Capítulo 2

La vida antes de ella

Cuando el destino está escrito sólo es cuestión de tiempo

...

Michiru era una joven de rasgos finos y delicados, portadora de una elegancia y una belleza que dejaba cautivado a más de uno. Proveniente de una familia de clase social alta, ortodoxa y muy estricta. Desde niña le inculcaron la disciplina, el amor a la música y al arte. A su corta edad ya era un prodigio en el violín y en un sinfín de actividades más.

Sus padres eran amigos de la familia Furuhata los cuales tenían un hijo, Andrew unos años mayor que Michiru.

Ambos padres se conocieron desde pequeños y eran muy buenos amigos. El suceso que para ellos marcó aún más su amistad fue cuando siendo niños jugaban cerca de un rio y de pronto uno de ellos, Kaioh, cayó al agua estando a punto de ahogarse pero Furuhata lo rescató, salvándole así la vida. Éste en agradecimiento a su amigo y salvador le juró que algún día le devolvería el favor de alguna manera.

Tanto fue así que siendo ya adultos cuando Furuhata tuvo a Andrew, su amigo le prometió, como hombre de palabra que era, que si tenía una niña la casaría con su hijo cumpliendo de esta manera su promesa. Además le heredaría el negocio familiar, de esta forma las familias seguirían emparentadas como también mantendrían sus fortunas.

Y así fue como se planeó todo, al momento de nacer Michiru ya tenía su destino escrito. Ella y Andrew crecieron juntos y como sus casas eran contiguas jugaban todos los días, volviéndose cada vez más inseparables.

Pasaron los años y estos jovencitos fueron creciendo y así su cariño el uno por el otro, compartían todo e iban a casi todos lados juntos. Él la protegía de todos y de todo. Al crecer sus sentimientos para con ella también fue en aumento hasta que un día le confesó que estaba enamorado. Los dos eran conscientes desde muy pequeños de su destino. Así que cuando él solicitó su mano al señor Kaioh, éste no realizó objeción alguna.

Los años pasaron y ellos se transformaron en una pareja modelo, ejemplar según sus padres. Ambas familias poseían empresas en distintas zonas y con el casamiento se fusionarían en una sola.

En el momento de su retiro el señor Kaioh ascendió a su futuro yerno delegándole el control de la empresa, lo cual implicaba irse a vivir a otro país. Primero se fue Andrew para asentarse unos días y organizar todo en el trabajo, encontrar una casa y demás, solo quedaba que Michiru viajara y se mudara con él.

Con el transcurso de los años ella comenzó a sentirse rara, como que algo estaba mal, algo le estaba faltando, no dudaba de su cariño hacia Andrew pero se sentía abatida ya que se casaría a con un hombre que estimaba mucho pero era el único que había conocido; desde hace ya un tiempo que se comenzó a sentir vacía. De igual manera trataba de ocultar ese sentimiento ya que no se le permitiría romper la promesa de su padre.

La fecha de la boda y así los preparativos se estaban acercando. Ambas familias decidieron que sería lo mejor realizarla en el mismo país donde la joven pareja se quedaría a vivir.

Cuando llegó el momento en que todos debieron viajar para tan importante suceso, ya que faltaban pocos días, Michiru tenía programado uno de sus conciertos lo cual le impidió viajar junto a toda su familia por lo que tuvo que tomar el vuelo un día después.

Entre el apuro de no perder el avión y sus familiares que le recriminaban por ser la última en llegar, estaba muy nerviosa, todos esperaban tanto de ella, pero nunca nadie le preguntó qué era lo que quería o que opinaba con respecto a cualquier tema, solo debía asentir como la niña obediente que era.

En ese avión fue donde conoció a un rubio peli corto que la dejo cautivada desde el primer momento, que para su asombro resultó que era una mujer. No podía creer que se sentía atraída hacia esa persona, pero ella tenía a su prometido que la estaba esperando y el hecho de imaginarse lo que dirían sus padres al respecto la preocupó bastante, bueno al inicio.

El viaje le resultó intenso y hasta revelador… Y así fue que lo decidió, se dejo levar por primera vez por lo que sentía y no lo que le ordenaban...