Notas de la autora.

¡Hola queridos lectores! Ha pasado mucho tiempo desde el último capítulo, y con mucho gusto les traigo la continuación de esta historia. He estado muy absorbida por mi trabajo, al que debo dedicar mucho tiempo y energías, pero me he dado los espacios para terminar este capítulo, que tuve sin editar por mucho tiempo. No estaba satisfecha con el resultado y cambié muchas cosas en la marcha, así que espero les guste.

En fin, basta de palabras, ¡disfruten este capítulo!

ADVERTENCIA

No está de más recordar que este fic está dirigido a un público de clasificación M, por ende, para mayores de 18 años.


.

.

.

.

.

.

.

(...) "... en todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío".

Ernesto Sábato.

.

.

.

.

.


La noticia de aquel extraño sujeto que se había inmolado en la plaza principal, llegó tanto a los oídos de los pacientes como también el personal del centro médico. Los enfermeros reaccionaron con pavor ante el terrible designio del desconocido. Shinta terminaba su turno, mientras oía el cuchicheo general en el comedor. El hombre había ardido por unos minutos, y posteriormente había sido detenido por algunos militares que resguardaban la zona. Muchos se cuestionaban porque no se había trasladado de inmediato al centro, y que no tenía rastro de él desde el incidente.

El joven médico se cambió de ropa en el camarín, se despidió rápidamente del personal y se retiró. Eran las 12 de la noche, y el cielo, profundamente gris, entregaba algunas señales que conocía muy bien: pronto nevaría.

Caminó por las calles cubiertas de barro, consecuencia de las intensas lluvias de las últimas semanas. El frío lograba calar el grueso abrigo que llevaba.

A la vuelta de una esquina, bajo la débil luz de un viejo farol, una figura alta le esperaba: era Dai.

─ ¡Te has demorado mil horas, tarado! ─dijo golpeándole amistosamente el hombro.

Sin importar el panorama o lo que tuvieran que hacer, Dai siempre sonreía. Esta ocasión no era la excepción.

─Había algo de alboroto en el centro, todos se han enterado del caso… ─respondió con cansancio Shinta.

─Ya veo… ─dijo Dai. ─era imposible evitarlo de todas formas ...

Ambos caminaron hacia un baldío en las afueras de la aldea, donde se encuentran fuera uno de los cinco cuarteles militares. Allí los recibió el sargento a cargo y los guió por una escalera que daba a un camino subterráneo. El olor a humedad que impregnaba las celdas que estaban lado a lado de aquel estrecho pasaje, pasó a segundo plano cuando comenzó a sentir aquel terrible olor. Un hedor a carne quemada o chamuscada invadía todo el sector. Shinta se cubrió el rostro disimuladamente.

─Aquí está…. ─dijo de pronto el militar deteniéndose frente a una celda.

El cuerpo chamuscado de un hombre se hallaba sobre un catre inmundo. Shinta y Dai ingresaron a la celda para examinarlo, pero las condiciones eran deplorables.

─ ¿Esperan que lo atendamos en estas condiciones? ─preguntó Dai de forma desafiante, girándose a ver al sargento.

─Espera ... Dai ... ─dijo Shinta, agachándose frente al cuerpo. Se puso unos guantes y una mascarilla, y comenzó a tomar los signos vitales. Todos eran débiles.

Ambos siguieron examinando el cuerpo por unos minutos, pero a esas alturas el pronóstico era determinante.

─No podemos hacer mucho por él aquí ... si no lo llevamos al centro, morirá. ─dijo Dai nuevamente al militar.

El sargento se limitó a retirarse del lugar.

─Llamaré a algunos cadetes para que vengan por el cuerpo… ─dijo a ambos jóvenes antes de marcharse.

─Maldito hijo de perra insensible… ─murmuró Dai por lo bajo.

Shinta estaba concentrado observando el cuerpo calcinado. El silencio de aquel calabozo, le escuchará algo. Una leve respiración salía con dificultad desde la boca de aquel hombre. El olor se tornaba insoportable, no obstante, el joven médico acercó su oído a los inexistentes labios de los cuales parecían salir un hilo de voz o lo que parecían ser unas palabras

Fa….

Familia ...

Mi familia ...

Shinta abrió los ojos y lo miró sorprendido. A pesar del dolor, aquel hombre había sobrevivido y era capaz de seguir preocupándose de algo que fuera su propio martirio.

─ ¿Está respirando? ─preguntó Dai, a su espalda. Incapaz de oír aquellas remotas palabras saliendo del moribundo.

Shinta no era capaz de despegar sus ojos de aquel rostro calcinado, que luchaba por vivir.

El hombre finalmente murió unos minutos después y los militares retiraron el cuerpo.

Ambos jóvenes salieron del cuartel resignados. Había llegado la madrugada y el frío se había vuelto más intenso. Shinta sacó un cigarrillo y lo prendió con algo de dificultad. Le temblaban las manos.

Se concentró en el camino de vuelta a la aldea, y el viento agitaba las ramas vacías y esqueléticas de los árboles. Ambos iban silenciosos, hasta que Dai se atrevió a romper el hielo.

─ ¿Estás bien? ─le preguntó con algo de preocupación. Shinta estaba más callado y taciturno de lo habitual. Verle afectado por un paciente ya no era algo común después de todo lo que vivido y visto en esos años que estuvo trabajado juntos.

Aunque no recibió respuesta alguna del Shinta. En su mente aún permanecía ese extraño olor a calcinación, ese efecto trágico del fuego; ese rostro, esas últimas palabras y ese último suspiro previo a la muerte lo transportaba a recuerdos que no podía sacarse de la mente.

Siguieron el sendero en silencio, por ese camino oscuro y frío como sus recuerdos.


.

.

.

.

.

.

PARTE II

Capítulo 7: " El misterio que esconde el corazón ".

.

.

.

Con el paso de los meses, el vivir en la residencia del médico no era nada fácil para Sasuke Uchiha. No se atrevía a entrar en la habitación de Sakura por las noches, dado el hábito de Shinta de rondar por la casa en la madrugada. En las tardes, se reunían en el patio para conversar brevemente, y si tenían que hablar de la misión, se buscaban en los momentos en que Shinta y Haru habían hecho sus turnos en el centro médico.

La abstinencia sexual no era algo nuevo para Sasuke. Con sus largas ausencias y viajes lejos de casa, estaba acostumbrado a no llevar una vida sexual constante. Aunque eso no significaba que no pensara en Sakura en la distancia. Gracias al Sharingan, guardaba preciosos recuerdos de sus encuentros, y sobretodo, de intensos y fogosos reencuentros. Le encantaba la Sakura de los reencuentros. Se le notaba en los ojos su intenso deseo, y él, como buen esposo, tenía el deber y misión de satisfacerla como correspondía.

Sin embargo, esto no era lo mismo que estar lejos. Sakura estaba al otro lado del pasillo, durmiendo, escribiendo el diario de observaciones, o quién sabe. Podía sentir en la palma y en la yema de sus dedos, la textura suave de su piel, de su abdomen, sus piernas, sus senos y su trasero.

Pensaba en aquella mágica y pronunciada curva encaminada hacia el final de su delgada espalda, levantada con gracia. Le fascinaba observarla, incluso a través de la ropa, siempre atraía su libidinosa atención. Incluso en sus tiempos más juveniles, mientras viajaban juntos, observaba tímidamente aquella atrapante curva.

La Sakura de aquella época, era inocentemente sensual, ahora que lo pensaba. A sus 34 años, podía recordar como aquella delgada chica de apenas 20 años, de cintura pequeña y buen trasero, despertó su deseo sexual. Durante aquellos días de verano, no podía olvidar como se marcaba su abdomen bajo aquella malla, que traslucía su piel y cómo se pronunciaban sus caderas. A veces pensaba, si aquellos atuendos eran una forma de provocarlo o simplemente ella se había vuelto así de sensual; o era él quien la miraba con otros ojos ahora. Era el aura voluptuosa que la envolvía, empoderada de su sensualidad, y cómo atraía la mirada de otros hombres en las aldeas que visitaban.

Poco a poco, el deseo por ella iba creciendo, así como también la admiración. Evidentemente, se estaba enamorando de Sakura, pero también tenía apetito por ella.

Cuando era aún adolescente, recordaba haber visto la tabla del templo Nakano, que revelaba algunos secretos e historias de los Uchiha, así como también se dedicó a la investigación y lectura del material que había dejado su clan, y así tropezó con una información curiosa en uno de los tantos libros que leyó. Los Uchiha pudo llegar a gozar mucho de su sexualidad, inclusive más de los medios de seres humanos, gracias a la presencia del sharingan. Dada la composición física que permitía el sharingan, la fisiología de un Uchiha era también distinta, poseían más chakra y más estamina, lo que mejoraba el desempeño sexual. El placer aumentaba, cuando el Uchiha amaba a la persona con la cual se involucraba, lo que en consecuencia, hacía posible estimular su libido en mayores medidas; aunque corrían el riesgo de volverse celosos y posesivos, dada a la intensidad de su capacidad de amar y entregar placer. El sharingan durante la relación sexual, estimulaba aún más al usuario, y contribuía al flujo de un chakra en el cerebro que aumentaba el goce.

Cuando leía dicho material, no creía que todo eso fuera posible, hasta que comenzó su viaje junto a la pelirrosa.

Recordarla comenzó a provocarle una agradable molestia en la entrepierna.

No pensó que iría a un recuerdo tan lejano, pero esas memorias quemaban aún. Sintió ganas de tocarse. Una práctica recurrente en sus viajes.

La primera vez de ambos fue un desastre, o más bien, él fue un desastre. Pero los encuentros previos a la primera vez, esos primeros roces y caricias que ansían conocer el cuerpo del otro, encendían su apetito. Recordaba con mucha claridad la primera vez que acarició el cuerpo de Sakura. Fue una ocasión más bien trivial, pero desde ese momento comenzó a hacerse más explícita la sexualidad entre ellos.

Hasta ese momento, él recordaba que no he pasado la etapa de los tiernos besos, los cuales poco a poco se volvían más intensos. Él la besó en aquella ocasión. Una de las pocas veces en que se atrevía a tomar la iniciativa. La arrinconó contra un árbol cercano, similar a un depredador tras su presa. Atacó el cuello, y acarició su cintura, sus caderas y aquel punto ansiado, su apetitoso trasero. Lo sentí tibio bajo su palma, finalmente podía apretarlo y rodearlo en su amplitud. La sensación era mejor de lo que había imaginado, quería estrujar su redonda anatomía. Ella gimió ante el tacto.

Sentía la erección presionando bajo el pantalón, el roce de su lengua era suave y provocador. Estaba perdiendo aquel famoso autocontrol del que hacía tanto alarde.

Ella era juguetona, y se lo esperaba, la sensualidad que desprendía no era solo una apariencia.

Quería más, apretó con ansias su muslo, el cual era suave y apretado. Ella comprendió su intención y lo rodeó con las piernas. Sintió su erección punzar contra su entrepierna.

Ella estaba respondiendo ante el tacto y de pronto un fuerte estallido vino para interrumpirlos abruptamente. Una explosión proveniente de la aldea a la que dirigían, los sacó de su embelesamiento.

Era momento de detenerse. Lentamente se apartó de ella. Sentía la molestia batirse entre sus piernas, al mismo tiempo que una sensación de alivio inundaba su mente, debido a que no tenía idea de cómo habría terminado ese encuentro caliente. Ninguno había tomado la iniciativa de terminar, y solo se sintió más y más placentero mientras aumentaban las caricias y los besos.

Bajó la mirada para verla. Ella respiraba algo agitada, y su rostro tenía un tierno sonrojo, aún atrapada en el idilio de aquel breve encuentro.

Había sido el primero, pero definitivamente no el último. Ya habría tiempo para más.

Ya no había una vuelta atrás en los límites de su deseo, no tras haber visto la reacción de la pelirrosa.

Desde aquel entonces, aún faltaba tiempo para llegar a la primera vez de ambos. Pero en la imaginación del Uchiha, bajo las cuatro paredes de su habitación fría, era su yo actual quien le hacía el amor a aquella inocente Sakura. Era él, ya de adulto y no ese inexperimentado Sasuke con quien tenía su primera vez.

Ya había comenzado a tocar.

La imaginaba dulce y deseosa, provocándolo, tal cual como en aquellos días, porque ella sabía a esas alturas, que lo provocaba con esa mirada y con su cuerpo.

El caso, es que Sasuke supo con los años que Sakura había sido algo precoz en el tema de su sexualidad. Desde pequeña sintió una extraña forma de placer, una caricia, un alimento, un pequeño roce, era capaz de estimular algo dentro de ella.

Incluso en su época de gennin, ella le confesó que en una ocasión se sintió intimidada y hechizada por el físico de Kakashi-sensei. Era algo que a su corta edad no podía explicar, pero sintió erizar su piel, cuando las manos de aquella figura adulta cercana, se acercaban a ella o la acariciaban paternalmente sobre la cabeza, independientemente de la atracción platónica que sintió hacia su, en aquel entonces, indiferente compañero de equipo.

Era extraño pensar que esos pensamientos pasaban por la mente aquella de niña, mientras que él y Naruto solo pensaban en tonterías. Sabiendo esto, con los años, el Uchiha siempre pensó que seguramente ella tenía altas expectativas de él en su primera vez. La primera vez nunca era un sueño. Dos jóvenes descubriéndose se transformaba en un aprendizaje, aunque se prometió que un día lograría satisfacerla.

Por ello, con los años y la experiencia, Sasuke se esforzaba en darle placer y satisfacerla. Era como una de las tantas deudas que tenía con ella. Todos los años que le habían causado dolor, se los devolvería de todas las formas posibles, y lo sexual no era excepción. Él descubrió que la única forma de sentir placer, era verla sintiéndolo a ella. Adoraba verla. Adoraba cuando llegaba al clímax. Adoraba escucharla.

Ella probarlo todo, la novedad quería le parecía estimulante, que él la penetrara de diferentes formas y en distintos lados, la hacía vibrar.

Ella siempre era capaz de llevarlo al borde en diferentes aspectos de la vida.

La extrañaba.

.

.

.

.

.

El Uchiha no era el único que guardaba celosamente su concupiscencia. Sakura aguardaba también al otro lado del pasillo, como si esperara que su esposo abriera la puerta de su pequeña habitación y la derrotara en su lujuriosa liviandad.

Aquellas horas de la noche eran traidoras, y la jalaban hasta lo más profundo de su deseo, más no tenía más opción que hurgar en sus fieles recuerdos.

No hacía más que recordar y recordar ...

Sasuke era prolijo en muchas cosas, y el sexo no era la excepción. Si bien, el Uchiha tenía ciertas dificultades para comunicarse emocionalmente hablando, en asuntos del cuerpo era otra la realidad. La experiencia había sido bondadosa con Sasuke y le había dado talento en las artes amatorias. El Uchiha era un explorador, y eso hacía con su cuerpo. Sabía precisamente lo que ella deseaba en el momento exacto. La conexión de ambos era tan estrecha que él había aprendido a leerla. Había ocasiones en que llegaba a olvidar que su esposo poseía solo un brazo, y aunque el Uchiha no la complacía con palabras dulces, si era capaz de acariciarla o tocarla hasta que perdiera el aliento.

Si era sincera, no recordaba ocasión alguna en que no deseara hacerlo con Sasuke. Él era el objeto de su deseo, y con la madurez se había vuelto solo más y más deseable. Sabía por las conversaciones con Temari o con Ino, que a veces simplemente había mal sexo; que la rutina, que el cansancio, etc., pero para Sakura, había algunas veces más intensas que otras.

Además, con los constantes viajes de Sasuke, esperaba ansiosa su regreso, y la espera la ponía deseosa de hacerlo. Lo notaba. Desde que él atravesaba la puerta, podía sentir su ropa interior lentamente humedeciéndose. Podía sentir en la cena familiar, como la presión en su vientre empujaba, envolviéndola. Nadie era capaz de notar ese extraño erotismo flotando a su alrededor, el cual disimulaba perfectamente, pero Sasuke lo sabía. Él sabía lo que se acumulaba entre sus piernas desde que ingresaba a su cálido hogar, usualmente en las noches. La cena era tensa, y él se mostraba impávido. Cenaba con una calma digna de admiración, se daba todo el tiempo del mundo para acompañar a Sarada y después esperar a que se durmiera, como si la espera tensara más y más lo que se debatía en su vientre.

Cuando Sarada finalmente dormía, él aparecía en la habitación y su semblante cambiaba. Ella estaba a la dulce espera de sus caricias. El Uchiha era intenso, con una cierta agresividad que a ella lograba excitarle. Ella lo había visto pelear múltiples veces, y adoraba ver la agresividad del Uchiha al luchar, esa misma habilidad y agilidad él también la desplegaba en la cama. Él lograba dominarla, ya ella le gustaba ser dominada solamente por él.

Desde que comenzó a ser sexualmente activo, Sasuke había aprendido mucho. Al principio, la torpeza y la desesperación de ambos, les había jugado una que otra mala pasada, pero el tiempo había sido definitivo. El juego del Uchiha era ser suave y agresivo al mismo tiempo. Lamía con suavidad sus senos, mordía sus pezones, con frecuencia le hacía sexo oral, y su lengua se sintió suave y cálida, al igual que en sus besos, en todos los lugares que él exploraba, su abdomen, sus caderas, sus muslos y piernas, su trasero, el cual besaba, lamía ya veces cuando era agresivo, nalgueaba como si la castigase.

Cuando era agresivo, era cuando lo percibía intenso, deseoso de tomarla. La penetraba dulcemente, acomodándose para hacerlo con profundidad. Calculaba el ángulo, para adentrarse con fuerza. Lo ir sentía y venir, no necesariamente rápido, pero si profundo. Ella gemía, lo amaba y amaba su miembro batiéndose dentro de ella.

Tomaba sus manos con fuerza, y se deslizaba con un ritmo perfecto. Ella deseaba más, y más. Cuando él quería dominar, ella obedecía y solo cedía al placer que era capaz de brindarle su esposo.

El peor sufrimiento para Sakura, mientras Sasuke estuvo de viaje, era lo acostumbrada que estaba a su vida sexual. Tuvo que recurrir a imaginar el cuerpo grande de Sasuke sobre ella, su abdomen, donde le gustaba besarle, y su miembro que tanto le gustaba provocar.

Si mal no recordaba, desde que era una niña, ella había descubierto su deseo. No lo había identificado como sexual, pero deseo, al fin y al cabo, el cual fue magnificándose hasta el momento en que comenzó a viajar con el Uchiha. Su avidez crecía día a día por él. Admiraba su estado físico, sus rasgos, sus movimientos. Sasuke era su deseo andante. Ya no era un adolescente, era bastante más alto que ella y con frecuencia lo imaginaba aplastándola con su gran cuerpo. Su espalda era más ancha y fuerte; sus piernas más largas y ágiles; su abdomen estaba marcado y su brazo fuerte. Miraba su mano, que se había vuelto más grande y la, recorriendo su cabello, su rostro y sus pequeños, pero sensibles, senos.

Sus rasgos se han masculinizado, su mandíbula había adquirido cierta fortaleza; su voz se había vuelto más ronca y calmada; sus ojos se han vuelto serenos, pero no por ello menos penetrantes. Él la miraba más a los ojos, y ella se sintió desfallecer. Lo deseaba. Lo observaba al pelear, su fuerza, su dominio y agresividad. El Uchiha no era agresivo en su trato o en su forma de ser, pero cuando luchaba sacaba algo de aquella violencia reprimida.

Cuando él la besó la primera vez, tuvo una sensación tibia. A partir de ahí, comenzó en un viaje en que adolecía del deseo que le tenía. Desde ese punto, sin etiquetas ni nada, su relación fue comenzando. Con el tiempo, poco a poco, hasta tímidamente, como si tanteara el terreno, él comenzó a demostrar su deseo también.

Sakura recordaba perfectamente, la primera vez que tuvieron un beso más intenso de lo normal. Caminaban hacia una aldea, y se trasladaban a través de un agradable bosque en búsqueda del camino. Comenzaba a atardecer, y se detuvieron para revisar el mapa y tomar algo de agua. Cuando ella le devolvió la botella, él la tomó del brazo y la atrajo hacia él. Ella sorprendida, lo rodeó por el cuello, mientras él la rodeaba firmemente de la cintura. Adoraba cuando la sostenía así. Naturalmente se besaron, solo que, en esta dulce ocasión, él introdujo su lengua. Ella sintió el tacto tibio de la lengua de Sasuke, rozando suavemente la suya. Él le tomó por un momento el rostro, para profundizar el beso y ella sintió como él recorría su boca con entereza y la humedad cuando se separaron. El Uchiha la acción unos segundos, mientras ella se ahogaba en el sopor y la tensión de su vientre. La volvió a besar. Nuevamente el roce de su lengua, solo que esta vez su mano comenzó a deslizarse lentamente hacia su cadera, y pronto hacia su trasero. Por primera vez, sintió su deseo hirviendo. El Uchiha estaba jugando con su fuego. Acariciaba y estrujaba su trasero con suavidad, como sabiendo que ella lo estaba disfrutando. Sintió una urgencia de gemir en medio del beso. Apreciaba como la humedad comenzaba a fluir. Ella mordió el labio del Uchiha, solo por la intensidad de la energía que estaba comenzando a desbordar su cuerpo. El Uchiha comenzó a orillar hacia un árbol. La acorraló sin interrumpir el beso, donde pronto se comenzó a desviar hacia su cuello. Seguía recorriendo su trasero, y pronto un gemido salió de sus labios. Sasuke apretó la anhelada curva,

Nunca había imaginado aquella rudeza y tensión proveniente con tanta intensidad de parte del Uchiha. Pronto su mano, soltó el agarre de su glúteo, para ir por su muslo. Lo tomó y Sakura supo de inmediato lo que él quería. Pronto un pensamiento recorrió su mente, ¿sería esa su primera vez ?. Mientras dejaba que Sasuke la levantara, y ella lo rodeara con las piernas, ella sintió la dureza de su erección por primera vez, presionando a través del pantalón contra su apremiada intimidad. El roce la estaba llevando a perder el control, pues estaba deseando el acto sexual con urgencia. Quería gemir más, pero a pesar del placer que estaba sintiendo con aquella pequeña probada, aún se sintió extraña y avergonzada. Quería que el Uchiha se moviera, para sentir más la longitud de su miembro; deseaba rogarle que se moviera, pero para su suerte, Sasuke se movió lentamente, y ambos ahogaron un suspiro. Sakura gimió involuntariamente.

Una explosión, proveniente de la aldea a la que se dirigían, interrumpió de ese golpe prematura experiencia. Sasuke agudizó su oído, y con suavidad, soltó su agarre. Sin soltar a Sakura, actúa en dirección. Ella aún con una sensación soporífera recorriendo su cuerpo, era incapaz de recuperar el sentido.

El Uchiha, la carrera y Sakura notó el sharingan en sus ojos, como inspeccionándola.

Él se separó de ella, y comenzó a caminar en dirección a la aldea.

El deseo de Sakura ardía con fuerza. Su ropa interior se había humedecido y aquella novedosa sensación de su miembro se mantenía en su entrepierna, punzando.


. . .

Esa noche, era una de las tantas en las que Sakura no podía conciliar el sueño. Decidió salir de la habitación, si suerte tenía podría encontrarse con Sasuke. Se asomó a través de la puerta, creyendo que se encontraría con la luz de la cocina encendida, pero para su sorpresa, todas las luces de la casa yacían apagadas. Esa noche había luna llena, y podía ver como la luz azul se colaba entre las enormes ventanas.

Se quedó un momento apoyada en la baranda de la escalera, mirando el primer piso algo distraída, aún sofocada por sus invasivos recuerdos.

─ ¿Ocurre algo? ─dijo de pronto una voz a cierta distancia.

Sakura volteó su cabeza bruscamente en dirección a su origen, sorprendida. Shinta fumaba un cigarrillo apoyado en el balcón del segundo piso. La miraba con su casualidad habitual.

─Pensé que te habías queda en el turno de la noche. ─dijo la pelirrosa, dirigiéndose hacia el balcón.

─Haru se ha quedado a cargo esta noche. ─dijo él, soltando el humo por la boca. ─ ¿Sin poder dormir otra vez? ─preguntó mirándola fijamente.

Ella asintió.

─Es una bella noche, aunque es difícil dormir con una luz tan intensa. ─dijo él, observando la luna.

Sakura se acercó más y salió al exterior del balcón, y miró también en dirección al gran satélite que poblaba el cielo. Hacía mucho que no veía el cielo con tanta claridad. Konoha estaba repleta de iluminación artificial, lo que dificultaba observar los astros durante la noche.

Observó el bosque al frente de la casona, y podía distinguir los árboles con completa nitidez.

─Es una noche perfecta para recolectar algunas hierbas. ─dijo Shinta aplastando la colilla del cigarrillo en la baranda. ─Ahora nunca tengo el tiempo suficiente. Ven conmigo, Sakura. ─le dijo mientras salía del balcón.

Algo confundida con la propuesta, Sakura se quedó inmóvil por unos segundos creyendo que se trataba de alguna extraña broma que Shinta solía decir de vez en cuando, sin embargo, cuando le vio bajar determinante las escaleras, aturdida por la curiosidad, le siguió con paso apurado hacia la salida trasera de la casa. Había tomado el sendero en dirección al bosque.

Ambos caminaron por la hierba húmeda. Un viento frío traspasaba la delgada tela de la blusa que llevaba puesta, erizándole la piel. Shinta caminaba sin ser conciente de la temperatura.

Una vez se internaron en la espesura del bosque, el viento se amortiguó. Él avanzaba a través de las matas, los arbustos y las hierbas altas como si conociera el camino de memoria. Mientras más se internaban, el paraje se tornaba más oscuro. Aunque la luna brillaba con intensidad, la vegetación se volvía densa en la medida que se adentraba profundo entre los árboles. Ella seguía ciegamente la espalda de Shinta. Por algún motivo, tenía un buen presentimiento. Algo en el ambiente le transmitía calma y ligereza. El frío se había trasladado hacia la punta de sus dedos, pero su pecho se sintió cálido.

Una luz aumentaba su brillo en un punto en el horizonte cercano, hasta que llegaron a un claro en medio del bosque, el cual contrastaba su luminosidad gracias a la luna.

Shinta se detuvo, y ella se detuvo tras él. Se dirigió a uno de los arbustos, levantando lentamente sus débiles ramas. Se quedó quieto observando algo al fondo de un arbusto. Luego se volteó a mirarla a ella, instándola a acercarse. La pelirrosa se agachó junto a él, y sintió la humedad del suelo. Bajo aquel arbusto, crecía una especie de hongo alargado y de tono pálido.

Pronto, en su cerebro una serie de imágenes comenzaban a despejar un sinfín de información.

Se quedó congelada observando aquel milagro de la naturaleza.

Shinta observaba los hongos con una calma inigualable.

─Esta podría ser nuestra única salvación… ─dijo en un breve susurro.

Sakura recordaba claramente sus noches de intenso estudio, arrimada en su escritorio bajo todos los libros que su maestra Tsunade le ordenaba leer durante aquellos días de aprendiz. Recordaba bien aquel libro, un grueso ejemplar sobre la historia de las enfermedades. Había leído en uno de los capítulos sobre una misteriosa enfermedad que llegó a transformarse en epidemia durante la edad de las guerras en el país del fuego, por su alto nivel de contagio. Había comenzado en la época en que las rutas comerciales abrieron las fronteras del país. Los pacientes padecían fuertes síntomas, oscuros abultamientos en el cuerpo y una severa neumonía que terminaba por acabar rápidamente con sus vidas. Pasaron alrededor de cien años, en que la epidemia disminuía, parecía desaparecer y regresaba continuamente, sin descubrir una causa o cura certera. Un químico de la era, había encontrado una pieza clave en el tratamiento de la enfermedad, más no la cura. Las hifas aéreas de ciertos hongos o mohos, parecían liberar un compuesto que tras años de pruebas estaban dando frutos en aminorar la sintomatología. Con los años, el refinamiento químico de aquel misterioso compuesto, determinó la creación del antibiótico que serviría para el tratamiento de la peste: "la estreptomicina".

─Un antibiótico… ─susurró Sakura, sin creer la realidad que ante sus ojos se mostraba.

El hongo en cuestión, se trataba de una extraña especie, que crecía en ambientes fríos y húmedos. Difícil de encontrar incluso a nivel nacional. El antibiótico se producía e importaba desde el país del agua, donde era escaso y de cara adquisición. Era fundamental en el tratamiento de diversas enfermedades ligadas a lo pulmonar. Sakura recordó bien, que en Konoha comenzó a producir un compuesto artificial de composición química similar. Jamás pensó que el hongo crecía al sur del mismo país del fuego.

El olor a tierra característico, delataba su importancia para la historia de la medicina.

Shinta miraba el rostro absorto de la pelirrosa con curiosidad. Su deducción sobre el hongo, fue algo sorprendente para una novata. Tenía muchas preguntas, pero guardó sus dudas para otro momento.

─Hemos destinados toda nuestra energía y recursos para imitar la composición del antibiótico ... pero uno de los recursos ha sido imposible de adquirir hasta el momento ...

─ ¿De qué se trata? ─preguntó la joven.

─Debemos disminuir la toxicidad, y para ello requerimos los instrumentos necesarios para hacer todas las pruebas. Aún debemos refinar la composición.

─Ya veo… ─dijo Sakura pensativa.

Era obvio, elaborar un químico con la escasez de recursos era un problema, de hecho, era una misión que rozaba lo imposible. Podía deducir que todos dichos avances les habían tomado años.

─ ¿Desde cuándo están investigando esto? ─inquirió Sakura, sin sacar los ojos del hongo.

Shinta se rascó la cabeza.

─Mi maestro encabezó las primeras investigaciones en conjunto con sus aprendices más avanzados. Sin embargo, tras su muerte, he continuado la investigación y las pruebas. Se podría decir que, en aquellos tiempos, las cosas eran distintas en la Ceniza. Actualmente cuento con dos químicos, los cuales han hecho lo posible para la creación del antibiótico.

Sakura estaba realmente sorprendida. Sus ojos tenían un brillo extraño ante la mirada atenta de Shinta.

─Veo que estás interesada en la química…

Adoraba la química, y una de sus especialidades era la farmacología.

─Si, leí muchos libros asociados durante mi juventud… ─dijo con una humildad bastante creíble.

Shinta la miró esbozando una sonrisa sincera.

─Me gustaría que conocieras el laboratorio… ─dijo él, mirándola con un brillo de curiosidad en los ojos.

Al final el supuesto invernadero, se trataba de un laboratorio.

Era una pequeña cabaña de madera a un lado del bosque, ya unos metros de la casona. Estaba repleto de frascos de muestras, un mesón lleno de instrumentos, pilas de cuadernos de anotaciones. Un verdadero y rústico paraíso científico a la vista de Sakura.

Shinta se dió el tiempo de mostrar los ejemplares del afamado hongo, y como lo estaban procesando. Eran métodos acotados a los recursos que manejaban, aunque admirables. También mostró los cuadernos de anotaciones, los cuales estaban bellamente relatados con los descubrimientos semanales.

Entre conversaciones sobre las anotaciones, donde se perdió la noción del tiempo. Ya casi comenzaba a amanecer cuando volvieron a la casona.

Al entrar por la puerta, Sakura vió que Sasuke bajaba las escaleras, seguramente en camino al trabajo. Habían perdido completamente la noción de las horas, hablando y revisando material.

El Uchiha los miró sorprendido por un atisbo de segundo al verlos entrar juntos a esas horas de la madrugada. Hizo una breve reverencia, y salió por la puerta principal, sin emitir palabra alguna.

.

.

.

.

.

.

.

.


En la noche, tanto Shinta como Haru debían quedarse en el centro, por lo que decidieron reunirse antes de la partida de Sasuke al trabajo. Sakura tenía un turno nocturno y aprovechó de entregarle el diario de observaciones. Contaban con poco tiempo y se reunieron en el jardín. Ese día, oficialmente comenzó el invierno, y había llegado con intensas lluvias.

Ambos observaban cómo las gotas abatían las plantas y arbustos del jardín.

─Hace días que no sé cuándo vuelves a casa… ─dijo Sakura antes de iniciar la reunión.

─Mis horarios han sido algo cambiantes por las lluvias. Dijeron que debían ir a cubrir las obras. ─respondió Sasuke de forma lacónica.

─Siento que no hemos hablado en mucho tiempo… ─dijo ella, haciendo un puchero.

El Uchiha asintió en silencio. Las imágenes que había visto, aún le rondaban la mente.

─Hay algo que debo decirte, no había encontrado la oportunidad para mencionártelo. ─dijo él, mirándola a los ojos.

Ella lo miró de vuelta, fijando su atención.

─Ayer, mientras volvía del trabajo, me he found con un tipo que se autoinmoló en una plaza, muchas personas fueron testigo de ello. ─dijo el Uchiha bajando la vista a la madera húmeda.

Sakura se llevó las manos al rostro.

─ ¿Y nadie logró detenerlo? ─preguntó con algo de asombro y preocupación.

─Todo fue muy rápido. Pude haberlo detenido, pero fueron sus palabras las que me lo impidieron…

Sakura lo miró con intriga.

─El hombre dijo unas palabras antes de inmolarse ... gritó que le devolvieran a su familia y que Shireen era el culpable…

Sakura lo miró con asombro. Ese nombre volvía a aparecer, ahora explícitamente y nuevamente asociado a la muerte. Todo parecía tener un grave antecedente.

─Nuevamente otra persona muere mencionando ese nombre ... jamás escuchado a nadie más mencionarlo desde que estamos aquí. ─dijo Sakura mirando las hojas mojadas del jardín.

─Algo extraño sucede aquí ... y al parecer nadie quiere mencionar nada… ─dijo el Uchiha.

─Si está asociado a los antecedentes que conocemos hasta el momento… ¿podrá tratarse de una mafia o una organización criminal?

─Si algo está claro, es que no parece ser solo una persona… ─dijo el Uchiha levantándose del tatami.

" Tendremos que cambiar el curso de algunos de nuestros planes. Puede que Shireen tenga un rol clave para nuestra misión".

Todo evidenciaba estar más hundido de lo que aparentaba estar. Algo extraño y oscuro se movía en las entrañas de la ceniza. Sasuke tenía el mal presentimiento de estar contra el tiempo. Si no lograban descubrir prontamente lo que era " Shireen" , tal vez "ellos" podrían encontrarles primero.

Algo se tramaba en su mente. Aún no analizaba los costos que traería, no solo para la misión. Sabía que para obtener algo, debía sacrificar algo a cambio. No había otra salida.

Miró a Sakura, quien a pesar de todo lo oscuro que querría atraer su viaje, no dejaba de mirarle con ternura y con una sonrisa. Para proteger esa sonrisa, algo preciado debe sacrificarse.

No sabía cómo se lo plantearía a la pelirrosa, pero sabía que debía hacerlo pronto.

Mientras ella parecía absorta, observando el jardín. Decidió aventurar la primera piedra. En su mente aún palpitaba la extraña escena que había presenciado esa madrugada. Shinta y Sakura entrando por la puerta trasera de la residencia cerca del amanecer. Sabía exactamente los horarios y turnos de la pelirrosa y algo no calzaba en ese encuentro fortuito.

─ ¿ Dónde estaban ? ─preguntó Sasuke sin previo aviso.

Sakura dió un respingo. Entendió la referencia de Sasuke al instante, aunque no esperaba recibir esa pregunta en ese punto de la breve reunión. Con todo lo que había pasado durante el día, había olvidado por completo el incidente de la madrugada. Recordó el rostro de Shinta leyendo los apuntes, mientras el amanecer comenzaba a florecer en el cielo. Había sido una noche inusual.

─Nos encontramos durante la noche sin poder y visitamos el bosque en busca de algunas hierbas. Todo lo he apuntado en el diario ... ─dijo ella apuntando el delgado y gastado cuaderno. ─Shinta tiene una pieza clave para enfrentar la peste… ─dijo Sakura con un brillo de asombro y esperanza en sus ojos verdes.

─ ¿Clave? ─preguntó el Uchiha, algo pasmado por la actitud de su esposa.

Ella asintió con emoción.

─Un paso más cerca de un antibiótico capaz de tratar la enfermedad… ─respondió con un deje de alegría en su voz.

Sasuke la miró. Sus ojos brillaban con los temas relacionados a la ciencia, era de esperar una reacción como aquella ante un nuevo descubrimiento, pero era extraño, parecía más entusiasmada con ese propósito que con el de la misión.

Parecía absorto en sus cavilaciones, cuando escuchó a su esposa hablar.

─He tomado una decisión ...

Sakura lo miraba con una extraña determinación. Podría decir, que no podía imaginar lo que tenía en mente, pero hasta el momento, él estaba forjando otros planes para la misión. Aún nada parecía claro, pero pronto ya sería capaz de expresar su idea.

La miró esperando a que le dijera de una maldita vez su decisión.

─Ayudaré a Shinta con la creación de un antibiótico. ─dijo finalmente, con una sonrisa de oreja a oreja.

Sasuke la miró algo anonadado.

Una completa locura.

La observaba hablar, pero en su mente resonaban aquellas palabras que no quería que salieran.

Los cinco últimos meses han sido improductivos en cuanto a la recolección de información. Sakura seguía trabajando junto a Shinta y el equipo del centro médico, mientras que seguía su trabajo de constructor, moviéndose en los alrededores y hablando con la gente. Con la forma en que estaba planificado todo, evidentemente, todo iría cuesta arriba, y el tiempo era crucial. En los diarios, Sasuke se enteraba de extraños movimientos políticos que comenzaban a surgir en la aldea, pequeños conflictos y altercados entre algunos aldeanos y la policía interna, aunque nunca se explicaban los motivos. Había comenzado a comprar los diarios para ver si algo del incidente del hombre que se quemó a lo bonzo aparecía en algún artículo, sin embargo, nunca se mencionó, y ningún periódico se refirió al tema.

El trabajo era aburrido y, por otra parte, vivir en la casa del médico, le restringía el contacto directo con Sakura. No pudo haber recibido intimar en meses, dado que no se atrevían a ser vistos como pareja, ni tan vinculados, de modo que eso ayudara a Sakura a vincularse más con Shinta.

Lo había observado con el pasar de las semanas. Cada día que pasaba, parecía más difícil avanzar y más misterios se abrían, sin embargo, algo le había quedado claro y cada día se convencía más de ello, en especial desde ese día que les vió llegar a ambos a la residencia durante la madrugada: al médico le atraía Sakura.

Sasuke se consideraba muy profesional, en cuanto a no mezclar sus sentimientos con la misión, sin embargo, comenzaba a notar que Shinta buscaba la compañía de ella. Se ha vuelto muy unidos con el tiempo del tiempo, y ya era capaz de ver, que el interés de él por Sakura había aumentado. Más aún, que retrocedía y dejaba la ventana abierta para que él pudiese acceder. Sin embargo, odiaba la forma en que miraba a su esposa y la cercanía de ambos cuando hablaban. Si bien, no mostraba miradas lascivas, ni desvergonzadas a su esposa, si lograba notar que la miraba con una suerte de intensidad, y que claramente le gustaba. La calidez de Sakura era capaz de amansar al más duro, y el joven médico no había sido la excepción. Por otra parte, él tenía un carácter determinado, pero también afable y amable, por lo que logró conectar rápidamente con Sakura, Quien era bastante similar ya pesar, de que había otras mujeres que rondaban a Shinta, eran jóvenes en comparación a su esposa, quien era algunos años mayor que él y que se mostraba carismática y novedosa. Sakura tenía un aura muy diferente al de las mujeres que vivían en la aldea, agotadas por la pobreza, con escasa educación y carentes de humor y gracia.

Ambos se quedaban trabajando en el laboratorio hasta altas horas de la noche. Iban al bosque que estaba cerca de la residencia a buscar hierbas a solas y conversaban largamente sobre los asuntos del centro. Consideraba que Sakura efectivamente cumplía con su misión y lo hacía muy bien, tal como ambos con convenido, pero no parecía notar nada, estaba tan enfocada en el trabajo, en los enfermos de la aldea y en la búsqueda de un mejor puesto, que no Parecía ver a Shinta. Sin embargo, él vió algo de lo cual podrían tomar una gran ventaja.

Aunque la sola idea le devanara los sesos.

Sabía que Shinta no era un sujeto fácil. Si bien, parecía ser transparente en relación a sus sentimientos, algo extraño pasaba con él. Algo denso se batía en esa aldea, y algo tenía que ver Shinta y toda la gente que le rodeaba, que parecía ser un firme círculo de protección. Aunque al mismo tiempo, a Sakura no le había costado ingresar. El Uchiha se debatía en un gran dilema, y una parte era que la pelirrosa podía tener una puerta de entrada a ese misterioso mundo, y la otra parte, la difícil, era que la estaba dejando ir a solas ya ciegas a aquel turbio mundo.

El día de hablar llegó. La idea ya estaba en la mente de Sasuke y era hora de ver cómo reaccionaría Sakura. El invierno no tenía piedad con nadie en la ceniza y había barrido con la primera nevada. El jardín de la residencia estaba poblado de tersa y pura nieve, y el frío hacía que saliera vapor a partir de la respiración.

Esperó por Sakura y ella apareció, se veía pálida y el cabello oscuro lo acentuaba aún más. Venía sonriente, lo cual hacía que algo se retorciera en su interior. Se ubicó a su lado platicando sobre algo que en realidad no prestó atención. Sentía mucho ruido interior.

─Lo estamos logrando… ¡estoy muy feliz! el antibiótico está resultando más rápido de lo que pensé…

Sakura le contaba los nuevos hallazgos de la investigación, sin embargo, el rostro de Sasuke tenía una expresión distante.

─ ¿Pasó algo? ─preguntó ella con genuina preocupación.

Sasuke la carrera con seriedad.

" Quiero que te involucres con él ..."

Le entregó la sentencia, a pesar de lo doloroso que todo estaba resultando.

Tras oír sus palabras, Sakura estaba inmóvil a su lado, mirándolo a los ojos. Luego, lentamente bajó el rostro y su expresión antes alegre, se ensombreció por completo.

Ese primer nevazón quedaría por siempre en los recuerdos del Uchiha. Aquel día fatídico, que cambiaría el curso de sus destinos.

.

.

.

.

.

.


Notas finales.

Muchas gracias por la paciencia, y también a quienes me han escrito en los comentarios como también en Instagram, ¡son muy amables!

¡Nos leemos la próxima vez! ¡Cuídense mucho!