Disclaimer: applied.


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ESA SANGRE CULPABLE

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El desafortunado destino de Luffy no solo le interesó a sus amigos y compañeros, o a las personas que sus nakamas consideraban familia, también le interesó a muchas personas que nunca había visto en la vida pero que conocían su fama y albergaban relaciones… complejas con él y su tripulación directa o indirectamente.

En un reino sin tierra, con una familia de leyenda, estaban esas personas con relaciones complejas.

El periódico llegó al Germa casi al mismo tiempo que al resto del mundo con la noticia que confirmaba finalmente sus sospechas. La familia real, los Vinsmoke, miraron con diferentes reacciones desde sus posiciones. El rey en su trono imponente y sus hijos en la mesa ordenados según como habían nacido, el número asignado a cada uno: la única mujer y la mayor de todos el 0, Ichiji el más poderoso pero menos empático el 1, Niji cuya sonrisa era casi bestial el 2, y Yonji que era el más ameno pero no el menos destructivo el 4. La última silla, el número 3, estaba vacía.

Reiju, la mayor, observó con curiosidad el rostro de su hermano desaparecido. Dejó de lado su comida y pasó los dedos suavemente por la textura del papel.

—Así que realmente es Sanji —sonrió levemente, un tanto divertida, un tanto sorprendida. Sanji había proclamado que quería ser cheff y seguir el legado de su madre, pero de alguna forma terminó convirtiéndose en un criminal.

Pierna Negra Sanji, uno de los principales combatientes de la tripulación de Mugiwara no Luffy, había caído en batalla, y su foto se esparcía en todo el mundo finalmente borrando la caricatura absurda que circuló días atrás.

—Y pensar que podía caer más bajo —se burló Yonji a su lado, comiendo sin parar.

—Tan débil —sentenció Ichiji con inexpresividad.

—Debió haber muerto —se burló Niji con sadismo.

Judge no dijo nada pero hizo una mueca de repulsión. Durante un momento llegó a pensar que ese estorbo logró desarrollar tardíamente los poderes superiores que nunca se manifestaron durante su infancia. Y aunque eso no sería suficiente para él, al menos habría significado un alivio, la resolución de que su ciencia no se había perdido ni en esa carga extra. No obstante, Sanji sabía cómo decepcionarlo.

—Ha sido trasladado a Impel Down —murmuró Reiju de forma pensativa. Lo había dicho claro y rotundo, que si quería vivir, que si quería encontrar a alguien que lo tratara como a un ser humano no debía volver jamás, y eso implicaba mantenerse oculto.

¿Por qué Sanji era tan tonto? Durante años había interpretado un buen papel pero esa noticia le arrancaría la poca libertad que había gozado. Impel Down no era nada al lado de lo que su padre tenía planeado.

—No importa, servirá para algo —respondió el líder del Germa 66—. Iremos hacia Mariojea, quiero comprobarlo con mis propios ojos.

—¿Pedirás por él? —Preguntó con curiosidad la mujer, moviendo su copa de vino con elegancia—. Ha cometido un delito mundial que no será perdonado jamás.

—No necesita ser perdonado, solo vivir el tiempo suficiente para consolidar la alianza con Big Mom.

—Como digas, padre. —Reiju asintió, obediente. Amaba a su padre y aunque no compartía su desprecio por Sanji, tampoco se lo iba a reprochar. Ella tenía todo lo que quería, tomaba lo que deseaba y desecha lo que la cansaba. Torturaba, asesinaba y dormía tranquilamente sin pensar demasiado en sus víctimas sin rostro, nombres ni emociones. No era como sus hermanos pero tampoco podía defender una moral que apenas respetaba.

—Ese hombre… ese tal Mugiwara —dijo Yonji de pronto con curiosidad—. ¿Cómo será? ¿Es tan débil como Sanji?

—Por supuesto que sí, ese inútil ni siquiera se ocultó detrás de alguien fuerte —dijo Niji riendo.

—No lo creo —contradijo Reiju, lanzándole una sonrisita desdeñosa—. ¿Cuántas personas causan la destrucción de Enies Lobby?

—Nosotros también podríamos hacerlo —expresó Ichiji con molestia. En ocasiones Reiju tenía la cualidad de irritarlo.

—Sí, pero no lo hicimos —dijo ella. Sin importar el poder que ostentaban hacer algo así era demasiado tonto y temerario, ni siquiera ellos podrían librarse de las consecuencias. Habría que tener demasiada valentía para escupir en la cara del gobierno sin una carta ganadora. Eran asesinos pero la valentía y el honor no era lo suyo—. Lo hizo Mugiwara no Luffy y lanzó una declaración de guerra que hizo estremecer al mundo. Ha sido derrotado pero fue porque su contrincante es un pirata que le dobla la edad y la experiencia.

—Es como si estuviese halagándolo —murmuró su hermano con sequedad.

—Lo estoy haciendo —aclaró sin temor, tomando un sorbo de vino—. Tiene su mérito.
Es solo un novato de diecisiete años, si la mitad de lo que dicen de él es cierto, es un hombre formidable.

—Eres tan fácil de complacer —se quejó Niji.

—Lo que digas —desestimó sin mirarlos.

—Arregla los preparativos para partir, Reiju. Me acompañarás —ordenó su padre, levantándose y saliendo del comedor.

Ella asintió y dejó su copa de vino. Sus hermanos la miraron fijamente un momento, ella arqueó una ceja.

—Tengo curiosidad —admitió Yonji con una sonrisa relajada y feroz—. Ese pusilánime, ¿realmente es el mismo o ha cambiado?

—Cuando vuelva tendremos mucha diversión garantizada. —El segundo de los cuatrillizos sonrió solo de pensar en las palizas que le debía a su hermano.

—Como ha dicho padre, finalmente servirá para algo —completó Ichiji sin emoción.

Reiju rio.

—Les daré sus saludos —comentó, sacudiendo la mano y alejándose del comedor.

En cuanto salió del lugar la sonrisa de su rostro se evaporó, sustituida por un profundo ceño fruncido. Sanji… tenía sentimientos encontrados por ese hermano menor del que mal que bien había cuidado un poco. No tenía ninguna intención de contradecir a su padre o de ayudar a Sanji. Se lo dejó claro cuando lo liberó, no estaba de su lado, solo no soportaba la falta de empatía y emoción de sus estúpidos hermanos, a eso lo llamaba humanidad y aunque fuese una asesina lo tenía.

Sabía que su padre planeaba desde hace mucho la unión con Big Mom y había enviado a muchos espías y subordinados para encontrar el paradero de su hermano perdido, sin embargo fue como buscar en un pajar. El East blue era el perfecto escondite pues al ser el más débil de los mares rara vez algo llamaba la atención, y tal como se lo impuso su padre, Sanji nunca usó su apellido por lo que sin una pequeña conexión ese niño había desaparecido del mapa.

Había estado presente cuando su padre le dijo a su hermano que era su mayor error y su mayor fracaso, y la única razón por la que no lo mataba era porque su humanidad no se lo permitía. Había escuchado el llanto desgarrador de Sanji, vio su rostro cuando la máscara cayó y prácticamente pudo sentir el dolor en sus lágrimas y su mirada desesperada, y ella que nunca lloraba había compartido la pena de ese pequeño niño que finalmente aceptaba que su padre no lo amaba ni lo amaría jamás. La única relación que los unía era el poder y la fuerza. Si ella hubiese fallado, si los otros hubiesen fracasado su padre tampoco los habría amado.

Era algo que no olvidaba pero también había terminado aceptando. Eran asesinos, vivían en un reino sin tierra que vagaba en el mar y formaba parte de la historias de terror del mundo. Ese tipo de relación les permitía vivir. Ellos habían sido perfectos y su padre los amaba a causa de eso.

No había nada más que pensar, nada que lamentar…

Ahora tal como sus hermanos tenía curiosidad y también inquietud. Se preguntaba cómo había crecido Sanji, cómo era su carácter e incluso cómo era su rostro; no importaba que lo viera a diario reflejado en Ichiji, Niji y Yonji, eran las expresiones lo que hablaba de una persona. Quería saber de él pero temía que solo le hiciesen más daño, su padre no había variado su pensamiento ni su rechazo por su hermano, y ella sabía cuánto había deseado él que su padre lo amara.

Acataría órdenes aunque no significaba que no lamentara el destino de Sanji, era su sangre después de todo.

Pero el destino quiso que terminara así.

Caminó a paso lento y elegante por los pasillos, recibiendo saludos de sirvientes y soldados que apenas reconoció. Eran solo más rostros, personas (cosas) reemplazables que poco le importaban. Los pasillos se extendían de forma lujosa y sombría, llenos de cuadros y símbolos de su poder y su status, algo que se les inculcó desde la cuna. Reiju sabía quién era y lo que valía, así como sabía que a pesar de todo lo que pasó y pasaría Sanji, la importancia de su sangre sobrepasaba cualquier cosa.

Era un príncipe al fin y al cabo.

Abrió una de las puertas e ingresó para ser recibida con inclinaciones. La habitación era grande, alta y estaba repleta de aparatos extraños y avanzados, formaban parte de la cúspide del poder que había alcanzado su padre. Se movió con tranquilidad a través del espacio sin mirar lo que ya conocía de memoria. Los científicos que habían estado hablando entre sí, haciendo algunos apuntes y pruebas, tomaron una pausa para prestarle atención.

—Reiju-sama. —Uno de ellos se adelantó con respeto—, ¿podemos hacer algo por usted?

—Padre y yo partiremos hacia Mariojea, hay alguien que aguarda por nosotros —sonrió secamente al pensar en su hermano. Lo que debía estar pasando… Impel Down era conocido como el infierno—. Preparen una armadura-piel y cápsulas de recuperación. Quizá nuestro invitado esté un poco magullado.

—¿Nuestro invitado?

Ella movió los labios en una mueca fría.

—El número 3 —murmuró, acariciando levemente su mano o más bien dicho el anillo que llevaba impreso con el número 0.

Ninguno entendió pero tampoco cuestionó sus palabras, su deber era solo obedecer. Asintieron.

Reiju ordenó cambiar el curso de uno de los barcos y envió un mensaje a la tierra sagrada usando su linaje para el pedido. El reino de Germa era una leyenda para muchos, y aun así era un reino al fin y al cabo, tenían muchos privilegios de los que podían sacar provecho.

Impel Down era un lugar inexpugnable que nadie querría pisar jamás, y eso lo convertía en el lugar favorito de muchos nobles y reyes para tomar juguetes. Los prisioneros, cualquiera que sea el delito que hubiesen cometido, eran fuertes y resistentes así que servían para un sinfín de cosas. El Germa no necesitaba soldados, podían fabricarlos, reemplazarlos y más, solo eran objetos para ser utilizados. Sin embargo de vez en cuando no caía mal algo de carne fresca y rebelde para destrozar, era un buen entrenamiento para fortalecer a sus soldados. Normalmente los conseguían en cualquier prisionero que tomaban mientras navegaban pero aquella era una buena excusa para llegar hasta Sanji.

Los habitantes del reino nacían y crecían allí, aprendían a servirlos, respetarlos y temerlos. Su padre detestaba llevar gente desconocida a casa pues no podía estar seguro de su lealtad y su temor, y esa regla impuesta que ella misma compartía no iba a cambiar jamás. El gobierno no tenía que saber ese detalle, solo dar el permiso para que la realeza hiciera lo que deseaba de nuevo.

—Mariojea está a curso, Reiju-sama —le comunicó uno de los navegantes—. Estaremos en la tierra sagrada lo más pronto posible

—Bien.

Esos días serían largos. El barco donde navegaban era uno de los castillos de descanso de su padre, y el territorio era modesto comparado con los otros barcos aunque también era cómodo. No necesitaban demasiadas cosas. Solo los acompañaban algunos soldados, científicos y sirvientes, mismos que tendrían que dejar en cuanto subieran al barco del gobierno que los llevaría hacia la gran prisión.

Los reyes preferían no entrar, se le daba a elegir por medio de carteles de recompensa a sus esclavos, pero obviamente ellos tendrían que hacerlo. Su padre no se quedaría contento hasta no estar completamente seguro, habían enviado marines antes cuando salió la recompensa de la tripulación de los Mugiwara y solo se toparon con un hombre llamado Duval.

Los días pasaron de forma amena. Reiju entrenaba, comía y paseaba por el barco mirando el mar y el cielo, disfrutando de todas las comodidades, pensando a veces en su padre, a veces en su hermano y también en la soñada ambición de la alianza con Big Mom. La tecnología a cambio del poder de una Yonkou…

Meditaba los pros y los contras cuando el periódico llegó en el tercer día de su viaje.

Lo extendió mientras tomaba algo de vino y la noticia que encontró la hizo fruncir los labios.

—Atacar la isla judicial es una estupidez, sí, pero es solo un novato —murmuró sin comprender—. ¿Qué está pasando?

No sabía por qué pero una extraña sensación la invadió. No creía en nada más que en la ciencia, y la única que vez que se dejó llevar por sentimentalismos fue cuando ayudó a escapar a Sanji. En ese momento fue lo correcto y no se arrepentía un poco de haberlo dejado en libertad, pero fue algo instintivo no racional. Y el mismo impulso de ese día latía en su cuerpo.

—¿Reiju-sama? —preguntó una de las sirvientas al ver su expresión meditabunda.

—Pide que dos barcos que no sean del reino sigan nuestra ruta a distancia y aguarden órdenes —Hizo una pausa y añadió—. Que envíen soldados sin nuestro escudo, nada más.

—Sí, Reiju-sama.

La sirvienta se alejó y ella terminó su copa de vino, pensando en la noticia que había leído.

¿Cómo tomaría Sanji eso?

No podía adivinar pero cambiaba abismalmente sus planes, de su respuesta dependería como acababa esa visita.

Días después arribaron en Mariojea donde fueron recibidos por agentes del gobierno con el permiso y el barco escolta preparado. Su padre había expresado interés en Sanji desde el principio cuando utilizó su influencia para usar marines y buscarlo, y era conocido ya que la principal razón por la que quería ir a Impel Down era ese pirata. Lo que no habían relacionado era el lazo sanguíneo, para el gobierno solo era una compra-venta sin necesidad de dinero, pero para ellos, el Germa, era la oportunidad de una alianza demoledora.

Subieron con ceremonia al barco marine dando las instrucciones necesarias a sus soldados y sirvientes, y partieron con rapidez dejando atrás todo un cúmulo de murmullos y caos. Había visto el movimiento en la tierra sagrada, los mismos agentes que los recibieron estaban nerviosos y ansiosos, como si esperaran algo. Reiju se preguntó si tenían que ver acaso con la noticia que habían publicado.

Su padre también lo notó, y en voz baja y amena ella le dio los pormenores de lo que había leído. No entendía realmente que quería lograr el gobierno con eso pero a juzgar por su reacción había algo grande detrás.

Reiju no podía imaginar qué.

Llegaron a la gran prisión solo unas horas después, era un edificio enorme y frío de piedra que se hundía en el mar sin movimiento. Daba la impresión de ser una gran torre cuyos pisos descendía al mismísimo infierno, para añadir el efecto dramático estaba rodeado de múltiples acorazados repletos de marines en una formación defensiva.

Era un lugar tenebroso y hermoso a sus ojos.

—Vinsmoke Judge-sama, Vinsmoke Reiju-sama, rey y princesa del reino de Germa. —Un marine de alto rango los recibió en el puerto con una leve inclinación—. Por favor, síganme. Tengo órdenes de escoltarlos durante su visita a Impel Down.

—Por favor —respondió Reiju con una sonrisa sugerente.

Dos filas de marines se formaron a ambos lados del puente, saludando con respeto y temor. Muchos habían oído rumores sobre el Germa 66 pero era la primera vez que comprobaban su existencia. Vinsmoke Judge era un hombre que sabía imponerse, que podía intimidar a cualquiera solo con una mirada, y aunque Reiju era normalmente complaciente y agradable, tenía esa sonrisa que hablaba de muerte y dolor en su rostro precioso.

—Parecen nerviosos —comentó tras comenzar a caminar. Su padre se mantenía en silencio pero alerta, odiaba hablar con cualquier pobre diablo así que ella se encargaba de esas pequeñas cosas.

—Estamos en un estado delicado —reconoció el marine—. Como sabrá, no hace mucho se atrapó a un pirata muy infame: Mugiwara no Luffy.

—El novato que destruyó Enies Lobby, creo que es imposible que pase desapercibido —murmuró, riendo—. El chico sabe cómo destacar.

—Sí, bueno… —El marine se movió incómodo y tenso ante el halago al pirata—. Se ha dado la orden de reforzar las guardias. No es algo que pase muy a menudo.

—¿Uhm? ¿Por qué? —Preguntó, intrigada, mientras llegaban a las grandes puertas—. Esto es Impel Down.

—Parece que su tripulación no conoce límites —masculló el hombre con cierta rabia en la voz al recordar el incidente de la isla judicial. Había sido un insulto y una vergüenza que no sería borrada jamás ni con la muerte del principal artífice del acto. Además estaba el otro asunto… que tenía prohibido repetir, aunque incluso si lo hacía no importaba. Nadie comprendía lo que estaba pasando ni lo que pasaría y eso los ponía más nerviosos. La incertidumbre de lo desconocido era como veneno.

Reiju contuvo sus ganas de reír. Era claro que el niño era aborrecido por los marines, y el peligro que representaba estaba tan grabado en sus mentes para llegar al absurdo pensamiento de que Impel Down sería invadida a causa de él.

Escuchó a su padre resoplar con desdén pero antes de poder sonreírle en respuesta, las puertas se abrieron y los carceleros se apartaron a los costados saludándolos con respeto.

Fueron recibidos por el Vice-Alcaide y una de las guardias, una mujer llamada Domino que se encargó del chequeó, algo que su padre consideró sumamente insultante aunque a Reiju no le importó. Dejó que la revisaran y escuchó a la carcelera hablar sobre las medidas de seguridad y los últimos presos.

—El bautizo siempre sirve para medir el peligro —explicó mientras esperaba a que se vistiera—. Los que sobreviven son dignos de estar aquí, significa que aunque sea mínimo son peligrosos para la paz del mundo. Más de la mitad pasa —continuó sin un gramo de compasión ante el hecho de que obligaban a los prisioneros a bañarse en agua hirviendo—, el resto perece. Muchos sobreviven con grandes quemaduras y luego están los que pasan sin pestañear, recientemente hemos tenidos de esos: el ex Shichibukai Crocodile, Mugiwara no Luffy, el Cazador de Piratas Zoro y Pierna Negra Sanji… toda una entrada admirable.

A esas alturas y con la fama que tenían era imposible que fuese de otro modo, en realidad no era solo fortaleza sino haki. Los grandes y temidos piratas o criminales, los que eran monstruos por naturaleza, desarrollaban ese poder inconscientemente, incluso sin controlarlo el haki se manifestaba muchas veces aunque no lo supieran. El bautizo solo era una prueba de eso, el haki los protegía del calor del agua hirviendo aunque muchos pensaran que era solo pura resistencia.

Para la carcelera todos los presos eran eso: presos, criminales que habían hecho cosas terribles en el mundo y para los cuales la compasión era algo demasiado bueno. Impel Down había sido construida para hacer temblar a todos y para que comprendieran cuál sería su destino si tomaban ese camino. Era la gran prisión, el terror del bajo mundo, y ella estaba orgullosa de eso. Sin embargo no significaba que no apreciara o se sorprendiera de vez en cuando ante el calibre de las personas que entraban.

Mugiwara no Luffy había estado muy malherido pero había caído al caldero hirviendo gritando solo improperios sobre su sombrero, comida, y lo locos que estaban todos en Impel Down. El Cazador de Piratas se había metido sin que nadie lo empujara y, tras concordar con su capitán, Pierna Negra había imitado a su compañero.

—Mugiwara no Luffy ¿es como dicen? —Reiju no pudo evitarlo.

—Ciertamente no es el pirata promedio —reconoció Domino. Solo Invankov y Crocodile habían estado tan tranquilos y relajados al entrar, como si en vez de ser la prisión de máxima seguridad de todo el mundo fuese un lugar para vacacionar. Mugiwara no se había quedado atrás, la mayor parte del tiempo solo parecía aburrido y de vez en cuando pensativo. Se quejaba cuando lo torturaban de forma tan simple y directa que ni siquiera era divertido burlarse de eso. Además sus peleas verbales con Crocodile ponían de los nervios a los guardias. Era bueno que su estancia solo fuese temporal… aunque no había intentado escapar lo más probable era que ni siquiera lo necesitase, su actitud podía volver locos a todos.

—Entonces sus subordinados no se quedan atrás —adivinó Reiju.

—El vice-capitán en realidad ha estado muy tranquilo —respondió Domino mientras salían de la habitación privada—. Pierna Negra es el problema, ataca a los guardias y a todo el que se le acerque y exige saber dónde está Mugiwara. Las torturas aun no le han enseñado a guardar la compostura.

Reiju miró a su padre cuando preguntó.

—¿Es fuerte?

—¿Uhm? —La mujer miró con tranquilidad—. ¿Pierna Negra?

—Como se sabe, estamos aquí para obtener… algo de personal —dijo Reiju con tacto. Siempre era más sencillo utilizar palabras suaves, personal en vez de esclavos por ejemplo—. Pierna Negra nos interesa.

—No creo que sea adecuado, aún no ha sido amansado y la mayor parte del tiempo tiene que estar encadenado para que no ocasione estragos. No es material para… sirviente —desechó la carcelera.

—¿Es fuerte? —Reiju repitió la pregunta.

—Demasiado para su propio bien. —La respuesta hizo sonreír a la princesa pero a Judge no le causó nada.

Después de esa pequeña plática fueron escoltados por el Vice-Alcaide, la carcelera y el marine que les había sido asignado hasta la oficina del Alcaide para que todo fuese oficial. Intercambiaron algunas palabras y fueron llevados a una habitación donde les indicaron que esperaran mientras regresaban con las filas de prisioneros para que escogieran.

—Trae a Pierna Negra. —Ya no fue una pregunta o una petición, el tono de Vinsmoke Reiju no dejaba a dudas su intención: era una orden.

Domino permaneció inexpresiva.

—En este momento se encuentra en una sala de tortura… si desean esperar…

—No. —Por primera vez Vinsmoke Judge habló—. ¿Una tortura? Quiero ver eso.

—Pero… hay algunas cosas que son clasificadas —murmuró la carcelera en tono monótono.

—¿Y qué? ¡Nosotros somos la realeza! —rugió el hombre.

No había nada que hacer ante esa declaración. La primera de los Vinsmoke la vio intercambiar palabras con los guardias y repartir órdenes antes de llevarlos hacia otro lado. El calor del lugar era más elevado que nunca, aunque no se comparaba a nada en cuanto a los gritos y lejano murmullo de algo hirviendo…

—¡¿No saben preguntar otra maldita cosa?! —Un grito resonó y vibró a través de las paredes de piedra del pasillo por el cual eran conducidos. Al final había una gran puerta roja de hierro y dos guardias a cada lado que estaban tensos como si esperaran algo.

—Otra vez… —susurró Domino de forma desapasionada.

Reiju alzó una ceja rizada justo en el momento en que, con un sonido estremecedor, la puerta de hierro salió volando con dos personas empotradas, llevándose consigo también a los guardias. El marine que los escoltaba se adelantó y desvió la brutal trayectoria con mucho esfuerzo.

La joven asesina parpadeó, impresionada, y ladeó la cabeza observando las marcas de la puerta con curiosidad… parecían huellas de pies. ¿Alguien… hizo eso solo con patadas?

Los gritos aumentaron y se hizo todo un jaleo.

—¡Serán imbéciles! ¡Sujétenlo ya! ¡Es solo un prisionero!

—¡¿Dónde mierda está mi capitán?! ¡Respondan, bastardos! —La misma voz sonó con ira, era una voz grave que no se parecía en nada a los ecos del pasado. Y no era para menos, habían pasado once años desde la última vez que lo vieron, once años en los que ese niñito debía haber crecido.

Sanji.

—¡El que debe responder eres tú, Pierna Negra! ¡Estamos en un maldito interrogatorio! ¡RESPONDE: HABLA SOBRE TU FAMILIA!

Reiju automáticamente miró con frialdad. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué estaban interrogando a un pirata sobre su familia? Vio a su padre entrecerrar los ojos con una mezcla de malicia y sangre fría. Le había dicho a Sanji que nunca permitiera que alguien supiera que la sangre los unía. La princesa quiso continuar pero su padre se lo impidió, su gesto era claro, quería saber si Sanji abría la boca.

Pero al parecer o no había escuchado o simplemente había ignorado a su interrogador.

—¡Más les vale que estén alimentando bien a Luffy, imbéciles! ¡Ya he aguantado suficiente de su mierda! ¡SOMOS PIRATAS PERO TAMBIÉN PERSONAS!

—¡SILENCIO, PIRATA! ¡¿CÓMO TE ATREVES A DAR LECCIONES DE MORAL?! ¡TU CAPITÁN DESTRUYÓ ENIES LOBBY Y NOS DECLARÓ LA GUERRA!

—¡LUFFY SOLO FUE POR ROBIN-CHAN! ¡FUERON USTEDES LOS QUE DESTRUYERON ESA ESTÚPIDA ISLA CON LA BUSTER CALL, INEPTOS!

¿La Buster Call? ¿Esa fuerza militar comandada por cinco vice-almirantes y diez buques de guerra? Reiju dejó escapar el aire que no sabía estaba reteniendo.

—¿De qué está hablando? —preguntó en voz baja. La razón del ataque de los Mugiwara a Enies Lobby había permanecido como una incógnita para la mayor parte del mundo. Pocos tenían esperanzas de comprender y aceptar que un hombre había desafiado al mundo por un nakama.

—Cosas clasificadas —repitió Domino secamente.

Incluso el marine parecía sorprendido, se informó sobre la arrogancia y atrocidad del acto, nada más.

—¡Quemaron la bandera por esa maldita mujer!

—¡NO HABLES ASÍ DE UNA DAMA, BASTARDO!

—¡AHHHH…! —Hubo un grito de dolor y sonido de golpes en ambos lados—. ¡MALDITO SEAS!

—¡¿DÓNDE ESTÁ LUFFY? —La pregunta se repitió de nuevo, era lo único que le importaba al parecer.

—¡DEBERÍAS MALDECIR A TU CAPITÁN! ¡ES POR ÉL QUE ESTÁS AQUÍ! —Esa vez el grito sonó gangoso. El golpe le había roto la nariz.

—¡CIERRA LA BOCA O TE COMERÁS MIS PATADAS! ¡ES LUFFY EL QUE ESTÁ AQUÍ POR NUESTRA CULPA! ¡ESTE MALDITO LUGAR…SI ALGO LE PASE SE ARREPENTIRÁN!

—¡SERÁS EJECUTADO PRONTO! ¡NO SABRÁS NADA DE MUGIWARA! ¡SOLO LIMITATE A RESPONDER SOBRE TU FAMILIA!

—¿POR QUÉ RAYOS ESTÁN TAN INTERESADOS EN MI FAMILIA? ¡NO SABÍA QUE SE DEDICABAN A ESA BASURA!

—¡FUE ORDEN DEL GOBIERNO! ¡APARENTEMENTE HAY ALGUNA RAZÓN PARA CREER QUE LAS CONEXIONES DE MUGIWARA SON ESCABROSAS!

El silencio atónito o mejor dicho frío con el que reaccionó Sanji fue una respuesta mejor que cualquier otra cosa. Ninguno de los Vinsmoke dijo ni hizo nada, Domino les hizo una señal para seguir. El pirata se había calmado.

—Así que si hay algo. —Escucharon decir al hombre que interrogaba a Sanji.

Estaban lo suficientemente cerca para poder ver la habitación donde estaban, un lugar reducido de piedra muy oscuro y muy lúgubre. Alguien estaba sentado en una silla dándoles la espalda, y frente a él otra persona se encontraba sujeto por más guardias, grilletes pendían de sus manos y de sus pies, aunque los últimos estaban rotos. Reiju no podía ver su rostro, solo su cabello rubio y toda la sangre que lo cubría.

—Tsk —el murmullo de Sanji fue desdeñoso—. Me preguntaba… —dijo más para sí mismo que para otra persona—. Así que lo saben.

—¿De qué estás hablando?

—Si no eres lo suficientemente importante para saberlo no me jodas con preguntas estúpidas —le espetó el pirata con frialdad—. ¿Algo sobre mi familia? No se preocupen, mi madre murió cuando era un niño y era una mujer agradable que no hacía daño a una mosca. En cuanto a mi padre… —Hubo un momento de tensión para Reiju y Judge antes de que Sanji sonriera un poco—… ese viejo de mierda demasiado indulgente… me enseñó muchas cosas pero nada que tuviese que ver con mi elección de ser pirata. Nada que represente el peligro que ustedes buscan.

Era extraño que hablara con tanto cariño del hombre que lo había encerrado y negado durante sus primeros años de vida. ¿Estaba realmente hablando de Vinsmoke Judge?

—Pareces más colaborador…

—Si no respondo te quejas, si lo hago también. ¿Qué mierda quieres?

—Tómenle el pulso —respondió el viejo interrogador con recelo—. Tu sangre nos dirá si mientes —El pirata bufó como si pensara que esa medida era estúpida, pero el guardia obedeció—. ¿Sigue vivo? Tu padre.

—Sí, es un cheff. ¿Cuál es su nombre? ¿Dónde trabaja? —Sanji resopló—. Están locos si creen que les diré eso. Solo conténtense con saber que no es ningún peligro.

—¿Hermanos?

—Soy hijo único.

Reiju no pudo evitar estremecerse un poco, si ella no fuese su hermana le creería sin duda alguna. Sanji hablaba sin trabas, sin vacilación, no estaba mintiendo… para él esa era la verdad absoluta. Era como si nunca hubiese existido su vida como príncipe del Germa. Su voz indicaba una vida mundana, simple, sencilla y tranquila, una vida donde ellos nunca habían existido. Reiju no sabía cómo reaccionar a eso, había creído que Sanji seguiría lamentando que su padre no lo amara pero era como si ni siquiera lo recordara.

—Está diciendo la verdad —confirmó el guardia que le tomaba el pulso.

La expresión de Judge era de muerte. Sanji había cumplido pero algo le decía que no era por la advertencia que le dio, y que renegara de su linaje por su propia decisión era un insulto. ¿Quién se creía que era? Solo debía cerrar la boca, no inventarse una vida insignificante y creer que era mejor que le brindó.

Realmente debió matarlo cuando tuvo la oportunidad.

—La tripulación de Mugiwara se formó en el East blue. ¿Eres natal de allí también?

—No responderé nada más. —La voz de Sanji sonó aburrida—. Ya tienen lo que querían. Ahora dime ¿dónde está Luffy?

—No necesitas saberlo, y las preguntas aún no han terminado. ¿Mugiwara ha contactado con alguien sospechoso? ¿Les dio alguna orden extraña? ¿La razón por la que quemaron la bandera de la torre judicial fue realmente por Nico Robin o alguien le metió esa idea? ¿Tiene algún…?

—Oi, ¿eres idiota o qué? —Interrumpió Sanji con cierta violencia—. Somos piratas, hacemos lo que queremos, no necesitamos que nadie nos meta ideas. Mi capitán en especial puede ser insufrible pero no acataría las órdenes de nadie. Dile al puto gobierno que ellos dos nunca han contactado, ni siquiera conoce su rostro ¡maldición! —gruñó—. ¡Ahora dime dónde está!

—Ya te he dicho que no te concierne —respondió el otro sin comprender lo que había dicho, aunque tomando nota para transmitir las palabras—. Mugiwara ha sido sometido al olvido eterno, no sabrás nada de él jamás. ¡Llévenselo!

Domino se apresuró a intervenir y dar órdenes para trasladar a Sanji con los otros presos para la inspección de los Vinsmoke. Los dos miembros de la familia real giraron y volvieron por el camino sin esperar a la mujer, verían el rostro de Sanji pronto.

Solo unos quince minutos después presentaron dos filas de prisioneros de distintos tamaños. Todos tenían una pinta fuerte pero una actitud bastante seca, con la mirada sobre el suelo y los grilletes sobre las muñecas parecían haber perdido todo espíritu y deseo de vivir.

Eran más muñecos que personas, no servirían de mucho. Reiju los miró aburrida.

La puerta se abrió unos minutos después de nuevo y entró el invitado de honor

Ella se irguió y miró de frente a su hermano. Era traído por cuatro guardias que estaban bastantes golpeados, se debatía entre ellos con rabia y gruñendo como perro. Vestía de un traje negro bastante elegante pero deteriorado y eso lo hacía destacar, el resto de prisioneros llevaban ropa a rayas blancas y negras.

Y lo más importante: su rostro. No era como Ichiji, Niji o Yonji, el rostro de Sanji a pesar de la sangre, a pesar de la rabia era… agradable. Llevaba el cabello rubio corto tapándole un ojo justo como ella, justo como su madre…

Ella se permitió observarlo el tiempo que pudo antes de que el espectáculo empezara, y aunque en realidad nunca lo había querido de verdad, aunque en realidad sus lazos fueron una mezcla de compasión y deber, Reiju no pudo evitar sonreír suavemente al contemplarlo. Había crecido, lo había hecho bien, había sobrevivido al pasado terrible y había cambiado para su propio bien. Nada en el hombre que estaba allí delataba al niñito temeroso, débil y roto al que ayudó a escapar once años atrás. Deseó poder acercarse y darle unas palmaditas de consuelo como en el pasado, pero tenía la sensación de que el gesto no sería bien recibido. Su aspecto hablaba bien de su carácter tanto como los gritos escuchados, la rabia que emitía y el poder eran claros. Estaba tan magullado que era increíble que aun tuviese tanta fuerza, el solo caminar descalzo tenía que estar cocinándole los pies.

Sintió orgullo, no importaba si su padre y Sanji renegaban el uno del otro, la sangre que los unía era evidente. Había tardado pero al final lo había conseguido, era después de todo un príncipe del reino de Germa, era superior a todos y a todo.

Guardó su sonrisa tras la breve inspección y esperó.

Notó el preciso momento que él la reconoció, al levantar la mirada de improviso mientras gruñía la divisó y supo que él creía que veía una aparición. Reiju era muy parecida a su madre desde niña, al crecer aquello se había acentuado más, era su vivo retrato a excepción de sus cejas rizadas y su cabello teñido de rosa aunque en la oscuridad del lugar apenas se notaría ese pequeño cambio. La mirada de Sanji se volvió algo suave, confundida y anhelante, dio un paso como si quisiera decirle algo hasta que su mirada fue sin querer al costado de ella, donde estaba su padre.

Olvidar a Vinsmoke Judge era imposible, el hombre tenía una mirada afilada y desprovista de compasión, además de bastante altura y técnicas de batallas impresionantes. Era un demonio para muchos, incluido Sanji.

La mirada del tercero de la familia Vinsmoke fue de Reiju a Judge una y otra vez hasta que la comprensión llegó a su rostro.

Reiju podía dar algo de mérito a su hermano, tras la primera impresión se recuperó rápido, ocultando cualquier tipo de emoción tras una indiferencia cruda.

—¡Arrodíllense! ¡Están ante la realeza! —ordenó uno de los guardias. Los prisioneros obedecieron, habían recibido las suficientes palizas, torturas y demás para saber que no les convenía ser rebeldes.

Sanji fue el único que no lo hizo, siguió de pie con insolencia ignorándolos en toda medida posible.

—¡Eh, tú! ¡De rodillas! —Alguien lo alcanzó y comenzó a golpearle en las piernas con un mazo de hierro.

La reacción del pirata fue instantánea, giró en un movimiento fluido y veloz que fue invisible para casi todos excepto los Vinsmoke. De una sola patada envió al guardia hasta la pared donde se estrelló con brutalidad, cayendo al suelo inconsciente y ensangrentado.

—Solo hay dos hombres ante los que me puedo arrodillar —comunicó con desprecio—: mi padre y mi capitán. No veo a ninguno de los dos aquí, imbécil.

Reiju miró de reojo a su padre… que Sanji hubiese dicho algo así en su cara… bueno, tenía admirar su valentía.

—Me perdonará la dama —agregó de forma vacía—, pero solo hay un rey al que respeto y aún no ha ocupado su trono.

Eso fue todo lo que su padre pudo soportar, fue hacia Sanji listo para darle una paliza cuando Reiju intervino. Sonrió levemente y lo empujó para ponerse frente a Sanji, pasándole una mano sobre el rostro magullado. Él la observó con recelo, no retrocedió y no hubo reconocimiento o emoción alguna en sus ojos.

No obstante, Reiju no se inmutó.

—Me gustas —le dijo con gracia—. Quizá te quiera conservar.

—No lo recomiendo, soy bastante problemático —contestó con indiferencia.

Ella rio y volvió su atención a los guardias que se habían apresurado a acercarse para someter a Sanji. Les hizo un gesto para que se apartaran, antes de ese momento no importaba pero si volvían a ponerle una mano encima frente a ella se iban a enterar. La sangre de su hermano era la de un príncipe y valía más que la de todos esos insignificantes carceleros.

—Nos quedamos con todos, incluido este… aunque quiero conocerlo más. Llévense al resto y déjennos a solas —ordenó sin darles otra mirada.

Los guardias dudaron. Domino les había dado órdenes exclusivas de que no apartaran la mirada de Pierna Negra luego de ser excluida del lugar junto al escolta marine. Nadie entendía exactamente porque la realeza se arriesgaba a estar tan cerca de criminales de esa índole pero tampoco iban a protestar. Los nobles eran caprichosos y violentos si se les contradecía.

Sin embargo una nueva regla se estableció en el instante en que Mugiwara no Luffy ingresó a Impel Down. Era simple, era claro, aquel que estuviese bajo su mando no tenía derecho a vivir. La sentencia estaba dictada y lo que más esperaban era ver la vida de sus subordinados desvanecerse en la agonía y la nada.

Pierna Negra Sanji había dado los suficientes problemas para que su muerte fuese la más aclamada, no querían perderlo así como así.

—Princesa… ese preso será ejecutado pronto al igual que su capitán. ¿De verdad quiere…?

—¿No me escucharon? —espetó con violencia, dándoles una mirada mortal.

—¡S-Sí! —tartamudearon.

—¿Ejecutarán a Luffy? —Al parecer ni había prestado atención al hecho de su propia ejecución. Sanji giró a mirar a los guardias sin prestar atención a su hermana. No estaba especialmente sorprendido pero si cauteloso—. ¿Cuándo?

Reiju suspiró levemente. Había esperado muchas cosas de Sanji en ese reencuentro: ira, dolor, miedo, quizá algo de anhelo… indiferencia no. Ni el parecido a la madre de ambos había causado demasiado, para Sanji ellos eran solo dos extraños que buscaban nuevos esclavos. No eran nada comparados con el hombre al que eligió servir. Y se estaba cansando.

Se irguió cruzándose de brazos, su rostro inmaculado y sereno.

—En cuatro días —contestó, llamando su atención. Si Sanji quería jugar, jugarían—. En Marineford, la ejecución será transmitida a todo el mundo.

Aun podía recordar claramente el titular, la gran noticia que había sumido al mundo en un gran escándalo que ella misma ignoraba.

MUGIWARA NO LUFFY, EL PIRATA QUE LE DECLARÓ LA GUERRA AL GOBIERNO MUNDIAL, HA SIDO CONDENADO A LA EJECUCIÓN PÚBLICA.

Marineford, el cuartel general de la marina, será la sede del evento.

Vio a Sanji palidecer a tal punto que la sangre resaltó como alquitrán, tan horrorizado e incrédulo que pareció olvidar como respirar, como hablar, como gritar…

La misma reacción que tuvieron otras personas días atrás.

Garp ocultando el rostro entre sus manos temblorosas, Coby sollozando, Dadan gritando en el monte Corbo, y Makino y el alcalde derrumbándose.

Vivi en Arabasta, pálida y conmocionada, y Dalton y Kureha en el reino de Sakura que solo se habían mirado con seriedad tomando una decisión, al igual que Iceburg en Water Seven, al igual que Genzo en Cocoyasi.

Y Ace, el hijo del rey pirata, que apretó los dientes en su striker con el viento despeinando su cabello que ocultaba su rostro rígido de conmoción, dolor y temor. Porque no importaba que el mundo lo odiara, que lo hostigara o que maldijera su existencia, podía soportarlo, podía sobrevivir con esa certeza… pero no Luffy, no su hermano… él no se merecía cargar con ese peso.

La noticia había sido clara y aunque pocos entendieran, él lo sabía, él conocía la razón verdadera. El mundo volvía a enterrar sus garras. No importaba si eran inocentes o no, no importaba si hubiesen decidido vivir sus vidas en paz, lo único que importaba era la sangre.

La maldita sangre que llevaban.

Y Sanji lo comprendía tan bien como lo había comprendido Ace al recibir la noticia.

—¿Marineford? —repitió casi sin voz, retrocediendo débilmente—. ¿Ese no es el cuartel general de la marina?... ¿A todo el mundo? ¿Por…? Eso… —Su mirada cambió radicalmente—. ¡Malditos hijos de…! ¡ESO NO ES POR ENIES LOBBY! ¿CIERTO? —Bramó con una mezcla de furia y terror, corriendo hacia los guardias y pateándolos con ferocidad en un tiempo récord— ¡SUELTENME! ¡SUELTENME, PEDAZOS DE MIERDA! —gritó, intentando romper sus grilletes para liberar sus brazos, algo que solo causó que sus muñecas quedaran en carne viva.

Su ataque impulsivo fue bueno, terminó con todos los guardias sin miramiento, y quizá eso despertó finalmente el espíritu de lucha mermado de los otros presos que levantaron la cabeza como si despertaran de un largo sueño. Reiju retrocedió con apatía. De la nada todos comenzaron a gritar y a levantarse para luchar, Sanji pateó la puerta de la habitación sin esfuerzo alguno para huir encabezando su motín.

—Vaya, es una bestia. Es difícil imaginar que es el mismo niño que recuerdo —comentó de forma despreocupada. El Germa 66 tenía una gran tecnología que había hecho prosperar su fuerza, y tanto ella como sus hermanos fueron modificados genéticamente con éxito para hacerlos superiores al humano promedio. Sanji había sido considerado un fracaso, un humano común y corriente… que en la actualidad podía doblar el hierro solo con sus pies.

Fuerte era un eufemismo.

Ichiji, Niji, Yonji y ella podían hacer cosas parecidas, pero solo por y con la ciencia.

—Es una vergüenza —dijo su padre con furia. Tampoco se había movido para intentar detener la revuelta. No importa la fuerza, seguía siendo un incordio a sus ojos, en especial con esa actitud repugnante.

Afuera se escucharon gritos de sorpresa y horror.

—¡¿Qué pasó?! ¡¿Dónde están los guardias?!

—¡El rey y la princesa!

—SUJETENLO! ¡MALDITOS IDIOTAS! ¡¿POR QUÉ NO REEMPLAZARON LOS GRILLETES EN LOS PIES?! ¡EL ESTILO DE PIERNA NEGRA ES A BASE DE PATADAS!

—¡DIABLE JAMBE: FLAMBAGE SHOT!

—¡No permitan que escape! ¡Su objetivo es Mugiwara!

—¡MALDITOS BASTARDOS! ¡NO VAN A EJECUTAR A LUFFY POR ESA RAZÓN ABSURDA! ¡LA SANGRE NO ES SUFICIENTE PARA SER CULPABLE!

Reiju entrecerró los ojos, así que sí había algo más. Ya le hacía extraño que Mugiwara fuera digno de tal atención. Era infame y al parecer muy peligroso pero Marineford era demasiado importante para él.

Para detener a Sanji tuvieron que traer más refuerzos, incluidos a los jefes de los guardias.

Fue tirado a su celda y encadenado como un animal, sin embargo sus gritos no se detuvieron, se escuchaban claramente sobre el lamento de los presos y la sangre burbujeando en el gran caldero del Infierno Ardiente.

—Te ves algo desaliñado —le dijo con parsimonia en cuanto encontraron su celda. Reiju había ordenado a los guardias que los dejaran solos de nuevo, únicamente los Den Den Mushi de visión vigilaban, y ya que Sanji estaba encadenado habían aceptado. El revuelo de su pequeño hermano había causado más revueltas y estaban deteniéndolas.

Sanji levantó la mirada bruscamente con el reconocimiento del que no había hecho gala antes. En este instante, encadenado, torturado y al borde de la inconsciencia finalmente aceptó que su padre y hermana biológicos estaban frente a él, que no era una visión, una casualidad o una broma del puto destino que parecía estar jugando con él desde el instante en que ese bastardo de Kurohige llegó a Water Seven.

No existía un milímetro de piel de Sanji que estuviese libre de golpes o cortes, pero a pesar de todo eso se negaba a caer, no hasta saber que había pasado con Luffy después de ese baño hirviendo, no hasta saber cuánto tiempo había trascurrido. Allí dentro el día y la noche no tenían sentido. No le importaban esas personas, solo suponían una distracción tan irritante como dolorosa.

No sentía ningún aprecio por ellos pero sí que sentía algo: rechazo, resentimiento… odio.

—¡Cállate! —Gruñó con ira contenida, ya no le interesaba mantener ninguna postura—. No sé qué hacen aquí pero pueden seguir su camino.

—¡Ah! Así que al fin te dignas a reconocernos, hermano —se burló Reiju con cierta crueldad.

—¡Ustedes no son nada mío! —Exclamó con sequedad, miles de imágenes terribles pasando por su mente—. Solo son el recuerdo funesto de un niño estúpido y débil que murió hace mucho.

—Vinimos aquí por unos cuantos esclavos, ya lo has oído —comentó ella ignorando lo otro. Ciertamente Sanji tenía carácter.

—Ustedes no compran esclavos, los toman personalmente y luego los matan —murmuró con desprecio—. Sea cual sea la razón por la que están aquí ya pueden seguir, si quieren burlarse háganlo y váyanse. ¡Tengo cosas importantes que hacer!

—¿Liberar a Mugiwara por ejemplo? —rio Reiju, pensando en lo que Sanji había dicho y en el temor del marine que los escoltó—. No seas absurdo, Sanji.

—Eres de la realeza y te has rebajado a servir a otro —gruñó Judge encarándolo, en su rostro solo había aborrecimiento—, a un simple pirata.

—¿Realeza? ¿De qué estás hablando? —resopló con desdén, volviendo a su amnesia temporal.

La mayor de los Vinsmoke se inclinó hasta quedar a la misma altura que Sanji, a través de los barrotes ambas miradas conectaron. Lo que vio le gustó tanto como le intrigó, los ojos de Sanji eran fríos y afilados, no aparentaba ningún trauma por el pasado y eso decía mucho de él.

—Podemos sacarte de aquí en un chasquido —le confió en un susurro—. Solo deja de irritar a nuestro padre.

—Que lo ruegue —ordenó Vinsmoke Judge sin compasión.

Necesitaban a Sanji para sus planes pero él necesitaba aprender cuál era su lugar en el mundo. Era solo una pieza defectuosa de su imperio que, por azares del destino, tenía una utilidad, nada más. No significaba nada para él, no sentía amor ni aprecio por ese niño tonto.

Sanji los miró incrédulo un segundo. Años sin verlos que fueron los más dichosos de su vida ¿y realmente creían que iría con ellos solo porque podían liberarlo? Sacudió la cabeza con desprecio, sin ese deseo de ser amado por ellos ahora podía verlos con claridad… y era tan desagradable que le revolvía el estómago.

—Creo que necesitan que se los diga lentamente: no los conozco, nunca en mi vida los vi y tampoco necesito ni quiero su morbosa ayuda. ¡Déjenme tranquilo! —escupió.

—¿Sabes que igual te sacaremos de aquí si queremos? —dijo la princesa con tranquilidad a pesar de ver el rechazo en su mirada.

—¿Qué demonios les pasa? ¿No era solo una carga extra? —gritó ya harto. Se movió entre las cadenas con rabia, lo que menos necesitaba era más problemas—. Sobreviví sin joderles la vida, nunca hablé de la maldita sangre que nos une. ¡No hay razón alguna para que estén aquí por mí!

—Oh, pero si lo hay —dijo ella alegremente, satisfecha de que Sanji entendiera el punto—. Padre necesita tu colaboración para algo.

—Prefiero podrirme en este infierno que ir con ustedes a algún lado —le interrumpió su hermano sin un instante de vacilación—. ¿Necesitan mi colaboración? ¿No tienes tres hermanos? Estoy seguro que superarán las expectativas si se los dejas a ellos.

—Mis preciosos hijos no serán motivo alguno de canje para lo que estoy planeando, en cambio tú… —dijo con frialdad el rey—… sin duda eres adecuado. Solo una moneda sin valor, eres perfecto para esto.

Sanji arqueó las cejas sin mostrarse afectado ante el desprecio.

—Deberá ser algo muy importante para realizar la ambición idiota que tienes.

—Solo te has reducido a un simple plebeyo con esos modales —desdeñó. Le irritaba no poder romper su espíritu como antes.

—Pueden irse. No colaboraré en nada, no me interesa.

—¿Incluso si eso nos mete en problemas? —preguntó Reiju con ojos suaves, su rostro calmado, probándolo—. ¿Incluso si morimos, Sanji?

—Eres una dama… así que deseo que puedas evitarlo, pero si eso los matará, mueran —replicó con sangre fría.

Ella se alzó.

—Ya veo —murmuró. No había ninguna duda, lo había empezado a sospechar pero ahora era una certeza. El niñito que deseó ser amado por la familia que lo rechazaba ya no existía, era imposible usar lazos familiares que en primer lugar nunca se molestaron en cultivar. Ella solo lo cuidó por su humanidad, no porque realmente se preocupase, y lo dejó escapar porque sintió lástima y una minúscula parte de dolor por su destino.

Sanji había deseado ser querido de forma desesperada y ella le ordenó irse y no mirar atrás, le aseguró que el mar era grande y encontraría personas que le dieran lo que quería… y acertó. Sanji había encontrado personaba que lo amaban y era feliz por eso, no los necesitaban ni los amaba más, ni siquiera se preocupaba en nombre de la sangre que los unía.

La sangre ya no era suficiente para obtener lo que querían.

—Tu negativa nos complica un poco las cosas —dijo sin más, sonrió un poco pero no pudo evitar sentirse incómoda, no herida, solo incómoda. Sanji la observó sin un atisbo de arrepentimiento ante su afirmación—. Pero a la larga no modifica nada.

—Vamos a obtener lo que queremos lo quieras o no —afirmó su padre sin verse afectado tampoco ante la afirmación, aunque su ira era más latente—. Vendrás con nosotros y harás lo que se te ordene.

Sanji sonrió de forma vacía. Lo único que quería era poner a Luffy a salvo de ese asqueroso lugar, y si no podía nada más importaba. Sabía que su tripulación movería cielo y tierra para ir hacia Luffy pero también sabía que Impel Down era casi imposible de ser alcanzada, y ¿estarían mentalmente estables para lograrlo? Estaba preocupado por ellos, vio en los ojos de sus nakamas lo que él mismo había sentido… esa impotencia, esa agonía, de ver como Luffy era llevado sin que ellos tuviesen la fuerza para evitarlo.

Podían hacer cualquier tipo de locura pero sin Luffy para respaldarlos estaban destinados al fracaso. Antes de su idiota capitán, sin importar cuanto amaran o apreciaran a alguien, jamás a ninguno de ellos se les habría ocurrido invadir Enies Lobby ni hacer cualquier otra de las cosas a las que Luffy se había lanzado sin pensárselo dos veces. Hicieron cuanto quisieron por Luffy y solo por Luffy, porque él tenía la capacidad de convertir lo imposible en posible, porque junto a él los miedos y tabús del mundo eran insignificantes. La libertad que les ofreció fue ilimitada y fueron embriagados con su modo de ver la vida a tal punto que olvidaron al completo las consecuencias de sus locuras. Y por eso no era tan ingenuo para pensar que sin su capitán podían hacer algo tan demencial y no sufrir las consecuencias.

Si podía sacar a Luffy de allí entonces todo se arreglaría, podía evitar que Nami-san llevara al resto hasta ese horrible lugar. Tenía que encontrar primero al idiota del marimo y luego idear algo.

Lo que sucediera con los Vinsmoke no le podía importar menos, ellos no significaban nada para Sanji. Su familia estaba conformada por su tripulación, su capitán y Zeff. No existía nadie más.

—Pueden intentarlo pero nada dice que viviré el tiempo suficiente para que logren lo que quieren —contestó de forma ausente.

Reiju entrecerró los ojos.

—No te des de valiente.

—Hay muchas formas de morir —dijo con simplicidad, y la forma desapasionada en la que lo expresó fue tan clara que Reiju comprendió que no era un farol—. Si Luffy muere no habrá ninguna razón para seguir, si él muere y yo solo puedo mirar… —La muerte no era un gran problema en sí. Recordaba las palabras de Zeff, él le hizo entender cómo eran las cosas en la vida pirata y la voluntaria elección de perseguir un sueño y tener una convicción el día que Luffy peleó contra Don Krieg. Sin embargo lo sucedido en esa isla… la razón por la que Kurohige fue por Luffy era tan repugnante como el escaso poder que tuvieron para evitar que todo terminara en esa prisión. Y eso lo estaba enloqueciendo.

—Te has reducido solo a escoria —gruñó el líder del Germa 66.

—¿Y si te ayudamos a liberarlo? —La pregunta hizo que padre e hijo observaran a la mujer con sorpresa.

—¿De qué estás hablando, Reiju? —exigió Judge.

—Padre, Sanji no cooperará con nosotros, aunque lo llevemos a la fuerza si él quiere morir no podremos evitarlo. Lo mejor es proponerle un trato.

—¡No necesitamos…!

Sanji quedó con expresión pétrea, incrédulo primero hasta que asimiló las palabras de su hermana. Las cadenas chirriaron escandalosamente cuando inclinó la cabeza como pudo en su penosa posición, viendo por primera vez una pequeña esperanza. Su sangre era la peor maldición que podía cargar, así como la sangre de Luffy era un peso mortal para él aunque las circunstancias eran distintas. El padre de su capitán hacía cosas correctas, desafiaba al inmundo gobierno por libertad y derechos, no intentaba liderar una organización asesina solo por placer y ambición. Su sangre era un error, una infección… pero si lograba algo con eso, si ser el tercer hijo de una familia de asesinos lograba ayudar a Luffy, por primera vez podía dejar de sentirse culpable por compartir sangre con ellos.

—Si liberan a Luffy… si liberan a Luffy haré lo que sea —suplicó, su voz ronca—. Si quieren que muera, moriré. Si quieren que los siga, los seguiré. Haré cualquier cosa ¡Solo sáquenlo de este maldito lugar!

La rapidez con la que cambió de opinión tomó por sorpresa a Reiju. ¿Qué clase de hombre sería Mugiwara para que su hermano estuviese dispuesto a colaborar con ellos?

—¡¿Inclinándote por un pirata?! ¡¿Cómo puedes caer más bajo?! —rugió Judge.

—¡Cállate! ¡Inclinar la cabeza ante ti me repugna! —bramó Sanji con tal odio que incluso detuvo a su padre. La época donde Vinsmoke Judge pudo tener alguna influencia en su hijo había desaparecido— ¡Haré lo que sea por el capitán al que elegí seguir! ¡Luffy no puede morir de ese modo! ¡No voy a permitirlo aunque deba hacer un trato con el mismo demonio!

—Una ejecución en Marineford —dijo Reiju, pensativa, tomando nota de la flagrante debilidad de su hermano—. Debo decir que sabe llamar la atención… aunque no es por Enies Lobby ¿cierto? ¿Cuál es la verdadera razón?

—No te concierne —replicó lo más cortésmente que pudo ya que era una mujer. No necesitaba que ellos en especial conocieran el linaje de Luffy. Era peligroso.

—Creo que sí. Verás Sanji, esto es Impel Down, la prisión submarina de máxima seguridad que el mundo teme, el infierno literal para todo criminal. No es cualquier cárcel barata y tu capitán no es cualquier criminal.

Sanji se estremeció y, por primera vez, hubo algo diferente en su rostro: una mezcla de dolor e impotencia que quebró su fiereza y altanería.

Ella siguió sin compasión.

—Las noticias comunicaron que tú y el Cazador de Piratas ingresaron solo por intentar protegerlo. Nunca mejor dicho ¿no es así, Sanji? Intentar —saboreó la palabra de forma inexpresiva—. No pudiste evitar que lo apresaran. Eres fuerte ahora y aun así sigues siendo tan débil.

Eso bastó. Sanji cerró los ojos con fuerza y se mordió la boca hasta sacarse sangre. Reiju volvió a inclinarse a su altura, y su voz fue suave:

—¿Qué es lo que está pasando? Te ayudaré pero dime: ¿qué pasó?

Y, aunque no quería, Sanji recordó… el comienzo de aquel día devastador.

"¿Qué es eso?" preguntó Luffy haciendo una pausa en su almuerzo. Se escuchaban ruidos, golpes y ¿gritos?

"Algún tipo de fiesta quizá…" comentó, desinteresado.

"¡Yosh! ¡Oi, chicos, vamos! ¡HAY CARNE GRATIS!".

"¡¿Cómo rayos interpretaste eso?!" preguntaron todos, incrédulos.

"¡Shishishishishi!".

"Todavía tienes mucha comi-". Las palabras de Nami murieron en cuanto Luffy se zampó todo de un bocado, TODO, incluido lo de ellos. "¡Si serás…!", gritó, indignada, pescándolo del cuello y retorciéndolo con sadismo. Luffy rio estúpidamente, y fue una suerte para él que Nami estuviese cerca porque de lo contrario Sanji le habría dado de patadas por lo que hizo.

Fue en ese momento mientras Robin reía levemente, Zoro se atragantaba con sake, Chopper pedía a Nami que soltara a Luffy que parecía estar ahogándose, y él mordía su cigarro con exasperación, listo para traer la comida de reserva que dejó bien oculta (Luffy era impredecible en casi todo menos en la comida), que ocurrió.

Algo hizo estallar las ventanas en pedacitos. Durante un segundo solo pudo abrir la boca, confundido, antes de darse cuenta que el vidrio caería sobre ellos. Reaccionó lo suficientemente rápido para patear la mesa y usarla como escudo, bloqueando las esquirlas que se clavaron sobre la madera, desgarrándola.

"¿Qué demonios…?" espetó, mientras Nami se levantaba del suelo con Chopper.

Robin puso sus ojos fleur a trabajar.

"¡MUGIWARA!". Luffy y Zoro giraron a la ventana despejada ante el grito. A través de esta se divisaban los edificios y sobre uno de estos, un hombre con una máscara y una sonrisa grande y divertida gritaba alzando entre sus manos una casa que, aparentemente, había sido arrancada desde los cimientos.

"Oi, Zoro", llamó Luffy. "Ese tipo…"

"Es ese luchador que estaba en Mock Town en Jaya," reconoció Nami, frunciendo el ceño. "¿Qué está haciendo aquí? ¡¿Y por qué tiene una casa sobre la cabeza?!".

"¿Luchador?" gruñeron ambos como perros sin escuchar lo otro.

"¡Escuchen todo, retrasados!" acusó Nami, irritada. "¿Qué está haciendo…?".

"¡MUGIWARA!", bramó. "¡SAL DE TU ESCONDITE! ¡HEMOS VENIDO POR TU CABEZA!". Y tiró la casa al suelo a tal velocidad y con tanta fuerza que, incluso desde la distancia, ellos escucharon el impacto brutal, los gritos aterrados y la sangre salpicando.

"¡¿Que está haciendo ese bastardo?!" gritó Sanji, indignado.

La expresión medio idiota, medio competitiva de Luffy se evaporó instantáneamente. En un parpadeo ya estaba en la puerta con Zoro a su lado.

"¡Luffy!". Fueron tras él. En cuanto traspasaron la puerta comprendieron que la casa de la Galley-La realmente estaba muy protegida. Los gritos de las personas, los puñetazos del luchador al impactar contra personas o edificios, el grito agudo de Usopp a lo lejos con la máscara puesta mientras los gigantes rugían… ¿Cómo no habían podido oír eso?

"¡MUGIWARA!".

El rostro de Luffy era imposible de descifrar. Sanji lo vio torcer la cabeza como hacía cuando preguntaba algo estúpido o simplemente no comprendía lo que le decían, pero algo en el gesto fue tan frío… No miraba al luchador sino hacia el otro lado, como si escuchara algo, como si sintiese algo, era como decía Nami-san: esos eran sus instintos animales. Y luego estaba ante el luchador dándole una patada y enviándolo concretamente en una dirección.

"Está aquí." Fue lo único que dijo y vio a Zoro agrandar los ojos en reconocimiento.

Luego se fue.

"¿Quién?" preguntó sin entender.

El marimo no respondió, solo miró a Robin que tenía el ceño fruncido.

"Han venido por Luffy," confirmó.

"Vámonos," ordenó Zoro parcamente, sus manos sobre sus katanas.

"Pero la gente…," empezó a decir Chopper mirando la ciudad con incertidumbre.

Zoro solo se limitó a repetir la orden.

"Vámonos"

Y fueron.

.


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Hi!

Bueno, aquí está el siguiente capítulo. Entre algunas aclaraciones, este capítulo fue escrito cuando estaba saliendo recién el arco de Whole Cake así que no pude evitar darle algo de protagonismo a Sanji, como en ese entonces aún no se sabía bien los colores de los Vinsmoke se asumió que todos eran rubios XD, y prefiero dejarlo así, igual todos se tiñeron el cabello con el tiempo y tienen el mismo color que en el canon.

Ahora si finalmente llega el turno de saber que sucedió en Water Seven cuando Luffy y Kurohige lucharon.

Gracias por sus reviews a N0dusT0llens, MR97 y Sara Dragonil, esta vez respondí a través de MP pero de todas formas les expreso de nuevo mi agradecimiento por aquí. Sus comentarios me animan mucho, espero que este capítulo les guste.

Besos, Bella.