Había llegado más temprano que de costumbre a la casa, normalmente los días de la luna llena no volvía hasta casi la última hora y solamente para dirigirse al jardín y pasar las barreras que le impedirían escapar una vez que no fuera humano. Sabía el miedo que sentía el omega por su otra forma y, aunque eso lo había puesto de mal humor algunas veces, no podía decir que no lo entendiera.

Él mismo había tenido miedo del lobo por años, por demasiados años así que entendía el recelo de las personas hacia su otra forma. Con la poción podía controlarse solamente si Lucius no estaba, por alguna razón su efecto se reducía ante la cercanía del omega. El lobo siempre trataba de alcanzarlo y lloraba por un rato, tratando de pasar las barreras, si el rubio estaba en celo era mucho peor, tardaba muchas horas más en volver en sí.

Severus había querido mejorar sus pociones pero para ello necesitaba experimentar y más información, información que se había negado a darle.

Miró la sala notándola vacía, el ligero aroma del omega le advirtió de que estaba en casa y en uno de los dos lugares a los cuales no había entrado desde que Lucius estaba ahí. El despacho.

Remus caminó hacia la puerta de forma lenta mientras pensaba como empezar la conversación, no era tanto donde debía pasar la noche en forma de lobo el problema si no el hecho de que traería a Sirius ahí. Cuando Tonks vino a la casa Lucius había reaccionado de forma abrupta, casi atacándolos a ambos y no quería repetir la experiencia, aunque también debía admitir que era más probable que él atacara a Sirius por instinto que lo hiciera Lucius.

Se detuvo frente a la puerta y la miró, respiro profundo para disfrutar de las feromonas del omega sonriendo de manera suave. Alzó la mano y la hizo un puño antes de tocar la puerta tres veces para luego bajarla antes de hablar.

—Lucius, llegue un poco más temprano. Cuando te desocupes ven a la sala, necesitamos hablar. — alzó un poco la voz para que lo escuchara y luego caminó hacia la cocina, agarró una de las barras de chocolate y después se dirigió a la sala sentándose en el sillón más grande mientras abría el paquete y cortaba un poco de su preciada golosina.

Le gustaba probar sus propios productos, desde que tenía ese negocio no había podido evitar la tentación aunque debía medirse. Si movía sus cartas lo suficientemente bien podría en un futuro tener una librería también además del negocio de los dulces.

—Creí que no llegarías hasta tarde. — levantó la mirada para observar al omega quien lo miraba con una ceja arqueada. Remus sonrió un poco tendiéndole una mano sabiendo que Lucius no se negaría, atrayéndolo hacia el sillón cuando al fin aceptó el gesto, el rubio se sentó a su lado y Remus pudo notar su ligera curiosidad.

—Cambie de planes, supongo. — Besó sus nudillos sin soltar su mano —Sirius fue casi dado de alta. — informó sin poder evitar la sonrisa al notar el gesto de desdén en la cara del omega.

— ¿Y eso me interesa por qué…?— movió ligeramente la cabeza haciendo que el licántropo notara su cabello atado. Remus sonrió ligeramente al verlo, sabía que solo lo ataba en la casa cuando había tenido mucho que hacer, se preguntó cuántas horas había estado trabajando y si se había tomado los descansos suficientes.

Se inclinó un poco hacia él agarrando sus dos manos, una con cada una de las propias acariciando sus palmas con sus pulgares.

—Quería preguntarte si te molestaba mucho que él viniera aquí, con su forma animaga él puede jugar con el lobo. — explicó de manera suave, no quería que pensara que solo le estaba avisando, también quería que Lucius se sintiera cómodo con ese tipo de decisiones. La tregua se sentía un poco extraña pero era agradable, no quería decir que había bajado por completo sus defensas pero si lo suficiente.

— ¿Aquí? — Lucius arrugó la nariz mirando a sus manos unidas, suspiró ligeramente y se inclinó hacia él apoyándose en su costado, le era agradable sentir el aroma de su alfa.

—Le mandaría un traslador que lo hiciera llegar directamente al jardín. — soltó una de sus manos para llevarla hacia el cabello del patriarca y quitar la cinta, haciendo que el cabello callera sobre su espalda de forma libre, deslizó sus dedos por medio de los mechones rubios dejando a un lado la cinta. Lucius solo se acomodó un poco más para poder mirarlo mientras se apoyaba, sus rostros estaban bastante cerca pero ninguno parecía incómodo.

— ¿Pero a la mañana siguiente? — Lucius preguntó por lo bajo.

—Pues… podemos desayunar los tres. No puedo echar a Sirius así y tu… bueno, no sé si querrás desayunar con nosotros. Aun puedes elegir que prefieres no tenernos en casa. — murmuró aun pasando sus dedos por su cabello disfrutando de su tacto. El pelo de Lucius siempre olía bien y se sentía mucho mejor.

—No cambiaré mi rutina por ese pulgoso, podemos desayunar perfectamente los tres juntos. — el omega frunció el ceño mientras sonaba seguro, hasta ligeramente ofendido ante la insinuación de que preferiría quedarse en la habitación para desayunar.

—Entonces ¿No te incomoda que estemos en el jardín esta noche? — preguntó para evitar confusiones después, apartó su mano de su cabello y lo rodeó con un brazo presionándolo un poco contra él, dejando un beso en su cabeza. Lucius se acurrucó y asintió.

—No me agrada la idea, pero ya hemos verificado que es completamente seguro que estés en el jardín. Que haya un perro más no hará la diferencia. — el rubio se medio burló cerrando los ojos unos segundos

—Gracias. — Remus no pudo evitar sonreír, se sentía bien con que no hubieran tenido que escoger otro lugar.

—La pregunta aquí es ¿Tu toleraras su presencia? No olvides nuestra situación. — le recordó Lucius acariciando distraídamente su pecho con los dedos.

—No la olvido en lo absoluto. — Remus suspiró besando su cabeza nuevamente, si estaba preocupado por ello. No sabía cómo reaccionaría el lobo, podía controlarse como hombre ¿Pero cuando no lo era? El lobo podría haberse olvidado de Sirius perfectamente y, aunque no atacara animales, sentiría que Sirius era un alfa en su territorio cuando su omega estaba en celo.

Solo podía esperar que la poción hiciera efecto rápido o que el lobo estuviera lo suficientemente distraído en tratar de romper la frontera que ignoraría a Sirius hasta que volviera en sí.

Ambos se quedaron varios minutos abrazados sin decir nada.

—Lucius, tengo que escribirle una carta a Sirius para avisarle. — murmuró, odiando el hecho de que debía romper la atmosfera tranquila. El omega se separó estirándose un poco mientras asentía.

— ¿Cenamos juntos? — preguntó sin mirarlo, revisando su varita como que si le hubiera ocurrido algo. Remus sonrió un poco y acarició suavemente la marca del mayor con sus dedos notando su estremecimiento, dejó un pequeño beso antes de levantarse.

—Sí, saldré al jardín cuando ya esté por convertirme. — respondió sintiéndose de buen humor, sentía la necesidad de estar pegado a Lucius pero podía controlarlo. Acarició la mejilla del omega que seguía sentado y se inclinó besando sus labios con suavidad, sin profundizarlo, casi solamente un roce de sus labios.

Se separó sintiendo su corazón latir con fuerza y caminó directamente a su despacho, besarse había sido una regla que habían roto y debía ser sincero, los besos eran muy agradables. Incluso fuera del sexo se sentían bien, casi como si calmaran sus instintos con esos pequeños gestos.

No puso ningún hechizo para mantener cerrada la puerta, desde que había dejado entrar a Lucius no se preocupaba por la presencia del omega en su lugar de trabajo, casi nunca entraba.

Sacó lo necesario y pensó en que escribir, debía explicarle también el riesgo de lo cual no había hablado luego de ver a Sirius tan confundido por lo que dijo que el cachorro. No había querido pero realmente había escuchado parte de la conversación, se alegraba de que Harry pudiera tomar sus propias decisiones y por el hecho de que lo de él con Draco no fuera puramente por un trato, había sentimientos en ese punto.

Escribió dudando un poco en cada oración, no quería hacer la carta demasiado larga porque Sirius podía evitar leerla toda, sobre todo si hablaba demasiado de Lucius aunque solo fuera por las reacciones que instintivamente podría tener. No alzó la mirada cuando escuchó la puerta abrirse y solo apartó la pluma dejándola en el tintero cuando el patriarca se sentó en su regazo como que si fuera un niño, rodeando su cuello con sus brazos y escondiendo su rostro en él.

Remus sonrió suavemente y rodeó su cintura con un brazo apegando su costado a su pecho, quitando un poco el cabello del rubio para evitar tironearlo.

— ¿Qué sucede? — apoyó su mentón sobre la cabeza del mayor pensando que era curioso y divertido como encajaban ambos en la silla, aunque tal vez luego a Lucius le dolería la parte de la espalda que estaba apoyada con el reposa brazos. Lo atrajo un poco más hacia él haciendo que se apoye contra su pecho.

—Nada, es solo apego normal. — Lucius tardó varios minutos en hablar, como que si hubiera estado tratando de controlar su respiración. Remus olfateó de manera disimulada para verificar que no hubiera nada raro pero solo las feromonas del omega habían aumentado y podía sentir un poco de estrés.

—Actúas como que si Sirius fuera un omega. — Admitió dejando un beso en la cabeza del mayor, acariciando ligeramente su costado con sus dedos.

—No me agrada el hecho de que habrá otro alfa en mi territorio. — Lucius resopló aun sin dejarlo ver su rostro. Remus se preguntó si no habría venido también para saber el contenido de la carta, aún recordaba perfectamente cuando le había confesado que había creído que se acostaba con Tonks o con Sirius paralelamente. Alguna vez lo había hecho con Sirius pero en su época de estudiante, pero no estaba seguro de que tan bueno era admitir eso.

Después de todo, el pasado era pasado y él debía aguantar a la señora Malfoy.

—Bueno, la otra vez pareciste algo cómodo con otro alfa. — murmuró, recordándolo mientras fruncía el ceño. Solo pensarlo lo ponía de mal humor así que solo apoyó su mejilla en el omega oliendo el aroma de su cabello tranquilizándose.

—Pero no lo traje a casa ¿O sí? Hubieran peleado de forma horrible. — la respuesta de Lucius fue algo burlona y él no pudo evitar gruñir levemente.

—Me hubiera controlado. — no quería averiguar si podía controlarse o no, aunque con el nuevo acuerdo parecía que no tendría que preocuparse por ello al menos que alguno lo rompiera. Tal vez deberían firmar un contrato mágico, pero pedirlo sonaría demasiado interesado.

—Te controlaste conmigo porque era tu omega, no hubieras podido. No tan cerca de la luna llena. — Lucius acarició su pecho de nuevo, pasando sus dedos sobre su camisa. Remus suspiró suavemente abrazándolo con ambos brazos pensando que luego podía seguir escribiéndole a Sirius.

—Bueno, tienes un punto. Pero yo invité a Sirius aquí, así que no debería sentir que invade mi territorio. — acarició su espalda, le gustaba tocarlo y acariciarlo incluso sobre la ropa. Sentía como que si no debiera abandonar a su omega de nuevo, tal vez incluso se sentía un poco mal porque había casi obligado al rubio a buscar otra pareja para poder calmarse.

Sabía que culpa suya no era, no del todo, pero el instinto siempre era extraño. Tal vez de esa misma manera se había sentido Lucius cuando llegó con el aroma de Sirius o cuando llegaba sin aroma. Sabía que no tener ningún aroma era tan raro como llegar lleno de feromonas de otra persona.

—Pone a mi parte omega incomoda. Creo que se siente confundido del hecho de que tu traigas a otro alfa estando en estos días. — Lucius jugó con un botón, tratando de mantener la neutralidad en su voz. Remus sonrió pensando que podía imaginarse su rostro serio diciendo eso, como que si no estuviera diciendo nada en particular.

Acarició su mejilla y se separó solo un poco para hacerlo levantar la barbilla para mirarlo a los ojos.

—Si quieres aun puedes cambiar de opinión, puedo decirle de vernos en otro lado…— le recordó presionando de manera suave su pulgar en su mejilla mientras mantenía su mano sosteniendo su rostro.

—No, pensar eso me hace sentir más incómodo. Prefiero que estén en el jardín que no es para nada pequeño, son prácticamente hectáreas y bosque…— Lucius lo observó directamente sin cambiar su expresión, pero Remus no lo leía por sus expresiones si no por sus feromonas. Cuando estaba en el celo era difícil diferenciar una de otras porque se potenciaban las de apareamiento y excitación, pero con los supresores suprimiendo esa parte podía separar los aromas si prestaba atención.

Se levantó pasando un brazo debajo de sus rodillas y el otro brazo lo mantuvo en su espalda, alzándolo.

— ¡Ey! — se quejó el rubio pero él solo pudo dar una pequeña risa antes de dejar un pequeño beso en él, luego lo dejó con cuidado sentado en su escritorio. Volvió a acercar la silla y se sentó, apoyando una de sus manos en el muslo de su pareja antes de empezar a escribir.

Sus feromonas de nuevo se estaban mezclando, ninguno de los dos habló pero Remus notó que observaba lo que escribía. No sabía que pensaba que contendría la carta pero entendía que en estos días luego de su separación por días el omega podía estar sintiéndose nervioso y amenazado por todo, si no fuera una necesidad lo suficientemente fuerte o molesta el patriarca no hubiera venido con él. A pesar de todo Lucius seguía siendo orgulloso, pero el instinto solía minarlo.

Una vez que terminó dobló la carta y la puso en un sobre, poniendo también un anillo simple que serviría de traslador luego de cierta hora. Sonrió cuando una lechuza entró al despacho y le dio un poco de comida que había guardado para ello antes de poner la carta en sus patas, el animal tomo vuelo y volvió a salir.

Lucius tenía el ceño fruncido y negó con la cabeza.

—Podrías usar las lechuzas de mi familia. — se quejó, aunque la mayoría se las había llevado Narcissa y Draco, él aún tenía tres a su disposición y un búho.

—Sirius creerá que la carta es falsa. — dijo sinceramente, no quería darle más disgustos a su mejor amigo.

—Tu lechuza es marrón. — murmuró desdeñoso.

— ¿Ahora eres racista con las lechuzas? — se burló parándose, corriendo la silla hacia atrás.

—No me gustan las lechuzas marrones. — se cruzó de brazos poniéndolos sobre su pecho mirando al alfa a los ojos.

—Solo estás de mal humor. — se acomodó entre las piernas del omega para poder estar más cerca, apoyando sus manos a sus costados.

—Puede que. — rodeó el cuello del alfa con sus brazos y lo atrajo hacia sí, apoyando su frente en él. Remus lo rodeó con sus brazos mirando su rostro sonriendo de manera suave sintiendo que en cualquier momento el rubio ronronearía.

—Pareces un gato, un gato que busca atención. — habló sinceramente mirando sus ojos, siempre le habían agradado los ojos de Lucius, al menos desde que se había dado el tiempo para mirarlos. Sirius siempre había dicho que los Malfoy tenían ojos color "hielo sucio con cenizas grises" pero para él eran como lagos congelados, canuto le mordería si lo dijera.

—A ti no te gustan los gatos, sería irónico que lo hicieran. — nunca había dicho directamente que no le gustaban así que observó al patriarca en silencio por unos segundos aunque luego sonrió entendiendo porque la frase.

—No, no me gustan. — admitió.

— ¿Cómo debo tomarme esa frase entonces? — Lucius se inclinó un poco hacia atrás para separar sus rostros, Remus dejó escapar una pequeña risa teniendo varias frases en su mente.

—Que no me gusten no quiere decir que no pueda admitir que son hermosos. — aprovechó su alejamiento para correr un poco su cabello e inclinarse para besar la marca, el omega volvió a rodearlo con sus brazos dando una respiración profunda como tratando de evitar cualquier sonido.

— Dudo que estuvieras pensando que era bonito. — Lucius habló con la voz apenas afectada pero eso solo aumentó la diversión del licántropo.

—Sí, lo estaba pensando. Es… difícil acostumbrarse a ti, tan difícil pero... Yo… lo hablaremos cuando salgamos de viaje ¿Está bien? — no quiso mirar al patriarca a la cara así que presionó de nuevo sus labios contra las marcas de unión sintiendo como el omega se tranquilizaba en sus brazos, gruñó ligeramente cuando este lo rodeó con sus piernas apegándolos completamente.

—Sí, si… está bien. — aceptó subiendo su mano hacia sus cabellos, Remus dejó que lo separara de su cuello y aceptó el beso profundizándolo.

No, no le gustaban los gatos pero eso no quería decir que no podía encariñarse con uno.

A Lucius tampoco le gustaban los lobos, pero eso no quería decir que no podía apegarse a uno.

Fue la primera vez que lo hicieron en el despacho, no se sintió tan incorrecto como había pensado que sería. Seguía siendo la casa de ambos, el lugar de los dos.

Aunque sonara tonto todas las sensaciones parecían multiplicarse, tal vez porque esa noche sería luna llena. Nunca se había acercado o intimado con el omega el día maldito, con temor a lastimarlo o que se hiciera de noche sin que se diera cuenta aunque eso sonara tonto.

Sabía que el lobo no lo mataría y también que no lo mordería, era común pensar que el instinto del hombre lobo lo llevaría a querer convertir a su pareja también pero era lo contrario. Pero eso no evitaba que tuviera miedo a que el lobo lo dañara sin darse cuenta solo por instinto.



Jadeó y clavó sus uñas en él sintiendo que lo abrazaba con fuerza, se sentía agitado y caliente, el nudo se había formado evitando que cambiaran de posición y no podía con las sensaciones tan abrumadoras. Él seguía corriéndose en su interior y recordó que se suponía que usaría hechizos anticonceptivos pero confiaba en el supresor.

Tembló al sentirlo lamer su hombro en las marcas que había dejado esa noche y que aún quedaban.

—Remus…— murmuró suavemente buscando sus labios y besándolos cuando estuvieron a su alcance. Podía sentir su corazón latiendo rápido, estaba bastante sensible ante sus caricias y sus cortos movimientos a pesar del nudo hacían que se esforzara para evitar gemir.

Se había sentido tan intranquilo desde que se enteró de que Sirius iba a estar ahí, era tonto y no debía pero al parecer sí. Había dudado pero al final decidió que no quería sentirse incomodo toda la noche así que entró al despacho. Buscar la compañía de su alfa en momentos de estrés daba resultados y era más fácil, todo su orgullo no quitaba lo incomodo del instinto.

Cuando al fin pudieron separarse usaron un hechizo para limpiarse mientras se ponían la ropa, Lucius agarró su mano caminando hacia la habitación, sentía sus piernas temblar un poco pero trató de no pensar en ello.

—Podemos pedirle a los elfos que suban la comida cuando esté lista. — explicó sin mirarlo mientras abría la puerta de la habitación, sentía sus mejillas algo calientes pero esperaba que no se notara. Era como volver a ser un adolescente con hormonas revolucionadas, no debería sentirse tan dependiente aunque luego de su ausencia por días y su casi desliz con otro alfa entendía porque su parte omega estaba tan nervioso.

¿Creía que lo iba abandonar por Black?

Severus estaba bastante cerca de su propio celo pero no lo sentía como un potencial competidor, ni siquiera le molestaban sus feromonas sobre Remus.

—Puedo cocinar yo…— el rubio lo miró de reojo preguntándose si no había entendido lo que había tratado de decir. Lo soltó y caminó hacia la cama quitándose la túnica para dejarla a un costado, quedándose solo con el pantalón antes de sentarse.

—Vas a estar con tu amigo toda la noche, quédate conmigo. — se cruzó de brazos mirando hacia la ventana, desde ahí podía ver el jardín y también hacia donde Remus solía convertirse. Siempre cerraba las cortinas y ponía un hechizo silenciador, pero últimamente no había sido tan necesario. Sabía que el lobo no pasaría la barrera y sus gruñidos o aullidos habían dejado de asustarlo.

Volvió a mirarlo al sentir su peso sobre la cama, el licántropo no se quitó la camisa y se quedó así observándolo con algo de curiosidad. Ambos olían a sexo y Lucius estaba muy seguro que sobre todo él mismo olía bastante. El rubio negó con la cabeza y se acercó desabrochando la camisa con cuidado.

— ¿Qué haces…?— el menor hizo la pregunta pero Lucius no se detuvo hasta desabrochar el ultimo botón, miró su pecho con curiosidad. Habían tenido sexo muchas veces, con poca luz, con mucha luz, al principio Lupin siempre se ponía a sus espaldas y no le dejaba muchas opciones. Pero nunca se había encargado de analizar con detalle.

Alzó su mano y acarició, siguiendo en silencio las cicatrices notando como la respiración del alfa se volvía más profunda. Empujó la camisa más atrás para luego moverse para quitársela, el licántropo parecía tener curiosidad de a donde quería llegar y lo dejó hacer, ayudándolo.

Lucius miró los rasguños que alguna vez él había alcanzado a hacer en sus costados y algunas mordidas sobre sus hombros aunque nunca tan hondas como las que tenía él, las marcas ya se habían borrado casi del todo. Deslizó sus manos por sus hombros hasta sus brazos, definiendo los músculos con sus dedos, bajando hasta llegar a su mano y tomándola.

Había varias cicatrices por todos lados, se preguntó si todas se debían a la transformación ¿Alguna era por algún ataque? Lucius se tragó la pregunta antes de volver a mirarlo, los ojos mieles lo observaban con calma y de nuevo podía escuchar su propio corazón latir como en un lugar hueco, haciendo eco dentro de su pecho.

Trató de ignorar ese sentimiento mientras volvía a poner su atención en sus propias manos apoyando una en el abdomen de su acompañante delineando de nuevo las cicatrices. Notaba su respiración más profunda y las feromonas, se sentía bien con ello así que solo continuó sintiendo la piel bajo sus dedos. Subió hasta deslizar sus dedos por una cicatriz pasando por uno de sus pezones sintiendo como siseaba, alzó la mirada solo unos segundos antes de inclinarse y besar su pecho.

—Lucius. — murmuró con voz ronca mientras agarraba sus manos, deteniéndolo. El rubio alzó la mirada sin soltarlo.

—Nunca me dejas poner un poco más de mi parte, parece que te pone nervioso. — frunció el ceño sintiendo que las manos del alfa rodeaban las propias.

—Lucius…— Remus bajó un poco más la voz, tanto que Lucius no estuvo muy seguro de estar escuchándolo.

—Tampoco te gusta que me arrodille. — reclamó, no estaba realmente enojado pero había cierto fastidio en él.

—Déjame a mí hacerme cargo, en estos días…— el licántropo negó con la cabeza antes de dejar un beso en su frente, aunque se sintió un poco mejor el rubio no quiso soltar el tema. Quería saber, aunque no deberían hablar de ello aún.

—Siempre te haces cargo ¿No puedes confiar un poco en mí? Si te incomoda el cambio de rol, no trató de lograr eso. Podría… oh. — Notó el gesto del licántropo y lo comprendió —Es por lo de Azkaban. — Lucius tragó, a veces se olvidaba de ello. Se olvidaba que el hombre había estado largo tiempo mirando el recuerdo.

¿Y si ese recuerdo lo había utilizado de alguna forma como auto castigo? ¿Para recordar porque no debía creer en las personas del otro lado?

—Sí. — no sabía que esperaba otra respuesta, Lucius soltó las manos tratando de mostrar neutralidad en su rostro.

—No sabía que los Gryffindor podían guardar rencor. — se burló porque era la forma más fácil de salir por la tangente, pero el ambiente ya estaba totalmente perdido. Tal vez luego podría inventar una excusa para deslizarse hacia el baño.

—Lucius. — Remus repitió.

—No me estoy quejando, yo también soy muy rencoroso. — trató de que su tono saliera como que si no le importaba pero se sentía de pronto desarmado, notando que él confiaba más de lo que Remus en él. Esperaba que el licántropo no se hubiera dado cuenta, había sido despistado, había olvidado solo por instinto sus barreras aunque solo fuera en el sexo.

Se tensó al sentir el abrazo y no lo devolvió, dejando que el alfa acariciara su espalda.

—No es solo eso, son tus técnicas… Usaste un anti supresor. Cada vez que te arrodillas o se te da el control pareces tener todo un plan detrás. No solo sexo. — Remus tardó varios minutos en hablar notando que el omega no se había tranquilizado en lo más mínimo.

— ¿Desde cuándo supiste lo del anti supresor? — Lucius tragó sintiéndose de pronto pillado, respiró profundo sin poder evitar algo de pánico.

¿Entonces al final alguien si le hablaba de sus pasos? ¿Había alguna de sus pocas amistades que no tenía problemas en hablar de él?

Pero el anti supresor no lo sabía Narcissa, ni Draco.

—Pregunté si había una poción que lograra que un omega tuviera los síntomas de celo pero que estuviera cuerdo. — aclaró, Lucius suspiró.

— ¿Cómo…?— quería preguntar cómo lo averiguó pero se calló a la mitad mientras se concentraba en no mostrar sus emociones. Al diablo si solo ponía más nervioso al alfa que no tuviera expresión, ahora mismo no importaba.

—Una vez que me acostumbre a tu aroma muchas cosas son fáciles de averiguar. Entre ellas cuando en realidad no estás del todo en celo. Nunca volviste a tener ese mismo aroma que esa vez, un alfa normal no lo notaría pero yo soy un hombre lobo. Solo tuve que sumar dos más dos. — explicó manteniendo el tono tranquilo, Lucius notó que había alzado un poco sus feromonas y la sensación de protección lo acariciaba, pero trató de hacerla a un lado con el sentimiento de enojo.

—Este fue un movimiento tonto de tu parte, Lupin, acabas de darme información. — apretó los labios, solo un poco de furia deslizándose entre palabras.

—Estamos en una tregua. — respondió simplemente.

— ¿Y puedes confiar en eso? — casi escupió dando un ligero gruñido, apartando las manos del alfa de él mientras se alejaba un poco.

—Sí. — Lucius se quedó mudo mirando los ojos mieles que lo observaban con ferocidad. —Sí, puedo confiar en ti. Pero en unas horas otro alfa vendrá a nuestra casa y lo que menos necesito es sentirme utilizado o recordar las veces que lo hiciste.

No quiero ser violento con él y mucho menos contigo. — Remus alzó su mano y la acercó a la mejilla del omega, cuando este no se apartó acarició ligeramente su mejilla.

Lucius se sentía indignado, movió su rostro unos segundos después de sentir el toque sin saber a ciencia cierta porque se sentía tan enojado ¿O asustado? Había bajado la guardia, demasiado.

—Te avergüenza pensar que logré controlarte como un crío. — atacó gruñendo levemente.

—Sí. — que Remus estuviera tan tranquilo respondiendo pese a su rechazo solo lo hacía sentirse más enojado.

—Se trata de ego. — siseó aunque una voz en su cabeza se recordó todo lo que él mismo había hecho por ego. Cuantas veces había sido bastante hipócrita solo para conseguir lo que quería.

—Se trata de sentirme suficiente para alguien. No solo tengo a alguien porque necesita algo de mí. Lucius, estamos haciendo funcionar esto. — el alfa parecía tratar de arreglarlo con pocas palabras y apoyó su mano en el brazo del mayor, esta vez Lucius no se apartó.

—Ya no necesito nada de ti. — lo miró a los ojos a la defensiva, tratando de demostrar que sus palabras no lo afectaban en lo más mínimo.

—Pero no tienes la opción de irte. Yo tampoco necesito nada de ti.

Lucius, mira. Esto podría ser peor, podríamos estar tratando de acostarnos con todos lo que podamos para fastidiar el otro, podríamos estarnos gritando todos los días, podríamos estar lastimándonos mutuamente incluso en el sexo.

Sé que confías en mi cuando me dejas la opción de controlar algo. Porque a fin de cuentas el sexo es lo poco que puedo controlar de esta relación.

Tu… decidiste cuando enlazarnos. Decidiste cuando me dejarías y como me utilizarías, la doble marca fue un accidente que no fue culpa de ninguno. Ahora mismo lo único que podemos sacar del otro es sexo y me gusta controlarlo. —

Silencio. Solo hubo silencio por varios minutos mientras ambos se miraban casi desafiándose con los ojos.

—Ya, basta. No quiero hablar de esto. No… no en este lugar. — Lucius desvió la mirada aun con el ceño fruncido.

—Está bien…— Remus miró hacia otro lado, pasando su mano por su cuello. El patriarca no lo miró por varios minutos pero luego suspiró, se volvió a acercar y se sentó de espaldas a él, apoyando su propia espalda en la de él.

—Lo hablaremos en el viaje, en el lugar neutral. — murmuró, acariciando ligeramente la sabana debajo de su mano.

—Bien. — no entendió la sensación que sintió en su pecho cuando el licántropo apoyó su mano sobre la de él, de nuevo sentía el corazón latiendo en su garganta y de pronto sintió que el enojo iba a diluyéndose. El alfa había estado dispuesto a ser vulnerable ante él explicándole y eso le agradaba, le agradaba no ser el único exponiéndose.

Cuando paso un rato volvió a moverse, volteándose y sentándose al lado del otro. Empezaron con pequeños besos y presionándose, luego con caricias y los besos bajaron hacia los hombros el cuello. Estaban explorando con cuidado, cada centímetro como que si nunca se hubieran sentido.

No tuvieron sexo de nuevo, incluso cuando dejaron la ropa a un lado se dedicaron a explorar, besarse y presionarse de forma tierna.

Lucius no lo entendió o no quiso entender porque eso se sentía tan bien, tan cercano. Prefirió no pensar en eso.



Era casi como se sentía en Hogwarts, Sirius ya convertido en perro corría a su alrededor como diciendo que se convirtiera ya. Remus se permitió sonreír antes de sentarse y acariciar su cabeza, ya había tomado la poción y se había asegurado que Sirius hubiera leído la carta.

Había pasado mucho tiempo con Lucius y habían tenido de nuevo una charla incomoda cuando tuvo que deshacerse del aroma, tuvo que insistir que solo era por el aroma a sexo y que no planeaba borrar todo rastro de Lucius antes de bajar, sino solo lo suficiente para que no fuera incómodo para Sirius.

Tuvo que recordarle que él había hecho más o menos lo mismo cuando vino Narcissa.

Al menos todo se había resuelto y no se habían separado enojados, habían cenado en la cama y debía admitir que había disfrutado mucho de los besos y toques que habían compartido.

La transformación fue tan dolorosa como siempre, un aullido rompió la noche y sintió que su raciocino empezó a diluirse.

Canuto movió su cola feliz pero el lobo respiraba pesadamente y lo primero que hizo fue irse contra la frontera que estaba a varios metros de la casa, pero la pared invisible le impidió pasar brillando ligeramente. El lobo aulló y trató de rasgarla con sus garras pero no funcionó así que volvió a tratar de golpearla. Luego de un rato pareció rendirse y lloriqueó, olfateando el pasto y mirando con sus ojos dorados hacia la ventana con algo de anhelo.

Remus le había pedido que no se acercara al lobo hasta que este empezara a alejarse del límite y que eso podía durar incluso un par de horas. Canuto se acostó apoyando su cabeza en sus patas y esperó, fueron solo quince minutos antes de que el Grim saltara hacia el hombre lobo quien se dio vuelta y trató de morderlo mientras gruñía con fuerza, alejando al perro del límite como que si quisiera evitar que entrara a la casa.

Canuto agitó la cabeza y retrocedió, corrió hacia los árboles y empezó a jugar solo tratando de llamar la atención de su amigo pero este miraba insistentemente hacia la ventana antes de aullar. El perro se detuvo y alzó sus orejas al notar que Lucius se había dejado ver, estaba detrás de la puerta de vidrio observando, gruñó desde su lugar pero cuando iba a dar un paso más cerca el lobo le gruñó a él mostrando todos sus dientes en una clara amenaza de que lo destrozaría si se acercaba más.

Sirius se sintió ofendido, dio varios pasos hacia atrás y ladró, el lobo prácticamente corrió hacia él y trató de darle un zarpazo para nada amistoso así que el perro corrió unos metros pero luego notó que lo había dejado de seguir para volver a caminar hacia el límite. Canuto decidió que esperaría a que el rubio oxigenado se fuera antes de tratar de nuevo, aunque con suerte el lobo se lo comería.

Miró como su compañero apoyaba su cabeza contra la pared invisible cerrando los ojos, llorando como un perro herido por lo bajo antes de bajar de nuevo hacia el piso y tratar de escarbar pero no importaba, la "pared" era una burbuja entera y aunque cavara, siempre encontraría una parte de la pared. Canuto notó como Lucius dudó varios minutos antes de abrir la puerta, el perro casi dejó escapar una risa canina sabiendo que era demasiado cobarde para acercarse más aunque luego sintió molestia, obviamente poder ver al omega era como una especie de tortura para su amigo.

¿Qué pasaría si tratara de romper el escudo? Tenía su varita, el lobo estaba demasiado distraído, no notaría que se volvió humano y…

Remus jamás se lo perdonaría. Se lo había perdonado con Snape, pero no se lo perdonaría por segunda vez. Se pasó las patas por la cabeza pero alzó sus orejas al notar que Malfoy daba algunos pasos acercándose hacia la pared, se preguntó casi con burla cuantos metros podría acercarse antes de salir corriendo como la maldita rata que era.

El hombre lobo se dejó caer quedando en cuatro patas, volviendo a apoyarse sobre la pared olfateando ligeramente, el escudo evitaba que cualquier aroma entrara pero la criatura parecía reconocer de vista a su compañero.

Lucius frenó a solo dos pasos del escudo y pareció dudar antes de dar un paso más, tenía la varita sostenida con fuerza en una mano y la otra la alzó, apoyándola ligeramente en la pared. El lobo apoyó su nariz en la misma altura resintiendo no poder sentirlo, pero miraba directamente al rubio respirando profundo. Canuto creyó que trataría de ir de nuevo contra el muro para acercarse más al omega pero el lobo solo se levantó en dos patas para apoyar su cabeza a la altura de la mano del mayor, cerrando los ojos.

Cuando los abrió miró hacia Malfoy unos segundos antes de mirar hacia Sirius gruñendo con fuerza, tapando al rubio de su vista al darse vuelta. El perro se levantó sabiendo que esa mirada no era para nada amistosa y empezó a correr, casi al mismo tiempo el lobo empezó a perseguirlo. No supo cuánto tiempo estuvo escapando de su amigo antes de que se escuchara el latigazo de desaparición que distrajo a ambos.

Lucius había desaparecido para aparecerse en la habitación.

El hombre lobo volvió a aullar y corrió hacia el límite, se acostó haciéndose un bollito mientras lloriqueaba, alzando su cabeza solo para mirar hacia la ventana.

Pasaron casi dos horas cuando se levantó de nuevo, esta vez Canuto movió la cola. Esa era la mirada que buscaba, ambos empezaron a jugar esta vez sin amenazas de por medio.

Sirius sintió una ligera opresión en el pecho pensando que faltaban, no eran todos, pero trató de ignorarlo mientras seguía corriendo por el lugar.



Lucius cerró un poco la cortina con cuidado, debía admitir que había sido divertido que el lobo persiguiera a Sirius en mal plan cuando él se acercó al límite. Nunca se había acercado tanto, ni quiera había salido en la luna llena pero la verdad es que no podía dormir.

Había dado vueltas en su cama hasta que maldiciendo miró por la ventana y verlos a ambos ahí lo hizo sentirse molesto, no era menos que Black y si él andaba rondando a Lupin justo antes de la transformación no debía ser tan peligroso. Tal vez tratando de demostrar quién era el importante para Lupin incluso cuando estaba en esa otra forma había hecho la estupidez de salir. Había sentido miedo y se había intimidado por lo que había pensado en volver hasta que notó que ambos ya lo habían visto.

Luego de ahí no había marcha atrás al menos que quisiera las burlas de Black en la mañana.

Se acercó lo más que pudo y se impresionó del tipo de reconocimiento que tenía el lobo con él, con cada paso sentía menos miedo y se sentía de alguna forma seguro. Cuando tocó la pared y el alfa lo hizo del otro lado sintió que sus propias feromonas cambiaban.

Se había sentido algo débil y mareado, casi la misma sensación que tenía cuando se formaba un nudo dentro de él. Algo le decía que pasara la barrera, que podía hacerlo pero antes de cometer un error el lobo se había distraído con alejar a Sirius de él.

Se sintió aliviado y desapareció. La presencia del lobo lo había dejado algo revolucionado y no lo entendía hasta que recordó la conversación, la razón por la que sus ciclos se movieron de fechas. Miró hacia la luna a través del vidrio sintiéndose profundamente avergonzado.

No volvería a cometer una tontería así y mucho menos por celos.

Sirius era un alfa y Remus nunca podría tener con él lo que tenían ambos.


N/a: Gracias por leer :D


Cristine Malfoy: Si. sirius se enteró y en el próximo cap se encuentra cara a cara con Lucius XD


juliettwatson: de nada :D Lucius aun tiene miedo de la forma de hombre lobo de Remus así que no podría estar XwX pero seguro que el resto de los dias si :D

en proximos caps veremos lo de la prueba de embarazo~


Saludos a todos :D