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ES LA GUERRA

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Días antes que Sanji se reencontrara con su familia biológica, días antes que recordara todo lo sucedido, la noticia de la ejecución del pirata novato que le declaró la guerra al mundo había causado más que una sola momentánea impresión. Sanji en su celda, lejos del mundo, encerrado y sometido a interrogaciones y torturas diarias no podía saber lo que eso desencadenaría y la tormenta que se desataría en los mares a causa de Luffy.

Los murmullos se habían alzado en todos lados. Existían muchas personas que entendían cómo funcionaba el mundo y el poder, y la noticia simplemente no tenía sentido a sus ojos.

Smoker mordía sus habanos sin comprender, había perseguido a Mugiwara desde el East Blue hasta Grand Line y conocía su fuerza, su temeridad y su potencial, no podía negarlo. Él mejor que nadie entendía lo peligroso que era Monkey D. Luffy y lo imparable que sería de no ponerle un alto a tiempo, pero Marineford no dejaba de ser una exageración en ese punto.

Tashigi a su lado tampoco sabía que pensar. Todos los altos rangos habían sido llamados a la base de la marina con urgencia pues se les solicitaba para escoltar y defender Marineford durante la ejecución. Pero ¿Por qué? ¿Qué iba a pasar en la ejecución de un novato? No estaban hablando de alguien importante, era solo un novato con menos de medio año en el mar y unas cuantas proezas infames. Sí, de vivir y seguir su camino llegaría el día en que Mugiwara estaría a la altura de tal acción, pero aún no, aún era demasiado pronto y todo tan extraño.

Y ellos no eran los únicos contrariados.

En el archipiélago Sabaondy, nueve novatos con recompensas superiores a cien millones habían llegado casi en la misma línea de tiempo y, aguardando su momento para ingresar al Nuevo Mundo, hacían de las suyas en el lugar cuando la noticia llegó.

—¡EXTRA! ¡EXTRA! —Los periódicos fueron lanzados a todos lados sin distinción por los repartidores. La gran noticia era tan impactante como desconcertante que lo único que importaba era que el mundo lo supiera.

Eustass Kid alzó la cabeza con una sonrisa extraña.

—Vaya, vaya —comentó—. Es una lástima, habría querido ver de primera mano cuan loco estaba…

—Capitán, ¿no es extraño? —Preguntó Killer—. Una ejecución en Marineford…

—Lo sé. —Kid entrecerró los ojos—. No es normal, ¿qué estará planeando el gobierno?

—¡Algún día pagarán por todas sus estupideces! —Juró Jewelry Bonney haciendo una pausa en su almuerzo—. Maldito gobierno… y estúpido Mugiwara. ¿Qué mierda esperaba que pasara?

—Esto es lo que sucede cuando se meten con el gobierno —sentenció Capone Bege con frialdad, aunque su mirada era calculadora.

—Mugiwara-ya… —Trafalgar Law miró a la nada de forma pensativa—. Un D. ¿Cuál es la razón por la que el gobierno te teme?

—Un final tan abrupto para tan temible pirata —sonrió Urouge.

—La sombra de la muerte no está en él —murmuró Basil Hawkins, moviendo sus cartas.

—¡Apapapapa! Esto es bastante inesperado. Golpe por golpe ¿eh?... pero es extraño, definitivamente extraño —rio Scratchmen Apoo.

—Esto no es anormal, es simplemente ridículo —dijo Drake a sus hombres que miraban su rostro fruncido de incredulidad y desconcierto—. Es solo un novato, no hay modo alguno que sea digno de una ejecución pública en Marineford. Si quisieran matarlo, Impel Down basta y sobra. ¿Qué está pasando aquí? —añadió para sí mismo—. Es como si… estuviesen pidiendo una guerra… pero ¿A quién?

La respuesta estaba en Baltigo.

Dragón había cerrado los ojos con fuerza, sus nudillos blancos, y, a lado de él, la expresión de Sabo era imposible de descifrar. El resto de los revolucionarios solo miraban la noticia con frialdad, traduciendo el mensaje del gobierno.

Era más que claro que nunca. No iban a ejecutar a ese niño por ser un pirata, ni siquiera por haber lanzado una declaración de guerra, la verdad cruda y sincera era que sería asesinado por la sangre que llevaba en las venas.

—Así que —Uno habló con voz helada— están pidiéndonos la guerra.

—Usando a Luffy como carnada. —Koala miró con temor a Sabo, la familiaridad con la que había usado el nombre del pirata no era nada comparada con su aura aterradora. Él alzó la mirada oscurecida, apretando los dientes como un animal. Nadie lo había visto jamás tan enfadado—. ¡¿Cómo se atreven?! —gritó, antes de abandonar Baltigo con una exhalación.

—¡Sabo-kun!

—¡Sabo!

—¡COMANDANTE!

No se pudo impedir su partida así que su escuadrón solo pudo seguirlo. Dragón miró el lugar por donde había desaparecido con una mirada calculadora y sospechosa pero no hizo ni dijo nada más al respecto.

—Llamen a los comandantes —ordenó antes de encerrarse en su habitación, causando un completo revuelo. Llamar a los comandantes era iniciar una cuenta hacia atrás…

Pero así como se ordenó, se cumplió. Los revolucionarios de los cinco mares eran informados y, mientras la revelación del hijo de su infame líder se esparcía en la organización, los espías de la armada comenzaban a entender y conectar el revuelo en diferentes países y reinos.

En Arabasta hubo una conmoción en palacio y ni siquiera Igaram tuvo la fuerza suficiente para intentar hacer algo. El rey Cobra se había sumido en silencio sombrío sentado en su trono mientras los guardias y sirvientes cuchicheaban en voz baja las noticias que había traído el periódico. Era difícil ignorar el rostro sonriente del chico del sombrero de paja y el titular que anunciaba su ejecución pública en la sede de la marina siete días a partir de ese momento.

Pirata o no, el chico había salvado a su princesa y Arabasta sin pedir ninguna retribución. Se había quedado en palacios unos días antes de partir armando fiestas, alboroto y dejando tras sí una gran calidez y una paz que todos habían creído perdida.

Si no eran capaces de sentir algo simplemente no eran humanos.

Los piratas representaban toda la malicia y depravación del mundo, eran despiadados, asesinos y más… pero ese niño era todo lo contrario. Aunque se llamase pirata, la palabra no tuvo significaba alguno para las personas de palacio hasta que la realidad se les estrelló en la cara.

Monkey D. Luffy era un pirata, un criminal a los ojos del mundo, e iba morir por ese delito.

Y el mundo de Vivi acababa de hacerse añicos.

Kohza, que se había mantenido a su lado desde que se anunció su captura y traslado a la gran prisión, tenía sentimientos encontrados y no sabía cómo serenar a Vivi que estaba conmocionada. Nunca vio a la tripulación de Mugiwara, pero escuchó bastante de ellos y las hazañas que realizaron por el país al que él amaba.

Igaram miró de uno a otro con una mezcla de pena e impotencia. Todos en palacio odiaban ver a la princesa sufrir.

—¿Por qué? —Vivi finalmente habló con voz temblorosa, su rostro aún seguía pálido y turbio—. ¿Ejecutarlo en Marineford?... es… es solo —tragó con fuerza—. ¡Es solo un pirata novato! ¡¿Por qué harían algo así?!

—Ha declarado la guerra al gobierno… —respondió Igaram, consternado, aunque ni él creía eso. Era cierto que siendo pirata y realizando algo tan osado su castigo sería radical, pero si Crocodile no fue ejecutado por casi destruir un reino completo y buscar un arma ancestral para ir contra el gobierno, Mugiwara no Luffy menos.

—Hay algo más… —susurró la princesa casi sin voz, levantando la mirada desenfocada por las lágrimas— ¡Quiero hablar con el gobierno!

—¿Qué? —espetaron todos, alertas.

—¡Vivi! —demandó Kohza, frustrado. Quería entenderla, pero estaba perdiendo perspectiva.

—¡Princesa! —lloró Igaram al notar su resolución.

La pena y conmoción de Vivi empezaba a transformarse en una lenta rabia homicida que él solo vio cuando el plan de Crocodile quedó al descubierto. Era el dolor convertido en furia de una princesa llorando por el pueblo que amaba y estaba siendo destruido indiscriminadamente. En ese momento no era diferente, para Vivi el hombre que la salvó y tendió la mano cuando había perdido toda esperanza era tan precioso como su reino.

E Igaram lo entendía, lo sabía, él había presenciado el suceso… pero si Luffy se marchó en silencio fue para protegerla, para que nadie conociera sus lazos y la condenaran a causa de eso.

No podía tirar ese sacrificio a la basura en un instante…

—¡Ahora! —ordenó, llorosa—. ¡Tengo un mal presentimiento!

—¡Vivi-sama, por favor…! —Suplicó, dispuesto a ponerse de rodillas—. ¡No…!

—Déjala. —La atención cambió al rey, y más de uno creyó haber escuchado mal, aunque la serenidad sombría que él exhalaba confirmaba aquella orden. Tenía la espalda rígida y los puños apretados, observando con intensidad a su única hija, su heredera, la pequeña en la que puso todo su amor y esperanza para hacer prosperar el reino que amaban—. Si eso es lo que quiere, déjala.

—¡Rey! —gritó Igaram, horrorizado. Chaka y Pell solo cerraron los ojos sin intervenir ni un poco.

Kohza los imitó intentando controlar sus emociones, ya una vez se había dejado llevar y fue usado como un peón por el hombre que casi arruinó su nación.

—Padre, gracias.

—¿Estás completamente segura de lo que harás? —preguntó el rey con simplicidad. Su tono era distante y extrañamente frío, no era la voz de un padre sino del soberano de un reino que recién empezaba a recuperarse de una tragedia casi irremediable.

—No —contestó Vivi con honestidad, su voz aun temblorosa y débil—. Amo Arabasta, haría cualquier cosa por este reino, me quedé aquí aunque parte de mi corazón se desgarró cuando mis nakamas se fueron —tragó saliva mientras la miraban, hilillos de lágrimas cayeron por sus mejillas y ellos pudieron sentir el dolor que aquella elección le causó—. Prometí que sería una buena princesa, una buena reina, que no dejaría que nada le pasara a Arabasta de nuevo… por ti, padre, por mi madre, por el pueblo, por Luffy-san… para no insultar el legado de nuestros ancestros ni el sacrificio que ellos hicieron al poner sus vidas en juego. Pero… pero… esto no tiene sentido… puedo aceptar… puedo aceptar su sentencia en Impel Down —dijo con voz estrangulada—… puedo aceptar su muerte cuando llegue el momento. Luffy-san ha elegido un camino muy peligroso que le dará toda la libertad del mundo y que también le conseguirá enemigos mortales. Morirá algún día, lo sé, lejos de aquí, en el mar que tanta ama… y será feliz… pero ¿Marineford? ¡No será una ejecución, será un espectáculo para el mundo! —lloró ya sin intentar contenerse. Llevó sus manos al rostro y Kohza se vio obligado a sujetarla, bridándole un consuelo algo mecánico, algo resignado.

—Vivi —susurró mientras ella se negaba a derrumbarse por completo.

—Así que ¿vas a pedir por su vida? —preguntó Cobra sin inmutarse aún ante las lágrimas de su hija.

—No, quiero saber: ¿por qué? ¿Qué pecado tan terrible ha cometido para que le hagan eso? —Exigió la princesa con fiereza—. ¡Quiero que me digan la verdad! ¡Si algo de lo que realizó es realmente tan atroz para merecer esa sentencia cerraré los ojos y olvidaré todo!

—¿Crees… crees que hizo algo que no fue expuesto a la luz? —preguntó el rey, frunciendo el ceño. No se imaginaba a ese niño alegre y confiado haciendo algo lo suficientemente horroroso para merecer ese castigo. Ni siquiera Enies Lobby era realmente malo, la isla judicial carecía de imparcialidad y para él eso era corrupto.

—No. —La respuesta no dejaba lugar a dudas—. Conozco a Luffy-san, lo sé.

—¿Entonces cuál es tu objetivo?

—Quiero que me digan qué es tan terrible a los ojos del gobierno mundial, que acto les parece tan imperdonable… lo juzgaré sin poner mis sentimientos de por medio y decidiré como actuar.

—¿Eres consciente de lo que implica eso para Arabasta? —preguntó Kohza ante el silencio del rey.

Ella se estremeció débilmente pero asintió.

—Sé que hacer.

—Entonces… supongo que no hay más que decir —declaró el joven, soltándola. Miró a su amiga con dureza—. Sigues siendo la princesa, tu deber es proteger este reino, confío en ti.

—Kohza… —susurró Vivi, conmovida y aterrada a la vez.

—No hagas nada estúpido, Vivi. Si quieres hablar con el gobierno, está bien, solo protege Arabasta hasta el final, es lo único que te pido. No tengo derecho a recriminarte, ese pirata salvó el reino, tienes el derecho a preguntar por él.

—¡Kohza! —gritó Igaram, desesperado—. ¡No se supone que debes apoyarla!

—Deja que haga lo que crea conveniente —ordenó el rey con voz implacable, levantándose de su trono y caminando hacia su joven hija.

Kohza retrocedió automáticamente. Vivi tembló pero no vaciló, dejó que su padre llegara a su altura y pusiera una mano sobre su hombro.

—Desde que naciste tu madre y yo pusimos todo nuestro amor en ti y te educamos para que vivieras, pensaras y murieras como una princesa. Eso significaba vivir y respirar solo por este reino, para que lo amaras y nunca pensaras en tu deber como una carga… quiero creer que aprendiste a amar al reino por elección y no por obligación. Este es el lugar donde naciste, hija, el lugar donde creciste, el lugar donde viven cientos de personas que dependen de nosotros, que ríen, lloran, aman, viven, odian y perdonan… esto es Arabasta, tu reino, cuídalo.

Vivi contuvo al aliento con el alma en un hilo, sus ojos absortos en los de su padre.

—Ese muchacho hizo todo para proteger lo que amabas y las palabras nunca serán suficiente para agradecer el acto desinteresado que hizo. —El rey dejó escapar un suspiro triste y comprensivo al recordar algo que jamás iba a olvidar incluso en la muerte, algo que quedó grabado a fuego en su cerebro: Crocodile atravesando capas de cemento, volando hacia el cielo, derrotado de esa forma tan increíble y brutal por un pirata que se negaba a caer y todo por proteger a un país que no conocía pero que Vivi amaba con toda su alma—. Sé lo que vale Mugiwara no Luffy, Vivi. Es una persona excepcional como tú misma expresaste, y sé que no puedo ni tengo derecho a detenerte, solo te pido lo mismo que Kohza: protege Arabasta en lo posible. No voy a reprocharte lo que hagas de ahora en adelante, tanto si la respuesta te satisface o te indigna—. Acarició el rostro de su joven hija con lágrimas de orgullo y dolor—. Solo tenías catorce años cuando te infiltraste en Baroque Works, y yo fui un padre y un rey que no pudo proteger a su hija y a su reino…

—¡Majestad! —protestó el resto.

—Silencio —ordenó. Volvió su mirada a Vivi que se mordía el labio inferior con pena, esperando a que él terminara lo que tenía que decir. Sonrió suavemente, a pesar de su juventud ciertamente ella se comportaba a la altura de su posición—. No pretendo auto-compadecerme ni que cargues con mis errores, ya acepté y me reconcilié con el pasado porque es necesario el presente y el futuro para progresar. Soy un rey y tú eres una princesa, y esos títulos conllevan una obligación… no fuimos lo suficientemente capaces en aquel entonces pero obtuvimos ayuda y dar la espalda a nuestro salvador sería ruin.

Todos escucharon en silencio, sabían que ese discurso era importante, que no era dicho solo por decir y que el rey había meditado profundamente la petición de su hija. Ni siquiera Igaram pudo protestar más, aunque lloraba tanto de impotencia como de profundo pesar.

—No soy quien para medir el valor de una persona ni para afirmar que un reino vale más que una sola vida. A veces el amor nos ciega, a veces una sola persona puede cambiar el curso de la historia y del mundo entero. Haz tus elecciones, hija, y no te arrepientas. No dudes ni temas por nosotros.

—Padre…

—Si puedes mantener al reino a salvo está bien, si no es así… sé que el sacrificio valdrá la pena. —Le dio unas suaves palmaditas en la cabeza como cuando era una niña, luego se fue con Chaka y Pell siguiéndole fielmente.

Igaram mordió un pañuelo sollozando ante el gran hombre que era su rey, y Vivi en su sitio no pudo evitar quedarse mirando a la nada, aturdida.

—Vivi.

Ella giró a mirar a Kohza que la observaba a la vez con preocupación.

—¿Por qué… s-siento que voy a destruir mi reino? —preguntó lastimosamente.

Él suspiró con frustración y caminando a ella la envolvió en un fuerte abrazo que le hizo perder la respiración. Todo era tan doloroso que Vivi solo pudo aferrarse a su amigo dejando escapar su llanto desconsolado.

—¡No quiero… no q-quiero que nada le suceda a Arabasta! —explicó, desesperada.

—Lo sé —respondió Kohza, cerrando los ojos—. Lo sé, Vivi.

—Kohza —suplicó.

—Nada le sucederá a Arabasta —le juró, pasándole una mano por la nuca con dulzura y acariciándole el cabello, deseando que aquello fuese un sueño. Viéndola así no podía culparla pasara lo que pasara—. Haz lo que tienes que hacer, protege a Arabasta hasta donde alcance tu fuerza… después déjanos a nosotros decidir.

Ella lloró con más fuerza, sabía que estaban apoyándola, dándole permiso para arruinar el reino por un hombre si era necesario, pero eso no la hacía sentir mejor, sentía que le estaban arrancando el corazón.

¿Por qué había tenido que acabar así? Impel Down era un lugar terrible y su acceso prácticamente imposible, aun así algo dentro de ella quiso esperar, segura que los demás sacarían un milagro de los dedos como Luffy hacía a menudo. El problema era que Luffy era la fuerza de la tripulación, debido a su influencia ellos aprendieron a realizar locuras tremendas sin pensar realmente en las consecuencias. ¿Quién en su sano juicio iría por un Shichibukai o atacaría la isla judicial? Vivi lo aprendió viajando con ellos, ella sintió que podía hacer cualquier cosa y que Luffy estaría allí para respaldarla y protegerla, que no tenía que temer a nada, que nadie podría detenerlos… así se sentían los Mugiwara, la fe por su capitán era ilimitada. Pero ni siquiera sabía que había pasado con ellos fuera de Zoro y Sanji. ¿Estaban vivos? Y de estarlo ¿Cómo podrían sacar a Luffy de la prisión de máxima seguridad del mundo en siete días? ¿Cómo podían evitar que fuese ejecutado en el cuartel general de la marina donde vivían personas inconmensurablemente más que fuerte que ellos?

Sentía que se ahogaba en la desesperación y, aun así, a pesar del rechazo que sentía por sí misma, ya había tomado una decisión.

Solo por una vez, solo por esa vez, si tenía la fuerza… quería hacer algo por el hombre que la ayudó tanto.

Más tarde, mirando las estrellas desde su habitación, abstraída en el dolor y el vacío recibió una llamada que no esperaba.

—¿Princesa Vivi?

Miró a Terracotta con desconcierto ante la voz que salía del Denden Mushi. La mujer le había traído al pequeño animal anunciando que era una llamada inter-islándica* muy importante. Como reino afiliado al gobierno mundial, tenían muchos Denden Mushi para comunicarse en caso de emergencia con algún rey, pero rara vez se usaban. Los soberanos tendían a ser muy obsesivos y no deseaban desarrollar sus habilidades sociales, con el Reverie cada cuatro años les bastaba.

El Denden Mushi que tenía frente a ella correspondía al reino de Drum, y la voz era de aquel amable y honrado hombre que conoció en su corta estancia.

—¿Dalton? —murmuró, sorprendida.

—Sí, soy Dalton —respondió con amabilidad—. No me equivoqué, ¿cierto? Te conocía, Vivi-san o mejor dicho Nerfertari Vivi, princesa heredera del reino de Arabasta.

—No tiene caso seguir mintiendo —repuso, intentando ser cortés—. Sí, soy Nefertari Vivi, princesa heredera del trono de Arabasta. ¿Por qué…?

—Bueno, ocurrieron muchas cosas luego de su partida. Ahora soy el rey del reino de Sakura, —lo oyó reír levemente con cariño—. El nombre está inspirado en los cerezos del doctor Hiruluk, un nuevo renacer para este país lejos del recuerdo de Wapol.

Vivi sabía que de ser otro momento aquella noticia la haría estallar en alegría, sin embargo lo único que pudo ofrecer fue una leve y apagada sonrisa y una escueta felicitación.

—Me alegro por ustedes, sé que serás un rey justo.

—Gracias.

Hubo un breve silencio. Terracotta se movió, inquieta. Las llamadas de esa índole eran muy extrañas y cualquier error podría producir una brecha entre reinos, no obstante Vivi no estaba preocupada, conocía el carácter de Dalton.

—No creo que no conozcas la razón por la que he llamado…

Vivi suspiró.

—No estoy relacionada con los Mugiwara —dijo en automático.

—Princesa, leí las noticias sobre Arabasta pero sé que Mugiwara no Luffy fue quien derrotó al Shichibukai y devolvió la paz a tu reino tal como hizo con el nuestro. No tienes que estar a la defensiva, es un pirata pero salvó nuestras vidas, sería ingrato simplemente desentenderse de lo que está sucediendo.

Ella cerró los ojos con fuerza, absteniéndose de llorar más.

—No podía estar segura —susurró—. ¿Realmente…?

—Sé que es algo inverosímil —aceptó el hombre con un suspiro cansado—, aunque no se puede negar lo evidente. Ese pirata nos salvó la vida. Sé que nos los conocí mucho pero este reino estaría sometido por una tiranía de no ser por ellos.

Mientras su princesa recobraba el ánimo y la alegría, Terracotta observaba todo con una mezcla de sorpresa y emoción. El palacio había estado en silencio cuando la princesa se encerró todo el día luego de solicitar una audiencia con algún representante del gobierno, acción que tomaría unos días en ser aceptada. Sin embargo era tan insólito como esperanzador oír a otra persona preocupada por el pirata, especialmente a un rey… por primera vez ella empezaba a sentir que el peso que había oscurecido palacio se aligeraba.

—Sé que hay algo más —dijo Vivi, frunciendo el ceño, el color volviendo a sus mejillas—. No creeré que lo sentenciaron a una ejecución así solo por Enies Lobby.

—La doctora Kureha tampoco lo cree —confió Dalton—. Es algo muy radical para un solo delito conocido. No sé qué más hicieron en su viaje pero no parece del tipo que realizaría algo digno de tal condena.

—Es un D., punto, ha nacido con estrella el niño pero se topó con su igual antes de tiempo. —La voz cambió a una más dura y casi desinteresada. La doctora Kureha se apoderó del Denden Mushi haciendo a un lado al recién estrenado rey, Vivi pudo escuchar las voces de protestas de los aldeanos exigiéndole más respeto a su soberano—. Niña, ese reino tuyo y este son poderosos aliados del gobierno mundial, tienen historias de siglos, un paso en falso desestabilizará para siempre esa corrupta organización para bien o para mal.

—Doctora Kureha, por favor… —Dalton intentó obtener de nuevo el control del Denden Mushi.

—Solicité una audiencia con el gobierno. —Su declaración tuvo la virtud de terminar con la pequeña riña al otro lado.

Escuchó a la vieja doctora silbar con diversión oscura, Dalton, por otro lado, se quedó sumido en silencio por un momento, cuando habló había comprensión en su voz.

—No llamé para obtener un consuelo entre reinos salvados por ese muchacho —aclaró con amabilidad—. También quiero hacer algo pero no se me ocurre qué.

Vivi miró a un costado de su gran habitación, notando apenas como Igaram, Chaka, Pell y su padre se asomaban levemente a espiar. A todos les había intrigado la llamada del antiguo reino de Drum, en especial cuando no fue para el rey sino para la princesa. El rey Cobra y el rey Wapol no tenían una buena historia destrás, y aunque habían sido notificados vagamente de un cambio de rey no sabían quién era y si podían confiar en él. La actitud opaca del rey Cobra había desaparecido para ser reemplazada por la actitud mamá gallina sobreprotectora al instante.

La princesa los ignoró en lo que pudo.

—Sé que esto puede destruir mi reino…

—Pero de no ser por ese chico no existirían reinos para salvar o destruir —completó Dalton, y Vivi sintió su corazón serenarse un poco. Solo ese hombre podía comprenderla realmente ya que compartían el mismo amor a su país y la misma angustia por el destino de su salvador.

—¿Crees que es lo correcto?

—No lo sé —contestó sinceramente—. Es un pirata.

Vivi sonrió cariñosamente.

—No cualquier pirata, será el rey.

Hubo otro silencio pero esa vez fue cómodo.

—No merece morir de esa forma —dijo Dalton después de un rato—. He visto como son las ejecuciones, pueden convertirse en actos bárbaros. Un simple bandido es ahorcado por una hogaza de pan y la gente clama por su sangre mientras agoniza. Las ejecuciones públicas son solo un show.

—En Marineford se convertirá en un show para el mundo —murmuró Vivi con incertidumbre. El mundo reiría y pediría que la muerte de Luffy fuese lenta y dolorosa, e incluso luego su cuerpo sería exhibido como un trofeo. No podía soportar el pensamiento.

—¿Cuál es la razón por la que solicitaste la audiencia? ¿Pedirás indulto por sus actos?

—Es imposible hacer tal cosa —reconoció Vivi—, además de imprudente. Tengo que ser cautelosa con lo que digo, pero necesito saber o nunca estaré tranquila haga lo que haga luego.

—¿Saber?

—¿Por qué? Cuál es el delito que cometió…

—No creo que haya cometido ningún delito peor que tirar abajo Enies Lobby —se burló la doctora Kureha desde algún lado—. Apuesto a que ni siquiera es un delito real, solo algo crudo y sinsentido, típico del gobierno mundial.

—¿Si lo que te dicen satisface tu juicio, retrocederás? —preguntó Dalton.

—Sí, pero no creo que sea así. Luffy-san no busca hacer daño a nadie, tampoco riqueza o gloria, solo quiere libertad.

—Sin duda alguna ese niño nació con estrella, dos nobles están dispuestos a destruir sus reinos por él. —La doctora sorbió algo de licor—. Saben que el gobierno puede hacerlos desaparecer del mapa ¿verdad?

—Sí. —No hubo duda en la voz de Vivi. Por mucho tiempo había sido preparada para actuar correctamente y manejarse en la política y el mundo. Pecaba de emocional, era un defecto terrible, sí, pero sabía cabalmente como eran las cosas, no era tan ingenua. El gobierno era una organización corrupta llena de egoísmo y caprichos sádicos, si algo iba en su contra simplemente lo eliminaban, incluso si era un aliado.

—Entonces, princesita. ¿Qué harás si la respuesta no te gusta?

¿Qué haría? Vivi ya lo sabía.

—Depende de la respuesta, todo depende de la respuesta —repitió más para sí misma—. Estoy dispuesta… a todo. Tengo dos cosas que quiero proteger, mi amado reino y la vida de mi capitán.

Dentro de la habitación el rey Cobra, Igaram, Chaka, Pell y Terracotta la observaron con orgullo y admiración. Vivi había meditado durante su encierro, recordando las palabras de su padre y el consuelo de Kohza, ellos le dieron toda potestad sobre el destino del reino y sería indigna del puesto si solo se dejaba llevar. Una vez desafiado al gobierno mundial solo quedaba una salida que tomar…

—Princesa Vivi…

—¿Estarías dispuesto a tomar el camino que escojo, rey Dalton? —preguntó la princesa con una sonrisa tranquila, se sentía en paz. Esa charla había empezado a despejarle la cabeza—. Es una locura.

—Cuando eras niña me mostraste más capacidad de liderazgo y política que un adulto —respondió él con respeto—. Sé que diré algo que se considera un grave delito pero es la realidad: el gobierno mundial está corrupto. No importa cuántas veces se haga el Reverie y cuantos buenos reyes acudan e intentan armar un plan a futuro, mientras las personas que estén sobre nosotros hagan lo que quieren porque quieren el mundo está condenado a repetir sus errores una y otra vez. Es irónico que lleguemos a esta conversación por la ejecución de un pirata, pero ya no puedo distinguir el bien del mal en el mundo donde vivimos.

Vivi rio, alto y fuerte.

—¡Es cierto! —dijo, animada—. Gracias, muchas gracias. Es todo lo que necesitaba para no claudicar.

—No te preocupes, eres joven pero fuerte, sabrás que hacer. El reino de Sakura está contigo, princesa Vivi.

—Aun no sabes lo que haré.

—Confío en tu capacidad —aseguró—. A partir de este momento estamos juntos.

Hubo exclamaciones en ambos lados, tanto en la habitación de la princesa como en la casa del rey Dalton. Los aldeanos habían estado de acuerdo después de una gran e intensa charla que terminó con la doctora Kureha persiguiéndolos con cuchillos voladores, sin embargo no esperaron que todo terminara con una alianza.

Incluso la vieja doctora rechinó los dientes.

—Deben rezar a todos los dioses que conozcan si quieren salir bien parados de esto. Están pidiendo una guerra —sentenció, enfatizando la última palabra de forma rotunda, dejando una sensación de hormigueo y vacío, una sensación poderosa de terror, anticipación, desastre y caos completo.

El silencio que siguió a eso no duró mucho pero de algún modo fue esclarecedor.

—No pediré que perdonen la vida de un pirata —repuso Vivi con firmeza, aunque la advertencia de la doctora era verdadera—, solo exigiré una respuesta veraz, es lo único que quiero. Si Luffy-san solo se hubiese quedado en Impel Down, si hubiese muerto en una ejecución normal o en batalla no habría movido un dedo… no importa cuánto doliera, pero hay una fina línea que no deben cruzar, una línea que divide el mundo entre la justicia y la inmoralidad.

—Bien dicho —aprobó Dalton.

—Dios los crea y ellos se juntan —oyó resoplar a la doctora—. Están locos de remate. Lo único que espero es que mi reno esté bien.

—¡Vivi-sama! ¡Es tan inspiradora! —gritó Igaram entrando ya sin tapujos a la habitación.

—¡Quieto! —regañó Terracotta, sujetando a su marido de la oreja.

—Has crecido bastante, princesa —dijeron Chaka y Pell con sonrisas orgullosas.

El rey Cobra no dijo nada, solo sacudió la cabeza y la abrazó con fuerza, y eso fue suficiente, incluso más que las palabras que le dijo horas atrás. Él era el rey y temía tanto por su reino y su hija pero no podía mostrar ninguna apertura, ninguna perturbación, tenía que ser fuerte por todos y por todo. Comprendía a Vivi, y si ella estaba dispuesta a proteger a Luffy y Arabasta sin poner uno sobre otro entonces solo debían seguir ese camino hasta el final.

Vivi le devolvió el abrazo y rogó que todo saliera bien para Arabasta y Luffy. El mundo era un enemigo colosal y aterrador, ella misma formaba parte de esa fuerza aunque su posición era minúscula, solo un reino o dos contra más de ciento setenta… eso era el mundo, la fuerza que hacía temblar al resto.

Excepto a Luffy.

Lejos de Grand Line, mientras Vivi y su padre se abrazaban y llegaban al acuerdo que iniciaría la caída lenta de todo lo que conocían y nunca se atrevieron a desafiar, Genzo, el hombre que era como un padre para Nami, gritaba con rabia a través de un Denden Mushi.

—¡Quiero que me atienda alguien del gobierno! ¡Estuve llamando todo el maldito día pero no contestan!

—Esta es solo una base de la marina en el East Blue, nuestros deberes se limitan a velar por la paz de las islas cercanas y a controlar a los criminales y piratas —contestó con monotonía una voz—. Esa es Villa Cocoyasi de las Islas Conomi ¿cierto? El problema de Arlong fue resuelto hace meses ¿Qué otro asunto es tan importante para querer hablar con el gobierno?

—¡Ni que ustedes hubiesen resuelto el problema de Arlong, maldición!

Nojiko tocó con suavidad el brazo del alcalde, era de noche y todos estaban reunidos con palos, escobas, escopetas y más. No era algo necesario puesto que no había ningun enemigo pero eso los hacían sentir protegidos, les daba fuerza para lo que harían. El asunto se había discutido entre todas las villas durante los tres días de tregua entre la noticia de la captura de Luffy y su posterior ejecución. Había sido como un baldazo de agua fría, la noticia que había dado vuelta al mundo y lo había sumido en un caos de extrañeza y espera.

Sin gozar de la educación política de reinos avanzados y siendo solo un archipiélago con un conjunto de villas y un representante votado unánimemente, ninguno podía saber el verdadero impacto de la noticia y lo que representaba una ejecución en Marineford, solo se dejaban llevar por sus emociones y el cariño por la niñita que había estado dispuesto a todo para comprar el pueblo y devolver la paz, así como al hombre -pirata o no- que los libró de su miseria.

Genzo volvió la mirada a Nojiko. Una vez cruzaran la línea no había vuelta atrás. Miraron al resto y ellos asintieron para darle fuerza. El alcalde inspiró y se serenó.

—Esta es la aldea natal de Nami, la Gata Ladrona como es conocida ahora.

—¿Se refiere a la navegante de Mugiwara no Luffy? —La voz ya no sonaba aburrida, era mucho más cauta y amenazadora.

—Sí.

—¿Qué se supone que está haciendo al anunciar eso como si nada?

—Protestando. —La respuesta fue fría y mordaz—. Mi nombre es Genzo, soy alcalde de Villa Cocoyasi y representante de las Islas Conomi, hablo por todos a partir de ahora.

—¿Y qué es eso de lo que quiere hablar?

—¡¿Dónde está Nami?! —exigió—. ¡Más les vale no haber puesto un dedo encima de ella!

—¿Entiende lo que está haciendo? —preguntó el marine con voz rígida—. Los familiares y las islas de nacimiento de los piratas no son tomados en cuenta normalmente, pero Mugiwara no Luffy ha trasgredido cualquier norma y respeto, y su tripulación al seguir sus actores temerarios y estúpidos no será perdonada de ningún modo. ¡Al hablar por esa pirata está poniendo en juego más de lo que cree!

—Sé lo que estoy poniendo en juego, niño —espetó—. Simplemente ya no tengo nada que perder. ¿Crees que no sé a dónde hablo? ¿Qué no recuerdo al igual que el resto de las villas que ustedes pertenecen a la base de la marina que Arlong sobornaba? ¡Nuestras villas gritaban y ustedes se taparon los oídos y se llenaron los bolsillos con dinero! ¡Estuvimos años llorando y pidiendo esperanza, viviendo con temor a morir, dejando que una niña intentara ayudarnos! ¡Ese pirata que quieren ejecutar hizo lo que ustedes no tuvieron el valor ni la predisposición de hacer! ¡Derrotó a Arlong y nos liberó! ¡Y lo hizo por Nami!

Al otro lado se escuchó gritos de indignación, tras lo cual hubo un largo silencio sepulcral. Cuando el Denden Mushi volvió a funcionar otra persona tomó el relevo.

—No tiene idea de lo que está sucediendo ¿cierto? La ejecución pública de Mugiwara no Luffy es inevitable, pagará por sus crímenes y toda persona asociada a él morirá también, en especial su tripulación, tanto los que fueron capturados como los que no.

—¡No se atrevan a poner un dedo sobre Nami o su capitán!

—¡Su acto insensato puede acarrearle muchos problemas con el gobierno mundial!

—No necesitas preocuparte por nosotros, el gobierno no atiende la llamada pero pasale el mensaje de Conomi. ¡NO ESTAMOS DE ACUERDO CON ESA EJECUCIÓN! ¡REVOQUENLA!

Solo hubo una pausa de un segundo.

—Muy bien —murmuró el marine con voz fría—. Si ese es el mensaje que quieren dar al mundo… que así sea.

Y colgó.

Todos cerraron los ojos, estremeciéndose. La noche era cálida pero lo que acababan de hacer los inundó con una dosis de frialdad y realismo, sin embargo retroceder no era una opción. Nunca lo harían, incluso si morían, aunque no significaba que no tuviesen miedo.

Genzo empezó a dar órdenes.

—Que evacuen a los niños y ancianos. Los adultos ya sean hombres o mujeres pueden quedarse o irse, el resto que busque refugio en otras islas. ¡Ahora!

Nojiko asintió, antes de irse lo observó con tristeza.

—¿Crees… que Nami esté bien?

—No —respondió automáticamente, recordando la promesa que le arrancó al niño pirata. En el instante que fue anunciada la ejecución supo que la promesa se había roto, él podía oír el llanto de Nami en la distancia pero no podía culpar al muchacho—. Viva o muerta esto le debe haber destrozado el corazón… y alguien debe pagar por sus lágrimas.

Y también por hacer que el chico rompiera su palabra.

Pronto se sumieron en un caos mientras se organizaban, y la noche dio paso al día. No sabían cuál sería la respuesta del gobierno pero si estaban seguros de algo: responderían.

Mientras ellos esperaban y el segundo día transcurría, en Water Seven, la isla que había sido el escenario del incidente que terminó con la derrota de Monkey D. Luffy y el posterior nombramiento de Kurohige como Shichibukai, nadie podía recuperarse del shock. La indignación y el dolor que los habitantes sentían eran superior a cualquier cosa. El pirata que casi destruyó la isla, atacó a Iceburg, y se llevó al chico del sombrero de paja tras asesinar a una parte de la población en pos de conseguir su ambición, era premiado por el gobierno con un título oficial para perdonar todos sus delitos.

¿Qué estaba mal en el mundo?

La herida que aquella despiadada batalla había dejado en sus corazones no era nada ante la sensación de traición que las personas de Water Seven sentían. El alcalde había levantado la isla desde sus cimientos, influyendo coraje y fuerza les otorgó una razón para seguir, bajo su mando Water Seven había prosperado aunque muchos habían pensado que era una causa pérdida. Desconocían la mano del gobierno detrás del ataque del CP9 y los acontecimientos que llevaron a la batalla de Enies Lobby y la posterior caída del grupo asesino en manos de Mugiwara, pero sí conocían perfectamente lo que significaba el título de Shichibukai. En otras palabras al gobierno le importaba poco lo sucedido en Water Seven a pesar de que era una isla afiliada.

La arena que rodeaba las costas era carmesí, y los cuerpos que estaban enterrados bajo los miles de escombros pertenecían a padres, hijos y hermanos de los supervivientes. Y ellos no podían olvidar el clamor de los caídos ni la sangre que tiñó el mar durante horas, tampoco el hecho de que habían tenido que abandonar su hogar ayudados por los piratas cuyo capitán estaban a punto de ejecutar.

Water Seven ya ni siquiera era Water Seven, solo un montón de edificios destruidos, un cúmulo de tierra desnuda y profanada.

¿No era suficiente para que ellos lloraran?

Los periódicos habían caído sobre el agua que bordeaba las casas, en medio de la conmoción y las lágrimas, entre el aturdimiento y el duelo.

Y allí habían quedado un día entero porque ya no tenían las fuerzas para horrorizarse más, pero si para resentirse y sentir traición y humillación ante la injusticia a la que estaban siendo sometidos.

Iceburg abrió los ojos ese segundo día desde que fue anunciada la ejecución, abrió los ojos y lo único que sintió fue dolor. Completamente vendado y lleno de tubos había recibido la noticia de un amargado y magullado Paulie.

—¿Qué? —Su voz era tan débil que era casi inexistente.

—Será ejecutado en cinco días —repitió con la mirada en la nada. Estaba lleno de cortes, moretones y vendas, y con un brazo en cabestrillo. Le habían dicho que la única razón por la que sobrevivieron fue por el reno de los Mugiwara. Chopper había actuado lo suficientemente rápido para evitar que la exposición al poder de Kurohige los matara.

A diferencia de ellos que habían ido recobrando la conciencia con los días, el doctor de la tripulación mantenía pocas esperanzas. Su transformación monstruosa le había hecho mucho daño, pero no tanto como el psicológico. Chopper había perdido la conciencia con el horror fresco por la derrota y posible muerte de su capitán y su propia incapacidad de proteger al hombre que lo había aceptado tal cual era.

Paulie había observado el rostro sumido en dolor de cada uno de los Mugiwara con su propio corazón arruinado. Lo que él había sentido ante la traición de sus "amigos" palidecía en comparación a eso. Los que vieron lo sucedido hasta el final le contaron todo, y él había recordado el sentimiento que lo inundó cuando se enteró que Kalifa, Lucci, Blueno y Kaku eran agentes del gobierno y los responsables del ataque a Iceburg. Había querido tanto hacer justicia que ni siquiera le importó ir contra el gobierno, pero Mugiwara fue mucho más lejos al desafiarlos en su terreno, derrotando a sus asesinos de élite y llevándose a su prisionera en sus narices tras causar que Enies Lobby cayera. Salió victorioso, cumplió su palabra y le devolvió la vida a una mujer que creció creyendo que su existencia era un delito. Sin embargo cuando las cosas fueron al contrario no pudieron protegerlo ni impedir que se lo llevaran, y eso debía haberlos quebrado.

Podía entender porque no despertaban.

Él mismo quería cerrar los ojos y convencerse que todo era una pesadilla, que no se habían llevado a Mugiwara que hizo posible que él pudiese conseguir justicia, que era alguien digno de contemplar aunque fuese solo por un instante… pues había protegido a los habitantes y a la isla y por consecuencia había consumido su propia esperanza de victoria en el proceso.

Y, aun así…

—Water Seven… Water Sven… —murmuró el carpintero aguantando las lágrimas de dolor y rabia—… está en ruinas… se está hundiendo en el mar…

—No —susurró Iceburg, cerrando los ojos. Podía ver a su maestro haciendo los planos del Umi Ressha para salvar a la isla y darle prosperidad. Había muerto a pesar de lograr esa hazaña, y él soportó en silencio, se rebajó a trabajar para el gobierno mundial con el fin de terminar aquella noble tarea y proteger a los que vivían allí.

—¡Lo siento, Iceburg-san! —gimió Paulie, jalando su cabello con su mano buena—. ¡Lo siento! ¡No pudimos hacer nada! ¡No pudimos proteger la isla ni a Mugiwara!

—Ese pirata…

—El gobierno lo convirtió en Shichibukai tras ofrecer a Mugiwara —contó el hombre riendo de forma sarcástica—. ¡Ha destruido nuestro hogar pero al gobierno le importa una mierda! ¡Cientos de personas han muertos pero ni siquiera perdieron el sueño, maldición!

—¿Los otros? —Cada palabra costaba, aunque quería derrumbarse no podía, no tenía el derecho. Tenía que centrarse.

—¿Los Mugiwara? —Paulie sacudió la cabeza y rechinó los dientes—. Me desperté después de que se fueran los marines… solo sé lo que me contaron. La chica desvergonzada enloqueció, se tiró al mar e intentó ir a nado junto al del nariz larga. No llegaron muy lejos por su condición, las heridas y el shock fue demasiado así que han estado inconscientes y con fiebre alta, siguen sin reaccionar y no saben nada. El estado del mapache aún es incierto —se frotó el rostro mientras daba los detalles, evitando hablar sobre la tormenta de rayos que terminó de destruir la isla—. Nico Roin no dijo ni hizo nada, ni siquiera durmió, cuando recibió la noticia… solo se desplomó.

Si oírlo era insoportable, Iceburg no quería pensar en lo que habían sentido, le estaba rompiendo el corazón. Nico Robin había apostado su vida y la del mundo entero para salvar a su preciosa tripulación, sin embargo su capitán iba a morir lejos de ella en un espectáculo morboso, y sus nakamas estaban sumidos en la locura y la desesperación.

—¿Franky?

—Gritó un buen rato, maldijo y golpeó a todo el que se acercó, pero cuando la noticia llegó… —Paulie hizo una pausa y suspiró sombríamente—. Se puso a construir algo, hasta ahora no sé si es un barco o una monstruosidad. Es lo más raro que he visto.

—¿Una monstruosidad? —repitió Iceburg lentamente, pensando de pronto en los planos de Plutón. Él mismo los había estudiado por años y sabía que Franky seguro hizo lo mismo, no tendrían todo el conocimiento pero había cosas que olvidarían jamás. Era imposible que un solo hombre construyera esa horrorosa arma en una cantidad de tiempo limitado sin planos y sin los materiales necesarios, pero eso no significaba que no había modo de adaptar su inmenso poder a algo más pequeño e igualmente espantoso. Si era lo que creía, Franky había perdido el juicio.

Y él no podía culparlo.

Intentó levantarse aunque cada movimiento le costó toda la fuerza que su cuerpo había reunido para despertar nuevamente. Quedó pálido y agitado, y Paulie se movió a su alrededor, inquieto.

—¿Pooply y Tilestone? —preguntó en un susurro, sintiendo su garganta seca.

—Construyendo una tumba para los que murieron, a pesar de estar heridos no han querido descansar —respondió con una mezcla de orgullo y desánimo—. Temíamos que usted…

—Estoy aquí —aseguró Iceburg, a pesar de las heridas, de la palidez y el dolor había firmeza en él—. No voy a morir.

Paulie asintió con fuerza, las palabras quitándole un gran peso de encima. Iceburg era su maestro, la persona que más respetaba y admiraba y no habría podido vivir con el conocimiento de haberlo dejado morir.

—El gobierno necesitará más que un montón de asesinos y un pirata para acabar con el héroe de Water Seven —concluyó, sonriendo por primera vez desde que había pasado la tragedia, una sonrisa amarga pero una sonrisa.

—¿Dónde…? —preguntó, mirando el lugar donde había despertado.

—Los carpinteros de la Galley-La construimos en lo que pudimos algunas casas de refugio… la marina dejó algunos de sus doctores y equipos aquí —murmuró de mala gana.

—¿La marina? —repitió, recordando que el héroe de la marina, Garp, había llegado poco después de la caída de Enies Lobby. Se había marcado sin hacer mucho alboroto sin que nadie comprendiese la razón—. ¿Ese marine volvió?

—Sí, fue ese héroe marine —asintió el carpintero, resoplando—. Al parecer es el abuelo de Mugiwara.

—¿Qué?

—Lo sé, es extraño —cabeceó—. Recibió la noticia y se fue con las mismas. Por lo que sé ni intentó arrestar a los Mugiwara o se preocupó porque sus doctores atenderían a piratas.

Aunque atender no era exactamente la palabra clave, dos doctores marines no eran suficientes para los supervivientes de Water Seven, especialmente porque la mayoría guardaba resentimiento por cualquier cosa o persona que estuviese involucrado con el gobierno mundial. Algunos no habían querido moverse de sus sitios, tirados en la intemperie llorando por su hogar destruido y sus familiares muertos. Además, era difícil esperar que la isla soportara un nuevo Aqua Laguna, y ese pensamiento se hundía en sus mentes, convirtiéndose en rabia y agonía. Paulie no había echado a los doctores a patadas solo porque la vida de Iceburg dependía de ellos, tampoco se permitió nadar en auto-compasión, lo único que hizo fue levantarse con el brazo roto y ladrar órdenes a sus hombres para que se pusieran en pie y ayudaran a los heridos.

Había enterrado cualquier tipo de emocion hasta el instante en que vio a Iceburg despertar.

El alcalde notó el sufrimiento y dolor de su discípulo y suspiró de forma vacía.

—Ayúdame, quiero ver… quiero ver la isla.

—No sé si sea lo mejor.

—Ya no hay nada que perder —sentenció fríamente, haciendo muecas de dolor. La última visión de su maestro regresó a él, encadenado, ensangrentado pero orgullo, el gobierno lo condenó por haber construido un barco, la peor injusticia que existía en el mundo.

Decidió que aguantaría, que sobreviviría y levantaría esa isla que su maestro amó tanto. Decidió cerrar los ojos y trabajar para el gobierno que asesinó a la persona que más le había importado. Decidió tantas cosas…

—Vamos, Paulie —ordenó.

Debió notar su resolución porque asintió y lo ayudó a quitarse los tubos que tenía en los brazos, y luego a caminar lentamente, paso a paso, hasta que salieron de la pequeña e improvisada tienda.

La visión que lo recibió fue desalentadora: un ocaso de sangre y ruinas.

Paulie no había exagerado cuando mencionó que la isla se hundía, el orgullo y la hermosura de Water Seven habían desaparecido, tragadas entre la oscuridad y el fragor de la batalla despiadada. No quedaba nada en pie, solo concreto, solo pedazos de casas y cimientos… apenas un recuerdo… tal fue el daño a una isla que ya de por sí se hundía año con año que toda pequeña esperanza se desvaneció.

—Ya sabe… probablemente ni siquiera tendríamos esto de no ser por Mugiwara. —La voz de Paulie era ronca—. Dijeron que tomó muchos de los ataques y afirmó que no dejaría que la isla se hundiera… y su tripulación evacuó a una parte de la población. ¿Quién pensaría que los piratas podrían ser tan extraños? ¿Quién? —Ya no pudo decir más, tembló y se calló.

El rostro de Iceburg estaba fruncido de incredulidad, completamente destrozado ante el panorama.

"¡Iceburg, Franky, a partir de este momento que ninguna palabra salga de sus bocas!"

Y fue entonces que él dejó desatarse su dolor, importancia y rabia. Apoyado en su capataz lloró todo lo que no había llorado desde que dejó que Tom-san los salvara a costa de su vida. Lloró de pura agonía durante un largo momento, casi reviviendo ese horrible día en que tuvo que dejar ir a su maestro a una sentencia de muerte segura, a un lugar tan terrible que el infierno palidecía en comparación.

"¡No voy a creerlo! ¡Robin no haría eso!"

"¡Mi sueño es que los seis piratas del sombrero de paja, excluyéndome, puedan abandonar esta isla a salvo!"

"¡¿Y no te importa que tengas que resucitar las armas y el mundo sea destruido?!"

"NO ME IMPORTA"

—Comuníquenme con el gobierno —murmuró, superado por los sentimientos y la injusticia—. ¡QUIERO HABLAR CON ELLOS AHORA MISMO!

Nadie nunca lo había visto tan determinado ni tan iracundo, y nadie nunca volvería a verlo así. Icerburg había cerrado los ojos por el bien de su maestro y la isla pero ya no había nada que salvar, la isla estaba destruida, la isla se hundiría, y para el gobierno mundial aquello era solo un sacrificio más para su propio bienestar, para consolidar su poder a través de la ejecución del pirata que se atrevió a desafiarlos sin temor alguno.

Y simplemente ya no podía tolerarlo.

Tom-san, Water Seven y Mugiwara…

El gobierno escucharía todo lo que había ocultado por años. Lo escucharía.

De hecho, el gobierno escucharía muchas cosas en esos días.

Escucharía que el reino de Arabasta y el reino de Sakura se habían comunicado después de que Nerfertari Vivi solicitara la audiencia.

Y en el East Blue, en un pequeño, perdido y desconocido archipiélago llamado Conomi, los habitantes habían clamado que no aceptaban esa ejecución de ningún modo posible y habían comenzado un levantamiento. A dicha ridiculez se habían unido inesperadamente muchos individuos sin nombre, entre los cuales estaban el alcalde del archipiélago Organ.

Tras su segundo encuentro con Shirohige, Akagami había desatado su ira sobre el Nuevo Mundo de forma tan repentina que nadie comprendía la razón. Luego… había cambiado su curso hacia Marineford.

Lo peor siguió después, cuando llegaron las noticias a Mariojea sobre Puño de Fuego Ace. Había aparecido en el G-1 en un botecito vociferando el secreto que tan celosamente había guardado: su nombre real era Gol D. Ace, el hijo del rey pirata. Y su poder y linaje había sido claro en su declaración y su haki que había rasgado el aire de forma tan monstruosa que levantó el mismo mar a su alrededor, astilló la madera, estremeció las piedras y puso a todos los marines de rodillas ante su fuerza. Él era el hijo de un rey, el comandante de un Yonkou, un ex capitán, un enemigo colosal que sería imparable como su padre… pero ante todo un hermano mayor, y había afirmado que entregaría su vida a la marina si revocaban la ejecución.

Pero ningún marine pudo poner sus manos sobre él, antes de intentarlo el G-1 había sido reducido a nada por un hombre que cayó del cielo sobre el centro de la fortaleza rodeado de cuervos, y solo con sus manos hizo añicos el lugar entero. Un hombre cuya identidad o existencia nadie había podido constatar aún, tan misterioso como sigiloso: el sucesor de Dragón, su discípulo, el segundo al mando de todo el Ejército Revolucionario.

Esa fue la respuesta que Dragón había enviado, la respuesta que quisieron y al mismo tiempo jamás buscaron. La misma que Ace dio sin desearlo cuando puso su vida en juego lanzando la ira de Shirohige sobre ellos. Una respuesta tan abrupta como el desconcertante lazo que unía a Mugiwara con Akagami, y también con los reinos de Arabasta y Sakura pues Nefertari Vivi había gritado horrorizada un ultimátum al comprender la verdadera razón por la que Luffy sería ejecutado. Esa fue la respuesta que lograron al menospreciar a dos archipiélagos del mar más débil, al simplemente ignorar a Water Seven…

Siete personas la habían gritado en diferentes lugares, en diferentes espacios de tiempo:

¡LA EJECUCIÓN DE MUGIWARA NO LUFFY SIGNIFICABA LA GUERRA!

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El nivel seis era el lugar más normal y tranquilo de todo Impel Down a pesar de que resguardaba a los criminales más terribles de la historia, aunque la normalidad dentro de ese lugar podía ser cuestionada. Smoker dio una mirada desinteresada al sitio mientras era escoltado por un guardia.

Era la primera vez que estaba allí y después de haber tenido vistazos rápidos de los otros niveles había esperado que ese sitio superase en horror y crueldad al resto. Sin embargo el mutismo, el aislamiento y la locura se respiraban en esas celdas donde el sol no llegaba era tan notoria que él pensó que quizá sí que merecía ser el infierno eterno. Estar en ese lugar encerrados y destinados a morir sin moverse más debía ser una condena terrible para todos esos criminales acostumbrados a hacer cuanto les diese la gana.

—El Vice-Almirante Garp dejó en claro que su visita está permitida pero debe tener cuidado. —Le dijo el carcelero—. Mugiwara no Luffy es después de todo una pieza importante para el gobierno.

Smoker hizo una mueca y mordió sus habanos con una frustración que incluso le molestaba a él.

—Lo sé —contestó, antes de seguir por si solo buscando con sus ojos sagaces una figura en concreto.

No sabía bien que quería ni que esperaba haciendo eso, se sentía irritado, solo sabía que debía ver a Mugiwara.

—¿De visita? —Miró en dirección a la voz burlona que había salido de una de las celdas cercanas.

—Crocodile —dijo, frunciendo el ceño al reconocerlo. En las sombras apenas podía distinguirlo pero recordaba muy bien la voz del hombre que había causado su promoción falsa.

—¡Oh, pero si es humitos!

Smoker miró de reojo al instante hacia otra celda olvidando al ex Shichibukai.

En un estado completamente deplorable, lleno de hematomas y cortes, sucio, ensangrentado y más pálido de lo que lo había visto nunca, se encontraba Mugiwara no Luffy recostado contra la pared y con los brazos alzados sobre su cabeza. Cadenas de kaoiroseki le rodeaban las muñecas magulladas, más de lo mismo le había tocado en los tobillos desde donde unos grilletes se unían a unas gruesas cadenas que le impedían todo movimiento.

—Mugiwara —dijo con apatía.

Y a pesar de toda la situación, de su derrota, captura y su inminente muerte, Luffy solo sonrió ancha y alegremente, totalmente despreocupado, sin saber todo lo que había causado.

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De todo lo que escribí antes de abandonar el fic, este fue el penúltimo capítulo, sin embargo el siguiente tendrá que ser mucho más arreglado que los otros y luego tendré que seguir escribiendo el resto. Intenté no demorar mucho entre un capítulo y otro, salvo el anterior que si demoró, pero a partir de aquí si ya no sé cuándo actualizaré. De todas formas, espero disfruten este capítulo, me emocionó cuando lo escribí.

*llamada inter-islandica. El término lo leí por primera vez en la saga de fics de Kaoru likes one piece que trata sobre Nami, Luffy y Edd. No sé si existe realmente pero me encantó y le doy el reconocimiento y mérito porque la verdad me permitió darle un nombre a la forma de comunicarse entre islas.

No respondí los reviews por MP esta vez, así que:

Tinteii: Gracias por las palabras! Espero que este capítulo también te guste.

Abril Elena: Gracias por el review. Me alegra saber que causé emociones distintas en mis lectores con el fic :3. Espero también disfrutes este capítulo.

Sara Dragonil: Hola otra vez :D. Gracias por el review. Comparto tu desagrado por Teach, aunque igual tengo un poco de debilidad por él debido a lo interesante que es XD, aunque de que quiero que caiga no hay duda alguna. Bueno, estoy más activa en Facebook, creo que lo notaste XD, tengo wattpad pero no lo uso mucho aunque también estoy subiendo la historia allí, twitter e instagram no los usó para nada pero… lo estoy intentando. Espero disfrutes este capítulo.

rynu95: Gracias por las palabras. Solo puedo asegurarte una cosa, hice este fic porque quería ver a Luffy, Ace y Sabo juntos otra vez, y esa es la única certeza en lo que queda de capítulos. Espero puedas seguir la historia hasta su final.

Si desean pueden dejar un comentario.

Eso es todo.