Capítulo Nº 3
Miedos
Mientras caminaban Haruka intentaba disimuladamente mirar a la chica que iba a su lado, bueno más bien para nada disimulado, logrando que Michiru se percatara de ello y cada tanto volteara por solo unos segundos para corresponderle aquel gesto con una sonrisa y volver velozmente su mirada hacia el frente, terminando completamente sonrojada.
- ¿Que ropa necesitaré para la fiesta?- preguntó en un momento a la peli corto lográndola sacar de su ensueño.
-¡¿Qué?!- un poco desorientada ya que estaba en las nubes y no había entendido del todo que era lo que ella le había preguntado.
-Pregunté sobre la fiesta, como será, formal, elegante…
-Sera una fiesta pequeña, íntima, solo para amigos y familiares. Estoy segura de que algo trajiste en esta maleta- hablándole irónicamente ya que su equipaje se notaba bastante pesado. Pero enseguida se disculpó ya que ella misma se había ofrecido a llevar la maleta mientras llegaban a destino.
-Claro que si, pero no era para eso-
Al notar que se estaba poniendo triste se detuvo, lo cual sorprendió a Michiru haciendo que la quedara observando asombrada, la tomó de la mano y le dijo:
-Si estas arrepentida aún hay tiempo, puedes volverte, lo entenderé-
Ella solo la miró con tanta ternura que provocó que la rubia sintiera que su corazón iba a explotar sin saber antes aquella respuesta. Luego, con la mano que le había quedado libre, la dirigió hacia su rostro para acariciarlo, gesto al cual instintivamente Haruka correspondió con su otra mano, como conteniendo esa caricia.
-Nunca estuve tan segura de algo en mi vida, claro que me asusta y tengo mucho miedo, pero no me iré- terminada la frase se acercó aún más hacia su pecho para pegarse a éste y quedó mirándola como esperando una respuesta ante su declaración. La peli corto le respondió con un suave beso en los labios, con el cual no necesitó más de las palabras.
Pasaron unos segundos y fue Haruka misma la que interrumpe ese preciado momento, pero sin soltar a su sirena le comenta:
-¡Ah! No te dije, pero estamos yendo a mi casa primero, después de allí iremos a la fiesta-
-Está bien- titubeo casi sin aliento, ya estaba bastante sonrojada, a lo cual la rubia respondió con una risita juguetona.
-Vamos, ya casi llegamos- y sin soltar su mano retomaron la marcha, la casa no quedaba tan lejos de allí.
…..
-Bienvenida a mi humilde hogar- expresó cuando se detuvieron delante de un gran portón que dejaba entrever una enorme casa, que más que una casa parecía una mansión, bueno en sí lo era. Al presionar el interruptor del portón una voz contestó.
-¿Si?-
-Jaime soy yo, ábreme-
-Si Sr. ¿Pero que hace caminando? ¿Por qué no solicitó el auto?- era su mayordomo de toda la vida, lo conocía desde que era muy pequeña, prácticamente era como un padre para ella, ya que sus padres vivían viajando por asuntos de negocios por meses, casi no los veía, así que era como estar viviendo solo.
-Le dije a Charles que no me buscara, que venía caminando-
Michiru a todo esto la quedó observando intrigada y hasta con un poco de enojo.
-¿Que te sucede?- le preguntó mientras se abría el portón y se dirigían hacia la entrada.
-Teniendo auto caminaste hasta aquí, ¿porque?-
-Quería caminar contigo- la miró con dulzura, tanta que ella no pudo decir nada más, ya que en realidad prefería mil veces aquella caminata que logró que pareciera que habían pasado unos mil años a un viaje en vehículo que hubiera durado apenas unos minutos.
Al llegar a la puerta principal el mayordomo los recibió cordialmente.
-Buenos días Sr, Buenos días Señorita-
-Buenos días Jaime- contestó la peli aguamarina.
-Pasen por favor, ya les anunciaré a todos de su llegada- se retiró hacia la cocina para que los demás empleados supieran que el dueño de la casa había llegado.
-¿Me aguardas unos minutos aquí? Ya regreso, necesito hacer una llamada-
-Sí, claro- se acomodó en uno de los sillones, mientras esperaba observaba todo a su alrededor, la casa poseía una decoración y un estilo que le llamó mucho la atención. Claro está que ella estaba acostumbrada a esas cosas, pero esa casa por más que estaba exquisitamente decorada y parecía sacada de un cuento de hadas, era bastante fría y sombría, denotaba tristeza, una gran tristeza.
El mayordomo de acercó hacia donde ella se encontraba con un jarrón de esos que parecen que debieran estar más en un museo que en una sala, el cual contenía unas hermosas flores con un aroma exquisito, eran tulipanes color rojo y los colocó justo sobre una pequeña mesita ubicada entre ella y el piano.
-Esto necesita este lugar, más vida, más color- dijo el hombre con la mirada fija hacia Michiru.
-Son hermosas- atinó a decir.
-Son de aquí, las cultivamos nosotros, me parecieron adecuadas para la ocasión-
- ¿Qué ocasión?- preguntó ingenuamente.
-Es la primera vez en años que el Sr trae a alguien a la casa-
Michiru no pudo preguntar nada, le intrigaba el porqué se referían a Haruka como Sr, de pronto la rubia apareció como de la nada interrumpiéndolos.
-Jaime por favor prepara una habitación para la señorita, necesita prepararse para la fiesta.
-Si Sr, enseguida- y se marchó lo más rápido que pudo.
- ¡La llevará a la fiesta!- les comentó con una gran alegría a la cocinera, a la mucama y al chofer que se encontraban observando sigilosamente desde la cocina- Ve niña, vamos que esperas- dirigiéndose a la mucama para que preparara la habitación de huéspedes.
-Listo, ya está todo preparado, cuando Jaime tenga la habitación puedes ir a alistarte, yo haré lo mismo- dijo dirigiéndose a Michiru mientras notó las flores.
- Este Jaime- se dijo internamente y sonrió.
Enseguida apareció la mucama anunciando que ya estaba lista la habitación y solicitándole a la peli aguamarina que la acompañara hacia la misma, esta aceptó muy cordialmente y la siguió.
-Muchas gracias-
- Por favor señorita, es un placer, estaré aquí afuera por si necesita algo-
-El placer es mío, dime Michiru-dijo extendiendo su mano para saludarla. La chica no sabía cómo responder ante eso, nunca los invitados la habían tratado con tanta amabilidad, solamente su patrón, que a veces la hacía sentir un poco incomoda con su manera de coquetear.
Ya dentro de la recamara, comenzó con el labor de prepararse para la fiesta. Primero buscó que se iba a poner, que vestido, que calzado, collar, etc. Luego de algunos minutos de indecisión y de probarse varias cosas, se decidió y preparó todo sobre la cama, para luego dirigirse a tomar una ducha. Está de más explicar que el baño se encontraba en la habitación por lo cual no debía salir de la misma para ducharse.
Salió de la ducha con una toalla que cubría su cuerpo, sus cabellos aún estaban mojados y caían gotas de agua sobre sus hombros cuando de repente alguien golpeó su puerta. Al pensar que sería la joven le permitió que pasara.
-Pasa- ella estaba acostumbrada a que las empleadas la ayudaran, más que nada con la elección de la ropa y demás accesorios.
Al abrirse la puerta notó que no era la joven, era una rubia vestida de manera muy elegante, con un traje blanco y unos zapatos muy bien lustrados pero con su cabello corto algo alborotado y ese aroma al perfume que portaba, era algo cautivador. Se veía tan encantadora que parecía sacada de un cuento, tanto que Michiru no pudo dejar de demostrar en su rostro admiración quedando perpleja.
-Si dejas la boca tan abierta babearas, ya sé que me veo alucinante, pero no es para que babees, o bueno quizás si- dijo con una sonrisa burlona mientras cerraba la puerta detrás de sí.
Ella cerró su boca pero sin antes llevarse su mano hacia la misma casi sin pensarlo para corroborar sino había babeado. Su cara estaba roja de la vergüenza.
-¿Necesitas ayuda?- dijo con picardía y se acercó galantemente hacia ella.
-Me estaba por vestir-
-Te ayudo si quieres- y viendo que no hizo objeción alguna comenzó a retirarle lentamente la toalla que la cubría. Mientras tanto Michiru no podía contenerse, estaba tan nerviosa que temblaba de una manera, como si hicieran varios grados bajo cero. Al sacarle la toalla pudo apreciar la perfecta silueta de su sirena, con el cabello aún mojado y además portando un finísimo conjunto de encaje color piel, la estaba volviendo loca. Su cuerpo estaba tan pegado al de ella que la peli aguamarina casi no podía respirar. En un momento Haruka se aproximó aún más pero estiró uno de sus brazos hacia la cama, tomando así el vestido.
-¿Me permites?- expresó pícaramente sabiendo lo que estaba provocando en Michiru mientras empezó a ayudarla a colocarse el vestido. El mismo era de una seda muy fina, de color celeste con un corte corazón en el pecho y ajustado hasta la cintura para luego caer en campana plato delicadamente hasta los tobillos. Le terminó de subir el cierre por detrás y le susurró al oído:
-Es un magnifico vestido-
-Gracias- llegó a decir, estaba completamente nerviosa, pero a la vez cómoda de una manera que nunca había estado.
-¿Los zapatos? ¿Estos?- señalando unos que se encontraban en el piso al borde de la cama.
-Si, ¿acaso no te gustan?-
-Claro que me gustan- y la sentó sobre el borde de la cama para poder colocárselos.
-Falta el collar- se levantó y tomó el collar que había dejado sobre la mesita de luz.
- Date la vuelta- le ordenó la rubia y ella le obedeció.
Michiru giró y quedó a espaldas de ella y de una manera casi sensual retiró su cabello levantándolo dejando su nuca desnuda para que pudiese colocarle el collar.
-Es una piedra…-
-Una aguamarina, si la conozco, se de piedras- dijo interrumpiéndola y la volteó para tenerla de frente.
-Te ves preciosa-
-Gracias- dijo muy apenada- y tu también-
-Ya lo sé - expresó con un rostro lleno de orgullo.
-Ahora sí, ¿vamos?-
-Espera- dijo mientras sacaba de uno de los bolsillos del traje una pequeña cajita, la misma que había utilizado en el avión.
-Ponte éstos- abrió aquella caja y se pudieron apreciar un par de aros de cristal en forma de gotas de agua con piedras de un color mar.
- Le combinan de manera excelente con el atuendo, mejor imposible- pensó la rubia.
-No puedo aceptarlos, son tuyos- terminó de decir eso y se quedó pensativa como recapacitando en lo que acababa de expresar. Mientras tanto Haruka se los colocaba.
-La verdad es que no son míos, son de alguien que estimo muchísimo y sé que no le molestará que los uses en la fiesta- Luego se quedó admirando como le quedaban puestos.
- Además solo te los estoy prestando, no obsequiando- terminó de decir y acomodó sus cabellos para que se lucieran más los aros.
-Si claro, ya lo sé- dijo toda apenada.
-Ahora si vamos que llegaremos tarde-
-Si- dijo mientras le correspondía a esta que la tomaba de la mano- ¿Estás segura de que no molestaré, no?-
-Claro que no, vamos-
…..
Continuará
