Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...


Capítulo Tres: ¿Practicas conmigo?

Estaba agotada, sin embargo se movía haciendo los quehaceres sin detenerse en ningún momento. Estaba atónita, no terminaba de procesar el hecho de que había aprendido a volar. Tenía un estado de shock que la había puesto en modo automático. Limpió la casa, sin prisa pero sin pausa, mientras su mente todavía trataba de comprender lo que había ocurrido hacía tan solo una hora.

No estaba siquiera segura de poder calificar lo que estaba haciendo. Por esas ironías de la vida, sentía una adrenalina que le daba más vida que nunca; y en algún lugar de su ser entendió por primera vez el increíble afán de su familia a la hora de luchar.

No era que quisiera convertirse en una luchadora profesional, ni nada por el estilo. Esas épocas ya estaban olvidadas y terminadas. Ella hacía muchos años que había decidido dejar de ser una guerrera para convertirse en ama de casa. Pero hay cosas que se llevan en la sangre... y hoy volvió a sentir cómo hay cosas que nunca se olvidan. Sabía que tendría que perfeccionar su técnica de vuelo, y cómo manejar bien su ki; pero por alguna extraña razón sabía que podía confiar en Juunana-gou para que la ayudara.

Qué extraño... aquel Jinzouningen, según lo que tenía entendido, odiaba a los humanos; había sido creado exclusivamente para aniquilarlos. ¿Qué le habrá ocurrido que decidió acercarse a ella? Se quedó pensativa por un momento, apoyando sus manos en la mesa de la cocina, que ahora relucía de lo limpia que estaba, y posando su mirada al vacío del bosque por la ventana.

¿Acaso ya no buscaba dominar el mundo? ¿No era como su contraparte de aquel futuro caótico donde todos habían muerto? Sacudió su cabeza, cerrando sus ojos ante la idea, y se dio cuenta que no era posible. ¿Por qué se habría exiliado de la civilización si hubiera querido conquistar el mundo?

Le parecía casi absurdo que alguien, aunque sea un Jinzouningen, eligiera por motus proprio la soledad. A ella que tanto le apesadumbraba, que tanto la mortificaba... y él había elegido por voluntad propia vivir en soledad.

Se quedó observando por la ventana al bosque iluminado por ese sol brillante de media mañana de estío. Y decidió ir a meditar al aire libre.

Tal vez, sólo tal vez, debía considerar que podía aprender de ese hombre más de lo que pensó en un primer momento. Realmente ser guerrero era mucho más que simplemente saber golpear, volar, dar patadas, o soltar alaridos aterrorizantes. Para controlar su ki debía de alguna forma u otra controlar su propia energía, y para lograr eso debía encontrar cierta paz interna que no podía alcanzar.

Se recostó sobre la hierba, estiró sus brazos en la comodidad del colchón de césped mientras sus ojos bien abiertos miraban a algún lugar vacío en el cielo. Necesitaba meditar, pero no sabía cómo hacerlo.

Se quedó pensando, rememorando los momentos que había visto a su familia y amigos entrenando, y recordó a Piccolo; ese ser horrendo que secuestró a su hijo, y al que por esas ironías del destino él amaba tanto o más que a su propio padre. Piccolo además de ser un gran guerrero, y a pesar de ser el príncipe del mal, enfocaba gran parte de su entrenamiento en la meditación. Ella lo había visto meditando de todo tipo de formas, desde sentado y apoyando su espalda contra un árbol, hasta flotando en el medio de un volcán. Era un ser sumamente capaz de controlar sus emociones, que según lo que ella suponía, no debían ser más que odio, rencor y violencia. Incluso lo había visto meditar junto a Vegeta. Si ellos dos podían hacerlo... ella tenía que encontrar la manera también.

Se sentó sobre la hierba y cruzó sus piernas. Dejó sus brazos flojos cayendo sobre sus rodillas, y dejó fluir su energía por todo su cuerpo. Pensó en Goku, no pudo evitarlo. Pero su decisión era firme, por más que Goku apareciera en sus pensamientos, iba a meditar, y como todavía no se sentía capaz de elegir en qué pensar, decidió meditar sobre Goku mientras canalizaba su energía.

Sintió que pasaron varios minutos, supuso que tal vez había estado en esa posición durante una hora. Recordando cada paso que su vida dio junto a Goku, o más bien cada emoción que sintió mientras esperaba que él decidiera volver.

Por momentos la invadía una sensación de frustración y de rabia, había desperdiciado su vida en un hombre que nunca la valoró. Había tirado a la basura años de juventud y energía en un matrimonio que solo ella sacó adelante. Es cierto que hubieron momentos donde él la hizo feliz, la acompañó y estuvo con ella... pero nunca fue porque él realmente lo quisiera, ni siquiera fue por compromiso, sino porque no conocía otra cosa y ya estaban viviendo juntos.

Cada tanto se elevaba del suelo, cuando sus recuerdos la envolvían en emociones demasiado fuertes, sus energías elevaban su ki y la hacían levitar ligeramente sobre el césped. Se dejó llevar por ese ensueño que envolvía su mente mientras transformaba las emociones que sus recuerdos le generaban en energía. Si hubiera tenido la oportunidad hubiera podido notar que brillaba ligeramente de un color blanquecino y verdoso al mismo tiempo.

Lentamente fue moviendo sus manos, sin abrir sus ojos, como envolviendo una esfera imaginaria. Mientras el sol se ponía y permitía que el resplandor de la energía de ChiChi se luciera más, una pequeña esfera de color naranja se iba formando entre sus palmas. Ella sentía su calor, y estaba segura de que el fulgor de su creación de energía era de color anaranjado. Hizo crecer la esfera, hasta que tomó el tamaño de su cabeza, abrió los ojos para contemplarla y la sorprendió que fuera más hermosa de lo que hubiera imaginado. La miró fijamente titilar durante unos minutos, y lentamente fue poniéndose de pie y alzando sus brazos al cielo con la esfera en sus manos. Cerró los ojos de nuevo, juntando toda la energía que podía de forma consciente y abrió sus ojos para lanzar la esfera al aire. Tal como lo había visualizado, la esfera se elevó varios metros hacia el firmamento a alta velocidad y en cuestión de segundos explotó en una lluvia de chispas que le sacaron una sonrisa.

-Tal vez no sepa luchar aún, pero por lo menos puedo hacer fuegos artificiales.- Se dijo a sí misma con orgullo.


-Abuela, ¿qué vamos a practicar hoy?- Preguntó su nieta entusiasmada. Ya era casi una adolescente, pero se veía toda una mujer. Una hermosa mujer.

-Vamos a hacer carrera de vuelo, ¿qué te parece?- Le preguntó a la espera de su confirmación.

La alegría de su nieta no se hizo esperar, pegó un salto con el puño en alto gritando -¡Sí! ¡Bravo! ¡Amo volar contigo!- gritó con un tono que podía confundirse fácilmente con euforia.

Durante el último año abuela y nieta habían formado un nuevo vínculo, las artes marciales. Desde que Pan le contó a ChiChi en secreto que estaba enamorada de un compañero de la escuela, ella le confesó su secreto: cada día que pasaba amaba más las artes marciales. Desde ese momento empezaron a entrenar. Gracias a la meditación y el nuevo rumbo al que ChiChi estaba llevando su vida, cada día que practicaba con su nieta era un día con más felicidad en su vida.

Ya no había nada por perder, sino todo por ganar. Su esposo la había abandonado por enésima vez, pero esta última oportunidad había sido diferente. En su vida hubo aparecido alguien inesperado, sobre todo por ella, que le reeducó su forma de sentir. Su relación con sus hijos, con su nuera y con su nieta era cada día mejor.

A veces se preguntaba cómo podía ser que convivir en secreto con ese hombre que la fascinaba tanto, podía generarle tantas buenas emociones.

Su relación era un secreto, compartían todo –cada quien lo que podía, claro–, no se pedían nada a cambio, y ambos eran tanto alumnos como profesores. Era el vínculo más profundo que había generado con alguien alguna vez, exceptuando su padre. Y sin embargo a veces la confundía, y de vez en cuando también la agobiaba, que solo fueran algo similar a dos amantes a escondidas.

Este último año había sido para ella revitalizante, rejuvenecedor. Aunque pocas veces lloraba o mostraba su culpa que salía a flote de vez en cuando, se limitaba a dar lugar a esos sentimientos en ocasiones especiales, como aniversarios o fechas especiales.

Hacía un año que había decidido ser feliz. Y aunque todavía no lo tuviera muy en claro, la decisión de compartir su felicidad con el nuevo compañero que el destino le puso en el camino, y el hacerlo feliz siendo feliz ella, era más que lo que podía pedir en recompensa a la vida.

-Pan, para empezar vamos a precalentar. En primer lugar a hacer caída libre, ¿sí?-

-¿Diez repeticiones de cincuenta metros?- inquirió la niña mientras saltaba su peso de pierna a pierna rápidamente.

-No, esta vez haremos quince de cuarentaicinco, ¿está bien?-

-¡Perfecto!-concordó la niña, esbozando una amplia sonrisa y poniéndose en posición de firmes.

-¡A la una...!-

-¡...A las dos...!-

-¡...y a las TRES!- gritaron las dos al unísono.

Se lanzaron hacia el firmamento como dos jabalinas, dejando detrás de ellas una espesa estela colorida y una nube de polvo florando en el suelo. Ambas féminas estaban tan concentradas en llegar lo más velozmente posible al objetivo invisible que no miraron hacia otra dirección que no fuera hacia adelante.

Se detuvieron súbitamente, a unos cuarentaitantos metros sobre la tierra, se miraron, asintieron, y se lanzaron al suelo en picada.

Lo repitieron quince veces, metódicamente. En la última repetición, su respiración había acelerado un poco más de lo usual. Se miraron durante un largo segundo, y se lanzaron oblicuas hacia el cielo, desafiando al viento en contra.

La carrera cambiaba según el día, una vez hacían ida y vuelta a Corporación Cápsula, y otra a la isla del Maestro Roshi. La última vez había sido la isla del Maestro, así que esta vez tocaba la morada de los Vegeta-Briefs.

Tardaron menos de diez minutos a máxima velocidad en llegar al gran imperio, y como coreografía nueva de los últimas semanas, dieron cinco vueltas alrededor de la Corporación y volvieron tan rápido como pudieron.


-Casi todos los días aparecen esos sujetos volando, ¿vas a decirme quienes son esta vez, Vegeta?- Preguntó con curiosidad e insistencia la peliazul, como hacía cada vez que veía las estelas de energía arruinar ligeramente la copa de sus frondosos árboles.

-No.- Respondió el fornido hombre, mientras cerraba sus ojos y masticaba su emparedado. De fondo escucharon a Bra soltar una risita.

-Es obvio que tú también sabes, aunque lo niegues.- Le dijo la mujer a la jovencita que revolvía en la habitación contigua, bolsas con ropa nueva que recién traía del centro comercial.

Bra se levantó de un salto que hizo a Vegeta abrir los ojos y levantó sus brazos bien a lo alto para enseñarle a sus padres su nuevo vestido. -¡Miren qué lindo es!- gritó, casi, casi sollozando de emoción.

-Hmp.-Dijo el Saiyajin, continuando con su tarea de terminar el emparedado, al ver que su mujer se acercaba a su hija para comenzar la insoportable jornada vespertina de moda y diseño.


-Estoy exhausta, abuela.- Dijo la pequeña mientras sostenía su cuerpo con los brazos en las rodillas y jadeaba para recuperar aire.

ChiChi abrió sus ojos entre jadeos, y asintió con la cabeza. -Creo que fue suficiente por hoy, ¿qué dices?-

Cada día entrenaban más horas. Esta vez habían comenzado al amanecer, porque los padres de Pan estaban de viaje por el fin de semana, y terminaron poniéndose el sol. Habían parado por un aperitivo una o dos veces, pero fueron pausas cortas.

-Quiero bañarme y terminar la tarea, que todavía quiero ver unos programas en la televisión.- Dijo la niña, rascándose la parte de atrás de la cabeza. Sabía que en el fondo a su abuela no le gustaba que viera mucha televisión, pero desde que habían empezado a entrenar formalmente, ya no se lo recriminaba. Ella sola se disponía a terminar sus tareas primero, y luego ociaba tranquila.

No cabe duda que es tu nieta. Pensó la mujer, mientras le daba una caricia en la cabeza a su nieta. -Ve, que te dejé comida preparada en el refrigerador. Yo voy a volver a casa que tengo cosas para hacer.- Y cerró sus ojos, disfrutando la dulce espera de algunos minutos, donde iría a acurrucar su cansancio y dicha en los brazos de su caballero.


N/A: Aquí retomo esta idea que parece ser muy prometedora. No sé qué rumbo va a tomar, así que espero que les guste.

Nos leemos pronto ^^