Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen


Capítulo 6: Tercera a incribirse.

Lo miraba fijamente, algo en sus ojos había cambiado ligeramente, tenían un brillo que hasta hace unos momentos no había visto en su mirada. No sabía cómo sentirse al respecto, pero de las sensaciones que sí podía reconocer era una ligera incomodidad. No estaba acostumbrada a ser escrutada por hombres, apenas si interactuaba con personas que no fueran su familia, o sus amigos de vez en cuando.

Un pequeño cosquilleo en la boca del estómago la hizo erguirse, mientras que él en respuesta seguía posando fija su mirada en ella. ¿Qué pasa con este hombre, no pestañea acaso?, mientras se miraban fijamente, él sin inmutarse se levantó de la silla y fue a buscar un bulto que tenía desacomodado sobre una silla alejada que no estaban usando en ese momento. Se giró hacia ella, que seguía intentando descifrar qué era lo que había cambiado en la mirada de ese hombre, hasta que el contacto visual se rompió cuando él le extendió su brazo sosteniendo un paquete, "ten, esto es tuyo, te lo olvidaste el otro día en el bosque". Era su kimono.

Entre tantas sensaciones que había tenido en estas pocas aventuras a la hora de entrenar, no recordaba dónde lo había perdido, simplemente al no encontrarlo lo había dado por perdido completamente. Y ahí estaba su kimono prolijamente doblado, sostenido en la mano de aquel misterioso hombre.

Se levantó de la silla para tener un mejor alcance y poder tomar el vestido fuera de la mesa, cosa de evitar que cayera sobre el budín en caso de un mal agarre. Ambos quedaron de pie, uno frente a otro, y ella extendió su brazo para tomar el kimono. Algo en su mirada me impide dejar de verla, pensaba él mientras ella se acercaba para enfrentarlo. Ella extendió ambos brazos abriendo las palmas de sus manos para recibir el vestido, y él con una mano puso el paquete sobre las manos de ella, y con la otra sostuvo con su palma el dorso de las manos de ella, como cuidando que el paquete no se cayera. Se quedaron un breve instante ambos sorprendidos por el contacto, ninguno de los dos se movió para cortar el momento; ambos comenzaron a sentir un ligero calor que los invadió, él lo sintió en sus manos, y al parecer a ella se le subió a sus mejillas, que se estaban sonrojando sin control.

Estaba inmóvil, no podía hacer nada más que verlo mirarla, mientras sentía el calor de su mano sobre la suya. El contacto físico había sido completamente inesperado, y ciertamente no estaba acostumbrada a sentir lo que fuera que estaba sintiendo en ese momento. Sintió el calor en su propio interior subírsele hasta el rostro, ¿qué me está pasando? se preguntó incrédula. Quería alejarse como si hubiera tocado un carbón ardiente, pero la curiosidad de entender sus propias sensaciones se lo impedían y la mantenían quieta. ¿Podía ser posible que le atrajera lo que estaba pasando?

Nunca había puesto sus ojos en otro hombre que no fuera Goku, nunca siquiera se le había pasado por la mente mirar a un hombre con otros ojos. Pero al mismo tiempo, nunca se le había presentado una oportunidad de hacerlo. Su vida en la Montaña Paoz, como madre, como esposa, alejada de la gente en general, la habían tenido lejos de cualquier remota posibilidad de acercarse a un hombre nuevo lo suficiente como para dudar de sí misma.

Pero ahora aquí estaba, el tiempo se había detenido sintiendo el calor de la mano del misterioso Jinzouningen, su propio calor había aumentado todos sus sentidos y estar tan cerca de ese hombre le hizo sentir su olor. Era una mezcla de roble con algo parecido al jengibre, casi igual de penetrante. Dio un fuerte respiro, como para atrapar todas las esporas posibles del aroma hipnotizante que emanaba de aquel hombre, y con toda la fuerza que su voluntad le permitió en ese momento levantó sus manos rompiendo el contacto y dijo en un tono suave y calmado "Muchas gracias", y acercó el vestido hacia su pecho, como abrazándose en él para protegerse del inédito escenario que acaba de presentarse ante ella.

Él todavía estaba inmerso en su magnético calor, y parecía que en el momento que su mano había tocado la de ella, junto a su rubor su olor corporal se había hecho notorio, era como una mezcla de hierbas y de jazmín. Si hubiera sido por él, se quedaba horas disfrutando su aroma, y del suave tacto de su piel, pero la mujer en un delicado movimiento, y extrañamente sin dejar de mirarlo, llevó el vestido a su pecho y le agradeció, rompiendo el contacto.

Parpadearon casi al unísono, y el rubor en las mejillas de la mujer se acrecentaba ligeramente, Juunana-gou no pudo evitar esbozar una sonrisa de lado, la cual era tan relajada que la tomó por sorpresa. "¿Probamos el budín antes de entrenar?", preguntó, presintiendo que si él no generaba una razón para quedarse, ella buscaría una para irse.

Para su agrado, en el rostro de la mujer se dibujó una sonrisa pequeña, también de costado, como si fuera un espejo, y simplemente asintió, acercándose a la alacena para poner dos platos sobre la mesa y un cuchillo. "Vamos a necesitar energía", comentó ella, su tono de voz seguía sereno, y su rostro estaba adornado por un rojo escarlata encantador.


Las dos mujeres llevaban más de media hora caminando por las tiendas del enorme centro comercial central de Ciudad del Oeste. Ambas conversando sobre sus crecimientos en estos últimos años; la morena más concentrada en la charla y la peliazul dividía su mente en dos, inspeccionando cada escaparate por el que pasaban. Estaba convencida en hacer que ChiChi incorporase prendas que resalten su belleza, y no se iba a ir de ese centro comercial sin convencerla de llevarse al menos un atuendo completo.

"Mira Chi," interrumpió la conversación la científica, tomando del brazo a su amiga y señalándole el atuendo que se veía en la vidriera; constaba de una falda plisada de color celeste, un poco arriba de las rodillas, y una blusa sin mangas color crema con el detalle de tener la espalda y la parte superior del pecho, hasta el omóplato, transparente, era ajustada al cuerpo, y la parte opaca era de una tela satinada que parecía ser seda. ChiChi se giró para mirar lo que le mostraba su amiga y se sonrojó. "Bulma, no estoy acostumbrada a usar ese tipo de cosas", le explicó la mujer.

"Probar cosas nuevas siempre hace bien, ven, vamos a que te pruebes ésto, estoy segura que te quedará hermoso", le aseguró la peliazul, sin darle mucho lugar a discusión. No habría forma de que la morena le ganase la discusión, y aunque no se sentía segura, confiaba en el criterio de su amiga.

Las dos mujeres estuvieron entrando y saliendo de muchísimas tiendas, probando diferentes estilos, y para sorpresa de ChiChi, aunque aún no se hallaba en los atuendos que habían adquirido, debía reconocer que la hacían sentirse elegante, sensual y rejuvenecida. Cargaban decenas de bolsas y cajas, habían comprado ropa para al menos varios años de una nueva apariencia.

Qué pensará Juu-kun cuando me vea con esta nueva ropa pensó para sí, sonriendo y sonrojándose ligeramente. De repente la voz de su amiga la interrumpió. "Cualquier hombre moriría por invitarte a salir", le dijo entre risas la peliazul, mientras seguía sosteniendo a la otra mujer del brazo. ChiChi no hizo comentarios, seguía pensando en su amante y en su posible reacción, pero no quería adentrarse en ese tipo de conversaciones, aunque ella casi no hablaba de su marido, prefería mantener el silencio, era demasiada carga emocional estar siendo hipócrita al estar adulterando, y al mismo tiempo hablar de Goku como si ella lo quisiera en su vida era añadir más carga emocional, y sobre todo culpa y vergüenza.

La científica intentó no seguir con los comentarios, al ver el silencio de respuesta que le dio su amiga. Pocas veces hablaba de Goku, y a decir verdad cada vez que lo mencionaba su ánimo se ponía sombrío. Había logrado llevar esa tácita separación más que bien, y no quería decir nada que corriera el logro de la morena, estar feliz a pesar del abandono.

"Nunca pensé que estilos tan diferentes pudieran sentirse cómodos también", comentó la guerrera, para hacer conversación; a fin de cuentas si no hubiera sido por su amiga hoy no estaría renovando su guardarropa.

"Me alegra mucho que te guste lo que compramos", le respondió Bulma. "¿Qué tal si volvemos a la casa, eliges un nuevo atuendo para usar mañana para la inscripción de las niñas?", ofreció Bulma. "Es más, pueden quedarse a pasar la noche en casa y mañana vamos," agregó sonriendo.

"Está bien, Bulma-san, llamaré a Videl para contarle que nos quedaremos contigo y que mañana iremos a la inscripción del torneo", respondió ChiChi.


El Príncipe Saiyajin continuaba sentado sobre el techo de la cámara de gravedad, cuando algunos haces de luces lo sacaron de su meditación. Provenían de la habitación de su hija. Esto podía ser un mal augurio. ¿Un año entero con esas mocosas? ¿Por qué habría aceptado, de todos modos?

Con sus ojos entreabiertos, observando el espectáculo de fuegos artificiales que estaban dando las niñas, recordó lo mucho que había incrementado su poder luego de entrenar con con cada chiquillo de su diezmada raza. Así se había dado la circunstancia, primero había ayudado a entrenar al mocoso mayor del insecto, sobre todo durante esos años en donde había decidido permanecer muerto. Cobarde, pensó mientras hacía una mueca de desprecio y seguía recordando. Ni agallas suficientes para enfrentarme, ni agallas suficientes para entrenar sus propios críos.

Sin embargo, durante todos esos años que su eterno rival se los pasó en el otro mundo, Gohan y Vegeta entrenaban con asiduidad; durante los primeros meses el niño le hacía muchas preguntas, las cuales Vegeta o no le respondía, o le quitaba las ganas de seguir con su interrogatorio a los golpes. Mediante fueron pasando los años, tanto Gohan como Vegeta aprendieron a ceder ante las necesidades emocionales del otro. De vez en cuando el Príncipe respondía dudas sobre las costumbres de la raza Saiyajin, y el adolescente se limitaba a preguntar sólo cosas relacionadas a la historia y cultura de su pueblo, y a las batallas.

Aunque Vegeta sabía que no era un buen sensei, sabía que era el mejor contrincante posible, y las tantas veces que el Príncipe y Gohan habían quedado al borde de la muerte por sus entrenamientos lo habían demostrado. El majestuoso guerrero sonrió para sí, fue un potencial tirado a la basura, por culpa de la arpía de su madre, reflexionó.

Las luces seguían saliendo de la ventana del cuarto de Bra, y al observar más en detalle se dio cuenta que el juego parecía tener que ver con dibujar figuras en el cielo porque se notaban patrones. Apretó el cruce de sus brazos un poco más y se quedó pensando en la mujer de su rival; tantos años había estado en contra de que sus hijos lucharan, y ahora la misma ironía de la vida la había convertido en la sensei de su nieta. ¿Qué había ocurrido para que la arpía cambiara tan drásticamente de parecer con respecto a la lucha? Para ser humana realmente y para todo el tiempo que había estado inactiva en las artes marciales realmente se había vuelto muy buena, incluso para su edad, ¿pero cómo lo había logrado? ¿Era posible que ella sola hubiera podido encontrar toda esa fuerza interior y hubiera podido dominar todas esas técnicas? Por alguna razón tenía la sospecha que no había conseguido todos esos logros sola, lo que le parecía extraño, porque el ki de la mujer cuando la sentía entrenar siempre estaba sola o con la presencia de la niña.

Bueno, tampoco le interesaba hurgar en la vida de aquella mujer, suficiente era con tenerla deambulando en la casa cada tanto. Sea cuál sea el motivo de la mejora de su estado físico, no era de su incumbencia, y debía reconocer que estaba haciendo un buen trabajo.

Luego justo para el momento que Gohan decidió enfocarse más en sus estudios, y luego en formar una familia, y en el que su entrenamiento comenzaba a volverse monótono, su propio hijo y el otro hijo de la sabandija comenzaban a incrementar su interés por la lucha.

Nuevamente, él no había sido un buen sensei con ellos, pero cada batalla de entrenamiento había hecho que tanto los niños cómo él mismo incrementaran su poder de formas asombrosas. Aunque el defecto de ambos niños, al igual que lo había sido el de Gohan, era que eran demasiado confiados y muy inocentes a la hora de esperar un ataque, su gran virtud era la perseverancia y la resiliencia.

Realmente los niños tenían un potencial enorme, pero nuevamente las responsabilidades mundanas que les fueron imponiendo sus madres los alejaron de las batallas, y sólo entrenaban de vez en cuando para no perder el ritmo.

Y aunque no quisiera admitirlo, que se le volviera a presentar la oportunidad de luchar y entrenar aunque fuera con esas mocosas, le generaba una adrenalina que había pensado perdida.

Flotó ligeramente sobre el techo de la cámara de gravedad y saltó al verde césped del jardín, su único espectador la exhibición de formas de luces que salían disparadas desde la ventana al cielo, y entró en la cámara de gravedad en busca de unos trajes de entrenamiento para las dos niñas. Bulma siempre dejaba guardado y disponible armaduras de todos los talles desde hacía muchos años, y estaba seguro que tenía varias que podían quedarles bien a las chiquillas.

Revolvió en los cajones del armario de la habitación que se encontraba en el subsuelo de la cámara, y efectivamente encontró varias armaduras que supieron ser de Trunks y Goten cuando eran pequeños. "Con esto podremos comenzar", dijo mientras apilaba las prendas en su brazo libre, y salía en busca de las niñas.

Dio un salto para caer nuevamente en el césped del jardín de la Corporación Cápsula y dio un salto hacia el origen de los fulgores, y cuando estuvo flotando de pie junto a la ventana, el espectáculo de relámpagos se detuvo junto con las risas de las niñas que lo miraron con curiosidad.

Sin mucho protocolo ni delicadeza, el Príncipe le lanzó una armadura a cada niña y las miró de una a la otra, mientras las niñas observaban las prendas que ahora tenían en sus manos.

"En una hora las quiero vestidas y listas para comenzar a entrenar en la cámara de gravedad", dijo el poderoso hombre, de brazos cruzados y mirada seria.

Por un momento hubo un silencio hasta que la morena sonrió ampliamente y respondió "Claro que sí tío Vegeta, en una hora estamos listas". A lo que la hija del guerrero sonrió en respuesta ante la situación y dijo "Gracias papá, será muy divertido",

"Hmp", dijo el hombre serio, escrutando a las niñas. Parecían tener buen potencial, la nieta del mocoso ya estaba entrenada pero tendría que trabajar mucho en pulir sus técnicas, aunque por otro lado su propia hija nunca había entrenado formalmente, por lo que suponía que eso podía llegar a ser un problema.

"Bra", sentenció el hombre como ultimatum, a lo que la niña se quedó mirándolo con cuidado. "Ni pienses que por ser mi hija voy a tener compasión de ti, ¿está claro?".

La niña asintió, poniendo una expresión seria y solemne en su rostro, imitando a su padre. "Está claro", volvió a asegurar, esta vez con palabras.


"Gracias suegra, enviaré a Gohan para que les lleve algunas ropas para que puedan cambiarse", decía Videl al otro lado del teléfono.

ChiChi sonrió y le dijo "bueno, ya que mañana tendrá que venir a Ciudad del Oeste, con que traiga ropa para Pan es más que suficiente, yo ya tengo una muda para mañana, no te preocupes por mí", le agradeció a su nuera y se despidieron. Al día siguiente, antes de salir con las niñas hacia la inscripción del nuevo torneo, Gohan pasaría a dejarle algunas mudas para que Pan tuviera con qué cambiarse cuando lo necesitara.

Mientras la morena colgaba el teléfono, Bulma estaba sirviendo un té helado para refrescarse después de tan largo paseo.

"Sabes, creo que mañana deberías usar ese precioso vestido naranja tubo con las botitas azules, te queda espléndido, y me hace recordar a cuando los muchachos entrenaban con el maestro Roshi", dijo sonriendo, y en sus ojos el brillo de los recuerdos de años anteriores que parecían otra vida. "Tengo unos brazaletes azules que ya no uso que te harán juego y quedarán hermosos", agregó mientras sorbía el primer trago de su refresco.

En el rostro de ChiChi había una mezcla de sensaciones, por un lado sentía un poco de vergüenza de ponerse ropa tan diferente a la que estaba acostumbrada, pero al mismo tiempo ilusionada por expandir su cambio en otras áreas de su vida. Y por otro lado, la mención del maestro Roshi le había dado una cierta sensación de nostalgia que le costaba omitir.

"Qué tiempos aquellos los de Kame House, ¿cierto?" dijo mientras probaba ahora su refresco. "¿En dónde estará Son-kun?" preguntó en voz alta sin querer, había querido pensarlo para sí misma pero se le escapó compartir el pensamiento.

"Pues hace mucho no viene a visitar," dijo la científica, y con cautela añadió, "¿Hace cuánto no sabes de él?".

ChiChi soltó un suspiro y cerrando sus ojos negó con la cabeza, "Ya van 5 años que no tengo noticias de él", soltó una risa amarga, alzó la vista y miró a su amiga, "ya empiezo a sospechar que no vendrá más".

"No digas eso ChiChi", la reprendió su amiga, "aunque es cierto que no es el mejor ejemplo de padre de familia, él te ama, y ama a sus hijos y nieta, pronto volverá," la reconfortó. "Es sólamente un obsesivo de las peleas, y bueno, nos dijo que entrenar a ese niño... ¿Uub se llamaba? Sí, Uub, era algo muy importante para el universo", reflexionó recordándole el motivo de la partida del guerrero.

"Bueno, ese es el problema con Son-kun, Bulma-san", el rostro de ChiChi se ponía serio, casi sin expresión, gesto que había adquirido en estos últimos años. "Siempre hay algo más importante para él que su familia", continuó, y antes de que Bulma pudiera añadir algo continuó, "hasta hace más de 3 años yo lo esperaba, creía de verdad que vendría aunque sea a visitar, pero," hizo una pequeña pausa, y levantó su mano para que su amiga la deje continuar, "entendí que no ocurriría, o por lo menos no por mucho tiempo más. Sabes, hubo un día en el que no pude más con mi soledad, y tuve que hacer algo para no volverme loca," con ese comentario detuvo las ganas de Bulma de agregar un comentario, y su amiga simplemente se quedó mirándola y escuchándola atentamente. "Y por eso volví a entrenar", soltó una grácil risa que denotaba más ironía que alegría. "Y creo que hasta entiendo por qué no vuelve", agregó, para sorpresa de Bulma que se mantenía mirándola fijamente, sin saber si consolarla o simplemente quedarse en su lugar sin hacer nada más que escuchar. "La sensación que se logra al entrenar y superar los propios límites es muy satisfactoria, el mundo deja de existir durante ese instante".

Mientras ChiChi seguía compartiendo con su amiga todas las sensaciones que estaba consiguiendo gracias a su entrenamiento, los ojos de Bulma se iluminaron, haciendo que ChiChi dejara de hablar para permitirle meter bocado. "Chi, ¿y por qué no te anotas tú también en el torneo?", le dijo la peliazul con los ojos lleno de ilusión.

ChiChi apoyó su taza en la mesa y se quedó mirándola en asombro, ¿anotarse en el torneo ella? Nunca se le había ocurrido. No se sentía en edad de participar en un evento así, y últimamente entrenar se reducía a compartir tiempo con su nieta, y conectarse más profundamente con su amante, cosa que no podía compartir.

Pero por otro lado, reflexionó la morena, no tenía con quién comparar su evolución de estos últimos años, y tal vez la sugerencia de la científica no era una idea tan mala después de todo.

"Sabes, no lo había pensado", respondió con serenidad. "Pero tal vez no sea una mala idea", agregó. "Total no pierdo nada", agregó con una sonrisa haciendo que la anfitriona aplaudiera de alegría.

"Bueno, entonces mañana será un día sumamente emocionante en la inscripción", dijo la científica.

"Ven, vamos que te ayudo a preparar comida para todos estos Saiyajin", dijo la morena, cambiando de tema, intentando volver al lugar del que tanto le había costado salir, el de madre cuidadora.

"Vale, vamos", dijo la peliazul. "Pero dime, ¿usarás el atuendo que te dije entonces?" preguntó entre risas; a lo que la morena la miró y le devolvió una cálida mirada seguida de risas contagiadas, "sí Bulma-san, me parece un atuendo hermoso,"


N/A: Antes que nada gracias por sus reviews, y por leer esta historia. La verdad que hacer una historia de varios capítulos es más difícil de lo que pensaba, pero estoy disfrutando bastante del proceso. Siento que hay partes que están avanzando muy lentas, pero más adelante todo se unirá en un sólo momento en el tiempo y tendrá más sentido (o eso espero ^^' )

Toda crítica constructiva es bienvenida, cuéntenme qué les va pareciendo.

Les mando un abrazo enorme, y sigan cuidándose mucho!