Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen
Capítulo Cinco: Permiso concedido
En la rústica mesa de la cabaña había dos tazas humeantes de té recién servido, y sentado a la mesa, el solitario hombre miraba a la solitaria mujer desplazarse en los quehaceres con una habilidad que le parecía insólita. ChiChi había llegado esa mañana con una bolsa llena de ingredientes, e hizo que Juunana-gou hiciera con sus propias manos su primer postre, un budín marmolado; si no hubiera sido por sus instrucciones y su ayuda, jamás se le hubiera ocurrido siquiera alguno de los pasos que realizaron para hacer aquel budín. La mujer estaba de pie junto al horno, con una mano sostenía la manija de la puerta y estaba a punto de abrirla, y con la otra mano tomó de la mesada un repasador para usar como manopla y poder sacar la fuente del horno sin quemarse. En pocos momentos, el budín recién hecho estaba apoyado sobre la mesa, y la mujer se sentó frente al hombre contemplando la reciente creación.
"Lo has hecho muy bien", dijo ella, mirando al budín con un gesto de aprobación y satisfacción. "Espero que puedas repetir los pasos solo", agregó y levantó la vista al hombre que ahora sostenía en sus dos manos la taza de té que estaba por beber; ella lo imitó y tomó su taza.
Hubo un silencio por unos momentos, mientras ambos bebían de sus tazas y contemplaban el budín que tenían frente a ellos. "Supongo que podré", dijo el guerrero, mientras apoyaba la taza en su plato.
La mujer contempló sus facciones serias, no tenía ganas de conversar con él en ese momento realmente. Las pocas conversaciones que habían tenido en estos pocos días habían contenido muchos insultos y burlas, y esa dinámica le resultaba desgastante. El hombre alzó la vista y sus miradas se cruzaron, ninguno de los dos agregó algún otro comentario, y siguieron mirándose mientras ambos, como espejo, volvían a beber de sus tés, mientras esperaban que el budín se enfriara un poco.
Juunana-gou tomó un respiro profundo, y mirándola seriamente le preguntó rompiendo el silencio, "¿por qué dejaste de pelear en primera instancia?".
Aunque suponía que estar frente a ese extraño hombre debía provocarle incomodidad, la sensación era bastante opuesta, se sentía tranquila compartiendo espacio con aquel sujeto que en algún momento había intentado matar a su esposo. Este hombre conocía su vida, su historia, había sido programado con toda la información existente sobre Son-kun, incluida su propia biografía, por esa razón él sabía que ella había sido una guerrera. La mujer tomó un pequeño respiro y cerró los ojos mientras volvía a dar otro sorbo a su taza. Apoyó la taza, ahora vacía, sobre la mesa, y con los ojos aún cerrados y una expresión de dolor en su rostro respondió con simpleza, "Porque me casé."
A los humanos les gustaba celebrar ese ritual que llamaban matrimonio, donde dos personas daban sus votos para compartir el resto de sus vidas juntos. Al Jinzouningen la costumbre se le hacía un poco absurda, entendía que los humanos necesitaban compañía, pero no entendía porque se aferraban a otro humano, incluso cuando ya no eran felices. Desde que había sido revivido, había pasado la mayor parte del tiempo en la soledad del bosque, cazando y entrenando por su propia cuenta, y las pocas veces que interactuaba con humanos era cuando tenía que conseguir provisiones que no podía encontrar en el bosque, o trocaba su servicio de cazador por cosas que fueran útiles con los pueblos más cercanos. No sentía la necesidad de estar acompañado, pero reconocía que cada tanto se sentía bien interactuando con otras mentes que no fuera la suya propia. Y la humana frente a él parecía haber elegido casarse con alguien que, mirando su expresión, le generaba tristeza.
La mujer abrió los ojos y se encontró con la mirada observadora del Jinzouningen sobre ella, parecía estar analizándola, no mostraba emoción alguna en su rostro, sólo la observaba. "Y a tí", comenzó ella para romper un poco el silencio, "¿te interesa casarte?", le preguntó.
Los ojos de él seguían fijos en ella, y con un resoplido y un gesto incierto dijo, "no, no tengo ese deseo humano".
Deseo humano, claro, era difícil recordar que ese hombre que la miraba con sus orbes zafiros tan profundos no era del todo humano. Aunque su hermana, Juuhachi-gou, vivía una vida de matrimonio, tal vez a él no le llamaba la atención ese tipo de vida.
Algo en él se despertó ante la pregunta de la mujer: curiosidad tal vez, no sabía explicarlo, y no es que le carcomiera la mente intentar hacerlo. Pero le estaba estimulando conversar con otro ser. Seguía mirándola fijamente, y añadió a lo que había dicho, "¿qué tiene de interesante hacer tal cosa? Es decir, ¿para qué lo hacen?".
La mujer se levantó de la mesa, para buscar dos platos y servir más té. Puso los platos y vertió más té en cada una de las tazas, y al terminar de apoyar la tetera en la mesa, volvió a sentarse a la mesa. Miró fijamente al Jinzouningen frente a ella, no estaba segura si su pregunta tenía un dejo de burla, o si realmente quería saber más sobre las costumbres humanas; al no percibir ni maldad ni burla en sus expresiones, la mujer comenzó a explicarle su punto de vista de la vida, mientras jugaba con su dedo índice sobre el aza de su taza. "Pues, es lo que debemos hacer las personas, comprometernos, formar una familia, educar a nuestros hijos para tener un mundo mejor", inclinó ligeramente su cabeza hacia la derecha, sin saber qué reacción podría provocar esa respuesta en el hombre frente a ella.
"Un mundo mejor," repitió el hombre, soltando un ligero bufido burlón. "Todo eso tiene sentido si estás satisfecho con la decisión, si eres feliz", completó la reflexión. ¿Por qué abstenerse a un mandato a costa de estar bien? ¿Qué sentido tenía hacer algo "por un mundo mejor", si la tristeza que te provocaba hacer tal cosa, indefectiblemente iba a crear un mundo peor? Era muy posible que la mujer frente a él no viera lo que él estaba viendo.
Interesante, aquel hombre destacó un punto interesante, ser feliz. ¿Era feliz? Había tenido años felices en su matrimonio, definitivamente lo más feliz de su vida junto al guerrero fue haber traído al mundo a dos maravillosos hombres, y aunque mayormente los había educado y criado sola, no hubiera podido cumplir su deseo de ser mamá si no hubiera sido por aquel hombre. Pero mirando de nuevo toda la vida que había construido en base a la premisa de casarse y formar una familia, estaba lejos de decir, al menos hoy por hoy, que era feliz. Sus hijos la hacían sentirse orgullosa, sabía que los había educado bien, los había mantenido lejos de la rebeldía y ambos niños hoy eran hombres de bien; Gohan incluso le había dado la alegría de convertirla en abuela, y Goten era un joven muy trabajador y honesto. Ambos vivían sus vidas de forma independiente, y aunque venían a visitarla cada fin de semana, ya no necesitaban de ella. Por otro lado, pareciera que el matrimonio no aseguraba la felicidad, su padre se había casado con su madre y al final había envejecido solo, por haber enviudado. Y ella, se había casado tan joven con Son-kun, había tolerado que se fuera a entrenar tantas veces para salvar al mundo, incluso había sufrido enviudar no solo una, sino dos veces, y hasta incluso había soportado el rechazo de su marido de ser revivido para quedarse entrenando en el otro mundo, en lugar de educar a sus hijos juntos. Cuando volvió a la vida, no había pasado mucho tiempo en que la volvió a abandonar, para irse a entrenar con aquel niño de un lejano pueblo, Uub.
El hombre la seguía observando, y ella aún con su cabeza inclinada, ahora ya sosteniendo la taza con más firmeza, soltó un ronquido gutural haciéndola cerrar los ojos y dibujar una media sonrisa ante la ironía. "Nunca me cuestioné que casarse pudiera implicar, también, ser feliz", reflexionó más para ella que para la conversación que estaba teniendo con el extraño hombre. "Hice lo que se suponía que había que hacer", y sin quererlo, sus ojos comenzaron a humedecerse, dando permiso a comenzar un camino de lágrimas que tenía guardadas hace mucho tiempo. Pero no, iba a contenerse, no iba a generar semejante espectáculo delante de alguien que no conocía casi nada. No quiso abrir sus ojos todavía, por temor a que las lágrimas comenzaran a caer sin control, y simplemente decidió dar un hondo respiro para evitar arrancar un flujo de llanto.
"Bueno", comenzó él, observando el esfuerzo de la mujer por ocultar la reacción que su cuerpo estaba generando: el llanto. "No se nace aprendido," dijo, "no elegimos el programa que nos meten en el cerebro cuando nacemos", hizo una mueca de ironía ante sus palabras, ya que ni la educación que había tenido de niño, la cual no recordaba, ni el programa que el Dr. Gero implantó en su cerebro, habían sido elegidos por él. "Y todos nos equivocamos", siguió elaborando su reflexión. "La pregunta aquí sería", continuó, "¿qué harás de ahora en más para hacer lo que sí te haga feliz?", y mientras terminaba de armar su pregunta, estiró su brazo para abrir un cajón de la mesada y sacar una servilleta para la mujer; por las expresiones en el rostro de la fémina, en cualquier momento iba a estallar en llanto.
ChiChi abrió los ojos lentamente, con la vista baja para no tener que cruzar la mirada con Juunana-gou, y vio la mano del hombre extendida a pocos centímetros de la suya, ofreciéndole un pañuelo de papel para el inminente momento a venir, un doloroso llanto. Aunque el llanto que estaba llegando estaba siendo más controlado de lo que había supuesto en primer momento, necesitaba salir como una olla a presión que había sido calentada por años. Tomó la servilleta, y todavía sin levantar la vista limpió las primeras lágrimas que caían ante la dolorosa realización: no era feliz. No sólo no era feliz, sino que hace mucho que no era feliz, y esta conversación había sido la primera vez en años que le había hecho notar la tristeza de su realidad.
Estuvo limpiando sus lágrimas varios minutos, sin decir ninguna palabra mientras dejaba salir su dolor guardado desde hace tanto tiempo. Aunque se sentía incómoda de no poder controlar sus emociones delante de alguien prácticamente desconocido, por alguna extraña razón se sentía lo suficientemente cómoda como para permitirse hacerlo sin sentirse juzgada. Sería tal vez que la curiosidad del hombre al momento de preguntar cosas tan dadas por sentadas le habían dado pie a soltarse, o tal vez había sido la simpleza con la que aquel sujeto veía la vida, en su rusticidad.
"Pues será una nueva aventura", finalmente dijo la mujer, terminando de sonarse la nariz con el pañuelo. "Porque hasta este momento no me había puesto a pensar en tener que cambiar el rumbo de mi vida", agregó, con un tono agridulce. "Supongo que entrenar será una ayuda para descubrir ese nuevo camino", pensó en voz alta. Alzó la vista para encontrarse con los azules ojos de aquel misterioso, pero reflexivo hombre, y algo en su mirada la hizo sonrojarse un poco. Había un brillo en su mirada que no había visto antes, ¿a qué se debía? ¿Qué era ese brillo? No lo sabría, a menos que le preguntara, y a decir verdad, no se sentía tan corajuda como para ahondar en las sensaciones de otra persona.
"Es un comienzo", aseveró él, entrecerrando sus ojos ligeramente, aun con ese brillo nuevo en su mirada. "Nunca es tarde para volver a intentar, ni para volver a empezar", agregó misteriosamente.
Si se había animado a reconectar con su pasado de guerrera, lo que más tenía sentido era que eligiera un camino que la hiciera feliz, al fin de cuentas ya no tenía al lado al Saiyajin que le evitaba su sendero de bienaventura. Le hacía un poco de gracia darse cuenta de que él sería una pequeña parte de ese camino, ayudándola a entrenar. Bueno, mi premio es ganar esta buena y útil habilidad de cocinar cosas con sabor, pensaba mientras seguía mirando a la mujer con una media sonrisa. Se quedaron en silencio, observándose mutuamente, ahora había en la mujer una expresión de curiosidad que no había notado antes. Su rostro estaba más relajado después de haber llorado varios minutos, y había algo en su mirada que le parecía... ¿encantador? No sabía cómo ponerlo en palabras, pero algo en la profundidad de sus negros ojos le mostraban una fuerza que no había visto hasta ahora en los humanos con los que había interactuado. Tal vez era un poco egocéntrico de su parte, pero el fuego profundo de su mirada le hacía recordar a él mismo cuando se miraba a un espejo.
Tal vez estaba descubriendo su fuerza de guerrera, que había pensado perdida hace tantos años.
Las dos amigas seguían su conversación alegremente, mientras escuchaban de lejos a las niñas hacer algo de alboroto en la plata superior, al parecer las pequeñas estaban jugando a algo en la habitación de Bra. Era lindo ver que las niñas conectaban tanto cada vez que se veían.
Bulma sonrió cálidamente a su amiga, y apoyando su taza de té en el plato le comentó, "me gusta mucho como te queda tu nuevo peinado", la halagó la peliazul. La morena había dejado de usar el pelo recogido hacía ya casi un año, y ahora su peinado constaba de una hebilla que sólo servía para evitar que el cabello le cayera sobre el rostro. Había optado por dejarlo suelto, y con los brillos color plata que las canas le daban a su melena.
ChiChi rió tímidamente, "gracias Bulma-san, si viene de ti que eres la experta en moda y estilo, es que voy por buen camino", le devolvió el cumplido con otro, que a fin de cuentas era verdad.
"Me alegra que hayas decidido lucir tu cabellera, es preciosa y es una pena sólo la uses recogida", dijo Bulma mientras se acomodaba su propio cabello. "Además, ¿no es lindo verte al espejo y verte renovada? Creo que después de la ciencia, renovarme es mi hobbie favorito", agregó la científica.
Aunque no solían hablar mucho de cosas profundas, ChiChi estaba con ganas de conversar con su amiga y compartirle un poco de su alegría. Obviamente jamás se animaría contarle su romance clandestino con el Jinzouningen, pero tenía muchas ganas de compartir con su amiga la felicidad que había estado sembrando en estos últimos años. "Sabes, los primeros años después de la última partida de Son-kun fueron muy difíciles", se armó de valor y comenzó a contarle a su amiga, que la miraba atentamente.
"Me imagino tu dolor", comentó bajando el tono de voz la peliazul, recordando su propio dolor cuando Vegeta se había marchado al poco tiempo de quedar embarazada de Trunks, y ese vacío en el pecho de no saber cuándo volvería, o si volvería en lo absoluto.
"Que los niños ya sean hombres, y estén viviendo sus propias vidas, que Gohan tenga su familia, pues...", hizo una pequeña pausa, "me obligó a pasar tiempo conmigo. Tardé en darme cuenta que nunca había pasado tanto tiempo a solas conmigo, y reconocer mi dolor por la ausencia de Son-kun, y conocerme a mí misma, fue la decisión que salvó mi vida." Se quedó en silencio un momento, mientras Bulma la miraba entre admirándola y preocupada. "No sé qué hubiera sido de mí si no me reencontraba", reflexionó la morena.
"¿Sabes? Para mí siempre fuiste un ejemplo a seguir, Chi", agregó la anfitriona para sorpresa de su invitada.
"¿Yo, un ejemplo a seguir? ¡Pero qué dices, Bulma-san!", dijo entre risas, "la heroína en esta historia eres tú, mira si aguantar de marido a semejante hombre arrogante como Vegeta-san", y rió para dejar en claro que simplemente era una broma. Con el paso de los años, su percepción de Vegeta había dado un giro de 180 grados, aunque no era un hombre expresivo, había sabido cumplir su rol de esposo y padre, e incluso de tío postizo de sus propios hijos y nieta, con gran sabiduría. Sus ansias de poder y sed de lucha habían quedado en segundo plano para sentar cabeza y formar junto a Bulma una hermosa familia.
La peliazul no pudo evitar reír ante el comentario, "no es tarea fácil, es cierto", estuvo de acuerdo con el comentario. "Pero cuando Vegeta no estuvo, hubieron tantas cosas en la crianza de Trunks que no hubiera podido resolver sola si no hubiera sido por tu ayuda", le recordó agradecida. "Criar un niño Saiyajin sola no es tarea fácil tampoco", aseveró asintiendo.
"Hablando de niños Saiyajin, ¿te parece si vamos a ver si las niñas necesitan algo?" preguntó la morena, aún escuchando las risas de las niñas en la otra planta.
"Buena idea," dijo Bulma, "¿tienes ganas de ir de paseo al centro comercial luego? Tal vez encontremos algo para sumar a tu estilo renovado," agregó risueña la mujer.
ChiChi dudó unos momentos ante la propuesta, aunque había cambiado mucho en este último tiempo, habían cosas a las que todavía no se acostumbraba, como cambiar su vestimenta. Pero con mirar no perdía nada, tal vez su amiga le podía dar algunas buenas ideas.
"Vale, ¿por qué no?", dijo, mientras ambas mujeres se levantaban de la mesa para buscar a las niñas y ver si necesitaban algo.
Vegeta estaba sentado sobre la cámara de gravedad, en medio del jardín de la Corporación, en una postura de meditación idéntica a la que utilizaba el namekiano en su soledad.
Había aceptado entrenar a las mocosas, y si las mocosas conseguían el permiso de sus madres, iba a tener que lidiar con ellas por al menos un año. Él les había dicho que no era un sensei, pero era cierto que no había nadie más que fuera el indicado para explotar el gran potencial guerrero de las dos chiquillas. Y si hubiera alguien, él no permitiría que la faceta guerrera de su princesa se arruine con vicios y malos entrenamientos.
A lo lejos escuchaba a las niñas reír y jugar en la habitación de Bra. Si bien él les había enseñado algunas cosas cuando eran muy pequeñas, sólo para evitar la destrucción de su hogar, esto era algo diferente; y si bien ya estaba acostumbrado a lidiar y entrenar niños, ya que desde que había decidido quedarse en la Tierra desde la derrota de Cell, muchos niños habían pasado por su haber. Gohan, quien había sido un digno oponente de entrenamiento, y venía a visitarlo y buscarlo para practicar bastante seguido hasta la llegada de Majin Boo.
Le parecía haber escuchado a su mujer hacer un trato con el niño, algo así como decirle a la gritona mujer de la sabandija que el niño venía a usar la biblioteca del laboratorio. Fueron buenos años los que entrenó con Gohan, podría haber sido el guerrero más poderoso, si no hubiera decidido enfocar todo su tiempo en los estudios, como su madre loca le había exigido.
Luego Trunks creció lo suficiente como para querer entrenar y saciar su sed de pelea, y se volvió amigo inseparable del otro mocoso, reflejo idéntico de la sabandija. Y pasó varios años entrenando a los niños también, aunque ellos no se tomaban el entrenamiento con tanta seriedad, las peleas parecían generar una unión entre el hombre y los niños que los mantenía fuertes de espíritu.
Y nuevamente las responsabilidades y el comenzar la vida adulta alejaron a Trunks y Goten de las peleas, ya no entrenaban asiduamente como cuando eran niños. Pero ahora, se daba la circunstancia de que a las niñas se les había metido en la cabeza la idea de pelear. La nieta de su enemigo siempre había mostrado interés por las artes marciales, pero en estos últimos meses que había estado entrenando con su abuela, su interés se había transformado en una pasión. Y era muy buena guerrera, a decir verdad. Para tener la sangre de una estirpe de clase baja, superaba muchas expectativas, e incluso parecía estar cerca de alcanzar el nivel de Super Saiyajin.
Y su hija, aunque no mostraba tanto interés por las peleas como la otra niña, cada vez que se juntaban terminaban jugando a algo relacionado a peleas y entrenamiento.
Sonrió ligeramente mientras seguía escuchando las risas a lo lejos de las niñas. Son guerreras, es inevitable, reflexionó con orgullo. En algún punto esperaba que sus madres les permitieran llevar a cabo su loca idea.
Él todavía tenía permitido pasar un día más en la famosa sala del mirador del Dios de la Tierra, ya que sólo puede usarse dos veces; era un lugar que lo había hecho mucho más fuerte, tanto en cuerpo como en espíritu. Sería bueno volver a aquel lugar que le traía tantos recuerdos.
"¡¿Qué?!" preguntaron las dos mujeres al unísono.
"Claro," comenzó la pequeña Bra, "nos irá muy bien y será muy divertido".
"¿Y desde cuándo te interesan las artes marciales como para querer participar en el próximo Tenkaichi Budokai?", le cuestionó su madre.
Las niñas se miraron y rieron, "bueno, nos gusta jugar a pelear entre nosotras, y papá cada tanto me enseña a controlar mi energía", agregó contenta la niña.
Ese maldito, pensó para sí la científica.
Para sorpresa de Bra, ChiChi no parecía tan horrorizada ante la idea. Si bien había levantado la voz al escuchar la petición de las niñas, se la veía bastante tranquila ante las chicas.
ChiChi se puso en cuclillas y miró a las niñas fijamente, "hablaré con Videl, y si te autoriza, te acompañaré a inscribirte", le sonrió a Pan. Luego miró a Bulma, "¿qué dices? ¿la dejas ir también?" preguntó a su amiga, mientras la pequeña niña de cabello azul hacía su cara de ruego para convencerla.
"Por favor mamá, papá aceptó entrenarnos", dijo con mucha felicidad y orgullo.
Bulma miraba de una niña a la otra, y luego a su amiga, que seguía de cuclillas, ahora mirándola también. Es como si el mundo se hubiera dado vuelta, ChiChi no se oponía a que su pequeña nieta luchara, Bra tenía ganas de entrenar, ¿y Vegeta se había ofrecido a ser su sensei? Bueno, definitivamente no necesitaban enemigos nuevos para generar alboroto. Estúpida sangre Saiyajin, pensó. Puso sus brazos en jarra, mirando la expresión curiosa de ChiChi y la mirada suplicante de las niñas. Ella misma de niña había sido una aventurera, ¿por qué iba a cortarle las alas a su hija si tenía sed de aventura? Cerró los ojos y soltó un suspiro, "está bien", dijo al fin. "Iremos todas mañana a inscribirlas," las niñas saltaban de alegría y ChiChi se incorparaba. "Si Videl te autoriza, claro", agregó la mujer mirando a la pequeña Pan.
"Gracias tía Bulma," dijo la pequeña morena haciendo eco a las palabras de Bra, "gracias okasan", y ambas niñas corrieron a abrazar cada una a su cuidadora.
Después de una larga videollamada entre suegra y nuera, con las pequeñas niñas y la científica de audiencia, se pusieron de acuerdo muy diplomáticamente.
"Tenía la esperanza que este torneo no le resultara tan motivante, ya que el anterior lo ganó con tanta facilidad," reflexionó Videl en voz alta mirando a la niña. "Pero si quiere participar, tiene mi permiso. Voy a comentarle a tu padre, seguro se pondrá contento," le sonrió la joven madre a la niña detrás de la pantalla, que ahora saltaba y abrazaba a su amiga peliazul.
Al final no había sido difícil convencer a sus madres de participar, ¿sería que el mundo se había vuelto loco?
N/A: Después de mucho tiempo decidí retomar esta historia. Le di un giro que yo tampoco esperaba, creo que necesitaba contar un poco el crecimiento de los personajes a lo largo de este periodo.
Cuando empecé la historia no había salido la saga de Super, así que está omitida en la cronología.
Pero la idea es ir explorando un poco las experiencias de todos, y sobre todo la pareja protagonista (un poco excéntrica para lo que vengo acostumbrada a leer).
Cuéntenme qué les va pareciendo hasta ahora, y si quieren explorar otras cosas también ^^.
Nos leemos pronto.
