Quizás la historia sea actualizada cada domingo/lunes, si es que no me bloqueo en el camino y termino retrasando las publicaciones. (Ojalá no pase)
¡Disfruten la lectura!
Yo no inventé YGO ni sus respectivos personajes
"La esencia de una partícula atraviesa lo infinitesimal;
es la lanzadera de oro sobre el telar de jade."
Envuelto en una manta dorada y brillante, abrir los ojos sería una osadía, la estupidez de quedar ciego al quemarse con la luz. Incluso si escuchaba miles de voces en su interior, recuerdos que hasta el día de hoy estuvo tratando de evitar inconscientemente. Que creía querer recordar, pero era una mentira.
Ahora que recordaba, no quería volver a hacerlo. Necesitaba perderse en el olvido y la ignorancia nuevamente, su garganta se raspaba dolorosamente por los gritos de ayuda que liberaba. Era como una pesadilla sin final, repitiéndose constantemente sin importarle si se quedaba sin voz, sin corazón que latiera con nerviosismo.
—Soulburner…
Las voces que se peleaban por ocupar un lugar en su oído, se hicieron hacia atrás para darle espacio a esta nueva, tan profunda. Era un alivio efímero. El muchacho mantenía sus manos en sus oídos, como si eso fuera a callar todo. Alzó la cabeza, atento a la nueva voz que se presentaba.
—Recuerda, Soulburner.
Se mordió su propio labio, gruñendo en respuesta y agachando su cabeza de nuevo para negarse a escuchar. Atrapó sus orejas en sus manos como si deseara arrancarlas. —No. No puedo.
—Puedes.
Aquella palabra rebotó más que las memorias que insistían con reaparecer y Soulburner empujaba al fuego invisible para quemarlos.
—¡Pero no quiero!
Su grito resonó en su cabeza, se sentía como si estuviera adentro de su mente, pudiendo oír y sentir sus propios pensamientos estando a su lado. Cuánto más negaba aquellos, más insistían en aparecer.
Las voces, los gritos y llantos.
El rostro de sus padres riendo para luego desvanecerse en la decepción y tristeza por la ira de su hijo de seis años que lo único que les gritó antes de azotar la puerta era:
Ojalá no los vea nunca más
Su pecho se estrujó dolorosamente, sintiendo cada una de esas palabras, deseando quemarse a sí mismo con las llamas que sobresalían de sus nudillos. Fue como un deseo indirecto, uno que jamás mantuvo genuinamente en su corazón y aún así lo gritó.
Por un estúpido berrinche.
Luego de ese recuerdo, vinieron los choques eléctricos, el fantasma de su trauma reviviendo constantemente como todas las noches que las pesadillas lo acechaban.
Despair from the dark
Maldita sea esa carta que creía eliminada de sus temores; todos esos miedos reaparecían para desesperarlo.
—¡Ya basta! No más… Basta—sollozó, abrazándose a sí mismo, sintiéndose frío
—Abre los ojos, entonces.
Sacudió frenéticamente su cabeza. —¡No! ¡No quiero ver!
—Si quieres olvidar…. Abre los ojos.
Abrió levemente su boca, para decir algo, quejarse y rechazar la oferta, pero ya se vio tentado por la luz que lo obligaba a abandonar la oscuridad de sus ojos cerrados, como el sol en la mañana que quemaba sus cuencas. No era molesto, sino reconfortante. Todo el sufrimiento que hacía palpitar su cerebro, ese dolor en su pecho intolerable estaba cesando.
Parpadeó, una y otra vez. Unas manos suaves, frías, acariciaban su rostro; la línea de su mentón, los dedos rozaban el puente de su nariz, subiendo hasta su frente. La luz no le permitía ver quien le brindaba semejante confort, y su voz era irreconocible, tampoco es que tuvo oportunidad de volver a escucharla.
Sólo sabía que esos toques significaban que todo estaría bien, que pronto olvidaría.
Pero había una sola cosa, una persona que no quería olvidar.
—Yusaku…
El llamado a su nombre le hizo alzar vagamente su cabeza, la mitad de su rostro entumecido y ligeramente enrojecida por estar demasiado tiempo apoyado entre sus brazos sobre el escritorio. Lo primero que vio al abrir los ojos fue a un Kusanagi sonriente.
Una sonrisa debilitada, no necesitaba estar tan despierto como para darse cuenta de eso.
Se habían quedado toda la noche en el camión buscando cualquier pequeña señal de Takeru, Jin o algún Ignis. A este paso de desesperación en el que se encontraban los corazones de ambos, ya podrían aceptar cualquier pista.
—Ya salió el sol, está esperando a que te levantes para ir al colegio. Arriba—dijo Kusanagi, tratando de mantener los ánimos, como siempre.
—¿Y tú qué vas a hacer? —preguntó Yusaku mientras se levantaba de su asiento, apoyándose sobre la mesa, esperando a que su cuerpo entero reaccionara y pudiera dejar de moverse como robot.
Kusanagi llevaba una bolsa en su brazo. Yusaku sabía la respuesta, pero, necesitaba escucharla de todas formas. —A ver a Jin—contestó, su sonrisa se debilitó mucho más.
Esa bolsa llevaba historietas, discos de música que hacían a Jin reaccionar cuando había despertado, antes de que Lightning lo secuestrara. Kusanagi siempre se sentaba a su lado, le leía, le hacía escuchar esas canciones, como si en verdad pudiera despertar mágicamente y responder a eso. Aunque sea para decirle que le aburrió o que sus elecciones musicales eran pésimas.
—¿Qué los diferencia? —preguntó Yusaku de pronto—Takeru y Jin.
—Jin se encuentra físicamente en ese mundo, nadie se olvidó de él, en cambio, Takeru, desapareció completamente—añadió Kusanagi, llevando una mano a su mentón.
—Y nosotros dos somos los únicos que lo recuerdan.
—¡Yo también! —se metió Ai, saliendo del disco de duelos.
—¿Por qué? ¿Por qué sólo nosotros?
—Quizás no somos los únicos, no hemos contactado con Revolver, ni Blue Girl—respondió Kusanagi.
No es que lo hayan intentado, Yusaku tampoco quería hacerlo, cuantas menos personas involucradas estuvieran en lo sucedido, mejor. Revolver seguía siendo un enemigo de los Ignis, y aunque pueda definirse como un aliado en esta guerra, debía acercarse a él con cautela. Blue Girl, por lo poco que sabía de ella en este contexto, sólo trabajaba para su hermano.
Yusaku no pudo evitar emitir un suspiro, sin darse cuenta de que había agachado su cabeza. —Quizás Lightning nos eligió a nosotros específicamente, la flecha iba a ser para mí, no para Takeru.
Llevó su mano a su pecho, sintiendo como se formaba un nudo en su garganta. Kusanagi lo tomó del mentón y lo obligó a mirarlo. —No te culpes. Sólo encontremos a Takeru, y salvemos a Jin.
Con cierta vacilación al no poder deshacer la angustia en su interior, se trabó al intentar asentir con su cabeza.
Kusanagi se alejó de él, con un vago saludo se retiró del camión. Yusaku procedió a prepararse para tomar su mochila y seguir su rumbo al colegio.
Era doloroso llegar ahí, no por las miradas que recibía por el acto que había hecho el día de ayer, sino por la cantidad de personas que se preguntaban quién era Takeru Homura, porque estaba acostumbrado a caminar y recibir un cercano y amistoso saludo, acompañado de un abrazo.
Eso cambiaba ligeramente su expresión solitaria cada vez que caminaba a la escuela, era algo que Ai llegó a mencionar en los primeros días que pasaba junto a Takeru. Todo eso se había desvanecido como su nombre en los casilleros.
—Fujiki-kun
Escuchó la molesta voz de Shima entrar en su oído junto al peso de su mano sobre su hombro. No era el primer saludo del día que quería recibir.
No respondió.
—Vaya, te ves más aburrido de lo normal sin Homura-kun a tu lado. ¿Acaso se pelearon?
Yusaku detuvo bruscamente sus pasos, causando que Shima hiciera lo mismo y lo mirara extrañado. —¿Qué dijiste?
—L-Lo siento, no quise entrometerme, pero…
—¿¡Dijiste Homura!?—insistió de nuevo con la desesperación derramándose en su voz, su mirada hacia Shima se apartó para dirigirse hacia el muchacho que caminaba delante de ellos.
Ese cabello blanquecino con mechones rojizos, podía… tenía que ser él.
Pasando de largo a Shima, aceleró el paso hacia el muchacho. No entendía qué estaba pasando, no le importaba preguntarse, sólo quería volver a ver a Takeru y las respuestas vendrían después.
Se posicionó frente al chico, deteniendo su caminar.
Pálido, nariz respingada, labios finos, anteojos que detrás llevaban unos hermosos ojos lavanda. Era Takeru, sin duda.
—Takeru…
Fue lo primero que logró decir, sin saber por qué estaba tan agitado si ni siquiera había corrido para alcanzarlo, su corazón latía a mil por hora y estaba gritando de la emoción.
—¿Estás bien?
Takeru lo miró fijamente, parpadeando hasta sonreír levemente. No había notado ese ligero brillo en sus ojos que se reflejaba en sus anteojos, los cuales comenzó a quitarse. Yusaku pensó que era para limpiarlos, o por la invisible luz solar que quizás le quemaba los ojos, pero no.
Enseñó una mirada estrellada, dorada sobre el usual color de sus ojos, perdiendo la energía de su personalidad y adoptando una completamente diferente. Yusaku se estremeció completamente.
—Ah, qué extraño—murmuró Takeru—Siempre era yo el que se acercaba a ti, tú nunca lo intentaste.
Algo anda mal. Pensó Yusaku al instante que dio un paso hacia atrás y observó mejor a su compañero.
Takeru interrumpió sus cavilaciones con una risita, que sonaba vacía, no cargaba con la simpatía que caracterizaba al muchacho.
Este no era Takeru.
—Lo siento, ¿te asusté?
—Takeru, ¿qué te pasó?
Sus compañeros de clases siguieron caminando, y ya se les adelantaron, no había más personas a su alrededor que pudiera escucharlos, incluso Shima optó que sería la mejor opción dejarlos solo, eso o no le importaba en absoluto lo que ellos dos tuvieran que hablar.
—Estoy sanando, Yusaku—pronunció casi con demasiada emoción, tomando a Yusaku del rostro y apoyando su frente sobre la contraria—Ya no tengo miedo.
Yusaku no dejó de mirarlo, sintiendo su respiración que era lo único calido que emanaba su ser. —Tus ojos… Tú estás… Desapareciste.
—Y volveré a hacerlo, pero tuve que venir a buscarte.
El ojiesmeralda sólo pudo emitir un jadeo de sorpresa, alejándose levemente del muchacho. —No entiendo nada.
—Yo tampoco lo entendía, hasta que pronto, mis pesadillas dejaron de molestarme, dejé de sentir miedo. Estoy abandonando mi oscuridad, para recuperar mi paz, mi luz interior.
Takeru también se alejó, llevando una mano a su pecho.
—¡Flame! ¿No vas a decirle nada a tu origen? Ya está diciendo sandeces—reclamó Ai, saliendo del disco de duelos que Yusaku llevaba en el brazo para señalar el de Takeru que se notaba vacío.
Luego de unos segundos de silencio, Takeru respondió. —Flame no está.
—¿¡Cómo que no está!? ¿Acaso Lightning…?
—Lightning-sama lo salvó. Como a mi…
Y como si una helada brisa recorriera el cuerpo de Yusaku, este consiguió voz para expresar su desconcierto, al unísono con Ai. —¿¡Lightning-sama!?
Tac, tac, tac.
El constante sonido de su uña golpeando el mármol de la mesa donde se apoyaba rebotaba por la sala, y comenzaba a ser lo único que se escuchaba cuando el peliverde dejó de resoplar.
—¿No te pedí que vigilaras al Ignis de fuego, Windy?
Se volteó a mirarlo un joven de cabello dorado y ojos esmeralda, piel pálida, fina pero sintética. Fingiendo una altura mayor a la del resto con plataformas que lo ayudaban a cumplir ese objetivo, mientras el otro chico a su lado que se paró frente a él, mantenía la baja estatura que le habían entregado.
Los dos portaban un cristal en el centro del cuello que los diferenciaba de los humanos.
—Lightning, querido Lightning… Flame está quietecito en el balcón, esperando como un perro fiel a su origen. Me aburrí de hacerlo.
Una sonrisa ladina surcó los labios del rubio mientras miraba de reojo, al contrario. —Nunca te cansas de mirarlo. Sólo no te atreves a que él te mire de vuelta.
Entonces, Windy regresó a resoplar, lanzando una patada al suelo. —¿¡Qué insinúas!? ¡Nadie querría que lo miraran cuando lleva este aspecto!
Se señaló exageradamente al rostro, un parche cubría su ojo derecho y la ropa cubría las vendas que envolvían a su cuerpo, pero si estuviera en su forma Ignis y no en el cuerpo SOLtiS que 'tomaron prestado' se notarían mucho mejor sus quemadura y deformidades que los Caballeros de Hanoi le causaron.
Windy se frotó las manos. —No puedo esperar a vengarme de esos malditos por lo que me hicieron.
La voz retorcida del Ignis de viento no pasó desapercibida por los oídos de Lightning, pero esto no le hizo evitar ignorarlo.
—Pero antes…—comenzó a decir, caminando hacia el más bajo—Debes cumplir con lo que te pedí, Windy—pronunció suavemente, tomando su mentón y forzando a fijar ambas miradas estrelladas.
Sin que Windy dijera nada, Lightning sonrió y acarició su mejilla con su pulgar. —Ahora, ve.
El Ignis de viento siguió su camino hasta los aposentos que compartía con el Ignis de fuego, que llevaban al balcón donde este último se posicionaba. Windy no iba a negarlo, su cuerpo androide temblaba cada vez que lo veía, y todavía no sabía descifrar el por qué, pero no lo soportaba y por eso trataba de evitarlo.
La ira que aumentaba en su interior se desarrollaba cada vez que Flame nombraba a su origen, que era cada vez que compartían palabra.
Flame resultaba ser bastante insoportable.
Pero no podía desobedecer a Lightning.
No era un plan que podía mantener en su sistema. Como preguntarse el por qué él no tenía un origen del cuál hablar, por qué le molestaba tanto tenerlo cuando en sus días en el Cyberse, la idea de convivir con los humanos no significaba una amargura.
Sacudió su cabeza. Siempre había sido una mala idea. Lightning tenía razón en todo.
Eso se repitió antes de dar unos pasos hacia delante y posicionarse al lado de Flame, sentándose en el barandal, dejando que la brisa besara su rostro y su cabello.
Flame se abrazaba a sí mismo, apoyado en el mismo y único barandal, mirando al cielo con la melancolía brillando en sus ojos.
—¿Por qué eres el único que todavía está incomodo en este lugar? Incluso tu origen se ve feliz, sólo necesita de ese… Playmaker para sentirse completo—pronunció Windy, en un intento por romper el hielo. De pronto, dibujó una sonrisa maliciosa en su rostro al no recibir respuesta del ser de fuego. —¡Ah! ¡Ya sé! Estás celoso.
—Dices tonterías. Lo que haga feliz a Takeru, me hace feliz a mí—contestó Flame finalmente, alejándose del balcón para entrar a la habitación. Windy dio un brinco para pararse en el suelo y seguirlo.
—Tiene que haber otra cosa que te haga feliz. No debe ser esa la única razón por la que estás aquí.
Escuchó a Flame suspirar.
Odiaba sus suspiros.
—Tu misión es vigilarme, no interrogarme. Sigue tu camino y yo seguiré el mío, sin explicaciones.
Dicho esto, Flame abandonó la habitación, dejando a Windy solo con esa respuesta.
Adelanto del próximo capítulo:
—Me apoderé de sus recuerdos, de su realidad, porque él lo quiso así—explicó el Ignis de luz con simpleza, apareciendo de su palma expandida una esfera luminosa que enseñaba a un niño abrazado a sus propias rodillas, sus ojos estaban cerrados, en un sueño pacifico. Era Takeru.
—Su consciencia…—murmuró el ojiesmeralda.
—Te equivocas, son sus miedos; sus angustias. Soulburner es completamente consciente de quién es y de lo que quiere, por eso está aquí y por su propia voluntad, me pidió permiso para traerte hasta aquí. Tenerte aquí no me es indiferente, pero no eres indispensable, Playmaker, Ai.
—¡Pero hacer que Soulburner y Playmaker peleen es jugar sucio! —intervino Ai
—No pelearán si Playmaker no lo decide así.
Ya lo hice en el capítulo anterior, pero recomiendo nuevamente que se pasen por el twitter de Valmey (valmey_me), mi musa que me impulsa a seguir escribiendo este AU y romperme el corazón haciéndolo. Ella realiza varios fanarts sobre este AU, fue por eso que empecé a escribir esta historia. (Creo que ya lo dije igual)
También, si quieren una referencia de cómo se verían los Ignis en sus cuerpos SOLtiS, los invito a pasarse por el twitter de otra artista que diseña su apariencia de manera magnifica. ( nwsksun).
Dicho esto, ¡gracias por leer!
