Los personajes de esta historia no me pertenecen son todos de J.K Rowling. Esta historia está basada de la película "Mira quien habla" o "Look who's talking" en inglés, pero adaptada a los personajes y con partes de mi imaginación.
Tras mucho tiempo lejos de este fandom, he vuelto con energía renovada. Tras varios acontecimientos de mi vida me aleje un poco del mundo Harry Potter pero no se abandona lo que uno ama con todo su corazón y he vuelto con energía renovada.
Sé que tengo una historia pendiente "Cuatro divorcios" y no está abandonada, estoy en un bloqueo con esa historia, no sé bien como seguirla y llevo años escribiendo y reescribiendo, pero creo que poco a poco empiezo a hilar ideas y quizás pronto vuelva a la vida.
Pido perdón si se me escapa alguna falta de ortografía y agradecería de corazón que me dejarais algún review, tanto bueno como malo cualquier crítica es buena y ayuda a los escritores a seguir mejorando.
Sin más, a leer.
Juego de niños
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Capítulo uno: Las vueltas que da la vida.
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Hermione Granger 28 años, abogada y embarazada por sorpresa de su jefe y prospecto de pareja. Así podría empezar su biografía.
— Vamos, no me jodas, no puede ser verdad...
Sentada en el lavamanos del buffet de abogados donde trabajaba, su mejor amiga Ginny Weasley la miraba con entre divertida y preocupada.
— Pues a la vista está que es verdad — dijo señalando con la cabeza la prueba de embarazo que Hermione tenía entre sus manos — ¿Qué vas a hacer?
Hermione suspiró con pesar — No lo sé...
— ¿Vas a tenerlo?
Hermione pensó un momento las posibilidades que tenía. Su relación con su jefe era un absoluto secreto así que no podía llegar y decirle — Hola Cormac no sé si lo sabes pero resulta que estoy embarazada y tú eres el padre — totalmente imposible.
Pero por otro lado no quería deshacerse del bebé. Ella estaba a favor de la libertad de la mujer y de que cada una decidiera que hacer con su cuerpo pero el aborto no estaba cien por cien seguro en su mente, ella era una mujer independiente con un piso y un trabajo estable, podía mantener sin problema a un bebé, un bebé creado con amor a fin de cuentas...
— Yo creo que deberías decírselo — hablo Ginny levantándose y acercándose a su amiga — Cormac es un capullo pero tiene que saber que va a ser padre.
— Opino igual — dijo Hermione en un susurro — si voy a quedarme al bebé debo decírselo.
Ginny la miro curiosa — ¿entonces vas a tenerlo? — Tras un leve asentimiento su amiga le palmeó la espalda dándole ánimo — seguro que se alegra.
— No lo sé, quiero pensar que si pero...
— Hermione, lleváis enrollados un año, Mclaggen es un tío hecho y derecho de treinta y cinco años, seguro que se hace cargo de él y de ti — dijo Ginny con cariño — ya es hora de que formalicéis lo vuestro.
— No sé si estemos preparados Ginny.
La pelirroja rodó los ojos con aburrimiento — ¡Por dios, que no habéis matado a nadie, solo folláis!
— Pero es mi jefe...
— No serás la primera ni la última tía que se lía con su jefe, por Dios mírame a mí y Harry, él trabajaba para mí y ahora es mi marido. Y Ron...
— Si, si vale lo pillo, lo pillo... pero aun así estoy nerviosa.
— Es natural — dijo encogiéndose de hombros — no todos los días le dices a un hombre que va ser padre, pero tú eres Hermione Granger, has ganado juicios que nadie pensó que ganarías, eres la mujer más valiente e inteligente que conozco, puedes con eso y más.
Hermione soltó una risita nerviosa — tienes razón — cogiendo aire con fuerza guardo el test de embarazo en su bolso y se miró en el espejo una última vez antes de ir a buscar a su pareja — deséame suerte.
— ¡Suerte! — grito Ginny viendo a su amiga salir del baño — Aunque no sé si es lo mejor...
Por el pasillo del buffet Hermione se dio ánimos una y otra vez preparando en su cabeza como le iba a decir a Cormac que estaba embarazada.
Estaba nerviosa, muy nerviosa, ya que su jefe y pareja en secreto nunca le había dicho lo que sentía por ella aunque tenía la leve esperanza de que estuviera enamorado de ella, es decir... llevaban un año juntos, un año era mucho tiempo, el suficiente para enamorarte de alguien ¿no? Es decir, ella le tenía cariño, le quería... ¿estaba enamorada? Supuso que si porque si no, no querría tener el hijo que creó con Cormac, eso debía significar algo...¿no?
Cuando llegó a la puerta de su jefe respiró varias veces y por última vez se dio ánimos. Tomó con fuerza la perilla y abrió la puerta sin picar.
— Cormac tenemos que hablar de...
Sus palabras se quedaron atascadas en la garganta. Frente a sus ojos Cormac estaba enredado en un lio de bocas, manos y piernas con su secretaria Marietta Edgecombe. Ambos miraban asombrados hacia la castaña quien se había quedado completamente paralizada.
— Hermione... yo...
— No, déjalo — dijo con furia fulminándoles con la mirada — prefiero no saber nada.
Salió de allí dando un portazo y caminó rápidamente hacia su despacho. Tenía que irse de allí. Le faltaba el aire y sentía ganas de llorar.
Cuando entró en su despacho azoto el bolso con rabia en un sofá y se apoyó en su mesa intentando calmarse. La imagen de Cormac con la estúpida de Marietta le había afectado muchísimo ¿cómo no le iba a afectar? Es decir, el hombre con el que tenía una relación y padre de su primer hijo estaba enrollándose con otra en su despacho, ¡con su secretaria! Le había traicionado y no se lo perdonaría jamás.
— ¡Hermione! — Su puerta se abrió de par en par y por ella entró Mclaggen — tienes que escucharme.
— ¡Sal de aquí! ¡Fuera!
Cormac rodó los ojos con aburrimiento — De verdad esto es innecesario, lo que has visto fue una tontería.
— ¿Una tontería? ¡Cormac estabas prácticamente tirándotela! Es más, estoy segura de que si no hubiera llegado lo estarías haciendo ahora mismo.
El hombre frente a ella puso un gesto de aburrimiento en su cara y tuvo ganas de borrárselo de un golpe. Desde que le conoció Cormac le pareció un hombre arrogante y prepotente, un hombre que se enfadaba con facilidad y que no tenía escrúpulos en cuanto al trabajo se refería, pero no podía negar que era terriblemente guapo, alto y atlético, rubio y con unos bonitos ojos verdes. Pensándolo fríamente, su atractivo era lo único que le gustaba de él... ¡pero eso no quitaba que estuviera herida en su orgullo!
— Mira preciosa, sé que lo que viste... bueno no voy a negar lo que estaba haciendo porque es una idiotez pero no deberías tomarlo tan así, es decir... nosotros no... Somos... nada.
— ¡¿que?! ¿Cómo que no somos nada? ¡Llevamos juntos un año!
Cormac se encogió de hombros — Nunca lo hicimos oficial — Hermione abrió la boca dispuesta a decirle unas cuantas barbaridades pero Cormac y su estúpida voz pomposa la volvió a interrumpir — mira, puede que sea culpa mía por no decirte las cosas claras, tú y yo tenemos sexo casual, muy bueno por supuesto, me caes muy bien y eres una gran abogada pero... ¿Mi pareja? No querida.
— Eres... ¡eres un cerdo y un cabrón! — grito Hermione fuera de si arrojándole una figura que tenía sobre su mesa — ¡asqueroso! ¡Cara dura! ¡Sinvergüenza!
— ¡Hermione por dios! ¡Tranquilízate! — decía Cormac intentando esquivar cada objeto que le lanzaba Hermione.
— ¿¡Que me tranquilice!? ¡Llevó un maldito año pensando que tenía una relación contigo! ¡Un maldito año en el que pensaba que sentías algo por mí y que sería cuestión de tiempo que formalizáramos nuestra relación! ¡Un año tirado a la basura para nada! — Gritó lanzándole esta vez el teléfono — ¡Y ahora me entero de que todo era una farsa! ¡El mismo día que me entero de que vamos a tener un hijo!
Tras esquivar el bolso de Hermione, Cormac se quedó quieto en el sitio con los ojos abiertos de par en par y la boca en forma de o. Hermione respiraba agitada, esperando que Mclaggen dijera o hiciera algo. Tras dejar salir su rabia ahora sólo quería saber que haría él y seguir adelante con su vida. Esperó que aquel pomposo le dijera que no se casaría con ella pero que se haría cargo, que era su deber y su honor y bla, bla, bla... toda esa mierda que decía la gente rica y mimada como él.
Pero lo que paso no se lo esperaba para nada.
— ¿Estas embarazada? — preguntó Cormac casi sin voz.
— Si, me enteré hoy.
Cormac comenzó a dar vueltas sobre sí mismo revolviéndose el pelo con nerviosismo — ¿Quién más lo sabe?
— Solo yo — mintió descaradamente — creí que deberías saberlo.
Siguió dando vueltas murmurando cosas sin sentido hasta que se paró en seco y la miro con tensión — ¿Y qué vas a hacer con eso?
— ¿Disculpa?
— ¿No estarás pensando en tenerlo?
Hermione le miro ofendida — ¡Por supuesto que sí! Es mi hijo.
— Pus no cuentes conmigo, yo no quiero saber nada de... eso...
— ¡Eso es tu hijo!
— Eso es lo que dices — expresó con cinismo — a saber si es verdad.
— ¿Qué estas insinuando? — preguntó con tensión aguantándose las ganas de romperle la cara.
— No insinuó nada, estoy aclarando las cosas — se cuadró frente a la mujer y con la voz que ponía en los juzgados le hablo como si se tratara de un criminal que estaba siendo juzgado — los malos entendidos ya nos han dado problemas antes, quiero que esta vez quede todo claro.
A pesar de que le sacaba dos cabezas, Hermione no se dejó intimidar. Sus ojos marrones se clavaron en los verdes con rabia y cuadro sus hombros para dejarle bien claro que no podría amilanarla.
— Hermione, yo no me haré cargo de tu hijo, no pienso reconocerlo y no quiero saber nada más de ti.
— ¿Me estas dejando?
— Es lo mejor — hablo con falso pesar — creo que lo mejor será que recojas tus cosas y te vayas, pronto te llegará un talón donde...
— ¡No quiero nada tuyo! — Gritó con rabia empujándole con fuerza — No me echas tú, ¡me largo yo!
Comenzó a recoger sus cosas y a meterlas en su bolso con rabia mientras Cormac se refregaba la cara con hastío — Hermione de verdad me estás dando dolor de cabeza.
— ¿yo te doy dolor de cabeza? — Preguntó incrédula encontrándose el rostro aburrido de Cormac — vete a la mierda Mclaggen, no quiero verte nunca más.
Caminó directa hacia la salida pero antes de salir por la puerta freno en seco y decidió hacer algo que tenía muchas ganas de hacer. Se giró para mirar a Cormac y acercándose a paso decidido le cruzó la cara de una bofetada haciendo que el bonito rostro de Cormac se torciera.
— Dimito — dijo mirándole a los ojos para salir por la puerta del despacho y salir definitivamente de la vida de Mclaggen. Solo quería llegar a casa y no pensar mas en el.
— Ese cerdo hijo de puta — murmuró Ginny dando echándole de forma brusca azúcar a su té.
Hermione suspiró de forma cansada mientras servía más té a sus otros mejores amigos: Harry y Ron la pareja y hermano de Ginny respectivamente. Se conocían desde adolescentes y habían creado un gran vínculo entre los cuatro, casi una hermandad.
Hermione sabía que podía contarles todo y que ellos jamás la juzgarían pero también sabía el temperamento que tenía la pequeña Weasley y que tendría que frenarle los pies para que no mandara a Mclaggen a volar de una patada.
— Relájate Ginny — intentó tranquilizarla su novio — así solo pondrás más nerviosa a Hermione.
Ron quien masticaba con furia una pasta negó enérgicamente — No Harry, mi hermana tiene razón debemos denunciar a ese cerdo y arruinarle.
— Ni hablar — se negó la castaña — no quiero nada de ese hombre, solo que desaparezca de mi vida.
— No va a desaparecer Herms, vas a tener un bebe con el — el mal humor que tenía encima Ginny era palpable y completamente normal pues después de su discusión con Cormac se había tirado a sus brazos llorando como una magdalena. Ahora que lo pensaba fríamente se había sentido patética al llorar por un hombre así, pero tampoco era de piedra…
— Lo sé, pero le mantendré yo sola.
— Pues dime como, ese cabrón te ha despedido.
— Eso no es del todo correcto — dijo Hermione rascándose la rizosa melena de forma despreocupada — en realidad renuncié yo.
— ¡Tres narices me importa! Hermione, tienes que hacer algo y rápido.
Hermione bajó la cabeza pensativa y sin poder evitarlo los ojos se clavaron en su aun plano vientre. Pensar que ahí dentro había un pequeño ser le calentaba el corazón. No necesitaba nada de Mclaggen, nada. Ella sola sacaría adelante a su pequeño.
— No quiero deberle nada yo sola podré hacerme cargo, buscaré un trabajo y dejaré este piso, puedo alquilar algo más pequeño y barato — dijo mirando su enorme pent-house en pleno centro de Londres — no necesito tanto espacio.
Ginny abrió la boca para protestar pero Harry le dio una rápida mirada para que la cerrara. De los tres Harry era el más conciliador por eso hacía tan buena pareja con la temperamental Ginevra.
— En cuanto a la casa no tienes problema — dijo Harry — desde que vivo con Ginny mi casa en Godrics Hollow está vacía. No es muy grande pero tiene dos habitaciones y está cerca del centro y del hospital.
— Harry no es necesario yo…
El moreno alzó la mano frenando el discurso de su amiga — No, eres mi mejor amiga no puedo permitir que andes pagando un alquiler a saber quién cara dura. Conmigo sabes que no tendrás problema.
— No me parece correcto — la idea era buena, muy buena en verdad. Conocía bien la zona ya que había visitado a su amigo en su antigua casa varias veces. Era un vecindario tranquilo cerca del metro y autobús por lo que llegar al centro como su amigo decía no era difícil. La casita contaba con lo básico, dos habitaciones, cocina, baño y una pequeña sala de estar… para ella más que suficiente pero… no era correcto — al menos déjame pagarte un alquiler.
— ¿De qué hablas? — Se quejó Ginny — Hermione que clase de amigos somos si te cobramos un alquiler ¿estás loca?
— Pero no podéis pretender que viva en la casa de Harry gratis, sois mis amigos pero tampoco quiero abusar, puedo pagarle un alquiler.
— No es necesario, estoy seguro que tu harías lo mismo por mi ¿o no?
— Por supuesto que sí pero…
— No hay pero que valga — le cortó Ginny — dejaras este piso que además de ser carísimo es feo con rabia y moverás tu culo hasta Godrics Hollow ¿entendido?
Hermione negó levemente sin poder evitar sonreír. Sus amigos eran intensos pero también eran las mejores personas del universo. Si lo necesitaba se arrancarían un brazo para ayudarla, tenía mucha suerte.
— Mirad, normalmente un alquiler en esa zona serían unas… ¿Qué? ¿450, 500 libras? — Harry se encogió de hombros sin saber muy bien que decir. Harry era huérfano y sus padres le dejaron la casa al morir así que no tenía que pagar nada — me informaré bien pero creo que ese es el precio medio.
— ¿A dónde quieres llegar? — preguntó Ginny.
— Mirad, vosotros no queréis que os pague un alquiler y yo no estaré tranquila viviendo de gratis así que podemos hacer una cosa, si el alquiler son 500 libras al mes, yo os doy 250 así estamos mitad y mitad, vosotros no sentís que me estáis estafando y yo no siento que me aprovecho de vosotros.
La pareja Potter-Weasley se miraron entre ellos con las cejas alzadas. Hermione sabía que tarde o temprano les convencería y que ese era un trato más que justo, no por nada era abogada sabía conseguir lo que se proponía.
— Aceptad de una vez — dijo Ron que no había dejado ni una pasta — sabéis como es Hermione de cabezota, si no aceptáis se largara a otro sitio en el que le cobraran un alquiler que será prácticamente un robo y sabéis que es más que justo.
Hermione sonrió a su amigo pelirrojo agradeciéndole la ayuda indirecta. Tras un breve silencio Harry suspiró y asintió — está bien, 250 libras, ni una más.
— Y ni una menos — contestó Hermione estirando su mano hacia su amigo quien con una sonrisa se la estrechó.
— Y nada de contratos que te conozco Hermione Granger — dijo Ginny apuntándola con el dedo acusador — ambas sabemos que puedes meter una cláusula de esas tuyas donde pones que en no sé cuánto tiempo subes tu alquiler o algo así, los amigos no necesitan contratos.
— Lo prometo — dijo con inocencia — ahora solo queda buscar trabajo aunque eso posiblemente me cueste un poco más, en cuanto sepan que estoy embarazada…
— Por eso ni te preocupes — dijo Ron abriendo las puertas de los armarios de Hermione buscando algo más que llevarse a la boca con toda la confianza que su amistad le otorgaba — Angelina, la novia de mi hermano busca ayudante en su librería.
— ¿De verdad? — preguntó Hermione con ilusión. A pesar de amar su trabajo como abogada desde que era niña el sueño de Hermione había sido trabajar en una librería o biblioteca. El olor a libros, las enormes cajas con pedidos de tomos nuevos… era un sueño para ella.
Ron asintió tomando una bolsa de cereales para comérselos directamente con la mano — la paga es buena, el horario tampoco está mal, siempre y cuando no te importe no ejercer tu profesión durante un tiempo puedo hablar con ella.
— No me importa para nada, siempre quise trabajar en una librería — dijo con ilusión — aunque… él bebe…
— Por eso ni te preocupes, yo hablaré con ella y asunto arreglado.
— No es necesario, yo puedo ir y explicarle la situación.
Ron se encogió de hombros — como prefieras pero ya te digo que él bebe no será problema.
— Pues asunto arreglado entonces — dijo con alegría Harry tomando su taza de té — brindo por esta nueva etapa en la vida de Herms, porque me des un sobrino guapo y sano…
— Y que a Mclaggen le entre una venérea y se le caiga la polla a trozos — terminó la frase Ginny haciendo reír a su hermano quien secundó la moción. Harry rodó los ojos pero no pudo evitar reírse también.
Hermione negó con la cabeza pero estaba muy feliz de tenerlos a su lado. Cuando se enteró de lo de Cormac sintió miedo y rabia, temía quedarse sola en el mundo pero entonces recordó a sus amigos y supo que jamás estaría sola.
Harry, Ron y Ginny estaban siempre ahí para ella y tras dejarle claro que siempre estarían a su lado Hermione se sintió más tranquila. Gracias a esa charla con ellos tomo el valor de dar un cambio a su vida y decidir tirar para adelante como siempre hizo.
La llegada de su bebe era una nueva etapa de su vida y Hermione se prometió que a su pequeño no le iba a faltar de nada. Trabajaría como una esclava si hacía falta pero su bebe sería un niño sano y feliz, con una madre que le querría toda la vida y unos tíos que le cuidarían como hacían con ella.
A pesar de que al principio sintió miedo ahora no lo tenía. No necesitaba a Cormac, no necesitaba a nadie más que a ella misma y sus amigos. No necesitaba más.
Después de mudarse a la casa de Harry y empezar a trabajar en la librería de Angelina la vida de Hermione se volvió más calmada. El mayor miedo de la castaña fue que su jefa tuviera algún inconveniente al saber que estaba embarazada, pero al contrario, la mujer era muy buena y siempre le estaba regalando libros infantiles y haciéndola prometer de que cuando diera a luz lo llevaría a la librería y le dejaría cuidarlo mientras ella trabajaba.
Sus amigos la visitaban siempre que podían y la acompañaban de vez en cuando a las revisiones, no podía quejarse pues su embarazo había sido tranquilo, sin muchas nauseas o antojos por lo que entre el trabajo, las revisiones y las visitas de sus amigos apenas se dio cuenta de que ya estaba de nueve meses y que pronto el pequeño saldría al mundo.
Tenía muchas ganas de conocerle, desde que supo que sería un niño Hermione estuvo dándole vueltas al tema del nombre e incluso lo consulto a sus amigos recibiendo varios nombres de lo más variopintos: que si James como el padre de Harry, Bilius por el segundo nombre de Ron (que según el seria su tío favorito), Forge (una extraña broma de los siempre alegres gemelos Weasley), Thomas, Dean… ninguno lograba enamorarla, el que más le había gustado era Hugo, pero tampoco era un nombre que le gustara en demasía.
Tampoco es que le diera muchas vueltas al asunto, según Molly la madre de Ron y Ginny lo que debía hacer era esperar a tenerle en brazos y mirarle a la cara, en ese momento sabría qué nombre ponerle, por ahora estaba muy entretenida mirando ropita para su bebe en una tienda del centro, lo del nombre podría esperar.
— Esperemos que sea verdad eso de que al verte la cara sabré que nombre ponerte porque si no tendremos un problema bebe — dijo acariciando la enorme barriga notando de repente una extraña sensación en su bajo vientre — que raro…
Sin tomar en cuenta aquello siguió mirando los trajes que había en la tienda aunque cada vez se sentía más incómoda. Era una sensación extraña, como una presión que no había sentido nunca — ay no, por favor hijo no me hagas esto.
Camino hasta la salida de la tienda sintiendo cada vez una presión mayor y justo cuando estaba saliendo por la puerta sintió como algo se escurría por sus piernas. Horrorizada vio como acababa de romper aguas y entonces el dolor más terrible del mundo la golpeó.
— No, no, no — buscó con nerviosismo en su bolso su móvil para llamas a sus amigos pero entonces recordó que sería inútil, todos, absolutamente TODOS, estaban fuera de la ciudad — tenías que salir hoy, en este momento — gimió dolorida ante una nueva contracción.
Comenzó a ponerse nerviosa, intentó respirar para calmarse pero cada contracción la hacían doblarse cada vez más. Decidió que lo mejor era tomar un taxi e ir al hospital. Camino varios pasos hasta que diviso un coche negro con la puerta abierta. Con rapidez y doblada por el dolor entro en el coche y cerró la puerta con fuerza.
El conductor le miró asombrado por el retrovisor — ¡Al hospital más cercano! — El conductor no reaccionó, parecía nervioso — ¡vamos! ¿¡No ve que estoy de parto!?
— ¿Y usted no ve que esto no es un taxi? — preguntó una voz a su izquierda. AL girarse vio con sorpresa como un hombre pálido, y de ojos increíblemente claros la miraban como si fuera una loca. Hermione contuvo la respiración al ver semejante hombre frente a ella. No parecía real.
— Perdón, perdón me equivoque pero — una contracción más fuerte de lo normal la hizo gritar de dolor y echar un sollozo — mierda.
El hombre a su lado comenzó a ponerse igual de nervioso — ¿estás de parto? — la chica asintió entre sollozos — ¡joder! — Mirando a su chofer le hizo señas con la mano para que arrancara — ¡vamos arranca de una vez!
— Lo siento — murmuraba entre gemidos de dolor y sollozos la castaña — pensé que era un taxi.
— Em… tranquila no hay problema, la llevaré al hospital.
Hermione sonrió agradecida pero de repente una contracción la hizo sacudirse y gritar. Notaba como el sudor recorría su cuello y su frente y como las lágrimas se escapaban de sus ojos. Miró al hombre a su lado y se fijó en que su cabello era terriblemente rubio, casi blanco.
— ¿Es albino?
— ¿que? — preguntó el hombre mirándola sorprendido — ¿a qué viene eso?
— No lo sé — sollozó Hermione dejando salir en su voz ahogada el dolor que sentía — ya no se ni lo que digo.
Otro desgarrador grito salió de la garganta de la castaña y el hombre miró a su chofer con temor — ¿falta mucho?
— No señor, pero hay mucho tráfico.
— Mierda — murmuró mirando a la mujer que se agarraba la barriga con gesto de dolor.
— Háblame — murmuró mirándole.
El hombre alzó una ceja sin entender — ¿qué te hable?
— Por favor, por favor — lloraba la chica intentando respirar hondo — necesito que me distraigas para no morir de dolor — la frase se terminó con otro grito y con el cuerpo de la chica doblándose hacia adelante para luego dejarse caer de nuevo.
El hombre miró a todos los lados sin saber muy bien que buscaba. No sabía cómo narices se había metido en ese berenjenal.
— emm ¿y qué quieres que te diga?
— Lo que sea, lo que sea ¡pero por dios! — Grito mientras le agarraba con rabia del cuello de la camisa — ¡distráeme como sea!
Los ojos de Hermione eran como llamas del infierno. Su rostro rojo y sudado cuyo gesto reflejaba dolor y rabia consiguiendo asustar al pobre hombre que tenía a su lado.
— Vale, vale pero suéltame por dios — dijo con gesto histérico. No solo ella estaba nerviosa, verla en ese estado y que no llegaban al hospital estaba crispando los nervios del pobre chico.
Observó como la chica apretaba los dientes reprimiendo el dolor que sentía y se sintió mal por ella, bendecido de ser un hombre para no tener que soportar el que parecía el dolor más horroroso del mundo.
Y lo que menos entendía es como después de pasar por ese dolor las mujeres decidían tener un montón de críos... quien las entendía.
— Em... y tú... — no sabía qué coño decirle ¿qué se le decía a una desconocía que se había metido en su coche de parto? — ¿es tu primer hijo?
— ¿que? — le miro compungida.
— que si es tu primer hijo.
Hermione asintió varias veces apretando los dientes — y el último.
— Entendible — murmuró nervioso viéndola sollozar — ¿y es niño, niña... los dos?
— Es un niño — dijo entre hipidos la chilla mientras agarraba de nuevo el brazo del hombre y lo apretaba con fuerza — Hugo...
— Que nombre más feo — tras la mirada de furia de la chica él sonrió nervioso — es decir yo no tengo hijos pero jamás le pondría Hugo.
Hermione respiró profundamente para mitigar el dolor — ¿y cómo le llamarías? — otra enorme punzada en su bajo vientre la hizo gritar.
El hombre miró una vez más al conductor quien se disculpó con la mirada — hay retenciones señor pero en cinco minutos estaremos, ya verás.
— No, no aguantó cinco minutos — sollozó Hermione negando — sacármelo por dios, sacadme esta cosa — gimió con dolor dejando caer las lágrimas libremente.
— Ya casi llegamos — dijo intentando animarla sintiendo un horrible dolor en el antebrazo por los apretones de la chica — pareces una chica fuerte puedes aguantar ¿a qué si?
Hermione le miro a los ojos sintiendo una extraña calidez en el pecho al ver como en aquellos ojos grises había miedo y preocupación por ella, a pesar de no conocerla de nada.
— Si — murmuró respirando hondamente — sigue hablándome por favor.
— Buena chica — Hermione grito de nuevo — y respondiendo a tu pregunta yo le pondría Scorpius.
— ¿Scorpius? ¿Y dices que Hugo es feo? Eres muy raro además de albino.
— No soy albino — se quejó el hombre sacando un pañuelo del bolsillo y limpiando el sudor que caía por la frente de la chica — en mi familia somos muy rubios.
— Tienes los ojos bonitos — murmuró Hermione entre sollozos.
El hombre sonrió con petulancia — lo sé — desvió la vista hacia la carretera y vio cómo su chofer tomaba el desvío al hospital — ya estamos llegando, creo que debería llamar al padre del bebé para que sepa que estás ahí.
Hermione negó rápidamente — no.
— ¿no? ¿Cómo qué no? — Preguntó extrañado — ¿y qué vas a hacer? ¿Llegar a casa con el bajo el brazo y decir ¡sorpresa!?
— No hay padre — murmuró Hermione con rabia — así que no hay que avisar a nadie.
El hombre la miró sorprendido. Una vez más esa extraña chica que se había colado en su coche le dejaba sin palabras. Vio como el rostro se encogía en una extraña mueca que más que enfado parecía tristeza.
— entiendo...
— Ya estamos llegando señor — hablo el chofer entrando en el parking del hospital. Cuando paro el coche el chofer bajo y le abrió la puerta a la embarazada.
El hombre rubio salió también y la ayudó a llegar hasta el interior del hospital — ¡necesito ayuda! ¡Está mujer está de parto!
Varias enfermeras se acercaron a ella y la sentaron en la silla de ruedas y la revisaban rápidamente comprobando que estuviera bien. Una enfermera le pidió que rellenara unos papeles pero el hombre no sabía ningún dato de la mujer.
— ¿es que no sabe los datos de su mujer?
— ¡No es mi mujer! — Gritó haciendo que la enfermera botara — la encontré en la calle y la traje.
— oh un buen san Maritano, no hay problema — le arrebató los papeles al hombre y se giró hacia la mujer — habitación 206.
Las enfermeras asintieron y empujaron la silla de Hermione al notar que la silla de ruedas se movía y que iba a entrar dentro de una sala privada se giró para mirar a aquel desconocido que la había ayudado.
— ¡oye! ¿Cómo te llamas?
El hombre la miró con un poco de miedo al ver como se giraba en la silla con las piernas abiertas por la enorme barriga, la cara perlada en sudor y el pelo rizado alborotado formando una salvaje maraña parecida a un nido de pájaros.
— Draco, Draco Malfoy — dijo cohibido.
Hermione le regalo una sonrisa, la primera sonrisa sincera que daba desde hacía mucho tiempo — Gracias Draco Malfoy. Te lo agradeceré toda la vida.
Tras esto fue empujada hasta pasar por unas enormes puertas que se cerraron tras de sí. Draco alzó una mano despidiéndose de ella aunque se sintió un idiota al darse cuenta de que la chica no pudo ver aquel gesto.
Miró al suelo y se rascó la nuca con nerviosismo. Salió del hospital a paso ligero pensando en la extraña chica que se había colado en su coche y el mal rato que le hizo pasar.
Aun así no pudo evitar sonreír. Llevaba un día largo y aburrido y esa parturienta llorosa y gritona le había hecho vivir la experiencia más traumática y divertida de su vida.
Al menos tendría una anécdota divertida para contar en casa. Antes de entrar al coche donde su chofer le esperaba pacientemente se giró para mirar al hospital.
— ni siquiera sé cómo te llamas, pero espero que tengas suerte.
Tras soltar una risita juguetona negó con la cabeza y entró en el coche.
Horas después, tras un horroroso dolor, muchas lágrimas y gritos después Hermione se encontraba en la habitación del hospital mirando a su hijo embelesada.
El pequeño bebé era regordete y pálido aunque sus mejillas estaban sonrosadas. Tenía un ligero pelo rubio y parecía que iba a ser rizoso igual que ella.
El pequeño estaba durmiendo profundamente rodeado por una mantita blanca en los brazos de su madre quien no podía evitar acariciar la mano del bebé con ternura.
No podía dejar de contemplarlo, era el ser más precioso y perfecto del mundo. Su pequeño.
Sonrió al ver como arrugaba su nariz y tomó su móvil para hacerle una foto. Desde que se lo habían entregado no había parado de hacerle fotos y enviárselas a sus amigos quienes se habían vuelto locos al saber que Hermione acababa de parir sola.
Ginny se volvió loca y prometió volver cuanto antes para acompañarla al igual que Ron. Les envío las fotos y todos coincidieron en una cosa y es que el pequeño era precioso y que para su suerte no se parecía a Cormac en nada. Solo en el pelo.
Dejo el móvil y suspiro para mirar de nuevo la cara de su bebé. No le había puesto nombre aún a pesar de la insistencia de las enfermeras porque aún no había visto bien la cara de su bebé.
Tras examinarlo y bañarlo se lo habían entregado completamente dormido y así llevaba un par de horas. Hermione esperaba impaciente que su bebé abriera los ojos para ponerle nombre y estar cien por cien segura de que fuera un nombre acorde a su carita y personalidad.
No tuvo que esperar mucho.
Poniendo un puchero y refregando sus ojitos con los pequeños puños el bebé dio un vistazo y abrió sus ojos dejando a Hermione sin aliento.
El pequeño tenía los ojos claros, muy claros una mezcla de verde y azul posiblemente herencia de la familia Mclaggen pues hasta donde sabía en la familia de su ex pareja todos tenían ojos claros. Es más, si se fijaba eran más azules que verdes, unos ojos claros, grandes y preciosos.
Sonrió al ver como el bebé la miraba fijamente — Hola bebé, hola cariño soy tu mamá — el pequeño abrió la boca y gorgoteo como si le estuviera saludando.
Hermione sintió los ojos llenársele de lágrimas de emoción. Definitivamente su pequeño no tenía cara de Hugo. Nada en él decía Hugo Granger. No le gustaba, no quedaba bien.
De repente otro par de ojos claros llegó a su mente. Aquel hombre, el que la había ayudado amablemente... Draco... había dicho un nombre de bebé que antes le aprecia horroroso pero que mirando ahora al pequeño en sus brazos no estaba ni tan mal.
— Scorpius... Scorpius Granger... — el pequeño bebé la miró expectante — ¿te gusta cielo? ¿Te gusta Scorpius?
El pequeño dio otro gorgojo y Hermione besó su frente — creo que te encanta y a mí también.
Sonrió con fuerza cuando el bebé frunció su ceño y soltó un ligero sollozó. Alguien tenía hambre. Se sintió emocionada al dar el pecho por primera vez a su hijo, notando como ese vínculo que tenían se hacía cada vez mayor.
Estaba embelesada.
— Buenos días madre — dijo una enfermera regordeta — ¡oh! Así que alguien se despertó con hambre.
— Si, parece que tiene apetito — dijo algo incomoda mirando como su hijo comía con gana.
La enfermera sonrió — eso es bueno — tomo una carpeta y comenzó a apuntar a saber quién que — la incomodidad pasará pronto pequeña pero no he venido solo a ver qué tal estabas — Hermione la miró sin comprender y la mujer se acercó a ella con un papel y un boli en la mano — ¿has decidido ya cómo se llama?
— Creo que si — murmuró mirándole de nuevo, no podía parar de hacerlo. Los ojitos de su hijo la miraban fijamente mientras seguía alimentándose. Acaricio el ligero pelo rubio con cuidado sin saber qué hacer.
Le encantaba el nombre de Scorpius, creía que era perfecto para su hijo, original y bonito, pero era el nombre que aquel hombre tenía pensado para su futuro hijo ¿le parecería bien que copiara el nombre de su futuro hijo? Por la peculiaridad del nombre Hermione sabía que aquel hombre, Draco, había buscado algo que fuera diferente al resto de los mortales, a lo mejor no le hacía gracia que ella usara ese nombre en su bebé.
— No vas a volver a verle — se dijo a sí misma.
La enfermera carraspeó ligeramente — ¿y bien?
Hermione miró una vez más los ojitos de su bebé y lo supo. Supo cuál era su nombre, el nombre perfecto para él, no había duda.
Alzó los ojos y con una gran sonrisa dijo — Scorpius. Scorpius Granger.
La enfermera puso gesto de asombro pero no dijo nada. Apuntó el nombre y salió de la sala dejándola a solas con su bebé de nuevo.
Hermione notó que su pecho ya no tenía la presión de antes y descubrió asombrada que Scorpius se había dormido con su pecho en la boca.
— Fascinante — murmuró con ojos brillantes.
Con cuidado se descomido la bata y acurruco a su bebé en sus brazos. Este era el inicio de su nueva vida, su vida y la de su hijo.
Y la iba a disfrutar.
