Pov Kagome
Mi nombre es Kagome Hayak Zöi, nací en la India, con una madre gitana y un padre japonés quien murió cuando cumplí siete años de edad, quizás si el no hubiese muerto yo no estaría en esta situación.
actualmente tengo 13 años, trabajo como esclava en la red de prostitución de Onigumo en el área que el y sus asquerosos socios llaman 'petite'
Fui vendida por mi propia madre y llevo tres años siendo maltratada, abusada y humillada por todo aquel que paga unas horas conmigo.
He dejado de protestar, y de ir en contra de los deseos de "mi señor" porque cada vez que lo hago termino siendo castigada a latigazos.
Onigumo, cuando descubrió mi "popularidad" por ser gitana me obligó a actuar como tal porque eso excitaba a mis clientes, se me tatuó en el hombro izquierdo una estrella de seis puntas, es mi símbolo, y al igual que todas aquí estamos marcadas por orden de nuestro amo.
Unos toques en la puerta desviaron el hilo de mis pensamientos
— Kagome ¿puedo pasar?— Reconocí la voz al instante.
— Pasa— dije mientras me levantaba a recibir al único hombre por el cual no sentía repugnancia alguna, y que era como un padre para mi.— Estás bien, Naraku?— Pregunte al verlo totalmente pálido
— Kagome, vine a decirte que mañana partiré a Japón—
— Te irás?— pregunte sintiendo mi corazón estrujarse, otra vez me quedaría sola...
Las lágrimas salieron sin que yo pudiese detenerlas y cuando me di cuenta estaba en el suelo abrazando mis piernas mientras sollozaba fuertemente — No me dejes por favor..— Suplique
— Pequeña, escuchame— dijo Naraku inclinándose mientras me abrazaba y acariciaba mi cabeza con suavidad.
Naraku Higurashi, hermano de Onigumo Takeda, por parte de padre quien no reconoció a Naraku como hijo, y este quedó únicamente con el apellido y el apoyo de la familia materna.
Un hombre de 35 años de edad, de cabello largo, ondulado y negro y ojos de un rojo carmín.
Era sin duda un hombre apuesto, pero yo solo lo veía como un amigo, confidente y padre.
— Kagome, desde que te vi he estado planeando esto— Dijo mientras se sentaba en el piso a mi lado— Quiero que vengas conmigo...
— ¿Qué?— Dije levantando la mirada —Eso es imposible, sabes que Onigumo jamás lo permitirá
— Escuchame, el sabe de mi viaje a Japón, le dije que ya no quería seguir en este negocio, y como su hermano me permitió irme.
Pero no voy a irme sin ti, tengo un plan Kagome.— Dijo mirándome fijamente
— ¿Cuál es el plan?— Dije limpiando todo rastro de lágrimas y concentrandome en lo que diría.
— Saldrás de aquí muerta...— Dijo el
— ¡¿ESTAS LOCO?!— dije incorporándome de un salto
— Escúchame Hayak, por favor — Dijo seriamente. El sabía cuánto yo odiaba que me llamaran por mi apellido, pues desde que llegué aquí así me reconocieron. Decidí escucharlo sin interrumpir pues el tono de su voz me demostraba que estaba perdiendo la paciencia
— Lo siento, te escucho — Dije
— Durante dos años he trabajado con expertos científicos, y hemos creado una infusión que paraliza los órganos por 24 horas, llegas a estar muerta por un día.
Luego vuelven a funcionar normalmente.—
— ¿Y realmente funciona?— Dije asombrada, pues nunca había escuchado tal cosa... de repente una pregunta salto en mi mente.— ¿Desde hace dos años estas buscando la manera para que pueda escapar de aquí?— dije con mis lágrimas saliendo a raudales, jamás nadie se había preocupado así por mi a excepción de mi difunto padre.
—Kagome, te amo como si fueras mi propia hija... no quiero que estés más tiempo en este lugar.
— Naraku... tu eres como mi papá, y lo sabes...— Dije tomando sus manos
— Lo sé mi niña, mañana media hora antes de tu primer cliente tomarás esta infusión— Dijo sacando un frasquito de su chaqueta— Morirás cuando estén juntos, y así todos creeran que tuviste un infarto.— Dijo entregando la infusión en tus manos — Luego yo me ofreceré a sacarte de ahí y llevarte al lugar donde Onigumo oculta sus cadáveres.
— pero es imposible que te deje ir solo...— dije preocupada
— Zyra irá conmigo, ella está de acuerdo en sacarte de aquí.— Dijo Naraku— Para cuando despiertes estaremos en Japón, y tendrás una nueva identidad. Seras Kagome Higurashi, legalmente mi hija.— Dijo rascándose la nuca con un leve sonrojo— Claro si estas de acuerdo...
— Por supuesto!— Dije abranzandolo con fuerza, estaba feliz al saber que habían dos personas que se preocupaban por mi, por fin iba a salir de este infierno con una nueva familia!
— Bien, entonces nos vemos mañana hija— dijo depositando un beso en la frente de la azabache— No lo olvides, media hora antes— Dijo saliendo de la habitación
— Gracias padre...— Dijo Kagome mirando la puerta cerrada.
Dormí con tranquilidad, sabiendo que me esperaba un nuevo futuro con una nueva familia...
Al día siguiente la rutina fue la misma, me levanté muy de mañana, desayune y me preparé para mi trabajo.
Me vestí con el traje árabe que Onigumo me hacía usar y cubri mi rostro con una delgada tela que dejaba ver mis labios carmín.
Cuando faltaba exactamente media hora me bebí la infusión que Naraku me dio sintiendo el amargo sabor que me llevaría a otra vida, literalmente.
Vi mi reflejo en el espejo del cuarto de baño
— Descansa en paz Kagome Hayak Zöi.— y por primera vez en mucho tiempo sonreí con genuina felicidad.
Pov Naraku.
Habían pasado tres años desde que empecé este plan para sacar a mi estrella de este lugar, desde el instante en el que la vi desmayada en medio de un charco de su propia sangre mi instinto me dijo que ella no debía estar aquí, y que debía hacer algo para ayudarla, poco a poco ella se ganó no solo mi compasión si no también mi cariño.
Estaba decidido a arriesgar mi vida, por esa niña de mirada dulce
— Es necesario irte?— pregunto Onigumo mientras giraba en su silla viendo a Naraku directamente
— Como te comenté, Naomi quiere ver a su familia y alejarse de este país porque le recuerda demasiado a la perdida de nuestro bebé — Dijo mientras que en su mirada se reflejaba la tristeza, pues en el sexto mes de embarazo Naomi Higurashi tuvo complicaciones severas que dieron como resultado la pérdida de la niña que esperaban.
— Te entiendo, quiero que sepas que te dejo ir porque nunca me haz fallado, y se que no me traicionarías— dijo Onigumo.
— Jamás— dijo Naraku con seguridad en la voz.
— Bien— dijo levantándose — Ten un vuelo agradable, espero verte pronto— Dijo dándole un efusivo abrazo.
— Cuidate hermano— dijo correspondiendo
Mientras ambos se despedían entro un agitado Haron viendo asustado a ambos hombres mientras trataba de recuperar el aliento
— Señor...— dijo Haron, quien era uno de los hombres más leales de Onigumo — Hayak... ha muerto.— finalizo
