Capítulo 6

Aquellos tulipanes rojos

Un rayo de luz se asomaba tenuemente a través de las cortinas de una de las ventanas de la habitación, dejando entrever como se disipó aquella tormenta que pareció haber querido ser el fin del mundo. Pero no lo fue, un nuevo día estaba comenzando y el sol tímidamente comenzaba a salir.

Despertó y lo primero que sus ojos vieron fue a su amada sirena recostada sobre su pecho, abrazándolo y con una gran sonrisa dibujada en su rostro. No pudo contenerse de tanta hermosura y con las puntas de sus dedos acarició suavemente la piel de aquel brazo que estaba al descubierto. Al cerrar los ojos vinieron a su mente varias imágenes, entre ellas el cuerpo de la peli aguamarina que se encontraba desnudo bajo las sabanas, el cual recordaba hasta el más mínimo detalle.

Quién sabe si fueron las caricias las que la despertaron o simplemente el escuchar su respiración que se notaba cada vez más agitada gracias a esos recuerdos, pero Michiru entreabrió los ojos y se percató que la peli corto la estaba observando como si ella misma fuera una obra de arte.

-Buenos días mi sirena- le habló dulcemente y depositó un suave beso en la comisura de sus labios.

Ella le entregó su mejor sonrisa y solo atinó a levantar unos milímetros el mentón para realizar un gesto con su boca, estirando a su vez los labios para concretar aquel beso tan sutil.

Haruka la envolvió entre sus brazos y le entregó ese beso que su amada le estaba reclamando. Para luego de unos segundos soltarse y mirarla fijamente a los ojos.

-Nunca pensé que volvería a sentir algo así-sus ojos estaban clavados en los de ella.

Su sirena estaba completamente ruborizada pero sin apartar la mirada le respondió.

- Y tu cambiaste mi vida- sin decir más se hundió en su pecho y unas lagrimas corrieron por sus mejillas. La rubia al verlo se sorprendió y con tristeza la apartó de ella.

-¿Estás triste o quizás arrepentida?- dijo sollozando.

-¡No! No lloro de tristeza sino de felicidad- el rostro de la rubia comenzó a recobrar su color.

-Pensé que…- pero no pudo terminar la frase.

-Shhh- apoyó delicadamente su dedo índice sobre los labios de su Haruka, callándola.

-Ni lo pienses- la tomó del rostro con ambas manos y la observó dulcemente a los ojos por unos segundos, los cuales fueron eternos para la rubia, para luego acercársele de una manera tan suave hasta terminar depositando sus labios sobre los de ella. Parecían dos tórtolos enamorados dándose pequeños besos seguidos uno detrás del otro, se podría decir que casi se olvidaban de respirar. Pero esos mismos besos pasaron de ser suaves e inocentes y se fueron transformando en más intensos, más ardientes. Haruka llevó una de sus manos hacia las caderas de su sirena aprisionándola contra ella, mientras que con la otra se quedó jugando y oprimiendo uno de los senos de su amada. Michiru comenzó a jadear cada vez más sin soltarse de sus besos mientras su rubia recorría su cuerpo por debajo de las sabanas.

En un instante al separar sus labios se miraron fijamente y quiso decirle tantas cosas pero no pudo ya que llamaron a la puerta.

-Señor, disculpe el atrevimiento- se escuchó del otro lado. Era Jaime que al buscarlo en su habitación y notar que no estaba allí fue al cuarto de invitados donde se encontraba Michiru.

-¿Si, que pasa?-

-Señor hoy es el día, ¿lo recuerda? Ya está todo listo Señor-

Haruka abrió bien grandes los ojos, se había olvidado.

-Ya voy- se levantó de un salto en busca de sus prendas. Pero olvidaba que su ropa estaba en la otra habitación, en esta solo estaba su pijama y su ropa interior.

Michiru primero la observó como atontada no entendía que sucedía pero no se animaba a preguntar. La rubia se colocó el bóxer y volvió a la cama hacia donde se encontraba su sirena.

-Me tengo que ir, pero enseguida regreso ¿no te molesta?-

-Nnnnnoo…- dijo aún sorprendida.

-No te vayas por favor que ya regreso- ahora era Haruka quien la tomaba del rostro y le dio un rápido beso.

-Está bien, aquí te espero- le contestó mientras la observaba como buscaba su ropa por toda la habitación y no la encontraba. Michiru solo podía sonreír ante aquella situación.

-¿Tu ropa no estará en la otra habitación?-

-Tienes razón- se dirigió hacia la puerta y al abrirla vio a Jaime parado delante de ésta con toda su ropa necesaria para la ocasión, planchada lista para usar.

-Aquí esta su ropa Señor-

-Gracias Jaime, enseguida bajo- volvió dentro del cuarto para vestirse velozmente.

Era una escena muy divertida ya que se vistió tan rápido que los botones de la camisa le quedaron mal ubicados.

-Ven aquí- le dijo la peli aguamarina sonriéndole y sentándose en cuclillas en la cama, a lo que Haruka obedeció acercándose al borde de esta.

Se encontraba arrodillada frente a la rubia desabotonando y volviendo a abotonar el botones de la camisa, hecho que a Haruka le sorprendió y le hizo olvidar que su amada se encontraba completamente desnuda frente a él; le sorprendió porque nadie nunca había tenido ese gesto para con ella, salvo su nana, pero claro que no era lo mismo.

-Listo- le dijo su sirena al terminar de acomodarle la prenda. Pero al ver que ya se dirigía hacia la puerta soltó una risa juguetona.

-¿Iras sin zapatos? y... ¿sin pantalones?- su risa era muy evidente.

Haruka volteó a verla y luego a ella misma para notar que aún no estaba lista.

-Tienes razón, es que estoy apurado- echó una carcajada un poco nerviosa. Michiru le alcanzó los pantalones, el saco y los zapatos. Cuando ésta trataba de colocarse estos últimos lo más rápido posible, la peliaguamarina tomó la corbata que había quedado sobre la cama.

La rubia se miraba en el espejo mientras terminaba de acomodar su saco y notó que una pequeña figura se acercaba hacia ella envuelta en una sabana. Haruka quedó cautivada por un instante, ahora si estaba mirando, embobada en aquella sirena que se acercaba portando la corbata en una mano.

-¿Por qué eres así?- le preguntó mientras ésta le colocaba la corbata.

-¿Así como?- contestó ella con otra pregunta concentrada en el nudo.

-Así… perfecta-

Michiru solo le sonrió y al terminar el nudo le dio unos últimos detalles al traje.

-Listo, ahora si te puedes ir, estas excelente- le dijo al acomodarle un pañuelo que era del mismo color que la corbata en el bolsillo superior del saco.

-Gracias- la abrazó y le dio otro beso fugaz.

La verdad era que no quería irse, el ver a su sirena de esa manera tan sensual no le daban ganas de apartarse de ella, pero debía hacerlo, debía atender sus obligaciones.

- ¿Estarás aquí cuando regrese?- le preguntó sin soltarla del abrazo.

-Claro que si-

-¿Me lo prometes?- haciendo cara de pucheros.

Lo cual le pareció la carita más tierna del mundo a Michiru y más proveniente de Haruka, que no parecía ser de aquellas personas que demuestren así sus sentimientos, más bien aparentaba ser alguien fuerte, independiente, hasta a veces algo fría.

-Dese prisa Señor, ¡Llegara tarde!- se escuchó que le gritaron-

-Debo irme-le dijo pero no la soltaba.

-Ve, yo no puedo bajar así- dirigió su mirada hacia la sabana que la cubría.

-Estás hermosa, me encantaría volver y encontrarte así-

-¡Ay Haruka!- agachó la cabeza de la vergüenza haciendo gestos como una niñita pequeña.

-Es en parte broma y en parte verdad, pero no quiero que pienses que solo te quiero para eso- le dio un último beso y se alejó, sin antes hacer un ademán de que le soltaría la sabana que la cubría.

-¡Haruka! ¡Que no tengo nada debajo de esto!- dijo mientras lograba soltar la mano de la rubia del nudo que le sostenía la sabana.

-Lo sé- dijo jovialmente mientras le guiñó un ojo y se dirigió hacia las escaleras.

Michiru seguía sosteniendo aquel nudo y miraba como ésta se alejaba. No sabía bien que estaba sucediendo, el porqué se marchaba de esa manera tan apresurada, pero era consciente que si no se lo decía era algo que no era de su incumbencia. Así que decidió no preguntar nada y dirigirse a su cuarto a vestirse ya que no podía quedarse de esa manera todo el día hasta que la peli corto regresara.

En la habitación mientras buscaba su ropa solo podía pensar en una cosa, en lo que sentía por aquella rubia que desde el primer día la cautivó. Pero alguien golpeó a su puerta.

-Si pase- dijo amablemente.

-Buen día señorita. El desayuno se encuentra a su disposición, ¿quiere que se lo traiga a la habitación?-

-No por favor, enseguida bajo-

-Muy bien señorita-

-Llámame Michiru por favor-

-Es que aquí no llamamos a los patrones por su nombre-

-Yo no soy … eso, soy una invitada y deseo que me llames por mi nombre-

-Está bien señorita Michiru, disculpe, ya avisaré que le tengan todo listo en la cocina-

-Muy bien gracias- le logró decir mientras la joven se marchaba.

Busco en sus maletas algo que ponerse. Al cabo de varios minutos el espejo vio desfilar varias prendas hasta que la peli aguamarina por fin se decidió por un vestido de color verde claro.

-Quiero que me vea con esto- dijo para sí misma mientras se miraba en el espejo e imaginaba a la peli corto devorándola con la mirada y más aun sacándole ese vestido.

-¿Qué pasa conmigo? ¿Por qué estoy pensando en eso?- trataba de mentirse a sí misma pero seguía en su mente lo que hace unos minutos en la cama había comenzado y no pudieron terminar.

Sacudió su cabeza en señal de negación pero con una sonrisa picara en los labios, como recordando cada segundo. Terminó de arreglarse y se dirigió hacia la cocina.

Ya con su desayuno en mano y sentada sobre una pequeña silla ubicada en la barra notó que a través de un enorme ventanal que allí se encontraba, se veía un hermoso jardín cubierto de flores y de arboles, pero además se podía notar un gran invernadero, el mismo que le había mencionado Jaime la vez anterior.-

-¿No es maravilloso?-

-Si son preciosas, ¿no les habrá hecho daño la tormenta?- refiriéndose a las flores que cubrían casi toda la vista.

- Me refiero a lo que ud está haciendo con el señor-

Michiru volteó a verlo sorprendida, no sabía en qué sentido se lo estaba diciendo. ¿Acaso era ironía o quizás lo decía en serio? Pero… ¿qué era lo que ella se suponía que estaba haciendo en Haruka? Esas y más preguntas pasaron fugazmente por su mente mientras lo observaba atónita.

-¿Qué me está queriendo decir?- pero antes que Jaime abriera su boca aparece la mucama con su celular.

-Señorita disculpe, pero su celular no deja de sonar. ¿Qué hago, lo atiendo?-

El rostro de la peli aguamarina se tornó tan pálido que parecía haber visto un fantasma.

...

Continuará…