GEOGRAFÍA.

Nota: Es omegaverse pero no habrá ningún embarazo.

ADVERTENCIA: No hay advertencias de capítulo.


Prólogo.


El secreto de la felicidad y la virtud: amar lo que se tiene la obligación de hacer.

— Aldous Huxley.


—¿Y qué se supone que haga yo con un sacerdote?

Otro hombre negó con la cabeza, encogiendo los hombros luego de tirar la colilla de su cigarro en la nieve.

—Los otros ministros dijeron que era un honor que nos visitara y quisieran evaluar las instalaciones; que tenían altas expectativas en este lugar.

El gruñido que le siguió lo hizo girar a ver al hombre a su lado.

—A los otros ministros les gusta hacerse pendejos todo el día sentados en sus escritorios y fingir que no saben lo que pasa en sus propias instalaciones.

—Es una orden Volkov, no puedes negarte.

Su ojo izquierdo se movió por el perímetro asegurado. Se ajustó el abrigo negro y del lado izquierdo sobre el pecho descansaba la placa que lo señalaba como médico. Las altas botas de piel lo protegían de la nieve que se acumulaba en el suelo, pero no tardaría mucho en anochecer completamente y entonces las temperaturas descenderían drásticamente. El clérigo volvió a hablarle, preguntando cuándo llegaría el sacerdote a lo que el médico tardó dos segundos en contestar.

—El lunes.

Boris se dio la vuelta y a paso raudo entró en la instalación. La primera puerta, de arcos conopiales en madera reforzados por oro se abrieron para él. Los soldados beta vestidos de verde eran siete, tres en cada extremo y uno al centro de la siguiente puerta, este la abrió sin mediar un segundo dejando al clérigo pasar, la tercera puerta se abrió dando paso a la bóveda que conducía a la capilla central. El mocárabe del techo estaba parcialmente iluminado por los candelabros en las paredes. Se persignó frente al altar dispuesto y tomando el entroncamiento de la izquierda, corrió la cortina de terciopelo roja hasta un pasillo de altas paredes oscuras con alfombra verde musgo.

La ostentosa decoración del pasillo de marcos en oro y cruces de madera tallada lo recibieron, siendo seguido por los pasos del médico tras él.

—¡Bryan! —su voz ofuscada hizo eco entre las paredes tapizadas en arte y adornos lujosos. El pasillo contaba con exactamente dos puertas, una del lado izquierdo y otra del lado derecho. El joven a quien llamó apareció unos minutos después, bostezando despreocupadamente.

—¿Qué?

Con él, venían dos jóvenes.

El olor penetró en las paredes como una neblina viscosa cubriéndolo todo a su paso. Clérigo y médico arrugaron la nariz y el ceño al olerlo entrar. Sus pasos de botas militares negras eran pesados en comparación a los dos chicos detrás de él. Ambos pelirrojos manoteaban entre sí cuando el más alto, de ojos azules y gélida expresión le terminó de recoger el cabello esponjando a su compañero en una coleta alta. Los goggles de piel café y cristales oscuros se volvieron a acomodar sobre su cabeza siguiendo con las peleas ridículas que crisparon los nervios de los presentes. Con un gruñido animal, la mirada del joven peli-lavanda los mandó callar a ambos. El chico de los ojos azules lo miró con el ceño terriblemente fruncido antes de moverse del lado de su compañero. Acomodándose su traje blanco, camisa a botones y pantalón informal de fajín negro ajustado por los cinturones, se cruzó de brazos y giró el rostro hacia otro lado. Bryan se llevó dos dedos al puente de la nariz, cerrando los ojos en evidente fastidio.

—Un sacerdote viene del Vaticano el lunes —decir que las palabras no lo tomaron por sorpresa sería mentir, incluso el mismo tono, lúgubre y asqueado del hombre frente a él no fue tan llamativo como el suceso venidero. Los dos jóvenes tras el peli-lavanda se miraron, entendiendo las implicancias de una autoridad religiosa en ese lugar. Sin embargo, era el propio Bryan a quien la idea tenía acongojado. Incluso tras el semblante estoico y de cierta manera, aburrido, era en sus adentros un manojo de nervios.

—Necesito que clausure los pisos subterráneos, Zagart —el clérigo giró a ver al hombre tras él, cuyo ojo mecánico se movió por toda la estancia, entrecerrándose tras las palabras. Bryan incluso hizo un sonido burlón con la boca, dándole un manotazo al joven tras él, diciéndole que se quedara quieto.

—¿Y dónde se supone que durmamos, Boris, en el piso?

El clérigo lo miró con una ceja alzada, señalando la puerta de la izquierda. El peli-lavanda miró en esa dirección unos segundos nada más, y luego su atención recayó en el hombre y negó de manera ferviente. ¡Por supuesto que no! Bryan no iba a meterse en esas ratoneras aunque le dijeran que su vida dependía de ello.

—No me voy a meter en esa pocilga.

—Pues no veo que tengas otra opción. Y tendrás que deshacerte de ellos.

La seña hacia ambos pelirrojos que eran simples espectadores de la faramalla recién creada en el estrecho pasillo no logró turbarles, pero es cierto que ambos se encogieron mínimamente en sus lugares antes de que Bryan adoptara una posición completamente defensiva. La sangre se le calentó en las arterias en fracción de segundos ante la simple mención. Ese hombre era una maldita cucaracha que aparentemente no conocía su posición en dicho lugar y cuando Bryan notó incluso la exaltación en Zagart ante la mención, el peli-lavanda supo que Boris estaba utilizando sus últimos recursos para no ser hundido por la iglesia como había sospechado desde hace años.

—Tengo una mejor idea, cabrón, ¿qué te parece si me deshago de ti? —la sonrisa cínica de Bryan, hizo acto de presencia sin inmutarse por las palabras antes dichas del hombre. Incluso si mantenía su posición defensiva, el clérigo para él no representaba amenaza alguna— ¿Me pregunto cuántos perímetros van a querer pagarme por tu cabeza? O tal vez el sector privado, ¿cuánto estaría dispuesta la propia iglesia a pagar por tu cadáver? —Bryan no contuvo su risa burlona y estridente cuando las ideas acunaron su cabeza y cada una le parecía tan buena como la anterior.

Boris lo observó un momento, en silencio y sin alterarse hasta que sus pasos lo llevaron a la puerta de madera en la parte derecha del pasillo, girando sobre su hombro con Zagart siguiéndole de cerca, sólo lo volvió a repetir.

—Tienes hasta el domingo en la noche.

Y con esto, cerró la puerta detrás de él.

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La nieve caía densa e irregular sobre el perímetro. Las aspas del rotor del helicóptero que descendía sobre la zona asegurada producían un eco en el bosque tamizado por la inclemencia climática. Un hombre beta con chaleco amarillo movía de enfrente hacia atrás dos largos tubos naranjas para dirigir el aterrizaje. Cuando la compuerta se abrió, un hombre de avanzada edad resopló entre la fría ventisca ocultando sus manos en el abrigo negro que llevaba. Tras él un joven de cabello bicolor bajó también de un salto, con la chaqueta militar removiéndose de su cuerpo y las heridas de su rostro siendo acariciadas por los copos de nieve danzando a su alrededor. Tras ellos se integró un último joven de largos cabellos azules cuya sonrisa no encajaban en el ambiente.

Los soldados beta aseguraron tres metros de distancia entre los individuos. Los largos rifles se mantenían al frente sobre sus pechos y caminaron entre la nieve que crujía bajo sus botas desgastadas. Kai Hiwatari miraba el piso con la misma emoción que un muerto. El cansancio se apoderaba rápidamente de su cuerpo y lo único en lo que podía pensar era llegar a su cuarto y tirarse a dormir en la cama. A lo lejos la estructura de techos verdes le saludaba y él con fastidio intentaba ignorarla. Había pasado tantos años intentando ignorarla, intentando dejar de considerarla su horrendo hogar, que cuando la sensación de desasosiego por pisar su capilla lo inundó no se inmutó siquiera.

—Reporte de la misión, Milano-A.

La voz lo sacó de sus cavilaciones, el líder de las tropas beta lo esperaba apostado en la entrada de la abadía con una carpeta en la mano y una pluma anotando rápidamente la hora de la llegada y el día. El joven bicolor hizo un sonido irritado con la lengua y entró por las puertas conopiales sin prestarle atención.

—Se completó la misión a las 0800 horas, dos horas antes de lo acordado. Se acordonó la zona asegurada y los cadáveres fueron trasladados por equipo beta de limpieza —le contestó Voltaire, quien había llegado junto con Kai en el helicóptero—, logró recuperar el edificio de inteligencia farmacológica y a los trabajadores que estaban siendo sometidos. Todos los épsilon fueron asesinados.

El líder de las tropas beta asentía a cada una de las palabras recitadas por el hombre que avanzaba sin detenerse al altar en la capilla. Persignándose dio un par de pasos más hasta detenerse a observar bien el altar en el santuario.

—Las habilidades de Kai ciertamente mejoraron. Respondió favorablemente a los supresores del celo y aunque no pudimos hacer nada por su estatura, su musculatura incrementó bastante —León quien continuaba tomando nota giró a ver al hombre de cano cabello, quien apenas se retiraba los guantes de las manos sin prestarle atención a su entorno; los cenobitas iban de un lado a otro trayendo y llevando cosas en sus manos con una prisa inusual. El hombre le asintió, anotándolo también en la carpeta—, logró desarmar el sistema de seguridad en diez minutos, mucho tiempo menos del pensado y su entrada a la zona donde tenían a los rehenes fue sin complicación alguna. Perdió un zapato, pero los guardias recibieron ochenta y seis balazos consecutivos y ya tenía a todos saliendo por el ducto de la ventilación cuando los refuerzos llegaron.

El joven tropa siguió anotando con tanta avidez en la hoja cada una de las palabras emitidas por el hombre, que cuando Boris pasó a su lado sólo se encogió brevemente en su lugar y se despidió con una corta reverencia.

—Voltaire, el Vaticano ha enviado a un sacerdote para el lunes a esta hora a la abadía. Quieren hacer una revisión de la instalación y dar una evaluación ya que no lo han hecho desde hace treinta años.

Voltaire negó con la cabeza, importándole muy poco lo que el clérigo le estaba diciendo.

—¿Y qué esperas que yo haga?

Boris lo observó con el ceño fruncido, ¿por qué de entre todos parecía que él era el único que se daba cuenta de lo problemático que resultaba tener una autoridad eclesiástica allí?

¿Por qué si la respuesta parecía tan sencilla y fácil de obtener, Boris no podía tenerla?

—Si la iglesia se da cuenta del programa Falborg van a clausurar la edificación y-

—Dime, Boris, ¿Bryan está siendo capaz de controlar su celo?

Boris negó con la cabeza.

—¿Está asistiendo a los entrenamientos, ya pudo dejar de destrozar betas en el laboratorio, ya pudo controlar la voz? —el clérigo de nuevo volvió a negar con la cabeza, el hombre de canas frunció los labios en un gesto imperceptible, pasó a un lado del agitado peli-morado que solo lo vio como si le hubiera crecido un tercer ojo en la frente.

—Entonces deshazte de él, es una pérdida de inversión por parte del sector privado. Si no es capaz de acoplarse a su propia naturaleza entonces ningún perímetro va a querer comprarlo como arma.

Quedándose con la misma incógnita del principio, Boris sólo tuvo algo claro: era el único que comprendía todo el problema que estaba por sacudir la abadía.

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—Kai —la voz tras la puerta de su cuarto no logró que moviera un solo músculo, es más, ni siquiera se preocupó cuando la puerta cedió abriéndose de golpe y cuando la fuerza avasalladora de Bryan casi la troza en dos. No se movió tampoco cuando Brooklyn se sentó en la cama a un lado de él y le acarició el cabello, ni cuando las manos le temblaron –de ira, de frío o sabrá Dios de qué–, ante la sensación que le embargó.

—¿No es interesante el mundo? —Brooklyn tenía voz cantarina, océanos de aguas benévolas en sus ojos y canto de ruiseñor. Kai se sentía fastidiado de repente, el beta era desesperante para él. Brooklyn habla y habla y mastica y mastica que termina masticando palabras y hablando vísceras—, no sabemos nada de él. Sin embargo, está construido para que lo habitemos, para que nos proveamos de él: una educación si eres alfa, un trabajo si eres beta, si eres omega no tienes derecho a nada. Si yo le dijera a Kai que el colchón está mojado, él tocaría el colchón para comprobar que está mojado, pero si le digo que Dios lo observa cuando vomita en el baño, no dudaría de mis palabras.

—Hiwatari, tienes que irte.

Entre el monólogo de Brooklyn, Yuriy habló con su voz de tempestad y Bryan rogó por una paciencia que creyó extinta hace mucho. En un gesto silencioso les pidió a ambos dejarlo a solas con el bicolor. Kai no se movió un ápice sobre el colchón. Incluso cuando la puerta se cerró y el conocido click del seguro fue lo que acompañó a sus respiraciones tranquilas, ni en ese momento se dignó a ver al peli-lavanda. Sus ojos se abrieron quizá por miedo o por una sensación morbosa sin nombre cuando el alfa se sentó a su lado en la cama, escondiendo el rostro tras las palmas de las manos. Bryan ignoraba muchas cosas en la vida, y eran precisamente su ignorancia, ceguera e instintos lo que lo llevarían a su tumba un día.

—Debo pedirte un favor —el peli-lavanda le dijo, agarrándolo a él con la guardia baja y sin despegar el rostro de sus manos. Kai por el contrario de Bryan, dejó de ignorar los pequeños gestos hace mucho tiempo, tanto que quizá ya ni lo recuerda. No es un sentimiento afecto, pero mentirse a sí mismo sería fatal considerando que Bryan es quizás el único amigo que tiene, ¡infiernos!, si incluso podría llamarlo familia. Bryan había cuidado de él a su ruda y tosca manera, tanto como había cuidado de Brooklyn y Yuriy incluso con lo reacio que podía ser el bicolor a este tipo de muestras de afecto.

Kai lo sabía, en el fondo.

Que Bryan era un cúmulo de instintos primitivos que solo le dictaban que quien estaba frente a él era aliado o enemigo; que en su interior no había una mezcla irrefrenable de sentimentalismos y que pasar tanto tiempo con Boris y Voltaire hizo que las secuelas emocionales dolieran y causaran más daño que las secuelas físicas. Kai lo sabe, porque como Bryan, conoce lo que es ser destruido y cercenado pedazo a pedazo comenzando desde la punta de los dedos de los pies hasta el último resquicio de su alma, solo para volver a ser armado con un dolor lacerante…, con una sensación de tranquilidad que jamás le haría vivir.

—¿Qué?

No supo por qué le contestó.

—Debes llevarte a Yura y Brook.

El japonés no supo qué le causó más conmoción. Si que de los labios de Bryan los apodos se deslizaran como papiros, frágiles que podían destrozarse con apenas alzar un poco la voz o la ridícula idea del alfa de que él podría llevárselos, ¿a dónde, de todos modos?

—Hm —el sonido rebotó, sombrío y burlón entre las paredes tapizadas de blanco, frío y de aspecto cadavérico—, corres más peligro tú que yo aquí.

Oh no, Bryan lo sabía. Bryan sabía que eso era una mentira.

—Escucha, Kai —y el bicolor tuvo que mirarlo, porque sinceramente, no sabía si era esta la primera vez que escuchaba al oji-verde así de serio. El tono lo desconcertó, pues su voz venía cargada de algo más, algo oscuro que lo hacía querer obedecer—, si la iglesia se entera de que están aquí, de que están marcados, si la iglesia se entera de lo que Voltaire y Boris te hici-

—¿Y a dónde quieres que los lleve, Kuznetsov? ¿Qué se supone que haga?

Bryan negó con la cabeza, juntando las manos sobre su regazo.

—Tú tienes qué protegerte, ellos pueden cuidarse solos. Ya lo hacían antes de que yo estuviera con ellos. Eres tú quien tiene que salir de aquí. Aquí es más peligroso que allá afuera, Boris y Voltaire no dudarán en ofrecerte como carnada para salvarse ellos.

—No es como que sea fác-

—¡No lo estás entendiendo! —el rugido, voz inclemente de tempestad se alzó por toda la habitación. Imperceptible al ojo humano, Kai se encogió ligeramente en su lugar tras la exclamación, aunque retomó su postura un segundo después, no pasó desapercibido para Bryan—, eres la única esperanza que queda, eres el único que puede sacarnos de los perímetros. No a mí, no a Yura, no a Brook, a la humanidad.

Y cuando Kai cerró los ojos esa noche, no pudo volver a dormir.


¡Muchas gracias por darle una oportunidad a la historia! Me encantaría leer sus opiniones y otras cositas bonitas en los reviews, igual si alguien no está muy familiarizado con el omegaverse lo explicaré más adelante pues he modificado ciertas cosas. Me pueden encontrar en twitter con el usuario haoxlyserg y por favor, ¡consideren apoyarme con un ko-fi! pronto estaré abriendo comisiones de fanfics. Nos vemos en el que sigue!