Las empleadas del lugar corrían de un lugar a otro mientras que Onigumo y Naraku corrían hacia la habitación de Hayak.
— ¡¿COMO CARAJO PASO ESTO?!— gritó Onigumo totalmente furioso mientras que Naraku ponía su mano izquierda en el hombro de su hermano.
— Tranquilo, Zouri viene enseguida— dijo Naraku fingiendo preocupación. Era necesario que Onigumo estuviese presente cuando declararan a Kagome muerta.
— Señor— dijo un señor de cabello castaño, bajo y gordo. Quizás de unos 45
— Dime que pasó— exigió Onigumo, como es posible que su mejor trabajadora muriera de esta forma tan patética
— enseguida— dijo el hombre revisando las pupilas de la joven.— señor, todo indica que fue un infarto...
— ¿UN INFARTO? ¿cómo es posible?— grito furioso
— señor, creo que la joven estaba trabajando bajo demasiada presión, quizás eso afectó.
—Bien— dijo Naraku— déjanos solos— dijo mientras se acercaba al inerte cuerpo de la joven y la cubría con una sábana blanca — Que quieres que haga?— pregunto fríamente
— Llevatela, ya conoces el camino— dijo sin despegar la vista de la inerte Kagome— necesito buscar un reemplazo.
—Bien, llevaré a Zyra conmigo, si no te molesta.—
— Bien — dijo dando la vuelta.
Salieron juntos hacia el depósito de cadáveres en total silencio, todo había salido como lo planearon
— Naraku— hablo Zyra
— Dime— dijo sin despegar la vista del camino
— Cuidala muy bien— dijo
— Te lo prometo— dijo lanzándole una mirada fugaz — haré todo para que sea feliz.
— Eso espero Naraku— dijo para volver a ver hacia la ventana
Abría sus ojos totalmente desorientada, su cuerpo pesaba toneladas.
— ¿Que pasó?— dijo Kagome viendo su alrededor
— Bienvenida, Kagome Higurashi Sellers— dijo Naraku recostado en una esquina de la habitación
— Padre!— dijo Kagome saltando de la cama hacia su amigo y confidente — ¿Funcionó?— dijo con lagrimas en los ojos y la voz entrecortada.
— Eres libre mi pequeña— dijo Naraku abrazandola con el corazón saltando de alegría por haber escuchando la palabra "padre" de la pequeña azabache.
— ¿puedo unirme?— dijo una mujer de cabellera castaña larga y esbelta figura recostada en el marco de la puerta viendo emocionada el cuadro familiar
— Naomi!— grito Kagome cuando la reconoció, pues Naraku le mostraba fotos de ella y siempre se mandaban saludos— Claro ven!— dijo extendiendo sus brazos hacia la mujer y así los tres se fundieron en un abrazo con miles de sentimientos a flor de piel
— Bueno— dijo Naraku— es hora de cenar—
— Bajemos— dijo Naomi sujetando las manos de ambos
Kagome respiro profundamente sintiéndose en familia por primera vez en mucho tiempo
No podía creer que esto estaba pasando, la cena transcurrió sin problemas, entre charlas y bromas
Las féminas hablaban conociéndose más, mientras Naraku admiraba feliz su familia, la familia Higurashi.
— Kagome— llamo Naraku
— Si padre?— dijo Kagome quien no sentía raro llamarlo así, pues el era su padre, en su corazón así lo sentia.
— ¿Que quieres hacer?— pregunto
— Bueno, he estado pensando esto por muchísimo tiempo— dijo ella dejando los cubiertos en el plato ya vacío — quiero retomar mis estudios
— Cariño, me parece perfecto— dijo Naomi acariciando su mano
— También quisiera que tú me enseñaras a defenderme— dijo sonrojada
— Hablas de combate?— hablo Naraku sorprendido
— Así es, yo no quiero sentirme indefensa. Nunca más— dijo mientras apretaba el agarre hacia Naomi.
— Así se hará— dijo Naraku viendo a su esposa quien movía la cabeza en señal de estar de acuerdo.
— Cariño, quieres salir?— pregunto Naomi
Quien vio el instante en el que le brillaron los ojos a la azabache quien asintió rápidamente — compraremos ropa para ti.— dijo acariciando su mejilla
— Iré a cambiarme por algo más cómodo— dijo Naraku mientras Naomi recogia los trastos para lavarlos
— ¿Puedo hacerlo yo?— dijo Kagome pues quería seguir sintiéndose en familia, con todo lo que implicaba, las responsabilidades, los regaños, los abrazos. Y mientras lavaba se le salieron las lágrimas
— Cariño, ¿porqué lloras?— dijo Naomi
— Estoy muy feliz— dijo abrazandola escondiendo su rostro en el pecho materno.
— Ahora todo estará bien— dijo acariciando su cabello
— Ya podemos irnos— hablo Naraku irrumpiendo en la cocina —¿Que pasó?— pregunto visiblemente preocupado al ver a Kagome llorando.
— Nada padre, estoy muy feliz— dijo Kagome sonriendo
— Bien, vamonos— dijo Naomi
Y así la familia salió a recorrer la ciudad de Tokio, Kagome miraba todo sumamente emocionada, en tres años no había salido al exterior, se había olvidado de muchas cosas...
Compraron ropa, zapatos y todo lo necesario para Kagome.
Disfrutaron muchos lugares, fueron al cine y se tomaron muchas fotos que Naomi mañana mismo sacaría y enmarcaría.
Al llegar a casa Kagome pudo apreciar la arquitectura, color blanco y rojo vino en las paredes, con muebles de color café, había una escalera de caracol que llevaba al segundo piso donde estaban las habitaciones.
Al final del pasillo había una sala donde se encontraba un enorme piano de cola de color blanco, con un gran ventanal donde se podía observar la ciudad ¡era hermoso!
Su habitación era espaciosa, con una cama matrimonial y un pequeño balcón.
Estaba pintada en color verde jade, quizás lo cambiaría más adelante...
Había pasado una semana y Kagome empezaba sus clases en casa, pues aun no de sentia lista para interactuar con personas que no fuesen su familia.
Estudiaba en las mañanas, y entrenaba en las tardes.
Kagome Higurashi Sellers estaba empezando avanzaba felizmente, pero habían asuntos que no dejaban de molestarla.
