Disclaimer: H.P. no me pertenece. Le pertenece a J.K Rowling


Él no era Sirius

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Él no era Sirius, pero se parecía demasiado.

Podrían decir que se parecía a Lucius, pero, en realidad, físicamente, se parecía más a Narcissa. Su cara era más suave, sus ojos grises, propios de los Black. Incluso su cabello era más rubio dorado que platinado... Por supuesto, habiendo sido criado por su padre, solía hablar en el mismo tono, y alzar la ceja o mirar con desprecio las mismas cosas. Cuando caminaba elegantemente, escribía finamente, hablaba con frialdad, o miraba con desprecio, él ciertamente era una copia de Lucius. Cuando lanzaba hechizos contra Harry, palabras burlonas a Ron, e insultos y desprecios a Hermione, Draco Malfoy era, eso, un Malfoy.

Pero luego el reía divertido y codeaba a Blaise Zabini, con dientes blancos apretados a más no poder, o carcajadas expresivas y ruidosas, cuando estaban en los jardines y parecía que nadie los miraba, tal como una vez Sirius riera con James entre bromas. Luego, él le pedía ayuda a Theodore Nott, juntando ambas manos y mirando con ojos de cachorro a su compañero, suplicando una y otra vez por ayuda cuando no entendía algo, o quería salirse con la suya de algún modo, o simplemente le sonreía como gritando 'Ánimo' al serio y calmado amigo suyo, que pasaba la vida en un libro, acercándose a veces a parlotear sobre cualquier tema, tal como Sirius lo hacía con él cuando insistía que estaba estudiando demasiado. Y Theodore Nott lo veía brevemente mientras exclamaba lo molesto y ruidoso que era, mientras sonreía suavemente cuando el otro no miraba. Luego, él trataba a Parkinson con dulzura, suavidad y paciencia, como alguien más débil, cuyo deber era proteger; tal como Sirius protegía y mimaba a Peter, por ser más pequeño, más nervioso y torpe.

No, él no era Sirius Black.

Pero se le parecía.

Se le parecía en la forma en que a veces, con los libros entre sus brazos, miraba a la nada pensando en sus padres, a quienes había abandonado, por ir en contra de sus creencias. Draco no lo había hecho, pero Remus sabía que, en esos breves momentos, Draco se preguntaba qué hubiera pasado si lo hubiera hecho. Hubiera salido mejor librado de la guerra, quizá se habría amistado con Harry, como quiso alguna vez, pero hubiera estado tan solo por dentro, con el corazón roto, como Sirius intentó ocultarlo alguna vez. Y aún así, ambos terminaban negando con la cabeza, sonriendo y avanzando, siguiendo a sus amigos, contentos de sus decisiones.

Se le parecía mientras, con furor en sus ojos, y pasión en sus movimientos, jugaba quidditch. En la manera que amaba las cosas dulces y odiaba las amargas. En la forma en que a ambos se le facilitaban los hechizos, y sacudían frustrado sus cabezas en transformaciones. En su elección de perfumes, en sus hábitos de arreglarse continuamente el cabello, en que jugaban con su varita cuando estaban nerviosos. En que movían el pie cuando estaban impacientes, o gritaban al estar frustrados. En cómo la ira los hacía romper cosas.

Se le parecía en la forma en que ambos eran líderes, vivaces y expresivos; pero mientras Sirius lo era todo el tiempo, y en sus momentos más solitarios o exhaustos se volvía frío y malhumorado, Malfoy era todo lo contrario. En público era calmado, inalcanzable, siempre que no estuviera con Harry cerca, pero en privado, reía, bailaba, jugaba y se rompía, lloraba, abrazaba.

Se le parecía en la manera en que las chicas lo perseguían y ambos pavoneaban por los pasillos orgullosos de ese hecho.

Él era igual a Sirius un heredero purasangre, quien creció escuchando las mismas cosas, educado de la misma forma, que había notado que no todo era correcto, pero había escogido lo que Sirius no había hecho.

Porque él, no era Sirius.

Sirius había renunciado a su sangre, a sus ideas, sus tradiciones y a su herencia, asqueado de muchas cosas, dejando todo y a todos atrás con ello, a su padre, a su madre, a sus primas, a su hermano... pero Malfoy, Malfoy, había tomado lo poco que le gustaba de ello, y lo había acogido con cariño, como si esas pequeñas cosas, compensaran todo lo malo que venían con ellas. Se había aferrado a ellas, cuando todo se puso mal. Prefería el amor de sus padres, de sus amigos, a la gloria y el bienestar propio de no estar en la guerra. Pudo haber huido de casa, pero no lo hizo. Pudo participar en el lado bueno, o lo que ellos creían bueno, de la guerra, hacer lo correcto, pero no lo hizo. Porque, Remus sabía, Malfoy más que la guerra, quería proteger lo que más amaba de ella. Harry luchaba por el bien del Mundo Mágico, Draco luchaba por el bien de su pequeño mundo.

Si, no lo eran. Quizá en el fondo, no se parecían para nada, pensó Remus.

Pero cuando recordaba aquella vez, cuando Malfoy le entregó su ensayo, con una mirada indiferente, en silencio, y se retiró desagradado de su presencia, el corazón de Remus dolía un poco.

Porque Sirius había pagado por sus decisiones y Malfoy pagaría por las suyas.

Él es tan pequeño, pensó aquella vez.

Sirius lo había sido también, solo que, al ser de la misma edad de Remus, él no lo había notado tanto.

Ahora, mirando a un pequeño Teddy entre sus manos, Remus deseó poder ver el final de Draco Malfoy.

No dejes que muera, no como Sirius.

No dejes que Teddy tenga que decidir algo así.

Permíteme volver con vida.

Permíteme ayudar a Malfoy.

Porque Remus sabía que él no estaba bien. No podía estarlo.

Las ojeras, los ojos tristes, la mirada apagada era todo lo contrario a bien.

Se estaba rompiendo a sí mismo, intentando mantenerlo todo unido.

Esto, esto lo que tú no quisiste hacer Sirius, pensó. No querías una batalla como esta y aún así estuviste en medio de una. Moriste, en medio de una. Protegiendo al hijo de dos de nuestros amigos. Ahora, haré lo mismo. Con suerte, yo tendré un poco de éxito. Con suerte, Teddy no tendrá que crecer bajo el mando de un hombre lunático.

Dejando a Teddy en los brazos de Andrómeda, y mirando a Tonks, quien le sonreía tranquilizadoramente. Remus suspiró y empezó a alejarse, perdido en los pensamientos de días felices y escolares, de días mirando a Malfoy y a Harry, de días junto a Tonks, esperando a Teddy... Recordó sin poder evitarlo a Malfoy y se preguntó donde estaría ese chico, no había sabido de él por un tiempo.

Estará bien, él no es Sirius.

Esperaba, sinceramente, que no lo fuera.

Pero en el fondo, sabía que Malfoy al igual que Sirius, no dudaría en sacrificarse por uno de sus amigos.

La diferencia era que, al parecer, al igual como Sirius dejó ir a sus padres y ellos los habían dejado ir, era que Draco se aferró a sus padres y ellos se aferraron a él. Sirius los odió, así que ellos lo odiaron. Draco los amó, y por eso lo amaron.

Quizá, con un poco de suerte, Draco esté tomando mejores decisiones que tú.

Él no dudaría de Parkinson, Zabini o Nott, como dudaste de mí. Confiando en Peter, quien te traicionó.

Eso fue porque nos subestimaste. A los tres.

Pensaste que James era invencible, que yo era un traidor, que Peter era inocente.

Pero Draco no lo hacía, él sabía que Parkinson era poderosa, Nott era confiable y Zabini podía flaquear.

Pero aún así eran fuertes, y sobre todo, leales.

Quizá, eso es lo que lo mantendrá con vida.

Quizá, si tengo suerte, ayudará a mantener a Harry vivo también. Lo proteja y salga vivo de ello.

Después de todo, Sirius...Draco Malfoy no es tú.