Disclaimer: applied.
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AQUEL DÍA
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Franky silbaba con alegría mal disimulada mientras martilleaba con fuerza la madera. El barco de ensueños finalmente tomaba forma y, a solo un día de terminarlo, él se permitió echar un vistazo de lo que siempre había idealizado.
Iceburg y los carpinteros de la Galley-La lo imitaron y en una sola línea y bien formados miraron con leves sonrisas el barco que pertenecería al segundo rey pirata. Había algo en Luffy y su forma de ver la vida, tan simple y tan compleja a la vez, que les había hecho comprender que estaban ante un hombre que lograría lo impensable. Franky construía ese barco con la seguridad de que atravesaría todos los mares.
—¿Quién pensaría que tendríamos la suerte de Tom-san? —Preguntó Iceburg en voz baja, contemplando el inacabado barco con respeto—. Ser capaces de construir el barco para un hombre del calibre de Roger.
—Mugiwara es extraño —murmuró Franky, bebiendo de una botella de cola—. No fue nada súper lo que les hizo a mis hombres, pero en ese momento… en la isla judicial cuando ordenó que quemaran la bandera… —Icerburg miró a su amigo de reojo, nadie había querido hablar sobre lo sucedido en Enies Lobby—… entendí finalmente porque Tom-san murió con orgullo prestando su poder a Roger.
Icerburg sonrió mientras sus capataces se alejaban sutilmente y los dejaban hablar. El sol estaba saliendo e iluminaba levemente el mar.
—La muerte es algo aterrador para la mayoría de los hombres a menos que no exista arrepentimiento alguno —asintió el acalde de Water Seven—. El rey pirata… dicen muchas de él, cosas grandiosas y terribles, hablan de su fama, su gloria, su fuerza y también de su violencia y crueldad. ¿Es cierto? ¿No lo es? —Divagó de forma retórica—. No hay forma de saberlo. Ahora he comprendido que el bien y el mal no son lo que se nos enseña, el bien y el mal es lo hacemos con pleno conocimiento de lo que causará en el mundo… —Apenas hubo una pausa en su discurso—. Un pirata lanzó una declaración de guerra para salvar a una mujer de un destino peor que la muerte, un agente del gobierno utilizó una trampa para encerrar a un carpintero y apoderarse de los planos de algo que sabía podía destruir el mundo… es tan extraño como sucede todo ¿no lo crees?
—Solo estás desvariando. —Franky hizo una mueca aunque concordaba con todo, pero por supuesto no se lo iba a decir. Antes de conocer a Mugiwara pensó que nunca sería capaz de perdonarse por lo sucedido con Tom-san, sin embargo en cuanto fue con la tripulación y les ofreció el barco supo que se había perdonado. Que ver a Mugiwara y al resto estar dispuestos a declarar la guerra al mundo por salvarlos le hizo comprender que existían razones por las cuales morir merecía la pena.
Así como Tom-san había muerto con orgullo por construir el barco de Roger, él estaría dispuesto a hacer lo mismo por terminar ese barco para que Luffy saliera al mar y obtuviera toda la libertad del mundo. No, más que eso en realidad, más que solo terminar el barco ensueño, Franky comprendía que Mugiwara era un hombre por el cual merecía la pena morir… por el cual él podría morir.
Su expresión hablaba por él e Iceburg sacudió la cabeza con cierta diversión.
—Irás con ellos.
—No —respondió automáticamente, aunque no había sido una pregunta—. Solo estoy construyendo su SÚPER barco. Nada más. El dinero era de ellos para empezar.
Iceburg sonrió.
—Quieres ir con ellos. Solo eres un idiota, Franky.
—¡Cállate, Bakaburg! —gritó sin ser capaz de negar eso—. Y ustedes, carpinteros de la Galley-La, regresen al trabajo.
—¡Eh, maldito explotador! —se quejó Paulie mordiendo sus habanos—. Solo obedecemos órdenes de Icerburg-san.
—¡Cierren el pico y trabajen ya!
Iceburg rio mientras ellos peleaban, mirando el horizonte y pensando en Tom-san y los que les enseñó tanto con su vida como con su muerte. Fue entonces que lo vio, era sola una cosa diminuta, deforma y extraña que se recortaba contra el mar.
—¿Qué es eso? —Su pregunta fue suficiente para terminar el alboroto.
—¿Qué cosa? —espetó Franky de malhumor.
—Eso —señaló el horizonte, y Franky prestó atención levemente.
—Alguna embarcación —concluyó, distraído—. Deja de poner excusas Bakaburg. No nos detendremos hasta que terminemos.
Volvieron al trabajo dejando de lado la extraña figura en el mar. Siguieron con empeño, puliendo, armando y haciendo cálculos, pero las horas avanzaron y la figura tomó forma e incluso Franky comenzó a inquietarse. No sabía si poder ser llamado barco, era más bien como si alguien hubiese tomado unos troncos y los hubiese unido sin más, añadiéndoles velas y rústicos cañones como si eso pudiese disfrazarlo. Podía ser tomado como una broma, nunca habían visto la marca pirata de tres calaveras con las cuatro tibias cruzadas, pero ni bien se puso al alcance comenzó el ataque.
—¿Qué demonios…? —Franky no pudo terminar la frase cuando una bala de cañón pasó a unos centímetros de él y dio contra el inacabado mascarón de proa, partiéndolo en dos. Su grito de ira se perdió con el resonar de las otras balas.
—¡Los piratas están atacando! —El pánico comenzó a alzarse en la ciudad.
—¡Tendrán los cojones…! —gritó Paulie con ira. Ya había soportado bastante desde que se enteró que los que creía sus amigos eran agentes del gobierno. Esos piratas se iban a enterar.
—¡Formemos el contraataque! —Peeply alzó la sierra gigantesca con la que estaba trabajando, partiendo limpiando las balas de cañón antes de que impactaran contra el barco, luego se aplastó el cabello con gesto inexpresivo. Tilestone, por otra parte, rápidamente sacó sus cañones manuales devolviendo la lluvia de balas con puntería envidiable haciendo que chocaran con las otras y detonaran en el aire.
—¡Voy a despedazar a esos cabrones! —gritó Franky, hinchándose de la pura ira. Alzó el brazo dispuesto a lanzar un puñetazo y destrozar el intento de barco cuando Iceburg lo detuvo—. ¡¿Qué mierda, Iceburg?!
—¡El barco! —le gritó sin perder la cabeza fría mientras detrás de él, Paulie gritaba órdenes y pedía a Kokoro que saliera de la zona de peligro. Los carpinteros de la Galley-La que se habían mantenido reconstruyendo la ciudad comenzaban a llegar, gritando cosas sobre destrozar a los piratas y protegerlo. Yokozuna estaba deteniendo balas de cañón y lanzándolas al mar—. ¿Quieres que sea destruido antes de que pueda navegar? ¡Tenemos que protegerlo! ¡En este estado aun no puede ser tocado! ¡Sería una vergüenza!
Franky rechinó los dientes pero entendió.
—Voy a darles una paliza luego ¡Diles a los de Galley-La que esos tipos son mis presas! —Y tras eso se puso delante del barco, desviando las balas de cañón con puñetazos, intentando contener su furia y no ir por los imbéciles que estaban rompiendo la paz de Water Seven. El CP9 y el Aqua Laguna ya habían desequilibrado mucho la ciudad.
Iceburg no tenía la fuerza para luchar, todo su conocimiento y pasión había sido puesto en barcos, así que sabiamente supo ponerse a buen recaudo y esperar. No escapó porque ante todo era un carpintero naval y el barco que estaba construyendo iba a ser el mayor orgullo de su vida, antes que el barco caería él primero. También confiaba en la fuerza de Paulie y el resto, los había visto combinar el arte de construir barcos con el arte de la batalla para proteger la ciudad y mantener la paz. Sabía que era imposible que cayeran ante cualquiera, y el CP9 solo fue una excepción.
Lamentablemente no podía adivinar que el CP9 no era nada comparado con la amenaza que llegaba.
De pronto el "barco" atracó en la costa casi en pedazos, las balas habían dejado de llover y los carpinteros aguardaban expectantes antes de que un hombre gordo, sin varios dientes y con una sonrisa desagradable saltara hacia ellos.
—¡Zahahahahaha! ¿Dónde está Mugiwara no Luffy? ¡Díganle que lo estoy buscando! —exclamó, estirando los brazos a los costados en un gesto pomposo.
—¡¿Por qué pregunta por él, capitán?! ¡Solo destrocemos la ciudad buscándolo! —Otro hombre saltó al lado del primero. Era bastante grande y musculoso, y llevaba una máscara negra en el rostro.
—Que impaciente, Burgess —dijo otro más, llegando con elegancia a la orilla. A todas vistas era un francotirador y el culpable de que varios hombres hubiesen caído de la nada.
Paulie ajustó sus cuerdas, tensándose. Había esperado que no pasaran del pirata promedio, pero mientras alejaban las balas y sus propios hombres caían sin aparente razón, empezó a sentir una presión extraña, algo que solo le sucedió ante la presencia de Mugiwara aunque al mismo tiempo era diferente. Monkey D. Luffy era un hombre sumamente caprichoso y poderoso, él lo había entendido en el momento en que traspasaron el Aqua Laguna, había comprendido que estaba ante un monstruo. Al menos en cuestión de poder porque su carácter bonachón y simple convertía a Mugiwara en alguien agradable y casi inofensivo mientras no se lo irritara. Sin embargo en cuanto puso sus ojos sobre el hombre al que llamaban capitán supo que era otro tipo de monstruo, una bestia sedienta de sangre imparable.
Su tripulación pequeña hablaba del poder del mismo, solo había visto a otra tripulación pequeña que causara escalofríos y curiosamente eran los Mugiwara.
Miró a Iceburg-san y él asintió, comprendiendo su conclusión. No retrocederían si se desataba una batalla, pero si existía alguna forma de evitar una confrontación desastrosa sería lo mejor.
—Cof, cof, tiene razón, cof, cof… —Un hombre enfermizo llegó medio nadando, medio arrastrándose desde los troncos junto a un caballo blanco—. Paciencia y destino… son los mayores amigos de un hombre. El destino de Mugiwara ya está escrito… nuestro capitán tomará su cabeza…
—Ciertamente —añadió el último tripulante, moviendo su bastón rítmicamente.
—¿Tomar su…? —Franky volvió a ser detenido por Iceburg que caminó tranquilamente hasta quedar delante de sus hombres y frente a los piratas. Ignoró las protestas de todos y miró al pirata sin temor.
—Soy el alcalde de Water Seven, Iceburg —se presentó de forma diplomática—. No sé qué problema tienes con el pirata llamado Mugiwara pero él no está aquí. Si entiendes lo que he dicho, márchate. No queremos problemas.
—¿Uhm? —El pirata lo miró con apreciación—. Los líderes siempre saben que hacer ¡Zehahahaha!
—Mugiwara está aquí —espetó Burgess—. Es imposible que se haya recuperado tan rápido de Enies Lobby. ¡Solo tenemos que arrasar este lugar y buscarlo entre los escombros!
—Tal lealtad para un pirata —comentó el francotirador en tono monótono—. ¿No los pondrá en problemas con el gobierno mundial?
—¿Y acaso ustedes no temen al gobierno mundial? —preguntó Iceburg sin inmutarse—. Ya he dicho que el pirata Mugiwara no se encuentra aquí, pero esta isla no solo está afiliada, también proporciona directamente barcos a la marina y al gobierno. Atacarnos de forma tan imprudente no les llevará muy lejos. Ni siquiera son conocidos, serán borrados con rapidez.
—Exacto, y por eso estamos buscando un buen pez. —El capitán pirata sonrió de una forma que resultó francamente repugnante. Su risa fácil se perdió mientras alzaba un puño de forma casual— ¡Hombres de cien millones o más! —exclamó con júbilo, haciendo que Franky e Iceburg apretaran los puños al comprender lo que quería—. ¡Imagina, un hombre de trescientos millones que acaba de lanzar una declaración de guerra! ¡Apuesto a que el gobierno lo apreciará más que a unos cuantos barcos! ¿No lo crees, alcalde? —se burló antes de golpear en su dirección.
Iceburg vio venir el golpe pero no había nada que pudiese hacer, excepto recibirlo. Paulie y los demás gritaron corriendo hacia él, pero fue Franky quien lo detuvo.
—¿Qué es esto? —Kurohige miró con interés el puño que se había interpuesto entre él y alcalde de Water Seven.
—Franky —intentó decir Iceburg, aunque el cyborg lo mandó a callar al instante.
Su mirada era fría. Por el bien de la isla y de Mugiwara se había contenido, pero era claro que la pelea iba a desatarse inevitablemente. Había visto como el francotirador miraba toda la ciudad con parsimonia, como si estuviese decidiendo como la haría pedazos, y algo le dijo que tenía poder para realizar tal acto. Empujó a su amigo hacia los carpinteros y se adelantó con el ceño fruncido.
—Tus negociaciones diplomáticas son una mierda, Bakaburg. Este hombre no se irá por las buenas así que habrá que enseñarle el camino a la fuerza.
Paulie escupió en el suelo con rabia, completamente de acuerdo con Franky. Los carpinteros que aún estaban en pie alistaron sus armas. Los piratas sonrieron como si encontraran divertida la reacción.
—Zehahaha, ¿quieres pelear? —Kurohige sonrió desagradablemente.
—Tu patético ataque pudo haber dañado mi barco —gruñó, comenzando a enojarse más al recordarlo. El barco de ensueño estaba tan vulnerable en aquel instante y eso hizo que tronara los puños con rabia— ¡Voy a patearte el culo, cabrón!
—Solo me interesa Mugiwara —contestó Teach sin perder la sonrisa—. No tengo tiempo que perder, el gobierno mundial espera por él.
Franky estaba a punto de lanzar su SUPER aliento de fuego cuando aquello lo detuvo.
—Mencionaste eso… —comentó completamente serio, algo extraño en él—. ¿Quieres llevar a Mugiwara al gobierno? ¿No eres también un pirata?
—Sí.
—¿Qué ganarás con eso?
—Poder. —La palabra fue suave y espeluznante—. ¡A partir de este momento daremos nuestro gran golpe! —Y tomando impulso gritó hacia el cielo con tal fuerza que su voz hizo eco entre las montañas de chatarra— ¡MUGIWARA! ¡SAL DE TU ESCONDITE! ¡HE VENIDO POR TU CABEZA!
—¡Prestame atención, joder! —gruñó Franky, estampándole un puñetazo con tal fuerza que lo mandó volar hacia la orilla de nuevo. Su tripulación no hizo nada para protegerlo, y eso causó que Franky se cabreara más. No le había gustado ni un poco su estúpida entrada pero lo que más le había jodido el humor era el motivo por el que estaba allí.
No iban a llevarse a Mugiwara a ningún lado, joder.
—¡Duele! ¡Duele! ¡Duele! —Kurohige aulló retorciéndose en la tierra llena de escombros como un gusano. Franky levantó sus lentes mirando el atroz espectáculo con una sonrisa fría—. Joder, ¿de qué estás hecho? Ese golpe no fue normal —exigió.
—Te daré los detalles en el otro mundo, cabrón.
—Preferiría que no —Kurohige se levantó limpiándose la sangre de la barbilla con tranquilidad.
—El capitán se va a poner violento. ¡Rápido, vámonos de aquí!
La tripulación pirata comenzó a correr sin descaro alguno. Franky miró sin comprender antes de que un escalofrío le hiciera volver su atención al hombre con el que peleaba.
—Ya lo he dicho, no me interesas —gruñó con una sonrisa espeluznante, alzando una mano que comenzó a deshacerse en oscuridad por no haber otra descripción—. Voy a conquistar el mundo con mi tripulación. He planeado todo para ser el número uno… ¡EL REINADO DE SHIROHIGE LLEGARÁ A SU FIN Y LA MUERTE DE MUGIWARA SERÁ EL PRIMERO PASO PARA ESO!
El mismo aire pareció estremecerse ante su declaración. Iceburg, Franky, Paulie y el resto miraron con una mezcla de horrorosa comprensión al hombre, entendiendo finalmente lo que quería hacer.
—¡FRANKY! —gritó Icerburg con espanto cuando el pirata curvó la mano llena de densa oscuridad, creando un vórtice.
—SOLO QUIERO A MUGIWARA Y SI TENGO QUE DESTRUIR ESTA ISLA PARA LLAMAR SU ATENCIÓN QUE ASÍ SEA ¡ZEHAHAHAHAHA! —rio demencialmente, golpeando a Franky con su mano libre y usando tanta fuerza que todo el cuerpo del cyborg se estremeció violentamente antes de caer al suelo escupiendo sangre.
El golpe fue tan poderoso que lo dejó retorciéndose de dolor y sin posibilidad de movimiento. Franky ni siquiera pudo insultarlo, se arrastró débilmente cogiéndolo del tobillo pero el pirata lo ignoró y alzó ambos brazos aún más sin dejar de reír. Y la oscuridad lo envolvió todo, succionó el aire, el agua, incluso el suelo, y el cyborg sintió como desaparecía en la nada. Los carpinteros gritaron tras él, atacando, pero fue en vano, perdieron la fuerza y el sentido de la gravedad, absorbidos por el remolino sin fondo que tragaba todo sin piedad. El último pensamiento de Franky e Iceburg al desaparecer en las tinieblas fue el barco.
Kurohige gritó con ardor ante su preciosa oscuridad que se extendía como un parásito, y justo cuando el inacabado barco estaba a punto de caer también, se obligó a detenerse.
El grito salió de la nada y él miró con desconcierto justo a tiempo para que Burgess le cayera encima con estrepito. Se derrumbó brutalmente y la oscuridad se desvaneció, no sin antes haber tragado ya una buena parte del lugar, dejando el antiguo depósito de chatarra como un desierto muerto.
—¡Burgess! ¡¿Qué rayos?! —El campeón parecía momentáneamente noqueado.
—Eso le pasa por ser tan impaciente. —El resto de la tripulación apareció de nuevo caminado con suma serenidad, sonrientes.
—Oi. —Una voz dijo con ira, llamando su atención. Alguien se acercaba con tranquilidad—. ¿Me estabas buscando? —Mugiwara no Luffy llegó, tronándose los puños y ajustándose el sombrero que hizo sombra sobre su rostro, otorgándole una pinta intimidante—. Tú eres el tipo de Jaya ¿no? ¿Qué le has hecho a Ice-ossan y a los otros?
Kurohige lo miró con sorpresa solo un segundo, luego rio desagradablemente.
—¡Mugiwara no Luffy! ¡El hombre que estoy buscando! —exclamó con júbilo aun en el suelo.
—Tómalo con calma, Luffy. Todavía estás recuperándote. —Un mapache llegó tras él con preocupación.
—Oi, Luffy, no te quedes toda la diversión —se quejó un espadachín al que Teach reconoció como el Cazador de Piratas.
—Concuerdo con el marimo. ¿Tenías que patearlo? ¡Esa es mi marca!
—Si serán… —Una mujer de figura proporcionada llegó y les dio un coscorrón a cada uno antes de que pusieran a pelear—. ¡¿Qué importa quién patee a quién?! ¡¿Acaso es un maldito concurso?! ¡Ese tipo estaba haciendo una masacre!
—Por eso debemos darle su merecido. Luffy-kun, tienes mi permiso para actuar —sentenció un tipo con una máscara ridícula de la que solo se veía su prominente nariz.
—¡Sogeking! ¿Cuándo llegaste? —preguntó el mapache entusiasmado.
—Capitán…
Kurohige entrecerró los ojos repentinamente con avaricia hacia la mujer que habló: Nico Robin.
—Ese hombre es conocido Kurohige. Era un tripulante de la banda de Shirohige antes de que los abandonara.
Mientras la tripulación tomaba posiciones, Teach los examinó a conciencia. Ahí estaba finalmente lo que tanto ansiaba, el hombre que lo llevaría a la cima y la tripulación que seguía fielmente todos sus actos temerarios: los Mugiwara. Los rumores se quedaban cortos, exhalaban un aura orgullosa y peligrosa que, junto a su fama, los convertían en una visión gloriosa para cualquiera que supiera apreciar el poder. Y aunque estaba en Water Seven por la cabeza de Mugiwara, Kurohige reconocía el poder del chico, solo tenía diecisiete años y había logrado cosas que nadie más lograría aunque viviera cien vidas.
Era una lástima que todo terminara así para él.
Se levantó sacudiendo su ropa y agrandó su sonrisa. Todo estaba cada vez más cerca.
—Robin —dijo Luffy repentinamente—. Retrocede.
La mujer parpadeó sorprendida pero obedeció.
—¿Por qué miras así a Robin? —preguntó casi con violencia—. Ni pienses en llevártela, maldito.
—Zehahaha, aun no estoy interesado en ella —respondió Kurohige con honestidad. Era cierto, aun necesitaba consolidar su poder, aun necesitaba que el maldito viejo muriera. No tenía los medios aun para cargar con alguien tan problemática como Nico Robin.
—Aun… —repitió Luffy con sequedad. Eso bastó para que Zoro y Sanji se adelantaran casi de casualidad pero también con un aura violenta hasta posicionarse a los costados de su capitán.
—Luffy —dijo Nami antes de que el chico hiciese algo más—. Kurohige… ¿no es el hombre que buscaba tu hermano?
Él agrandó los ojos, recordando.
"Estoy persiguiendo a un hombre que cometió un crimen terrible. Escuché que últimamente se hace llamar Kurohige."
—Es verdad. Ace dijo que estaba buscando a un hombre que traicionó a sus nakamas —miró a su rival con desprecio. La traición era lo único que jamás se podía perdonar.
—¿Ace? —Kurohige parpadeó con sorpresa al oír el nombre de su antiguo comandante—. ¿Conoces a Portgas D. Ace?
—Es mi hermano —contestó simplemente, causando que el otro parpadeara con sorpresa—. ¿Dónde están Ice-osann, Franky y los demás?
—Quien sabe… —sonrió maliciosamente, recuperándose. Ahora entendía mejor que nunca el poder de ese chiquillo, siendo hermano de Ace no podía ser menos. Sabía que su comandante tenía un poder ridículo y llegaría el día en que sobrepasaría incluso al de Shirohige, por eso el viejo quería coronarlo rey y darle su puesto cuando llegara el momento, pero él jamás lo permitiría. Y saber que Mugiwara no Luffy era el hermano del comandante solo hacía que su plan fuese mejor. Ace buscaría venganza por su hermano e inevitablemente el viejo se involucraría, a su edad y con su salud en el escenario adecuado no duraría mucho…
La expresión hambrienta de su rostro molestó a Robin.
—Bien. —Luffy se tronó los dedos de nuevo, irritado. Lo haría decir donde estaba el ossan y Franky a golpes—. Zoro, Sanji, apártense. ¡Yo le patearé el culo! ¡Nadie toca a mis nakamas!
—Solo no te excedas —murmuró Nami, preocupada. La ciudad estaba en reconstrucción, no necesitaban hacer las cosas peores.
—Oi, ero-cook —llamó Zoro mientras su capitán se adelantaba furioso.
—¡¿A quién llamas ero-cook, maldito marimo?!
—¿Lo notas? —Zoro no se molestó en contestar, su voz había adquirido un tono grave y su expresión era mortalmente seria.
Sanji supo que no era momento de pelear, frunció el ceño, prendió un cigarro y asintió. Desde que pisaron el terreno extrañamente vacío un escalofrío había recorrido en su sangre.
—No es como los otros. —Había algo en Kurohige que distaba de todos los enemigos que tuvieron antes, incluso del peligroso CP9. No sabían qué pero no les gustaba. Si lo pudieran poner en palabras era como ver una versión gorda, retorcida, astuta y oscura de Luffy. Un hombre caprichoso, sin miedo, con poder y sin límite alguno, cosas que hicieron que ellos siguieran a su joven y estúpido capitán. Cosas que, sin duda alguna, eran peligrosas en alguien como Kurohige.
Robin se movió a su altura, tensa.
—¿Dicen que Portgas D. Ace es el hermano de Luffy? —Ya que se había unido a la banda luego de la derrota de Crocodile era la primera vez que escuchaba eso.
—Sí —dijo Zoro desinteresadamente—. Lo encontramos en Arabasta.
—Ya veo.
Los dos la miraron. Aunque no lo expresaba era claro que Robin parecía impresionada, y eso no era algo fácil de conseguir.
—No lo esperaba —susurró lentamente, mirando al lugar donde Luffy y Kurohige discutían algo. Luego de la noticia de Monkey D. Garp y Monkey D. Dragón era increíble encontrar otra conexión infame, aunque si hacía memoria el abuelo de Luffy había mencionado algo al respecto durante su visita, simplemente ella no lo había asociado por las otras revelaciones—. ¿Importaría si supiera porque Ace-san está buscando a Kurohige?
—¿Por qué importaría? —dijo Zoro—. Ace explicó que Kurohige traicionó a un nakama y escapó. Era su subordinado así que era su deber encontrarlo y matarlo pero por el momento solo estaba recolectando información.
—¿Qué pasa, Robin-chwan? —preguntó gentilmente Sanji, sin entender porque la arqueóloga miraba hacia los capitanes piratas con incertidumbre. Era una expresión que odiaba ver en su rostro.
—Confío en Luffy… pero si un hombre ha sido capaz de traicionar a Shirohige y vivir para contarlo me temo que no estamos ante cualquiera —miró a su amada tripulación con ansiedad—. Puño de Fuego Ace es uno de los hombres más poderosos de la banda de Shirohige y es hermano de Luffy… no quiero hacer conjeturas, especialmente sobre algo que lastime a nuestro capitán, pero si él pierde esta batalla una guerra sin precedentes va a desatarse en todo el mundo por su causa.
Los hombres callaron analizando con seriedad las palabras de la mujer, pero Nami rio quedamente, intentando ocultar el miedo que le había causado la propia duda de Robin.
—Luffy no perderá. Nunca lo ha hecho, Robin.
—Es cierto, nuestro capitán es un monstruo —dijo Usopp totalmente confiado, olvidando que, en realidad, Luffy ya no era su capitán.
—Luffy es poderoso —asintió Chopper alegremente.
—Mujer, solo he oído rumores de Shirohige y han sido muy impresionantes —Zoro miró al frente, ocultando la intranquilidad que aumentaba con cada minuto—. ¿Realmente es como dicen?
—También he oído rumores —dijo Robin en voz baja—, pero puedo asegurar que son cortos comparados con la realidad. El hermano de Luffy por si solo se ha hecho un nombre que todos temen en el mar, y junto a él otros quince comandantes con el mismo poder sirven a Shirohige, el hombre más poderoso que existe en el mundo.
Todos habían escuchado alguna vez sobre Shirohige, solo un idiota (léase Luffy) no sabría quién era ese gran y poderoso pirata. No obstante, un rumor nunca se equipararía a la realidad, y aunque todos temieran el nombre y la marca pirata del Yonkou comprobar con sus ojos la leyenda era otra cosa. Solo Ace ya les había parecido estar en un nivel inalcanzable…
—Así que básicamente dices que este hombre es alguien que tiene el poder de derrotar a Luffy —concluyó Zoro secamente.
—A lo largo de nuestro viaje hemos encontrado a muchos que tenían el poder de derrotar a Luffy —dijo Nami, su mente parpadeando en Crocodile y Enel—. No lo lograron.
Robin sonrió débilmente.
—Lo sé. —Luffy era alguien muy especial y precioso, y la razón por la que se alzaba vencedor al final era porque el deseo de protegerlos era superior a cualquier cosa y eso lo hacía ser cada vez más poderoso.
—La mujer tiene razón, deben temer… —Giraron bruscamente hacia la otra tripulación que se había acercado y a todas luces había escuchado parte de su conversación. Burgess estaba recuperado y se limpiaba la sangre de la barbilla con irritación—. Nuestro capitán vencerá al suyo.
—¿Quieren comer mis patadas? —preguntó Sanji sombríamente. Luffy había dicho que no intervinieran y solo por eso no los callaba, pero ya que su orden solo abarcaba a Kurohige no tenía intención de detenerse llegado el momento.
—Que vulgar —dijo el francotirador de Kurohige con tranquilidad.
—¿Qué pretenden con esto? —preguntó Robin fríamente—. ¿Por qué han venido por Luffy?
Habían estado comiendo dentro de Galley-La y eso había amortiguado bastante los sonidos del ataque, no se dieron cuenta de nada hasta que Jesús Burgess se puso como loco destrozando edificios y casas a puñetazos. Zoro y Luffy lo reconocieron como luchador que vieron en Mock Town y aunque su primera reacción fue instintiva en cuanto comenzó a gritar por Luffy, él perdió todo el aire competitivo, su rostro llano de un modo que preocupó a sus nakamas. Cuando Luffy se ponía serio era que algo muy malo estaba pasando.
Al salir comprobaron que, efectivamente, algo estaba mal.
Al ver la destrucción que estaba haciendo solo por diversión, Luffy había alzado una pierna y le había asestado la patada que lo envió directo a Kurohige. Luego, fiel a su apellido, había trepado como un mono por los edificios con tal rapidez que lo perdieron de vista al instante.
Zoro había afilado la mirada al ver el comportamiento extraño de su capitán, comprendiendo que el hombre que gritó que Skypea existía estaba allí.
En el camino Robin había recogido la suficiente información para saber que querían matar a Luffy y entregar su cabeza al gobierno mundial, aunque la razón por la cual harían algo como eso era aún un misterio.
—¿Por qué no? —preguntó el francotirador con su calma exasperante—. La marina y por ende el gobierno estarán felices con el regalo.
—Tienes que estar de broma —dijo Nami irritadamente, señalándolos con el dedo—. Cuando Luffy le patee el culo a ese tal Kurohige los golpearé.
—El gobierno —repitió Robin de forma sombría, sus ojos como hielo. Un pensamiento horrible le pasó por la mente, pero se suponía que la ascendencia de Luffy era un secreto así que debería ser poco probable… o al menos quería convencerse de eso—. No importa lo que pase en esta isla, ustedes nunca van a poner un dedo sobre Luffy.
—Que conmovedor —dijo sonriente el que agitaba el bastón—, para un capitán tan poderoso y temerario su tripulación está a la altura.
—¿Qué quieren del gobierno? —espetó Robin, y la letalidad de su voz hablaba de la asesina que llevaba dentro.
—Hay un puesto vacante dentro de los Shichibukai —respondió el hombre sin inmutarse—, la marina quiere llenarlo pero aún no hay nadie lo suficientemente poderoso para el puesto. Sin embargo cuando Mugiwara no Luffy, el hombre que derrotó a Crocodile y le declaró la guerra al mundo, caiga… todos temerán nuestro nombre. —La sonrisa que dio fue estremecedora y cada Mugiwara miró con incredulidad, comprendiendo.
Zoro gruñó como una bestia, desenvainando sus espadas, mientras Robin apretaba los puños y Sanji miraba de forma vacía, furioso. Eran los únicos que tenían el suficiente conocimiento de lo repugnante que era el mundo y la forma en la que funcionaba, aunque solo los dos últimos comprendían con mayor cabalidad las otras consecuencias que habría, lo que significaría si el hijo de Dragón El Revolucionario era capturado. Si esa pieza de información era conocida haber traído Enies Lobby abajo sería el menor de sus problemas.
—¿Están diciendo que quieren usar a Luffy como carnada, hijos de perra? —espetó el espadachín, enseñando los dientes. Si buscaban pelea para medir fuerzas estaba bien, si solo iban de paso y escucharon algo sobre Enies Lobby y querían llevase a Robin estaba bien (no era como si fuesen a permitirlo), pero querer usar a su capitán como si fuese un premio para la lotería era algo que estaba más allá de cualquier cosa tolerable.
¡Iba a rebanarlos en pedazos!
—¡No tocarán a Luffy! —gruñó.
—Nosotros no haremos nada, nuestro capitán se encargará.
—Creo que no entienden. —Sanji desechó su cigarro con violencia y prendió otro, alzando el rostro un poco con una mirada tan oscura y asesina como la de Zoro y Robin—. No van a llevarle nada al gobierno incluso si derrotan a Luffy. ¡No vamos a permitirlo aunque nos maten!
Los otros sonrieron.
—Espero que tengan la fuerza para sostener esa afirmación… —El doctor enfermizo rio tétricamente, sangre deslizándose por su boca.
Y eso fue suficiente para que se desatara una pelea entre ambos lados.
Por otra parte, en cuanto Luffy dio la orden de que retrocedieran y fue hacia Kurohige su mirada dio con el barco inacabado que se tambaleaba precariamente entre las rocas y el mar, y eso solo cabreó más. Le habían dicho que Franky estaba construyendo su nuevo barco y se los iba a dar gratis. No sabía nada de construcción ni de barcos, aunque aún dolía lo de Merry, pero tenía claro que Kurohige había mancillado el honor de Franky y el de Ice-ossan como carpinteros con eso.
—Mugiwara, ¿qué tal la isla en el cielo? —Rio Kurohige—. Apuesto a que esos imbéciles de Jaya nunca sabrán que existe realmente, tal como el One Piece.
Luffy resopló con ira.
—¿Qué quieres de Robin? —espetó. Había visto su mirada y era suficiente para tenerlo en guardia.
—Ya lo he dicho, no quiero nada de ella por el momento.
—¡Robin es mi nakama! —gruñó.
—Y la cuidaste bien el tiempo necesario —dijo él, encogiéndose de hombros sin perturbarse—. Cuando mueras ya buscará otra tripulación y se esconderá. Ha sabido sobrevivir bien todo este tiempo así que cuando llegue la hora la buscaré con tranquilidad.
—¿La buscarás? —repitió. A Luffy no le importó el tema de su muerte— ¡Así que si quieres algo de ella!
—Todo el que quiera el One Piece querrá algo de esa mujer —soltó Kurohige, riendo—. Solo Shirohige que es demasiado estúpido y sentimental no querría algo de ella. Incluso tú que la tienes la necesitarás por su conocimiento más que por otra cosa.
Luffy comenzó a temblar de pura rabia, recordando brevemente a Lucci y su afirmación sobre Robin. Pocas personas podían hacerlo enojar tanto.
—Pero como ya dije, no quiero nada de ella ahora. Lo único en lo que estoy interesado es en tu cabeza. ¡La marina y el gobierno lo apreciarán! ¡Estoy aquí por ti, Mugiwara no Luffy! ¡Pelea conmigo!
—Quieres a Robin y dices que solo voy a utilizarla… además le has hecho algo al ossan y a Franky que es mi nakama aunque aún no le haya pedido nada… —concluyó Luffy sin hacerle caso. Apretó los puños con fuerza— ¡MALDITO! —bramó, y sin más le lanzó un puñetazo que lo mandó volar.
Kurohige aterrizó entre los escombros aullando de dolor. Nunca se acostumbraría realmente al dolor multiplicado de cada ataque que recibía, pero sabía que valía la pena. Se levantó sonriendo a pesar de todo, aunque Luffy ya estaba sobre él, su mirada llena de violencia.
—¡GOMU GOMU NO MUCHI! —La patada de gorma fue incluso más brutal que el puñetazo e hizo que el pirata perdiera el aire mientras aterrizaba sobre el barco— ¡Aléjate de allí, maldito! ¡Franky estaba construyendo ese barco para nosotros!
—Fuiste tú quien me envió aquí, Mugiwara —gruñó Teach, levantándose mientras el barco se estremecía.
Luffy frunció el ceño con disgusto, tenía que contener sus ataques mientras estuviesen cerca del barco.
—¿Dónde están Ice-ossan y Franky?
—¿Quieres saber?
—¿Estás tonto? ¡Claro que sí! —exclamó, furibundo.
—Muy bien. —La sonrisa que esbozó fue inquietante. Kurohige se alzó riendo y extendiendo los brazos que se difuminaron en una ventisca oscura—. No parpadees, Mugiwara…
Y, ante el asombro de todos, tanto de sus subordinados como los de Luffy, una corriente oscura que tapó el mismo sol lo rodeó como un manto tétrico, expulsando violentamente un montón de escombros y cuerpos que llovieron como si fuesen balas. Los Mugiwara y los piratas de Kurohige tuvieron que detener su pelea, hacer piruetas y retroceder con rapidez antes de que fuesen aplastados.
—¡El barco! —Luffy corrió rápidamente y se puso como escudo—. ¡GOMU GOMU NO FUUSEN! —Afortunadamente llegó a tiempo y los escombros rebotaron sobre su cuerpo de goma.
—¡Franky! —El grito de Nami hizo que Luffy mirara hacia ella o más bien dicho hacia donde corría. La pirata dejó de lado su arma y se arrodilló al costado del cyborg, cuyo estado era crítico a juzgar por su estado ensangrentado e inconsciente.
Iceburg, Paulie y el resto de carpinteros que habían acudido a responder al ataque de Kurohige no estaban mejor, era como si su vida hubiese sido succionada. Nami contempló con horror su palidez mortal, y lo único que la convenció de que no habían muerto era el levísimo movimiento de su respiración. Los escombros habían caído también sobre la mayor parte de ellos. Al llegar los Mugiwara habían visto esa parte completamente limpia, como si nada se hubiese construido allí, a pesar de que sabían que ese lugar debía estar lleno de chatarra y edificios destrozados. Finalmente entendían qué había pasado…
—¿Qué poder es este? —preguntó la chica, llevándose una mano a la boca con terror.
—Es la oscuridad, mujer —respondió Kurohige con dicha, porque ni siquiera Robin tenía una respuesta real— ¡La oscuridad absorbe todo, la luz del sol, el aire, el poder e incluso la vida! ¡ZEHAHAHA… AHHHHH! —Su risa se cortó bruscamente cuando Luffy, tras el ver el estado de sus amigos, rechinó los dientes y fue hacia él golpeándolo de nuevo en el estómago con más violencia que antes.
Kurohige aterrizó al otro lado, lejos del mar y del barco, y Luffy se alzó en su sitio, apretando la mandibula con rabia, su mirada sombría y espantosa.
—Levántate —ordenó con un matiz letal y sereno que anunciaba mucho dolor—. Vas a pagar por eso.
—Así que al fin vas a pelear —Se volvió a levantar sin perder la sonrisa—. Haz esto interesante, Mugiwara…
—¡GOMU GOMU NO…!
—¡KUROUZU!
—¡BAZOO…!
—¡LUFFY! —gritó Zoro aunque fue en vano.
Luffy apenas había podido empezar el ataque, y aunque fue efectivo pues sus puños chocaron contra el cuerpo de Kurohige, el poder de este fue más rápido. El pirata más viejo chilló de dolor ante el golpe, pero su oscuridad atrajo a su rival hasta él y en cuanto lo tocó, Luffy abrió los ojos en grande, sorprendido.
—¿Qué…?
—¿Lo notaste, verdad? —preguntó sin soltarlo—. ¡Este el poder de la oscuridad, Mugiwara! —bramó, y le asestó tal golpe que lo mandó hacia sus nakamas.
Luffy aterrizó entre volteretas, gritando de dolor y… sangrando.
—¿Qué demonios…? —A Sanji se le cayó el cigarro de la boca—. ¡Si es de goma!
—¡Luffy! —gritó Chopper corriendo hacia su capitán que se retorcía y jadeaba.
—¡Mi oscuridad tiene el poder del demonio! —proclamó Kurohige— ¡Puede anular el poder de los usuarios! —Nami y Usopp jadearon, y Zoro gruñó, lo que había dicho Robin empezaba a tomar forma—. Paramecia, Zoan… Logia, ¡no importa cuál sea! ¡Todos los usuarios se sobreestiman! ¡Mugiwara, no eres diferente y vas a morir por eso!
—¡Cierra la boca, maldito! —chilló Usopp alzando su kabuto.
—¡Usopp! —El tirador se detuvo ante el grito de Luffy. Tenía la máscara puesta y, aun así, Luffy no había dudado en llamarlo—. Dije que nadie se metiera. —Se levantó sin más, limpiándose la sangre, su expresión fría.
Los dedos se Zoro se tensaron sobre las empuñaduras de sus katanas.
—Luffy… —dijo en voz baja—. Cuidado.
Él asintió sin mirarlo, completamente serio, era claro que había comprendido la gravedad del asunto.
—Chopper, atiende a Ice-ossan, Franky y los otros. Nami, Robin, Usopp… vayan a la ciudad y ayuden a todos a salir de aquí… —miró a su alrededor con expresión rígida—… esta isla no va a durar mucho…
—¡Zehahahaha! Eres un hombre muy intuitivo, Mugiwara —señaló Kurohige con aprobación.
—Sanji, Zoro, no permitan que ninguno de esos tipos hagan daño a nadie —siguió diciendo, sin prestar atención a su enemigo—. Yo me quedaré aquí. —Recién entonces volvió su mirada a su enemigo, cerrando los puños—. Quieres una pelea a muerte ¿no? Será una pelea a muerte —declaró.
—¡LUFFY! —protestaron.
—¡SILENCIO! —gritó Zoro a sus compañeros con fuerza, haciéndolos estremecer—. ¡Nuestro capitán ha dado una orden, obedezcan! —observó a Usopp con sequedad—. Excepto tú, eres el único que puede hacer lo que le dé la gana.
El tirador tembló ante la mirada casi letal que Zoro le había dirigido. En ese momento no actuaba como el idiota que no podía orientarse ni en un camino recto, sino como el vice-capitán de la tripulación, el hombre al que Luffy confiaba todo cuando él no estaba.
—Yo… i-iré con Nami y Robin —farfulló.
—Luffy… —susurró Nami con voz estrangulada. Robin tiró de ella con suavidad, su expresión sombría.
—Nami, vamos…
La pirata se mordió el labio inferior con nerviosismo, fue hacia Zoro y le enterró las uñas en la mano con desesperación. Él no dijo nada ni tampoco se quejó, solo frunció el ceño.
—No dejes… que nada le pase —pidió en un murmullo que pasó desapercibido para todos excepto Sanji—… por favor… Zoro…
—Vete, mujer. —Y eso fue todo lo que ella necesitó para sentir que volvía a respirar. Asintió y corrió con Robin y Usopp a la ciudad.
Para todos era claro que esa pelea no terminaría con una derrota sino con una muerte, no habían terminado en esa situación por casualidad, por defender un país, recuperar un nakama o siquiera ayudar a alguien les caía bien. Kurohige había llegado a la isla con una resolución, y tanto como conocían a Luffy, las intenciones de ese hombre habían quedado muy claras.
—Eso me gusta ¡zehahaha! Oigan, retrocedan —dijo Teach a sus hombres—. No voy a contenerme.
—Buscaremos un barco. Termina rápido, capitán.
Zoro y Sanji los contemplaron con rabia, ¿acaso creían que Luffy era débil?
—Lo intentaré, pero Mugiwara es fuerte —halagó el pirata—. Realmente eres hermano del comandante Ace...
—No hables de Ace —increpó Luffy, golpeando su puño contra el suelo—. ¡GEAR SECOND!
Chopper apartó la mirada de la inminente batalla, concentrando toda su atención en los heridos, intentando olvidar las consecuencias graves que traía esa técnica, intentando olvidar que Luffy aún no estaba preparado para una pelea de ese calibre y en especial con esa desventaja. Luffy era un hombre de goma y esa habilidad le permitió sobrevivir a mucho y crear todo su estilo de lucha y sus técnicas. Chopper no sabía si como una persona común y corriente Luffy podía tener una oportunidad.
—Él es nuestro capitán —dijo Zoro silenciosamente al sentir su vacilación y su miedo—. Confía en él.
—Yo… no quiero que nada le pase —murmuró intentando no llorar. ¿Qué le sucedía? Habían afrontado tantas cosas, habían estado a punto de morir tantas veces, sin embargo era la primera vez que sentía tanto miedo.
—No vamos a dejar que pase nada —prometió Sanji tranquilamente, su mirada sobre los miembros de la otra tripulación—. Una lucha a muerte no implica una muerte exactamente, Chopper, solo estar dispuestos a morir. Luffy lucha a muerte siempre.
—¿Humo? —Kurohige ladeó la cabeza con curiosidad al ver como el cuerpo de Luffy había adquirido una tonalidad rosada, con vapor rodeándole.
—¡GOMU GOMU NO GATORINGU!
Y la verdadera batalla comenzó.
Muchas cosas se hablarían sobre ese día, muchos rumores correrían, mentiras, certezas, exageraciones y más, pero lo cierto es que fue una batalla espectacular que hizo estremecer incluso el propio mar. Los mismos tripulantes de Kurohige respetaron al joven capitán y la fuerza que tenía; y Zoro, Sanji y Chopper rayaron en orgullo ante el poder que Luffy desplegó, ante su temeridad, su ardor y su ímpetu descomunal. Incluso los habitantes de Water Seven se negaron a marcharse y a dejar que se lo llevaran sin luchar.
Ese día sería recordado por el mundo y por la historia como el desencadenante de algo que ni la marina, ni el gobierno, ni el propio Dragón que había empezado su lucha para liberar del yugo de la corrupción al mundo, podían haber adivinado jamás.
Luffy perdió la batalla pero ganó mucho más…
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Hi!
Aquí está el siguiente capítulo, espero lo disfruten. No describiré la batalla porque no hay mucho material sobre el estilo de pelea de Kurohige y prefiero no arruinar el aire de misterio que Oda mismo dejó cuando se negó a mostrarnos la pelea de Ace y Kurohige XD.
Gracias a MR97, Nikopelucas, Olakase, strength of fire y Sara Dragonil por sus reviews!
Sobre la duda por mis fics de los otros fandoms, eventualmente los actualizaré, de hecho ahora tengo mi atención en Naruto y será así por algunas semanas.
Besos, Bella.
