Notas iniciales.

Hola a todas y todos, les comparto el siguiente capítulo el cual ha tomado algo más de trabajo, dado que es un capítulo lleno de carga histórica, el cual espero les ayude a comprender la problemática y la tónica que acompañará a esta historia.

(También disculparme por la demora, durante marzo volví a la universidad, por lo que he estado muy ocupada el último tiempo :()

También importante destacar, que los lugares a los que hago mención no son canónicos en la historia original de Naruto (a excepción de Konoha, obviamente), sino que ficticios o nacidos de mi invención.

Dichas las informaciones correspondientes, les doy paso al segundo capítulo, que lo disfruten :)


El país del fuego, uno de los más poderosos del mundo, cuenta con la protección militar y política de su más importante aldea, Konoha, a través de la gestión del hokage y sus altos mandos. Sin embargo, la máxima autoridad del país recae en la figura del Señor Feudal, quien concentra el poder político y económico en el territorio. Su misión y deber es velar por la gestión de todas las aldeas que conforman el país.

Además de Konoha, en el país del fuego conviven diversas otras aldeas y en cada una de ellas, hay un representante designado por la autoridad feudal. Las tareas de estos son, administrar a la aldea en asuntos comunitarios, la cobranza de impuestos y bajar las órdenes e informaciones que se dictan desde la aldea Benigna. Es relevante en este contexto, mencionar que Konoha es una excepción a esta regla, dado que cuenta con la figura del Hokage, cuya labor es ocuparse de los asuntos de los shinobis y si bien, su gestión goza de cierto grado de autonomía, en asuntos políticos importantes, le debe obediencia y lealtad al feudo.

Durante el último periodo, en que asciende al poder, el séptimo hokage, Naruto Uzumaki en Konoha; paralelamente, en una aldea lejana, hacia el sur del país, comenzaban a gestarse los inicios del que fuese conocido en la posteridad como "el conflicto del sur"; que afectó por años a quienes allí vivieron. Con el fin de explicar el inicio de todo, es necesario describir las condiciones que existían en aquellas aldeas en esos tiempos. En general, las aldeas del sur se caracterizaban por una economía basada en la agricultura y la ganadería, pobladas en su mayoría por campesinos que se dedicaban únicamente a trabajar la tierra. Sin embargo, los últimos años habían sido difíciles para los agricultores, debido a una inusual sequía y un cambio climático importante en la zona, dado que ya no llovía tanto como en tiempos anteriores. Esto no solo afectó a los cultivos, sino que también conllevó a una pérdida significativa de ganado. Debido a lo anterior, las aldeas experimentaron un progresivo empobrecimiento, el cual iba en ascenso año tras año. Sumado a lo anterior, la poca productividad de las tierras generó constantes alzas en los impuestos cobrados por el feudo, los cuales eran cada vez más dificultosos de pagar. Esta situación generó tensiones entre los aldeanos y las autoridades feudales.

Con el tiempo, las aldeas habían acumulado una deuda tan alta, que los representantes del feudo comenzaron a expropiar las tierras, dejando a muchos campesinos sin su única fuente de trabajo y subsistencia. Como era de esperarse, este proceso no fue pacífico, dado que muchos aldeanos se negaban a entregar las tierras, lo cual generó diversos desórdenes, violencia y abuso de poder por parte de las autoridades feudales. Al cabo de unos años, las aldeas sólo lograron empobrecer aún más, y no sólo eso, los aldeanos comenzaban a sufrir la adversidad del frío en los largos inviernos, la enfermedad, el hambre; mientras familias completas vagaban por el territorio sin hogar. Fue así que muchos buscaron marcharse a otras zonas del país, sin embargo, aún bajo dichas condiciones, el señor feudal decretó que los aldeanos no podrían abandonar la frontera del sur si mantenían deuda con el feudo.

La aldea de las Cenizas fue una de las más afectadas por la implacable política del feudo y por lo tanto, el lugar en donde comienza esta historia. Se ubicaba al extremo sur del país, una de las más alejadas de todas las aldeas australes, y por lo tanto, también la más aislada. Muchos aldeanos de las aldeas más fronterizas, intentaron escapar del sur de manera clandestina, algunos con éxito, otros encontrando la muerte en su camino. Sin embargo, el caso de Las Cenizas era distinto, dadas las condiciones geográficas que poseía, el intentar escapar de allí era casi imposible. Desde el decreto del Señor feudal, la frontera del sur fue cubierta con vigilancia de la milicia de la aldea Benigna, cuya orden era asesinar a quienes intentasen salir del sur, evadiendo la deuda de los impuestos. No obstante, los constantes intentos de escape, llevaron al feudo a tomar la decisión de construir muros en algunos sectores de la frontera, para mantener el control de la población. Pasados algunos años, la gente del sur comenzaba a resignarse, enfrentando la miseria y la muerte, encerrada tras altos muros y aislada del resto del país.

A pesar del desesperanzador contexto que les rodeaba, en la aldea de las Cenizas, una fibra de descontento comenzaba a brotar entre sus habitantes. Algunas voces comenzaron a alzarse poco a poco entre los aldeanos; voces que murmuraban que no podrían quedarse de brazos cruzados para siempre, que no podían dejar a su gente a merced de la muerte y la miseria. Un pequeño grupo, comenzó a moverse por la aldea de las Cenizas, corriendo la voz, sacando a los aldeanos de la resignación y la indolencia.

Así los aldeanos comenzaron a organizarse; repartieron la escasa comida que poseían, compartieron el abrigo; y aún en medio de la más profunda adversidad, encontraron una pequeña porción de humanidad entre su propia gente. De esa forma resistieron por años, aún a pesar de ser constantemente abatidos por la desventura.

El mayor obstáculo entre los aldeanos, fue la férrea decisión de levantarse contra el feudo. Mientras algunos, pensando en la posibilidad de una guerra, daban un paso al lado; otros enfurecidos por las condiciones de injusticia a las que su gente se veía sometida, apoyaron la moción, arguyendo que no había otra salida con respecto a tratar con el feudo y su violencia sistemática contra los pueblos azotados por la pobreza. La decisión, aunque difícil, fue finalmente asumida por la mayoría. El futuro parecía incierto, sin embargo, decidieron luchar.

Tomando ventaja de que la milicia del feudo, hasta el momento solo se hallaba activa en la frontera y en algunas aldeas cercanas, retuvieron a los representantes del feudo, quienes eran los hilos de conexión con la aldea Benigna. Se posicionaron en contra de la autoridad feudal, que codiciosamente cobraban mes a mes los impuestos, pero al mismo tiempo no asumían responsabilidades ni compromiso alguno con la superación de la pobreza de los pueblos.

La organización de los pobladores, fue haciéndose cada vez más firme. En lo frontera, no se tenía idea alguna, que ciertos pobladores de Las Cenizas, viajaban hacia otras aldeas del sur, buscando el apoyo y la unión por una causa común: "la liberación del sur". En las zonas más fronterizas, ya comenzaban a rumorearse sobre ciertas personas que buscaban organizar un levantamiento contra la milicia del feudo y que se movían por todo el sur, llamando a las aldeas a combatir. No tardaron mucho los meses, antes de que se produjera el primer levantamiento, en la aldea Boscosa, una de las fronterizas. Los pocos militares que allí vigilaban, fueron encontrados desprevenidos durante una profunda y oscura noche, y no lograron contener a la horda de aldeanos, que sin mucho armamento vinieron a darles muerte.

Los siguientes se produjeron dentro de las mismas aldeas, con la policía civil que había instaurado el feudo. Los caudillos, quienes eran los estrategas detrás de cada levantamiento ordenaron deshacerse de cualquier agente que viniera en nombre del feudo, y así lo hicieron.

En un inicio, era un pequeño grupo de asalto, que con el tiempo, fue fortaleciéndose gracias a la suma de diversas aldeas a la causa. Pasado un año, el grupo había formado un pequeño ejército, con alrededor de 300 hombres y mujeres, que venían desde las distintas aldeas que conformaban la zona austral y que se sumaban a la defensa del territorio. La derrota de los vigilantes de la frontera, permitió la salida de los aldeanos en busca de comida y abrigo en las aldeas y ciudades cercanas al sur.

La noticia de que la frontera había sido derribada no tardó en volar por el resto del país hasta llegar a la aldea Benigna. El velo con el cual el feudo intentaba ocultar el problema del sur, había sido rasgado con violencia por sus habitantes, y la hazaña poco a poco comenzó a estar en boca de todos. Habían pasado ya cinco largos años de invisibilización y oscuridad.

En un intento desesperado de contener la situación, el Señor feudal comenzó a enviar sus tropas militares, para intervenir en el sur y tomar prisioneros a quienes se opusiesen al gobierno feudal y a rendir los impuestos obligatorios por la tierra. Se les acusaría por traición y se les ejecutaría tras enfrentar a la corte judicial. Sin embargo, a pesar de todas las amenazas, la resistencia no cedió con facilidad y al contrario, se fortaleció; lo que generó levantamientos y agitaciones en toda la zona sur del país.

Los enfrentamientos entre los militares de la aldea benigna y la guerrilla de los pueblos del sur comenzaron a ser recurrentes, especialmente en la zona de la frontera. Al cabo de dos años, la fuerte resistencia de los pueblos, en la lucha contra el hambre, y la defensa de su territorio, no permitió el paso de las tropas militares del norte. Se instalaron en la frontera, y ahora la situación se invertía; ya que cualquier militar o pelotón que se acercara al territorio era rápidamente ejecutado. De ahí que comenzaron los violentos enfrentamientos entre ambos bandos en la zona de la frontera.

Estos hechos produjeron inestabilidad en el gobierno del señor feudal. Los levantamientos aumentaban, y los fugitivos militares que lograban escapar y regresar a la aldea Benigna, comentaban que el objetivo de los subversivos, era abrirse paso hacia el norte, hasta el palacio del señor feudal, para proceder en una negociación o por la fuerza instaurarse en el poder, como dictadura campesina. Así, desde el desarrollo del conflicto transcurrieron 7 años y las identidades de quienes forjaron la revolución en el sur, eran aún desconocidas para muchos, mientras que la frontera del sur se hacía cada vez más impenetrable para los forasteros.

Mientras más pasaba el tiempo, el conflicto salía cada vez más del control del señor feudal; los enfrentamientos dejaron muchas bajas en su pequeño ejército, y había perdido el mandato de una importante zona del país. Entre la espada y la pared, el feudo solicita la presencia de Konoha, aldea de ninjas, con más experiencia en lo militar, cuya intervención, a juicio del consejo, pondría fin al conflicto de una vez por todas.

El hokage, Uzumaki Naruto, joven y audaz, no era ajeno al conflicto. Dado que se reunía por lo menos una vez al año con el consejo del feudo, a discutir temas relativos al país del fuego. Durante los últimos tiempos, se discutía con mayor frecuencia con respecto a la situación del sur, pero nunca con mayor profundidad, lo que causaba extrañeza en el Hokage. El señor feudal tomaba medidas cada vez más drásticas con respecto al conflicto, lo que terminó por generar la desconfianza de Naruto, lo que a la vez desató desacuerdos y tensiones entre ambas autoridades. Shikamaru le advirtió que pronto Konoha terminaría enredada en el conflicto si no intervenía a tiempo; Naruto dudaba, y a pesar de todo, se mantuvo al margen de la situación, hasta que se vio obligado a responder ante la orden del feudal.

Konoha pasaba por años de prosperidad económica y también marcados por un largo periodo de paz y de alianza con el resto de los países. A dos años, del último gran conflicto que había a marcado a la aldea, con Kinshiki y Momoshiki, Konoha había vuelto a la normalidad.


PARTE I

Capítulo 2: "El conflicto del sur"

Durante la última semana, mientras en la aldea Benigna el Señor Feudal daba la orden a Konoha de intervenir en el conflicto, en el sur las cosas se tornaban cada vez más complejas.

A esas alturas, casi la mayoría de las tropas militares del feudo se hallaban instaladas en el fuerte del sur y muchos grupos de militares abandonaban día a día la aldea Benigna en marcha a la frontera. Sin embargo y a pesar de los constantes refuerzos, el ejército se debilitaba considerablemente, debido a las constantes bajas que sufría tras cada enfrentamiento.

Con el tiempo, toda la zona de la frontera se había convertido en un baldío de eterna guerra, debido a que la resistencia del sur se imponía con fuerza, y con un ejército no paraba de crecer.

Tras años de enfrentamientos, la frontera se había vuelto impenetrable, a tal punto, que ningún militar del norte había logrado franquear la zona, y quienes que lo habían hecho, no volvían para contarlo.

Esta situación dificultaba la misión de los norteños, que veían cada vez menos posibilidades -y esperanzas- de intervenir en el sur. Ante tal obstáculo, dirigieron su estrategia a vigilar día y noche en el frente y encontrar la oportunidad de acercarse a las zonas de civiles, quienes no opondrían resistencia a su paso, y que, además, era lo que más intentaban evitar los rebeldes. Por ello, todos los enfrentamientos tenían lugar en el límite de la zona sur. Los militares del feudo esperaban la oportunidad de invadir, y a pesar de las constantes bajas, tenían la obligación de seguir presionando y tensionando la frontera.

Los enfrentamientos eran cada vez más violentos, muchos jóvenes eran heridos y muchos también morían en el campo de batalla. Los rebeldes quemaban pilas de cuerpos tras cada batalla. Lo que antes parecía un inofensivo campo abierto, era ahora un infierno, abrasado y yermo, debido a que las tropas del norte quemaban los pastizales para confundir a los rebeldes y despejar el territorio.

En las aldeas del suroeste, las más cercanas a la frontera, el conflicto era cada vez más cercano. Para evitar la masacre de los poblados más cercanos a las zonas de guerra, el ejército rebelde comenzó a evacuar a los aldeanos que allí vivían. Muchas aldeas de la frontera comenzaron a despoblarse y así, muchos refugiados comenzaron a moverse rumbo al extremo sur, hacia la aldea de las cenizas. La misión era peligrosa, dado que debían bordear la frontera de cerca, intentando mover a la mayor cantidad de personas en el menor rango de tiempo y de manera discreta. Durante varias noches, en los intervalos en que cesaban los enfrentamientos y los militares del feudo se replegaban, muchos aldeanos con sus familias atravesaban inadvertidamente los campos, hasta reunirse con otros grupos que también se movían hacia la aldea de las cenizas.

Los tiempos eran duros, y las gentes avanzaban como caravanas entre la neblina en la oscuridad de las noches sin luna, en silencio y llenos de temores, con las pocas pertenencias que les quedaban. Eran escoltados por algunos guardias del ejército rebelde, mientras se abrían paso hacia el sur. El camino se abría entre los pastizales, que contribuía a ocultar la presencia de los grupos que viajaban. Muchos temían una muerte segura con el solo hecho de ser sorprendidos por los militares del norte, así que avanzaban abatidos y cabizbajos con el frío del incipiente otoño y en la quietud que solo la noche puede ofrecer.

Sin embargo, unos ojos observaban todo.

Ante las dificultades, los militares del norte habían agudizado su rango de visión sobre la frontera, con espías que aguardaban en silencio entre los campos, acercándose sigilosamente hacia los poblados.

Una de las noches, en que todo parecía más quieto de lo normal, un grupo de asalto sorprendió a una gran caravana que cruzaba cerca de la frontera. Todo estalló en pánico, y un nuevo enfrentamiento, más violento que cualquiera que se hubiera dado en el último tiempo, tuvo lugar ese mismo momento. Los aldeanos echaron a correr a campo abierto en todas direcciones, dejando todas sus pertenencias desparramadas en el camino. El terror era real, los soldados del ejército rebelde comenzaron a llegar, y en un combate directo con los militares del norte, lograron retenerles mientras los refugiados se perdían entre los campos y el bosque que se encontraba próximo.

Algunos lograron escapar y perderse de los alrededores, como se tenía planificado en caso de ser atacados, mientras otros eran abatidos por flechas y muriendo en el acto. Los militares avanzaban prendiendo fuego a los pastizales, para amedrentar a los rebeldes, los cuales habían salido con agilidad al encuentro. Sin embargo, la cuadrilla que acudió al repentino ataque, no fue capaz de resistir un enfrentamiento directo con los norteños. Esa noche sufrieron muchas bajas.

Dos refugiados corrían entre los matorrales en plena oscuridad, uno de ellos se movía con dificultad. Mientras que todos los militares se habían quedado atrás, en el enfrentamiento con los rebeldes, alguien logró colarse de forma silenciosa entre los pastizales. Aquellos ojos que habían visto todo, los ojos del vigilante, se posaron sobre ellos. Comenzó a seguirles el rastro, como el depredador que espera pacientemente a su presa. Les interceptó antes de que llegaran a internarse en el bosque. Ambos fugitivos quedaron inmóviles ante el encuentro. El vigilante, con la calma que caracteriza a los depredadores, encendió con un movimiento lento la llama de su bastón, e iluminó los rostros de sus rehenes, unos ojos atemorizados que le miraban con horror, unas caras embarradas por la humedad de la tierra y el constante vapor que iba y venía de sus respiraciones nerviosas.

Les he encontrado —dijo con una extraña sonrisa de oreja a oreja.

El vigilante había cumplido con su misión, y se retiró con los dos rehenes hacia su fuerte más allá de la frontera. Entre el caos del fuego y la batalla lograron pasar desapercibidos.

Luego de una hora de intensa batalla, los militares se replegaron y el enfrentamiento llegó a su fin. Por primera vez en años, los militares del feudo, lograron capturar rehenes en la frontera del sur. Si bien, eran unos simples aldeanos, también implicaba una fuente importante de información. Los rebeldes retrocedieron también entre los campos en llamas. Apilando los cuerpos de los caídos esa noche, desmoralizados por el encuentro y las altas bajas que había dejado a su paso. Sin embargo, a pesar de la adversidad, cientos de refugiados lograron huir aquella noche y reunirse con la gran caravana que seguía su camino hacia la aldea de las Cenizas.

Esa misma noche, un ave voló hacia la aldea Benigna con la información de que dos rehenes del sur habían sido capturados durante el último enfrentamiento. El Señor Feudal y su consejo, estimaron conveniente que los rehenes fueran trasladados de inmediato a Konoha, dada la misión de investigación que habían solicitado con anterioridad y enviaron la orden de inmediato. Desde la aldea Benigna, el feudo redactó una carta para dar la información al Hokage y a la mañana siguiente, una guarnición salió desde la frontera del sur hacia konoha con los dos rehenes.

Lo que ignoraban los militares del norte, es que algo se abatía más allá de la frontera hacia el sur. Una situación particular que complicaba aún más los tiempos.


Ese día Sasuke despertó en una cama vacía. Miró en dirección a la ventana; recién amanecía. Se incorporó lentamente, mientras se sentaba al borde de la cama. Se volteó hacia el lado de Sakura y se quedó un rato mirando algo cansado o distraído. Usualmente era así, él despertaba y ella ya no estaba, debido a su cargo en el hospital, se había vuelto una persona muy ocupada. Sin embargo, esa mañana particularmente, él sintió su ausencia más que en cualquier otra ocasión. Se vistió y mientras salía de la habitación, sintió la puerta principal cerrarse. Se acercó a una de las ventanas y vio a Sakura mientras caminaba con paso rápido hacia la calle. Era realmente silenciosa en las mañanas. La observó durante un rato, hasta que su figura se perdió; llevaba una expresión cansada en el rostro. Recordó la conversación que habían tenido la noche anterior, Sakura aferrándose a su espalda, el llanto. Se llevó la mano al rostro, le dolía la cabeza el solo pensar en tocar nuevamente el tema de la misión con ella.

Durante la noche serían citados en la torre del hokage. Naruto sentía la necesidad de ayudar a calmar a Sakura luego del episodio del día anterior, y además de explicarle toda la situación a las que se veían expuestos. Más en el rol de amistad y confianza que compartían, y además porque Sakura era también un pilar fundamental en la aldea, debido a su arduo trabajo en el área de la salud en la aldea. No podía dejarla caer.

El sonido del teléfono de la casa, lo sacó de su ensimismamiento. Se acercó con pesadez a contestar. Era Naruto. Lo necesitaba en su oficina de inmediato.

Le encontró recostado en la silla, mirando fijamente un papel entre sus manos. Al acercarse, le estiró el misterioso papel.

—El Señor feudal me ha enviado esta carta, llegó hoy en la madrugada. dijo Naruto con un tono serio. Sasuke la leyó, era breve.

"Nuestra milicia logró capturar dos rehenes. Dadas las condiciones que impusieron, le encargamos a Konoha la interrogación, espero que pueda servirles para su investigación".

Sasuke le devolvió una mirada intrigada.

—¿Cuándo llegarán a Konoha?

—Deberían estar aquí mañana temprano, envié a la unidad especial a encontrarles en el camino, de modo que lleguen lo más pronto posible. respondió Naruto mientras se ponía de pie. Haré los preparativos con la unidad de inteligencia.

—Yo puedo encargarme de eso… respondió Sasuke mientras comenzaba a marcharse ocúpate con los asuntos de la aldea, ya tienes bastante trabajo. Naruto lo siguió con una mirada preocupada.

—Sasuke… le llamó ¿Cómo está Sakura?... el Uchiha se detuvo justo frente a la puerta. Se quedó en silencio por un momento.

—Eso ya lo sabes dijo mientras abría la puerta y se iba. hablaremos esta noche dijo con un tono algo indiferente. Típico de Sasuke.

Naruto bajó la mirada, algo frustrado.


Al anochecer, Sasuke pasó a buscar a Sakura al trabajo, por la citación del Hokage. El hospital estaba algo vacío en la entrada, aún así decidió esperar afuera. Poco a poco comenzó a oscurecer y los postes de luz comenzaron a iluminar las calles. Un viento frío movía las hojas de los árboles, que comenzaban a caer con el paso del otoño, algunas familias pasaban frente al hospital camino a casa, con niños que corrían y reían. Un poco de frío siempre le venía bien a Sasuke; le aclaraba la mente. Al cabo de un rato, vio a Sakura salir con paso lento, algo distraída mientras se ponía un abrigo. Él comenzó a acercarse lentamente, y ella al voltear la mirada le vió. Ambos se miraron a los ojos unos segundos. Ella esbozó una mirada comprensiva y una leve sonrisa, algo fingida, que confundió a Sasuke. Caminaron en silencio, tomándose su tiempo. Mientras avanzaban, Sasuke sintió el tacto de una mano fría en su brazo derecho, la cual bajó hasta tomarlo de la mano. Ella había apegado su cuerpo al de él mientras caminaban, Sasuke la miró un momento, pero ella no levantó la mirada y tampoco dijo una palabra. Siguieron avanzando con las manos tomadas hasta la torre del Hokage. Subieron las escaleras y frente a la puerta de la oficina, ella le soltó. Finalmente se decidieron a entrar. Naruto les estaba esperando. Al verles les ofreció una sonrisa cansada.

Tuvieron una larga charla, si es que se pudiese llamar así. Naruto intentaba explicar todas las condiciones de la misión, y Sakura escuchaba con una mirada vacía, asintiendo al final de cada frase. Cada tanto, decía "entiendo". A Sasuke toda la situación le parecía extraña, él permaneció en silencio, poniendo atención a todos los gestos de ella. Tenía una actitud resignada, hasta podría decirse, indiferente. Naruto tenía un semblante preocupado, la miraba a los ojos; su tono de voz se transformaba cuando le hablaba, una voz comprensiva, cuidadosa y suave. Se le vino a la mente la imagen de ellos abrazados en ese mismo lugar, hace unos días, cuando regresaba de su misión. ¿Qué habría sentido Sakura en ese momento? ¿Qué sentiría realmente cuando él mismo la abrazaba? ¿Cuántos abrazos se darían en su ausencia? Raros cuestionamientos se hacía, cuando estaba a punto de abandonarla nuevamente. Miraba a Sakura fijamente, y de pronto ésta también lo miró. Una mirada que parecía haber leído sus pensamientos, porque era una mirada fría, que desencajaba en su rostro cálido.

De pronto, alguien abrió la puerta. Naruto se puso de pie, no de muy buen humor por la repentina interrupción. Un joven shinobi se inclinó.

—Siento interrumpir, Nanadaime-sama. Vengo de parte de Shikamaru-san a avisarle que la cuadrilla militar de la aldea benigna ha llegado a Konoha. Desean verle en seguida. Ahora mismo están en la central de inteligencia.

Naruto miró a Sasuke. Ambos salieron a paso rápido con el joven. Sakura les siguió.

Cuando todos llegaron, Naruto se reunió en la central de inteligencia con Shikamaru, que había llegado a recibir a los soldados.

Shikamaru se acercó a Naruto y le susurró el coronel Ashita, uno de los hombres de más confianza del feudal está esperándote, actúa con cautela.

Naruto se acercó al salón donde se encontraba. Era un hombre de mediana edad, alto y de contextura gruesa, de tez morena y mirada severa. Llevaba puesto el uniforme de la milicia de la aldea Benigna. Al verlo, el hombre se acercó a Naruto, e hizo una reverencia. Naruto le saludó de vuelta.

—Hokage-sama, soy el coronel Tsumori Ashita. Debo hablarle sobre algunas cosas...ojalá pudiese ser en privado Shikamaru que venía detrás de Naruto, se alejó cerrando la puerta de la habitación. Naruto miró al hombre algo dudoso.

—Debo suponer que ya le habrá llegado la carta de nuestro señor. preguntó el coronel con un tono serio.

—Si, ya estoy al tanto de la situación. respondió Naruto.

—Pues siguiendo las órdenes de nuestro señor, hemos traído a Konoha, dos rehenes que hemos capturado durante un enfrentamiento en el sur. Por ello es importante que le entregue algunas informaciones con respecto al conflicto.

—¿De qué se trata? preguntó Naruto frunciendo el ceño.

—Desde la frontera del sur, se está trasladando a los civiles hacia la aldea de la ceniza. Muchos grupos de aldeanos se arriesgan cruzando las cercanías de la frontera hacia el sur, de forma que los rebeldes están rodeando toda la zona, vigilando cualquier movimiento y atacando a las huestes militares que se acercan a la frontera, inspeccionando o vigilando. Mientras cruzaban hemos atrapado a los rehenes. Nuestro señor espera que Konoha pueda hacerse cargo de la interrogación.

—Ya veo… como se había acordado anteriormente, Konoha se hará cargo del resto. respondió Naruto con seriedad.

—Señor, cabe mencionar que los rehenes han llegado muy débiles por el viaje. Al parecer están siendo afectados por una enfermedad.

—¿Enfermedad? preguntó Naruto con intriga.

Afuera esperaban Sasuke y Sakura. Shikamaru salió de la habitación para atender al resto de los soldados que venían en la compañía. Sakura no entendía nada de lo que ocurría. Sasuke al notar su perplejidad, le dijo en voz baja.

—Han atrapado a dos rehenes en el sur. Les han traído para ser interrogados en Konoha- Sakura le miró sorprendida, tenía muchas dudas, pero guardó silencio. Miró a través de la puerta entreabierta a los soldados en el cuarto principal.

En ese momento, Naruto salió de la oficina con el coronel. Tenía un semblante serio. Shikamaru vino nuevamente a su encuentro.

—Quiero ver a los rehenes. le dijo Naruto al coronel.

Shikamaru intervino.

—Les hemos trasladado a la central de inteligencia, donde será interrogados. Shikamaru tenía una expresión de molestia en su rostro. Naruto le miró extrañado.

—Hokage-sama, nosotros hemos cumplido nuestra labor.Interrumpió de pronto el coronel

—Otros asuntos nos esperan, por lo que debemos partir cuanto antes.

La compañía se marchó con rapidez. Naruto al notar el semblante de Shikamaru, se le acercó.

—¿Qué sucede?

—Son los rehenes. dijo Shikamaru cabreado Es una mujer y su hijo, un niño de alrededor de 5 años. Han llegado en muy mal estado de salud, seguro han recibido maltratos en el viaje hacia acá. El niño es muy pequeño y está enfermo, la mujer no logra calmarse. Naruto le miró sorprendido. Sasuke levantó la mirada hacia Shikamaru.

—El coronel me ha dicho que podrían estar enfermos dijo Naruto con preocupación.

—Será necesario un chequeo médico previo en caso de que la enfermedad sea contagiosa mencionó Sasuke.

—Las salas de interrogación son aisladas y las personas que trasladan utilizan protección. Deberías verles antes de solicitar ayuda médica, debes ver el estado en que están dijo Shikamaru mirando fijamente a Naruto.

—Quiero verlos enseguida dijo Naruto con severidad, se volteó en dirección a la pareja, llamando con la mirada a Sasuke. El Uchiha les alcanzó sin voltear atrás y Sakura vió a los hombres alejarse por el pasillo.

Caminaron por los oscuros pasillos de la central, hacia la cámara de interrogaciones. Una habitación dividida en dos por un ventanal polarizado, que permitía ver a los interrogados, y al mismo tiempo lograr que estos no pudiesen ver a sus interrogadores.

Naruto y Sasuke entraron tras Shikamaru, y ahí se encontraban dos funcionarios de la central de inteligencia haciendo los últimos arreglos para la interrogación.

Desde afuera se podían oír gritos. Al encontrarse con el vidrio, Sasuke pudo ver a los rehenes. La imagen no estuvo ausente de impacto. Una madre y su pequeño hijo ambos sentados y amarrados en unas sillas de metal. Una madre y su hijo, solos. Tal como Sakura y Sarada, su familia. La madre forcejeaba contra el amarre. El pequeño niño, amarrado a su silla, yacía inmóvil y cabizbajo, tal vez desmayado por el duro viaje. Sus ropas estaban humedecidas y sucias con barro seco. Sus rostros manchados. Los gritos eran de la mujer.

—¡No le hagan daño a mi hijo! ¡por favor, se los ruego! chillaba, forcejeando como podía

—está muy enfermo, por favor, no le hagan daño la voz de la mujer se quebró, mientras rompía en lágrimas. Sasuke miraba la escena absorto. Algo le apretaba el pecho. Solo reaccionó cuando Naruto golpeó con su puño la mesa de comando.

—Maldición...malditos militares… maldito feudal… siseó el hokage con frustración. Shikamaru se dirigió a los hombres a cargo.

—Comiencen de una vez…Al instante, uno de los hombres activó el micrófono de la sala y se dirigió a la mujer.

—¿Quién eres mujer, y de dónde vienes? preguntó con la voz firme. Al oír la voz la mujer cesó de llorar. Se quedó un rato en silencio, respirando muy rápido y luego decidió hablar.

—Yo… titubeó soy campesina de la aldea de la piedra negra...

—¿Tu nombre?

Me llamo Miso… dijo arrastrando las palabras.

—En qué circunstancias fuiste capturada? La mujer guardó silencio. Dudando si responder la pregunta.

—En medio de un enfrentamiento…los del norte nos tendieron una emboscada...mientras cruzábamos a través de la frontera…un tipo...el vigilante le llamaban...nos siguió y nos atrapó mientras escapábamos del enfrentamiento respondió finalmente con la voz temblorosa.

—¿Enfrentamiento?

—Si…pertenecemos a una de las aldeas de la frontera, los enfrentamientos son algo de cada día, en cualquier momento…

—¿Por qué estaban cruzando alrededor de la frontera?

—Porque…. titubeaba nos dirigíamos a la aldea de las Cenizas… dijo finalmente, bajando la cabeza.

—¿Por qué cruzabas hacia la aldea de las cenizas? Todos los presentes agudizaron su atención.

—Para resguardarnos de los enfrentamientos...y… hizo una pausa ...Porque buscaba la cura para la enfermedad de mi hijo… dijo quebrándose nuevamente.

—¿De qué está enfermo tu hijo? La mujer se quedó un rato en silencio y luego decidió hablar, con la voz cada vez más temblorosa.

—Tiene la peste… todos estábamos escapando de la peste que acecha al sur. dijo bajando la cabeza, conteniendo el llanto. Todos los presentes se miraron entre sí anonadados.

—¿Peste? se cuestionó Sasuke mirando a Naruto.

De pronto, el niño que estaba atado a su silla, comenzó con una convulsión. La madre amarrada, solo podía ver la agitación del niño. Comenzó a forcejear con violencia en su silla sin resultado alguno. Su desesperación salió a flote.

—¡Shinosuke! ¡Por favor, déjenme verle! ¡Por favor!

Naruto que miraba toda la situación junto al equipo, comenzó a actuar rápido, mientras se dirigía a los hombres presentes ahí.

—¡Salgan a buscar a Sakura-chan! los hombres corrieron.

—Sasuke, busca máscaras El Uchiha buscó en los cajones del comando, máscaras y guantes, mientras Naruto desocupaba una mesa. Sakura llegó al instante.

—¿Se trata de una peste? preguntó Sakura algo agitada por la carrera hasta la central. Naruto le afirmó vamos a necesitar la intervención de un equipo médico especial, hay que prevenir el contagio, puede que la madre también esté contagiada.

La mujer forcejeaba violentamente en su silla. El niño yacía desmayado a su lado.

Al cabo de rato, llegó un equipo médico al recinto. Entraron a sacar al niño, mientras Sakura se preparaba con protección.

La mujer histérica gritaba.

—¡No se lo lleven! ¡No le hagan daño! gritó nuevamente.

Naruto se dirigió esta vez a la mujer.

—Trataremos a tu hijo en urgencias. Pero tú tendrás que seguir respondiendo a todas nuestras preguntas.

—¿Cómo sé que puedo confiar en ustedes? dijo con la voz quebrada

—No tengo cómo probarlo. Tendrás que confiar en mí palabra.

—Naruto, tenemos que trasladarlo a un hospital. El niño está muy grave. dijo Sakura

Naruto dió la orden y Sakura salió con los hombres que sacaban al niño en una camilla. La madre movía su cabeza hacia todos lados. Su respiración estaba agitada.

—Tu hijo fue llevado a un hospital. Será tratado allá, ten paciencia. Ahora debes hablar, ¿de qué se trata todo esto de la peste? preguntó Naruto intentando no asustar a la mujer.

Por su parte, la mujer en silencio dudaba. Sin embargo, suspiró y comenzó a hablar.

—Desde hace meses una peste está afectando a todos los pueblos del sur, debido a las malas condiciones higiénicas, producto de la pobreza y el hacinamiento que hemos vivido durante los últimos años. Toda la gente que aún no sido afectada, carga con sus familiares enfermos y salen de sus aldeas para ir más al sur.

—¿Por qué están yendo más al sur? preguntó Naruto.

—Porque en la aldea de la ceniza, se dice que hay alguien capaz de tratar y curar la peste. Sin embargo, son tantos los enfermos que muchos mueren esperando por la atención… dijo la mujer bajando la mirada.

—¿Desde hace cuánto tiempo que la peste ha estado afectando a la zona?

—Desde hace algunos meses, todo comenzó en una de las aldeas de la frontera. Los constantes viajes de grandes cantidades de personas por toda la zona, conllevó a la pandemia. respondió la mujer más calmada. Por alguna razón, el tono de Naruto le había calmado un poco.

"A eso se deben los grupos que viajan en masa hacia el sur", pensó Naruto.

—Entre los muertos que han dejado los enfrentamientos y la peste, sólo podemos aferrarnos a esa mínima esperanza que habita allá en el sur. dijo la mujer con un tono apenado.

—¿La persona que está tratando a los enfermos, se encuentra establecida en la aldea de la ceniza?

—No lo sé. Los grupos de aldeanos que se movían hacia el sur, solo sabían que por ahora se encontraba en la ceniza. dijo la mujer.

Naruto miró a Sasuke. Se alejó del micrófono para darle paso a los funcionarios.

Necesitamos información con respecto al ejército rebelde dijo Sasuke. El funcionario asintió mientras se acercaba al dispositivo.

—Ahora necesitamos saber respecto al ejército del sur dijo brevemente el hombre. Naruto y Sasuke miraron con atención a la mujer, la cual estaba aún en estado de shock y algo distraída por la situación de su hijo. Su cuerpo temblaba, sin embargo, levantó la mirada hacia el vidrio polarizado y negó con la cabeza. Todos vieron la escena algo confundidos. El hombre insistió con la pregunta.

—No lo sé...los aldeanos nos sabemos nada acerca del ejército...toda esa información nos es vetada. dijo la mujer bajando la mirada al suelo.

El funcionario se alejó del micrófono.

—No podemos saber si miente con esta metodología. dijo suspirando.

—Tendremos que recurrir al análisis mental. dijo Sasuke.

—Hace años no hacemos uso de esos métodos dijo Naruto acomplejado. No deseo seguir sometiendo a esta madre y a su hijo a otras formas de interrogación.

—Necesitamos la información a toda costa. Aunque sea mínima dijo Sasuke con severidad, mirando fijamente a Naruto.

—Debemos asumir que no será un proceso fácil, pero mientras más rápido pueda hacerse, menos personas serán afectadas. Shikamaru intervino en esta ocasión. Naruto sabía todo aquello, sin embargo, aún tenía muchas incertidumbres al respecto.

—Envíala a la cámara de análisis, solicita a las personas correspondientes. ordenó Naruto al funcionario. Cuando terminen, llamen al equipo médico, para que le hagan una revisión también. dijo, mientras se retiraba junto a Sasuke. Shikamaru se quedó con los hombres en la central.


En el hospital, Sakura ordenaba a los enfermeros que desinfectasen la habitación, y que aislaran al pequeño. Mientras los enfermeros hacían los preparativos, una joven enfermera se acercó a Sakura. Tenía una mirada compungida, por lo que la ninja médico no tardó en comprender la situación.

—Falleció por deshidratación, no a causa de la peste. De hecho, los síntomas no eran tan graves como para afirmar que este niño estuviese infectado. dijo la joven, explicando las condiciones del deceso. Sakura estaba pensativa, mientras observaba el rostro pálido del niño. Recordaba haber oído la molestia de Shikamaru anteriormente, por el estado de los rehenes; sin embargo, nunca pensó que entre ellos podía haber un niño tan pequeño.

—Fue el viaje hasta acá, lo que mató a este niño. dijo Sakura cubriendo el cuerpo inerte del infante.

Sakura pensaba en las condiciones en las cuales habían sido traídos ambos, la madre y el niño, sin comida, durmiendo a la intemperie, expuestos al frío otoñal del sur, siendo víctimas de maltrato. Por ahora no quería pensar en ello.

—Hicimos lo que pudimos Sakura-san- dijo la joven, algo abatida por la situación.

—Lo más difícil, será comunicárselo a la madre… respondió Sakura, con un deje de tristeza.

Recordó los tiempos de la cuarta guerra ninja, en que niños mucho más pequeños eran heridos o morían sin poder ser atendidos. El hambre, el frío y la miseria de las gentes, las amputaciones y los gritos de tantos shinobis, los amigos que morían enterrados en el barro. La imagen del niño, le había traído aquellas memorias, junto a la misma sensación que sentía en esos tiempos, miedo, rabia, impotencia y mucha desesperanza, la cual guardaba profundamente, para no bajar la moral de aquellos que con una sonrisa partían todos los días hacia la incertidumbre de vivir un día más. El sur no parecía ajeno a todo el sufrimiento y la adversidad de los tiempos de guerra. El niño tenía una expresión de calma en su rostro inerte, Sakura le acarició la frente y lo cubrió. Ordenó hacer la autopsia para resolver de manera m´s completa la causa del deceso y salió de la sala de urgencias.

Se sentó en una de las bancas, afuera. Era ya de madrugada y solo algunas enfermeras rondaban en silencio por los pasillos. Se sintió egoísta por dificultar la partida de Sasuke, solo por el deseo de tenerle cerca. Sasuke entendía tan bien como ella, la miseria y el horror de la guerra; sin embargo, sus prioridades eran un universo alejadas por sobre las de ella. Sasuke razonaba y ella no paraba de sentir y guiarse por sus corazonadas. Cómo podía el Uchiha tener tanta paciencia con ella, se cuestionaba, aunque sabía la respuesta de antemano. Deseaba poder ayudar a Sasuke, pese a que aún no entendía si esa preocupación provenía del deseo casi inconsciente de no separarse de él, o porque entendía el sufrimiento de las gentes del sur. Se abrazó las piernas y se quedó algo pensativa y algo decepcionada de sí misma.

Sin embargo, se armó de fuerzas, ya que debía ir a dar aviso de la noticia respecto al pequeño, a la central del Hokage y ya estaba algo cansada de que Naruto la viese como una víctima.


A Naruto la cabeza le daba vueltas. Ambos caminaban hacia la torre del hokage, Sasuke estaba más taciturno de lo habitual.

—No contábamos con el factor de la peste en el diseño de la misión… dijo Naruto al cabo de un rato, resoplando con cansancio.

—Aún me cuesta entender varias aristas de esa tal peste. Deberíamos esperar los resultados del examen mental. dijo Sasuke algo dudoso.

—Si...lo entiendo. Pero aún así tendremos que modificar el plan de acción. El tiempo corre, y debemos actuar cuanto antes… dijo Naruto ya agotado por la larga jornada. Sasuke guardó silencio, aún repensando la situación.

Cuando entraron a la oficina, Naruto buscaba la forma de comunicarle a Sasuke, lo que había estado macerando en su mente desde el interrogatorio con la mujer del sur. Intentaba forzar cualquier conversación, pero Sasuke estaba más serio de lo normal, y también más introspectivo. Terminó por callarse y llamarlo de una vez.

—Sasuke…

—Hm?

—He estado pensando en algo. Algo que podría sacarnos de varios aprietos con respecto a la misión.

—¿De qué se trata entonces? dijo el Uchiha, tornando sus penetrantes ojos hacia Naruto.

A Naruto aún le costaba comprender el por qué ciertas reacciones de Sasuke, a pesar de los años, aún le intimidaban. Sabía ocultarlo perfectamente.

El examen mental había finalizado. No habían logrado sacar información relevante con respecto a los rebeldes, dado que la mujer no mentía. Efectivamente no sabía nada con respecto a la composición del ejército, ni de las personas detrás de este. Con esa información, Shikamaru se dirigía a la oficina de Naruto. Sin embargo, al momento de golpear la puerta, sintió un fuerte ruido provenir desde dentro. Se decidió a abrirla al instante. Sasuke y Naruto estaban de pie, y unos papeles volaban hacia el suelo. La tensión era evidente para Shikamaru.

Sasuke había golpeado la mesa con fuerza. Naruto miró a Shikamaru con una expresión seria, invitándole a entrar. Desde la puerta veía la espalda de Sasuke, apoyado en el escritorio.

—Piensa en las posibilidades que podría darnos dijo Naruto con un tono serio y algo sorprendido por la reacción de su compañero. Sasuke había bajado el rostro.

Shikamaru cerró la puerta y se acercó a ambos hombres con una expresión dudosa.

—¿Ha ocurrido algo? preguntó finalmente, al sentir que la tensión aumentaba entre ambos.

—He pensado en algunas cosas con respecto a la misión...el tiempo nos apremia y necesitamos resolver cuanto antes el tema de la infiltración en el territorio del sur… dijo Naruto desplazándose por la habitación.

Shikamaru lo observaba dubitativo. Pero el Hokage prosiguió.

—Tomando en cuenta, la información que nos ha dado la mujer del sur, con respecto a este misterioso médico que está tratando la pandemia, un ninja vinculado al área de la medicina, podría ser un vínculo importante para acercarnos a la realidad del sur, y acercarnos a este particular personaje. Sasuke irá al sur de todas formas, pero no lo hará solo. Traspasará la frontera con un ninja que pueda hacer vínculos con el médico y al mismo tiempo colaborar a tratar la peste que está afectando a las gentes del sur. Pensé que esa persona sería…

—Sakura… susurró Shikamaru, encajando todo lo que había ocurrido en esa habitación.

Sasuke seguía apoyado en la mesa, conflictuado por la última idea de Naruto. Sin duda, comprendía la importancia del tiempo y la elección de un ninja médico cualificado para tratar tales enfermedades. Pero su problema era otro.

—El examen mental, resultó favorable en el sentido de que la mujer decía la verdad. Al parecer lo de la peste está generando diversas complicaciones en el sur. Por otra parte, no se pudo obtener información relevante acerca del ejército rebelde. dijo Shikamaru revisando el informe.

—Esa pandemia le facilitará todo al feudo...pronto los soldados rebeldes caerán enfermos y morirán, y así la armada del norte tendrá el paso libre al sur… dijo Naruto volteándose hacia la ventana. Sasuke levantó la mirada hacia Naruto. Al no tener información respecto al ejército, el vínculo con el médico del sur puede sernos la puerta de entrada a la aldea de la Cenizas...

—Las medidas del feudo, son cada vez más violentas...la peste arrasará con la gente del sur, y después lo hará la armada del feudo. dijo Shikamaru como para sí mismo.

Sasuke entendía todo. Sin embargo, no era su razonamiento lo que estaba en juego. Eran sus sentimientos los que les estaban llevando a actuar en ese momento. Sin embargo, detrás de todo ese plan él aún visibilizaba varias debilidades. Si bien el tiempo era importante, Naruto aún no estaba considerando algunas cosas. Sin embargo, se sentía contrariado, porque no sabe si desea proteger a Sakura del potencial peligro de la misión, o si el análisis de Naruto no lo convence del todo para el fin de la misión.

Cuando estaba a punto de abrir la boca. Alguien más había tocado la puerta. Era Sakura. Se maldijo internamente.

Se presentó para informar la muerte del pequeño. No obstante, sintió que el ambiente estaba extraño. Naruto estaba mirando por la ventana, Sasuke de pie apoyado en el escritorio y Shikamaru la miraba con una expresión seria.

—¿Pasó algo? dijo con una mirada de preocupación, mirando fijamente la espalda de Sasuke.

Naruto se volteó, para mirarla directamente a los ojos.

—Si… dijo Naruto con cuidado ...Voy a proponerte algo…

Sakura le devolvió una mirada de confusión, rotando entre Naruto y Sasuke, quien aún le daba la espalda.


Horas más tarde, Sasuke bajaba rápidamente las escaleras de la torre del hokage. Era muy entrada la madrugada. Varios pasos más atrás, le seguía Sakura.

El Uchiha se alejaba de ella, a través de las calles. Ella le llamó, pero él seguía con paso firme. Sakura apretó el paso hasta alcanzarle y le agarró con fuerza de la capa. La mirada fría de Sasuke se posó sobre ella. Ella retrocedió unos pasos, alejándose de él; hacía mucho tiempo que Sasuke no la miraba de esa forma. Tuvo miedo, pero se decidió a enfrentarlo.

—Sasuke-kun, solo deseo ayudarte… El Uchiha solo la miraba en silencio. A él le dolía escuchar esas palabras. Sin embargo, no podía permitir aventurar a Sakura a un viaje incierto. Porque si era sincero, ni siquiera Naruto estaba del todo seguro de la efectividad de la misión para los propósitos que se habían planteado, que era en resumen evitar una guerra civil en el país del fuego. Ahora, también tenía cierto resquemor con respecto hacia Naruto, porque insistía en involucrar a Sakura en el problema. Muy en su interior rondaba la duda sobre si solo deseaba salvarse el pellejo y estaba algo urgido con el tiempo debido a la citación judicial que había recibido. Dudas que suscitaban cierta desconfianza, pero que al mismo tiempo deseaba alejar por el bien de la misión. Por su parte, él sabía que Sakura era una Kunoichi muy profesional y capaz, sin embargo, este era uno de los pocos casos, en que, para Sasuke, los sentimientos intervenían, porque al parecer ella no estaba dimensionando las probabilidades de que todo fracasara y terminaran en una guerra por un mínimo error. En ese caso, los errores y el tiempo podían costarle caros, y él no estaba dispuesto a incluir a Sakura en esa apuesta.

Y aunque le doliera, ocuparía todos los recursos a su favor. Incluso si Sakura se enfadase, le rogase o incluso decidiera alejarse para siempre de él. Ocuparía su carta más segura, lo que a ella más le dolía. La distancia.

Después de tanto silencio, él finalmente habló. Se volteó mirándola a los ojos con frialdad.

—Por qué haces esto más difícil? dijo con voz pesada. Sakura abrió los ojos sorprendida. El mantenía esa mirada penetrante en sus ojos. Una mirada difícil de combatir.

—¿Qué quieres decir con eso? preguntó ella intentando mantenerse fuerte.

—Abre los ojos Sakura… estamos al borde de una guerra civil…el que haya una guerra o no, depende prácticamente de Konoha. Es una misión clasificada de alto riesgo…dijo Sasuke con la voz severa. Sakura lo interrumpió.

—Sasuke...dime la verdad… ¿confías en mí? la mirada en los ojos de ella era sincera e ingenua.

Ella tomó una de sus manos y la puso en su pecho.

—¿Confías realmente en mi...Sasuke-kun? Sasuke recordó el sueño del día anterior, y aterrorizado retiró su mano con fuerza del agarre de Sakura. La miró perplejo, confundido, horrorizado. Ella le devolvió una mirada dolida. Ahora sí la había alejado de él. A Sasuke le dolía mucho más.

—¿Qué te sucede? dijo ella confundida, frunciendo levemente el ceño. ¿Por qué no quieres que te ayude...por qué no puedes confiar en mí?... ella intentó acercarse nuevamente, pero Sasuke detuvo su acción, tomándola por la muñeca. Ambos se miraron, ella cada vez más abatida y él alterado.

—Esto no se trata de que no confíe en ti... soltó Sasuke con la voz cansada. Casi susurrando. nos jugamos la vida en esta misión...no quiero verte expuesta a jugarte la vida en este viaje. Naruto está entre la espada y la pared con el feudo… y si las cosas salen mal podríamos terminar en la corte marcial…todos los involucrados en esta misión... él la miraba fijamente, mientras ella escuchaba en silencio. no puedo dejarte ir conmigo...cuando sabes que tenemos a Sarada…

Los ojos de Sakura se llenaban de lágrimas, mientras bajaba el rostro

—Lo que más deseo en la vida es protegerlas… no quiero exponerte a riesgos innecesarios… y tampoco correr el riesgo de dejar a Sarada sola… su voz se volvió suave y afligida, y el agarre de la muñeca de Sakura fue aflojándose hasta soltarla.

No me hagas esto... susurraba Sasuke cerca del rostro de Sakura, mientras ella conteniendo el llanto, negaba con la cabeza.

—¿Cómo podría proteger a Sarada...si sé que puedo ser útil para la misión y no aprovechar esta oportunidad?... susurro ella, con los ojos llenos de lágrimas. Dame la oportunidad de protegerla…soy un ninja después de todo...tan capaz como tú. Al elegir este camino... elegí poner en riesgo mi vida por aquellos a quienes deseo proteger… creo que tú eres más consciente que yo en ese aspecto...

Ambos se miraron durante un rato. La victoria estaba definida. Era una batalla que él no podría ganar, contra el instinto de protección de ella. Se dió la media vuelta y caminó por la oscura calle. Sakura le vió alejarse. Por la incipiente neblina de la calle.

Ella estaba decidida a ir con él en esa misión incierta.


Naruto miraba la escena desde la torre del Hokage. Veía a Sasuke alejarse de Sakura. Suspiró.

—¿Preocupado? preguntó Shikamaru a su espalda, apoyado en el umbral de la puerta.

—Las cosas se pondrán complicadas desde ahora… respondió Naruto con serenidad.

—¿De verdad piensas enviar a Sakura a esa misión? cuestionó Shikamaru rascándose la cabeza.

—¿Hay alguna razón por la cual no pueda? dijo volteándose hacia Shikamaru. Sakura tiene una oportunidad única de poder incorporarse como médico de la zona y poder ganar tiempo, acercarse a la aldea y obtener información. Es una Kunoichi habilidosa y con experiencia. Junto a Sasuke podrán realizar la misión en un menor rango de tiempo.

—Sasuke no se veía nada feliz… respondió Shikamaru.

—Entiendo su descontento… dijo Naruto mirando nuevamente por la ventana. Sakura es su familia después de todo. Nadie quiere poner en peligro a quienes desea proteger. Sin embargo, somos ninjas. Nuestra realidad es que vamos siempre a un paso con la muerte. Ya he tomado una decisión. Estamos contra el tiempo.

Ambos partirán al sur.


Notas de la autora.

¡Hola! Espero hayan disfrutado de este tardío, pero nuevo capítulo. La verdad es que me ha tomado bastante escribirlo. Tal vez, demore cierto tiempo en sacar capítulos, por todo esto de mis deberes académicos y otros, pero seguiré con esta historia hasta el final :3

Usualmente, para inspirarme y crear los capítulos suelo apoyarme con storyboards, o mejor dicho, dibujos de lo que va ocurriendo. Si lo desean, podría crear un Instagram para ir compartiendo esas cosas, y tengamos más contacto c:. En los reviews, pueden comentar que les parece n.n. ¡Nos vemos en el próximo capítulo!