Yo no inventé YGO ni sus respectivos personajes


"Irradiando, su maravilloso halo luce en la oscuridad, semejante al sueño de la garza que vuela en el espacio ilimitado, semejante a la laguna inmóvil en un otoño luminoso"

~•~

El sol brillaba dolorosamente sobre los ojos de Flame, nunca había sentido sus párpados lo suficientemente pesados como para abrirlos, o su cuerpo tan rígido que levantarse le parecía una mala idea. La luz lo obligaba a cerrar los ojos, aún así, insistió en luchar contra ese brillo y poder observar su alrededor.

Lo primero que pudo reconocer fue lo que sería su cama, bien acomodada y envuelta en el dorado de la falsa luz solar. Se desconcertó al darse cuenta de que estaba recostado, pero no precisamente en aquella cama que le correspondía, entonces, recordó lo que sucedió anoche y dónde se encontraba.

No había sido solo un sueño. Windy estaba abrazado a él, los dos desnudos debajo de las mantas, probando que lo que recordaba formaba parte de la realidad. Todavía podía sentirlo y cuánto más lo pensaba menos se lo creía, no estaba disgustado con lo que hizo, pero tampoco estaba contento.

—Sabes, ahora entiendo por qué te gusta tanto dormir.

Windy lo estaba mirando con ese orbe rojizo y una sonrisa decorando su semblante, sus brazos rodeando su torso y su mejilla reposando sobre su pecho—Pero no pienso transformarlo en un hábito—sopló un verdoso mechón.

Flame rio levemente, ayudándolo a mover los cabellos que lo molestaban con pequeñas caricias—Me pregunto si soñaste algo.

Hasta ahora, Flame todavía no había descubierto lo que eran los sueños y las pesadillas en su totalidad, era incapaz de describir los escenarios e ilusiones que presenciaba cuando se sumía en el descanso. ¿Cómo serían los sueños de Windy? ¿Y sus pesadillas?

Windy parpadeó, ruborizado por la manera en que Flame lo tocaba. Él lo trataba con demasiada delicadeza—Sí, soñé algo—murmuró tímidamente.

—No piensas decirme, ¿verdad?

—¡Nop!

Apartó la mano de Flame para acomodarse encima de él, sentándose sobre su regazo. Estas vivas sensaciones entre cada roce eran nuevas y al mismo tiempo, adictivas, especialmente para Windy. —Debes aprender a respetar los secretos de cada uno…—guiñó su ojo juguetonamente, inclinándose hacia el rostro ajeno—Como el que tienes conmigo ahora~

Besó su mentón, inhalando su aroma—Estos cuerpos no fueron tan mala idea después de todo—comentó con cierta gracia.

Quizás era la curiosidad la que desviaba su atención hacia un tema completamente ajeno. ¿A qué olía Lightning? Flame cargaba con el relajante aroma del sándalo, mezclado con el metal, como si se tratara de una cadena perfumada. La última vez que estuvo cerca de Lightning pudo reconocer el sutil aroma a limón.

Resultaba difícil imaginarlos con otra fragancia ahora que los había incorporado como suyos, incluso si intercambiaran, Flame dejaría de ser Flame y Lightning no sería Lightning. Cada uno tenía su propia esencia.

¿Cuál era la suya?

Quiso reír ante aquel estúpido pensamiento. Si Lightning lo escuchara lo regañaría, diciéndole que sólo estaba sugestionado por los nuevos sentidos que se habían instalado en su sistema. Como si fuese una computadora. Sí, eso eran. ¿Por qué lo pensaba tanto?

No solo eso…

¿Por qué estaba pensando en Lightning cuando estaba con Flame como había deseado?

Intentando sacudirlo de su mente, lo besó en los labios, más por un deseo egoísta que por el hecho de demostrarle sus sentimientos a Flame—¿qué sentía por Flame? —. Flame correspondió a su beso, con el mismo poder de anoche, aquel que le decía sin decirle que todo estaba bajo control, que mientras Flame lo sostuviera como ahora, él estaría bajo control.

Sus manos se deslizaban por su espalda, generando en Windy un estremecimiento notable que resistió con un pesado suspiro. Flame también estaba impresionado con las posibilidades que estos cuerpos les brindaban, sin embargo, su atención estaba dispersa, ya que todavía no asimilaba lo que había hecho con el Ignis de viento, ni las decisiones que tomaba Soulburner.

Windy tenía razón…

¿Qué estaba haciendo él por su origen?

—Me vendría bien repetir lo de anoche—susurró Windy juguetonamente.

Aquella voz atravesó su oído y se esparció por todo su interior de una forma horrible e incómoda, varios gritos le pedían que no aceptara semejante propuesta que solo lo arrastraría a la manipuladora distracción. Una famosa tentación prohibida. Flame sacudió su cabeza—Lástima que no tengo tiempo para eso.

Windy abrió su ojo como si hubiese esperado cualquier respuesta menos esa. —Tenemos todo el tiempo del mundo, Flame—contestó, sintiendo que estaba diciendo una obviedad. Flame no dijo nada, sólo desvió su mirada y gruñó, ese gruñido que para Windy significaba que todo continuaba yendo relativamente mal—Deja de ser tan aburrido, ¿sí?

Sin esperar otra respuesta, se acercó para volver a besarlo, hasta que Flame colocó su mano sobre su boca para detenerlo. Las manos de Flame eran cálidas pero su acto era bastante frío.

Era turno de Windy para gruñir, frunciendo profundamente el ceño, apartó con brusquedad la mano que le bloqueaba el paso a sus palabras—¿Qué demonios te pasa ahora? ¿Sigues sin perdonarme?

—Solo no soporto que seas tan frívolo. Soulburner está…

—¡Oh! Es eso lo que ocurre… Flame~chan sigue preocupado por su niño, ¿verdad? —pronunció en un tono burlón, pellizcando la mejilla ajena antes de reír traviesamente—Él ya te dejó ir hace bastante, ¿por qué no haces lo mismo?

El Ignis de fuego le dedicó una mirada de notoria molestia. —¿Cómo te atreves a decirme eso y luego esperar que te perdone?

Windy no borró su sonrisa ladina, y se limitó a abrazarse al pecho ajeno. —Es que no te das cuenta de que acabas de acostarte con el mejor de los consejeros.

Flame rodó sus ojos, suspirando irritado. —No lo entiendes.

Trató de mover a Windy para poder levantarse de la cama, pero este parecía estar pegado a él. —Tú eres el que no lo entiende—murmuró Windy, alzando la vista para sonreírle. Una sonrisa extrañamente comprensiva—Pero está bien, no tienes por qué entenderlo todo tan pronto, Flame.

El de viento llevó sus labios al cristal rojo característico del SOLtiS del de fuego. Flame pudo sentir como si una ola de datos soplara el interior de su pecho, subiendo a su cabeza. Entonces, se dio cuenta que Windy le había transferido algo.

—Acabas de…

—Es la dirección donde escondemos a Revolver, te avisaré cuando Soulburner se digne a verlo, para que tú puedas ir también—la voz de Windy sonaba calmada. No le importaba el riesgo si se trataba de Flame—Y llegará el momento en que me verás a los ojos, y me dirás: "tenías razón, Windy"—continuó diciendo a la par que dejaba un recorrido de besos en el pecho de Flame.

Su voz soplando contra su piel era muy absorbente, que apenas podía concentrarse en la situación alarmante que podría esperarle. Windy levantó la cabeza. —Pero, por ahora, ¿podemos hacerlo de nuevo? Antes de que te enfades y ya no pueda disfrutarte.

Flame frunció el ceño, inseguro de lo que era correcto en ese momento, olvidando la importancia de su discusión y cayendo en la frivolidad ajena. Cerró sus ojos y suspiró, sin decir nada. Windy lo tomó como un asentimiento.

—Perfecto—murmuró, volviendo a lo que estaba haciendo, pintando cada parte del cuerpo de Flame con sus besos, bajando lentamente.

~•~

—Yusaku…

El muchacho se removió sobre sus brazos, quejándose por la voz que insistía en que abriera los ojos. Estaba demasiado cansado, ¿no podía dejarlo dormir?

—Yu~sa~ku~

Pero esa voz era importante para él, y si lo llamaba, no podía negarse a mirarlo. Con dificultad levantó la cabeza, sintiendo el sol quemar sus ojos, solo fueron necesarios unos cuantos parpadeos para que su vista se aclarara y pudiera encontrarse con quien le sonreía como todos los días.

—Buenos días, Yusaku

Yusaku se rascó su ojo con agotamiento. —Takeru…

—Takeru no dejaba de verte dormir, hasta que se cansó de esperar a que despiertes—escuchó a Flame decir, aunque no podía encontrarlo por ningún sitio.

—Es verdad—admitió Takeru sin una pizca de vergüenza, como Yusaku hubiera imaginado.

Yusaku, en cambio, tragó nerviosamente, desviando su mirada fingiendo ignorar el calor en sus mejillas. —Lo siento—murmuró

—¿Por qué? No me avergüenza decirlo, me gusta verte dormir pero también quiero que abras tus ojos y te des cuenta de que sigo aquí, incluso si no me paro frente a ti.

—Lamento hacerte esperar—continuó Yusaku casi inmediatamente, procesando las palabras que Takeru le dedicaba. Se escuchaba a sí mismo tan inseguro y tímido en comparación con Takeru, que parecía saber tanto lo que él decía como lo que Yusaku respondería.

—No estás obligado a corresponderme, Yusaku. Tampoco es demasiado difícil darme una respuesta, ¿no es así? —sonó molesto—¿Te importo lo suficiente?

La respuesta era "sí" pero de su boca salió: —N-No lo sé.

Takeru cerró sus ojos, no hubo un segundo en que su sonrisa se desvaneciera, aun así, sus gestos estaban tan vivos que era fácil reconocer cuándo perdía su paciencia. —Claro que no lo sabes.

Yusaku entró en pánico al ver a Takeru levantarse de su asiento, dispuesto a darle la espalda. —¡Espera! —exclamó, abrazándose a él para retenerlo. —Tenía miedo… No podía decirte lo que significabas para mi porque… Estaba aterrado—confesó, sus sentimientos estaban deslizándose por su lengua.

Suspiró de alivio ni bien sintió los brazos ajenos envolverlo en un cálido recibimiento. —Está bien, Yusaku—susurró—Existe un lugar donde los miedos se desvanecen, y tendremos todo el tiempo para nosotros, entonces, no esperaremos a que la nada llegue. Sin tiempo, la espera no existe.

Takeru besó su cabeza. —Abre los ojos, Playmaker—pidió—Y mira el sol.

Sin vacilar demasiado, obedeció a sus palabras, separándose con dificultad de Takeru para mover sus párpados que de pronto se habían tornado bastante pesados, y de nuevo el brillo cálido del sol le complicó la abertura. Pero cuando consiguió aclarar su vista otra vez, notó que se encontraba en otro sitio, ya no era el salón de clases donde estaba hacía unos segundos, y Takeru no estaba con él.

Más bien, era Soulburner y él era Playmaker, aun así, seguían abrazados, como en aquel sueño.

—Buenos días, Playmaker—le sonrió el chico.

Playmaker continuaba mostrándose confundido, pero eso no lograría desalentar a Soulburner, no porque tenía esperanzas, si no la ceguera de la certeza de que Playmaker cedería a lo que él definía como el camino correcto. El camino a su lado.

—Yo…—comenzó a decir Playmaker, intentando asimilar lo que estaba sucediendo.

Soulburner llevó su dedo a los labios ajenos para detener sea lo que sea que fuese a decir, que seguramente no era bueno. —Lightning-sama querrá verte pronto, mientras tanto, ¿podríamos dar un paseo?

Los ojos de Playmaker se abrieron como platos, una serie de situaciones reaparecieron en su memoria.

Yusaku, ¿estás ocupado?; Pensaba que podríamos hacer algo juntos; Ah, está bien. Será en otra ocasión.

Escuchaba a Takeru ofrecerle un momento para pasar el rato y relajarse, juntos. Él siempre encontraba inconscientemente la manera de rechazarlo, aunque no lo deseara, consideraba que no era la gran cosa, que él no era la gran cosa para Takeru. Nunca analizó por qué insistía tantas veces, de tal forma que él permanecía en su rechazo.

Si le decía que no ahora, la cadena jamás se rompería.

—Está bien—asintió vagamente, y aunque no demostró demasiada emoción, para Soulburner fue suficiente.

Soulburner tomó su mano, llevándolo hacia el balcón. El sol se sentía tan reconfortante y había una brisa agradable. Todo se encontraba en perfecta armonía, logrando sin mucho esfuerzo que Soulburner sonriera complacido, acariciando los nudillos de su querido Playmaker.

Playmaker estaba sorprendido de lo real que se sentía el exterior, como si no se tratara de una serie de datos que conformaba la falsedad de dicha naturaleza que se presentaba frente a sus ojos. Ni siquiera los animales estaban vivos.

Un pájaro se encontraba posándose sobre el barandal, acercándose a su mano que descansaba allí.

El ojiesmeralda quedó perdido en sus cantos, no pudo evitar extender su dedo y rascar su cabecilla. Si hubiera sido un pájaro común, se habría asustado y volado lejos de ellos, quizás se estaba volviendo loco e imaginaba que el ave lo estaba mirando fijamente, invitándolo a volar junto a él. El ave se dejó acariciar por el muchacho, antes de finalmente extender sus alas e ir hacia los árboles.

—Volverá si se lo pido—mencionó Soulburner, sin dejar de mirar a Playmaker—Puedo darte… Todo lo que desees.

Al oír esto, el chico se estremeció. —Soulburner…

—Si quieres volar, volaremos juntos.

Soulburner puso un pie sobre el barandal, inclinándose hacia adelante, brincando bastante dispuesto a caer de dicho balcón, alterando a Playmaker. —¡Soulburner! —gritó desesperado, como si caerse de un balcón fuese a lastimarlo en este mundo.

Se apuró a mirar debajo del balcón solo para encontrarse con Soulburner ascendiendo hasta quedar a su altura de nuevo, posicionado encima de su D-Board. —Sube. Todo estará bien—extendió su mano al ojiesmeralda, quien parecía estar todavía procesando todo lo que estaba sucediendo frente a él.

Sin pensarlo demasiado, tomó su mano. Soulburner tiró de esta para impulsarlo a brincar y llevarlo a la tabla, quizás era porque no controlaba esto muy bien o lo había hecho a propósito, pero el movimiento fue desprolijo, causando que Playmaker tropezara y se abrazara a Soulburner para no caer de la tabla.

Playmaker no tardó demasiado en recuperar el equilibrio, aunque era extraño compartir la D-Board, permitiría esta nueva y cálida sensación de estar cerca de Soulburner de esta manera.

Entrelazó sus dedos, y Soulburner tomó esto como una indicación de que aceptaba continuar, así que sostuvo firmemente a Playmaker por más innecesario que fuera, antes de que la D-Board avanzara.

Volaron alrededor del palacio, pero alejándose de aquel, ya que Soulburner no quería que Lightning se enterara e interrumpiera su momento. Estaba tan feliz que cualquier presencia que no fuera la de su amado Playmaker sería un completa molestia.

Nada los molestaría, ni los volvería a alejar. Estarían juntos eternamente, volando con la libertad de una garza.

Playmaker sentía la fuerte brisa golpear sus mejillas, el aroma a petricor permanecía a pesar de que la tierra y el cielo se mostraban como si una tormenta jamás hubiese sucedido. El clima estaba despejado, tranquilo y brillante. Ni en todas las veces que navegó en su D-Board había sentido esta ligereza.

Las razones eran obvias.

¿A dónde se habían ido las preocupaciones? Tal vez junto a las aves que todavía volaban demasiado lejos de ellos, y que de pronto, poco a poco se iban acercando, volando en círculos para rodearlos mientras Soulburner detenía la tabla. Sonreía, sabiendo perfectamente que las aves harían eso.

Playmaker no comprendía el funcionamiento de esta extraña naturaleza, pero tampoco se estaba esforzando en hacerlo, porque se estaba perdiendo en la luz de los ojos ajenos, que entraba en él con demasiada calidez.

Ya estaban bastante cerca, no había un paso que pudieran dar sus pies para romper la distancia que existía entre sus rostros. Soulburner quería romper con ella, ¿Playmaker querría lo mismo?

Acarició su mejilla, pensando detenidamente en ello. —Playmaker…—susurró, la inseguridad reapareciendo en su corazón, las miles de dudas que lo habían llevado a detener su confesión cuando sólo era Takeru Homura.

¿Podría decirlo? ¿Demostrarlo?

Asimismo, parecía que sus labios no podrían pronunciar otras palabras. No se trataba de un "Te amo", "Me gustas" o un beso como tanto le hubiera gustado expresar. Era una promesa más intensa que hasta ahora los había alejado.

—¿Te quedarás conmigo?

Era la primera vez desde que había decidido esto que veía a Playmaker alejado de la confusión, y ésta regresó como la enfermedad. —Soulburner…

—No puedo esperar mucho más.

Soulburner sonaba desesperado, esa no era su intención. Playmaker sintió que estaba reviviendo aquel sueño, y de nuevo recordó por qué se encontraba tan angustiado. Soltó su mirada, y la llevó a sus pies, inevitablemente encontrándose con su brazo que sostenía su disco de duelos vacío.

Su mazo no estaba ahí, tampoco Ai.

Frunció su ceño.

Soulburner pensó que su corazón se escapaba de su pecho ni bien notó que Playmaker estaba por abrir su boca. ¿Al fin recibiría su respuesta?

—Soulburner…—comenzó a decir—¿Qué sucedió con Ai?

Su sonrisa se desvaneció, su corazón continuaba latiendo con fuerza, esta vez una fuerza proveniente de la frustración. Las aves se dispersaron con aleteos violentos, obligando a Playmaker a alzar la cabeza.

—No quiso venir. Simplemente eso—respondió, sonando desganado.

—¿Soulburner?

La D-Board se acercó al castillo. —Te llevaré con Lightning-sama, no podré posponerlo por mucho tiempo.

Y tampoco sería conveniente. Quiero que dejes esa oscuridad inaceptable. Soulburner mantuvo esas palabras en la privacidad de su mente, mientras abandonaba la hermosa vista de los esmeraldas carentes de luz.

~•~

Windy se hincó frente a él, una sonrisa traviesa se dibujaba en su semblante. —¿Solicitó mi presencia, su majestad? —profundizó exageradamente su tono, burlándose de la seriedad. Inclinó su cabeza, cerrando su ojo, y aún así, sabía que Lightning lo estaba mirando con molestia.

Lightning no le preguntaba lo que estaba haciendo, ya podía darse cuenta de la burla que caracterizaba la compañía de Windy, el único que se esforzaba por mantenerse a la misma altura que el Ignis de Luz aun cuando este no se lo pidió, ni deseaba reconocerlo de esa forma. Windy no entendía el silencio de Lightning, ni sus palabras, pero podía descifrar cuándo lo estaba criticando.

Ahora mismo, no necesitaba levantar la cabeza para ver cómo Lightning lo trataba de insolente con solo sus ojos brillantes. Sin embargo, el silencio era insoportable, y lo rompió con una risita mientras se ponía de pie.

—Ya, ¿por qué me llamaste?

Lightning lo miró de pies a cabeza y frunció el ceño. —¿Qué es ese olor?

Windy tragó pesado, sintiendo el aroma a sándalo y metal sobre él. Creyó que estaba tan sugestionado que había sido su imaginación. Intentó no darle más vueltas a ese asunto, porque le daba la sensación de que Lightning podría escuchar incluso lo que pensaba.

Se encogió de hombros. —¿El olor de la victoria? —respondió, manteniendo la sonrisa ladina.

Lightning hizo ese gesto que Windy tanto odiaba, arqueó una ceja. —Como sea, me traerás a Playmaker—suspiró.

El Ignis de viento rápidamente se enderezó y asintió con un saludo militar. De nuevo, burlándose. —¡A la or…! —interrumpió su actuación cuando vio al origen de Lightning aparecer detrás de este y acercándose a él. —¿Qué demonios haces?

La pregunta iba dirigida hacia Lightning, como si el humano frente a él fuese solo una marioneta que ni siquiera obedecía—porque no tenía la voluntad para hacerlo— sino que simplemente se movía ya que Lightning lo quería así.

Lightning se cruzó de brazos. —Él irá contigo. Estoy considerando que sería más conveniente que él permanezca a tu lado.

—Bueno, deja de considerarlo, porque es una mala idea. Puedo hacer las cosas por mi cuenta, muchas gracias.

—No pregunté tu opinión, Windy. Lo sabes bien.

Windy se mostró alterado, la frustración expresada en su mirada. —¿No confías en mí?

Sabía lo hipócrita que sonaba, ya que, si lo pensaba honestamente, Lightning no tenía ningún motivo para confiar en él, hasta ahora, solo estuvo actuando a sus espaldas, sin cumplir con ninguna de sus obligaciones. Pero ¿qué le garantizaba que Lightning no le estaba mintiendo también?

Lightning se acercó a él, tomando delicadamente su mentón para forzarlo a mirarlo fijamente y perderse en su luz. —Eres en quien más confío. Por eso, permito que Jin camine a tu lado.

Eso llevaba un sabor amargo. Windy no pudo evitar molestarse. —O sea que, ¿Tu origen es más importante que yo? —pronunció con una sorpresiva tristeza—Claro, tus cosas siempre son importantes.

Casi había escupido esas palabras, apretando dolorosamente sus puños. ¿Por qué estaba tan molesto?

—Pero, yo soy parte de tus cosas, ¿no? Me utilizas cuando te conviene. ¡Me doy cuenta! ¡Y no me molesta! —aferró sus manos a las prendas de Lightning, sin enterarse de que estaba temblando.

Lightning permaneció inmutable. —Así es.

—¡Entonces, protégeme! ¡Maldita sea!

Su grito resonó en toda la sala.

—Protégeme, como proteges a tu origen.

—Yo no…

—¡No me mientas!

Windy había agachado su cabeza para este punto, sin desear ver la carencia de expresiones en el rostro de Lightning mientras escuchaba su pedido de auxilio, y diciéndole que le importaba poco y nada, que solo estaba esperando a que terminara su berrinche para seguir con lo suyo. —¿Hubieras dejado a tu origen desvanecerse en las manos de otro sujeto? Nadie puede romperlo más que tú, nada lo toca a no ser que sean tus manos. Eso haces con todo lo que te importa. Entonces, ¿por qué dejaste que los Caballeros de Hanoi me convirtieran en esta deformación? ¿Por qué Ai tuvo que…?

Mierda, había comenzado a llorar y no podía detenerse, se sentía de la misma manera que anoche, con Flame. Desprotegido y vacío.

Se interrumpió no solo porque los sollozos escapaban de su garganta, sino porque Lightning de nuevo lo obligó a mirarlo, con su ojo lleno de lágrimas.

—No te dejé morir, ¿o sí? —pronunció Lightning fríamente.

—¿Lo harías?

Lightning sonrió y se inclinó a besar la frente del Ignis de viento. —Jamás.

Mentira. Pensó Windy inmediatamente, aún sabiendo que era una mentira, abrazó esa respuesta como si la necesitara para vivir. —Supongo que hice este berrinche por nada—rio nerviosamente, alejándose del Ignis de Luz al mismo tiempo que se limpiaba sus lágrimas con brusquedad.

Dio unos pasos torpes hacia atrás, sin dejar de mirar a Lightning. El aroma a sándalo se mezcló con la frescura de la fragancia que Lightning emanaba. Abrió su boca, buscando las palabras correctas para decir, pero se dio cuenta que Lightning no quería oír nada más, así que sólo siguió su camino a los aposentos de Soulburner, donde Playmaker estaría.

Cada tanto se detenía a vigilar que Jin continuara siguiéndolo por detrás.

Windy no supo por qué de pronto estaba recordando su sueño durante el silencioso camino. Se había dignado a dormir por primera vez, porque pensaba que de esa manera se conectaría mejor con Flame.

En el sueño, estaba en una cama de narcisos que poco a poco se quemaba. El fuego olvidaba que había un cuerpo entre las flores, y continuaba quemándolo hasta que todo el jardín se convirtiera en cenizas junto con él. Revivía la sensación dolorosa del virus atravesando cada fragmento de sus datos, arrancándole lo que llamarían piel, su cuerpo entero deshaciéndose en el veneno del odio y la destrucción.

No había una luz para salvarlo, solo el fuego estaba ahí para hacerlo temblar, llevándose la belleza de su hogar.

Pensar en sus desgarradores gritos que solo él había escuchado entre las llamas, sólo le hacía creer que los sueños no eran tan hermosos como solían presumir.

Si esto era dormir, prefería no volver a apagar sus luces.