Disclaimer: los personajes usados para este fic son propiedad de J.K. Rowling.

Esta historia participa en el reto Tropos, tropos everywhere del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black

El tropo que me ha tocado es el de VIAJE EN EL TIEMPO


VIAJE AL PASADO

Lo último que recordaba era una luz verde y después nada.


Despertó sobresaltado debido a un fuerte ruido muy cerca suyo. Se levantó rápidamente, pero una extraña debilidad le hizo caer al suelo y al notar los temblores en sus piernas decidió que lo mejor era quedarse donde estaba y observar a su alrededor. Le dolía todo el cuerpo y no sabía por qué, todo era demasiado extraño, además, no reconocía nada y eso nunca era bueno.

—Disculpa, ¿te encuentras bien?

James se giró sobresaltado y vio a un niño pequeño, de unos tres o cuatro años agachado cerca de él y mirándolo con preocupación. Mientras más lo observaba, más le recordaba a alguien, pero no podía decir a quien.

—Sí, me desmayé, pero ya estoy bien, ¿me ayudas a levantarme?

El niño sonrió y con cuidado le cogió la mano para levantarle del suelo.

—Mi nombre es James, ¿y el tuyo?

— ¡Tom Riddle! ¿Qué te he dicho de hablar con extraños? venga, vámonos, no te puedo dejar fuera de mi vista ni un momento, que vergüenza me haces pasar.

La tenue sonrisa que había tenido el niño cuando hablaba con él, se transformó en una mueca de desesperación y en sus ojos no había más que tristeza.

La señora cogió del brazo al niño, sin cuidado alguno, si el gesto de dolor de Tom era un indicio y se lo iba a llevar arrastrándolo cuando James, con una certera pero improbable idea de lo que le había pasado, le interrumpió.

—Disculpe que le pregunte, pero estoy un poco desorientado, ¿Me podría decir donde me encuentro y que año es?

La señora lo miró fulminantemente y negó con la cabeza.

—Estos muchachos de hoy en día no hacen más que el vago, ni estudian, ni trabajan ni hacen nada. Solo se dedican a beber y a perder el tiempo ¡Vete a casa y haz algo con tu vida!

Con esas palabras, arrastró al niño con ella.

—Estamos en Londres. Hoy es dos de mayo del año mil novecientos treinta y uno.

James solo atinó a mirarlo con sorpresa y miedo. Había retrocedido cincuenta años y sus sospechas eran ciertas, ese niño era Voldemort.


No sabía cómo había llegado allí, ni cómo regresar, ni que iba a hacer, estaba totalmente perdido.


Con dificultad se levantó del suelo y respiró profundamente.

—Lo primero es lo primero, necesito algún lugar para pasar la noche, para ello necesito dinero o mi varita, así que tengo que revisar con qué cosas he viajado.

Sacando todos los objetos de sus bolsillos se encontró con su varita, su capa de invisibilidad y unos cuantos galeones. Con esas pocas pertenencias se tendría que apañar, por lo menos hasta poder hacer planes más duraderos.

Con pesar, en vez de dirigirse al mundo mágico, se quedó en el muggle, después de todo, al llevar la varita, con un pequeño hechizo de confusión podría engañar a los muggles y hacerles creer lo que él necesitara en ese momento. Y con tan pocos galeones, más le valía ahorrarlos para más adelante.

Estuvo andando por lo que a él le parecieron horas hasta que se encontró con un pequeño hotel, reservó una habitación para toda la semana y una vez allí, empezó a hacer planes:

1- Averiguar cómo había llegado cincuenta años al pasado.

2- Averiguar cómo volver al futuro y si era posible.

3- Conseguir documentación tanto mágica como muggle, ya que la necesitaría para cualquier cosa que consiguiese planear.

4- Encontrar una manera de ganar dinero (después de todo no podía estar durante mucho tiempo en un hotel y encima gratis, a él no le gustaba aprovecharse de esa manera de las personas)

5- Una vez realizado el paso tres y cuatro, conseguir una casa.

6- Si averiguaba que no podía regresar a su tiempo, ¿se atrevería a cambiar el pasado? ¿Se resignaría a quedarse en ese tiempo?

7- Si se atreviera a cambiar el pasado, el primer paso sería acercarse a Tom Riddle, después de todo, él era la causa de todos los males del mundo mágico en su tiempo, y si lograra que cambiara sus pensamientos, sería un beneficio para todos.

James miró la lista y suspiró profundamente con resignación, nada de lo que ahí había era fácil de realizar, con mucha frustración por la situación en la que se encontraba, se quitó la ropa y se fue a dormir, estaba agotado y seguía adolorido de lo que fuese que le hubiese ocurrido en el pasado, ¿o era en el futuro? negando muy confundido con el tiempo, se obligó a dormir.


James se levantó de mejor humor del que esperaba teniendo en cuenta el entorno en el que estaba.

Después de meditarlo mucho, se dio cuenta que tendría que cambiar sus planes, o al menos alterarlos, las investigaciones tendrán que esperar, sin embargo, conseguir su documentación era más importante ya que la iba a necesitar para todo.

Con otro ánimo, saltó de la cama, limpió su ropa con un hechizo rápido y después de asearse y vestirse salió del hotel en dirección a la estación de policía más cercana.


Se tumbó en la cama agotado por todos los recados que había realizado durante el día. Por suerte ya tenía una documentación oficial con otra edad, ya que él aún tenía 17 años y en el mundo muggle hasta los 18 no se tenía la edad legal para poder trabajar. Para lo cual, también le habían dado unos papeles con los que poder optar a algunos trabajos que no necesitaban demasiada cualificación.

Con la ayuda de las personas de la comisaria que le habían atendido, consiguió la dirección de algunos lugares en los cuales podría ofrecer sus servicios como trabajador y ¡hasta tenía algunas entrevistas la mañana siguiente!

Sintiendo que el día fue productivo, se quedó dormido con un peso menos en sus hombros.


No todo iba a ser tan fácil.

Después de una semana de buscar trabajo nadie lo había contratado: que si era demasiado delgado para el trabajo, que era demasiado pequeño, que no tenía la fuerza suficiente…

Nadie lo quería contratar…


Se siguió quedando en el hotel durante otra semana más, habiendo reservado la habitación por un mes al ver que las cosas no iban a ser tan fáciles como lo imaginó al principio.

Esa tarde tenía otra entrevista en un colegio cercano para el puesto de limpiador, albergaba esperanzas ya que debido a su estadía con sus tíos muggles lo que mejor se le daba era la limpieza, no era el trabajo de sus sueños, pero por algo tenía que empezar.

Cuando llegó, se dio cuenta de que era majestuosa, por decirlo de alguna manera se parecía a Hogwarts, no era ni la mitad de su tamaño, pero algo en ella se lo recordaba. Con asombro, atravesó las verjas y después las puertas para encontrarse otra vez con un muchacho pequeño con la ropa demasiado grande para él y grandes ojos azules que le miraban con alegría.

— ¡James!

—Vaya, sí que te acuerdas de mí

—Estabas tirado en el suelo con el pelo todo raro, no me iba a olvidar de ti.

James solo sonrió con ternura, con sus cuatro años, Tom Riddle no era nada más que un niño demasiado inocente.

—Sí, eso puede que se no se olvide con facilidad, ¿Me guías al despacho de la directora? Tengo que hablar con ella.

Cogiendo al moreno de la mano y tirando de él, Tom le preguntó

— ¿Vas a estudiar aquí?

James sonrió ante la ingenuidad del niño.

—No, con un poco de suerte encontraré un trabajo.

— ¿De profesor? Creo que serías mejor que los que nos dan clases— acercándose más, le susurró— ellos se portan mal conmigo, me ignoran y no me explican las cosas que no entiendo, tu no harías eso, ¿verdad?

Con tristeza, recordando su propia infancia en el colegio muggle en el que le pasaba lo mismo, James negó.

—No, nunca lo haría, no está bien que los profesores hagan eso, deberías decírselo a la directora para que no vuelva a pasar. Lastimosamente el trabajo que estoy buscando es para limpiador, no para profesor.

Tom al oír eso se entristeció, quería estar más tiempo con ese simpático chico, le caía bien y en ningún momento se burló de él, ni por su ropa ni por su forma de hablar, quería estar con él.

—El despacho de la directora está ahí, ¿tú crees que nos veremos otra vez?

James se arrodilló delante de él y le colocó la ropa con cuidado.

—Si consigo el trabajo, seguro que nos veremos por aquí, pero si no lo consigo, le pediré a la directora que me deje visitarte, ¿Qué te parece?

— ¡Bien!

Sonriendo, le revolvió el pelo con cariño y entró dentro del despacho.


¡Lo había conseguido!

¡Tenía trabajo! ¡Su primer trabajo!

Tenía que empezar a la mañana siguiente y su primer pago sería ese mismo viernes. Haciendo cálculos de lo que iba a ganar y lo que había averiguado que costaban los alquileres, estaba seguro que en no más de un mes, ya podría estar viviendo en su propia casa, de alquiler, pero solo para él.


Siendo sincero consigo mismo, su trabajo era lo más aburrido que podía haberse encontrado, pero lo compensaba con creces el que tuviera un pequeño ayudante que le seguía a todas partes: Tom había cogido por costumbre quedarse después de clase para poder hablar los dos juntos, y aunque resultase extraño que él, que acabara de llegar al colegio se relacionara con un alumno, incluso los profesores le habían agradecido por hacerlo. Tom no se sentía a gusto con sus compañeros, ni se relacionaba con nadie de la institución, siempre estaba solo o si no, era ninguneado por sus compañeros ya que al ser un becado, no tenía las ventajas sociales que pudiera tener cualquier otro muchacho.

Todo eso cambió con la llegada de James. Tom se volvió un poco más abierto, no era tan frio con la gente, siempre manteniendo su distancia con los que no eran cercanos a él, pero ya por lo menos era capaz de mantener una conversación.


Habían pasado ya seis meses desde su llegada a este nuevo mundo para él y cada vez estaba más encariñado con Tom, hasta el punto de lo quería.

Sí.

Harry James Potter quería a Tom Riddle.

Era un niño encantador, risueño y agradable, cariñoso y siempre tenía una historia, un comentario o un halago para él.

Se había enamorado de un niño de cinco años. Metafóricamente hablando, claro está.

Y cuando Tom un día se le acercó llorando y terriblemente asustado, contándole lo que había pasado, no tuvo más remedio que hacer algo que llevaba pensando ya durante algunas semanas: darle un hogar y acogerlo, formar ellos dos una familia.


James pidió permiso a su jefa para poder ausentarse ese día y que Tom también lo hiciera. Al ver el estado en el que se encontraba el niño, no pudo hacer nada más que darles permiso, esperaba que con el consuelo del mayor, Tom se recuperase de lo que fuera que le hubiese pasado.

Una vez en la pequeña casa de alquiler que había conseguido cerca del colegio, le sirvió un chocolate caliente y se sentó junto al niño en la mesa de la cocina.

— ¿Sabes que tenemos que hablar de esto?

Tom se negó a mirarle y James suspiró, se lo tenía que haber contado antes, pero no había querido arruinar la cercanía que tenían los dos.

—Tom, eres un mago, tienes magia y lo que hiciste fue muy desagradable. No se puede utilizar ese don que te han concedido en hacer daño a la gente. Cuando son pequeños, los niños tienen accidentes mágicos espontáneos en los que demuestran sus habilidades mágicas, son acogidos con gran alegría por los padres al saber que su niño tiene poderes mágicos. Hay veces, como nos ha pasado a los dos, que nuestros primeros accidentes mágicos fueron delante de gente muggle, que son la gente no mágica, los que no pueden hacer magia. Cuando esto pasa, somos discriminados y la gente se asusta de nosotros al ver que somos diferentes.

— ¿Por eso me encerraron en mi habitación y no me dejaron salir?

—Sí, Tom, la gente se asusta de las cosas que no comprenden. Pero para alegría tuya, yo si te comprendo y juntos vamos a desarrollar tus poderes, ¿Quieres hacerlo así?

Tom se quedó pensativo durante mucho rato, solo mirándolo y de repente su ceño se frunció.

— ¿Y cómo lo vas a hacer? Porque hoy me has podido traer a tu casa porque la directora del colegio dijo que si, pero en cuanto terminen las clases yo tendré que volver al orfanato y me encerraran otra vez sin comida, ni bebida, ni juguetes, ni….

James al verlo tan alterado lo cogió y lo sentó en su regazo para que sintiese que no estaba solo y que se preocupaba por él.

—Hoy vas a tener que irte al orfanato, pero mañana después de que acabe mi trabajo, iremos juntos a un lugar en el que, con unos documentos, dejaran que te quedes conmigo aquí, en mi casa, ¿Qué te parece?

— ¿Contigo? ¿Podré quedarme contigo para siempre?

La mirada de Tom era una que nunca esperó ver, pero que pensándolo, siempre había querido que le dirigieran, una de cariño, de amor y de esperanza, de que solo con una afirmación todo iba a estar bien. Y aunque se parecía demasiado a la responsabilidad que había tenido en su época, cuando todo el mundo dependía de él, esta era una sensación de realización tan grande que lo abrazó con fuerza, sintiéndose el hombre más feliz del mundo.

—Sí, cariño, para siempre.


Y lo cumplió.

Al día siguiente, con su varita en mano, hizo que los policías, los funcionarios y todos los trabajadores que se requirieran, firmaran los documentos en los cuales, Tom Sorvolo Riddle quedaba en custodia de James Evans, convirtiéndolos así, en una verdadera familia.


Con el tiempo, James cambió de trabajo, su jefa se dio cuenta de que su paciencia era infinita en cuanto a niños se trataba y le hizo pasar a formar parte permanente de la plantilla del profesorado. Un trabajo mucho más agradable y divertido que el anterior.

Estuvo como profesor en ese colegio hasta que Tom cumplió los 11 años y le llegó la carta a Hogwarts. Al finalizar ese año escolar, presentó su dimisión y empezó a buscar un trabajo en el mundo mágico.


Durante todos esos años buscó, investigó y recopiló información sobre viajes en el tiempo, sobre giratiempos, (cuya fabricación se estaba produciendo en esos momentos), sobre grietas temporales, hechizos y runas. Pero todo fue en vano, no encontró nada, ni que le permitiese volver a su propio tiempo, ni que le explicase cómo llegó precisamente a ese tiempo.

Lo único que al principio conseguía recordar era haber estado en el bosque prohibido el día de la batalla final y que precisamente Voldemort le había lanzado un Avada Kedavra. Con el tiempo también recordó una luz blanca, una estación de tren y Albus Dumbledore, pero nada de lo que hablaron o sucedió en ese espacio, eso era un misterio.

Una cosa sí que tenía clara, podría haber vivido su vida en su tiempo, en su línea temporal, con sus amigos y con quién él creía que era su familia, si es que alguno de ellos hubiese sobrevivido a la batalla, pero después de esos años en el pasado vividos con Tom, se dio cuenta que todo lo que hubiera vivido en su línea temporal no hubiera sido tan satisfactorio como lo que había vivido en esta. El chico sí que era su familia, la familia que él había elegido, que se habían elegido entre ellos. Ya ni se acordaba de que, precisamente su hijo había matado a sus padres en el pasado, o que fue el culpable de su infancia llena de maltratos o de la muerte de las personas importantes para él, su vida volvió a empezar desde el día en que viajó al pasado y vio la cara inocente y amorosa del niño Tom.

Cuando Tom fue a Hogwarts y fue sorteado a la casa Slytherin, nadie estuvo más orgulloso que él de que su hijo hubiera encontrado su lugar en la escuela y más después de todas las cartas que éste le enviaba contándole sus aventuras y peripecias por el colegio, de sus amigos, de sus estudios y cuando fue haciéndose más mayor, de sus aspiraciones, expectativas futuras y noviazgos. Su niño había crecido feliz, algo resentido por los muggles del orfanato por los malos tratos que le habían dado y receloso con las personas extrañas, pero aparte de su propia personalidad reservada y distante, era un niño cariñoso con grandes ideas para mejorar el mundo, y lo mejor de todo, ambición para llevarlas a cabo, esta vez, sin guerras, destrucción y muerte.

Mientras tanto, James no había estado descansando, no había parado tanto de trabajar como de estudiar para conseguir un buen trabajo en el mundo mágico y cuando Tom se graduó de Hogwarts, celebraron el fin del colegio del adolescente y el inicio de la carrera de rompedor de maldiciones del mayor, un trabajo muy interesante y algunas veces peligroso. Tom por su lado, estudió para profesor ya que quería devolver a los niños todo lo que James había hecho por él, quería crear, con el tiempo, una escuela para los niños que fuese antes de Hogwarts, una escuela en la que los nacidos de muggles o mestizos pudiesen aprender todo sobre el mundo mágico y que sus padres fuesen introducidos poco a poco en él, quería que existiese un ambiente en el que nadie se sobresaltase por accidentes mágicos ni donde nadie fuese menospreciado por ello.

Y así fue como por un cruce de vías, Harry Potter pasó del futuro, su presente, al pasado, a una vida que nunca habría imaginado, pero que en ese momento, no cambiaría por nada del mundo, después de todo, había logrado lo que siempre quiso, tener una familia.


Nota de autora: a la hora de escribir los diálogos de Tom de pequeño no sabía como hacerlo para que pareciera un niño, intenté con frases cortas e infantiles, pero quedaba ridículo, asi que al final lo dejé asi... T_T