Se despertó sintiéndose algo aturdido por unos momentos, podía escuchar el agua hervir y aún estaba en el sillón así que no había pasado mucho tiempo durmiendo. Ya no había nadie a su lado así que supuso que estaba en la cocina.
Eso había sido bastante malo.
No solo malo también vergonzoso, no había podido mantener el decoro ni la calma y se había comportado como un real idiota otra vez. No estaba siguiendo el camino que trazó para sí mismo y en cambio estaba retrocediendo en su inseguridad.
Estaba siendo bastante patético.
Se llevó la mano a la cara deslizando sus dedos por su frente para despertarse sintiendo un poco de dolor de cabeza.
—Preparé té mientras dormías. — Remus sirvió las dos tazas antes de sentarse en el sillón del frente, Lucius notó que había cambiado la configuración de la sala mientras estaba dormido así ambos podían estar cómodos pero no necesariamente juntos.
Aceptó la taza murmurando un ligero gracias antes de tomar un poco ¿Qué estaba saliendo mal? ¿Qué detalle no había pensado? ¿Por qué de pronto todo estaba tan descontrolado?
Habían estado bien los días donde negociaban pero en la cena todo parecía haberse ido por la borda, si, el alfa todavía no lo echaba ni había sido particularmente duro con él pero sabía que no estaba saliendo bien.
Se estaba comportando como alguien ofendido y como que si esperara que fuera el licántropo quien se disculpara, quien cerrara la brecha entre ellos.
— ¿Dormí mucho? — Preguntó dejando su taza de nuevo sobre la mesa que los separaba.
—Solo un poco más de treinta minutos. — Le sonrió de manera amable y Lucius volvió a asentir mientras pensaba.
Ambos volvieron a quedarse en silencio por unos minutos hasta que ambos terminaron, el rubio suspiró y se levantó esperando que el otro hiciera lo mismo antes de alejarse un poco de la mesa.
—Gracias por el té. — Inclinó ligeramente su cabeza alzando su mano y tocando su brazo por unos segundos antes de apartarla.
—Gracias por la cena, supongo que nos veremos después. — Le devolvió amablemente el gesto.
—Sí. — Se movió con cuidado sintiéndose un poco derrotado.
— ¿Puedes aparecerte? — Preguntó con preocupación.
—Sí, creo que ya estoy mejor. — Asintió, ambos se miraron unos segundos como que si dudaran de como despedirse, eso fue casi nostálgico recordando lo incomodo que había sido decidirse de una forma cuando tenían el enlace.
—Hasta luego, Lucius. — Pareció decidirse por estirar su mano así que el rubio la agarró pero luego se inclinó besando su mejilla, acercándose un poco más.
—Lo siento por discutir en el restaurant. Fue grosero de mi parte reclamarte errores que fueron míos. — Deslizó sus dedos sobre los suyos antes de separar sus manos. —No tenía ninguna razón para reaccionar como lo hice en ese momento o para tratarte así. — Quería disculparse por muchas cosas más pero no quería seguir presionando.
Se había equivocado antes y ahora debía retroceder unos pasos para elegir como proceder.
—Está bien, tus disculpas son aceptadas. Ambos levantamos la voz en esto y abrí un tema que obviamente aun te hace sentir acorralado. — El castaño presionó ligeramente sus dedos en la mejilla del omega antes de apartar su mano, ambos caminaron los pasos que lo separaban de la puerta,
—Es ridículo que me sienta tan sensible con un tema que ya he pensado y re pensando en estos últimos meses. — Habló más para sí mismo sin poder evitar sentirse avergonzado.
—Es distinto el hecho de que lo pienses y hablarlo conmigo, sido siendo el padre del bebé. — Abrió la puerta para que pudiera salir, Lucius lo miró y asintió.
—Nos veremos en otro momento. — Se despidió antes de salir, sacando su varita. Ya no se sentía tan cansado ni mareado, así que estaría seguro.
—Hasta luego, Lucius. —
El patriarca le sonrió en despedida antes de desaparecer, apareciendo nuevamente en su mansión. Se quitó el abrigo dejando que los elfos se lo llevaran y caminó hacia la habitación, se sentó de nuevo frente al escritorio sacando del cajón las razones de "porque si".
Estaba retrocediendo por un simple contratiempo y quería renunciar enseguida. Sabía que no sería fácil, no era ingenuo pero se estaba comportando como que si fuera la victima ahí.
Golpeó la madera con sus dedos mientras pensaba.
Estaba demasiado acostumbrado a que fuera Remus quien pusiera más esfuerzo, él solo se dejaba guiar y lo aceptaba como que si fuera lo mejor que pudiera hacer. En ese casi año que habían compartido ambos habían puesto de su parte pero debía admitir que el licántropo le había tenido demasiada paciencia y que él se llevaba la peor parte.
Perseguir a alguien no era lo que solía hacer, incluso cuando el Señor Oscuro murió la primera vez lo había negado hasta el hartazgo, desligándose de él para obtener su libertad.
Había vuelto a su señor después, por miedo o porque era demasiado terco pero eso había sido casi a rastras. Se preguntaba a veces si hubiera vuelto si no tuviera la marca, podría haberse desligado pero habría terminado muerto como tantos que no volvieron hacia el señor.
Aunque la diferencia estaba que lo que lo había unido a Voldemort era su sed de poder y lo que le hacía volver a Remus era un sentimiento totalmente distinto, que no debería ser egoísta comparado con el primero.
Agitó la cabeza tratando de alejar los recuerdos de la guerra y volvió a leer.
Necesitaba empezar a dar pasos al frente de una vez, ya no era un crío de quince años para esconderse tras las faldas de su madre.
Agarró un papel y la pluma empezando a escribir porque había salido tan mal.
Respiró profundo una vez más, solo había pocas formas de hacerlo bien. No importaba que no funcionara, tenían un negocio juntos y eso era algo bueno que había sacado de esa situación.
Conjuró un Tempus notando que debería haber salido de su trabajo hacía quince minutos pero no importaba, las protecciones lo habían dejado pasar así que se encontraba apoyado contra la pared al lado de la puerta de la casa de Remus. Podría haber aparecido dentro pero se sentía demasiado intrusivo, solo esperaba poder darse cuenta si el licántropo entraba directamente sin pasar por la puerta.
Aburrido, sacó un chocolate empezando a comerlo de a pequeños pedazos, recordaba que Remus lo hacía de vez en cuando y era casi gracioso que ahora le hubiera tomado gusto al dulce, aunque eso podría ser por el bebé.
Palmeó su bolsillo de nuevo donde traía las cosas empequeñecidas y suspiró, habían pasado solo dos días desde la cena y había tratado de no pensarlo demasiado. Un plan demasiado analizado no se cumpliría de todas formas así que se había rendido a tratar de forzarse a seguirlo.
La puerta se abrió sobresaltándolo un poco.
—Lucius ¿Qué haces aquí? — Remus lo miró, Lucius pudo notar que estaba con su clásica ropa de trabajo y seguramente había vuelto recientemente.
—Tenía que hablar contigo. — Se irguió saludando con un asentimiento pasando cuando el menor se corrió a un lado, sonrió ligeramente al sentir la calidez de la casa.
—Debiste enviar un búho o entrar ¿Estas desde hace mucho esperando? — Le preguntó con algo de preocupación y Lucius trató de no prestar mucho atención a ella, toda esa atención podría ser solo por el bebé y no quería que esa fuera la única razón por la cual lo estaba soportando.
—No, no demasiado. — Le quitó importancia quitándose su abrigo.
— ¿Viniste por algo del contrato? Pudiste haber pedido una cita mediante una carta. — Le sonrió de forma profesional y Lucius le devolvió la sonrisa.
—No vine esta vez por algo relacionado con el trabajo, Remus. — No se sentó pero dejó su abrigo en el perchero antes de volver a mirar a su acompañante. Sabía que era un poco tramposo agarrarlo cuando volvía del trabajo, cuando tenía sus defensas más bajas pero él había esperado pacientemente.
—Si me das unos minutos cuando baje puedo servirte un té. — Respondió de manera amable pero un poco incómodo, como que si no se decidiera si sería demasiado descortés dejarlo solo.
—Puedo prepararlo yo, puedes subir a cambiarte sin problemas. — El alfa lo miró confundido pero asintió, el rubio suspiró levemente. Que siguiera siendo amable después de todo era agradable aunque lo hiciera sentir algo culpable, el instinto siempre estaba rasguñando y sabía lo que le dolía a un alfa ser abandonado. Era demasiada inseguridad y que fuera gentil con él después de eso lo sorprendía.
Remus parecía controlar mejor sus emociones e instintos que él.
Puso a calentar el agua de forma muggle y esperó mientras sacaba lo necesario, ver a Remus cocinar y preparar había logrado que se aprendiera donde guardaba cada cosa.
Preparó el té y lo llevó a la mesa sin servirlo, esperaba que el licántropo estuviera viendo para servir, prefería que no pensara que estaba tratando de suministrarle alguna poción. Colocó la azúcar y todo el juego de té antes de sentarse, normalmente lo harían los elfos pero llamarlos para hacer algo tan pequeño incluso sonaba ridículo incluso si hacía unos meses le hubiera parecido normal.
—Creí que no sabías preparar nada, en realidad. — Remus le sonrió sentándose, Lucius negó ligeramente con la cabeza quitando los hechizos para evitar que se enfriara.
—Fui alguien capaz en pociones, puedo hacer un té. — Les sirvió a ambos. —Si necesitas algo más, puedo traerlo. — Habló mientras agarraba la pequeña cuchara y le ponía azúcar a su té mezclándolo, haciendo el menor ruido posible.
—Hacer pociones nunca quiere decir que eres buen cocinero. — Sonrió algo divertido.
—Nunca dije ser un buen cocinero. — Admitió el rubio encogiéndose de hombros, nunca había intentado cocinar solo. Recordaba vagamente que había tratado de hacerlo para el cumpleaños de su padre, él se había casi desmayado al enterarse que había estado en la cocina con todos los elfos y había enumerado todos los peligros que esa acción pudo haber desencadenado.
Había terminado con su elfina niñera castigada y con él encerrado en la habitación escribiendo mil veces "No es mi deber cocinar."
Luego había entendido que su padre había creído que enseñarle algunas cosas que los omegas desempeñaban lo volverían débil o más parecido al estereotipo que ellos tenían.
—Lo sé, pero a mí me gusta cocinar. — Respondió tranquilamente, Lucius no pudo evitar una sonrisa cariñosa ante eso.
—Siempre te veías concentrado y deslumbrante cocinando. — Admitió tratando de no cerrarse de nuevo luego de decirlo en voz alta. El alfa lo miró sorprendido por varios segundos y Lucius no pudo evitar que sus mejillas se calentaran un poco.
— ¿A qué viene el halago? — Remus preguntó al fin mirándolo con curiosidad.
—Siempre me halagabas y no era capaz de hacer nada de lo que tú haces. Normalmente son los omegas los que cocinan y sirven la comida. — Le recordó, aunque recordaba bastante bien que él había sido el atendido. Si no era los elfos, Remus se encargaba de la comida y el desayuno y de servirlo, el solo observaba como apoyo silencioso sin realmente ayudar.
Nunca había recibido un reclamo por ello.
— ¿Y eso? A mí me gusta hacerlo. — Le quitó importancia.
—Sí. — Lucius asintió y siguió tomando su té. Remus se quedó callado por varios minutos antes de volver a hablar.
— ¿Entonces me dirás a qué has venido? — Inclinó ligeramente la cabeza como que si estuviera analizando a Lucius, buscando alguna pista.
—Si, por supuesto. — Dejó la servilleta sobre sus piernas y dejó la taza de lado. —He venido a disculparme. — Se sinceró tratando de que su voz no sonara insegura.
No estaba seguro de esto pero a veces el camino más fácil era el mejor aunque tuviera que admitir sus errores en voz alta.
—Ya lo hiciste. — El alfa obviamente estaba pensando en lo del restaurante.
—No por lo de la cena si no por haber corrido así. Fue una decisión precipitada y de la cual no medí las consecuencias. — juntó sus manos sobre la mesa mirando al castaño quien también dejó la taza para dejarla de lado, mirándolo con curiosidad. —Estaba asustado, a pesar de que nosotros habíamos avanzado estuve ignorándolo todo el tiempo porque me sentía cómodo y seguro.
Me hacías sentir bien y querido así que no me importó analizar mis propios sentimientos. Saber o no saber del bebé no es excusa, yo debí haberlo notado, había miles de pistas a mí alrededor y debí haber confiado más en tu instinto. — Respiró profundo y estiró su mano poniéndola sobre la del alfa mirándolo a los ojos directamente. —El nido hecho en la inconsciencia era una bofetada a la cara y la ignoré totalmente porque no quería lidiar con la posibilidad de que habíamos concebido un bebé.
Me aterré ante el hecho de que me estaba gustando y que no debía, esto era una circunstancia que se acabaría. Sentir algo que no fuera mero instinto por alguien que yo debía odiar y aborrecer… fue duro para mí. — Presionó más su mano para que no la apartara, Lucius hizo un esfuerzo por no desviar la mirada, quería que notara que estaba siendo sincero. —Sí, lo sé. Suena idiota e infantil.
Así que tomé las pociones sin pensarlo y luego volví a la mansión. Tuve dos semanas de fiebre y luego cuando me recuperé salir a los jardines, en ese momento me di cuenta del bebé. Discutí con Severus y luego él hizo que me atendiera el medimago, me respondió bastantes dudas.
Después… pensé en que debería hacer.
Tenía que contártelo pero no sabía cómo y si empecé esto del negocio era porque no quería que la única razón por la que hay un interés en mi sea por el bebé.
Sí, me costó bastante decidirlo y pensarlo, y tengo mis prejuicios bien arraigados y tú no deberías lidiar con ellos.
Cuando te veo debería ver a alguien menos que yo, a un mestizo que además es una criatura y que vale menos que nada, pero luego de nuestra unión no pude verte así. Fuiste mi consuelo en una celda durante casi un año y luego seguiste siendo un apoyo silencioso durante lo que siguió en la guerra. Pero no es solo eso… yo… también te veo a ti como persona, como mago.
Hay tantas cosas que te gustan y tantas cosas en la que eres bueno, has sido paciente conmigo e incluso cuando esta fue sobrepasada no me hiciste daño en lo absoluto. Siempre estuviste teniendo cuidado y nunca utilizaste la voz alfa o las feromonas para presionarme a algo que no quería hacer cuando tenías todo el derecho porque yo estaba siendo un idiota y necesitaba un escarmiento.
Tuviste un cuidado que nunca tuve contigo e incluso después de desaparecer dos meses me dejaste entrar a tu trabajo como si nada y aceptaste cenar conmigo y lo arruiné.
Yo… lo siento. Por todo. — Su voz se rompió por un momento así que respiró profundo tratando de controlar la emoción.
—No soy alguien fácil de manejar o de soportar, y mientras estábamos unidos tu pusiste mucho más que yo y me acomodé demasiado en eso. Estoy tan acostumbrado a ser… tu omega que me sigo comportando como que si lo fuera o como que si tuvieras que perseguirme pero tienes razón en decir que yo fui quien escapó.
Y me asustó notar que a pesar de todo sentía curiosidad y cariño por lo que habíamos creado porque de alguna manera era una pequeña parte tuya en mí. No quería que el bebé fuera de otra persona, yo no quería otra persona además de ti. — Murmuró lo último dejando que el menor volteara su mano para que sus palmas quedaran unidas, Lucius acarició ligeramente su muñeca tratando de mantener la compostura.
Podía sentir la mirada sorprendida de Remus y se quedó callado más tiempo de lo necesario, por lo cual el rubio empezó a sentirse nervioso.
¿Tomaste algún suero de la verdad? — Preguntó con algo de incredulidad en su voz.
—Sí, pero no estaba en el té. Lo tomé antes de venir aquí porque no soy capaz de exponerme de esta forma sin una poción que me esté respaldando. — Habló sintiéndose avergonzado. —Y eso es patético y estúpido pero aquí estoy.
Yo… solo quería decirte esto… y…— Respiró profundo y sacó un vial con el antídoto tomando un poco. —Quería darte esto. — Sacó de su bolsillo los papeles empequeñecidos, pequeñas cartas y tres pergaminos podían verse, Lucius tuvo mucho cuidado de que nada se cayera y las colocó dentro de una pequeña caja que seguramente antes había contenido alguna joya.
— ¿Qué es? — Remus preguntó con curiosidad agarrando la caja cuando se la tendió, sabía que tendría que agrandar los papeles pero no tenía problema en ello, acarició levemente una de las cartas con su dedo.
—Escribí las razones de porque no debería intentar nada contigo y las razones de porque sí. Además hay varias cartas que escribí durante el mes donde está reintegrando esa fábrica para poder hacer un trato contigo.
Así de las razones de porque creo que reaccioné así en el restaurante. — Explicó dejando que sus manos se soltaran, mirando como el licántropo observaba las pequeñas cosas que le había entregado. Lucius respiró profundo de nuevo tratando de evitar que su rostro se calentara.
— ¿Volviste a hacer funcionar una fábrica que habías abandonado para tener una excusa y hablar? — La sorpresa volvió a la voz del menor quien levantó su vista una vez más hacia él. El omega esta vez no pudo evitar sonrojarse un poco.
—Bueno… sí. — Carraspeó ligeramente.
— ¿Nunca pensaste en enviar alguna de las cartas? — Preguntó con curiosidad, tratando de contar cuantas eran.
—No, porque era demasiado sincero en ellas y sonaba mal, yo… puedo ser un patético romántico cuando escribo. — Admitió mordiéndose un poco la lengua al terminar. No había tomado el antídoto completo y aún estaba bajo los efectos de la poción, solo había tomado un poco de ella para que el licántropo pudiera preguntar sin pensar que estaba debajo de esta.
—Nunca creí que te describirías así. — Remus lo miró algo divertido.
—Bueno, si quieres puedes ponerle nota, eras un profesor ¿No? Uno lo suficientemente bueno, me han dicho. — Sonrió sin poder evitarlo recordando por unos segundos la carta de Draco explicándole quienes eran los nuevos profesores. Nunca le había prestado tanta atención hasta luego de unos meses.
—Sí y fuiste la principal razón de porque me despidieron. — El licántropo arqueó una ceja.
—Solo me estaba comportando como un padre preocupado. — Tarareó algo divertido sintiéndose un poco avergonzado pero tratando de no demostrarlo.
—Lucius. — Reclamó, pero sonó ligeramente divertido.
—Bien, estaba siendo odioso. Pero eso no es nada nuevo. — Dejó escapar una risa sintiéndose más tranquilo cuando el otro se rio levemente. —Yo… puedes leerlas, si quieres. Si decides que quieres quemarlas puedes hacerlo, son tuyas de todas formas. No tengo… prisa para esto. — Señaló la caja mordiéndose un poco el labio mientras entrelazaba sus propias manos para apoyarlas sobre la mesa.
—Gracias, por decírmelo. Sé que esto es difícil para ti. — Remus le sonrió con dulzura y Lucius no pudo evitar desviar la mirada por unos segundos.
—No debería ser difícil, confío en ti. Solo soy demasiado inseguro sobre lo que yo debería sentir, a veces me comporto como un idiota porque estoy luchando contra mis sentimientos. — Habló suspirando un poco pero luego volvió a mirar a los ojos del licántropo dándose cuenta de una cosa. —Yo… tú… ¿Estabas tratando de cerrar el ciclo, no? — Preguntó tratando de que su voz no titubeara, el alfa suspiró y asintió.
—Sí. — Admitió, el rubio se tensó un poco pero se obligó a sonreír.
—Podemos crear otro, en algún momento. — Se encogió de hombros tratando de que sonara como que si no le importara particularmente.
—Tal vez. — Sonrió levemente, Lucius lo miró a la cara asintiendo un poco sintiéndose un poco más tranquilo cuando no fue rechazado de inmediato.
No era un sí pero tampoco era un no.
—Nunca terminaré de disculparme por irme así, yo… no sentí mucha molestia por parte del instinto porque el bebé en su prioridad. Pero si me dolió emocionalmente y te extrañé.
Debió haber sido difícil para ti estos meses, fue un error haber corrido así tan abruptamente. Eras demasiado para mí y entré en choque con lo que debía creer.
Pero eres lo que quiero ahora y voy a conseguirlo. — Respondió bastante seguro, mirándolo directamente manteniendo sus propias manos unidas para no estirarlas hacia él. Quería acercarse más pero no sabía si sería bienvenido.
—Eso… puede interpretarse de muchas maneras. — Remus le lanzó una mirada curiosa.
—No quiero a nadie más que a ti, yo… me encariñé y enamoré de ti solo estaba demasiado asustado para admitirlo en voz alta.
No quiero que solo sea por el bebé que me quieras, no quiero que él sea lo único que te importe. — Se levantó tratando de no tropezar ante su declaración, no había tenido la intención de decirlo así pero con la poción de la verdad había sido demasiado fácil.
Desvió la mirada tratando de que no enrojecer.
—Lucius. — Lo llamó algo sorprendido, parándose también.
—No necesito una respuesta ahora, puedes leer lo que escribí y pensar que es totalmente inútil intentarlo conmigo. — Movió su mano aun sin sacar su varita. Iba a alejarse más pero luego miró hacia el menor y se acercó, agarrando una de sus manos con las suyas. —Luego de ti… luego de que rompí el vínculo no ha habido nadie más, en ningún momento ni en ninguna forma romántica o sexual. — confesó sin soltar su mano, manteniendo su vista en ellas.
Pensé que sería lo primero que harías, ya que eso ayuda a romper lo que queda del vínculo. — Murmuró de manera suave, Lucius se estremeció ligeramente sabiendo que era válido ese pensamiento aunque doliera.
—Dijiste que si lo hacía de nuevo no volveríamos a estar juntos. — Le recordó presionando su mano entre las suyas, Lucius se obligó a levantar la mirada para verlo a los ojos apoyando un poco su cabeza en su mano cuando el castaño la levantó para acariciar su mejilla. El patriarca llevó sus manos hacia la de él agarrándola en el lugar.
—Fue una regla mientras estábamos en enlace no fuera de este. — Había algo de ternura en su voz y Lucius no pudo evitar estremecerse un poco.
—No me importa, no quiero a nadie más así. — Se forzó a hablar más alto, sin soltarlo y presionando más su mano contra su mejilla, disfrutando del contacto. —Yo… es momento de irme. Por favor, solo piénsalo. No necesitas responder la siguiente vez que nos veamos y si quieres fingir que esta charla no pasó puedes hacerlo. — Soltó su mano dejando que se alejara y dio unos pasos hacia atrás. — ¿Puedes decirme en que momento estás libre la semana que viene? Para ir a ver el medimago y ver lo del bebé. — Le dio una sonrisa algo nerviosa pero trató de mantenerse tranquilo.
—Creo que el lunes a cualquier horario estará bien. — Remus asintió mientras el patriarca le sonrió asintiendo de igual manera.
—Entonces, nos vemos el lunes. — Se despidió.
—Lucius. — Lo detuvo, aunque no se acercó más. —Siempre tomas la ruta más difícil. —
—Soy demasiado dramático. — Se burló ligeramente acercándose y agarrando su mano como despedida.
—Sí, lo eres. — Sonrió, Lucius le devolvió la sonrisa y dudó, se acercó dándole un pequeño beso en los labios antes de retroceder soltando su mano, sacando la varita para desaparecerse.
Una vez que estuvo en la mansión se dejó caer sobre un sillón sintiéndose nervioso, sacó el vial y terminó de tomar todo el antídoto para que dejara de hacer efecto en su totalidad.
Había hecho de todo para no tener que disculparse directamente y eso había terminado haciendo, debía sentirse humillado o avergonzado pero la sensación que sentía era casi de alivio. No había sido perdonado, podrían no llegar a nada pero que él lo supiera… era agradable.
"¡Te dejo unos días y ya andas abriéndole la puerta a Malfoy de nuevo!
¡Remus! ¿¡Que quiere decir esta nota y foto!? ¡Creí que ya lo habías sacado de tu sistema! Si Harry no me necesitara tanto iría a discutirte directamente.
Si, eres un adulto pero ¡Piensa con la cabeza! Puede que el sexo sea bueno pero no vale la maldita pena. La serpiente se irá una y otra vez ¡Ya lo conoces, vamos!
Bien, por otro lado ya hemos viajado a cinco lugares distintos en seis días ¡Estoy muriéndome!..."
Siguió leyendo la carta de Sirius sonriendo levemente, su amigo estaba enojado. Alguien había logrado tomar una foto cuando estaba por desaparecer con el patriarca, por lo cual estaba rodeando su cintura con su brazo y apegándolo contra su costado.
Se sorprendía que lo siguieran a él pero tal vez no debería ser tan raro, sobre todo si lo asociaban a Lucius Malfoy.
Miró hacia el brazalete que estaba sobre su mesita de luz y suspiró, desde que Lucius había empezado a frecuentarlo lo había dejado en casa solamente para que no viera que lo llevaba siempre. Estiró su mano y agarró la joya, acariciándola con sus dedos siguiendo sus patrones sonriendo sin poder evitarlo.
Ese día había sido sin duda extraño, había pensado por unos momentos que si el té tenía ese suero de la verdad modificado –ya que no había hecho ninguna pregunta directa y exacta- pero luego notó que no, además de que Lucius no lo interrogó directamente.
Tenía las cartas y los dos pergaminos en su escritorio, sentía curiosidad y le gustaba leer, pero no sabía si estaba bien incursionar de esa forma en la intimidad de una persona. Sabía que Lucius a pesar de todo era reservado en muchos aspectos y muchas luchas sobre su moral eran privadas.
Se puso el brazalete antes de agarrar el pergamino de porque no notando la pulcra letra del mayor, casi quiso rodar los ojos en la mayoría de las razones aunque lo último que estaba escrito lo hizo detenerse.
"Mismas razones por las que decidí ser un mortífago." En conjunto de "La original la quemé antes de ir a verte por primera vez luego de la ruptura, pero la volví a escribir"
Abrió algo dudoso el segundo pergamino sin poder evitar sonreír un poco al notar que era bastante más largo y que la letra se achicaba casi al final. Aunque el principio estaba tan bien escrito como el anterior se notaba que por la mitad había empezado a escribir con letra más pequeña y junta. Había desde experiencias juntos hasta algunos sentimientos por ahí y por allá, pero todo bastante recatado, podía imaginarse a Lucius escribiéndolo bastante furiosamente y sintiéndose algo asustado al final al descubrir que escribió mucho más que en las razones de que no.
Miró las cartas con duda, era notorio que luego de escribirlas las había sellado y no las había vuelto a abrir, no tenían ningún hechizo encima. Sabía lo cambiante que era Lucius por lo que tenía en mente que algunas tal vez serían despedidas y otras arrepentimientos, tal vez incluso puntos finales solo para que la siguiente fuera una forma de abrir una conversación.
Notaba que aun en la actualidad Lucius estaba un poco nervioso respecto a sus propios sentimientos y eso podía ser un problema. No podía estar siempre que el patriarca quisiera volver y si seguían aflojando y tirando nunca podría terminar de cerrar lo que habían tenido.
Aun así también lo extrañaba y lo había dejado entrar a su vida una vez más, con la duda en vez de desconfianza y sin hacerse ilusiones respecto a nada.
El patriarca había dicho que le amaba.
Pero ¿Era acaso eso suficiente?
"Fallo de la cena:
En un principio, estoy demasiado acostumbrado a ser el centro de su atención. Cuando no pude serlo grité, me removí e incluso busqué otras personas lo que terminó en el acuerdo de que no lo volvería a hacer.
Y esa actitud de niño mimado estoy volviéndola a adoptar, olvidando que rompí el enlace y corrí, por lo que ya no hay nada de lo que teníamos antes.
Estoy acostumbrado que las personas hagan lo que yo quiera, a ser el perseguido y no el perseguidor. Doy algunas señales y espero que alguien más haga el resto del camino cuando debería ser algo que yo debería hacer.
Soy demasiado caprichoso y la indiferencia me frustra, me comporto como que si volver hubiera sido una acción que había que halagar cuando es solo un comienzo. Me confundió y me sorprendió el tema, así como el rechazo en algo que creí que teníamos en común.
Esta vez no se trataba solo de sexo, pero parecía la manera más fácil porque nos habíamos entendido muchas veces así, pero sin el enlace no funciona de la misma forma. Insinuar que era lo único que quería era demasiado egocéntrico y ofensivo, pero solo estaba tratando de tantear que era lo que él quería de mí.
Me volví demasiado sensible respecto al tema del bebé, reaccionando como que si me estuviera culpando de utilizarlo cuando ni siquiera había sido insinuado. Leo demasiado con lo poco que se y reacciono como que si me debiera algo cuando yo soy el que debe…"
Lucius volvió a despertarse por décima vez esa noche, se removió gruñendo y abrazando la almohada. Había estado nervioso por algunos días, habían intercambiado algunas cartas entre medio hablando de lo que hacían o como estaban, uno de sus temas había sido el diario y la nota sobre ellos.
Había sido como una brisa de aire fresco, estaban ignorando el tema principal pero el patriarca entendía que debían hablarlo en persona.
Restregó su mejilla contra la tela y luego se levantó, se sentía intranquilo y muy energético por lo que abrió las cortinas notando la luna llena.
Oh.
Respiró profundo tratando de cerrarlas de nuevo pero solo pudo empujar las puertas de vidrio y salir al balcón, al llegar al borde se agarró de la barandilla sintiendo su estómago revolverse. Se sentía extraño y llevó una mano a su vientre, pero había investigado y los bebés no tenían su primera transformación antes de nacer y mucho menos antes de desarrollarse completamente.
Sintió la transpiración fría en su cuello y en su espalda y se inclinó un poco, separando sus manos de la barandilla para cerrar la bata. Podía sentir el frio en sus piernas, sus manos y su rostro, pero había una sensación más que no lo dejaba en paz.
¡Era solo el tercer mes o casi cuarto! La necesidad hacia el padre empezaba desde el sexto mes y eso solo si los padres habían estado en contacto varias veces durante el primer trimestre del embarazo.
Se arrodilló con cuidado sintiendo algo de pánico, la inseguridad arraigándose en él haciéndolo temblar. Él sabía a donde tenía que ir, sabía a donde lo estaba tirando todo esto pero no debía.
No podía simplemente aparecerse en su casa cuando estaba convertido ¡Tal vez incluso lo sacaría de sus protecciones! No podía aprovecharse de su confianza para eso.
Se abrazó a si mismo respirando profundo, trató de pensar en otra cosa. En Draco y Potter viajando para decidir en qué lugar se iban a casar, en Severus que seguía peleando con Black aunque parecía que estaban en un entendimiento mutuo, en Narcissa que estaba llena de tareas porque no quería que él se cansara luego de que hubiera adivinado sobre el embarazo.
Aun debía decirle a Draco sobre el bebé.
Aun Remus debía decirle a Sirius sobre el bebé. Eso sería divertido.
Sonrió un poco pero volvió a temblar, sentía sus propias feromonas de estrés y se obligó a levantarse caminando hacia adentro. Se acostó sobre la cama acurrucándose en forma de ovillo mientras trataba de respirar.
Solo debía aguantar la noche.
Una hora después era completamente insoportable, se sentó en la cama sintiendo como que si estuviera rodeado de peligros. Eso era demasiado.
Agarró su varita temblando ligeramente y respiró varias veces antes de poder usar el hechizo.
Apareció en la sala de la casa donde antes vivía con el alfa, se sentó en el sillón acurrucándose en él sintiéndose un poco más tranquilo ante el aroma. Era casi como el inicio de su enlace y odiaba el hecho de que el instinto lo obligara a tener menos tiempo de decidir.
Él quería estar con Remus pero no por feromonas, no solamente por el bebé.
Se quedó casi media hora ahí antes de levantarse, solo miraría, no debía ser tan difícil. Caminó hacia la puerta de vidrio y apoyó su mano al llegar ahí, sintiendo que la respiración se detenía al ver el hermoso jardín.
Oh, el alfa había estado trabajando en eso.
Abrió la puerta saliendo, mirando las flores y los rosales, bien podados y ordenados. Pequeñas flores marcaban varios caminos y el aroma era dulce. Le gustaba.
Miró hacia el pastizal notando que el lobo no estaba por allí, Black no estaba así que tal vez estaba en la arboleda. No iba a pasar la barrera, solo quería mirar así que solo se acercaría.
Dio varios pasos acercándose antes de que el hombre lobo saliera de entre los árboles, se paró en dos patas y Lucius pudo sentir cuando clavó sus ojos dorados en él. El lobo se acercó rápidamente al borde pero detuvo antes, volviendo a su posición erguida y apoyando sus dos patas delanteras en la barrera como que si recordara que tratar de romperla era completamente inútil.
El omega se acercó con cuidado, podía sentir el pasto bajo sus pies y le hacían un poco de cosquillas, era seguro de ese lado así no dudo en apoyar su mano a la altura donde estaba la pata del transformado. El licántropo inclinó su cabeza y luego se dejó caer al suelo acostándose contra la barrera, Lucius se sentó apoyando aun su mano en lo que los separaba, sabía que tenía que hacer más fuerza para pasar así que no lo haría por accidente.
Notó con curiosidad que había flores dentro de la parte del lobo, pequeñas enredaderas plantadas que crecían sobre un tutor pero ya estaban dando flores. Se preguntó porque el lobo no las había roto aun así que lo miró con curiosidad, este le devolvió la mirada levantando su cabeza.
Lucius sintió que su boca se secaba y apoyó su espalda sobre la barrera sin querer mirarlo, sabía que su cercanía neutralizaba gran parte de la poción matalobos. Quería estirar su mano y tocar su pelaje pero no quería tentar su suerte, Remus estaría enojado a la mañana siguiente por su cercanía.
¿Le creería sobre esa necesidad? No se sentía lo suficientemente fuerte como para luchar contra ella.
Un ligero gruñido lo hizo mirar de nuevo hacia el lobo, este no dejaba de observarlo aunque había retrocedido. Ahora estaba a pocos metros de la barrera y sentado, como esperando.
Lucius tembló ligeramente mientras se movía, apoyó la palma de su mano de nuevo sobre la barrera pero el lobo no se acercó pero tampoco le gruñó. Parecía solo mirar de lejos ¿Por qué lo hacía? Necesitaba que se acercara un poco más. Tal vez si lograba tocarlo a través de la barrera… pero el lobo no se movió.
Respiró profundo y apoyó su frente en la barrera tratando de pensar, el alivio se había ido y ahora la inseguridad volvía. Se preguntó si un supresor lo ayudaría pero sabía que eso no tenía que ver con el celo ¡Maldita sea! Solo debía soportar ahí hasta que se hiciera de día, ya lo estaba viendo, ya estaba lo suficientemente cerca pero aun así no se sentía seguro.
¿Por qué el lobo se mantenía lejos?
Se impulsó para pararse pero el animal no pareció reaccionar ante eso, solo inclinó un poco su cabeza aun observándolo. Lucius caminó por el borde sin entrar respirando profundo, empezaba a sentir el frío otra vez y sabía que debía entrar a la casa.
¡Ah, hechizo para calentarse! Pero la varita… la buscó en su bolsillo suspirando al encontrarla, los utilizó rápidamente antes de guardarla. Miró al lobo varias veces y siguió caminando en círculo, se sentía cansado pero no podía dormir.
— ¿Puedes venir aquí? — El lobo agitó la cabeza. —Él no puede escucharte, yo estoy interfiriendo con la poción, maldición. — caminó en círculos una vez más.
Cuando el lobo gruñó de manera inofensiva una vez más volvió a mirarlo, la bestia dio unos pasos para atrás bajo la mirada del omega. Lucius apenas pudo contener el quejido, se apoyó contra la barrera y acarició ligeramente sobre esta pero el lobo se negó a acercarse.
¿Qué diablos quería?
Trató de respirar y calmarse pero de nuevo volvía a temblar, sabía que estaba estresado y no dejaba de sentir frío pese a los hechizos. Se mordió el labio sintiendo de nuevo ese tirón pero sabía que no debía hacerle caso.
Estuvo casi otra hora así, tratando de mantenerse quieto entre medio de los temblores y aun así el lobo se había mantenido a varios metros de la barrera solo mirándolo. Como que si supiera que necesitaba su cercanía pero no estuviera dispuesto a dársela.
—Solo un minuto. — murmuró para sí mismo y presionó, abrazándose a si mismo pasó la barrera sentándose al llegar al otro lado sintiéndose cansado.
Lo siguiente pasó en un parpadeo, el lobo se acercó con agilidad tirándolo contra el suelo manteniendo una de sus patas sobre su pecho mostrando sus dientes pero sin gruñir. Lucius apenas pudo contener el grito apoyando sus manos en su pata agradeciendo que no la hubiera apoyado en su vientre. Sentía su corazón latiendo con fuerza y no podía evitar sentir miedo, los ojos dorados lo miraban directamente y el lobo volteó un poco su rostro con su hocico para dejar a la vista el cuello desnudo.
La marca, no la tenía.
Se estremeció pero no fue capaz de moverse repitiendo en su mente que los lobos no solían morder a su pareja, él podía notar que era su cachorro. Solo estaba comprobando, tal vez.
El lobo lamió su mejilla sin ningún rastro de agresión pero no quitó su pata de encima de él, no le hacía daño con sus uñas pero era un peso que le evitaba escapar. Volteó su vista hacia el rostro del lobo de nuevo clavando un poco sus dedos en su pata ante la tensión.
Aspiró un par de veces y de pronto cualquier miedo se diluyó, los ojos dorados seguían clavados en él pero el omega no pudo evitar aflojar sus manos solo apoyándolas en él. Dio un pequeño quejido cuando el lobo apoyó su nariz en su mejilla respirando de forma irregular.
Parpadeó sin siquiera poder sentirse confundido.
Feromonas.
Nunca las había sentido pero estaban presionando algo en él, solo pudo respirar con más fuerza aceptando las suaves caricias en su rostro, sintiendo el miedo reemplazado por el calor.
La voluntad y el miedo derritiéndose como hielo bajo el sol.
Gracias por leer :D
AnaM1707: Lucius si dio lastima el anterior capítulo :0 pero veremos si se recupera. Y Remus lo hace esperar un poco aunque Moony no piensa mucho sobre planes el sabe lo que quiere :T
Cristine Malfoy: y siguen mas o menos juntos :0 veremos si lo consolidan.
