Sakkaku Circus
An ItaHina Fanfiction
N/A: De nuevo tomo un descanso de "Cáncer" y decido hacer un esfuerzo por este Fanfiction que había tenido bastante olvidado. Háganme saber por favor como les gusta en los comentarios. Agradezco cada uno de ellos.
3. Una manzana acaramelada: Bienvenidos a Sakkaku Circus.
-Hanabi, junto con Mei iremos a la cafetería por un pedazo de pastel de manzana. – dijo Sora, una chica de largos cabellos verdosos y ojos de un profundo color negro, una chica con la que Hanabi había hecho buena amistad en cuanto llegó a la escuela. Mei era la más antigua amiga de Sora, una chica de cabello grisáceo y ojos azules que apenas y hablaba pero sonreía delicadamente ante cualquier otro sonido.- ¿Nos acompañas esta vez?
La Hyuuga menor trago saliva y después tomo para aire para rehusarse. Hinata no había puesto dinero extra en su monedero y de todos modos, tenía que regresar a casa a comer un poco y ayudar a su hermana en la lavandería, aún y cuando sus dedos amenazaban con quedarse sin huellas dactilares. Sus amigas le sonrieron un tanto decepcionadas y acordaron verse en la escuela al dia siguiente, caminando en una dirección opuesta a la de Hanabi.
La chica había hecho un trabajo completamente extraordinario en entender la situación por la que su hermana pasaba pero eso no significaba que estaba contenta con perderse experiencias únicas de la vida, como compartir un pastel con sus amigas. Hanabi tenía apenas trece años pero había vivido demasiado; la orfandad y la pertenencia a un orfanato, la liberación del mismo y el romanticismo al azar y el mañana incierto le habían dado una perspectiva que sus amigas comiendo pastel y asistiendo a clases pagadas de canto nunca comprenderían. La chica de ojos lunares observo cómo sus amigas se alejaban y daban la vuelta a la esquina mientras ajustaba la roída mochila de cuero marrón y daba la vuelta, encaminándose a la habitación que compartía con su hermana.
Había algo bueno, sin embargo, en todo lo que envolvía este tiempo en Konoha. Era viernes y el fulgor de la calle lo hacía ver más notorio todavía; un viernes significaba un turno vespertino más corto para Hinata además de la paga de la semana y usualmente eran los viernes cuando las hermanas se ponían las calzas de ballet y los leotardos viejos, amarraban su largo cabello en moños altos y practicaban en el gran patio detrás de la lavandería, iluminado con la luz tenue y febril de la calle, con un casette que Ms. Nina les había regalado como despedida del orfanato. La Sra. Yoshida, de un par de habitaciones al lado, les prestaba su grabadora.
Aquel pensamiento le hizo cambiar la mueca que tenia a una sonrisa pequeña pero sincera. Cuando quiso dar la vuelta hacia su vecindario, el cumulo de personas que comenzaba a formarse en la gran avenida principal, rostros emocionados y curiosos la hizo detenerse en seco, entrando en puntillas para poder ver que era lo que había detenido el mundo aquella tarde de viernes, y fue cuando pudo escuchar el jolgorio animal y las caras asombradas de los niños que unió los puntos y sonrió. El circo, aquel que nunca avisaba ni daba advertencia, había llegado a Konoha, y este era un pequeño desfile promocional.
Se pudo hacer paso entre la multitud; la música de trompetas y tambores anunciando los actos, y en el gran carretón que mostraba a algunos de los artistas pudo observar payasos rubios de ojos penetrantes que hacían todo tipo de bromas unos a otros, sacando ramilletes de flores de los pantalones. Hanabi sonrió divertida cuando un hombre de cabello en puntas negro con el rostro pintado de colores morados y rojos volcó un balde de agua bastante fría a la vista, en un hombre pálido y delgado, que se quito de los dientes una dentadura falsa que castañeaba de frio, divirtiendo a los pequeños y asombrando a los grandes.
Una hermosa contorsionista de cabello morado caminaba con las manos por toda la calle principal, entre el glitter y el confeti, balanceando un gato negro sobre sus pies, un gato negro dormido que no se inmutaba porque su dueña caminaba con las manos con la misma agilidad y elegancia que Hinata usaba para entrar caminando al escenario en un acto de ballet.
La música y la voz aturdidora de un clown de cabello rubio y ropas naranjas hizo acto de presencia, bombachas, caderas enormes.
-¡Bienvenidos a la magia! – grito el payaso bamboleándose encima de los hombros de un payaso mas, mientras el rubio sostenía el megáfono. -¡Bienvenidos a la ilusión! ¡Bienve-…! ¡Shisui deja de moverte! – dijo causando la risa del grupo que se encontraba atento a la presentación, incluso la risa de Hanabi. -¡Bienvenidos a Sakkaku Circus!
La multitud irrumpió en aplausos y risas de alegría, mientras las madres eran casi incapaces de controlar a sus hijos emocionados por el espectáculo. Hanabi miraba los carretones pasar, las bestias enjauladas con olor a carne fresca, unas mostrando sus colmillos, otras durmiendo y al final de la procesión, elegantes amazonas en zancos, con trajes de bufón antiguos en colores rosas y morados, azules y naranjas, repartiendo entre los niños que se acercaban, manzanas acarameladas que sacaban de una gran canasta de mimbre. Las amazonas en zancos tenían alas de mariposas de gasa, transparentes y coloridas y el rosto pintado u oculto detrás de un antifaz.
La niña las miraba como si fueran un sueño que había tenido alguna vez, etéreas e inalcanzables, y se veían preciosas entre los hombres haciendo malabares, entre los actos de comedia; se veían limpias y lejanas como figuras míticas e irreales que se convertirían en brillo dorado si intentabas tocarlas. Hanabi tuvo el incandescente deseo de llorar, sintiendo su corazón apretado, con la boca un poco abierta, mirándolas moverse llenas de energía, de fuerza y color.
-¡Hoy es la gran noche! – dijo de nuevo el payaso rubio. -¡Lo que este mundo necesita es un poco de magia! ¡Yo soy Namikaze, el Payaso, y vengo a darles la magia! – dijo Naruto elevando las manos al cielo haciendo sonreír a niños y adultos por igual. -¡Bienvenidos a Sakkaku Circus! – grito nuevamente mientras la procesión avanzaba; Hanabi perdiéndose entre el sonido y el color. Los aplausos no esperaron, la alegría tampoco, y cuando la menor de los Hyuuga dio la vuelta para continuar viendo el final del desfile fue saludada por una clown. Una chica payaso, que sonreía mecánicamente, siendo manejada por un hombre con gorro negro y marcas moradas de maquillaje en la cara. La chica tenía cuerdas amarradas en las extremidades y aunque era humana, Hanabi sabía que estaba interpretando a un títere; la clown femenina usaba ropa de ajedrez y maquillaje suave, la nariz violentamente roja y con una sonrisa de títere, con marcas a ambos lados de su boca, le ofrecía a Hanabi una brillante manzana acaramelada.
-Tómala…- dijo Kankuro desde las alturas mientras manejaba a Matsuri para que entregara la manzana a la niña que veía todo con estrellas en los ojos. –Cortesía de Sakkaku Circus – Hanabi miro hacia el titiritero y después a la clown que sonreía de manera más orgánica ahora y tomo entre sus manos la manzana. Matsuri le guiñó el ojo y siguió caminando, metida en su papel de títere. -¡Te vemos en la función! – dijo Kankuro antes de seguir andando en los grandes zancos y desaparecer a la vuelta de la esquina con el resto del circo, dejando a su paso felicidad, asombro y sobre todo, glitter en el piso.
-Y 100, hacen 900 yenes…- dijo la vieja señora Ryuzaki, con sus ojos pequeños como dos aceitunas y los labios secos de los cuales siempre colgaba un cigarrillo largo y aplastado. Era la dueña de la lavandería y del edificio donde las hermanas vivían, así que vivía mejor que ellas, pero no demasiado porque siempre tenía una deuda entre manos. Los viernes era bien sabido que era noche de póker, y la señora Ryuzaki nunca se permitía perder esas visitas a la casa más elegante del centro de Konoha; por lo que la lavandería cerraba alrededor de las 5 de la tarde y en cuanto pagara a Hinata, podía retirarse a comenzar su fin de semana.
900 yenes no era mucho dinero; no cuando se tienen tantas carencias; era apenas el salario mínimo japonés y Hinata estaba casi segura de que sería suficiente para ella si viviera sola; Vivir con Hanabi era más costoso porque significaba el doble de gastos pero Hinata sabía que nunca iba a poder vivir sin ella, ni quería. Hinata tomo su pago y doblo los billetes, posicionándolos en el bolsillo de la camisa junto a su corazón, agradeciendo con una reverencia a su patrona, seca e injusta pero que le permitía comer.
-Te veo mañana por la mañana, Hinata. Intenten no hacer tanto ruido con su música hoy…- dijo la mujer, colgandose una bufanda al cuello y esperando a que la chica abriera la lavandería para cerrarla a su paso. Hinata sabía que los sábados por la mañanera era difícil, tener a la Sra. Ryuzaki ahogada en su resaca y agria de haber perdido una cuantiosa cantidad de dinero o por el contrario, estaría extasiada y ausente la mayoría del dia, dejando todo el trabajo para Hinata y su par de manos. No era que fuese una mala persona, simplemente era avara y un tanto cascarrabias, como todos los ancianos llegan a ser después de un tiempo.
Pero por hoy había terminado la labor y aún era temprano y tras apartar un poco para los víveres y los servicios, podía ver si compraba un poco de harina y azúcar para hacer un pastel en casa de la Sra. Yoshida, que estaba igual o más sola que las hermanas. Por ahora quería quitarse los zapatos y esperar a Hanabi con un poco de sopa recalentada en la cocineta y pan fresco para variar, de nuevo cortesía de la Sra. Yoshida que había tenido un hijo que estudio toda su vida en la escuela médica solo para ser víctima de un asaltante nervioso y primerizo cuando tenía 24 años.
Hinata subió la escalera en caracol expuesta a un lado de la lavandería, saludando a las amas de casas de su misma edad que cuidaban niños en los edificios continuos, con una tímida sonrisa y un movimiento fugaz de dedos. Los niños en sus regazos se veían delgados pero contentos, jugando con lo que parecía ser una manzana muy brillante. La chica fue recibida por la habitación húmeda tras cerrar la puerta a sus espaldas y abrió las ventanas solamente para quitarle un poco de tristeza y dejar que la luz dorada de la tarde que precede la noche entrara por la ventana; quitándose los zapatos encendió la cocineta, espantando un par de moscas de la fruta pronta a vencerse y llenando el pequeño cuarto con aroma a agua fuertemente condimentada con muchas, muchas papas y zanahorias.
Pasaron unos solitarios minutos en los que Hinata no pensó en nada realmente mientras movía la cuchara de madera en el liquido rebosante de especias y vegetales, con poca carne, en círculos de un verde-amarillo pálido que debería saber mejor de lo que lucía y Hanabi Hyuuga entró en la habitación, echando brincos altos de un lado hacia otro, cayendo en sus puntillas aunque usara los zapatos de escuela, con una sonrisa que Hinata extrañaba.
-¿Qué bicho te pico, Hanabi? – dijo Hinata apagando la cocineta y alejándose del fuego, el mandil colgando en sus caderas. -¿T-Tuviste un buen dia en la escuela, me supongo?
-¿La escuela, hermana? – dijo Hanabi quitándose los zapatos y andando por la casa descalza. Fue en este momento, cuando dejo de girar y pudo ser una persona frente a sus ojos, que Hinata noto una manzana brillante con un palo por en medio y caramelo encima. Frunció el ceño ligeramente y recordó a los hijos de sus vecinas. – ¡La escuela es un bodrio! ¡Lo más maravilloso ha pasado de camino aquí!
-¿De dónde s-sacaste esa manzana? – pregunto la mayor confundida, mientras movía la cacerola caliente al centro de la mesa, mientras Hanabi tomaba un par de platos y cucharas y ayudaba a su hermana a poner la mesa. Hinata se quito el mandil y Hanabi puso la manzana en una servilleta junto a la cacerola, mientras Hinata servia el contenido en los platos. -¿Hanabi?
-Llegó el circo a la ciudad, Hinata. Estuvieron desfilando por toda Main Street cuando venia hacia acá y le dieron a un montón de chicos manzanas gratis. – el plato humeante de sopa frente a ella la hizo sonreír mientras tomaba su cuchara y comenzaba a mover su comida para poder meterla a su boca. –Había payasos y malabaristas, y una chica que caminaba con las manos, y traen todo tipo de animales, la primera función es hoy por la noche…
Hinata escuchaba a su hermana mientras sonreía enternecida; habían sido un par de meses difíciles para las Hyuuga y el hecho de que un desfile gratuito pusiera tan feliz a Hanabi y le regresara la ilusión a la mirada; aquella ilusión que las inclemencias habían arrancado de raíz.
-Tambien tengo buenas noticias…- dijo Hinata, tomando un gran bocado de la cuchara mientras Hanabi cortaba el pan de dos mitades y tomaba la pequeña. –Llego un p-poco más de dinero esta vez. P-Podre hacer roles de canela si la Sra. Yoshida nos presta su horno…
Hanabi sintió la sopa bajando por su garganta y sin querer apretó el pan fresco en sus manos, sonriéndole a Hinata de manera un tanto decepcionada. La mayor pudo ver la mirada de Hanabi desvanecerse levemente y aclaro la garganta.
-¿Le quitare las pasas? – dijo Hinata intentando compensar cualquier error que pudo haber cometido. Hanabi soltó una pequeña risa mientras daba vueltas con la cuchara a su plato y mordía su labio inferior.
-Estaba pensando, hermana, que…p-podríamos ir al circo… no es que no me gusten tus roles de canela, de hecho los amo con o sin pasas…- Hinata sonrió. Hanabi le sonrió de vuelta y se sintió más relajada para expresar sus demandas. -¡Y todo lo que haces es trabajar, Hinata! Deberíamos salir de vez en cuando…ya harás roles de canela la próxima semana. Los boletos solo cuestan 210 yenes…
-¿210 yenes? – pregunto Hinata un tanto asombrada y avergonzada de tener que escandalizarse por una cantidad tan razonable como aquella. Seguro, tenían ahorrado y el dinero del gobierno todavía no terminaba pero ¿sería buena idea hacer un gasto tan impulsivo con la economía que tenían? –H-Hanabi…
-Hermana, por favor…- murmuro Hanabi, dejando de comer y tomando la mano de Hinata. –Después de nuestro ensayo, tomemos un baño y vamos al Sakkaku Circus…
¿Cómo se le dice que no a una cara como la de Hanabi Hyuuga?
Había un camper completo para que los artistas se prepararan antes de la función; y el ambiente festivo reinaba unas horas antes del estreno pero se comenzaba a enturbiar mientras las horas iban pasando e iban acercándose; las hostess del circo ya se encontraban en la entrada de la gran carpa roja y naranja; el nombre "Sakkaku Circus" iluminado por grandes focos dorados y parpadeando como las estrellas, y eran los clowns aprendices (casi siempre niños) los que recibían al público con globos y bromas practicas.
-¿Puedes dejar de moverte? No tengo tiempo para re-aplicar esto si lo estropeo…- dijo Ino empacada en su leotardo de despampanantes tonos de color azul y verde; el cabello cepillado de manera que cubría su rostro y a la vez se elevaba por los aires. Sakura la miraba vestida en el mismo atuendo, lagrimeando un poco, sin acostumbrarse todavía a la cantidad de maquillaje que Ino les ponía a los artistas para la escena. Si bien Sakkaku Circus era considerablemente grande y autosuficiente, a los Uchiha le gustaba la idea del circo y sus trabajadores como una familia y si bien podían haber contratado una maquillista y estilista, habían preferido pagar las clases para que Ino pudiera servir de ambas, aumentando un poco su paga. Sus dias eran largos y por las noches estudiaba y practicaba los maquillajes que tendría que replicar al dia siguiente pero la rubia se veía realizada y contenta con su trabajo, aun si con cada función su paciencia era probada por los Dioses.
Había hecho ya el maquillaje de TenTen y de Konan, con grandes líneas azules y verdes alrededor de los ojos y glitter plateado para llamar la atención cuando estuvieran volando por los aires o encima de animales. El maquillaje de los clowns le concernía únicamente a Kankuro y al genio artístico de Deidara, con quien Ino era amigos cercanos; por lo que en cuanto terminara con Sakura podría concentrarse en Temari y finalmente, en ella.
En el mismo camper, Naruto se miraba en el espejo, apenas cabiendo con sus compañeros debido a las props de la primera función, de las caderas hinchadas que usaban como botargas. Los nervios no habían desaparecido a pesar de haber estado en el negocio por décadas y solía hablar consigo mismo para recordarse que creía en el. Sus compañeros, vestidos en similares ropas de él, le relajaban bastante porque si su mente comenzaba a ponerse ansiosa solamente tenía que recordar que estaba con sus mejores amigos y que estaba sin importar que, haciendo lo que más amaba: entretener a una audiencia.
Temari fumaba afuera del camper, ya vestida en su atuendo negro y rojo, con el cabello disparándose a todos lados y la cara fresca, esperando a que su rubia amiga terminara con todas las chicas de adentro. Su historia era tan franca y tan verdadera que rayaba en el cliché americano de todas las personas que se unían al circo; cuando Gaara , su hermano menor, nació fue también el dia en que su madre perdió la vida para regalársela al inocente niño, y el padre viudo que dejo detrás no era precisamente un ejemplo de paternidad. Primero se habían unido al circo de Suna, como simples cocineros y roadies hasta que aprendieron un acto y años después migraron al Sakkaku Circus, cargando con una Matsuri con ellos.
Ahora la rubia bronceada no se imaginaba la vida sin los compañeros que habían creado, y las relaciones que habían formado.
-Sabia que te encontraría aquí…- dijo una voz a sus espaldas que la hizo sonreír antes de voltear y borrar su sonrisa paulatinamente. -¿Ino aun no acaba?
Temari negó con la cabeza. – Me llamara cuando sea mi turno.
El hombre miro su reloj y frunció el ceño. –La función empieza en cuarenta minutos…
-Sabes que Ino puede ser rápida y eficiente cuando quieres, Shikamaru. No tengo que decírtelo. – dijo Temari tirando el cigarrillo y acercándose al contador del circo.
Shikamaru Nara había sido en su tiempo, un titiritero ávido que le había enseñado casi todo lo que sabía a Subaku No Kankuro, haciéndolo uno de los más renombrados artistas en su rama, pero se había alejado de las luces hace un par de meses, concentrándose de lleno en la contaduría del circo, a petición de Itachi. El se encontraba más que listo para regresar a casa en Tokyo, pero sabía perfectamente que no podía dejar a sus amigos atrás ni la vida a la que estaba ya acostumbrado.
Tampoco podía dejar a Temari atrás; aunque a veces todos los problemas con los que se tenía que enfrentar al tener una relación le tentaran a hacerlo. Lo cierto es que desde el dia uno en el que se dio cuenta de sus sentimientos por la rubia, sabía que nunca más podría caminar, comer o siquiera dormir sin pensar en ella.
-¿Tus hermanos están listos? – pregunto Shikamaru, sacando entre su chamarra un cigarrillo nuevo y redondo que Temari fue lo suficientemente amable para encender.
-Kankuro lo está. Primero tiene un set con La casa de la risa y después aquel numero que le enseñaste el verano pasado en Praga.
Shikamaru asintió. – "Des cabignet der Dr. Caligari" – pronuncio Shikamaru en perfecto alemán, recordando el verano entretenido que había pasado con su cuñado enseñándole aquel numero de títeres. -¿Gaara?
-Con las bestias…- dijo Temari encogiéndose de hombros. Aunque nunca estaba muy emocionada de que Gaara, su hermano menor y su primer hijo hipotético presentara un acto con sus bestias, feroces leones bien alimentados y atendidos, sabía que a su hermano le encantaba respirar en el hocico del peligro y nada de lo que dijera podría cambiarlo. –Sabes que ese chico espera hasta el último minuto para aparecer…
-Me agrada.
-Apenas y habla.
-A diferencia de su hermana. – Dijo el Nara sonriéndole a su novia y dando una calada al cigarrillo, encendiendo la cereza en un rojo vivo que se disolvió en la noche. No había mucho silencio a su alrededor, los planos llanos de las montañas de Konoha viéndose azules y morados en la oscuridad de la noche, el circo actuando como un gran faro de luz en medio de todo. Temari sonrió, una de esas sonrisas que escondía en las comisuras de los labios y que guardaba para ocasiones especiales. –Debo irme. Necesito ayudar a Kisame en la taquilla y después verme con Chouji antes de su acto.
-Te veré a la hora de cenar; tal vez pueda dormir en tu camper esta noche.
Shikamaru sonrió.- Eso debe haber sonado muy bien en tu cabeza, Temari, pero yo se que lo haces únicamente porque no quieres compartir con Kankuro y Gaara una noche más.
Inesperadamente, Temari tomo la quijada de Shikamaru y aplasto un beso de labios cerrados y bastante cómico en los labios del chico. –Me conoces demasiado bien, vago. – Dijo Temari antes de re-ingresar en el camper y dejar que Shikamaru se perdiera en camino a la taquilla.
En su propio camper, Itachi flexionaba los músculos del estomago enfrente del espejo ligeramente roto de la esquina superior derecha, usando sus medias negras y los shorts bikers que iban con ellas, las vendas en las manos ansiosas por hacerlo volar por los cielos aquella noche, en compañía de sus amigas y su hermano menor. Se había atado una coleta fuerte en la base de su nuca y se encontraba estirando un par de segundos a solas, antes de tener que tomar su chaqueta y salir a tras bambalinas, para rendir una vez más una gran función de circo a niños y adultos por igual.
-Necesito que me consigas mas bailarinas…- dijo Konan, acomodándose el leotardo gris y apretado al cuerpo, con las faldas volantes de color azul y verde, haciendo sincronía con el resto de las actrices. – Izumi tenía todo un gran número de baile, necesito un par de bailarinas más para enaltecer este circo.
Itachi miró a su amiga y suspiro. -¿No puedes enseñar a una de las chicas? ¿Qué tal Matsuri? Es menuda y aprende rápido.
Konan negó con la cabeza, acomodándose los pasadores en todo el cabello y retocando con rapidez el rubor en su rostro frente al espejo. Miku ronroneaba y dormía en la cama que en ocasiones, Itachi y Konan compartían.
-Contrata temporales. – ofreció Itachi, estirando los músculos de la espalda, ofreciendo una solución a su amiga. – Estoy seguro que Shikamaru puede apretar el presupuesto de Recursos Humanos y traer a dos o tres chicas de alguna aldea cercana.
-¿Temporales, Itachi? – pregunto incrédula la peli-morada. –No voy a pasar dos semanas intensivas enseñando una coreografía a unas novatas se apabullen en un par de dias o peor, se embaracen de algún vago bueno para nada y salgan de este circo tan pronto como entraron.
-¿Todavía no puedes perdonarme aquel incidente en Budapest?
-Nunca te voy a perdonar aquel incidente en Budapest.
Itachi sonrió y rodo los ojos. Konan era una buena amante, una buena amiga y una buena directora teatral pero se tenía que ser un ser extraordinario para tenerla satisfecha en todos estos aspectos. La chica acaricio a Miku, como una madre que se despide de su infante y tomo su chaqueta para transportarse a tras bambalinas, no sin antes pararse justo enfrente de un Itachi con mirada cansada.
-Consígueme un número nuevo, Itachi. – dijo Konan mirándolo a los ojos, sus pechos casi tocándose y los alientos mezclándose de manera personal; pero de nuevo, nada podía ser nunca personal entre Itachi y Konan.
-¿Si? ¿Qué me conseguirás tú a mí? – bromeo el mayor de los Uchiha mientras sonreía. Konan rodo los ojos y lo empujo amistosamente para pasar por la puerta y salir del camper, dejando a un Uchiha pensativo pero relajado.
El patio donde solían ensayar ya comenzaba a pintarse con los colores rosa y anaranjados propios de un bello atardecer que se expandía por los cielos y lograba hacer de esta una sesión todavía más especial. Aunque Hanabi estaba ligeramente distraída por la emoción de una función de circo al anochecer, ella y Hinata lograron calentar con algunos pasos básicos de ballet que sabían a la perfección pero a la hora de ensayar individualmente, la niña había perdido la paciencia.
-¿Pizzicato de nuevo, Hinata? Nos sale hasta dormidas. – dijo la menor mientras se sentaba en el piso gris y liso, sus puntas un tanto viejas pero estables quedando justo frente a ella. Hanabi usaba uno de los viejos leotardos de Hinata, que era color lila y medias blancas que cuidaba con su vida y lavaba a mano una vez por semana. Su cabello se encontraba recogido en una coleta alta y tenia las mejillas ligeramente sonrojadas porque si bien la variación del Pizzicato era un dueto bastante sencillo, seguía siendo extenuante físicamente.
Hinata puso sus manos en las caderas y suspiro, su rostro también rojo de la agitación. Ella usaba también medias blancas y puntas negras que todavía resistirían un par de meses con un solo ensayo por semana; usaba un leotardo negro y un pequeño suéter rosa encima de todo. Ella y Hanabi usaban faldas de gasa.
-¿Q-Que quieres ensayar?
-No lo sé. – confeso la menor. -¿Qué tal "La danza del hada de azúcar"? Puedes enseñármela.
-P-P-Pensé que ese número se te hacia a-aburrido, Hanabi-chan. – Hinata recordaba como Hanabi prefería salir del estudio cada que Hinata ensayaba dicha danza con Ms. Nina; pero al parecer su hermana menor estaba creciendo y exigía nuevos desafíos.
-Obviamente la variación de "Giselle" es más divertida y teatral, pero te ves tan hermosa bailando el Hada de Azúcar que no puedo evitar…querer hacerlo también. – Dijo Hanabi levantándose y caminando hacia su hermana. Hinata le acomodo un par de mechones rebeldes y le sonrió.
-La próxima v-vez, ¿sí? –dijo la mayor de las Hyuuga y suspiro. –A-Ahora debes tomar un baño si queremos llegar a la función…
Hanabi se alejó corriendo y subiendo las escaleras, no pudiendo evitar chillar de emoción por el gran trato de esta noche. Hinata la observó subir y no pudo evitar mirar sus manos que parecían descomponerse. Al menos por esta noche, aquel dolor valdría la pena.
