Holaaaas!

Como siempre he terminado esta historia a ultima hora. Confieso que está no iba a ser mi pareja seleccionada, de hecho sería un Ron/Draco (pero no pude terminarlo :'c). Había desistido de seguir en el reto, pero el miércoles apareció esta loquísima idea en mi cabeza y muto porque esta no era mi idea completamente original.

Espero lo disfruten. Es bastante bizarra.

Tropo sorteado: enemigos a amantes / enemies to lovers

Advertencia: Relación chica/chica, relación chica/chico. Algo, muy poco y malo, de lemmon.

Bye


Esta historia participa en el reto Tropos, tropos everywhere del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.

Disclaimer; los personajes y los lugares de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.


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Julianne

No había sido un argumento justo. Nunca se perdonaría haberle roto el corazón de esa manera.

No había sido justa la ruptura y menos las palabras hirientes que le acompañaron.

Pero, incluso antes de casarse y luego divorciarse, había tenido un objetivo en mente y deseaba conseguirlo.

Sentada en el tocador de su amplia habitación, se dio cuenta de la inquietante mirada que le devolvía el espejo. Tal vez era el maquillaje que estaba utilizando o el peinado que había decidió hacerse, podían ser diversos factores y no estaba segura de si quería ser consciente de ello.

Solo era consiente de una cosa: estaba nerviosa. Después de todo este tiempo muchas cosas habían cambiado en ella, seguía temiendo la anticipación de los sucesos -la bilis siempre se le subía a la garganta- y equivocarse, pero irónicamente sentía satisfacción cuando le pasaba todo lo anterior.

En el fondo sabía que nunca hubiese recurrido a aquello si no sintiera que era necesario -un poco de justificación no le hacía mal a nadie. Este era su último recurso después de haber recurrido a cuanto método existía, nada había funcionado.

Y aunque llevaba un buen camino recorrido, de paciencia y serias conversaciones, sabía que podía existir algún tipo de fallo. Sin embargo, todo había sido prolijamente planificado y estudiado, este día era ideal y perfecto por muchas razones.

Se levantó quitándose todos aquellos malos pensamientos. La bata de seda se deslizó por su cuerpo desnudo, caminó hasta el maniquí que portaba su vestido y lo admiró por un segundo.

—¿Necesitas que te ayude? —preguntó una voz a su espalda.

A la chica no le importó que la otra persona la viera desnuda. La miró sobre su hombro y le sonrió encantadoramente.

—Es bueno saber que puedo contar contigo, Pansy. Siempre atenta y puntual en los momentos precisos.

La pelinegra sonrió ampliamente y caminó hacia la otra chica.

—Por supuesto. Además, este vestido lo hice exclusivamente para ti, a tu medida —ambas lo miraron—, es perfecto para esta ocasión.

—Todo saldrá bien.

—Este no era mi plan inicial —le contestó Pansy.

Se quedaron en silencio unos minutos, hasta que la pelinegra con sumo cuidado conjuró el vestido y la ayudó a colocárselo.

Cuando terminaron, la otra chica admiró su figura en el espejo cuerpo entero que tenía en frente: se veía perfecta. Estaba realmente satisfecha con el resultado, el encaje cubría ciertos lugares y sus curvas se acentuaban; admiró el escote pronunciado en su espalda. Definitivamente era un trabajo impecable, Pansy había trabajado meses en ello.

—Estoy lista.

Cuando aquellas palabras salieron de su boca no solo se refería a esta ocasión, sino a todo lo demás.

Se refería a que haría todo para que esta noche fuera según lo planeado.

Pansy asintió y agitó la varita provocando que las luces de la habitación se apagaran.

Ambas tomaron el mismo ascensor, no hablaron y evitaron cualquier contacto que pudiera relacionarlas.

Abajo un carro lujoso la esperaba y solo cuando subió se dio cuenta de que había dado el gran paso que había temido y anhelado.

Pero la determinación persistía.


Cuando le abrieron la puerta del auto, decidió no demostrar lo maravillada que estaba con el lugar de la fiesta.

No estaba acostumbrada a este tipo de cosas, es más jamás lo hubiese pensado de no ser por Pansy y sus argumentos demasiado convincentes. Trabajar juntas, compartiendo el pasado que tenían, fue demasiado difícil, peligroso y prematuro en muchos sentidos.

Se encontraron en un bar, ambas decepcionadas de la vida, y aunque habían existido insultos; siguieron frecuentándose -no intencionadamente. Pero todo esto no nació de un día a otro, no, fue un camino demasiado largo y lleno de dudas, lleno de desventajas si lo pensaba demasiado. Tenía mucho que perder y se estaba arriesgando en demasía.

—¿Nombre?

Sacudió la cabeza y le sonrió levemente al hombre frente a ella.

—Julianne Prymont* —entonó con elegancia.

Recibió un asentimiento del hombre y la dejó entrar. Era un privilegio tener a alguien como Pansy de amiga, podía ponerla en todas las listas exclusivas.

La escoltaron hasta el salón que estaba ricamente decorado en tonos pasteles, algunas guirnaldas tenues y luces por doquier, una mesa llena de cocteles y bocadillos y música suave.

Se quitó el abrigo entregándoselo al mozo encargado y caminó con prestancia, según había escuchado este era el cumpleaños de la hija de un tipo rico, ni siquiera recordaba el nombre, y estaba atestado de gente sumamente importante e interesante.

Aunque, solamente le importaba alguien en particular. No lo había visto y era mejor así, no quería parecer desesperada y mucho menos comenzar rumores absurdos entre los presentes.

Se mezcló entre los invitados conversando casualmente con uno y con otro, nada especial. Solo un poco de coqueteo y de risas. Tomó algunas bebidas que le fueron ofrecidas y declinó amablemente las invitaciones a bailar. Después de algún tiempo, se encontró hablando con un hombre mayor demasiado interesante y conocedor de muchos temas. Se estremeció cuando una mano se deslizó por su antebrazo.

—Es bueno volver a verla, señorita Prymont.

Julianne se giró encontrándose con esa mirada gris que tanto le atraía y le sonrió.

—Si nos disculpa, señor Bryant, la señorita y yo tenemos que conversar un tema puntual —le dijo al hombre sin siquiera dirigirle una mirada.

—Descuide, señor Malfoy, Julianne y yo nos volveremos a encontrarnos más adelante —respondió antes alejarse.

La chica le quitó la copa de champagne a Draco y bebió un poco antes de hablar:

—Eso no fue apropiado.

—Lo fue, por supuesto, ya que tú y yo tenemos asuntos que resolver.

Julianne se alejó y Draco la siguió admirando lo hermosa que se veía. La había estado observando desde hace unos minutos y solo cuando vio demasiada confianza en Rufus Bryant decidió acercarse.

—¿Dónde está tu esposa? ¿Pensé que la vería hoy?

—No lo sé y no importa. ¿Te importa a ti?

—Por supuesto que no —se acercó a él y le susurró al oído:—, pero supongo que es correcto preguntar por mi mejor amiga.

—¿Correcto? Correcto sería que no tengamos que viajar para vernos y…

Julianne puso un dedo en los labios de él.

—Y… Ámsterdam sigue siendo una buena idea, no hay cámaras y todos tienen demasiado que perder si hablan. Esta ocasión es demasiado perfecta en muchos sentidos.

Draco observó a su alrededor, la mayoría de los hombres estaban con sus amantes y los que iban con sus esposas, ellas coqueteaban descaradamente con otros.

Decidió que sí, está era una ocasión perfecta. Miró a la mujer que había revolucionado su vida, aunque llevaba solo un año conociéndola le gustaba demasiado. Un día cualquiera había llegado a la mansión y ella estaba ahí, riendo y hablando sin parar con Astoria.

Luego de eso, Julianne comenzó a frecuentar la mansión regularmente, incluso cuando Astoria no estaba y eso llegó a los oídos de su esposa. Que, aunque no le importaba lo que hiciera y con quien, le pidió ser más discreto.

El coqueteo y las palabras implícitas habían comenzado sin siquiera planearlo. Consideró, una vez más, que casarse con Astoria había sido muy apresurado. No se había abierto al mundo de posibilidades y ni siquiera había conocido a otras chicas, bueno, después del matrimonio si lo había hecho. Aunque no era un hombre de fidelidad absoluta, debía reconocer que si se hubiese enamorado de su esposa jamás la hubiese engañado -aunque el engaño era mutuo.

Astoria sabía que Julianne era su amante permanente. Y aunque había quebrado de cierta manera la amistad entre ellas, Julianne no parecía afectada por ello.

—No te pierdas en tus pensamientos —ella lo besó castamente—, quedemos una hora y nos vamos a mi habitación de hotel.

—Es una invitación que nunca despreciaría.

Julianne lo arrastró a la pista de baile y Draco no demostró ninguna resistencia. Se movieron al son de la música y ella deseó que el tiempo pasara lentamente, quería disfrutar de aquello.

Lo quería y lo deseaba por más increíble que le pareciera.


No fue difícil caer en los brazos de Draco, el hombre era demasiado persistente y galante, y Julianne se había dejado envolver sin medir consecuencias. Astoria se había enterado y se ganó la más dolorosa cachetada. Desde ese momento, prohibió su ingreso a la mansión y es que sabía el peligro que representaba.

Astoria había sido astuta desde que se casó con Draco mediante un contrato, toda su relación estaba prolijamente escrita ahí, con ciertas clausulas incluidas. Un documento muy interesante que había podido leer hace un tiempo.

Sintió los labios de él sobre su cuello y se dejó llevar.

No era la primera vez que compartía la cama con Draco Malfoy.

No era la primera vez que él amaba su cuerpo con una devoción que jamás creyó posible.

No era la primera vez que le susurraba palabras llenas de amor y de promesas que nunca podría cumplir.

No era la primera vez en muchos sentidos, pero si sería la última vez de Julianne.

No hubo cuidado en las manos de él cuando le quitó el vestido, las manos de ella se movieron inquietas quitándole la camisa y en el proceso le desabrochó el pantalón.

—¿Ansiosa?

Los ojos azules lo miraron un momento y deseó grabar este rostro que había calado profundamente en su ser. Como podía apreciar a alguien que le había hecho tanto daño en el pasado, como una persona podía ser distinta con unos y una mierda con otros.

¿Por qué aún la sangre seguía siendo tan importante para él?

Julianne era sangre pura, estaba marcada y era perfecta en cualquier ámbito para Draco.

—Mas quisieras, Malfoy —susurró inevitablemente.

Draco se detuvo en las caricias y la miró por un momento, como si intentara leerle la mente.

—¿Quieres detenerte? —le preguntó burlonamente, sacándolo de sus pensamientos.

—Tus palabras me trajeron un vago recuerdo de hace muchos años, de Hogwarts.

Sacudió la cabeza y se inclinó para besarla con fuerza.

Quiso preguntarle más sobre eso y sus años en Hogwarts, él hablaba muy poco de su pasado. Su familia había salido muy mal parada después de la guerra y aún eran considerados unos parias.

Envolvió sus desnudos brazos en el cuello de él y profundizó el beso.

Lo demás, fue un borrón.

Fue tan intenso que Julianne tuvo solo un momento de lucidez para conjurar la poción anticonceptiva que tomaba y entregarse por completo.

Sonrió ante cada caricia y beso proporcionado por él, gimió y gritó su nombre sin contenerse y pidió más y más durante cada momento que duró el sexo.

Al final, cuando el orgasmo los había alcanzado a ambos, se besaron y Julianne aceptó la última promesa de parte de él.

Se divorciaría.

Y solo pudo sonreír con satisfacción y orgullo de que alguien como ella haya enamorado a Draco Malfoy a tal punto de tomar una decisión así. Se acurrucó en sus brazos y, por primera vez, no se sintió nerviosa de dormir y despertar junto a él. Sabía que mañana tendría que lidiar con esta decisión.


No había bebido tanto la noche anterior, pero sentía un horrible dolor de cabeza y un gustoso dolor físico. Se estiró y su mano chocó con el cuerpo que aún dormía a su lado.

Se asustó.

Se giró esperando encontrarse con la mirada de él, pero aún dormía.

Suspiró aliviada y se restregó los ojos.

Se masajeó la frente y deseó que el dolor se le pasara sin la necesidad de tomar alguna poción, afortunadamente la noche anterior había sido la última de esta aventura y ya podría descansar, desaparecer.

—Me gusta más tu pelo natural. Salvaje, como si me hubieras realizado sexo oral.

—¡Hey! —se sentó y le medio sonrió a la chica frente a ella— no deberías estar aquí, él podría despertar.

Pansy caminó hasta él y susurró algo sobre su cabeza.

—No despertará hasta dentro de una hora. Lo dejaste agotado.

—Julianne es una chica poderosa —murmuró dejándose caer nuevamente en la cama—, lo que implica que las réplicas de esas acciones me las lleve yo.

—No te escuché quejarte anoche.

Se miraron.

—¿Nos viste?

—No —contestó mirando a Draco—, solo un poco, no lo suficiente. No es… ya no es excitante verte teniendo relaciones con Draco.

—Esto se acabó, lo sabes perfectamente.

—Eso espero…

Pansy se levantó y rodeó la cama para sentarse cerca de la otra chica.

—Es así. Conseguimos nuestro objetivo —se sentó nuevamente tomándole la mano— y estoy segura de que no necesitaremos más a Julianne.

La pelinegra se inclinó y la besó castamente.

—Tal vez, podríamos utilizarla para nuestras propias fantasías —murmuró acariciándole el cabello—. Sigue siendo muy sexy terminar nuestras noches contigo siendo ella.

—Por supuesto, lo que quieras. Siempre lo que quieras, Pans.

Deslizó las sabanas de su cuerpo y se sentó a horcajadas sobre ella.

—¿Segura, Granger?

—Segurísima.

Se besaron lentamente, Pansy acarició la desnudez de su novia y Hermione pensó que esto era mucho más excitante que acostarse con un hombre.

Como había dicho en un principio, Pansy y ella habían coincidido en un bar y se habían insultado recordando de dónde venía cada una, casi sacaron sus varitas, pero ambas se contuvieron ubicándose en el lugar donde estaban. En Hogwarts habían sido enemigas, sus amigos se tenían animadversión, y no podían existir simpatía entre ellas. Pansy se había burlado muchas veces de ella y casi logra entregar a Harry y Hermione solo había devuelto sus insultos con inteligencia y la había odiado profundamente.

Pero después de muchos encuentros desafortunados, había visto a Pansy llorar o, bueno, con ojos enrojecidos. Se había acercado a ella sin ánimos de burlarse y le había confiado su problema. Tal vez, había estado demasiado ebria en ese momento porque había escupido a los cuatro vientos lo imbécil que era Draco Malfoy. Hermione estuvo de acuerdo en ese hecho y ambas se rieron.

Surgió algo ahí.

Después de tantas idas y venidas, habían encontrado algo en común.

—Deberíamos irnos a otro lado.

—¿No quieres hacerlo frente a tu mejor amigo?

Pansy bufó.

—Draco dista mucho de ser mi mejor amigo hoy en día, podrías haber dicho ex amante o ex novio. Muy ex, afortunadamente.

—Pero padre de nuestro bebé.

Y es que ese había sido el objetivo de todo esto.

Hermione siempre había deseado embarazarse, aquella vez que se encontró por primera vez con Pansy había firmado su propio divorcio con Ron, él no podía darle un bebé y habían pasado por innumerables métodos, posiciones y ciclos lunares para conseguirlo y habían fallado.

Al final, todo se desgastó entre ellos. Habían peleando y se habían herido verbalmente muchas veces.

Cuando Hermione se lo contó a Pansy, ella comenzó a visualizar su propia venganza, pero no sería fácil. Tal vez llegar a Draco, de cierta forma, si lo sería, pero requería tiempo y paciencia.

La castaña había estado reacia, pero mientras más tiempo pasaba con Pansy más se convencía de que podía ser posible y más si se beneficiaba de ello.

Al final, ambas ganarían algo.

—Tan solo un método para un fin.

Hermione asintió de acuerdo.

Por un momento se había sentido atraída por Draco, pero era una fantasía injustificada si él tan solo veía a la sangre pura Julianne y no a la sangre sucia, Hermione.

Se levantó del regazó de su novia y conjuro una bata.

—¿Lista?

—Por supuesto.

Pansy la tomó de la mano mientras salían y Hermione no pudo evitar mirar a Draco por última vez.


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* El nombre de Julianne Prymont, es una combinación/cambio del nombre de Juliana de los Países Bajos y apellido de Emma Guillermina de Waldeck-Pyrmont.