Esta historia participa en el reto Tropos, tropos everywhere del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Tropo: Romance de amigos de la infancia
Amor jóven
La primera vez que Pansy y Draco se vieron tenían cinco años, durante la celebración de cumpleaños de Narcisa. Pansy estaba muy contenta, con su vestido nuevo y un moño que era casi tan grande como su cabeza. Pero su buen humor se esfumó en poco tiempo.
Los demás niños no quisieron dejarla jugar con ellos, porque «no eran cosas de niñas». Pensó en ir a acusarlos con sus padres, pero le ganó el orgullo y prefirió no hacerlo. Enfadada y triste se fue a llorar a una esquina.
Habían pasado apenas unos minutos, que a ella le parecieron horas, cuando apareció uno de esos niños frente a ella.
—Ya no llores —le dijo con tono autoritario—, vamos a dejarte jugar, pero ya no llores.
Se enjugó las lágrimas con el brazo y alzó la cabeza. El sol justo detrás de la cabeza del niño daba un efecto de aureola detrás de su cabello rubio casi blanco y le extendía la mano para que la tomara.
«Es un príncipe» pensó.
—¿Vas a venir o no?
Pansy asintió, tomando la mano que le ofrecía.
Draco, Vin, Greg y Theo se convirtieron en sus amigos. Esperaba con ansias aquellas reuniones o festejos en los que podría convivir con ellos. Sin embargo, para Pansy, Draco siempre fue especial: el mejor de sus amigos, su compañero de juegos y, también, en su mente, su príncipe.
Tenían ocho años cuando visitaron una antigua casona perteneciente a alguno de los parientes de Draco. Era verano y hacía un calor insoportable. Por fortuna había una alberca así que los niños pasaron toda la mañana jugando en el agua, mientras que las señoras Malfoy, Parkinson y Goyle tomaban el sol, bebían margaritas e intercambiaban chismes de la alta sociedad.
Después de comer, como no podían volver a la alberca Draco sugirió que jugaran al escondite. Theo dijo que él prefería irse a leer un rato.
La primera en contar fue Pansy, porque perdió el sorteo. La casa era enorme, así que no encontró a nadie en un buen rato. Finalmente llegó a una especie de jardín trasero, donde había varios árboles con flores de muchos colores que brillaban tornasol.
Y ahí lo vio, sentado en el centro, junto a una fuente de mármol, rodeado de todas esas flores, contando palitos en el piso. Se acercó y una hoja crujió. Draco se volteó a verla y le sonrió.
—Ya me estaba cansando de esperar. ¿Ya encontraste a los demás?
Pansy negó con la cabeza.
—¿Qué es este lugar?
—No lo sé, pero está bonito. Las flores sacan brillos, mira. —Agitó una y salieron polvos hacia arriba. Pansy miró fascinada cómo los brillos volaban en una nube y luego caían al piso.
—¡Qué hermoso! —exclamó.
—Sí —contestó Draco.
Cuando Pansy miró a su amigo se dio cuenta que él no miraba a las flores, sino a ella y el corazón le dio un vuelco.
Pansy había pensado que estar en Hogwarts iba a ser increíble, pues no sólo vería a sus amigos todos los días, sino que viviría con ellos. ¡Viviría con Draco! Sin embargo, le supuso un trago amargo darse cuenta de que no iba a ser como se imaginaba. Y no sólo por las clases, sino porque de pronto sus amigos ya no tenían interés en estar con ella como antes. Le dolía sobre todo por Draco.
Flanqueado por Greg y Vin, Draco se paseaba por la escuela y estaba demasiado ocupado con su rivalidad con Potter como para hacerle caso. Le amargaba, pero no podía hacer nada al respecto. Por suerte ella también hizo nuevos amigos, como Daphne y Blaise.
—¿Por qué ya nunca pasas tiempo conmigo? —le reclamó Draco un día en segundo año mientras estudiaban todos en la Sala Común—. Ya sólo estás con Zabini siempre. ¿Son novios?
Pansy quería darle un zape o algo por la pregunta, si era él el que ya nunca quería pasar tiempo con ella.
—Estamos pasando tiempo juntos ahorita —contestó molesta—. ¿Y a ti que te importa si lo somos?
Draco hizo una mueca de desagrado.
—No puedes ser novia de él.
—¿A no? —Pansy iba subiendo la voz y se cruzó de brazos— ¿Por qué no?
—¡Por que no! —gritó Draco.
Pansy se puso de pie y se fue marchando furiosa. Dejando a todos en la sala estupefactos.
—Ojalá sí fuera mi novia. —Blaise rompió el silencio.
Pansy estaba muy dolida con Draco. Así que resolvió ignorarlo varios días. Eso sólo la hacía sentir peor porque estaba segura de que a él no le estaba molestando para nada, pues ni siquiera parecía percatarse de su estrategia para mostrarle su enojo.
Sin embargo, se alegró muchísimo cuando Draco la buscó para invitarla a montar su escoba nueva. Esa noche Pansy volvió a llenar una página de su diario con el nombre de su amigo, rodeado de corazones.
Llegó el esperado día. Draco y Pansy salieron del castillo temprano, cubiertos porque hacía mucho frío. Draco llevaba en su mano la escoba nueva, su orgullo reciente. Pansy se había alegrado muchísimo de que aceptaran a Draco en el equipo, ella había visto muchas veces cómo entrenaba y lo mucho que le hacía ilusión eso.
Draco le mostró cómo acomodarse detrás de él en la escoba y le indicó que lo abrazara para más seguridad. Pansy agradeció que no la viera pues estaba completamente roja al rodearlo con sus brazos y pegar su rostro a su espalda.
—Sujétate bien —le indicó Draco antes de dar una patada en el piso y despegar.
Volar era parecido a estar enamorada. El estómago a veces se sentía chistoso y el corazón se le aceleraba. O quizás era que estaba haciéndolo con el chico del que había estado enamorada desde siempre. Como fuera, disfrutó muchísimo de ese momento.
Draco de verdad se la estaba pasando muy mal con su herida. Quizás exageraba un poquito de pronto para molestar a Potter, pero la cortada le escocia, los puntos le picaban y no poder usar su brazo era más que frustrante.
Pansy trataba de aliviarle la carga lo más posible, ayudándolo con su tarea —aunque Draco le dictaba siempre las cosas, porque tampoco quería atrasarse—, arreglándole la corbata en las mañanas y asegurándose de que estuviera lo más cómodo posible.
Era evidente para todos que iba más allá de lo necesario, y que Draco no le decía que no lo hiciera porque disfrutaba sentirse mimado.
—Siempre vas a cuidar de mí, ¿verdad?
Pansy le sonrió y le extendió el pedazo de carne que acababa de cortar para que lo comiera.
—Pues claro que sí, bobo.
—Bien —dijo Draco y dio el bocado.
—¿Quieres ser mi pareja en el baile de Navidad?
Pansy había anhelado esa pregunta desde que supo de tal evento. Pasó semanas enteras planeando cómo peinarse y arreglarse. Daphne le ayudó con ello, pues era muy buena maquillándose.
Cuando vio la cara de Draco al verla, se alegró muchísimo de haber puesto tanto cuidado en su arreglo y sintió una punzada de orgullo. Se veía guapísima, eso lo sabía pero que Draco se lo dijera la hizo sentirse muy feliz.
—Tú también te ves muy bien.
Pero Draco, para ella, siempre se veía bien.
Bailaron un rato y, finalmente, Draco sugirió que salieran a dar un paseo. Pansy se había imaginado escenas similares durante las semanas anteriores, el momento en el que estarían a solas. Y aún así, no llegó a lo perfecto que fue en realidad.
Caminaron agarrados de la mano, recorriendo los setos del jardín. Se encontraron con algunas parejitas que habían pensado lo mismo así que Draco le sugirió que fueran mejor a otro lado. Sin soltarse, la llevó hasta el invernadero, donde abrió la puerta con un hechizo para poder entrar. La adrenalina ante el poder ser descubiertos y meterse en problemas no era comparable a la que sentía ante estar con Draco así, solos.
No que no hubieran estado solos cientos de veces, pero había algo en esa noche que le decía a Pansy que sería especial, distinto.
Estaba oscuro dentro y se sentía mucho más tibio que el exterior, lo cual agradeció pues había olvidado tomar sus guantes antes de salir. Draco hizo un hechizo, creando bolitas de luz que los rodearon, extendiéndose por todo el espacio. Pansy vio maravillada que había muchas flores a su alrededor. Las reconoció sintiendo que un par de lagrimitas se le escapaban de los ojos.
—¿Te acuerdas? —dijo Draco acercándose a ella y tomándole la mano para sostenerla entre las suyas—, son como las de aquella casa.
Asintió, demasiado conmovida como para poder hablar. Miró a Draco a los ojos y el corazón le dio un brinco ante la intensidad de su mirada.
—Ese día —dijo Draco con voz suave, causándole un estremecimiento a Pansy— me di cuenta de que eras lo más hermoso que había visto en mi vida. Y sigo pensándolo. —Se le escapó una risita nerviosa a Pansy y sonrío a un más cuando Draco colocó la mano sobre su mejilla y la acarició con el pulgar—. Pansy Parkinson, ¿quieres ser mi novia?
—Sí.
Draco la beso en ese momento, entre las flores luminosas y las esferas conjuradas por él, sosteniéndola de la cintura con delicadeza. Ella rodeó sus hombros y se acercó a un más para profundizar ese beso que había esperado por años.
Nota:
Jamás pensé escribir Dransy, porque aunque los quiero muchísimo, siempre los pienso más como BROTP (osea como amigos). Pero cuando vi el tropo pensé en ellos y al final quedé contenta con la cursilada que escribí, je.
