Capítulo 21

Un mal movimiento

….

Mientras tanto un alboroto en el exterior se hizo notar… muy pronto lo vivirían en carne propia.

-¿Quieres ver qué sucede por favor? Están interrumpiendo-

-Si doctora-

La anestesia ya había hecho su efecto, estaba todo listo para operar pero algo los desconcentraba impidiéndoles realizar su trabajo.

La enfermera se dirigió a ver qué sucedía, al salir notó que parecía ser una familia que entre gritos y llantos exigían una respuesta.

-¡¿Por qué?! ¡¿Por qué!?- gritó una señora una y otra vez, estaba completamente fuera de sí.

-Señora por favor, cálmese- intentó decirle pero al no recibir respuesta se acercó a un teléfono que se encontraba cerca sobre la pared y marcó el botón de emergencia.

-¡Seguridad! ¡Vengan urgente!-

Enseguida comenzaron a sonar unos pitidos y a encenderse y apagarse unas luces por todos lados.

Mientras los de seguridad no aparecían nadie podía contener aquella mujer y a su familia aunque obviamente la más preocupante era la primera.

-Señora, por favor, tiene que calmarse-

-Solo quiero hablar con ella-

-Tiene que calmarse señora-

-¡Solo quiero hablar con ella!- repitió.

-Luego lo hará, ¿sí? Luego, cuando se calme-

-Está bien- dijo la mujer ahora extrañamente calmada sentándose en un banco de esos de espera que se encontraban en el lugar.

La enfermera se alivió al ver el cambio que con su ayuda logró, esto la hizo sentir aliviada aunque su sentimiento mudó a los pocos segundos ya que aquella mujer se levantó precitadamente y se dirigió corriendo hacia la sala de operaciones, entrando de manera abrupta en la misma.

Todo fue tan rápido que nadie pudo detenerla, ni los guardias que estaban a pocos metros llegando a la escena, ni los mismos familiares, nadie pudo evitarlo.

Minutos atrás la anestesia había sedado al paciente y una repentina calma los confió que allá afuera habían solucionado las cosas, pero nada más alejado de la realidad, ese mismo disturbio que escucharon con anterioridad entró junto a ellos.

Se abrió bruscamente la puerta apareciendo aquella mujer la cual sacó un arma de su chaqueta y comenzó a disparar a quema ropa sin mirar a quien; estaba enceguecida y sus ojos sollozos solo mostraban una mezcla de rabia y dolor.

-¡Te lo mereces!-gritó.

-¡Hay disparos! ¡Hay disparos!-intentó huir y alertar uno de los enfermeros allí presentes pero cayó al suelo en cuestión de segundos.

-¡Está disparando! ¡por el amor de Dios hagan algo!- les ordenó a los guardias los cuales entraron velozmente. Uno de ellos tomó su walkie talkie.

-Tiene un arma, repito, tiene un arma, procedemos a entrar- exclamó.

El caos y el terror inundaron la sala, todos trataron de cubrirse de las balas. En cuestión de segundos ingresaron los de seguridad conteniendo por fin a aquella persona.

-Me lo prometiste, a mí y a mi familia… me lo prometiste- gritó una y otra vez mientras se la llevaban a rastras.

Entre el desorden y los disparos que habían dejado una sensación de aturdimiento los presentes, al volver en sí, trataron de ver si había heridos entre ellos.

Una de las asistentes a enfermera fue la primera que se reincorporó lentamente, tambaleándose hasta que se sostuvo de la camilla, al levantar la mirada vio una escena atroz, parecía una carnicería.

La médico también se incorporó bastante adolorida en uno de sus brazos. Luego notó como a su costado, a pocos metros, había un enfermero que yacía inmóvil en un charco de sangre.

Ella solo había recibido una herida de bala con orificio de entrada y salida justo por su hombro pero aquello había ocasionado consecuencias; en el mismo momento en que había entrado aquella mujer se estaba disponiendo a cortar en la zona que se suponía debía operar urgentemente pero ese disparo provocó que el corte fuera erróneo y se dirigiera hacia cualquier lado ocasionando una hemorragia que brotaba del anestesiado paciente.

-¡Enfermera, pronto, se desangra!- exclamó la doctora eufórica tratando de impedir que la sangre siga brotando sin parar.

…..

Nuevamente abrió los ojos y entre la vista nublada y la confusión no sabía en donde se encontraba. Tampoco podía moverse, la amordaza y las ataduras la tenían inmóvil. Habían pasado minutos, horas quizás, no lo sabía. Solo podía notar como su cuerpo estaba casi cubierto por completo por moretones y golpes, además de estar en una silla en medio de una gran habitación casi en penumbras y rodeada de penetrante aroma a azufre que inundaba todo.

….

Continuará…