¡Hola! Lamento la tardanza y gracias por leer. Este capítulo no está tan corregido así que lamento palabras mal escritas u oraciones sin sentido.

No soy tan buena en pelea de Hechizos asi que quedara un poco a la imaginación.

¡gracias por los comentarios y favoritos!

:7


El patriarca sacó su varita, con un movimiento todo desapareció y dos copas aparecieron en su lugar. Lucius resopló ligeramente, no iba a tomar nada que fuera aparecido por ese hombre.

Se hizo un poco para atrás notando como la mesa se transformaba en una más pequeña como para cuatro personas, acercando su silla de nuevo cuando terminó la transformación. Por algo era el mejor restaurante privado del lugar.

El silencio se mantuvo hasta que todo volvió a estar en orden, Greengrass agarró una de las copas dando un pequeño trago antes de ver con algo de molestia al otro patriarca.

—Es estúpido que ataques de esa forma, ya no tienes ni la mitad de prestigio que tenías antes de la guerra. Y es solo más tonto que trates de engancharte de la reputación de otro hombre. Nada, absolutamente nada te devolverá lo que tuviste, no importa con cuantos alfas te acuestes. — Lucius agarró la otra copa sin beber nada sospesando la opción de tirársela a la cara, no necesitaba que alguien de su misma línea y que solo había tomado una decisión que resultó ser mejor que la suya viniera a regodearse.

Sobre todo no alrededor de Draco.

— ¿Así de esto se trata de eso? ¿Hacerme enojar? — Presionó burlándose.

—Mi mundo no gira a tu alrededor. — Greengrass dejó la copa vacía sobre la mesa y lo miró con desdén.

— ¡Que novedad! ¡Espera, siempre estás siguiéndome! — Señaló furioso apretando la fina copa que no se rompió por los hechizos amortiguadores que tenía.

—Solo nos hemos cruzado un par de veces. —

—No me importa que esté pasando por tu cabeza, deja a Draco fuera de todo esto. — Tal vez alguna vez había estado interesado con que Draco pudiera dirigirse un poco hacia alguna de las muchachas. Eran Sangre pura y de primer categoría a pesar de que su madre era una beta, pero esas conversaciones se las había dejado a Narcissa porque había evitado a esa familia desde el incidente.

Un acuerdo hablado mientras tomaban té y con los niños que ni siquiera sabían leer un texto completo no contaba. No habían firmado nada y por ello no les debía nada.

—Tu hijo está marcado y casado, a ti no te corresponde luchar por él. Estoy aquí porque sabía que habría otros dos alfas y mis hijas son omegas sin unir. — Señaló sin perder su expresión, el rubio resopló sin mantener la compostura.

—Narcissa no sabía que venías por lo tanto Draco tampoco. — Acusó.

—Y eso no es un delito. —

—No juegues con mi paciencia Greengrass…— Amenazó dejando la copa sobre la mesa y mirándolo directamente a los ojos. Se sentía molesto, sabía que Draco podía manejarse solo pero su hijo nunca había logrado ser tan duro en los negocios.

Era egocéntrico, sabía dónde morder pero era muy confiado. Había cosas que solo la experiencia te daba y Draco aún no la tenía.

Podía sentirse tranquilo con que su hijo se mezclara con personas de su generación, que jugarían más o menos como él y que tuvo que conocer en Hogwarts ¿Pero jefes de familias que tenían las edades para ser su padre o su abuelo? No. Aun Draco no sabía manejarse con ellos.

Y estaba seguro que Potter era mucho más confiado que su hijo por lo cual hacía que su protección fuera bastante efímera desde esa parte.

— ¿O qué? ¿Me hundirás? ¿Con que poder? Ahora estás bajo la protección de un hombre que estuvo en la orden del Fénix, mira no me interesa como lo enredaste. El señor Lupin es un adulto y él sabrá qué hacer con respecto a ti.

Ahora tu apellido no te da poder, lo que te lo da es que eres "posible pareja de…"— Se burló ligeramente y Lucius no pudo evitar sentir su rostro caliente de rabia.

No iba a dejar que le restregara en la cara como habían cambiado las cosas y como ahora, el apellido de Greengrass tenía la misma importancia que tenía decir Malfoy antes.

—Aun así puedo lastimarte. — Amenazó agarrando su bastón por debajo de la mesa y volviendo a una expresión más neutral.

Emocional, las hormonas siempre lo ponían más emocional y en los negocios eso no servía de mucho.

— ¿Por tu cuenta? Claro que no. El ministerio debe estar monitoreándote, no quieren que le hagan nada a su precioso salvador del mundo mágico. Y quien sabe, tal vez el señor Lupin es solo una ramita de olivo para tenerte más vigilado. — Lucius le sonrió con desdén al escucharlo.

—No tengo porque darte explicaciones de nada con lo que respecta a él y yo. — Bajó su mano casi por instinto hacia su vientre apoyándola solo unos segundos ahí antes de agarrar su varita.

—Eso está muy claro. Te agarraste de quien pudiste para salvar un poco de tu nombre, no sé cómo lo convenciste de ayudarte con el bebé que cargas y porque él parece tan atraído hacia ti. No me meto en los gustos de la gente de a quien llevan a su cama.

Oh ¿O tal vez lo convenciste del que bebé era suyo? ¿Qué excuso usaste para que no te marcara y así no perder el bebé? No, él es un hombre lobo. Debe saber que estás mintiendo. — Greengrass negó con la cabeza como si verdaderamente le importara.

— ¿Enojado porque busque su protección y no la tuya? — Atacó donde sabía que aún dolía. Si aún no podía evitar sentir los destellos de miedo al ver los dientes de ese alfa entonces la vergüenza de haber sido rechazado debía seguir en él. Greengrass lo había demostrado varias veces y, aunque lo ocultara, no era un pan de dios.

Ninguno de salvaba de tener una vena caprichosa a pesar de su edad.

—Sorprendido que hayas elegido a alguien que piensas que está más debajo de los muggles. — El alfa respondió despacio luego de unos segundos de silencio pero por la dureza de su expresión Lucius notó que había dado en el blanco.

De alguna manera le recordaba las discusiones con Weasley, eran divertidas de alguna manera aunque terminar con un ojo golpeado no lo fue tanto.

— ¿Así que de esto se trata? ¿De orgullo? Lo elegí a él porque podía darme más de lo que cualquiera podía darme y era más fuerte. Mi omega ni siquiera dudó en dejarse marcar mientras que con otros… peleó hasta el final. — Tal vez si lo presionaba lo suficiente pudiera avergonzarse y así dejar en paz a su hijo de una vez.

No lo quería rondando a su familia sobre todo no por pleitos que debieron terminar hacía décadas.

—No escarbes viejas heridas, Malfoy. No está tu licántropo para protegerte. — Le recordó peligrosamente y aunque el omega notó las feromonas solo gruñó por lo bajo.

—Nunca lo he necesitado para protegerme. — Alzó su varita al notar que el otro llevó su mano al bolsillo, ambos se quedaron quietos observándose de forma desdeñosa.

—Sigues siendo el mismo egocéntrico de siempre, no estás ni a la altura de lo que eras antes ¿Por qué crees que los omegas en espera son tan vulnerables? No estás extenso de esto.

Creo que nuestra conversación terminó, no haré tratos contigo. — Se levantó haciendo para atrás su propia copa haciendo que chocara contra la de Lucius, derramando el contenido. El rubio se levantó antes de que pudiera gotearle y usó la magia para desaparecer la bebida.

— ¿Quieres hablar de ego? ¡Mírate a ti! Te hubiera encantado que fuera contigo y ofreciera lo que sea. Pero no. — No pudo evitar alzar la voz, sabía que el lugar estaba protegido con distintos hechizos de privacidad.

¡No iba a aceptar regaños de alguien que se estaba comportando tan inmaduro como él!

—Agarraste lo que pudiste. — Se puso su abrigo sacando su varita, Lucius se quedó dónde estaba sin acercarse y aun manteniendo su varita en su mano.

—Agarré lo mejor, una vez que todo comenzó ni siquiera pude pensar en rechazarlo hasta tener la marca. El instinto también es fuerte y él sabe que alfas son mejores. — Sonrió con burla.

— ¡Como te atreves! — El mayor alzó su varita haciendo que ambos se apuntaran, aunque estaban a varios metros la atmosfera se sentía pesada. Había demasiadas feromonas de estrés y enojo en el ambiente pero parecía que ninguno podía notar las del otro.

—Baja la varita, Greengrass. No olvides quien fui. — Y no pudo evitarlo, tocó la cicatriz de la marca oscura sobre la ropa solo un segundo pero lo suficiente como para señalar perfectamente a que se refería.

—Deberías estar en Azkaban. — Apretó la mandíbula sin bajar su varita, parecía que ambos tenían varios hechizos pasando por su mente pero ninguno estaba dispuesto a ser el primero en atacar y llevarse los platos rotos.

—Vete a llorar a otro lado, que para eso eres bueno. — Miró hacia la puerta notando que el alfa estaba más cercano a ella por lo que sería mejor que se retirara primero.

—No podrás estar bajo su sombra mucho tiempo, Lucius. — El castaño claro frunció el ceño y bajo la varita pero se notaba furioso.

— ¿En serio piensas que yo…?— No pudo decir toda la frase antes de tambalearse un poco, apoyando su mano en la mesa para mantener el equilibrio sintiendo esa sensación conocida. Pero no debería, había tomado todos los recaudos antes de venir. Los anti feromonas, la falta de síntomas. No tenía sentido. Ambos se quedaron congelados unos segundos pero el rubio fue el primero en reaccionar. — ¡Expulso! — Debería estar más cerca de la puerta pero la sensación de querer ir hacia una esquina y acurrucarse ahí tiraba de él. Era patética esa sensación y solo hizo que la bilis subiera a su garganta.

— ¡Protego! — Greengrass era lo suficientemente rápido para evitar el hechizo — ¡Desmaius! —

— ¡Impedimenta! ¡Petrifi…—

—Fluctus. — Alzó la voz evitando los hechizos con dificultad, el lugar no era pequeño pero ambos sabían que no había nadie que interviniera. Ni aunque rompieran todas las decoraciones los escucharían. La mesa había quedado tirada a un lado y las copas habían rodado en el suelo sin romperse, varios cuadros de las paredes habían terminado en el suelo pero en ninguno había "una persona" que pudiera ser de ayuda.

— ¡Expelliarmus! ¡cru…!— Ni siquiera pudo terminar de decirlo antes de sentir nauseas, pero esos segundos de duda fueron suficientes como para que el alfa recuperara su varita.

—Expelliarmus. — La varita salió volando hasta golpear contra la pared, incluso ese pequeño ruido se sintió muy alto. Lucius miró al alfa con desdén notando por primera vez que tan lejos estaba su bastón de él ¿Cómo había podido pasar eso por alto? —En tu estado no puedes hacer maldiciones imperdonables, Lucius. Es una lástima que suelas usarlos casi siempre. —

El collar, tenía el collar. No iba a poder sacárselo ni removerlo.

Las feromonas del ambiente no dejaban de marearlo y eso evitaba que pudiera pensar con claridad, pero aun así cuando notó que el alfa bajaba su varita extendió su mano llamando la propia quien voló hacia él con velocidad.

— ¡Obscuro! — Había tantas maldiciones, hechizos de protección y defensa pero solo ese había pasado por su mente con la suficiente rapidez.

— ¡Expulso! —

El rubio se arqueó al sentir el golpe contra la pared de nuevo aferrándose a su varita, se sentía confundido y asustado en partes iguales ¡No tenía sentido! Había sido un mortífago, una pelea no era nada para él pero en ese momento se sentía congelado.

Cuando lo notó quitar el hechizo de sus ojos sintió que la sensación de peligro lo superaba, sentía su corazón latir fuertemente y, a pesar de lo fuerte de sus feromonas, sentía un total rechazo contra la persona que se le acercaba.

Lejos de usar la magia le dio un arañazo en la cara haciendo que ambos se congelaran.

La última vez que había hecho eso había terminado sangrando a punto de morir, se encogió y aunque el instinto parecía querer mantenerlo congelado ahí repitiéndose que tenía el collar pero sus miedos antiguos fueron más fuertes.

Desapareció.

Apenas apareció en la casa soltó su varita sintiendo la bilis en la garganta casi cayendo de rodillas. Respiró profundo el aroma a hogar que tenía su casa pero no logró tranquilizarlo, la sensación húmeda solo aumento.

Entre medio de su cabeza palpitante por el ciclo falso y el dolor que no sabía de qué parte provenía sentía que su visión estaba borrosa. Al buscar sentarse apoyando su mano en el suelo notó que esta se manchaba con sangre.

¿De dónde…?

Ni siquiera pudo terminar de preguntárselo.


Respiró con fuerza abriendo las ventanas, no podía creer lo que había hecho. Se apuró a desaparecer las feromonas sabiendo que tendría que pagar todo lo que se había roto.

Él ya era un hombre adulto no debería andar de curioso por todos lados ¡Eso no lo hacía un hombre de negocios! Debió haber sido más profesional ¿Pero cómo serlo con ese aroma?

Pero ¿A quién diablos se le ocurría quedar a solas con un omega en espera que no tenía marca?

¿Qué había hecho Lucius? ¿Se había ido por la puerta?

Sus recuerdos se revolvían por lo que se apuró a pedir la cuenta firmando para pagar cualquier cosa que se hubiera dañado. Utilizó red flu para volver a su mansión sintiendo su cabeza dando vueltas.

— ¡Padre! ¿Cómo te a través a meterte en nuestros negocios? ¡Si nos lo diste fue para que nosotras los manejáramos! ¡No necesito que nos protejas! ¿Papá? ¿Por qué hueles…?—

—Astoria. — Respiró profundo una vez más, sabía que estaba usando sus feromonas a diestras y siniestra. Se sentía ofendido por lo ocurrido y no ayudaba que hubiera ocurrido antes. El rasguño de su mejilla ardía y no lo había curado en su totalidad.

— ¿Qué hiciste? — Ella lo miró acusadoramente.

—Nada, por favor comunícame con la Señora Black. — Trató de erguirse lo mejor que pudo pero aun sentía que el mundo podía dar vueltas a su alrededor. Era como estará drogado, no le agradaba esa sensación.

—Ella está ocupada. — La jovencita frunció más el ceño, podía notar lo molesta que estaba.

— ¡Escribiré una carta entonces! — A pesar de sentir el orgullo herido había otras sensaciones más fuertes, la culpa por casi herir en un omega en ese estado, el miedo a lo que podría hacer la pareja de este que no era nada menos que un licántropo. Había pensado que podría luchar con cualquier feromona pero de nuevo Lucius lo llevaba a su adolescencia.

Él debería haber sido más fuerte que eso.

Había logrado salir de esas situaciones sin lastimar a nadie antes para evitar denuncias o que algún omega que se pensara demasiado listo tratara de quitarle dinero.

Pero los antiguos rencores eran difíciles de olvidar, no tenía un verdadero interés en Lucius pero tampoco podía creer que alguien como él siguiera saliendo adelante como si nada. No había sido exactamente atracción lo que desató las feromonas si no la sensación de que el rubio estaba lo suficientemente débil como para ser dañado.

—Está bien. — La rubia lo miró preocupada y agarró su brazo, Greengrass abrazó a su hija con cariño besando su frente. Si llegaba a estar mal podría ser atacado de muchas maneras, había sido neutral, pero si se ganaba la enemistad de alguien que era tan amigo del salvador del mundo mágico ¿Se perdería todo lo que había conseguido? ¿Todo lo que había escalado?

Solo esperaba que no fuera muy rencoroso o que su enojo no lo señalara a él.

Esperaba que todo el fastidio pudiera dirigirse a Lucius.

—Gracias, cariño. — Murmuró yendo directamente a su despacho para escribir. Esperaba que la ex esposa de Lucius pudiera ver la carta pronto.


Había sido lo suficientemente rápido al llegar y aunque había tratado de encargarse solo luego notó que era imposible. No importaba que tanta experiencia tenía en esa área él necesitaba ser internado.

Sabía que a Lucius no le gustaría estar en San Mugo pero no tenía tiempo de pensar en los caprichos del omega, utilizando unos hechizos más para mantenerlo estables antes de partir. Tenía suerte de tener a su nieto trabajando allí y sabiendo que los gastos no eran un problema se decidió darle una habitación aparte bajo un estricto secreto para evitar cualquier ataque o habladurías.

El medimago suspiró mirando sus manos manchadas con sangre, tenía que avisarle. Nunca había creído que pasarían por un problema de esa índole, los embarazos de los Malfoy siempre habían sido fáciles.

Una vez que se aseguró que fuera atendido de emergencia se lavó las manos y se quitó su túnica manchada. Siempre era difícil atender a alguien con quien se había encariñado, a pesar de todo conocía a Lucius desde que era una bolita dentro de su madre. No había podido averiguar si el corazón del bebé latía o no, había estado más ocupado en estabilizarlos a ambos para impedir que la sangre siguiera, por suerte las feromonas de Lucius habían podido ser cortadas con una poción.

Era una suerte que el terco omega no se hubiera quitado el prendedor que avisaría de cualquier emergencia.

Debía avisar a los familiares, sin darse cuenta ya la noche estaba cayendo y se preguntó si había limpiado la sangre antes de irse.


Fue algo excepcional que los dejaran quedarse ahí pero el dinero movía montañas, aún se sentía mareado y estresado, caminando en círculos frente a los asientos de espera.

Él y Narcissa habían llegado casi al mismo tiempo, la rubia unos minutos antes que él. El pánico solo duró unos minutos antes de que el Medimago se comunique vía Flu.

Remus se encargó de desaparecer la sangre sintiéndose demasiado preocupado, recién luego de un par de horas pudieron convencerlos de dejarlos quedarse en la sala de espera. No creía poder volver a casa así y mientras estaban ahí Narcissa le había comentado lo que había sucedido al igual que le mostró la carta preocupada del otro patriarca.

Había tenido sentimientos encontrados, estaba enojado con que Lucius no supiera cuando parar o que se arriesgara así pero también estaba preocupado. Parte de su furia también iba hacia el otro alfa pero trataba de no pensar demasiado en ello.

El lobo estaba decepcionado.

Era una sensación que trepaba cada vez más pero no hacía nada con su preocupación. No todo podía ser instinto ni todo podía verse a través de él.

—Lo siento, yo…— Ella lo detuvo, Remus la miró algo cansado. No habían tenido tiempo de nada, Andrómeda había querido quedarse con su hermana pero ella le había insistido en que no.

Negó con la cabeza sentándose a su lado, no se tocaban en lo absoluto y él sabía que ella debía estar incomoda por el despliegue de feromonas. Ni siquiera se había dado cuenta de tomar un anti feromonas antes de ir al hospital.

—Lucius toma sus propias decisiones, no tienes que disculparte. — Se pasó la mano por la cara. Él tomaba sus propias malas decisiones ¡Tres meses! ¡Solo tres meses! ¿Era mucho pedir?

Habían pasado por tanto y él solo…

Los medimagos no decían anda y eso lo estaba estresando. Sabía que no era buen augurio pero también sabía que hacían lo que podían. El anciano Medimago de Lucius había dado pequeños detalles pero él no lo había revisado mucho porque había evitado que se desangrara.

La desaparición era peligrosa con un embarazo ¡Maldición! ¿Cuántas veces habían escuchado eso? ¿Podía el patriarca dejar de pensar en sí mismo en algún momento?

Se sentía cansado de todo, tenía hambre y estaba preocupado. Comió un poco de chocolate que traía aunque la rubia negó con su invitación.

Ella se durmió sentada de manera elegante y él no pudo evitar pensar en lo mucho que ella y Lucius se parecían. Podrían pasar de hermanos con mucho éxito.

Se levantó una vez más y caminó por la sala lo más silenciosamente que podía, tenía ganas de poder volverse un lobo a voluntad que solo pudiera tener pensamientos y sentimientos simples para obtener algo de paz. Tal vez incluso podría dormir.

Quería dejar todo atrás por unos momentos.

No se dio cuenta en qué momento se durmió pero no pudo evitar dar un respingo al despertar, sentía su espalda adolorida y el lugar estaba iluminado. Narcissa no estaba y no parecía que algún medimago fuera a venir pronto por lo que fue a asearse.

Se sentía cansado.

Volvió varios minutos después, sobre su asiento había una taza de chocolate caliente. Miró a la rubia y le agradeció silenciosamente notando que ella se había cambiado. Seguramente en algún momento de la noche ella se había ido.

—Ninguno de ustedes es familiar. — El medimago parecía cansado también.

—Su hijo está viajando e incomunicado. — Narcissa respondió fríamente, ambos se habían levantado cuando el medimago salió, este asintió con la cabeza.

—Aún no pueden pasar a verlo está en estado delicado, está estable pero eso puede cambiar en cualquier momento. Por ahora… ambos están vivos, aunque él sigue inconsciente.

La desaparición es algo muy peligroso en ese estado sobre todo por las semanas que tiene, aún no está fuera de peligro y se llega lo peor habrá que decidir, cuando ocurra no habrá tiempo si queremos salvar a uno. — Su tono monótono solo hizo que el ambiente se sintiera más pesado.

— ¿Decidir? — Ambos dijeron al mismo tiempo, ni siquiera habían podido sentirse aliviados por al menos unos segundos. El medimago hizo una pequeña mueca pero al final volvió a su expresión neutral.

—Él o el bebé. —

—Entonces…— Ella miró directamente hacia él, Remus no pudo evitar encogerse un poco.

—Usted debe firmar esa decisión. Él no despertará. — Pero el medimago se estaba dirigiendo a la dama.

—Pero él es el padre y…— Narcissa negó con la cabeza fue la primera vez en esas horas que Remus pudo ver la misma desesperación en su rostro, ni siquiera él mismo tenía la suficiente fuerza como para decir algo en voz alta, sentía un nudo en la garganta y no pudo evitar desviar la mirada.

Tres meses… tres meses… ¿Era mucho pedir?

Trató de deshacerse de ese pensamiento.

—El paciente no tiene una marca, su hijo no está disponible. Eres lo más cercano. Eres su ex esposa y debes decidir. — Explicó.

—Yo…— Notó lo acorralada que se sentía, apoyó una mano en su brazo.

—Está bien, Narcissa. Elígelo, está bien. — Ambos sabían lo que él decidiría, lo conocían demasiado bien. Ella no había querido decirlo en voz alta y él apenas podía decirlo.

El lobo prácticamente arañó en su pecho. Lo importante siempre era el bebé, siempre debía darle prioridad pero se sentía totalmente incapaz sobre todo con la conversación que habían tenido cuando los chicos se casaron.

No quería poner la vida de nadie sobre la del otro, no quería pensar demasiado en ello.

Notó la lastima en los ojos del medimago que seguramente sabía que era todo lo que pasaba por su mente, los alfas protegían a la manada. No había sido su culpa y notó que empezaba a sentirse molesto.

Alejó la mano de Narcissa y empezó a caminar lejos de ellos para dejar que ella lo repitiera al medimago.

Se sentía molesto y decepcionado pero por otra parte no quería perder a ninguno de los dos.


Severus suspiró estirándose y saliendo del abrazo posesivo del alfa. Se sentó a un costado de la cama sintiéndose adolorido, a pesar de haber usado varios hechizos de limpieza quería darse un baño. Miró de reojo al sangre pura dormido, parecía bastante tranquilo a pesar de estar lleno de arañazos y mordidas.

La sensación de satisfacción lo invadió aunque luego fue tirada lejos, las feromonas de ambos se mezclaban en el lugar de una manera agradable. Hacía mucho tiempo que no compartía el celo con un alfa y parecía que sus feromonas se habían tranquilizado luego de esa "dispersión".

Pasó su mano por su cuello, tenía marcas pero no mordidas, las únicas mordidas que tenía estaban en sus hombros.

Había sido todo una lucha a pesar de las feromonas del celo, una vez más el animago había demostrado tener más fuerza física de él. No le impresionaba que ambos hubieran quedado como que si se hubieran peleado violentamente.

Traer a Sirius a su casa había sido una idea estúpida pero entre todo le pareció una buena idea en vez de seguir pagando el hotel.

Dejó que el agua se llevara los pocos rastros que quedaban y al salir Sirius seguía dormido.

Suspiró al ver la lechuza entrar por la ventana y la dejó pasar agarrando la nota, reconocía la lechuza como la del medimago personal de Lucius ¿Necesitaría algunas pociones?

Sintió un peso en el estómago al leerlo, tenía que ir al hospital. Realmente tenía que… Cerró los ojos con fuerza y agitó la cabeza ¿Por qué estaba preocupándose tanto? Se había desligado de Lucius desde que empezó a ser una espía, había logrado manejar los sentimientos de amistad y reprochar las malas decisiones del rubio. Pero ahora se le hacía imposible, de alguna forma había puesto a Lucius bajo su ala desde que todo acabó y aun no tenía idea de porqué.

¿Instinto? ¿Debería leer sobre eso? ¿Al fin se había vuelto loco?

¿Envidiaba tanto a Lucius que tendía a cuidarlo para poder seguir envidiándolo?

No tenía tiempo para preguntas, no debería dejar al cachucho ahí pero no tenía tiempo de explicar. Se puso su túnica negra y se dirigió hacia la chimenea, pensó si debería dejar una nota luego de haber pasado tantos días juntos pero decidió que no tenía mucho sentido.

Dejaría que el Gryffindor se hiciera sus propias ideas en su cabeza, no estaba escapando solo estaba por ir a ver como estaba un amigo.

No tardó en llegar al hospital luego de unas pequeñas indicaciones se dirigió hacia el lugar, paró a varios metros al ver a Narcissa y Lupin ahí sintiéndose extrañado. Era notorio que la situación era tensa si podía adivinar por los hombros de ambos y la mano que tapaba el rostro del menor.

¿Cuánto faltaba para la luna llena? ¿Una semana, dos?

Las feromonas normalmente controladas del alfa ya no lo estaban, podía notar tanto enojo como miedo con gran facilidad. Si aroma tapaba fácilmente el de Narcissa quien a pesar de todo mantenía su mirada alta tan tensa como estatua mirando fijamente la puerta como esperando que el medimago saliera en cualquier momento.

— ¿Hace cuantas horas están en esa posición? — Habló de manera burlona para que notaran su presencia mientras se acercaba, Cissy estaba notoriamente pálida pero el alfa no estaba mucho mejor que ella.

Parecía que habían tenido una conversación difícil o algo que había dicho el medimago no había sido esperanzador. En la nota no había demasiados detalles de lo que había pasado solo que necesitaba algunas pociones porque había ocurrido un incidente y que el rubio estaba internado.

—Severus. — Narcissa le sonrió suavemente.

—Snape. — Lupin apenas asintió con la cabeza antes de erguirse, se notaba cansado. Se preguntó brevemente si ambos habrían estado en vela.

—Buenos días. — Devolvió el saludo.

—Hueles a Sirius. — El licántropo arrugó la nariz levemente y Severus no pudo evitar dar un pequeño respingo ante lo dicho.

—Si me tomé el trabajo de deshacerme de su aroma y no venir con él era porque no quería que lo mencionaras. — Reclamó.

—Iré por café. — Lupin negó con la cabeza y se levantó antes de salir caminando, dejando a ambos Slytherin solos. Severus no pudo evitar sentirse sorprendido ante la poca paciencia del que alguna vez había sido su compañero en Hogwarts pero le quitó importancia, las cosas deberían ser bastante serias.

—Me gustaría que me contaras que ocurrió. — Miró hacia Cissy y se sentó en el asiento que el licántropo no había estado usando, ella suspiró y se pasó la mano por su cabello a pesar de que se encontraba atado.

—El Medimago dijo que había que estar preparados para lo peor. Y nos hizo elegir una prioridad. — Severus pocas veces la había visto así de afectada sobre todo por alguien que no fuera Draco.

—No eligieron el bebé. — Dedujo enseguida al notar la expresión de la dama, la rubia negó con la cabeza.

—Yo sola tenía que elegir. — Murmuró.

—Oh, claro. Ex esposa. — ambos se quedaron callados, podía notar el leve temblor en las manos de su amiga y extendió su mano poniéndola sobre la de ella. Era difícil llevar la responsabilidad de una decisión así.

Narcissa lo miró antes de quitar su mano y abrazarlo con fuerza escondiéndose en él, no sollozó solo escondió su rostro como que si fuera lo único que necesitara. Severus se tensó y apoyó una mano en su espalda tratando de consolarla antes de suspirar.

—Aun los medimagos no tienen que elegir, ambos siguen vivos. — Susurró por lo bajo acariciando suavemente su cabello notando los ligeros tiembles.

A pesar de que ella parecía bastante afectada Severus notó como había evitado el tema y se preguntó qué había pasado para que todo terminara así.


Había ido a una cafetería, necesitaba salir del hospital. A pesar de que se había cambiado y bañado aun sentía que todo era pesado.

Tomó el chocolate sintiéndose realmente triste por la dulzura de este. Siempre había amado el chocolate pero ahora no era más que un leve consuelo que no le servía.

Apretó en su mano la nota de disculpa de Greengrass y la desapareció, se sentía más tranquilo de que no se presentó en persona para disculparse porque sentía que le rompería la garganta si lo tuviera en frente. Podía estar enojado y decepcionado de Lucius pero seguía siendo su omega y en particular, el otro patriarca también tenía algo de culpa en la situación.

Se preguntó porque Lucius lo hacía tan difícil ¿Quedarse en casa era mucho pedir? No lo había escuchado tan disconforme y había parecido tranquilo.

Entendía que hubiera querido defender a Draco pero… ¿Pero qué? Draco ya tenía a quien lo defendiera, ni siquiera era menor de edad. Sabía que Lucius no podía evitar ser padre, pero nunca había sido un padre muy preocupado.

Excepto que había mandado a matar a un animal por rasguñar a su hijo. Y había sido de los primeros que lo querían fuera por ser un licántropo.

En realidad Lucius si había hecho muchas tonterías por Draco.

No pudo evitar sonreír un poco pero eso apenas duro, sintió de nuevo ese tirón que lo hundía y lo hacía sentirse decepcionado nuevamente.

Tres meses… ¿Era mucho pedir?

Esa frase pasaba tanto por su mente pero solo lo ayudaba a estresarse más. No necesitaba descargarse en Lucius ahora, ni siquiera podía hacerlo ¡No podía verlo! Y tal vez nunca conocería al bebé.

Le gustaría al menos saber si al final iba a ser pequeño o pequeña, tal vez la próxima vez que viera al medimago preguntaría. No quería torturarse más pero quería saber.

—Remus. — Miró sorprendido hacia su amigo.

—Sirius. — Respondió dejando que se sentara a su lado.

—Debiste haberme enviado un búho. — Reclamó, Remus negó con la cabeza antes de agarrar de nuevo su taza.

—La verdad es que están pasando tantas cosas por mi cabeza que no se me ocurrió avisarle a nadie. Snape está en el hospital. — Hizo un pequeño asentimiento tensándose cuando Sirius palmeó su espalda. No sabía porque la presencia de su amigo lo separaba del enojo para hundirlo más en la sensación de tristeza.

Por Merlín, no quería terminar temblando en ese lugar.

—Lo sé pero no vine a verlo a él. Le dejaré más tiempo para dar vueltas.

Deberíamos ir a tomar algo más fuerte. — Sirius presionó su hombro, Remus lo miró de reojo dejando la taza vacía sobre la mesa.

—No, no puedo. No me dejaran entrar de nuevo si tomo algo más fuerte. — Negó con la cabeza, a pesar de que sentía enojado no quería irse muy lejos. Se sentía un perro guardián pero quedarse en casa solo lo volvería a hundir mucho más, no quería pensar demasiado.

No quería estar en un lugar que contenía tantos recuerdos buenos y malos, y la habitación… esa habitación que podría no ser usada.

—Él no despertará por unos días más. —

Lo sé…— no pudo evitar apoyar su mano en su rostro tratando de tragarse las lágrimas. Había podido hundir esa sensación desolada con enojo pero en ese momento se sentía incapaz.

Dejó que su amigo lo abrazara y se escondió en él dando un ligero sollozo, recordando brevemente como era cuando estaban en Hogwarts ¿En cuántas pesadillas se habían apoyado? ¿En cuántos malos momentos?

No quería perder a nadie pero a este paso lo que quedaba se derrumbaría.


Había sido una semana estresante, aunque hablar con Sirius había logrado que se desahogara ahora solo estaba más cerca de la luna llena. El lobo estaba enojado con el omega, enojado también con él por no decidir al bebé como prioridad y eso hacía que sus emociones se estrellaran.

De nuevo sentía esa disociación entre la bestia y él, y no le gustaba volver a eso.

Había tenido que pedirle a los Weasley que se encargaran de su trabajo porque él no podía concentrarse, ni siquiera podía estar en su propia oficina porque todos los lugares tenían algo de Lucius o del bebé en él.

Había visto demasiado tiempo la imagen del bebé, era hermoso. La sola posibilidad de perderlo hacía que se sintiera mareado y los medimagos no tenían buenas noticias.

No había despertado, aunque la hemorragia había parado la magia de Lucius no dejaba de fluctuar. Había podido entrar a verlo solo dos veces y en ambas el patriarca se veía bastante pálido.

Y como había dicho, la bebé sería una princesita.

Había sido tan difícil preguntarlo y recibir la respuesta, había querido aceptar la invitación de Sirius y beber algo pero sabía que terminaría cometiendo una tontería.

Y aun se lo estaban ocultando a Draco y a Harry.

Era tan difícil responderle al cachorro con la misma felicidad de siempre, poniendo alguna excusa de porque Lucius no respondía y mandándole buenos deseos. Ellos llegarían en una semana más y, con suerte, llegarían cuando lo peor hubiera pasado.

Pasar tantas horas en la sala de espera lo estaba afectando, no dormía ni comía casi nada, Narcissa ya volvía a su casa quedándose solo un par de horas pero cuanto más pasaba el tiempo menos quería saber de ella. Ella y Lucius se entendían demasiado, no la podía culpar de la terquedad de Lucius pero no podía evitarlo.

Y cuando todo parecía mejorar las cosas empeoraron.

Vio casi en transe como entraban y salían medimagos de manera rápida sin decir nada, sintió que estaba tras un vidrio observando que ocurría y sus emociones golpeaban demasiado fuerte. Acarició su brazalete, había tratado de quitárselo en esos días pero no había podido, sentía que lo anclaba un poco en la realidad.

Tal vez si hubieran tenido más cuidado dese el principio nada de esto hubiera pasado.

Lucius no estaba listo para ese paso a pesar de que jurara que sí y lo había demostrado.

Cuando Snape apareció sintió que a él le daban más información que a él, el medimago parecía hablar rápido y el ex profesor asentía con una expresión demasiado fría en la cara. No quería preguntar, no quería saber.

Cuando el Slytherin desapareció se dejó caer en la silla llevando sus manos a su rostro sintiéndose destrozado.

Ya no sabía que esperar.

Pero a pesar de todo un pequeño pensamiento pasó por su mente.

Lucy hubiera sido un lindo nombre para ella.


— ¡Ey, espera! — Sirius lo agarró con fuerza del brazo, Severus paró y lo miró tratando de soltarse. Ninguno de los dos sacó la varita, había ido a la casa solo para buscar algunas cosas antes de ir al laboratorio, Sirius se había apoderado del hogar en esa semana donde no lo echó.

— ¿Qué no ves que debo hacer pociones? ¡Él se está muriendo! ¡Suéltame! — Gritó empujándolo con furia sintiéndose demasiado molesto y estresado ¡No tenía tiempo que perder! ¡Si fuera Lupin quien estuviera así estaba seguro que Sirius pasaría de él!

— ¿Por qué siempre estás tan desesperado? ¿Crees que no te escuché peleando con Cissy sobre él? — Reclamó enojado pero luego respiró profundo, Sirius tensó más su mandíbula antes de preguntar lo siguiente. — ¿Lo amas? — Los ojos grises lo miraron con determinación y Severus se congeló.

Era tan fácil decir que no, decir que solo se sentía culpable por utilizarlo, por haber jugado con varias decisiones del rubio, que por alguna razón siempre pagaba con lealtad las cosas que sentía que había hecho mal.

No amaba a Lucius, solo estaba preocupado como Sirius estaba preocupado por Lupin.

Era tan fácil ser sincero…

—Piensa lo que quieras, Black. — Se soltó de su agarre para poder aparecer en el laboratorio, debía buscar las pociones necesarias. Tal vez el Gryffindor tenía razón y él estaba escapando, pero no era momento para pensar en ello.


Casi veinticuatro horas después al fin uno de los medimagos se paró frente a él, Remus lo miró antes de levantarse sintiendo que más años de lo que tenía le pesaban. No había comido ni dormido bien por demasiado tiempo, había bebido demasiado anti feromonas para no molestar a nadie, había tomado el matalobos antes de tiempo para calmar al lobo que seguía estando enojado con todo el mundo.

Las palabras del medimago eran lo suficientemente duras como para hacerlo temblar, no pudo evitar el cúmulo de emociones que presionaban en él.

Cuando se retiró él caminó directamente hacia el baño terminando por vomitar, el sudor frío se deslizaba por su espalda y su corazón latía con fuerza. Aguantó el sollozo sintiendo que su mundo daba vueltas mientras se aferraba al lavamanos.

Lo peor había pasado.


Fue casi como que si una bruma lo rodeara, se sentía muy adolorido y no entendía que ocurría. No trató de levantarse solo dejó escapar un quejido y luego ese aroma lo alcanzó, se acurrucó por reflejo al sentirlo sintiendo la tranquilidad deslizarse por su cuerpo.

—Shhhh. Vas a estar bien. — Fue un susurro suave pero no reconoció la voz, sentía una ligera presión en la cabeza.

Movió ligeramente sus dedos, agarrándose de lo que lo tapaba. Respirando suave el aroma seguía calmándolo y empujándolo a la inconsciencia para seguir descansando.

Pero había algo, algo que faltaba.

¿Pero qué…?


Luego de las respuestas a los comentarios habrá un adelanto del siguiente capitulo,para no dejar tantos cabos sueltos. Por si quieren verlo :D


Curiosidades: Este fanfic iba a tener tres capítulos, en pasos cortos el embarazo no existiría y muchas escenas tampoco. Se terminaría cuando Lucius vuelve para hacer una asociación comercial, dejando un final abierto donde ambos podrían volver a estar juntos (o no)

Pensé en hacerlo 50% Harco y 50% Lupius, pero me divertía más escribiendo Lupius y se alargó, saliéndose de mis planes así que… quedó así.

Como iba a ser corto, Sirius no reviviría.


Angeli Murasaki; Lamentablemente no se pudo evitar :(


Cristine Malfoy; Me alegra que te guste :D


AnaM1707: Realmente la queremos bastante lejos de él...


Hinata: Por suerte nadie salio marcado pero si en un problema grande :0


Mas abajo habrá un adelanto por si quieren ojearlo :D


¡ADELANTO! porque tardaré bastante en actualizar y ya está todo muy deprimente:


La segunda vez que despertó pudo reconocer el aroma, abrió los ojos con esfuerzo pero se encontraba solo ¿San Mugo? ¿Por qué estaban sus feromonas por todos lados? Casi por instinto alzó su mano para buscar su varita sintiendo un escalofrío al no encontrarla a su lado.

Tal vez debería sentarse pero aun sentía sus sentidos entumecidos

Respiró profundo de nuevo llevando su mano a su cuello, no tenía ningún collar ni ninguna marca. Estaba bien.

¿Estaba bien?

Trató de sentarse pero un fuerte dolor lo impidió, suspiró algo tembloroso sintiendo los hechizos a su alrededor. Casi con temor llevó su mano hacia su vientre y un sollozo lo atravesó.

—Lo siento, lo siento mucho… yo…— Se mordió la lengua para dejar de murmurar cerrando los ojos con fuerza. Ahora no, tenía que pensar. Podía sentir punzadas en su cabeza y en todo su cuerpo, tenía sed por lo que seguramente había estado inconsciente varias horas.

¿Qué hora era?

Esta vez se sentó muy lentamente teniendo cuidado con todos los hechizos curativos sobre él, lo único que iluminaba la habitación era una suave luz por lo que suponía era de noche. Seguramente los medimagos de guardia no se molestarían en revisar incluso si sus hechizos de monitoreo les decían que estaba despierto.

El aroma de Remus estaba en todos lados lo que parecía calmar sus nervios y su tensión.

Acarició ligeramente su vientre una vez más congelándose al notar esa sensación de falta.

Su magia.

Sentía las pequeñas pulsaciones de magia del bebé pero no las de él mismo. Respiró profundo y acarició sobre el pequeño dando un ligero tiemble.

No podía entrar en pánico, no sabía si las emociones afectarían al bebé. Si tuviera su varita sabría que hechizos estaban sobre él, tal vez nada estaba bien aún.

No había pensado si quiera en la posibilidad demasiado acostumbrado a los síntomas que sentía horas antes de que sucediera. Desaparecer había sido estúpido, muy estúpido. Prácticamente había demostrado que no servía para cuidarse a sí mismo.

Imbécil. No debería haberse comportado como que si estuviera como siempre, estaba demasiado seguro que el aroma a omega en estado bajaría los ánimos de todos ¿Cuándo las cosas salían como querían? ¿Cuántas veces podía golpearse con la misma pared?

Acomodó las almohadas para permanecer sentado sintiendo que el sueño volvía, tal vez eran pociones. Suspiró y trató de luchar contra eso pero al ver que sería inútil se deslizó suavemente para quedar acostado de nuevo.

Concentrándose en el aroma y la calidez que sentía por la magia del pequeño se dejó vencer por la sensación de cansancio.