel Down —masculló la doctora mirando con desprecio la noticia. Marshall D. Teach o Kurohige, nombre por el que empezaba a ser conocido, había arrasado el reino de Sakura, y el gobierno lo premiaba con un reconocimiento oficial para saquear y hacer lo que se le diese la gana tras capturar a uno de los pocos piratas decentes del mar. Quería escupir sobre su justicia corrupta pero sabía que eso no serviría de mucho.
—¿Crees que los demás estén vivos? —preguntó finalmente Dalton con preocupación.
—Por su bien espero que mi reino esté a salvo —dijo Kureha simplemente. Si algo le había pasado a Chopper… bueno, ya había vivido una larga vida, no tenía mucho que perder.
Dalton pareció ver la resolución en sus ojos y le confió algo que sorprendió a la vieja doctora.
—Creo que podemos pedir una especie de indulto. —Su voz era algo grave y renuente, como si no estuviese seguro de su propia cordura—. Hablé brevemente con la princesa de Arabasta cuando estuvieron aquí, no existe nada aparte de la destrucción de Enies Lobby que pueda ser considerado un delito. Al parecer han hecho más bien que la misma marina, si se puede canjear sus hazañas por ese único delito…
—Las puertas de la justicia, Dalton —resopló la doctora, mirando al nuevo rey con apreciación. No esperaba que Dalton estuviese tan dispuesto a poner las manos al fuego por un pirata por muy buenas cosas que hubiese hecho—. Aunque haya sido solo un delito no será olvidado fácilmente.
—Se puede intentar —dijo, encogiéndose de hombros—. Solo si todos están de acuerdo.
—Son piratas. —Kureha suspiró con cansancio—. Eres un buen hombre pero aún demasiado ingenuo si crees que el gobierno dejará ir de sus manos a Mugiwara no Luffy después de lo que hizo.
—¿Entonces qué haremos? —preguntó Dalton.
—¿De verdad quieres hacer algo?
El hombre se removió con inquietud, su ceño fruncido.
—Solo… sé que no podré vivir tranquilamente si no hago algo. Ese pirata nos salvó… es la vida que escogió pero… —No pareció poder decir nada más aunque la doctora entendió. Sonrió con curiosidad pero también de forma casi depredadora mirando el mar.
Lo había dicho, el hombre que su reno había seguido era peligroso. Estaba ante un rey que parecía dispuesto a pedir por la vida de un pirata… ¿cómo tomaría eso el gobierno? Kureha estaba ansiosa por verlo.
El que no estaba ansioso por ver algo era Shanks, que recibió la noticia mientras lidiaba con una resaca de los mil demonios a causa de la fiesta continúa que se armó por la nueva recompensa de Luffy, tanto mientras navegaban después del encuentro con Shirohige como cuando habían desembarcado en una isla vacía. Se habían hecho banquetes y todo tipo de juegos, incluido los de bebida donde el mismo capitán y Yasopp fueron los amos de la fiesta. Si alguien ajeno los hubiese visto nunca habría creído que esos borrachos eran de los piratas más temidos del mundo.
Por supuesto, todo aire de alegría se perdió en cuanto el periódico cayó en manos de Shanks mientras se quejaba y hacía pucheros…
Los oficiales se dispararon de sus sitios en cuanto el haki del capitán golpeó la isla completa, aquellos que no fueron lo suficientemente fuertes cayeron sin más sobre la arena.
—¿Cómo… —La voz de Shanks fue muy baja pero también muy terrorífica, el ambiente pareció enfriarse al completo y la luz del mismo sol se opacó ante su ira—… se atrevió a poner un dedo sobre Luffy?
—¿Capitán?
—¡En el momento en que el gobierno mundial se pase de listo habrá guerra! —tronó el Yonkou sin ninguna piedad. Se levantó tirando todo lo que estaba a su alcance, y sus ojos se achicaron conteniendo apenas la cólera que lo embargaba.
En ese momento le importó una mierda el equilibrio entre las tres grandes fuerzas, nadie ponía un dedo en Luffy y vivía para contarlo. Si el gobierno quería sangre, sangre iba a tener. Ser el más pacífico y diplomático de los Yonkou no aplacaría para nada su venganza.
—Solo ha pasado una semana y media desde lo de Enies Lobby —dijo Ben silenciosamente tras leer el periódico. Suspiró de forma sombría—. Luffy no solo no estaba preparado para combatir a Teach, estaba ya muy débil.
La rabia de Shanks se incrementó más al pensar en el hombre que traicionó a Shirohige y le hizo las cicatrices sobre el rostro. Ya había pensado que Teach era demasiado peligroso para pasar tan desapercibido, pero no habría imaginado que su ambición sería ser parte de los Shichibukai. Había algo más y que Luffy se hubiese convertido en un peón de su juego morboso solo le hinchaba las pelotas más.
Sabía que estaba tras el lugar de Shirohige pero no era su deber detenerlo… solo quiso observar hasta que tuviese claro cómo lidiar con ese parasito, sin embargo había involucrado a Luffy y eso no iba a pasarlo por alto.
—Impel Down… ese maldito lugar —murmuró Yasopp, tan furioso como su capitán y el resto de oficiales que habían conocido a Luffy—. ¡Solo tiene diecisiete años!
—Maldita sea —gruñó Akagami, queriendo destrozar algo. Sabía lo suficiente de Impel Down para querer matar a alguien solo de pensar que, mientras él estaba emborrachándose, Luffy había ingresado a la gran prisión a sufrir un sinfín de torturas— ¡Pongan a trabajar a los espías! ¡Quiero la localización de Teach y lo que planean hacer con Luffy! ¡Busquen al resto de su tripulación también!
—¿Crees que Garp haga algo?
Shanks torció el gesto, sus ojos como hielo.
—Tan loco como es, su lealtad a los marines es incuestionable.
—¡Pero es su nieto!
—Luffy escogió el camino que quería —replicó Shanks con dureza—. Es mi deber ahora velar por él.
—Ace… ¿Qué hará Ace?
—Algo muy estúpido, estoy seguro —dijo el Yonkou, intentando tranquilizarse. Ace era responsabilidad de Shirohige pero también era el hermano de Luffy, no podía simplemente desentenderse de él—. ¡Preparen el barco!
En el Moby Dick, Ace gritaba y se retorcía de forma tan desesperada y brutal que se estaba lastimando, amarrarlo a un mástil con esposas de kairoseki era la única solución que habían hallado para evitar que se fuese. Casi por un momento había vuelto a ser ese chiquillo de temperamento indomable del principio, con demasiado poder y demasiada temeridad. En su desesperado intento de escapar había dañado el Moby Dick bastante, las graves quemaduras darían quebraderos de cabezas a los carpinteros, y ni decir sobre los doctores… muchos de sus compañeros estaban completamente inconscientes por la presión del haki del rey, otros habían recibido patadas y puñetazos brutales, y lo más fuertes habían tenido que lidiar con los poderes de la mera-mera-no-mi. Los comandantes habían podido mantener una lucha pareja solo por un momento antes de darse cuenta que Ace estaba dispuesto a todo. Una lucha limpia o considerada no había servido, al final Marco lo contuvo el tiempo suficiente para ponerle las esposas de kairoseki. Y si habían creído ingenuamente que eso lo calmaría… habían recibido los golpes suficientes para probar lo contrario.
Jozu tuvo que darle un contundente golpe con un puño de diamante y luego encadenarlo al mástil.
Thatch lo observaba con horror. Nunca había visto a Ace así, parecía loco.
—Ace ¡tienes que tranquilizarte, yoi! —exclamó Marco, rechinando los dientes al mirar todo el daño hecho.
Shirohige se mantenía en su sitio, no había intervenido más que para evitar que Ace se lanzara al mar. Miraba al más joven de sus hijos de forma extraña.
Ace, por otro lado, no escuchaba razones.
—¡SUELTENME! ¡SUELTENME DE UNA PUTA VEZ HE DICHO! —gritó sin hacerle caso, parecía haber perdido el juicio—. ¡TENGO QUE IR POR LUFFY! ¡TODO ESTO ES MI CULPA!
—¡¿Cómo rayos sería tu culpa?!
—¡LO ATRAPARON EN WATER SEVEN! ¡SI YO HUBIESE PELEADO CON ESE BASTARDO EN BANARO NADA DE ESTO HABRÍA PASADO! ¡LUFFY ESTARÍA A SALVO! —aulló. ¡Era basura! ¡Por su indecisión su hermano iba a morir!
Nadie tuvo duda de eso, independientemente de la victoria o la derrota, de haber peleado Ace habría truncado la caza de Kurohige. Y a pesar de todo, del dolor y la culpa que carcomían a Ace, el resto no podía sentir más que alivio de que nada le había pasado a él. Ace era muy fuerte, normalmente nadie cuestionaría su victoria pero algo les decía que de haber peleado con Teach, sería Ace quien estuviese en Impel Down en ese momento.
—¡Ace, tu hermano ya no es un niño! ¡Lo piratas enfrentamos peligros a diario!
—¡ÉL ES MI HERMANO MENOR! —Bramó, mirando con ira al que había dicho aquello— ¡ES MI DEBER PROTEGERLO!
—Impel Down es un infierno, lo sabemos —comentó Izo, limpiándose la sangre de la barbilla, su expresión serena aunque sus ojos fríos—. Pero ponerte como un energúmeno no salvará a tu hermano. ¿Acaso has pensado en algo?
—¡NO TENGO TIEMPO PARA PENSAR! —escupió Ace, moviéndose entre las cadenas con tanta fuerza que parecía increíble que tuviese kairoseki en las manos. Aunque su poder estaba siendo mitigado su haki trabajaba lo suficientemente bien para equilibrar aquello— ¡SOLO SUELTENME!
—¡Tú tienes un hermano menor que proteger, nosotros también! —gritó entonces Thatch, superado por todo—. ¡ERES NUESTRO HERMANO MENOR, NO PODEMOS DEJAR QUE HAGAS ALGO ESTÚPIDO!
Ace se quedó congelado en un grito, mirando a Thatch con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa.
Eso solo pareció fastidiarlo.
—¡¿Acaso crees que no nos preocupamos por ti? ¡Maldición, Ace! ¡¿Cuánto tiempo llevas aquí?! ¡Nos importas! ¡¿Cómo debemos meterte eso en la cabeza, pequeño imbécil?! —Los comandantes asintieron con seriedad a esas palabras, el resto solo dio un grito afirmativo.
Marco dio unas palmaditas en el hombro para serenar a Thatch, luego miró a Ace que había dejado de removerse contra las cadenas y miraba a todos como si no comprendiese porque se preocupaban por él. Había tanta vulnerabilidad en sus ojos que Marco sintió como si alguien lo hubiese golpeado. Un muchacho de veinte años no debía dudar sobre su existencia o su derecho a ser amado.
—Cálmate y encontraremos una solución —prometió Haruta, mirando a sus compañeros con miles de pensamientos en mente. Impel Down solo había sido profanada una vez, y el causante demoró dos años en lograrlo, sacrificando sus piernas en el proceso—. No vamos a dejar a tu hermano en ese lugar.
Vista se acarició el bigote, aunque su sonrisa seguía presente tenía el ceño fruncido de concentración. El problema de la gran prisión era su localización y el diseño de su construcción, había sido pensada para encerrar y mantener a raya a los peores criminales de la historia. El Calm Belt ya de por si era un gran problema, navegar a través de esa tira de mar no era un problema para ellos. Pero una cosa era navegar y otra echar anclas allí para entrar en una prisión submarina en el que un mal movimiento les haría perder algo más que la vida.
—Sé que es duro pero esperemos un tiempo y armemos un buen plan —ofreció Jozu con serenidad.
—Asaltar la prisión submarina —dijo alguien—. Ya quiero ver la cara que pondrá el gobierno.
—Cierto, será interesante.
—Dejen de celebrar y ayuden a arreglar el barco —ordenó Izo con molestia. Su ropa estaba hecha un desastre al igual que su rostro, y eso lo ponía de muy mal humor.
—También pongan sus cerebros a funcionar, quizá algo bueno se les ocurra —añadió Blamenco.
—El hermano de Ace tiene una recompensa de trescientos millones ¿cierto? Deberá estar en el último nivel.
—Bueno, bueno… supongo que muchos morirán en el proceso… que dura es la vida pirata, demonios. Pero ¡bah! Hagamos lo que queramos.
—¡Sí! Morir en batalla es lo mejor.
—Oyaji —Marco fue hacia él a paso tranquilo ante el silencio atónito de Ace, que parecía haber perdido toda la motivación para resistirse—. ¿Cómo debemos actuar?
Algunos comenzaron a dispersarse y ayudar a sus compañeros caídos, otros ya daban órdenes y pedían que los doctores y carpinteros se hicieran presentes. Parecía como si todo fuese un asunto insignificante ya que no tenían duda de que iban a solucionarlo, solo necesitaban tiempo. Y Ace comenzó a llorar al comprenderlo, al mirar como sus amigos, sus hermanos y su padre ni siquiera habían vacilado, a pesar de que el objetivo era la gran prisión, a pesar de que eso podría romper la fina paz que gozaban las tres grandes fuerzas, y que sin duda alguna iban a morir muchos para salvar a una sola persona. Una persona que para él, el hijo de un demonio, significaba todo.
Marco, Thatch, Haruta, Vista, Curiel, Blenheim, Jiru, Jozu, Kingdew, Izo, Vista, Blamenco, Namur, Atsmos y Fossa cerraron los ojos con una sonrisa suave al oír el llanto de su tonto hermanito.
¿Cómo Ace podía pensar que iban a abandonarlo?
Solo debía quedarse con ellos y dejar que todos cargaron con su peso. Ellos bajaron la guardia automáticamente, un error que les costaría caro.
Ace había entendido o al menos lo estaba intentando, lidiando con la certeza de que por sí mismo él era importante para su tripulación. No iban a dejar que nada le hiciese daño, si su hermano menor le importaba tanto entonces estaban dispuesto a rescatarlo sin importar la guerra que armaran en el proceso.
Lo único que no podían prever era que el tiempo no estaba de su lado.
Y ese era el principal problema. El tiempo. Ace era el hijo de Roger, el hijo del hombre que lo había tenido todo, incluso el odio del mundo. Podían hacer todo por Ace pero ¿lo harían por el hijo del rey pirata? No estaba preparado para oír la respuesta, no aún, y esas inseguridades definitivamente no le costarían la vida de su hermano.
Skull, uno de los ex piratas Spade, se congeló débilmente cuando vio a su antiguo capitán apretar los puños como hacía cuando llegaba a una resolución loca. Le había costado su tiempo conectar aquel gesto a sus acciones posteriores, pero Deuce se lo había explicado la primera vez que Ace hizo arder una isla entera durante su travesía. El pirata quiso alertar a sus comandantes, Deuce estaba posicionado en una de las islas que protegían ayudando a controlar una epidemia, y el resto estaba en los otros barcos por disposición de Marco debido al alboroto que hicieron cuando Ace salió del barco tras Teach, así que alguien tenía que detenerlo. Pero incluso mientras lo pensaba, Skull llegó a la conclusión de que fracasarían ¿cuándo habían podido detener a su antiguo capitán cuando hacía ese gesto? Se movió de forma apresurada entre sus compañeros, un poco tenso y asustado, intentando decir algo y lamentando que Deuce no estuviese allí.
—Ace —Shirohige también vio el movimiento—, hijo…
—Es… Estoy tan feliz… —susurró él sonriendo entre lágrimas, sus ojos estaban tapados por su flequillo— Oyaji… hermanos… por mí… por alguien como yo… —apretó la mandíbula—. ¡Gracias! ¡Muchas gracias!
—Ace —increpó Marco, tensándose automáticamente. No le gustaba ese tono.
—Pero no puedo dejarlos… no tienen idea de nada —tragó saliva y pensó en la promesa que hizo en honor a Sabo, en la conversación de Dadan y su abuelo.
"Ahora es conocido como el criminal más buscado del mundo, si alguien se entera de Luffy…". El viejo apretó los puños con impotencia. Ace, detrás de la puerta, abrió los ojos de par en par al comprender lo que estaban diciendo.
Dadan bufó sin parecer sorprendida ante la noticia, avivó el fuego de la fogata y suspiró.
"Así que es como Ace ahora. Verdaderamente tienes un talento increíble para relacionarte con personas problemáticas. Primero el hijo del rey pirata, ahora el hijo del líder revolucionario…"
Hubo un pequeño lapsus de silencio solo roto por los sonidos de los animales y los ronquidos de los bandidos. Ace miró a la robusta mujer con ojos helados. Así que eso era todo, concluyó, ella iba a echarlos definitivamente. No podía culparla si lo echa a él, pero Luffy era otra cosa, nunca le iba a perdonar eso.
Garp dio una risotada vacía.
"Si quieres que me los lleve decídelo ahora, no te daré otra oportunidad."
"¿Acaso tienes otro lugar donde ocultar a esos malditos mocosos?"
"No." La respuesta fue contundente pero también sombría.
"Ya veo. Sigues siendo denso." Dadan apagó su cigarro contra la tierra con una mueca. "No quiero ir a la cárcel así que supongo que no tengo más opción que seguir cuidándolos." Garp no fue el único que la miró con sorpresa. Ace retrocedió un paso. La cárcel no era nada comparado con lo que podía pasarle si alguien del gobierno se enteraba que había mantenido bajo su cuidado a los hijos de las personas más peligrosas que habían enfrentado.
"¡Así que ya los quieres! ¡Buahahahaha!"
"¡No digas tonterías!"
—Ace. —Thatch avanzó un paso haciendo un gesto a sus hermanos. No sabía qué pero Ace haría algo tonto.
—El gobierno no esperará a que lo rescatemos —dijo con simplicidad, encogiéndose de hombros aun sin mirarlos. El gesto le arrancó una mueca de dolor, estaba muy magullado y ensangrentado, y su calma era incluso peor que su furia—. Van a ejecutarlo —sentenció, y eso sorprendió a todos.
—Ace, a pesar de lanzar esa declaración de guerra es solo un novato —razonó Marco, intentando comprenderlo—. No van a ejecutarlo por ese crimen, no tiene ni seis meses en el mar, yoi.
Ace sonrió con amargura y dolor.
—Lo siento —susurró, y luego levantó bruscamente la cabeza, expulsando haki de forma tan brutal que astilló el barco y rompió las cadenas en dos.
Marco retrocedió ante la fuerza, incrédulo. ¿Él… acababa de controlar el haki del conquistador? ¡Era imposible!
El comandante de la segunda división aprovechó el pequeño caos para maniobrar con rapidez, saltó por encima de sus aturdidos hermanos con una voltereta asombrosa que lo hizo aterrizar con elegancia sobre el barandal, deshaciéndose de las esposas de kairoseki que cayeron con un tintineo sobre la madera. Uno de los piratas se palpó el bolsillo con incredulidad ¿su comandante acababa de quitarle la llave en sus narices?
—¡Ace! —Shirohige se levantó de su sitio, alzando un puño para agrietar el aire e impedir su huida.
Antes de lanzarse al mar, Ace miró a su padre y sonrió con tristeza.
—No lo entienden, no soy el único… Luffy también. Él y yo llevamos la sangre de un criminal de escala mundial fluyendo por nuestras venas. A estas alturas el gobierno ya debe saberlo.
Shirohige lo miró sorprendido y eso le dio el tiempo suficiente para lanzarse hacia el striker. Ya había logrado echarlo al mar antes de que lo encadenaran.
—¡ACEEEEE! —gritaron todos corriendo hacia el barandal, pero ya era tarde. Su hermano se alejaba a velocidad imparable.
¿Qué podía hacer él solo?
Nadie podía adivinar lo que pasaba por su mente.
—El hijo del rey pirata por el hijo del líder revolucionario… eso debe ser suficiente —susurró.
"Lo prometí… cuidar de él aunque me cueste la vida. Voy a cumplir, cuida de él también desde donde estés… Sabo."
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En Batilgo, la base de los revolucionarios, alguien dejó de corretear de pronto y levantó la mirada casi en trance, algo curioso, algo confundido, aunque no podía saber la razón. Había sentido como si alguien lo llamara en la distancia, aunque era imposible.
—¡Sabo-kun! —El grito de rabia hizo que esa persona se estremeciera y recordara que debía seguir corriendo. El hombre, joven en realidad, que no pasaba de los veinte años miró sobre su hombro con diversión. El sombrero se le había caído hace mucho y su rostro descubierto tenía una fea cicatriz alrededor del ojo izquierdo, el cabello rubio había crecido lo suficiente para disimular eso pero por lo demás era casi el mismo niño de la Terminal Gray.
El niño que había crecido hasta convertirse en un joven bastante travieso, poderoso, temido y… amnésico.
Koala, una de sus subordinadas, estaba tras él intentando evitar que acabara con las raciones de comida cuando la noticia llegó.
Un revolucionario entró al comedor llevando consigo una tanda de periódicos. Todos desayunaban y charlaban en voz baja tanto de cosas triviales como de cosas importantes.
—¡¿A que no saben lo que sucedió?! ¡Acaban de atrapar al novato que le declaró la guerra al gobierno!
—¿El pirata? —Alguien cogió el periódico y silbó, sacudiendo la cabeza con tristeza al leer el titular—. Que mal. —A pesar de que era pirata había sido como un ícono para los que temían el poder corrupto del gobierno mundial.
—Supongo que el gobierno realmente no iba a quedarse de brazos cruzados. —Otro se encogió de hombros.
—¿Quién lo atrapó? ¿Algún marine de alto rango?
—El nuevo Shichibuaki, un tal Kurohige —mencionó Hak, leyendo la noticia con detenimiento—. Al parecer quería el puesto, se le presentó la oportunidad así que lo atrapó y lo ofreció al gobierno.
—Hablando de personas despreciables… —dijo alguien en voz baja. Cualquiera que estuviese dispuesto a trabajar para el gobierno era de lo peor.
—¡Sabo-kun! —gritó Koala, atrapándolo y estirándole las mejillas con rabia. Ya que sus compañeros estaban comentando las nuevas noticias él había empezado a robar comida. El rubio tenía unos hábitos imposibles de soportar a veces, y lo peor de todo era que su velocidad hacía imposible controlarlo.
El joven rio y le sacó la lengua antes de soltarse y coger seis manzanas más, las cuales se zampó en un bocado. No mostró interés en indagar en las noticias.
—Eso les pasa por ser tan descuidados —se burló, dando una risotada escandalosa.
—¡Estamos comentando algo importante! —gruñó la muchacha, intentando atraparlo de nuevo.
Sabo corrió lejos de ella, sacándole la lengua de nuevo y robando más comida en el proceso. Saltó sobre sillas y mesas hasta que obtuvo todo lo que quiso, luego sin más halló un sitio en una de las mesas vacías y se sentó esperando pacientemente a que la joven lo alcanzara. Koala llegó unos minutos después e intento golpearlo, pero él atrapó su mano casi juguetonamente y ella resopló con resignación. Sabo la soltó sin perder la sonrisa.
Nadie dijo nada, las idas y venidas de los dos eran bastante comunes.
—Parecen prestarle mucha atención a ese pirata —comentó vagamente. Se cruzó de brazos aun con la estúpida sonrisa de oreja a oreja ante su victoria, nadie había peleado con él para evitar que robara comida. Por su rango tenía muchos privilegios que rara vez usaba (era aburrido) y que no hicieron más que consolidar su puesto, pero eso no significaba que a Koala le hiciera gracia su falta de vergüenza.
Ella opinaba que si iba a robar comida mejor podía hacer uso del comedor privado de los comandantes, podía disponer de lo que deseara sin necesidad de estar robando raciones, pero ella no podía entender que eso era más un hábito que una necesidad. Sabo comía más de lo que debía ser considerado posible y, aunque generalmente tenía buenos modales, le divertía mucho pelear por obtener su comida. Era como un juego o simplemente algo que arrastraba de su pasado olvidado. Koala no estaba segura.
Durante un momento lo contempló con reticencia. Sabo sonreía mucho pero algunas noches se levantaba con un grito mudo y agonía en su rostro y su voz. Ella intentaba calmarlo, y a veces, solo a veces, él le decía que no pasaba nada, en otras le susurraba casi en la inconsciencia que tenía algo importante que debía recordar.
Su silencio hizo que Sabo arqueara una ceja con sospecha. Ella suspiró, alejando esos pensamientos sombríos de su mente y tomando un lugar a su lado para retomar el tema del momento: el pirata novato capturado.
—Hizo cosas interesantes —murmuró, recordando a Fisher Tiger. Como revolucionaria sabía que la mayor parte de los piratas no eran como el hombre que la había salvado y dado una razón para continuar, sin embargo no podía evitar pensar que ese tal Mugiwara sí que encerraba lo que más había admirado y respeto del gyojin.
El asalto a Enies Lobby era una proeza que la mitad había tachado de tonta y la otra mitad de admirable.
—¿En serio? —Sabo se puso a tontear sin prestarle demasiada atención.
—¡Deberías leer los periódicos de vez en cuando! —espetó con dientes de tiburón, molesta por la facilidad que tenía su comandante para desestimar todo tema.
—Son aburridos —se quejó.
—No creo que sean más aburridos que todos esos libros que lees a diario —señaló Hack, llegando al lado de ellos y rodando los ojos ante la respuesta de Sabo. Koala y él eran quienes lo mantenían informado de todo, Sabo nunca leía los periódicos pero al mismo tiempo debía estar informado. A veces el gyojin se preguntaba si era un mecanismo de defensa inconsciente, el doctor lo había mencionado de pasada, quizá pensaba que si leía algo de lo que sucedía en el mundo llegaría el momento en que chocaría de frente con algo de su pasado, en especial de esos padres a los que no recordaba pero de los que eligió alejarse a toda costa. Sabo tenía una gran sed de conocimiento, desde que llegó a Batilgo años atrás lo había demostrado, su rechazo a los periódicos era extraño.
El rubio se encogió de hombros sin mucho interes, y ellos dos suspiraron derrotados. Su joven líder solía tener una madurez admirable, pero la mayor del tiempo era tan egoísta. A pesar de que era poderoso e inteligente hacía lo que le daba la gana, e increíblemente eso solo le causaba gracia a Dragón que nunca le cortaba las alas. Su reciente promoción como segundo al mando de todo el ejército revolucionario solo lo hacía peor, cuando él lo quería nadie podía detenerlo ni por la fuerza ni por órdenes.
No obstante, sus hazañas estaban a la par de su rebeldía.
—¿Saldremos pronto? —preguntó a Koala de la nada.
—Acabamos de volver de San Urea —protestó la revolucionaria. Tuvieron una victoria contundente pero aún le irritaba que Sabo hubiese actuado por su cuenta—. ¡Y ni siquiera te has puesto a terminar el informe!
Sabo suspiró. Cierto, aun debía ese informe. Aunque no huía del papeleo le estresaba.
Koala le lanzó una mirada desaprobatoria antes de ceder.
—Pero sí, saldremos por la noche de nuevo.
—¡Bien! —celebró, encantado con la idea de patear traseros.
—A veces eres incontenible, Sabo —regañó Hack—. Si fueses pirata no habría diferencia.
—Si no fuese revolucionario me habría gustado ser pirata —expresó vagamente para la sorpresa de los dos.
—¿En serio?
—Sí, ¿por qué no?
Koala no pudo responder a eso, primero porque en realidad para ella realmente no sería algo malo, y segundo porque de pronto una presión se lo impidió.
La expresión relajada y pensativa de Sabo se perdió automáticamente en cuanto reconoció el haki del único hombre que le superaba en rango. Se levantó bruscamente con una mirada fría y peligrosa, y corrió al despacho de Dragón con Koala y Hack detrás. En el camino se le unieron los que a pesar de los escalofríos pudieron superar rápido el haki.
¿Qué había pasado?
Dragón tenía una paciencia y actitud bastante serena, era muy extraño que cediera a la ira sin importar cuanto le molestara algo. Era un hombre frío y calculador que sabía cuándo dar un paso y cuando no.
Si algo lo había exaltado… bueno, Sabo no sabía si debía sentirse preocupado o emocionado.
Recorrió los pasillos con rapidez, la estructura de la base revolucionaria permitía tener acceso a todos los lugares con facilidad para una evacuación rápida, al menos si conocías bien el lugar, de lo contrario podía ser una trampa mortal. Sabo tomó uno de los atajos y se adelantó aún más al notar la presencia de algunos oficiales. Por la naturaleza del trabajo que realizaban, rara vez los comandantes permanecían juntos, de hecho Sabo los había reencontrado por primera vez en años cuando se le dio el cargo de jefe de personal unos meses atrás y oficialmente se convirtió en la mano derecha de Dragón, destinado a protegerlo y a estar a su lado para continuar su movimiento si algo le pasaba. La mayor del tiempo del tiempo, sin embargo, tenía que ausentarse por largos períodos para luchar, y cuando lo hacía se llevaba siempre a Hack y a Koala pues eran sus oficiales directos. Era extraño entonces que los comandante se separaran de sus subordinados de más confianza, probablemente estaban reportando algo muy confidencial.
Lo único cierto de todo era que el haki de Dragón estaba lleno de ira y peligrosidad.
Cuando lo alcanzó, se sintió desconcertado un momento al ver que estaba sentado en su sitio y nada extraño pasaba, solo tenía la mirada sobre el periódico.
—Hiro-san, Yuma-san —saludó distraídamente a los oficiales que asintieron brevemente en su dirección—. ¿Qué sucede?
—No lo sé —contestó Hiro sin comprender. Se pasó la mano por su gorro con algo de temor, aunque era uno de los revolucionarios más serios de la base era imposible no amilanarse ante la ira de su estoico líder—. Se puso así en cuanto leyó el periódico.
—¿El periódico? ¿Ha hecho algo el gobierno? —preguntó Sabo, frunciendo el ceño. No había otra razón para que Dragón se enfadara. Se sintió inquieto, quizá Koala tenía razón y debía empezar a leer los periódicos. Ella y Hack no iban a estar siempre detrás de él comunicándole cada pequeña cosa que pasaba, aunque no dejaba de ser extraño que no hubiese notado algo que hizo reaccionar a Dragón de tal forma.
—Nada aparte de capturar al novato que les declaró la guerra. —Yuma se interrumpió en cuanto esas palabras hicieron que el aura de su líder se volviese más terrorífica.
Sabo alzó la cabeza notando la reacción. La vida de Dragón antes de convertirse en el líder del ejército era inexistente para ellos, constituía un misterio que pocos, incluido el gobierno (aparentemente), conocían. Sabo siempre vivía el presente, no miraba el pasado con interés y nunca se había preguntado si Dragón tenía familia, aunque era obvio que tenía padres. Pero de pronto al verlo así lo asaltó una duda, algo que a nadie se le había pasado por la cabeza.
—Dragon-san… —dijo lentamente, de algún modo algo hizo click en su cerebro aunque se le hacía tan inverosímil—. ¿Conoce a ese pirata?
—¿A Mugiwara no Luffy? ¿Quién no lo conoce? —comentó Hiro sin comprender—. Es el nieto de Garp el héroe marine, ha dado muchos problemas…
—¿Luffy? —Algo en Sabo se resintió. Luffy… ese nombre… era la primera vez que oía el nombre del pirata que estaba dando dolores de cabeza al gobierno.
—¡Sabo-kun! —Koala y Hack lo alcanzaron.
Sabo volvió a respirar, casi se había perdido en la sensación extraña que lo había azotado, el grito de Koala lo devolvió a la realidad. Se llevó una mano a la cabeza sintiendo sus sienes palpitar pero miró de nuevo a su líder decidido a saber qué pasaba.
—Dragón-san, ¿tiene alguna relación con ese pirata?
—¿Qué? —Más personas empezaron a llegar al despacho y alcanzaron a escuchar la pregunta.
Dragón finalmente levantó la cabeza, parecía que una vena le iba a estallar de la rabia. ¿Cómo se habían atrevido a interponerse en el camino de Luffy? Miró con malhumor a Sabo.
—Sí —contestó, porque aunque no se parecía mucho en personalidad ni a su padre ni a su hijo, cuando le preguntaban algo directamente contestaba y ya—. Es mi hijo —agregó secamente.
Tomó un largo minuto para que todos asimilaran la noticia.
—¡¿QUEEEEEEÉ?!
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En la tierra sagrada las Cinco Estrellas Ancianas miraban la noticia con tranquilidad.
—Realmente lo trajo —murmuró uno, tomando un poco de café.
—Su fuerza no es broma —comentó otro—. Será un buen Shichibukai.
—El hombre que nos desafió no puede ser perdonado. Enies Lobby fue un insulto…
—Pero ser hijo de Dragón lo pone en una situación peor —intervino con tranquilidad el siguiente—. La suerte nos sonríe, una carta con la que no contábamos ha caído en nuestras manos.
—¿Cuál será su respuesta?
—Es hora de jugar, Dragón… ¿Qué harás? —se preguntó con curiosidad el primero—. ¿Saldrás de tu escondite o verás desde lejos a tu hijo morir por tu causa?
La era de los piratas o el ejército revolucionario… Gol D. Roger o Monkey D. Dragón… Puño de Fuego Ace o Mugiwara no Luffy… una de esas dos fuerzas tenía que desaparecer ya y el destino había querido que fuese Mugiwara no Luffy la carta ganadora.
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Hi!
Bueno, ya que Luffy es el preso estrella en esta historia los revolucionarios tendrán un papel más grande. Cuando creé la historia hice un esquema y tuve que ponerme a escribir OC para llenar los puestos porque en el manga aun no salía nada sobre ellos, por fortuna Oda ya sacó un poco más de material y aunque estoy intentando compaginarlo a lo que ya escrito no sé cómo me salga, igual algunos OC se quedaran pero ninguno es importante-importante.
Por otro lado, espero les guste este capítulo.
Gracias a:
N0dusT0llens, lo de MakinoxAce es un gusto personal. No repercutirá especialmente en la historia así que decidí mantenerlo. Nunca he visto algo que haga shippear a Makino y Shanks así que no los veo como pareja xD. Gracias por el review.
Sasura No Chikako, esa es la eterna pregunta que se hacen algunos XD. ¿Qué hubiese pasado si Teach llegaba a Luffy? Espero poder realizar un fic que este a la altura. Gracias por tus palabras, espero que disfrutes este capítulo si lo lees.
Besos, Bella.
