Cuando la conciencia volvió a Alice, fue lentamente, primero sintió un destello de luz pasar sobre ella, luego fue conciente de que no podía abrir los ojos todavía, le pesaban terriblemente. Lo siguiente, fue el dolor, lo sentía en todas partes de su cuerpo a medida que sus terminaciones nerviosas volvían a activarse. El dolor era sordo, atenuado pero latente, eran como si puntadas de dolor la fueran recorriendo, todas en diferentes direcciones y diferentes lugares con distintas intensidades. Debe haber hecho una mueca porque pudo distinguir lentamente voces alrededor de ella, pero no podía entender lo que decían, eran como si las estuviera intentando escuchar detras de una pared muy gruesa.

Respondiendo a su dolor, movió una mano, apretando con fuerza sus uñas contra la palma, solo para que segundos después alguien tomara su mano y metiera sus dedos entre medio de su agarre, para que ella no se hiciera daño y a la vez, para brindar algún tipo de apoyo. Entonces vinieron los recuerdos, todo lo que sentía de repente se intensificó y los latidos de su corazón resonaban en sus oídos con muchísima fuerza, parecía que iba a explotar con cada recuerdo siendo más difícil que el anterior. Los golpes, las amenazas, las torturas en diferentes partes de su cuerpo; cada recuerdo trayendo un remanente de los dolores acontecidos en ese entonces de su mente a su cuerpo. Adam, su sonrisa malvada, su mirada intimidante y el recuerdo de todo lo que había cometido contra ella, contra su familia y contra personas inocentes, revivió en su cabeza.Ya no quería seguir viendo todo, quería abrir los ojos, salir de la pesadilla. Su respiración se aceleró y apretó con fuerza la mano que estaba agarrada con la suya y al fin, pudo abrir los ojos.

Primero que todo, fue cegada por la luz de la habitación, la fluorescencia blanca que la rodeaba le hirió el sentido de la vista e inevitablemente recordó que había poca luz en donde había estado secuestrada, tanto en la habitación como en el sótano. Le tomó unos pocos minutos recuperar la capacidad de enfocar su visión y poder mirar alrededor. Sintió que su mano era apretada de vuelta, con cariño y firmeza y, lentamente, giró la cabeza hacia ese lado. Y vio a las dos personas que más quería ver en sus últimos momentos, cuando estaba segura que iba a morir a manos del asesino de su padre. Rosalie estaba a un costado, recostada contra la pared al lado de la puerta, tenía una tenue sonrisa en su rostro y estaba llorando en silencio. Y frente a ella, en la silla al lado de su cama a la altura de su pecho, estaba Jasper, él era quien sostenía su mano. Alice no fue capaz de hablar, su garganta ardía pero aun así lo intentó. Apenas había abierto los labios cuando la puerta de la habitación se abrió y varias cabezas se asomaron por ella.

Sus compañeros estaban allí, pudo ver a Esme, Carlisle, Edward, Emmett que entró y se paró junto a Rose y a Bella que le sonreía desde la puerta abierta. Si antes dudaba que pudiera hablar, ahora mucho menos iba a poder hacerlo cuando los vió a todos allí, velando por ella y sonriéndole tan cálidamente. Inevitablemente, se derrumbó y apenas alcanzó a sonreír un poco antes de empezar a llorar fuertemente.

Ante los primeros sollozos de Alice, Jasper volvió a apretar su mano una última vez, y se incorporó de su asiento y miró hacia los miembros que estaban en la puerta, Carlisle asintió, comprendiendo el pedido silencioso y fue a buscar al médico para informarle que su paciente había recuperado la conciencia. Jasper fue del otro lado de la cama de Alice y preparó un vaso con agua, acercándole el vaso a los labios para que bebiera, menos mal que no estaba acostada ya que debido a las lesiones en la espalda habían tenido que inclinarla para que sea más fácil controlar la curación.

Ella tomó con cuidado algunos pocos sorbos y le dió una débil sonrisa antes de girarse a mirar al médico que entraba por la puerta. Jasper la miró con detenimiento mientras el doctor la atendía revisando sus signos vitales y los demás se acomodaban dentro del espacio. La emoción que reinaba en la habitación medianamente estrecha parecia ser absorbido por él. Todos estaban emocionados, la alegría y la tristeza se mezclaban en cada mirada, en cada pequeña sonrisa de todos los rostros en la habitación. El encontró sus propios sentimientos sumamente revueltos. Estaba alegre y feliz de que ella estuviera despierta, se viera mejor y que no pareciera tener complicaciones físicas, a la vez estaba enojado, consigo mismo, con la situación y la injusticia le pegaba duro como si se hubiera dado un golpe contra una pared.

Pensar que casi no habían llegado a tiempo, si se hubieran tardado más, si hubiese habido más cómplices en la casa, cualquier mínimo descuido pudo haber conducido a un descenlace peor que este, Alice podría haber muerto por mil y un detalles eventuales. Que lo hubieran evitado había sido casi un milagro. Recordó con fuerza como la había encontrado y sostenido, y cuando ella cerró los ojos y él creyó que había muerto, que la había perdido. La sensación fue peor que todo lo que había vivido antes. Estaba logrando asimilar sino superar las pérdidas que había tenido algunos meses antes y estaba muy seguro, que si hubiese perdido a Alice también, hubiera caído tan profundo que no iba a soportarlo en absoluto. La adrenalina que lo inundó cuando Carlisle sintió el pulso débil pero constante en Alice mientras él estaba entrando en crisis y le dijo que aún estaba viva, le dió la fuerza que necesitaba para acomodarla en sus brazos y llevarla a la ambulancia que estaba llegando a los pocos minutos. Desde que la habían hospitalizado, pasó cada día a su lado el mayor tiempo que había podido. Quería estar ahí, por si ella mejoraba, si había algun problema o si despertaba finalmente, sea lo que sea, él debía estar ahí. Sentía que le había fallado a Alice, al profundo amor que se cristalizó en las últimas semanas y a sí mismo.

Todos sus compañeros de equipo, así como Carlisle y Esme, habían tenido sus momentos a su lado, hablándole e intentando menguar sus sentimientos de autodesprecio. Y sin duda, de vigilar sus reacciones por si la depresión venía a golpearlo fuertemente de nuevo. Jasper estaba agradecido profundamente con todos ellos, habían ayudado de la manera que pudieron y lo mantuvieron a flote a lo largo de los días. Ahora, iba a dejar esos pensamientos que lo atormentaban e iba a fijar toda su atención en ayudar a Alice en su mejoría y estar todo lo que pudiera a su lado. Más allá del trabajo incluso, si ella se lo permitía.

Todo se iba a encaminar de ahora en adelante, todos estaban poniendo lo mejor de sí para resolver todas las consecuencias de este conflictivo caso y dar un cierre que genere algún sentido de justicia para todas las familias involucradas. Pero para ello sin embargo, era necesario que Alice declarar y relatara todo lo que había sucedido esos días que estuvo retenida, si podía aportar alguna otra información sería de gran ayuda para todos.

Mientras el médico le realizaba a Alice algunas preguntas básicas, como si sabía su nombre, que mes y año era, si sabía dónde estaba y demás, el teléfono de Edward sonó con un mensaje y su cara se descompuso visiblemente ante lo que estaba leyendo en su pantalla. Se acercó hacia Carlisle y le mostró el aparato para que leyera lo mismo que él y Jasper vió cómo la frente de su superior se arrugó con incredulidad. Carlisle y Edward se miraron, luego se disculparon con un rápido deseo de mejoría a Alice y salieron por la puerta.

Algo en el fondo del estómago de Jasper se sintió pesado y frío, el mal presentimiento asentándose poco a poco.