Ah, hace mucho no publicaba nada por aquí. No vengo a entregar Prideshipping como siempre, sino un long-fic TakeYusa.

La idea del AU se la debo a Valmey, una artista grandiosa que pueden encontrar en Twitter ( Valmey_me)

Me atrevo a publicar ahora por la ansiedad de querer enseñar esta obra, ya que vivo en la incertidumbre de lo que pasará mañana(?) Y espero que todos estén bien en esta cuarentena, por cierto.

Nota: Al principio de cada capítulo dejaré un fragmente del poema "La Luz Silenciosa" por Wanshi, de una práctica Zen (¿Creo?)

¡Espero que les guste!

Yo no inventé YGO ni sus respectivos personajes, sino esto sería CANON

"En esta luz se olvida todo esfuerzo.

¿Cuál es el lugar de este esplendor donde luz y claridad quitan toda confusión?"

~•~

Su cuerpo se removía en la cama, las uñas arañaban la fibra de las sábanas en busca de aferrarse a algo, mientras el sudor hacía brillar su piel y el silencio de la soledad se acababa con pesados jadeos y sollozos que reclamaban la paz. Las paredes, el techo, suelo, ventanas y muebles eran testigos de la tortura mental que el muchacho sufría cada vez que el sol se escondía.

Sacudidas, golpes y patadas desordenaban la cama, llantos constantes rogaban por que se acabara todo, y sus deseos se cumplían con un grito corto, a veces largo y desgarrador, acompañado de una presión en el pecho y lágrimas que paseaban junto al sudor por los caminos de su rostro.

Las luces rojas del reloj gritaban la hora y le recordaban lo poco que había dormido, lo larga que sería la noche, porque faltaba bastante para que el sol se mostrara y le obligara a levantarse. Mucho que esperar, con los ojos clavados hacia cualquier sitio, con la boca entreabierta para entrar y soltar aire. Los latidos de su agitado corazón hacían zumbar dolorosamente sus oídos, sintiendo que sus pulmones se estaban quemando y desgarrando, desesperados por tener un poco de la reconfortante brisa de la tormenta.

—Takeru…—llamó el pequeño monigote que lo estuvo observando y tratando inútilmente de despertar, sufriendo al empatizar y preocuparse por su compañero desde el disco que se posaba cerca de su almohada.

Takeru apenas había recordado su presencia hasta oír su voz, suave y reconfortante como el calor de una vela en un apagón. —Estoy bien, Flame. Es… lo de siempre—suspiró.

Un suspiro que había escapado también de los labios de otro muchacho, al tiempo que caía la noche, dos jóvenes se retorcían en sus respectivas camas y habitaciones, siendo torturados por su propia mente. La memoria reviviendo a la hora de dormir y presionando sobre sus peores miedos y dolores.

Pesadillas. Lo único que podía describirse como incurable para ellos.

¿Cuándo y cómo se terminaría? ¿Por qué la vida los eligió para sufrir de tal manera que parezca eterno y merecido?

—Oye, Yusaku…—murmuró el Ignis, asomando su cabeza del orbe que lo encerraba, sus ojos dorados brillaban envueltos en su propio elemento.

Ai trataba de acercarse a su origen siempre que esto pasaba, no hablaba del tema, sólo buscaba molestarlo lo suficiente como para que olvidara. Pero, una y otra vez, su origen sufría a causa de la razón de su nacimiento, lo miraba sollozar y retorcerse debajo de las mantas.

La impotencia era un sentimiento insoportable. Ai había llegado a esa conclusión.

—Sólo… déjalo así, Ai. Por favor.

Yusaku enterró su rostro en sus manos, suspirando pesadamente, decidiendo que dormir ya no era una opción.

Takeru también lo decidió.

~•~

El timbre resonó en el instituto, ni aquel sonido ensordecedor fue capaz de despertar al muchacho de cabellos azules y mechones rosados, que se había sumido, como siempre, al mundo de los sueños en mitad de la clase, con la luz del sol pintando su escritorio y la melodía desafinada y profunda de la voz de su profesor.

Una mano sacudió levemente su cuerpo, llamando a su nombre con timidez.

Yusaku abrió lentamente sus ojos, buscando con la mirada a quien osaba interrumpir su sueño. No era brusco como Shima, su llamado brindaba respeto y quizás cargaba con un poco de culpa al verse en la obligación de despertarlo. Supo de quién se trataba al oír mejor su voz, antes de que sus esmeraldas dieran con los ojos lavanda que vagamente se apreciaban por culpa de los lentes.

Una sonrisa surcó los labios de Takeru, su mano descansaba sobre el hombro ajeno. —Le prometimos a Kusanagi-san que lo veríamos después de clases, ¿vienes?

El ojiesmeralda parpadeó un par de veces, antes de asimilar la realidad y rascarse su ojo para que no se cerrara otra vez. —Sí, lo siento—murmuró, levantándose vagamente de su asiento.

—Descuida, yo…

—De todas maneras, Takeru se tomó su preciado tiempo para despertarte, estaba muy ocupado mirándote—comentó Flame, asomándose en el disco de duelos.

Takeru tosió violentamente—¡De-Deja de decir tonterías, Flame! —sacudió el aire con su mano, sonriendo nerviosamente.

—¿Ah? Pero si te pusiste rojo—tarareó Ai, sacando la mitad de su cuerpo del cierre de la mochila.

—¿¡Podemos volver al punto importante, por favor!?—insistió el albino, con sus mejillas calentándose aún más. ¡Es que Yusaku se veía tan lindo cuando dormía! No pudo evitarlo…

Yusaku ladeó la cabeza, perdido en la conversación, sin entender una palabra de lo que decían. Quizás no se había despertado del todo. —El punto es…—suspiró—, que me lavaré la cara y luego iremos a ver a Kusanagi-san.

—S-Sí…—murmuró el otro mientras veía a su compañero alejarse. Cuando quedó solo en el aula, no supo por qué sintió como si una lluvia pesada le cayera en la cabeza, hundiendo sus hombros.

Se llevó la mano a su nuca, frotándose con cansancio.

—¿No lo sigues? —preguntó Flame

Takeru parpadeó desconcertado, no se había dado cuenta de que estaba perdido en la incómoda sensación del silencio de Yusaku, cavilando sobre la distancia que había entre sus miradas. Un sentimiento melancólico apretó su corazón.

—¿Uh? Sí, pero…

Alzó su brazo para enfrentar cara a cara a Flame y fulminarlo con la mirada.

—¿Por qué tenías que avergonzarme así?

Flame se encogió de hombros. —No se dio cuenta, ¿realmente importa?

Takeru no supo si aliviarse o sentirse profundamente decepcionado. Sentía algo por Yusaku, y Flame lo sabía, pero si Yusaku no lo miraba de la misma manera, entonces…

No. No era momento de preocuparse por esos asuntos. Se limitó a acompañarlo, aun así, lo que no abandonaba su cabeza eran esas profundas ojeras que resaltaban en el semblante del ojiesmeralda.

Él también…

~•~

Kusanagi había detectado una anomalía dentro de VRAINS, consistía de una puerta oculta bajo un algoritmo Ignis que a duras penas pudo descifrar, facilitando el acceso para que Playmaker y Soulburner pudieran entrar a revisar. Su corazón desesperado le decía que allí podrían encontrar una pista sobre el paradero de Lightning, y por consecuencia, su hermano.

Aunque, era un hecho que, pelear con Lightning significaba pelear contra Jin. Ese pensamiento desgarraba su pecho, repitiéndose a sí mismo que le haría pagar al Ignis de luz, cueste lo que cueste.

Pero, por otro lado, descubrir aquella entrada no fue tan difícil como exponerla, lo que le olía a que algo andaba mal.

—Podría ser una trampa, ¿estás seguro de que quieres ir?

La pregunta iba directa hacia Yusaku. —Es la única pista que tenemos—insistió, a punto de dirigirse a la cabina.

—No te preocupes, Kusanagi-san, estaremos bien—dijo Takeru con una sonrisa reconfortante

Sin más que decir, aferrándose a la esperanza, los dos duelistas ingresaron a sus respectivas cabinas y se conectaron a VRAINS, aterrizando en sus tablas, dispuestos a seguir las coordenadas que Kusanagi les envió. No estaban demasiado lejos.

Por eso, no tardaron en llegar hasta aquella luz dorada y ovalada que funcionaba como acceso hacia el supuesto escondite. Playmaker y Soulburner entraron sin vacilar, siendo llevados a un palacio con tintes romanos, grandes columnas los rodeaban mientras caminaban cautelosamente por un pasillo iluminado por amplias ventanas que dejaban pasar al sol. No había una puerta, una señal, sólo un camino que los llevaba a una pequeña sala que daba una sensación circular.

Una serie de estatuas de lo que podrían ser soldados romanos los rodeaban, les apuntaban con sus lanzas y arcos como si realmente fueran a atacarles. Pero, estaban inmóviles.

—No siento nada…—comentó Playmaker, caminando en círculos mientras observaba cada una de las estatuas.

—Lo único que siento es repulsa por la apariencia de estos sujetos—añadió Ai al abrazarse a sí mismo, fulminando con la mirada a un lancero.

—¿Crees que debamos irnos? —sugirió Soulburner, no iba a negar que las estatuas también le daban ciertos escalofríos.

Playmaker negó con la cabeza. —Tenemos que seguir buscando, quizás en las estatuas haya algo—respondió, extendiendo su mano hacia una de ellas, sus esmeraldas fijos en los ojos de piedra que por unos segundos se vieron iluminados.

Una voz suave y armoniosa hizo eco en su cabeza, palpitaba como si su cerebro buscara ser libre.

Todo temor deseche tu prudencia; toda flaqueza debe aquí ser muerta—decía la voz.

Había olvidado quién era, dónde estaba, todo se tornó brillante a su alrededor.

Es el sitio de que hice ya advertencia, donde verás las gentes dolorosas que perdieron el don de inteligencia.

—¡Playmaker!

Otra voz ajena lo sacó de ese hipnótico canto, parpadeando permanentemente y reconociendo que había sido Ai quien lo sacudió de su distracción. No tuvo tiempo de enterarse de su desesperación ni del peligro que corría por el extraño juego de su imaginación.

Soulburner ya lo había empujado, gritando: —¡Cuidado!

¿Cuidado de qué?

Había volteado rápidamente su mirada para encontrarla con el arquero de piedra moviéndose para apuntarle y disparar fijo una flecha a su dirección. Podría haberse clavado en su pecho, pero fue la protección de Soulburner que evitó que eso sucediera.

—¡Soulburner!

La flecha había dado en el pecho de Soulburner, quebrando el jade que allí permanecía. Su grito llenó la sala mientras un brillo dorado lo envolvía y enceguecía tanto a Playmaker como a Ai, cubriéndose con el dorso de su mano, buscando desesperadamente ver, aunque sea un poco para rescatarlo de lo que fuera que lo estuviera atrapando.

El calor de la luz los quemaba, fue imposible para sus ojos mantenerse abiertos, el sonido agudo de la piedra quebrándose lo dejó sordo hasta que la luz se desvaneció.

Así como Soulburner.

Playmaker abrió los ojos lentamente, quitando su propia mano para encontrar a su compañero. Pero este…

…desapareció.

—Soulburner… ¡Soulburner!

Comenzó a recorrer el palacio, con la respiración tornándose pesada de mantener, el sudor frío pasando por su nuca y sus latidos acelerados y aterrados de no poder sentir alguna señ estatuas estaban quietas de nuevo, todo se veía como antes de que la voz comenzara a aturdirle la mente.

—Esto debe ser obra de Lightning…—masculló, apretándose dolorosamente sus puños.

Al oír esto, Ai empezó a mirar a su alrededor, expresando más angustia que su mismo origen. —¡Lightning! ¡Deja de esconderte, cobarde!

Como si su grito tuviera fuerza, todo el palacio tembló. Las ventanas se rompieron, los pilares amenazaron con caerse, mientras el cielo se desvanecía como una serie de datos eliminados.

—¡Se está derrumbando! —gritó Ai, soltando todo su susto—¡Debemos desconectarnos!

—¡No pienso dejar a Soulburner atrás!

—¡Pero si morimos aquí, no podremos ayudarlo de todas maneras!

Playmaker no hizo caso a las palabras de Ai, continuó esquivando los escombros, aferrándose a la esperanza de que Soulburner estaba oculto en algún lugar cercano, si se desconectaban ahora… Podría jamás regresar.

—¡Playmaker! —insistió su Ignis, sin recibir respuesta, le siguió un gruñido desesperado—¡Ya está! ¡Forzaré la desconexión!

Sin poder discutir, le arrebató el control a Playmaker de decidir si quedarse o no, ya se encontraba despertando dentro de la cabina, todavía sudando frío. Salió rápidamente, encontrándose con la mirada frustrada de Kusanagi. La cabina de Takeru estaba abierta, pero no había rastros de su cuerpo, ni de que salió o entró.

Kusanagi no lo vio.

—Kusanagi-san…

Estaba por insistirle que continuara buscando, que rastreara los datos del lugar, de la información que haya reunido, por más diminuta que fuera, para encontrar a Takeru, pero sus piernas le fallaron y casi cayó al suelo, de no ser por los brazos firmes de Kusanagi que lo sostuvieron. —Lo encontraremos, a él, a Jin y… a Lightning.

El rencor se deslizó por su lengua al mencionar a este último, causando que Yusaku respondiera de igual manera.

Él tendría que haber recibido esa flecha, no Takeru.

La voz apareció para distraerlo, era como una red que lo envolvía en la confusión para luego quebrarlo como así sucedió con el jade. Se llevó una mano a su cabeza, ni siquiera podía recordar las palabras o su tono.

—Sé que no me harás caso, pero necesito que descanses.

Yusaku asintió al pedido del mayor, aún sabiendo que no importaba cuantas vueltas diera en la cama, no podría conciliar el sueño. No lo haría hasta que todo esto terminara, y todos se encontraran a salvo.

~•~

Dos días habían pasado y Takeru seguía desaparecido, así como cualquier otra señal con respecto al Ignis de luz. Buscaron a Takeru en su departamento, tampoco se encontraba ahí, ni nadie sabía de él, incluso reaccionaban como si el nombre resultara extraño.

Ai trató de comunicarse con Flame, pero estaba fuera de su alcance, totalmente desvanecido como su origen. Yusaku decidió ir a la escuela, con la extraña esperanza de que tal vez el albino asistiera o haya mostrado su presencia frente a otros estudiantes o profesores. Se había dado por vencido ante aquel pensamiento ni bien puso un pie en el aula, el asiento a su lado estaba vacío, ese que Takeru siempre ocupaba en las clases que compartían.

Si Takeru estaba en algún lugar, ese sería VRAINS, pero no es como si no hubieran intentado buscarlo allí estos días. Nada. Sin rastro.

Estaba perdido en sus cavilaciones mientras el profesor tomaba lista, pasando el apellido de Yusaku y el de otros que venían después, hasta llegar la 'H'. Sólo había dos chicos con un apellido que empezaba con esa letra.

Takeru y uno más.

Sin embargo, el profesor no dijo su nombre, ni siquiera lo declaró como ausente. Al darse cuenta de esto, Yusaku inmediatamente alzó la mano, enderezando su espalda. —¿Sucede algo, Fujiki?

—Olvidó preguntar por Homura.

Incluso si estaba ausente, tenía que mencionar su nombre. ¿Por qué lo dejó pasar esta vez?

El profesor lo miró como lo había mirado el encargado del departamento de Takeru. Ladeó la cabeza, frunciendo el ceño como si Yusaku estuviera loco, parpadeó y acomodó sus anteojos, revisando de nuevo la lista para asegurarse de su próxima respuesta.

—No, no hay un Homura en la clase, Fujiki, debes estar…

—¡Revise! Homura, Takeru. Tiene que estar ahí.

Su insistencia se vio manifestada cuando se levantó bruscamente de su asiento, no se había dado cuenta de que estaba alzando la voz, lo único que podía oír era sus latidos acelerados y la necesidad de acercarse al profesor para arrancarle la lista y revisar con sus propios ojos.

Pero eso no fue posible.

—Oye, Fujiki-kun, ya siéntate—escuchó a Shima decir por detrás de él—Nunca hubo un Homura Takeru en nuestra clase, o en la escuela siquiera. No lo sé—comenzó a farfullar.

¿'Nunca'? ¿De qué estaban hablando?

Shima no podía decir eso, también había intercambiado, aunque sea dos palabras con Takeru. Incluso si Takeru nunca había compartido esta clase y sólo se estaba confundiendo, no podía ser verdad que no estuvo en esta escuela.

Se sentía mareado, que no pudo evitar apoyarse sobre la mesa, tratando de que el mundo no se le cayera encima.

—Fujiki, deberías ir a la enfermería—dijo el profesor, causando que sintiera cómo Shima se ofrecía a llevarlo, a punto de tomarlo por el brazo hasta que Yusaku lo alejó.

—Yo puedo—murmuró antes de retirarse del aula.

El último lugar al que iría sería a la enfermería. Tenía que descubrir qué estaba pasando, y no tardó en mensajear a Kusanagi para que revisara la ficha estudiantil de Takeru y el estado de usuario de Soulburner, y confirmar si por lo menos su existencia permanecía en VRAINS.

Esperó a su respuesta mientras se dirigía a los casilleros, buscando el de Takeru. Recordaba dónde estaba su casillero, pero allí había otro nombre. Quería creer que lo cambiaron de lugar, que todo esto era una equivocación del profesor y del despistado de Shima. La búsqueda terminaba como había empezado, sin encontrar su nombre, su presencia en esta escuela.

Fue entonces que su celular vibró, recibiendo la respuesta de Kusanagi.

La mano de Yusaku comenzó temblar, apretando el teléfono causando un crujido que parecía que en cualquier momento iba a romperlo. No pudo soportarlo, sus pies le fallaron e inconscientemente deslizó su espalda en la pared donde se había acorralado, hasta quedar en el suelo. Sin arrancar sus ojos del mensaje, de los casilleros con otros nombres.

Ai vio su oportunidad para sacar su cuerpo de la mochila. —¿Y bien? ¿Qué encontró Kusanagi-san? Apuesto a que tu teoría es falsa, no hay manera de que Takeru no…

—No existe.

—¿Uh?

—Su ficha estudiantil no está, no figura en la lista de usuarios en VRAINS, Kusanagi-san no pudo encontrar su ID. Es como si…

Tragó pesadamente, decirlo significaba un peso demasiado grande y doloroso, algo en su interior estaba estallando por cada vez que se lo repetía a sí mismo, aumentando la confusión, le estaba rasgando, quemando las entrañas.

—Es como si Takeru no existiera.


Adelanto del próximo capítulo:

—Recuerda, Soulburner.

Se mordió su propio labio, gruñendo en respuesta y agachando su cabeza de nuevo para negarse a escuchar. Atrapó sus orejas en sus manos como si deseara arrancarlas. —No. No puedo.

—Puedes.

Aquella palabra rebotó más que las memorias que insistían con reaparecer y Soulburner empujaba al fuego invisible para quemarlos.

—¡Pero no quiero!


Nota:La voz que le habla a Playmaker está citando frases de "La Divina Comedia" de Dante Alighieri

¡Muchas gracias por leer! Y espero que este AU domine el fandom por un largo tiempo... Quiero decir... tose

¡Nos vemos!