Los personajes de esta historia no me pertenecen son todos de J.K Rowling. Esta historia está basada de la película "Mira quien habla" o "Look who's talking" en inglés, pero adaptada a los personajes y con partes de mi imaginación.

Tras mucho tiempo lejos de este fandom, he vuelto con energía renovada. Tras varios acontecimientos de mi vida me aleje un poco del mundo Harry Potter pero no se abandona lo que uno ama con todo su corazón y he vuelto con energía renovada.

Sé que tengo una historia pendiente "Cuatro divorcios" y no está abandonada, estoy en un bloqueo con esa historia, no sé bien como seguirla y llevo años escribiendo y reescribiendo, pero creo que poco a poco empiezo a hilar ideas y quizás pronto vuelva a la vida.

Pido perdón si se me escapa alguna falta de ortografía y agradecería de corazón que me dejarais algún review, tanto bueno como malo cualquier crítica es buena y ayuda a los escritores a seguir mejorando.

Sin más, a leer.


Juego de niños

.

.

Capítulo dos: Sorpresas a la puerta.

.

.

Dos meses y medio, dos meses habían pasado desde que aquella extraña mujer se había colado en su coche y le había prácticamente empujado a vivir la situación más irreal de su vida.

Draco Malfoy un empresario de 30 años tenía lo que se considera una vida aburrida y poco interesante. Es decir, tenía dinero y no vivía mal pero era una vida monótona y sin gracia. Despertar, trabajar, dormir y volver a empezar ¿a quién podía gustarle eso?

Tenía amigos, no es que fuera un ratito adicto al trabajo, salía de fiesta con sus amigos, se iba de vacaciones, iba al fútbol, entrenaba... pero de vez en cuando. Nada en su vida era especial, nunca tenía una anécdota divertida o interesante que contar hasta que hace dos meses una embarazadísima mujer abordó su coche.

Cuando la dejo en el hospital y volvió al coche se dio cuenta de que la cartera de la mujer estaba en el asiento, seguramente se hubiera caído de su bolso.

Decidió buscarla y entregárselo y por eso estaba en la puerta de una pequeña y bonita casa en un barrio residencial apartado pero tranquilo.

Draco miró a los lados y pudo ver como un par de cabezas asomaban entre los setos de las casas vecinas y bufo molesto.

— Cotillas — sin pensar más en los vecinos de aquella joven, que tras haber leído su carnet de identidad descubrió que se llamaba Hermione, pico en la puerta varías veces esperando a que la muchacha abriera.

No tuvo que esperar mucho cuando la puerta se abrió de par en par y ante sus ojos una agitada Hermione Granger le miró entre sorprendida y enfadada.

— Tú... ¡tú eres el hombre que me llevo al hospital!

Draco se movió incómodo en su sitio — Si, Draco Malfoy.

— ¿qué haces aquí? — preguntó sorprendida, no esperaba que aquel hombre volviera a aparecer en su vida, mucho menos en su puerta.

El hombre tosió intentando relajar la tensión y sacó del bolso de su chaqueta una cartera que se le hizo muy familiar — te la dejaste en el coche.

— ¡Vaya! Pensé que la había perdido, muchas gracias.

Draco observó a la mujer y pudo ver unas pronunciadas ojeras bajo sus ojos. Se veía agotada. Su pelo rizoso estaba agarrado en un alborotado moño del que se escapaban mechones dándole un toque salvaje como la primera vez que la vio.

— Siento haber tardado tanto pero tuve mucho trabajo en la oficina.

— No hay problema — contestó sonriendo — pero no había falta que me la trajeras me la podías mandar por correo.

— Oye, encima que me tomo la molestia de venir a traértela.

Hermione frunció el ceño ante las palabras del rubio ¿quién se creía? Iba a soltarle una barbaridad cuando un agudo llanto llegó a sus oídos.

Puso gesto de terror y gimió con pesar y se apoyó en el marco de la puerta agotada. Draco la observó algo preocupado y tuvo la imperiosa necesidad de ayudarla.

— ¿te importa si yo...? Es decir si no te molesta.

Hermione le miró con un poco de sospecha pero su desesperación era tal que decidió dejar pasar a aquel desconocido — desconocido que te ayudo a no parir en medio de la calle — Pensó.

Con un movimiento de cabeza le indicó que entrará. Camino por un estrecho pasillo y según avanzaban los oídos de Draco pitaban por los gritos del pequeño.

— Scorpius por favor... — gimió Hermione sujetándole en sus brazos sacándole de la cunita portátil — ¿que necesitas? ¿Qué más quieres de mí?

— ¿Cómo le has llamado? — preguntó sorprendido.

Hermione notó sus mejillas ponerse más rojas que las de su bebé que gritaba a todo pulmón — yo... veras es que cuando le mire a la cara no le pegaba para nada el nombre de Hugo y bueno... yo pensé es decir... recordé el nombre y...

— Y decidiste copiármelo — dijo tranquilo quitándose la chaqueta y caminando por la casa con tranquilidad buscando algo.

Hermione arqueó una ceja sorprendida ante la confianza que tenía aquel desconocido. Apenas sabía su nombre y ya andaba por su casa como si fuera el dueño.

A pesar de los gritos de su bebé le siguió bien de cerca y observó sorprendida como el muy sinvergüenza se estaba sirviendo un café como si nada.

— Por favor, sírvete estás en tu casa — dijo con ironía la castaña.

Draco puso una sonrisa torcida mientras le daba un sorbo a la bebida — te lleve en mi coche hasta el hospital y te traje la cartera con tus tarjetas de identidad y de crédito, que menos que un café ¿no?

— te pagaré por llevarme al hospital y la cartera me la devolviste dos meses tarde, ya tengo nuevo documento de identidad y cancele todas mis tarjetas.

Draco se encogió de hombros — mejor tarde que nunca — Un nuevo grito de mi pequeño Scorpius llamó la atención de los adultos.

Hermione puso un gesto desesperado en su bonito y cansado rostro y alzando al pequeño para colocarlo frente a su rostro y decir con voz desesperada — ¿qué más quieres hijo? Te he dado de comer, te he cambiado, hemos cantado y no hay manera de que te calles — Draco sonrió al ver como la voz de la mujer se quebraba como si fuera a llorar también con el pequeño.

— A lo mejor tiene sueño.

— Por supuesto que tiene sueño — gruñó Hermione acomodando al bebé en sus brazos — pero le duele la tripa y ni puede dormir y yo ya no puedo más, estoy agotada.

Draco la miró fijamente de nuevo y caminó de nuevo al salón diciéndole con un gesto silencioso que le siguiera. Se sentó en el sofá y estiró los brazos.

— ¿que?

— que me des un abrazo no te digo — gruñó — pásame al bebé.

— ¿qué sabes tú de bebés? — preguntó un poco intrigada. Aquel hombre era muy extraño y ella estaba loca por meterle así como así en su casa con su bebé cuando estaba sola, pero no sabía porque se fiaba de él — se lo debes Hermione, repito, te salvo de parir en la calle — dijo su conciencia.

— Tengo un ahijado de seis años — dijo Draco con tranquilidad — pasó mucho tiempo en mi casa, sé desenvolverme con los enanos — Hermione le miró con los ojos levemente entrecerrados — vamos, fíate de mí. Me lo debes.

Hermione gruñó y tras meditarlo un poco le paso a su hijo con cuidado, muy atenta como una mamá oso dispuesta a atacar si su pequeño estaba en peligro.

Para su sorpresa Draco sonrió ampliamente y con cuidado colocó a Scorpius sobre su pecho con las piernas levemente encogidas.

— Vaya chaval que pulmones tienes — dijo Draco cuando el pequeño grito en su oído — te pareces a tu madre, también fue una gritona en mi coche cuando estabas llegando al mundo.

La chica se sonrojó furiosamente y se sentó a su lado más tranquila cuando su pequeño fue relajando su llanto levemente hasta que este solo eran suspiros e hipidos.

— Si, en cuánto a eso... te pagaré.

— No hace falta, con el café y que me cuentes tu historia es más que suficiente.

— ¿mi historia? — preguntó curiosa sin entender muy bien que era lo que Draco quería saber.

— Bueno cuando estabas en mi coche gritando como una loca parturienta manchando mi cara tapicería de cuero — el rostro de Hermione se puso tan rojo que Draco juro ver salir humo de sus orejas — me dijiste que no había padre.

— es que no lo hay. Soy solo yo.

— Pues deberías avisar a alguien, hace 2000 años una mujer se quedó embarazada también sola y mira, ahora es venerada.

— Eres un idiota sarcástico ¿te lo han dicho alguna vez?

Draco sonrió arrogante — es uno de mis encantos.

Hermione bufó molesta pero no pudo evitar darse cuenta que desde que su hijo estaba en brazos de aquel hombre se había calmado. Bufó ante la imagen que tenía frente a ella.

— ¿Y bien? — preguntó de nuevo Draco.

¿Debería abrirse con él? Ni siquiera le conocía ¿Por qué quería saber su historia? ¿Sería un espía de Cormac? Lo dudaba pero entonces ¿Por qué tanto interés? Un quejido de Scorpius la alertó pero Draco palmeo su espalda con suavidad y el niño callo inmediatamente.

No sabía porque pero ese hombre le daba confianza, algo dentro de su ser le decía que no era un mal hombre ya que por segunda vez la estaba ayudando, esta vez calmando a su hijo. Suspiró agotada y se dejó caer en el sofá con gesto lastimero.

— Por Dios, esto es surrealista.

— Dímelo a mí — dijo con gracia Draco mientras que con su mano libre daba otro sorbo al café.

Giró la cara para fulminar a ese presuntuoso que tenía junto a ella pero la visión frente a ella la dejó congelada. Sus bonitos ojos grises la observaban con curiosidad, no burla ni superioridad sino con la curiosidad de un niño descubriendo cosas por primera vez.

Estaba perdida.

— Esta bien, te lo contare — Draco se giró para sonreír como un gato — no sé porque lo hago pero te lo contaré.

— Es que soy terriblemente encantador.

Hermione frunció el ceño y se cruzó de brazos — ¿dejarás de ser un idiota?

— Nunca, es parte de mi personalidad — Draco amplió su sonrisa al ver como el ceño de la castaña se fruncía con rabia — pero prometo estar calladito mientras me cuentas tu drama que me tiene terriblemente curioso.

— ¿y eso por qué?

Draco se encogió de hombros levemente — No todos los días una loca parturienta secuestra tu coche para que la lleves al hospital — vio con orgullo como el rostro de la mujer se ponía rojo de rabia — me callo, me callo lo prometo. Ahora si no te importa…

Hermione apretó los dientes intentando calmar las ganas de darle un guantazo pero se calmó y sin saber todavía por qué comenzó a relatarle como había llegado a aquella situación.

— Yo soy abogada, bueno lo era hasta que me entere que Scorpius iba a llegar al mundo — vio como Draco se acomodaba en el sofá con el pequeño aun en brazos y la miraba interesado — trabajaba en un buffet aquí en Londres, mi jefe… Cormac él y yo bueno…

— Follabais — aligeró Draco con calma avergonzando a Hermione — no tiene nada de malo, sois adultos responsables.

— No tanto — se lamentó Hermione — bueno, supongo que la atracción y el roce nos llevaron a una relación oculta para todos. Estuve acostándome con él durante un año sin que nadie lo supiera.

Draco silbo con admiración — ¿era un secreto? ¿Por qué? ¿Quién os pensáis que sois? ¿Los Capuleto y los Montesco?

Hermione no pudo evitar reír ante las palabras del hombre — Ahora que lo pienso en frio me doy cuenta de que todo en nuestra relación eran banderas rojas pero yo… no se supongo que me estaba enamorando, o algo por el estilo.

— Que tierno — se burló Draco haciendo que la chica frunciera el ceño de nuevo — ¿y que paso?

— Bueno, podría decirse que al final la relación no era una relación… al menos para el — explico notando su bilis llegar a su garganta — el día que me entere que estaba embarazada y fui a contárselo me lo encontré en su despacho con su secretaria — vio como los ojos de Draco se abrían de par en par — si, como lo oyes.

— Que cerdo.

— Bueno, eso pensé yo también. Le grité y le conté sobre él bebe y bueno… descubrí que ni yo ni él le importábamos, que es un pedante y un pomposo y que no quiere a nadie más que no sea el mismo — Hermione bajó la vista hacia su regazo, de repente una vergüenza y una pena había calado en ella — me fui y no quise saber nada más de él, no le necesito para cuidar a Scorp.

Draco que había escuchado atento el relato de la chica sintió un poquito de pena al saberla sola en el mundo — ¿No tienes a nadie que te ayude?

— ¡Oh! Si, si, es decir no soy una pobre huérfana abandonada — rio intentando quitar dramatismo a la escena — tengo buenos amigos que me ayudan cuando pueden.

— Me alegra oírlo — dijo con cierto alivio en la voz. No sabía porque pero esa extraña mujer le llamaba poderosamente la atención, es decir, no cualquier mujer tendría el valor de hacer lo que ella hizo.

La mujer sonrió con agradecimiento — ¿Sabes? Sienta bien poder contárselo a alguien fuera de mi círculo cercano.

— ¿Quieres saber mi opinión? — preguntó ignorando las palabras de ella.

— ¿Tengo opción? — Draco negó con la cabeza levemente — adelante.

— Bueno — empezó con tono despreocupado — veras, yo creo primero de todo que ese tal Cormac no es un hombre, es un cerdo y un cabrón.

Hermione soltó una risita — dime algo que no sepa.

— Bueno, también creo que no deberías pensar más en él ni darle vueltas al asunto — la mujer abrió la boca dispuesta a rebatir — no me digas que no lo haces porque aun sin conocerte sé que lo haces, es lo normal pero piensa en ti y en este enano.

Los ojos de Hermione viajaron al pequeño cuerpo de Scorpius que dormitaba en brazos del rubio. Abrió la boca de par en par al percatarse de que Draco había conseguido lo imposible, que Scorpius durmiera.

— ¿Cómo lo has hecho?

Tras encogerse de hombros dijo con una sonrisa — es un don natural, se amansar a los niños, las mujeres y las fieras.

— Seguro que si — murmuró Hermione con los ojos entrecerrados. Draco puso un gesto petulante en su cara y le pasó con cuidado al bebe que se reacomodó en los brazos de su madre.

— Puedes con esto y más — le dijo de repente Draco. Hermione miro sorprendida al hombre frente a ella. Ya no había rastro de burla o petulancia, ahora le hablaba muy serio como queriendo dejarle claro que lo decía en serio.

— Gracias — murmuró — pero será duro, a pesar de todo yo le… quería.

Draco giró su rostro con nerviosismo — si bueno, es natural pero piensa que esa basura no te merece, ni a él ni a ti — Hermione sonrió conmovida.

— Gracias por decirme eso, mis amigos solo saben insultar a Cormac pero se olvidan de darme ánimos a mí.

— Yo también lo haría si le tuviera delante créeme — con elegancia se levantó del sofá — creo que debería irme, mi visita para dejarte la cartera se ha alargado demasiado, tengo trabajo y tu también — dijo señalando al pequeño.

Hermione se levantó también y le guio hasta la puerta con el pequeño en brazos. Cuando Draco se estaba poniendo la chaqueta Hermione sintió la necesidad de explicarle algo mas — Le puse Scorpius porque cuando le vi y vi sus ojos me acorde de ti.

Draco se detuvo en seco y la miró con la boca abierta, sin saber que decir. Hermione notó entonces como las mejillas se le ponían rojas y notaba el calor salir de ellas, la había cagado totalmente ¿Cómo le decía eso? Seguro pensaba que era una jodida loca y saldría huyendo de allí.

Para su sorpresa no fue así, Draco se acercó a ella lentamente y le dio unos toquecitos en la cabeza como si fuera un animalito indefenso — No me importa que me copiaras el nombre, al enano le queda muy bien.

— Yo… es decir…

— Tranquila Granger — Hermione se sorprendió de que supiera su nombre — si me vas a preguntar… lo leí en tu documento de identificación buscando la dirección de tu casa.

— Tuviste suerte de que lo cambiara antes de que naciera él bebe, habríais terminado en un pent-house en el centro de Londres, perdido y confundido frente a un matrimonio iraní que por lo visto son los nuevos inquilinos.

Draco sonrió galante y se agachó levemente para encarar los ojos de la chica más de cerca. Con voz juguetona dijo — habría movido cielo y tierra por encontrarte, tengo mis métodos créeme, Granger.

Hermione enrojeció y una vez más noto las palmaditas en la cabeza — Solo puedo desearte mucha suerte y mucho ánimo, Granger.

Abrió la puerta y se dispuso a salir de la casa. Observó con gracia como las mismas vecinas cotillas de antes seguían asomadas mirando curiosas como un hombre salía de la casa de la madre soltera del barrio.

— Tendrán para un mes de cotilleos — murmuró por lo bajo.

— Malfoy — giró su cuello sorprendido de escuchar su nombre en los labios de la mujer, no podía creer que recordara su nombre — gracias.

— No hay de que — alzó su mano y se despidió.

Hermione le vio caminar hasta que llegó a un conocido coche negro. Sonrió al recordar como lo había abordado pensando que era un taxi, obviamente no lo era. Observó cómo se alejaba con rapidez por la calle y suspiro.

Al alzar los ojos vio a sus vecinas mirarla fijamente y bufó — cotillas.

Acomodó a su pequeño en sus brazos y volvió a entrar en la casa sin saber que ese hombre volvería a cruzarse de nuevo en su vida.