Notas de la autora.

Lo siento mucho por la demora u.u

No pierdan la esperanza, este fanfic será finalizado :) Espero disfruten este capítulo.


──¿Puedes cumplir con esta misión, Sakura-chan?...

La mirada de Naruto se clavó como una daga esperando su decisión. Ella habría dirigido una breve mirada hacia Sasuke, solo para encontrarse con sus ojos impasibles.

Naruto le había explicado todos los reveses de la situación, su posición en el asunto, los potenciales peligros y en detalle, lo planificado hasta el momento para la misión, y el rol que ella tendría en esta. Sasuke yacía apoyado en la pared a un lado del rubio, en silencio. No intervino en ningún momento mientras Naruto habló del tema. Por la enrarecida atmósfera del salón, Sakura intuía que la discusión entre ambos hombres había sido tensa antes de su llegada.

Ella sabía que estaba a la entrada de un asunto más delicado de lo que pensaba. Pero más allá de todo... también vió en ello una oportunidad.

La respuesta estaba decidida incluso antes de entrar a aquella sala.

──Por supuesto que sí... ──dijo inclinando el rostro hacia el hokage y ante la mirada afilada del Uchiha presente.

Naruto la miró satisfecho.

──Partirán cuando terminen los preparativos y sus respectivos trámites. Ya pueden ir a descansar, ha sido una noche intensa. ──dijo el rubio, mirando de reojo a Sasuke, quien al mismo tiempo, tenía la mirada fija en Sakura. Al cabo de unos segundos, el Uchiha salió de la oficina rápidamente, antes que todos los presentes.

Sakura se volteó en dirección a la puerta abierta, con una mirada afligida. Naruto sintió la necesidad de tranquilizarla.

──Se que él lo entenderá, Sakura-chan ──le dijo con tono amistoso. Ella le devolvió una mirada compasiva; él mismo Naruto sabía mejor que nadie lo terco que era Sasuke.

Sin responder al comentario del hokage, la mujer salió rápidamente tras el Uchiha.

Después de la discusión que tuvieron esa noche, a la salida de la torre del hokage. Sasuke se marchó entre las calles y no volvió a casa.


PARTE I

Capítulo 3: "Shireen"

A esas alturas de la madrugada, toda la aldea yacía en silencio y solo se podía divisar el resplandor de las luces nocturnas en las calles. La briza otoñal le mecía el cabello y le refrescaba el rostro. Hacia las afueras de la aldea, lejano en el monte de los hokages, Sasuke estaba sentado sobre la escultura del segundo hokage, aquel que siempre desconfió del clan. Uno de los últimos de su ancestral extirpe, divagaba sobre su escultura ya casi centenaria, luego de haber sido exterminados casi por completo muchos años después de su muerte.

Si que estaba divagando… y un extraño presentimiento le aturdía.

Si era sincero, su malestar no derivaba de la decisión de Sakura, sino más bien, del agotamiento y la frustración de batallar contra la voluntad de su esposa. Más allá de todo, era una batalla que le generaba fuertes contradicciones porque comprendía la posición de ambos en aquel juego y, en consecuencia, lo que ella intentaba hacer. Él lo sabía. Los años pasaban vertiginosos, y el tiempo se les escurría entre las manos. Ambos estaban envejeciendo. Él mismo había cumplido los 34 años el julio pasado y sin darse cuenta, había pasado 12 años sin la compañía de su familia. Una ausencia dura para Sakura y sobre todo para su pequeña hija Sarada. Uchiha Sasuke comprendía claramente porqué Sakura batallaba tanto para evitar su partida, o acompañarle a aquella turbia misión.

Lo que sentía era más bien frustración, ya que fallaba una y otra vez en alejar a su familia del peligro.

Pero había también...otro punto que él aún no estaba considerando del todo y las palabras de Sakura seguían resonando en su mente.

"...soy un ninja después de todo, tan capaz como tú. Al elegir este camino... elegí poner en riesgo mi vida por aquellos a quienes deseo proteger… creo que tú eres más consciente que yo en ese aspecto…"

De pronto, se encontró pensando en Itachi, luego de un largo tiempo. Él sin dudas tuvo mayores dificultades que atravesar en su tiempo. Seguramente su hermano, hubiese tenido alguna respuesta a las incertidumbres que ahora le atacaban, o le habría reprendido por su manía de hacer las cosas solo y le hubiera obligado a llevar a Sakura con él. Itachi habría estado feliz de la presencia de alguien como su esposa en su vida. El Uchiha mayor tenía una habilidad especial para leer a las buenas personas y mantener a raya a quienes no lo eran; seguramente Sakura le hubiese gustado mucho. Para qué hablar de Sarada.

Sonrió. Sin quererlo, su molestia se había disipado un poco.

Sin duda, le había llamado la atención que Sakura haya hablado sobre el "ser ninja", debido a que incluso en el pasado él había reflexionado al respecto de ese tema y su significado. En teoría, Sakura tenía razón en lo que planteaba respecto a su rol como shinobi, era una opción y un deber que ella había tomado por sí misma, mucho antes de que él siquiera formase parte real en su vida. Ahí estaba su punto ciego, pensó.

En su juventud, Sasuke había sido impulsivo y temerario, y también había tomado muchas malas decisiones. Arriesgaba sistemáticamente su vida por los propósitos que perseguía. Pero esos tiempos habían quedado atrás; el paso de los años le había entregado la calma necesaria para llevar su vida. Y aunque nunca lo admitiera, una de sus mejores decisiones, sin duda, fue Sakura. Ella le habría de dar otro sentido a su vida, y si bien, su amistad con Naruto era profunda y muy sana en la actualidad, Sakura le habría ayudado a ponerse de pie y seguir adelante.

Su esposa, lo era todo.

Y antes que su esposa, era también un shinobi…

Se sintió como un estúpido.

Los rastros del amanecer parecían ir disipando su desasosiego, en la medida que la luz se tendía lentamente sobre la aldea. Sin embargo, otras dudas también le preocupaban. Sasuke sabía que muchas cosas no encajaban en la misión, pero al mismo tiempo sabía que no podría cambiar el juicio de Naruto... él no tenía ese tipo de poder.

Tendría que adaptarse a las condiciones de la misión; trabajar en conjunto con Sakura, como en aquellos días en que viajaban juntos.

El sol apareció en el horizonte. Otro día comenzaba y las cosas ya no le parecían tan confusas.


Sakura no pudo dormir esa noche. No dejaba de pensar en la fría mirada de Sasuke atravesándola; un gesto que no había visto desde aquellos amargos días de juventud. Pese a todo, comprendía la preocupación de su esposo, sus palabras eran sinceras y por lo mismo, dolorosas. Ella sabía que su gesto frío buscaba hacerla dudar de su decisión, de hacerla retroceder. No era ingenua.

Desde ese fatídico día, le esperaban muchos más de arduo trabajo, de trámites, reuniones y una pila de informes que revisar y hacer, todo antes del plazo de partida. Por otro lado, Naruto le había encargado una misión especial: encargarse del cuidado de la mujer cautiva del sur, la señora Miso. Sakura automáticamente tuvo el pensamiento que aquello implicaba darle la noticia del deceso del pequeño que venía con ella.

El niño que no pudo salvar.

Después de la jornada en la central de inteligencia, la mujer había sido trasladada al hospital para su revisión médica. Estaba siendo custodiada en una habitación del hospital por dos ninjas que hacían guardia en la puerta. Cuando la pelirrosa llegó al lugar, los hombres le dijeron que la mujer se había resistido, desesperada por saber sobre su hijo y que al cabo de unas horas se había calmado. Sakura entró a la habitación y la mujer estaba sentada en la cama mirando al vacío. Al notar la presencia, llevó rápidamente sus ojos a la recién llegada. Un tenso silencio se dispersó en el pequeño cuarto, hasta que Sakura se atrevió a romperlo.

──Supe que no ha comido nada desde que llegó al hospital... ──dijo acercándose con lentitud al verla con el semblante serio ──le he traído comida. Debe mantenerse fuerte.

──¿Qué ha pasado con mi hijo? ──preguntó la mujer, saltándose la amabilidad de Sakura.

Luego de unos segundos sin saber cómo responder, la médico bajó la mirada, negando con la cabeza.

Si bien, en toda su experiencia como ninja-médico había tenido que entregar este tipo de noticias, en esta ocasión algo le dificultaba enormemente la tarea.

──Lo siento señora…él luchó con todas sus fuerzas...pero falleció la noche en que fue internado.

La mujer abrió los ojos sorprendida por un instante, luego bajó el rostro y volvió su vista hacia el vacío. Sakura quedó inmóvil con la bandeja en las manos, se acercó al mesón y la dejó encima. Se iba a marchar para darle a la mujer su espacio. Pero antes de que acercara a la puerta, ella habló.

──¿Ha sido la peste? ──preguntó en un hilo de voz. Sakura se devolvió, con un pequeño nudo en el estómago.

──La autopsia ha revelado que fue por inanición...su hijo no padecía peste. Los exámenes que le hicimos anoche, han arrojado que usted tampoco la padece. ⏤respondió acercándose a ella nuevamente.

──¿No ha sido la peste? ──se dijo como para sí misma. La pelirrosa notó que estaba algo shockeada por la noticia. ──Quiero verle…──susurró luego de unos segundos en silencio.

──Podrá verle luego de que el servicio médico haga entrega del cuerpo ──respondió Sakura algo apenada por la reacción de la mujer.

Sus ojos volvieron a tornarse hacia un punto desconocido. Luego, sin insistir más, se recostó lentamente en la cama dándole la espalda.

La pelirrosa salió de la habitación con un extraño sentimiento de tristeza. Llamó a Hana, una enfermera novata y aprendiz en ninjutsu médico, y le dió la orden de atender a Miso, mientras ella se ocupaba de otros asuntos.

A pesar de todo el trabajo que cargaba, Sakura venía todos los días a verla y a darle acompañamiento. Durante muchos días seguidos, la mujer se había resistido a las atenciones de la médico. Se pasaba las horas recostada en su camilla y en silencio. Según Hana y lo que ella había visto por sí misma, Miso no había derramado ninguna lágrima. Aun así, se veía muy decaída.

Eran días complejos para Sakura. Con todo lo referente a la misión, tenía que hacer diversas gestiones para relegar su cargo durante su ausencia, lo que la mantenía ocupada largas jornadas, además de las horas de atención médica que tenía que cubrir y además de estar al pendiente del cuidado de Miso.

Por otro lado, habían pasado días en que no veía a Sasuke. No hablaban desde su discusión fuera de la torre del hokage. Cuando ella despertaba al despuntar el amanecer, él ya se encontraba ausente. Sin embargo, sabía que volvía a casa, por el olor fresco que desprendían las sábanas en las mañanas. Sakura acariciaba levemente el lugar de él en la cama, mientras el aroma del Uchiha se dispersaba en su habitación.

Se preguntaba hacia dónde había estado yendo Sasuke en las madrugadas. La incertidumbre le aprieta el pecho, aunque cuando se trataba de él, esa sensación es ya bastante normal.


Era una tarde serena cuando Miso le volvió a dirigir la palabra. Había pasado exactamente una semana de su llegada al hospital. La pelirrosa cumplía con su turno de acompañamiento diario ya habituada al mutismo de la mujer.

──¿Qué harán conmigo?... ──dijo escrutando a la médico con un deje de desesperanza.

Sakura que estaba concentrada poniéndole un suero, detuvo su tarea mientras la devolvía una mirada sorprendida por sus repentinas palabras.

──No lo sé… ──le respondió con tristeza ──eso lo decidirá el hokage...por ahora debes descansar y mantener reposo en el hospital. Está bajo mi protección por el momento…──le dijo con suavidad.

Miso no levantó la vista.

──Señorita... ¿tiene usted hijos? ──preguntó la mujer mirando al suelo.

Sakura detuvo su tarea.

──Sí…──respondió tratando de mantenerse firme ──tengo una hija…

──¿Qué haría usted si a su hija un día le sonriera, y le dijera que todo iba a estar bien...y luego...sin más...dejara de estar a su lado. ──susurró la mujer.

Sakura la miró con tristeza. Sinceramente era una pregunta difícil de resolver, especialmente para una madre.

──Eso está más allá de mi comprensión, señora Miso ──susurró Sakura, volviendo a su tarea.

──Ese niño era todo lo que tenía...sin él, estoy completamente sola...en un lugar desconocido y sin hogar al cual volver….

Sakura se sentó en la camilla. Las palabras de la mujer la inquietaban. Sin saber que decir, atinó a tomar una de sus manos con fuerza.

──No tema... ──intentó decirle con algo de determinación ──estaré con usted para lo que necesite...y mientras yo esté con usted...nada le ocurrirá. Estoy a su servicio.

La mujer desvió su vista del suelo, para posarla sobre Sakura. La incertidumbre le recorrió la espalda hasta que notó que los ojos vacíos estaban ahora repletos de lágrimas. La mano endeble de Miso se aferraba a la de la joven médico.

Un sollozo callado irrumpía la serenidad del atardecer en aquella solitaria sala de hospital, mientras Sakura estrechaba en sus brazos el incipiente llanto de aquella mujer con la que apenas había cruzado algunas palabras, pero que había callado con estoicismo la pérdida fatal de cualquier madre.

Sakura le acarició el cabello cual niña durante horas, hasta que la calma retornó a su temple.

Dada la repentina cercanía que había cimentado sin quererlo, Sakura pensó en la oportunidad de tocar un tema con ella, mientras gozaba de cierta tranquilidad y complicidad.

──Miso-san…──empezó con cautela ──¿qué ha pasado mientras viajaban a Konoha?...con los militares que les trajeron ese día…

La mujer la miró con sorpresa, mientras desviaba la mirada. Sakura interpretó su mueca como de desconfianza.

──Han hecho algo similar… ──comenzó diciendo lentamente ──nos hicieron preguntas sobre nuestras aldeas…

──¿Les interrogaron? ⏤preguntó la médico en voz baja, a lo que la mujer asintió con la cabeza.

──Ese hombre… ──susurró mirando al vacío. ──nos arrancó de nuestro hogar y quería hacernos hablar…──dijo arrastrando las palabras, como buscando las imágenes en su memoria.

──¿Hablaron? ──susurró Sakura. La mujer cerró los ojos, respirando un poco agitada.

──Yo…──dijo con dificultad ──no soporté los golpes...y dije algunas cosas...pero…──Sakura la miraba con asombro.

──¿Golpes? ──repitió la pelirrosa

──Shinnosuke no dijo palabra alguna...soportó todo. Incluso el día en que llegamos acá...aún era capaz de sonreírme… ──susurró finalmente rompiendo en llanto. Sakura bajó la mirada absorta, recordando las múltiples marcas en el cuerpo del niño.

──¿Dijo algo sobre eso, mientras le interrogaban acá?

──No… ──dijo sollozando la mujer

Sakura se quedó pensando un momento, intentando encajar algunas cosas en su mente.

──¿Por qué no hablaron?...¿Qué buscaban ocultar? ──preguntó finalmente la pelirrosa, a lo que la mujer levantó el rostro lentamente frunciendo el ceño

Luego de un silencio, Miso suspiró y se decidió a responder.

──Ellos… ──susurró en un murmullo casi ininteligible. ──Nadie puede hablar de ellos…

Sakura la miró con intriga y algo impactada por la revelación de la mujer

──¿Ellos? ──repitió Sakura con extrañeza, a lo que la otra asintió lentamente.

──Pero...el examen mental...no registró nada de eso… ──dijo Sakura arrastrando lentamente las palabras. La mujer tenía un semblante muy extraño...como si tuviera mucha certeza en sus palabras, o como si escondiera algo más grande. Sakura la miró con atención.

──Yo... no puedo seguir hablando sobre eso…pero...lo que vive nuestro pueblo...tiene que acabar de una vez. La situación del sur es grave y se agrava cada día...

Ambas mujeres se miraron, Sakura iba a abrir la boca, llena de interrogantes, pero unos golpes llamaron a la puerta.

Hana apareció en la habitación con una expresión agitada.

──Sakura-sensei, le llama del consejo, se ha convocado a una reunión extraordinaria, un paciente ha llegado en estado grave y requiere atención urgente.

──Me temo que continuaremos con esta charla más tarde... ──le dijo a Miso, mientras se ponía de pie.

La mujer le hizo un gesto para que se acercara y Sakura así lo hizo. Le tomó la mano con cariño.

──Gracias...por todo…

Sakura le sonrió. Miso tenía una expresión cálida en el rostro.

Salió con paso ligero de la habitación.

──Hana, tú quedarás a cargo de la señora Miso en mi ausencia. ──le ordenó a la joven, mientras se iba con rapidez por los pasillos del hospital.

Esa noche, una persona había llegado con una herida grave al hospital. Sakura estuvo horas en la sala de urgencias tratándola y luego despachándola para su recuperación. La operación fue exitosa y los preocupados familiares le habían traído flores en agradecimiento. Sakura las tomó y pensó regalárselas a Miso, para que fuesen juntas al entierro de Shinnosuke. Sabía que la pondrían de mejor humor al despertar. Además, había descubierto que tenía un encanto y una curiosidad por las flores, debido a que pasaba horas mirando las que la médico le traía todos los días para animar el solitario cuarto que ocupaba.

Al llegar al pasillo, vió a Hana hablando animadamente por el teléfono de la recepción, sin siquiera notar su presencia. Siempre la reprendía por sus constantes distracciones. Tendría que hacerlo nuevamente, pero el cansancio la llevó directamente a la habitación de la mujer.

Miso yacía dormida, acurrucada en dirección a la ventana. Sakura se acercó para dejar las flores en el pequeño velador que le había cedido, para que guardara sus cosas personales. Se dió la media vuelta, para apagar la luz y dejarla descansar, cuando de pronto la ventana de la habitación se cerró de golpe. No había notado que estaba abierta. Se acercó casi arrastrando los pies para cerrar las cortinas mientras maldecía internamente a Hana por su negligencia con su misión. Cerró las cortinas y se volteó a ver a Miso, que dormía con un semblante tranquilo e incluso sus labios se curvaban en una pequeña sonrisa inconsciente. Sakura sonrió. Era una mujer sencilla y bastante astuta. Sin embargo, notó que sostenía algo en una de sus manos. Se acercó rápidamente, y le quitó lo que apretaba. Era el frasco de un medicamento vacío envuelto en un pequeño trozo de papel. Abrió los ojos, estremecida y un escalofrío le recorrió la espalda. Acercó una de sus manos y notó el tacto gélido de su piel. Con el pulso tembloroso, buscó tomarle la presión, la que, para su ya escalofriante suposición, no existía.

Sakura bajó el rostro, tomando la mano inerte de la mujer mientras se agachaba lentamente.

──Estás sonriendo...Miso-san ──susurró con dificultad, mientras las lágrimas se atoraban en sus ojos.

Tras algunos minutos, salió de la habitación. En esta ocasión Hana la vió y fue corriendo en su dirección, mientras agachaba la cabeza.

──Sakura-sensei, lo siento, no volveré a distraerme, se lo prometo... ──comenzó a excusar la chica, como siempre hacía. Sakura tenía la mirada desorientada. Inconscientemente, levantó una de sus manos y abofeteó con fuerza a la joven, la cual quedó paralizada y con la mejilla enrojecida.

Ambas mujeres quedaron inmóviles y silenciosas en aquel frío pasillo de hospital. Sakura se cubrió el rostro, mientras rompía en pequeños sollozos. Hana, sujetando su rostro, la miró con una expresión confundida.


El entierro de Miso tuvo lugar a las afueras de Konoha al día siguiente, junto al nicho de Shinnosuke y solo asistido por Sakura y Naruto. Atardecía y solo podía oírse el sonido de los cuervos cruzando por encima del bosque. Ambos estaban de pie frente al monolito, prestando sus respetos.

──Finalmente están juntos...madre e hijo ──susurró Sakura

Naruto asintió en silencio.

La pelirrosa había notado que estaba más ensimismado de lo usual. Ambos se quedaron en silencio por varios minutos. El viento ululaba con fuerza entre los árboles, produciendo un ruido sordo que armonizaba con el mutismo de ambos.

El rubio suspiró.

──Supongo que estas instancias son los gajes del oficio del hokage... ──dijo con la mirada fija en las flores que adornaban el monolito.

Sakura le dirigió una mirada compungida.

──Naruto…

A pesar de las palabras que salían de su boca, el semblante del rubio yacía neutro. Incluso no parecía ser consciente de la presencia de la pelirrosa a su lado, mientras divagaba en sus propios pensamientos. Sakura guardó silencio. Pensaba animarle, pero ni ella tenía el ánimo o la hipocresía de defender lo indefendible.

──Naruto...hay algo que debo decirte… ──susurró, bajando el rostro.

Él se volteó para mirarla a los ojos.

──Los militares que les trasladaron...les interrogaron mientras se dirigían hasta acá.

──¿Ella te lo dijo? ──preguntó Naruto con un tono agotado.

──Me dijo que les habían preguntado cosas… ──respondió Sakura ──en el chequeo… noté que ella tenía marcas en sus brazos, y el niño mostraba muchas lesiones, que parecían consecuencia de golpes. Los militares del feudo les torturaron para sacarles información...

Naruto la miró sorprendido, mientras apretaba uno de sus puños.

──Pero...le hicimos el examen mental…y nada de eso aparecía… además si hubiese habido algún sello que les impidiese hablar, habría sido detectado en el examen ──dijo volteándose perplejo.

──En el archivo de la autopsia tampoco aparece la presencia de algún agente extraño. ──dijo la kunoichi ──Al parecer...no se obtuvo toda la información. Sin embargo, al parecer todo lo que dijo en los interrogatorios es verdad. Al parecer ocultó ciertas cosas...

──¿Qué cosas?

──Íbamos a hablar de ello ayer en la noche…pero...

──Ya veo… ──dijo Naruto pensativo.

──Pero ella me dijo algo acerca de cosas que no podían decir...acerca de unos "ellos"... ──dijo Sakura mirando a los ojos a Naruto.

──Voy a necesitar un reporte con tus observaciones y además el expediente de la autopsia de ambos. ──dijo el hokage ──De todas formas, tendrán que investigar con mayor profundidad en el transcurso de su misión.

Sakura asintió.

Luego de un rato, Naruto se despidió y mientras se alejaba, Sakura deseó saber respecto al paradero de Sasuke. Estaba segura que él sabía dónde podría estar. Antes que se fuera, le llamó. El rubio se volteó con un gesto curioso, sin embargo, la pelirrosa se arrepintió a último momento. No deseaba seguir involucrando a Naruto en sus asuntos con Sasuke. Bastante había ya interferido durante las últimas semanas. Por otra parte, él se preocupaba mucho por ella, sobre todo si de Sasuke se trataba. Además, había notado el semblante cansado de Naruto el último tiempo. No deseaba añadir más carga.

──¿Sakura-chan? ──llamó el rubio con una mirada de intriga, ante el ensimismamiento de su amiga.

──No es nada…. ──dijo ella, intentando esbozar una sonrisa. ──te quería decir que te cuides.

Él cerró los ojos en un gesto de amabilidad.

──Tú también...Sakura-chan… ──dijo dándose la vuelta, mientras se marchaba.


Luego del entierro, Sakura se dirigió con paso lento, nuevamente al hospital. En las noches, era un lugar muy pacífico. No deseaba volver a casa, ya que Sarada había estado en una misión durante los últimos días, y sumando a ello la ausencia de Sasuke, el departamento se había vuelto un lugar silencioso y solitario. Después de todo, habían sido unos días agitados, un respiro no le vendría mal. Se encerró en su oficina, la cual afortunadamente se encontraba en unos de los rincones en los pisos superiores del hospital. Abrió la ventana, era una noche calmada y algo fría.

Mientras se relajaba, se metió las manos a los bolsillos. Sintió la textura de un pequeño papel doblado dentro en uno de ellos. Lo sacó y recordó que era el papel que le había quitado a Miso de las manos cuando la encontró. Con todo lo que tuvo que atender, y ante el shock, no tuvo momento para revisar el papel con detención. Lo abrió con cuidado y se encontró con una breve línea, o más bien, una palabra... escrita con una caligrafía dificultosa.

"Shireen"

Una palabra desconocida.

Se quedó un momento observando el papel, mientras intentaba recordar todo lo que había conversado con Miso, y además pensando en la relación entre esa palabra y lo que la mujer le había revelado de forma secreta. De todas formas, se cuestionaba la razón por la que Miso, le había contado todo aquello.

"lo que vive nuestro pueblo...tiene que acabar de una vez. La situación en el sur, es grave y se agrava cada día…"

Por otra parte, estaba aquello de lo cual no podía hablar, sobre "ellos". Sakura se cuestionaba el vínculo entre la nota, lo que no podía decir y lo respectivo a "ellos". Toda la información parecía un torbellino en mente, por lo que decidió comenzar a redactar el informe para el hokage. Además, había una idea que Sakura aún no asimilaba del todo, pero que había rondado vagamente entre sus pensamientos, ya que la respuesta la hacía sentir culpable, y era el hecho de que el suicidio de Miso, haya sido debido a que le había revelado esa información, o que se haya suicidado para no seguir entregando información...pero en ese caso… ¿dónde encajaba la nota después en todo? Era un puzzle que le tomaría tiempo resolver. Veía la necesidad de investigar el origen del término que Miso había dejado en su nota póstuma. Largas jornadas en la biblioteca se veían venir para la kunoichi.

Pasó un largo rato redactando el informe y firmando algunos papeles del hospital. Una pila de trabajo esperaba aún en su escritorio.

Las horas habían pasado con ligereza cuando unos leves golpes en la puerta, la sacaron de su recogimiento. Se levantó con pesadez y abrió la puerta algo distraída, para encontrarse con la figura de Sasuke Uchiha frente a ella.

Abrió los ojos sorprendida, mientras él la miraba con un semblante sereno. Antes de que ella pudiera decir alguna palabra, él habló.

──Tengo que hablar contigo.

Sakura estaba algo aturdida, al verlo luego de días sin saber de él. Se apartó de la entrada, mientras le hacía pasar a la oficina, algo nerviosa por la inesperada visita del Uchiha.

──¿Cómo me has encontrado? ──dijo ella mientras se apoyaba nuevamente en el marco de la ventana, aplazando el tema que justificaba la presencia de su esposo.

──Fui al departamento, pero estaba vacío. Asumí que estarías aquí. ──dijo él lacónicamente, mientras se paraba junto al escritorio.

──Ya veo… ──dijo ella, viéndolo de reojo. Llevaba puesta su ropa de misión. ¿Había estado fuera de la aldea? Deseaba preguntarle dónde había estado todos esos días, y porqué actuaba como si nada hubiera pasado, pero el cansancio la había sobrepasado ese día.

Luego de unos segundos en silencio, él retomó la conversación.

──He hecho los preparativos para la misión...y he acomodado la estadía de Sarada en nuestra ausencia. ──dijo con su tono habitual ──He hablado con tus padres. Ya le he dicho a tu madre sobre nuestra salida de la aldea. Sarada se quedará con ellos.

──¿Por qué no me avisaste?...supongo que mi madre te habrá llenado de preguntas ──dijo Sakura, sorprendida por el pragmatismo de su esposo.

──Naruto me dijo que has estado haciendo otros trámites en el hospital. Pensé que estarías ocupada con lo del cambio de dirección ──dijo Sasuke con simpleza.

──Es cierto… ──dijo ella resignada.

──Con respecto a Sarada...hablaremos con ella cuando vuelva de su misión… ──continuó el Uchiha, y por primera vez en mucho tiempo, Sakura sintió la preocupación en su tono de voz. Suavizó su mirada, ante su descubrimiento.

──Estará bien...ella es muy independiente. Lo comprenderá. Ha madurado mucho... ──le dijo intentando animarle, con un tono comprensivo. Sasuke asintió con un leve suspiro. ──Sarada es una chica ocupada…se las arreglará perfectamente en nuestra ausencia...

──Lo sé…es una gran chica… ──dijo el Uchiha, esbozando una leve sonrisa. Sakura sintió un leve cosquilleo en el estómago. Él había expresado aquella sonrisa, de esas que hacía cuando hablaba de Sarada y que en especial, a ella le gustaban. Ese pensamiento disipó su molestia y su cansancio por un momento.

Ambos sonreían cuando se trataba de Sarada. Sin embargo, no bastó mucho para que recordara sus propios problemas con Sasuke. Su rostro se ensombreció. Ella no deseaba esa incómoda tensión entre ambos.

──Sasuke-kun… ──le llamó, interrumpiendo el embelesamiento del Uchiha. ──yo...no deseo seguir con este conflicto contigo...yo…

──Lo entiendo… ──dijo Sasuke interrumpiéndola, mientras bajaba la mirada ──tenemos una misión por delante…

Sakura reaccionó con sorpresa por unos segundos. Sin embargo, estaba algo disconforme por la simpleza de su respuesta.

──Siento que no hayas podido llegar a un acuerdo con Naruto… ──prosiguió ella. Sasuke la miró intrigado. ──sé que no estabas de acuerdo en que yo participara de esta misión…

Él avanzó unos pasos, acercándose a la ventana.

──Yo llegué a un acuerdo con Naruto...es por ello que él te ha incluido en esta misión ── respondió el Uchiha mirándola fijamente.

──Pero… ¿por qué...luego de que aceptara me dijiste...? ──replicó ella confundida.

Sasuke suspiró.

──Verás… ──empezó el Uchiha, intentando buscar las palabras. ──yo... aún no estoy de acuerdo con que vengas conmigo; pero...entiendo que la misión lo requiere y es por ello que finalmente he aceptado. Reconozco que tus habilidades y tu intervención convendrán al objetivo...pero aun así… ──Sasuke se detuvo para mirarla directo a los ojos. Ella le escuchaba con atención.

Él continuó.

──Pensé...que cuando Naruto te propusiera ir a la misión...tu declinarías la invitación… ──dijo ante la sorpresa de Sakura. ──Me aferré a la idea...de negarme a mí mismo el hecho de que sin duda, tú aceptarías…

Ella parecía tan sorprendida por sus palabras, que sus grandes ojos verdes se habían puesto brillantes.

──En mi afán obsesivo...de no exponerte en esa riesgosa misión...creí que tú, que tenías la posibilidad de quedarte en la aldea, junto a Sarada, ambas seguras...tomarías esa opción ──dijo el Uchiha, sincerándose, mientras los ojos de Sakura se llenaban de lágrimas ──...necesitaba tiempo, para asimilar, que como ninja...es tu deber responder y asistir a la misión. Es por ello...que te pido disculpas por mi reacción y por mis palabras ese día...

Sasuke no alcanzó a terminar la frase, cuando Sakura se abalanzó sobre él, aferrándose con fuerza a su cuerpo, ocultando su rostro en su pecho. Él la rodeó con su brazo.

──Cariño… ──dijo Sakura con un suave sollozo. ──no te disculpes por eso…

Sasuke le acarició la cabeza con ternura. Ella no aflojó el abrazo. Ambos se mantuvieron así.

──Te necesito… ──dijo ella con voz queda. ──no vuelvas a desaparecer de esa forma…

Levantó la mirada para encontrarse con los profundos ojos negros de su marido. Él inclinó su rostro, posando sus labios sobre los de la pelirrosa, mientras ella le rodeaba el cuello con sus brazos. Un agarre firme e inseguro.

"No vuelvas a desaparecer de esa forma…"

El la besó con mayor intensidad para disipar aquella extraña sensación de culpa. La tomó de las caderas, y la puso contra el escritorio, mientras ahondaba el beso. Sakura soltó el amarre, y él comenzó a besar su cuello, mientras su mano bajaba desde su cadera hasta su muslo. Ella suspiró y Sasuke tomó la ventaja de sentarla en el escritorio.

Acomodado entre las piernas de la kunoichi, el Uchiha comenzó a desabrochar el vestido negro que ella llevaba puesto. Su abdomen quedó al descubierto, al igual que su ropa interior.

En una seguidilla de besos a lo largo del abdomen, el Uchiha descendía en el cuerpo de Sakura, lenta y tortuosamente.

Sin embargo, entre el sopor y las caricias de su esposo, Sakura cayó en la cuenta de que estaban a punto de intimar en su lugar de trabajo. Aunque era difícil razonar cuando veía el rostro de Sasuke descendiendo hacia a aquel dulce punto. Entre suspiros, llamó la atención del concentrado Uchiha.

──Sasuke-kun…

──¿Mmh? ──murmuró Sasuke, sin abrir los ojos.

──¿Alguien te ha visto venir hasta acá? ──preguntó ella, sonrojada, y con los codos apoyados en el escritorio.

──La chica de la recepción...la del pasillo ──respondió Sasuke sin inmutarse y siguiendo con su tarea.

"¡Hana!" pensó Sakura bruscamente, recordando que la había reprendido cubriendo turnos en la recepción por sus continuadas faltas.

En efecto, Hana le había visto entrar, reconociéndole de inmediato. No había chica en el hospital que no supiera que Sasuke Uchiha, era el misterioso y atractivo esposo de la directora, en especial, desde que había regresado de forma más estable a la aldea y de cuando en cuando, pasaba a hablar con ella al establecimiento.

El solo pensamiento de Hana conjeturando la repentina demora de Sasuke en su oficina, a esas horas de la noche, la llevaron a verse enfrentada al cotorreo general y los chismes de la directora que no pierde el tiempo con su esposo en su propio trabajo. Sin embargo, todos sus pensamientos se dispersaron rápidamente, al sentir los labios del Uchiha sobre la delgada tela de sus bragas, besando con suavidad sobre su intimidad. Levantó la mirada y vió la cabeza de Sasuke escondida entre sus piernas. Tenía los ojos cerrados, y ya no llevaba la capa puesta ──ni siquiera había notado cuando esta había resbalado al suelo──. No creía lo que estaba pasando. De todos los años en que le conocía, nunca pensó que Sasuke terminaría dándole sexo oral en su propia oficina.

Sus labios se movían lentamente de arriba a abajo, poniendo presión en su entrada. Sakura gimió. No tenía la fuerza para detenerle. Él levantó su brazo para separarle más las piernas, mientras sentía entre los pliegues de su delicada ropa interior, como la lengua del Uchiha se introducía en su cavidad. Ella gimió levemente, por temor a ser escuchada. Suspiraba con dificultad, al sentir la lengua tibia de su esposo rozando lentamente su clítoris.

──Sasuke-kun… ──gimió con dificultad. Ante su suplicante llamado, el abrió los ojos para mirarla, mientras seguía en su cometido. Sonrojada y con las cejas arqueadas, los labios entreabiertos gimiendo dulcemente. Una imagen que al Uchiha le gustaba mucho.

Sin dudas quería llevarla al orgasmo, pero le estaba costando batallar con la escalada de gemidos que le llegaban desde arriba. Además, la humedad de su cavidad, le llamaba a actuar con rapidez. Se puso de pie, buscando algo en sus bolsillos, ante la mirada atenta de su esposa, quién entendió su iniciativa. Se desabrochó el pantalón y con habilidad logró ponerse el condón.

Sakura lo recibió con las piernas abiertas.

La erección de Sasuke ingresó sin dificultades al interior de la kunoichi. El roce hizo que el gruñera en la oreja de ella, y que ambos gimieran al unísono. Sasuke levantó una de las piernas de ella, para penetrarla con mayor profundidad. Ansiaba sentir a Sakura apretándolo.

Comenzó a moverse con fuerza y rapidez, dada la lubricación de Sakura, sujetándole la pierna, para no perder la profundidad de la estocada. Sakura lo llamaba entre gemidos.

──Rápido...Sasuke-kun...

El que ella le exigiera rapidez, le ponía más duro. Luego de un ciclo de embestidas, comenzó a sentir que ella comenzaba a apretar su miembro más y más. No soportaría ese ritmo por mucho tiempo, así que la penetró con fuerza hasta que ella logró llegar. Sasuke la besó, mientras sentía la humedad fluir a través del condón.


Sasuke reposaba sobre el pecho de la pelirrosa, cuando notó la presencia de un papel sobre el escritorio.

──¿Qué es eso?

Sakura, cansada por el encuentro volteó lentamente la cabeza. El papel con aquella misteriosa palabra, yacía algo arrugado a un lado del escritorio, sobre el informe a medio terminar en el que Sakura había estado trabajando aquella noche.

──Creo que yo también debo hablarte sobre algunas cosas… ──dijo ella reposando la cabeza nuevamente sobre la madera caliente y cerrando los ojos

Sasuke se levantó de encima de su esposa. Sakura le observó desde el ángulo en que se encontraba. El Uchiha tenía la camisa abierta, el abdomen marcado por el calor del encuentro, mientras se abotonaba el pantalón. Sin embargo, los asuntos de la misión le devolvieron a tierra, mientras ella también se incorporaba del escritorio para abrochar su vestido. Ambos se vistieron en silencio.

Sakura le contó todo lo acontecido con Miso durante la última semana.

──¿Por qué habrá dejado la nota? ──se cuestionó Sasuke mientras examinaba el pequeño papel.

──No lo sé...todo ocurrió tan rápido. Me dijo que no podía decir mucho sobre el sur...pero aún no logro entender por qué... ──respondió Sakura

──A pesar de todo...pudiste obtener algunas pistas. ──dijo Sasuke ──¿has informado a Naruto al respecto?

──Fue él quien me pidió el informe

──Ya veo… ──dijo Sasuke dejando los papeles sobre el escritorio.

──Con respecto al contenido de la nota...sería información valiosa si lograra descifrarla.

──No hay tiempo para ello. ──Interrumpió Sasuke ──Tendremos que partir en un par de días...Naruto está con mucha presión desde la aldea Benigna. Otra citación le ha llegado hoy, deberá presentarse con el feudal.

──Entiendo. Los trámites que tenía pendientes están listos.

Sasuke puso su mano sobre la cabeza de la pelirrosa. Sakura levantó el rostro sorprendida.

──Entonces...al parecer estamos listos.


La tarde en que partieron, Sakura vió a los cuervos atravesar el cielo en una bandada. Atardecía y el frío otoñal comenzaba a dar las señales de que pronto vendría el invierno. La estación de trenes estaba algo vacía, y Naruto con Sarada fueron a despedirlos. Sasuke le había dicho, que tenía una misión y que Sakura en esta ocasión le ayudaría. Sarada estaba feliz de que ambos compartieran un tiempo solos. Para Sakura, era una despedida algo melancólica, ya que hacía años que no salía de Konoha y no había pensado en lo duro que sería separarse de la pequeña Uchiha, luego de vivir juntas por tanto tiempo.

Naruto los miró con determinación, en especial a Sasuke.

──Cuídense.

──Nos vemos. ──se despidió Sasuke.

El tres partió con destino al sur, y con ello la misión comenzaba. Sakura miraba por la ventana como Sarada movía su mano, mientras la distancia empequeñecía su figura cada vez más.

Cuando el tren desaparecía a la distancia, Naruto seguía mirando el rastro de la máquina. Sarada le miró con intriga

──¿Ocurre algo, Nanadaime? ──dijo la pequeña Uchiha, curiosa por el enajenamiento del hokage.

Naruto le devolvió una mirada sorprendida.

──No es nada... ──respondió con amabilidad, cerrando los ojos.

Sarada se despidió, mientras corría de vuelta a la aldea. Naruto se quedó de pie, mirando hacia la dirección donde sus más preciados amigos se habían marchado. No podía negar su preocupación.

Sé que encontrarán las respuestas...sé que lo harán…

Sasuke…cuida de Sakura-chan...por favor…


Notas finales

No olviden comentar n.n A veces no me alcanza el tiempo para responder, pero siempre leo lo que me dejan :)

No olviden compartir el fic con sus amistades y fans del sasusaku 3

Gracias por seguir leyendo y apoyando esta historia n.n