Capítulo 9

Vivir sin ti

Aclaración: En cursiva se mostrarán los pensamientos.

…..

-Llegamos Sr., ¿me necesita para algo más o…?- le preguntó mientras entraron a la residencia.

-No, está bien Charles-le interrumpió- Ve a descansar que a la noche le tengo una sorpresa a mi sirena y te necesitaré-

Había pensando esa sorpresa durante todo el día, era su cable a tierra, lo único que le servía a modo de distracción entre tanto caos.

Planeó minuciosamente detalle por detalle, nada se le escaparía. La violinista era la única que le devolvía las ganas de seguir luchando, con una sonrisa suya su mundo dejaba de ser gris, por más pésimo que haya resultado su día.

-Listo lo tengo todo, creo que no me olvidé de nada, pero… ¿Y si no le gusta? ¿Qué haré? ¿Será demasiado? ¿Se enojará conmigo? ¿Y si la pierdo? No, no, no, no - sacudió su cabeza varias veces de manera negativa- Nada de pensar eso… ¡le gustará… y no se enojará… y tampoco la perderé!- Se dijo para sí pausadamente y con énfasis, como reafirmando cada una de sus palabras - Me muero si la pierdo... Listo, por precaución iré lento y de a poco y si veo que va resultando, ¡zaz!... Si, si, así lo haré…- siguió calculando.

-Muy bien Sr.- le respondió su chofer luego de observarlo por el espejo. Su rostro se mostraba muy pensativo, hacia caras raras como si estuviese resolviendo un problemas de matemáticas. Pero estaba muy feliz por él, hacía mucho tiempo que no veía brillar los ojos de su patrón de esa manera.

-Saldrá todo bien Sr. Se ve que ella siente lo mismo por UD.- dijo casi inmiscuyéndose, nunca se metía en la vida personal de su patrón, pero notó en su rostro que algo lo preocupaba, así que decidió dar su opinión y en ese momento detuvo el auto en la entrada.

-¿Tú crees que si?- preguntó casi a modo de un niño, rogando que la respuesta sea la que esperaba.

-Estoy más que seguro Sr.- expresó con mucha seguridad- Vaya por su chica, pero cambie esa cara Sr., que lo que más enamora a una mujer es un rostro de seguridad… y de amor-

-Si tienes razón, con esta cara la asustaré y lo que menos quiero es que huya de mi despavorida- se acomodó su cabello y al mismo tiempo realizó una carcajada.

-Muy bien Sr, ¡esa es la actitud!-

-Gracias Charles- con una gran sonrisa dibujada en su rostro Haruka tomó el ramo de flores, bajó del auto y se dirigió al pórtico de su entrada. Estaba con tantos nervios, como si fuera la primera vez que la vería.

Michiru se encontraba sentada en el salón tocando el piano, componiendo unas notas y tarareando.

- Espero le guste, es bastante sencillo pero parece que se me da bien el piano- realizó una leve risita.

Le había compuesto una melodía a su rubia y como sabia que tocaba el piano, de esa manera también lo podría tocar ella misma.

-Me muero por verte tocar mi canción, estoy segura de que te gustará-se dijo con mucho entusiasmo quedando satisfecha con el resultado.

De pronto el sonido de un vehículo la detuvo, de reojo observó por la ventana que por fin habían llegado. Se levantó velozmente y se dirigió hacia la puerta.

Al abrirla la vio con un gran ramo de rosas que inútilmente trataba de ocultar detrás de su espalda.

- ¿Me extrañaste?- le preguntó entregándole las flores y con un leve pucherito fingido, claro que sin quitar su actitud de galán de telenovela.

-Claro que si- la recibió con una gran sonrisa y tomó aquellas flores pero no sin antes darle un apasionado y fugaz beso en los labios, sujetando también su cara- No debiste- continuó- Hay muchas flores hermosas aquí- expresó contemplando el exquisito perfume.

-Sentí la necesidad de darte un presente, a modo de disculpa por mi ausencia- dicho eso la tomó de la cintura para acercarla hacia ella, dejándola totalmente sonrojada- Te ves preciosa- proclamó ruborizándola aún más.

-¿Ésto? Pero si es muy sencillo- señaló el hermoso vestido color verde claro que llevaba puesto- Si me puse lo primero que encontré- mintió ya que había tardado mucho en elegir el atuendo adecuado para poder cautivarla.

-Para mi te ves como un ángel, mi ángel-

-Ay Haruka-dijo inocentemente bajando la mirada y levantando los hombros para luego observarle esos ojos que la volvían loca- ¿Y cómo te fue?- realizó una pregunta para salir de aquel trance.

-No muy bien, pero el llegar y que estés aquí me mejora los ánimos- se la notaba bastante abatida.

-Siempre estaré aquí, te lo prometo-le levantó el mentón para poder mirarla fijamente y luego le acarició dulcemente su rostro con la mano que tenía libre.

Haruka no podía estar más feliz, hace tanto que no tenía ese sentimiento que ya se había olvidado de cómo era. Michiru la hacía sentir tan especial, como si solo fueran ellas dos en el mundo y nadie más.

-No te imaginas lo que te extrañé…y la sorpresa que te tengo preparada…-dijo para sí y realizó una gran mueca de felicidad.

-¿Qué?- viéndola tontamente le preguntó, lo cual fue en reflejo ya que la rubia la miraba de la misma manera.

-No nada, simplemente que…- no pudo terminar la frase, sintió unos nervios que le estrujaron el estomago.

-Mire Sr. como ella lo recibe- indicándole al hombre algo que era muy obvio.

- ¡Hazlo!- dio la orden- Quiero que vea morir en sus brazos a su amante-

Charles se había quedado limpiando con un paño unas manchas en el capot. Mientras por el espejo retrovisor lo vio, desde la ventanilla de un auto misterioso una 9mm apuntaba en sentido a su patrón, volteó rápidamente para prevenirle pero su grito de precaución fue opacado por el sonido de los disparos.

-¡Pum!- se escuchó el primero.

La pelicorto no pudo terminar su frase y no solo por esa extraña sensación, de repente algo no le permitió culminar lo que quería decirle a Michiru, un dolor profundo en unos de sus brazos hizo que se tomara el mismo e hiciera una cara de susto, sorpresa y de dolor.

-¡Lo quiero muerto!-ordenó una voz desde aquel extraño vehículo a lo que su mercenario, poniéndose algo nervioso, volvió a disparar.

-¡Pum, Pum!- se escucharon dos disparos más que estremecieron a todos los residentes del hogar, que ya estaban sobresaltados con el primero. El que sin dudarlo salió a revisar que sucedía fue Jaime quien se dirigió lo más rápido que pudo hacia la puerta de entrada.

En cuestión de segundos la rubia sintió esos nuevos dolores intensos, ambos en la zona abdominal.

-¡Haruka!-gritó soltando aquellas flores, arrojándolas al suelo. La peliaguamarina no se sorprendió tanto con los sonidos de los disparos, sino con lo que vio, la expresión en el rostro de su rubia, una expresión que la dejó helada. Al instante notó como del cuerpo de esta brotaba una enorme cantidad de sangre.

-De esa no se salva Sr.- se excusó con miedo.

-Eso lo veremos y más te vale- a lo que su empleado quedó observándolo temerosamente, sabía cómo era su jefe, el resultado de su acción le valdría su vida.

-Michiru- expresó tenuemente mientras se tapó instintivamente una de estas nuevas heridas, para al cabo de unos segundos caer con su cuerpo desvanecido casi sin fuerzas sobre ella.

Por el peso ambas cayeron al suelo, Michiru de rodillas sosteniendo a su amada.

-Es irónico… me devolviste la vida y ahora en tus brazos se esfuma- su voz sonaba cada vez más tenue.

-Haruka no es momento para bromas- comenzó a lloriquear.

-Michiru… si debo morir en tus brazos, que mejor regalo… -esto último lo dijo para sí.

-Shhh, no intentes hablar, debes guardar fuerzas- colocó un dedo sobre sus labios callándola y le suplicó con los ojos llenos de lagrimas al ver que la pelicorto intentaba hablar- Todo estará bien, te lo prometo- pero su mirada denotó un profundo temor como nunca antes había sentido.

-Prometes mucho Michiru-

-Haruka-pronunció apenas distinguible entre el llanto.

-Te amo…-le dijo imperceptiblemente llevando con las pocas fuerzas que le quedaban su mano ensangrentada hacia el rostro de su amada, para poder acariciarla por una última vez.

-Te amo Haruka- le dijo sosteniendo con su propia mano la de esta, aunque en realidad no pudo oír lo que la rubia le había dicho, pero al verse a los ojos se entendieron.

-Me amas, que hermoso es escucharlo, no puedo pedir más-

- No me dejes- le rogó sorprendida por la cara de satisfacción que estaba realizando la rubia, sosteniendo con más fuerza aquella mano que ahora ya no la acariciaba- ¡Haruka!- exclamó en un grito casi sin consuelo, su amada ya no le devolvió aquella mirada, sus ojos ya se habían cerrado.

Michiru solo atinó a abrazar fuertemente aquel cuerpo cubierto de sangre por donde se mire, un cuerpo ya inmóvil, tan liviano, tan frágil, aún cálido.

Fue todo en una cuestión de pocos segundos. El mayordomo cuando por fin llegó a la puerta se encontró con una escena extremadamente desagradable, Haruka en un charco de sangre y a Michiru tratando de parar la hemorragia. Enseguida llegaron los demás empleados y apartaron a la violinista conteniéndola.

-¡Haruka! ¡No, déjenme ayudarla! Perderá mucha sangre…- exclamó desconsoladamente una y otra vez mientras la alejaban de ella.

-Debemos llevarlo enseguida al hospital, ¡Deprisa!- le exclamó Jaime a Charles que había llegado corriendo al lugar- Vamos, ayúdame a subirlo al auto-

-¿Está bien que lo movamos? ¿No deberíamos esperar a que llegara una ambulancia?-

-¿Quieres que se muera aquí mismo?-

-No, claro que no-

-Entonces cállate y ayúdame a meterlo-

Mientras ellos dos introducían a lo que parecía ya el cuerpo sin vida de la rubia en el vehículo, a unos metros de distancia uno de sus ocupantes del misterioso auto estaba muy feliz fumando un abano.

- ¿Qué hacemos, la buscamos?- preguntó el hombre que acababa de disparar.

-No déjala un poco más, luego venimos por ella. ¡Vamos!- dicho esto el chofer de ese vehículo encendió el motor y se marcharon de ahí.

Nadie les prestó atención ya que estaban enfocados en aquella escena, salvo Jaime que logró distinguir la matricula.

Los demás empleados se habían llevado a la peliaguamarina dentro de la casa a modo de evitar que vea semejante escenario. Ésta entró en una especie de estado de catatonia por apenas unos segundos. Estaba cubierta de sangre que si alguien aparecía en ese momento y no vio la situación pensaría que aquellas manchas eran suyas.

- No puede ser, debí suponerlo-

-Señorita siéntese aquí, enseguida le traigo un vaso con agua y un calmante.

-¡No! ¡Nadie toca a mi Haruka… y vive para contarlo!-

Michiru reaccionó casi enseguida que la sentaron en uno de los sofá del living, como de la nada se levantó del mismo sorprendiendo a la mucama que se dirigía hacia la cocina.

-Señorita, ¿está bien?- preguntó mientras se volteaba a verla.

-Dame mi teléfono- ordenó.

-Aquí esta- entregándoselo temerosamente, estaba a unos pocos centímetros sobre una mesita.

Michiru se dirigió hacia otro lugar de la casa para poder hablar más tranquila. A lo que la joven y otro empleado quedaron observándola atónitos. Mientras tanto Jaime y Charles se encontraban de camino hacia el hospital más cercano.

-¿Si? Necesito un favor…-

A los pocos minutos los empleados quedaron mas estupefactos que antes, la joven Michiru se dirigió hacia la puerta de calle, aun portaba la ropa ensangrentada.

-Señorita, ¿A dónde va? ¿Va al hospital? Nosotros nos dirigiremos en un momento hacia allá… ¡Señorita!-

Pero ella no les respondió, marchó derecho hacia la puerta. Al salir a la calle se quedó por un instante viendo en el pórtico la cantidad de sangre en el piso junto a aquellas flores desparramadas y pisoteadas también cubiertas por esta, sin titubear les paso por encima pisándolas y siguió camino.

-¡Señorita!- le gritó la empleada pero Michiru ya se encontraba rumbo a la calle.

-¿Qué hacemos?-

-Tengo el presentimiento de que la señorita sabe qué hacer. Llámalo a Jaime y dile que vamos-

Michiru camino por unos cuantos minutos, hasta que por fin llegó a un lugar y tocó el timbre.

-¿Si? ¿Qué haces aquí y que haces así?-

Continuará…