Antes que nada NO PERMITO LA ADAPTACIÓN DE NINGUNO DE MIS FIC´S ASÍ COMO SEAN SUBIDOS EN OTRAS PAGINAS ETC... ETC. PARA ELLO PRIMERO CONSÚLTENLO CONMIGO!

ACLARACIONES: Kishimoto-sama es el dueño de Naruto y sus personajes. Yo solo hice con mi "grata imaginación" xDD la historia usando los personajes.

las letras en cursiva son hechos del pasado, no son flash back.

ADVERTENCIAS: escenas 18+, lenguaje obsceno, violencia.

¡Gracias por leer!


~CONDENA~

Un pequeño sollozo por parte de la Haruno le hizo reaccionar, poco a poco se levantó de su lugar, haciendo que la chica se incorporara, en silencio, ¿Qué estaba mal con él?, si bien era cierto que no era una niña, que era hermosa y que todos fueron conscientes de ese hecho, pero, ¿desearla de esa manera? No debía meterse con ella, podría deshacerse del bulto en sus pantalones con algo más, con alguna distracción, una mujer del trabajo, una cita desconocida, ¡POR DIOS! ¡Era Sasuke Uchiha! Las mujeres jamás le faltaban, siempre tenían la suerte de que llegaran a él, ¿entonces por qué no pensó en ese hecho antes de que un sucio pensamiento le pasara por su mente en cuanto le vio? Maldijo a lo bajo por sus instintos carnales, culpo el hecho de no haber tenido sexo en un tiempo considerable, lo que hizo darse cuenta de la tensión sexual que estaba emergiendo entre ambos.

—He hablado con el director de tu escuela —espeto cuando estuvo lo suficientemente tranquilo como para decir algo coherente. — serás transferida de inmediato a la preparatoria privada Konoha.

— ¿Disculpa? —susurro la pelirrosa, sentada lo más lejos del azabache que le era posible.

—Sakura, te guste o no, estas aquí ahora, eres la heredera de Ino y…

—tienes razón en eso de que no me gusta estar aquí, solo vine para ver como acabo la precoz de mi madre —frunció el entrejo con fuerza—, ¿Qué te hace creer que puedes tienes el derecho llamar como si nada a mi escuela y decir que me quedare en Tokio?

—no es algo que puedas negociar, Sakura.

— ¡por supuesto que puedo! —dijo con determinación y fuerza, extrañando al Uchiha su comportamiento, según podía recordar, la Sakura de antes era demasiado complaciente con los demás, siempre obedecía y no se quejaba de ello, tal vez su estancia en Inglaterra la había cambiado demasiado. — soy lo suficientemente grande como para saber que es bueno y malo para mí, no necesito de una niñera o de alguien como tú para tomar decisiones que respecten a mi persona. —desvió su mirada hacia el conductor, un plateado que rondaba en sus buenos cuarenta observaba la situación divertido, no recordaba a nadie que le hubiera hablado de esa manera tan petulante como lo había hecho la Haruno, lo cual lo saco de sus casillas.

— tienes razón para estar enojada, pero las cosas son así, legalmente soy tu tutor, te guste o no, estas bajo mi cuidado, así que permanecerás a mi lado, hasta que se te considere mayor de edad, dices no ser una cría bien… deja de lado tu berrinche y enfrenta tu realidad, porque este asunto está cerrado.

—No es un berrinche —susurro apenas audible para el moreno. — ¿Qué te hace creer que quiero estar alado del hombre que me arruino mi vida? —no respondió. Se giró la pelirrosa, dándole la espalda, bajando el rostro, repegando su cabeza parcialmente contra el vidrio de la ventana sumergiéndose en un profundo silencio que exponía todo su sentir a ambos hombres dentro del auto.


Llegaron a una gran mansión de colores pardos, y una gran fuente enfrente de la entrada, grandes árboles se cernían al costado del camino al igual que un pequeño parque infantil, llamo la atención de la recién llegada, haciendo que frunciera el entrejo con dolor, reconoció los cerezos que había sembrado su madre, según ella los había mandado como recordatorio de su nacimiento, estaba el jardín de rosas que había compartido con esta e incluso, parecía seguir las rosas que ella había plantado días antes de su partida. Pararon frente a su 'hogar', abriéndole la puerta el hombre de cabellos plateados que le regalo una cordial sonrisa tratando de hacerle olvidar la amarga conversación que había tenido con Sasuke. Bajando del auto una pequeña maleta de colores verdosos.

Fueron recibidos por una joven mujer, quien en cuanto les vio hizo una profunda reverencia a ambos. No debía pasar de los treinta pensó la pelirrosa, haciendo una mueca al ver como observaba al moreno, aunque claro, no era la primera vez que pasaba eso, según recordaba, las pocas veces que estuvo con Sasuke cuando su madre vivía, ibas por ella a su escuela, llamando la atención de las mujeres que había a su alrededor, ¿Por qué se sorprendía de que aun tuviera ese efecto? Era joven y guapo…sacudió sus cabellos ligeramente, 'no vayas por ahí' pensó deliberamente, todo lo que había a su alrededor era algo del pasado. Avanzo detrás de él mientras el plateado cargaba su maleta, llegando hasta la sala, el interior era de un color arena, —bastante apagado de aquel verde jade que había en su lugar hace algunos años—, siguió inspeccionando el lugar con su mirada, habían cambiado los muebles de madera por unos de cuero, algunos cuadros de su madre y de ella habían sido reemplazados por del Uchiha y de su madre. No había rastro de alguno de ella o de su padre —una vieja pintura que había hecho Ino para ella—, suspiro de mala gana. Por alguna razón esperaba encontrar algo que le recordara los buenos días que paso en ese lugar. Hasta el momento, seguía sintiéndose incomoda, como si no perteneciera allí.

—señor Uchiha, disculpe, pero… ¿Quién es esta señorita? —la voz de la mucama hizo que Sakura girara a verla despertando de su sueño y que frunciera el entrejo ante el tono de voz que había usado, insinuando algo más.

—Su nombre es… —se quedó a la mitad de la frase que iba a emitir cuando se fijó mejor en Kakashi, cargando la modesta maleta de la chica— ¿Dónde está tu equipaje?

— ¿eres ciego acaso? —respondió con sigilo.

—no estoy jugando Sakura, ¿Dónde está tu demás equipaje?

—pues señor Uchiha —imito la chillona voz de la mucama haciendo que esta hiciera una mueca de desprecio hacia la joven Haruno. — ya que no era consciente de que sería forzada a vivir en esta casa otra vez, solo traje ropa para una semana… lo demás se quedó en mi departamento en Inglaterra.

— ¿apartamento? —inquirió curioso. — ¿desde cuando tienes un apartamento? No recuerdo que tu madre lo haya autorizado. —dijo al mismo tiempo en que perdía el color la mujer uniformada a un costado suyo, trayendo a la pelirrosa una exquisita satisfacción, ya se encargaría de esa mujer, nadie la veía con desprecio sin saber las consecuencias que podría traer aquello.

—tal vez ella no te lo comento porque estaban demasiado ocupados teniendo sexo como para estar al pendiente de mis necesidades —respondió haciendo que el plateado se debatiera en una mueca por intentar no reírse de lo expuesto por la chica—, ese departamento lo compre de mi dinero, no del que me daba mi madre cada vez que recordaba que tenía una hija, fue de la herencia que me dejo.

—Kakashi, dale la maleta de la señorita Haruno a Matsuri, por favor, colócala en la alcoba que ha sido redecorada. —asintieron ambos empleados haciendo su cometido dejando a ambos solos. — escucha, sé que no te hace ninguna gracia el que vivas bajo mi mismo techo, te aseguro que…

—Sasuke, no me asegures nada —lo interrumpió llevándose las manos a sus caderas—, porque si vamos a hablar de ello, te puedo garantizar que no me agrada nada el que creas que tengas derecho sobre mí, y que puedes disponerme como si fuera una muñeca o algo por el estilo, es cierto que mi madre murió, y que ustedes dos tuvieron su historia, pero eso es algo que no me incumbe… no me interesa saber de ustedes, no me interesa saber de su boda, si tuvieron hijos, si compraron un perro, o de…

—No me case con tu madre… —esta vez interrumpió el Uchiha llamando la atención de la pelirrosa.

— ¿Qué? —pregunto confusa.

—no nos casamos, tu madre prefirió que siguiéramos llevando una vida juntos sin ataduras, una unión libre, supongo que en parte fue agradable la idea sino fuera porque ella estuvo con… bueno ese no es el caso.

— ¿a qué te refieres con ello?

—Sakura, no me case con tu madre.

—Pero… ella me dijo que… olvídalo —negó con la cabeza alejándose de Sasuke, sintiendo como sus mejillas quemaban.

—escucha, yo tampoco sé que pretendía Ino, cuando falleció su abogado me hizo saber que había dejado todo su dinero a ti y que como una condición para que pudieras obtenerlo, era que regresaras a Japón y que fuera tu tutor legal hasta que cumplieras la mayoría de edad.

— ¿Qué pasa si no quiero aceptar el dinero? —murmuro abrazándose a sí misma.

—tu dime, el dinero es tuyo no es mío. En lo que a mi concierne, solo estoy haciendo esto como… —permaneció callado buscando las palabras adecuadas para poder continuar.

—Dilo como es Sasuke —saco de sus pensamientos su voz esta vez un poco rota—, lo haces como un maldito favor después de años de follarte a mi madre.

—no hables de esa manera.

— ¿Qué es entonces? Porque no le veo caso el que este aquí, bien pudiste haber dicho que te harías cargo de mi pero que no era necesaria mi estadía en Japón ya que puedes proveerme de mis necesidades estando en Inglaterra tal y cual lo hizo mi madre.

—el caso es que estas aquí.

—Muy a mi pesar, y también del tuyo —objeto sin una expresión determinada llamando su atención, la pelirrosa se acercó a él. Observando sus facciones, sus ojos, esos ojos que ella… —, si no es mucha molestia, me gustaría poder ir a mi alcoba quiero descansar. —asintió el moreno, haciéndole una señal que le siguieran, subieron por las escaleras que había en la entrada del recibidor, llegando al segundo piso, atravesando un largo pasillo, había pequeños marcos de fotografías de ella en la pared, la mayoría con su madre y uno que otro sola jugando en el jardín, lo cual era raro que hubiera esas fotos de ella, según podía recordar después de la llegada del Uchiha a la vida de ambas, se habían acabado las fotografías, los paseos, los momentos juntas. Tenía curiosidad de saber quién las había tomado, tal vez la nana que había contratado Ino para atenderla y como recuerdo de que ella había vivido en ese lugar se las cedió a su madre, aunque claro, eso sería demasiado bueno como para ser verdad. Pasaron frente una gran ventana que daba a la parte trasera de la casa, mirando un hermoso roble a través de esta, haciendo que su entrejo se arrugara con fuerza. Levanto la vista reconociendo el lugar a su alrededor, había sido ese mismo lugar en donde su madre le había comunicado que se iría de su vida. Trago grueso tratando de dejar de lado el nudo en su garganta, siguiendo avanzando por pura inercia, acomodándose su cabello detrás de su oreja. Llegaron hasta una puerta blanca del ala este de su 'casa', miro confundida al azabache. Aquella habitación no era suya.

—esta no es mi habitación. La mía quedaba más lejos de la habitación de mi madre —murmuro mirando cuatro puertas más adelante la alcoba que había estado compartiendo Sasuke con Ino durante años.

—soy consciente de ello, pero en estos momentos están redecorando el ala oeste de la casa, no creí que tu…

—No es por ello —dijo con las mejillas sonrojadas entendiendo el dilema.

—No he dormido con tu madre en dos años —soltó de repente, llamando la atención de la chica. —Sakura, lo que paso con tu madre, fue…

—no necesitas darme explicaciones Sasuke, tu relación con mi madre está fuera de mis limites —dijo evitando su mirada, sintiendo como le escudriñaba con su fuerte mirada, por alguna razón se acercó a esta lentamente, colocando sus manos sobre sus desnudos hombre, tocándolos apenas, rozándolos con las yemas de sus dedos y como una invisible corriente eléctrica los destrozaba a ambos de pies a cabeza, solo eso hizo que volteara a mirarlo.

¿Cuándo había sido la última vez que había visto con detenimiento a una mujer? ¿Hace seis años? ¿Cuándo conoció a Ino? ¿Exactamente que había visto en ella? Simplemente no podía recordarlo, siempre que estaba con Ino había algo de por medio, algo que apenas podía llenarle, si bien era cierto que siempre habían satisfecho sus necesidades carnales no le había hecho sentirse perdido con solo mirar sus ojos azules como lo estaba haciendo con aquellos ojos jades tan profundamente heridos. Había algo en esa mirada que le estaba incitando a querer más. A tocarla plenamente. Esa pequeña atracción surgió cuando la conoció por primera vez, pero aquella ocasión había sido apenas una niña, una pequeña niña que buscaba su protección, ya que lo veía como un padre, como alguien que podría estar ahí para ella, muy al contrario de él que…

—Señor Uchiha… —se separaron inmediatamente al escuchar la voz de un tercero, el plateado, observo a ambos en silencio, encontrando curiosa la escena, desde luego prefirió callar un momento y dedicarse a reír en silencio de la mirada que le dedicaba el moreno. — los papeles que ordeno están en su despacho.

—está bien, Sakura, debo atender este asunto es algo urgente, en cuanto a tu alcoba deberás permanecer en esta hasta que la otra este lista, entonces podrás irte a ella si aún quieres, mi alcoba es la de alado. —la pelirrosa asintió aun tratando de asimilar lo que recién había pasado. — mañana iremos a comprarte algo de ropa y lo que te haga necesario, pondré a Matsuri a tu disposición en caso de que quieras algo. —dicho esto dejo a la chica sola en el pasillo seguido del hombre que le regalo una pequeña sonrisa.


Sin más que pudiera hacer entro a la alcoba, era amplia de colores verdosos, con tonos cafés, había una amplia cama con delicados bordes de madera hechos a manos lo cual hizo que sonriera apenas, recordaba Uchiha que ella amaba los muebles de madera, casi todo el lugar tenía un aspecto rustico sencillo, pero que guarda cierta elegancia por donde viera, había una especie de sala de estar, una mesita de fina madera de roble, unas rosas blancas, rojas y amarillas recién cortadas en un muebles en uno de sus jarrones favorito —por lo menos había algo que le traía buenos recuerdos, un regalo de su madre cuando regreso de 'un viaje de negocios' de Brasil— se acercó a la primera puerta que llamo su atención, era un closet, tan amplio como su nueva alcoba, salió de este abriendo la segunda puerta, un baño con azulejos y un amplio espejo de cuerpo completo, fácilmente podría verse desnuda mientras se bañaba lo que provoco un ligero rubor de su parte, no es que le diera vergüenza verse a sí misma, de hecho ella había perdido ese tipo de vergüenza desde hacía mucho tiempo, solo que unas imágenes nada inocentes rodaron en su mente.

—espero que sea de su agrado señorita Haruno —escucho a sus espaldas, volteándose, encontrándose con la mujer de cabellos marrones que había visto con deseo a Sasuke.

—No es la gran cosa —mintió— tengo mejores cosas en mi departamento en Inglaterra —dijo pasando de largo de ella.

—señorita, el señor Uchiha me ha pedido que…

—escucha atentamente porque no lo diré dos veces —dijo encarándola, mirándola directamente a los ojos de la misma manera en que se había encontrado con esa mujer por primera vez—, no me importa que tan enamorada estés de Sasuke o que me mires con desprecio, o pienses que soy su amante, la única persona que aquí sale sobrando es Uchiha, la única dueña de esta casa, soy yo, porque soy la hija de Yamanaka Ino, así que puedes hacer que mi estadía aquí sea placentera o puedo hacer que Sasuke te encuentre otro trabajo —la castaña se quedó observando en silencio a la pelirrosa, inspeccionándola de pies a cabeza.

—eres diferente de la señora Yamanaka, de hecho la verdad es que pensé que serías la amante del señor Uchiha, pero me sorprende que digas que eres hija de esa mujer, porque no te pareces en nada. —no respondió, sabia eso de antemano, muchas personas se encargaron de decirlo en cada oportunidad que tenían— esa mujer era despreciable, una vil perra si me lo preguntas —frunció el entrejo—, no me importa que parentesco tengas con el señor Uchiha o si llegas a tenerle algún sentimiento, él necesita satisfacer sus necesidades, tú eres una niña por donde quiera que lo mires, así que… mejor déjame el camino libre, el señor Uchiha y yo hacemos esto lo necesario para…

— ¿Qué quieres decir con lo necesario?

—a que mientras tu madre follaba con alguien diez años menor que ella, yo lo hacía con el señor Uchiha. —Contesto a su cuestión con una sonrisa triunfal —, aquí la única que sale sobrando eres tu señorita Haruno —sonrió burlona ante su ultimo comentario.

—querida, si fuera cierto eso ¿Por qué Sasuke no te hizo la señora de esta casa en cuanto mi madre murió? O ¿Por qué él tendría que poner a su amante a atenderme? —Se fue alejando poco a poco de ella, avanzando hasta la salida donde abrió la puerta, adoptando una actitud egocéntrica—, ¿sabes por qué? Porque no significas absolutamente nada, si follaste con él, pues he de suponer que fue malo, porque sé identificar cuando un hombre pierde la cabeza por una mujer, y querida… mi querido padrastro no te veía de esa manera —dibujo una cruel sonrisa ante lo recién dicho provocando que esta apretara las manos sintiéndose como una completa idiota, tragándose sus palabras que quedaban atoradas en su garganta— retírate no te quiero volver a ver dentro de mi habitación —asintió de mala gana pasando por su lado mirándola a hurtadillas— y Matsuri…

— ¿si señorita? —se volvió a verla.

—yo que tu buscaba un nuevo empleo y empezaba a empacar mis cosas, estarás a prueba una semana, sino me logras convencer de que te quedes puedes estar segura de que no le diré a Sasuke de tus pequeñas ilusiones amorosas ¿queda claro?

—si señorita. —dicho esto desapareció por el pasillo sin mirar atrás. Cerró la puerta poco a poco. Dejo recargar su peso sobre esta deslizándose lentamente sobre la fría madera. ¿En que se había metido? O más bien, ¿En que la habían metido? Hacía mucho tiempo que no estaba en Japón, hacía mucho tiempo que había olvidado a las amistades que había hecho allí, seguramente ellos también la habían dejado en el olvido. Su madre, la villana de su historia, se había encargado personalmente que no tuviera ningún contacto con ellos en su estadía en Inglaterra, sintiéndose cruelmente perdida en más de una ocasión, aunque claro, no es como si quisiera verlos de todas maneras, no quería ser causa de lastima, haber quedado huérfana desde pequeña, ser abandona a su propia suerte, rechazada por la persona que había amado más que a nadie. Se abrazó a sí misma en la obscuridad, giro su cuerpo para mirar la fría habitación, había sido decorada especialmente para ella. Algo lindo, pero no necesario, ella quería por lo menos dormir en la cama donde hasta los diez años pudo disfrutar, esperaba ver caras conocidos en la mansión como Chiyo, su nana que había muerto tres años atrás o por lo menos eso le había hecho llegar a saber su hija. Se levantó de su lugar caminando rumbo al balcón, abriendo la delicada puerta de cristal, sintiendo inmediatamente el aire frio contra su cuerpo. Saco de su blusa una delgada y pequeña medalla, una flor de cerezo de oro rosado, delicadas piezas de jade simulaban las hojas mientras que finos ópalos se encontraban en el centro. Sonrió levemente apretándolo contra sí misma.

— ¿Por qué tenías que dejarme? —pregunto a un ser invisible, sintiendo como algo caliente y húmedo resbalaba de su mejilla. —debiste quedarte conmigo, debiste ser una mejor persona, debiste… debiste estar solo conmigo —murmuro mirando como caía el sol en el horizonte, rompiéndose por segunda vez el mundo que conocía.


— ¿Qué pudiste descubrir Kakashi?

—bueno, al parecer la señorita Sakura fue ingresada hace siete años en el internado, Sant Petite Ange, es como si fuera un reformatorio para niños ricos y mimados, allí llevaba excelentes calificaciones, buenos amigos.

—esto dice que tenía vacaciones a menudo —dijo haciendo referencia al expediente que tenía en sus manos.

—si así es, la señorita tenía oportunidad de salir de vacaciones solo que la señora Yamanaka le tenía prohibido venir a pasarla con ustedes, no solo eso, hizo que se nacionalizara inglesa para poder hacer su estancia permanente y no tuviera problemas de vivir allá, como resultado casi siempre pasaba los días festivos sola o en compañía de sus amigos o de algún novio.

— ¿novio? —pregunto entrecerrando sus ojos, tratando de contenerse ante esa pequeña declaración lo que causo diversión en el plateado, por lo general cuando se trataba de Ino no le daba tanta importancia como debió de haberlo hecho en su momento, pero con esa chiquilla, había algo allí, lo sabía, solo esperaría a que su buen amigo Uchiha tomara el tiempo necesario para que se lo dijera, siempre era así cuando se trataba del moreno.

—… —suspiro pesadamente—, si Sasuke, la señorita Sakura tuvo unas parejas en su estancia en Inglaterra, está dentro del reporte que te he traído, la mayoría son de su edad.

— ¿la mayoría?

—tuvo una relación de con un hombre cuatro años mayor, bueno, eso es lo que mis fuentes afirman aunque en sí parece una relación fraternal, entre hermanos, el joven fue asignado como su tutor en el internado, tuvo que lidiar muchas veces con ella fuera de la institución, hasta donde se sabe se iba con él casi todas las vacaciones de ese año, cuando se graduó se perdieron la pista por órdenes de la señora Ino que se enteró de su amistad en una de las contadas veces que fue a visitar a la señorita, al parecer estaba demasiada preocupada por esa amistad y pago al internado una fuerte suma de dinero para que obligaran al muchacho desistir en verla.

—eso es demasiado raro.

—hay algo más en ello, Sasuke. —dijo el hombre cruzándose de brazos.

— ¿Qué es?

—al parecer tu mujer no solo hizo eso, el dinero lo saco de una cuenta de la cual no se sabe a ciencia cierta a quien pertenece.

— ¿Qué quieres decir con ello?

—a que el dinero que uso para chantajear al internado en si no existe, lo que si te puedo decir es que cada mes le era depositado alrededor de cinco o seis millones de dólares, he tratado de investigar algo más de la cuenta pero la persona que enviaba ese dinero lo mandaba de diversos bancos, siempre con un nombre falso, Sasuke, Ino escondía algo más grande de lo que puedes imaginar, pero tengo que buscar más acerca de ello, necesitare hablar con la señorita Sakura.

—Imposible —susurro.

— ¿no quieres saber que escondía tu mujer?, Sasuke durante el tiempo en que Ino estuvo a tu lado siempre me pedias que le vigilara, no te importo siquiera cuando te dije que había intentado seducirme, además de que lo hacías con el fin de que nadie tuviera lastima del gran Uchiha Sasuke siendo engañado por la mujer que amo por tanto tiempo.

—deja de decir idioteces Kakashi.

— ¿Qué es diferente ahora? —dijo alzándose de hombros despreocupadamente—, esa niña tenía razón cuando dijo que podías hacerte cargo de ella desde Inglaterra, el mismo abogado de Ino te dijo que tenías la opción de acogerla o no, eso dependía de ti, incluso te dijo que él con gusto se haría cargo de la niña, es su ahijada después de todo, estaría con alguien que conocía, su familia. Ella con la sola herencia de su padre logro triplicarla con decirle a su madre que había invertido cada centavo en una empresa automovilística de la familia del muchacho al que fue obligada a romper lazos, económicamente no dependía ya de su madre y eso lo logro a los quince años.

—se lo debo.

—tú mismo viste como se puso, cuando le dijiste, que no quería ningún trato contigo, que estuviera relacionado con Yamanaka Ino incluso con su país de origen, su mundo se vino abajo una vez, fue prácticamente expulsada de todo lo que conocía por cortesía de su madre, ¿ahora quieres ser el héroe de la historia regresándola a su lugar original? Eso no es posible, si querías hacerlo pudiste haberlo hecho hace años y no ahorita que Ino está muerta… y…

— ¡tú crees que no se eso! —grito golpeando fuertemente los puños contra su escritorio, dejo los papeles de lado avanzado caminando alrededor de la habitación mientras Kakashi lo seguía observando con sigilo. — no estaba al tanto de la situación, siempre creí que las veces que Ino se iba a Inglaterra era para estar con su hija pero… joder Kakashi, soy culpable de lo que le sucedió.

—no lo eres, no asumas la culpa, fue solo Ino la que causo todo esto, no fue una madre muy amorosa, pero hasta donde sé procuraba que nada le faltara en el internado, tiene buenos amigos, tuvo relaciones sentimentales normales, incluso hizo dinero por su cuenta, creció demasiado rápido pero aprendió a ser independiente y saberse valer por su cuenta. Eso es lo positivo del caso.

—no es suficiente. —respondió el Uchiha esta vez más calmado.

—pues tendrás que conformarte con ello por el momento, a menos que me dejes hablar con ella, ¿quieres recompensarla de algún modo? —Asintió— deja que hable con ella, podría saber una cosa o dos, acerca de su relación con Ino, incluso de la familia de su padre.

— ¿su padre? —inquirió curioso.

—con las mentiras que te ha soltado Ino no debería sorprenderte que haya la mínima posibilidad de que su padre este con vida, solo piénsalo, si te mintió con respecto que iba a verle a Inglaterra puedes esperar cualquier cosa de ella. —le vio caminar alrededor de la habitación esta vez más cansado de lo que podría esperar.

—de acuerdo, solo… no toques temas demasiado fuertes con ella, no quisiera verla más disgustada de lo que ya está.

—bien, entonces vendré mañana a…

—mañana no, la llevare a comprar algunas cosas para su uso personal.

—está bien, nos vemos después Sasuke. —asintió el Uchiha mientras miraba como se iba Kakashi en silencio. Se dejó caer sobre su cómoda silla del escritorio, tomo de nueva cuenta entre sus manos el folder, leyendo esta vez más detenidamente la información recauda, había una foto reciente de la chica, formal y sin vida, pero que dejaba ver su hermoso rostro a detalle, había unas que otras con sus amigas, mostrándose al principio cohibida pero posteriormente con una gran sonrisa en su rostro, sonrió de lado al verla en una foto haciendo un puchero, se veía demasiado inocente, pero se desvaneció cuando vio una fotografía de la pelirrosa con un castaño de cabello largo abrazada con fuerza, siguió pasándolas encontrándose con al menos cuatro o cinco muchachos más, frunció el entrejo a medida que avanzaba hasta que se detuvo en una en especial. Era una Sakura de alrededor de quince o catorce años, llevaba el cabello a la altura de los hombros, abrazada con fuerza de un peliazul que le miraba con devoción, era claro que estaba enamorado de ella, pero… tal parecía que esta no le dedicaba el mismo sentimiento. Dejo de lado las imágenes, centrándose en el escrito, mantenía un promedio excelente, sus amistades era la mayoría hijas de familias acomodadas de la alta sociedad, solo mantenía amigos de clase media cuando no estaba en el internado o se escapaba para estar con los hijos de algunos empleados del mismo. Habían señalado en rojo que era demasiado exigente con las personas, no mantenía confianza con los demás y en una terapia que mantuvo con un psicólogo del colegio cuando se enteró de la muerte de su nada había dicho "lo único que me quedaba en Japón acaba de morir, por lo que mi respecta no tengo algo en ese país por lo que tenga que regresar… a menos de… "no había más escrito.

El psicólogo escribió en su diario que Sakura mantenía un desaire fuerte por las personas que amaba, ya que la mayoría de ellas la habían abandonado o habían muerto en el trayecto de su vida. Miro más debajo de las notas de la escuela, al parecer la chica no solo mantenía su vida lo más alejada de los demás, sino que en todo el resto del año después de que se enterara de la muerte de su nana, permaneció más callada e inactiva con un aura de pesimismo a su alrededor, fue solo a finales de ese mismo año cuando conoció al chico de cabellos azules el que le permitió salir de ese bache. Dejo los papeles en un cajón del escritorio saliendo del despacho en modo automático, avanzo por el largo pasillo, observando en silencio las fotografías que había tomado cuando recién había llegado a ese lugar, uno de sus pasatiempos favoritos, la mayoría de ellas las había sacado sin que la Yamanaka fuera consciente de ello. Pero que era lo que podría hacer, desde que había visto a esa niña… algo le había robado.


—Sasuke, sé que demasiado lo que te estoy pidiendo pero… ¡Dios! ¡No sé cómo hacer esto! —susurro la rubia, llevándose las manos al rostro avergonzándose de sí misma ante el pequeño dilema que presentaba.

—Oye… —dijo mientras tomaba las manos de la chica entre sus manos y la acercaba a su cuerpo, rodeándola con los brazos, sonriendo ante lo precario de la situación. —Está bien, todo saldrá bien —dijo tratando de contener una risa por su parte.

— ¡maldito bastardo! ¡Lo estas disfrutando! —rio entre dientes la rubia.

—es divertido verte demasiado nerviosa por esto y no en la juntas directivas de la empresa o cuando follamos sobre tu escritorio mientras tienes a lado a un importante socio escuchándonos. —la rubia puso los ojos en blanco solo a él se le ocurría decir aquello, aunque fuera verdad, ambos se habían conocido por azares del destino, el Uchiha había llegado a su empresa para hacer una pasantía de su universidad, quedando a cargo de la Yamanaka, iniciando una tensa atmosfera sexual entre ambos y con el paso del tiempo —y después de una buena borrachera— terminaron en la cama, haciéndolo de miles de formas distintas, iniciando una relación más formal. Habían llegado a conocerse mejor de lo que el otro sabia de sí mismo.

—Sasuke debes entender que esto… bueno, sabes que hay muchas cosas de mi pasado que no te he comentado, pero esto es parte de mi presente y estará ahí por mucho tiempo, soy lo único que tiene. —murmuro seria mirándolo directamente a sus ojos.

—Puedo lidiar con ello —afirmo el Uchiha haciendo que sus ojos brillaran con entusiasmo. Se separó lentamente de él no antes de rozarle los labios con los suyos. Joder, pensó, era increíble como esa mujer lo desarmaba, la manera en que se divertían riéndose de tonterías, pasando parte de su tiempo con el otro, un completo idiota, así lo llamaba su mejor amigo, cuando le comento de Ino a este. La había presentado a cada amigo que tenía como su novia formal, algo que nunca había hecho con alguna mujer, y ahora…

—Sasuke —escucho su voz haciendo que girara en automático con una gran sonrisa en su rostro—, quisiera presentarte a mi pequeña Sakura —su sonrisa se desvaneció poco a poco, en cuanto vio aquellos ojos.

Un ángel, fue su primer pensamiento al verle, una niña de alrededor de diez años, no muy alta pero de estatura promedio, grandes y expresivos ojos color jade que insinuaban la grata inocencia que a su tierna edad la exponía enmarcados con unas largas y gruesas pestañas negras, sus cabellos eran cortos de un extraño pero hermoso color rosa, atado en dos colitas bajas, llevaba un vestido blanco con detalles rojizos haciendo que su fina piel nívea sobresaltara, se fijó mejor en sus labios eran delgados, rosados, apetecibles, surgió una voz en su cabeza que le hizo detenerse. No vayas por ahí se reprendió mentalmente.

—ho… hola Sakura. —la pequeña miro a su madre quien le empujo un poco dándole a entender que fuera hasta él.

—Mucho gusto Sasuke-kun —saludo la pelirrosa haciendo una amplia sonrisa por su bello rostro—, ¿tú eres el novio de mi mama? —pregunto haciendo que la rubia se sonrojara.

—sí, bueno… ella es mi chica. —dijo sorprendiéndose por la pregunta.

—entonces, ¿se van a casar?

— ¡SAKURA! —reprendió la Yamanaka, haciendo un puchero la pelirrosa cosa que le hizo reír de lado.

—aun no lo sabemos, ¿te gustaría? —pregunto, poniéndose a su altura.

— ¡Sí, me gustaría mucho! Sabes mi mama está muy contenta desde que llegaste a su vida, por favor cuídala mucho, sé que te ama, hazla feliz por favor —dijo mientras hacia una reverencia, haciendo que la rubia hiciera una sonrisa dolorosa, teniendo que secar las lágrimas que comenzaban a caer de su rostro.

—por supuesto, lo haré pequeña —dicho esto, no conto con lo que vendría acompañado, algo que consideraría inofensivo para cualquiera, menos para él… un pequeño roce de labios en su mejilla provocando una descarga eléctrica vagara por todo su cuerpo con intensidad, algo que no había pasado jamás con ninguna mujer, ni siquiera su actual pareja.

—Gracias Sasuke-kun —murmuro mientras lo abrazaba con fuerza, retribuyéndole de la misma manera. De lo que no fue consciente, fue la dura mirada que dedicaba la rubia a ambos, era como si algo hubiera emergido de ella, algo ruin y despiadado.


Paro en seco abriendo la puerta enfrente suyo. Se adentró esperando ver a la chica en su cama, la cual encontró vacía, frunció levemente el entrejo, buscándola con la mirada hasta que dio con ella, estaba sentada en una silla en el balcón, se acercó a ella, mirando a su alrededor, su maleta había sido abierta, había cosas regadas por el piso de la alcoba, ropa, libros, un celular, incluso unas fotografías enmarcadas. Trato de no pisar nada, llegando hasta su objetivo el cual encontró plácidamente dormido, abrazando una fotografía como si su vida dependiera de ello. Recorrió su cuerpo de pies a cabeza, observando la diminuta pijama que traía puesta, una blusa de tirantes y short de un rosa pálido cubría estrictamente lo necesario dejando ver sus largas piernas bien torneadas, sus pechos desnudos que reflejaban no estar del todo acuerdo al aire frio ya que se podían ver sus pezones rígidos, e incluso la manera tan sensual en que estaba acomodada... No vayas por ahí, se dijo así mismo una vez, quiso despertarla, pero tal vez no era la manera más apropiada de hacerlo, suspiro pesadamente, mientras la tomaba entre sus brazos, llevándola a su cama, tratando de no tener imágenes sucias de ambos en posiciones indecorosas. Le coloco en la cama, quitándole el marco de las manos, tapándole con el cobertor rosa que había mandado a comprar exclusivamente para ella. Aun podía recordar sus gustos, esperaba que fueran los mismos.

—lo siento, pequeña, no pude cumplir con tu promesa —susurro, sentándose a un costado de ella, observando cada gesto de ella, y como lo había hecho de pequeña, le daba esa paz que tanto necesitaba en su vida.

—mamá… —susurro apenas, llamando su atención, miro la fotografía que tenía entre sus manos, sorprendiéndose de lo que había en ella. Ahí estaban, en su cumpleaños número diez, antes de que entrara a la vida de ambas. Sonreían de verdad, se veían alegres, con la gente a su alrededor, completamente felices. Los sirvientes de la mansión, sus amigos de ella y de la familia. Pero había algo más que llamo su atención. Un peliazul de cabellos largos atrás de las dos mujeres que se abrazaban con fuerza, miraba a la pequeña Haruno con algo que probablemente nunca conoció la pelirrosa, con amor, un amor que solo un padre podría profesar a su hija.

Quizás Kakashi, tenía razón, quizás, su padre estaba vivo. Podría retribuir el daño que había hecho y empezar de cero, como había planeado… se levantó de la cama sin hacer ningún movimiento. Mirando en absoluto silencio como dormía la heredera de la Yamanaka, haría lo que estuviera en sus manos para recompensar el infierno vivido, aun si eso significara perderse nuevamente en ese par de ojos jade. Cometer el error que había cometido hace años, y que probablemente nunca debió hacer.

—Descansa… —murmuro besando su frente, avanzando a la salida sin que se diera cuenta de que era observando en la seguridad de la obscuridad la pelirrosa, el hombre que la había condenado… el hombre, que le había hecho daño, el hombre… del cual se había enamorado.


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