Capítulo 13.- Incansable

Bere entró por la mañana a la habitación de la rubia y la encontró observando por la ventana con la mirada perdida.

- Buenos días Anna.- dijo a sus espaldas.

- Hola.- contestó con lentitud.

- ya está listo el desayuno…- se quedó parada en su lugar esperando respuesta. Al no recibirla suspiró.- vamos… debes comer algo. Nunca pensé que fueras de esas chicas que pierde el apetito por una decepción amorosa.- la rubia sonrió ligeramente.

- no lo soy… vamos.- dijo poniéndose de pie y siguiendo a su amiga. Lo primero que vio al entrar al comedor fue una conversación bastante amena y simpática entre la numerosa familia de la morena, después de todo estaría muy bien acompañada y cada que caía ligeramente en su oscura situación, esos chicos la hacían olvidarla en cuestión de segundos.

En la pensión En Yoh bajaba las escaleras con trabajo, estaba bastante mareado y debía admitir, muy cansado, eran dos noches en las que no había podido dormir en absoluto y esa mañana solo tenía un objetivo claro en su cabeza… debía encontrar a Sakura, si no podía dar con su rubia y claramente sus amigos no lo iba a ayudar, sabía que Sakura tendría al menos las respuestas claras de lo que había pasado esa noche.

Sin saludar a nadie y sin probar bocado se subió a su camioneta, al conducir unos minutos sin rumbo se estacionó en el parque y llamó a su madre.

- Hola cariño, que bueno escucharte…- el castaño reprimió un suspiro; su mamá tenía ese efecto en él, ese que lo regresaba a ser un pequeño y querer llorar, contarle lo que le pasaba y ocultarse en su regazo esperando que ella solucionase lo que sea que estuviere pasando.

- Hola mamá… ¿cómo estás?

- Estoy bien amor… ¿a qué debo tu llamada?

- Emmm… yo, quisiera saber si tú tenías conocimiento del domicilio de Sakura aquí en funbari…

- Eh, sí amor… Atena su madre me lo dio y lo anoté en alguna parte, lo buscaré permíteme un momento. ¿Pasa algo malo? Ella lleva unos meses allá, creí que a estas alturas ya sabrías dónde vive.

- Bu… bueno no he tenido oportunidad de visitarla y… no me contesta el teléfono, necesito hablar con ella.

- Yoh… dime que pasa. Te escuchas extraño, soy tu madre, sé que algo te sucede.- el chico suspiró angustiado.

- tranquila mamá… todo está bien, de verdad.

- no está bien que me ocultes cosas cariño, no te eduqué así.

- lo sé mamá… te lo contaré pronto, de hecho… tal vez vaya a visitarte en unos días… después de año nuevo.

- pues claro amor, la boda es aquí en un par de semanas.- el shaman tragó pesado.

- sí.- susurró.

- ya encontré el domicilio... Te lo paso es…-

Terminó la llamada, se despidió de su madre y colgó; prendió la camioneta y se dirigió al apartamento de sakura; arribó al lugar y tocó la puerta, más por mucho que lo intentó, jamás obtuvo respuesta. Se sentó fuera del apartamento y esperó.

La noche cayó sobre él que ni siquiera lo había notado si no fuera por el fuerte dolor de estómago que tenía por no haber ingerido alimento en todo el día.

Aceptando el hecho de que no vería a Sakura por ese día marchó de regreso a su casa, deteniéndose en la primero cafetería que encontró abierta para comer cualquier cosa y volver a la pensión.

Subió sin saludar a nadie e ingresó a su habitación… mañana sería otro día.

Entre lágrimas, dolor y desesperación pasaron varios días hasta caer el último día del año; las cosas en la pensión eran bastante complicadas. En realidad sólo Ren sabía dónde estaba Anna y no se atrevía a visitar a sus amigos ya que sabía que no podría esquivar al castaño con sus preguntas acerca del paradero de la misma.

El castaño se encontraba de mal humor en todo momento pues no dormía ni comía muy bien estaba harto de sentirse sólo aun cuando su casa estaba llena de personas.

En esa semana Sakura no había dejado ni el rastro de su paradero por lo cual alejaba las esperanzas del shaman por saber lo que en verdad había sucedido y su rubia parecía haberse esfumado de la tierra aunque él estaba seguro de que no había salido de la ciudad; la conocía bastante bien… ella jamás abandonaría su futuro tan prometedor por nada en el mundo, por eso la amaba por ser fuerte e implacable. Dios… la extrañaba, la necesitaba ya.

Por su parte la hermosa rubia no estaba en mejores condiciones si bien su humor era el de siempre ya que los hermanos de Bere no la dejaban que se sumiera en su depresión pero aun así por las noches cuando ya nadie estaba despierto recordaba abiertamente los hechos que la habían llevado ahí.

Abajo se preparaba una deliciosa cena para despedir el año, la sacerdotisa estaba segura de no querer estar presente pero no tenia opción, debía ser agradecida… en esos días sentía que el espectro se acercaba más a ella y claro, era obvio pues no había tenido pensamientos felices en esa semana; sentía que cada vez se le escapaba más energía, a penas y podía sostener una conversación antes de sentirse tan cansada y caer a la cama.

Ahí estaba, frente a ella, podía verlo claramente, juraba que hasta podría tocarlo. Lo observó por un momento… débil, cansada de la situación.

- ¿Qué es lo que quieres de mí? – preguntó hastiada.

- A ti.- contestó el enorme espectro; la rubia abrió inmensamente los ojos, lo había escuchado, era una voz de ultratumba incomparable a las que alguna vez en su vida presenció; cerró los ojos y se desvaneció.

Abrió los ojos y veía bastante borroso, se los talló y observó el reloj "9:00pm" vaya, no recordaba haberse desmayado tanto tiempo desde la paliza que le propiciaron sus demonios.

Fuera de la habitación tocaron a la puerta.

- Anna, ¿ya estás lista?- escucho la clara voz de Bere.

- Emmm, bajo en un momento, enseguida los alcanzo.

- ¿te encuentras bien? Te escuchas un poco extraña.

- Lo estoy, es sólo que dormí bastante y estoy un poco mareada pero enseguida bajo.- la chica duró unos minutos más fuera de la puerta, para ella claramente su amiga estaba en depresión y de verdad quería ayudarla pero no sabía cómo hacerlo. Bufó resignada y bajó con su familia.

Los pensamientos de la morena cruzaron la mente de la rubia, una traviesa lágrima rodó por su mejilla, no era una lágrima de tristeza, era de frustración, es que… simplemente ella no era así, esa no era su forma de ser y ahora se estaba perdiendo a sí misma y ante los demás… debía hacer algo lo más pronto posible para recuperarse.

Se duchó rápidamente y se arregló para estar presentable, bajó a la cocina y festejó con esa hermosa familia que ahora consideraba suya.

La fiesta pasó rápidamente en ambas casas con bastante alegría y unión excepto por Yoh quien miraba a la nada perdido en sus pensamientos.

Cuando llegó la hora de los deseos, por su mente sólo estuvo presente uno "recuperarla" y por la mente de la rubia otro "olvidarlo".

A primera hora de la mañana el shaman castaño abordó su camioneta y tomó un doloroso camino hacia Izumo acudiendo a lo que él creía sería su única solución.

Llegó a la enorme mansión aproximadamente a las 4:00 de la tarde, bajó de la camioneta y respiró hondo.

- Aquí voy.- dijo adentrándose a la casona. Lo primero que escuchó fue unos pasos acelerados aproximándose a él y lo siguiente fue su vista cubierta por la cabellera de su madre quien lo abrazaba amorosamente y quien lo bombardeó con preguntas.

- Hola cariño… ¿cómo estás? ¿Por qué te ves tan delgado?- miró en todas direcciones.- ¿y Annita?- el chico bajó la mirada, esto sería aún más duro para su madre.

En casa de Bere las chicas se alistaban para salir de compras, tal vez no era un muy buen día para hacerlo pues tal vez todo estaría cerrado pero la morena quería que su amiga se despejara por completo de la situación; la llevaría a comer, comprarían tanta ropa y zapatos como fuera posible, así como los materiales necesarios para retomar clases en 16 de enero.

- ¡ANNA!- gritó la chica al pie de la escalera.- ¿ESTAS LISTA?

- Ya voy, no tienes que gritar.- dijo la chica apaciblemente bajando la escalera. La morena sonrió se veía bastante bien, eso ya era un paso.

- Lo siento, el chofer que solicité para el día de hoy ya llegó.

- ¿chofer?

- Sí, es un servicio de prepago jejeje, como estaremos todo el día de compras necesitamos transporte para guardar todo lo que llevemos.- la rubia la miró con una extraña sonrisa en el rostro.

- amm… ok.- salieron y subieron al auto camino al centro comercial.

Su primera parada fue la librería y tienda de útiles escolares dónde compraron todo lo necesario para los seis meses que quedaban de clases antes de salir y recibir el título oficial de abogadas.

Al salir llevaron todo al auto para dedicarse por completo a las tiendas de ropa; ingresaron a una pequeña tienda de lencería, seguido por una de ropa casual, una de ropa exclusiva y terminaron por una zapatería. La rubia no podía mentir diciendo que se la estaba pasando mal pues en realidad estaba pasando un agradable momento con su amiga y no había pensado en nada referente al castaño en todo lo que llevaba del día.

- Muero de hambre.- se quejó la morena.

- Sí, yo también muero de hambre… ¿Qué se te antoja comer?

- De verdad tengo antojo de comida china. Dentro de este centro hay un pequeño restaurante de comida china realmente delicioso.

- Muy bien, vamos.

Se adentraron en el restaurante y una chica muy amable los recibió.

- ¿Mesa para dos?

- por favor.- contestó la rubia.

La linda chica las llevó a su mesa en donde tomaron asiento hasta que escucharon una voz conocida.

- Lo siento señorita, hay un error… ellas vienen conmigo.- ambas voltearon y miraron al Alemán sonriéndoles hermosamente.

- Rick.- susurró la rubia.

- Hola. Te he enviado mensajes, ¿está todo bien?- la morena comenzaba a sentirse fuera de lugar pues la atención sólo se presentaba entre ambos rubios.

- Sí yo… ya no tengo ese número.- el rubio la miró un minuto y supo que debía hablar con ella, después de todo el la quería de verdad y sabía que estaba pasando por un mal momento.

- Siéntense chicas por favor… yo invito.

Las chicas tomaron asiento pero apenas se habían sentado la morena se puso de pie.

- oh! Que tonta soy lo había olvidado por completo… yo había quedado en comer con mi hermano mayor.- dijo tomando tanto sus bolsas como las de Anna.

- ¿cómo?- cuestionó la rubia.- entonces ¿deberíamos?- dijo poniéndose de pie.

- No, no no Anna… tengo un tema muy importante y privado con el, Rick ¿te molestaría quedarte sólo con Anna por esta vez?- dijo guiñándole un ojo; el alemán captando inmediatamente le sonrió en agradecimiento.

- Claro que no, yo encantado… y no te preocupes Anna yo te llevaré a casa.

- Es usted un caballero licenciado, con permiso… me llevaré tus bolsas de la compra.

- eh pero.- trató de decir pero la morena ya había salido del lugar. Volteó a ver al alemán con interrogación en el rostro y este sólo elevó los hombros.

- y… ¿Qué se te antoja preciosa?- la chica sólo elevó una ceja y se sentó.

En la mansión todo estaba en silencio, no se escuchaban prácticamente ni los sonidos de la naturaleza salvo por el leve llanto de Keiko Asakura.

La imagen era bastante peculiar, Yoh Asakura sentado frente a su abuela la cual se encontraba con un temple de hierro, sentada a un costado de Yohmei Asakura quien se encontraba con los ojos blancos incrédulo ante las palabras de su nieto y finalmente la mirada desgarrada de su madre que decepcionada limpiaba sus lágrimas.

- Salgan ustedes de aquí.- habló finalmente Kino dirigiéndose a su hija y esposo.

- ¿Qué? Esto es un serio problema.

- Madre por favor…

- Dije que me dejen sola con este idiota.- ambos la miraron, esperaron un minuto hasta que por fin se decidieron en salir…

Dentro de la habitación predominaba el silencio.

- Abuela…- pero fue interrumpido por el fuerte golpe de un bastón directo a su cabeza.

- Eres un estúpido, te di a la prometida perfecta… la mujer con la que sueña cada hombre, la alumna dedicada, la esposa fiel, la más poderosa de las sacerdotisas y tu así sin más lo tiras a la basura… nuestra descendencia estaba asegurada.

- No abuela por favor.

- CALLATE, 10 días… vienes a decirme esto a 10 malditos días de la boda ¿Qué pretendes que voy a hacer? Ya las invitaciones fueron entregadas… ¿Qué se supone que vamos a decir? La familia Asakura será objeto de burlas y cuando se enteren del porqué de la cancelación de la boda Anna será brutalmente humillada.- el castaño palideció.

- No abuela, por favor debes escucharme, sé que no será así; por favor ayúdame.

- ¿y que pretendes que yo haga?

- Abuela te lo juro por mi vida, te lo juro por lo más sagrado que tengo… no lo hice… de verdad yo jamás toqué a Sakura, yo amo a Anna, desde siempre, de verdad la amo con todo mi corazón. Por favor abuela… ella ni siquiera quiere verme… no sé en dónde está y la verdad… sé que tú sí.- la anciana guardó silencio.

- Dos meses.- dijo con seriedad.

- Tienes dos meses para encontrarla y decirme dónde está… creo que es el tiempo suficiente para dar con su paradero; si no la encuentras… olvídate de ella.

- Pero tú no…

- Claro que sé dónde está, claro que sé lo que pasó… así como también sé que no hiciste nada con Sakura.

- Entonces ¿por qué…

- Porque si Anna está desaparecida y no quiere verte es porque de alguna manera lograste que ella jamás se sintiera amada por ti, que no te tuviera confianza… así que lo mínimo que harás será encontrarla por tus propios medios.- el shaman la miró con tristeza, era cierto… todo era su culpa, había dejado que su amistad con Sakura alejara a la mujer que amaba.- entonces espero que entiendas… tienes dos meses para encontrarla o jamás volverás a verla.- el castaño asintió y en ese mismo momento salió de la mansión y volvió a Funbari…

Estaba muerto, había manejado ida y vuelta en un mismo día y sin descanso pero debía actuar rápido.

Sacó un cuaderno y anotó los posibles lugares donde Anna podría estar… la escuela, el departamento de Rick, la casa de Ren, los conocidos de la rubia…

Ideó todo un plan estratégico para encontrarla…

Debía esperar pues aún quedaba una semana de vacaciones y los lugares para encontrarla eran limitados por ahora ya que la chica no iba al trabajo o colegio.

Inconscientemente sonrió al pensar en los lugares en los cuales podría encontrarla sin lugar a dudas; la escuela y el trabajo se habían convertido en la gran motivación de la chica desde hacía ya mucho tiempo haciendo que de paso se contagiara un poco de sus ansias de estudiar y superarse.

Flash back…

una hermosa rubia de 17 años se encontraba preparándose para los exámenes finales pues faltaban pocas semanas y sentía la presión hasta el cuello pues ya había decidido a la universidad a la que deseaba ingresar y esta era de las más cotizadas.

Sentada en el piso de la sala, rodeada de libros y apuntes de apoyo la itako ya llevaba más de 5 horas sin parar.

- Annita.- llamó el castaño desde la puerta.- por favor descansa un poco, la cena está lista.- la chica parecía ignorarlo pues no respondía. Con mirada de preocupación él castaño se acercó y se posó de cuclillas frente a su prometida. Con una de sus manos quitó el libro que la chica con afán leía; la rubia lo miró con interrogación pues hasta el momento no se había percatado de su presencia, el shaman la saludó con una dulce sonrisa.- ¿estás bien?

- Claro… ¿por qué lo dices?

- Estoy llamándote a cenar… vamos, me quedó delicioso.

- No tengo hambre.- dijo la chica estirando el brazo para tomar su libro.

- vamos Annita.- dijo esquivando a la chica.- necesitas un descanso.-la rubia suspiró.

- tengo que terminar estas lecciones, voy bastante atrasada; quiero entrar en esa universidad.- el chico la miró con profundidad.

- ¿Por qué es esto tan importante?- la rubia lo miró por un momento, lo meditó y contestó.

- Pues, es una de las mejores universidades de derecho, si lo logro saldré preparada para encontrar un buen trabajo en el que no solo pueda sustentarme económicamente sino que podría ayudar a la sociedad de las formas en las que siempre he querido.- el shaman sonrió complacido pues era la primera vez que la rubia le abría su corazón en estos temas.

- ¿Elegiste derecho Annita? ¿Qué es en lo que has querido ayudar?- cuestionó bastante interesado su prometido, y ya que no parecía burlarse de ella o ignorarla, decidió contestar.

- Sí, creo que esa carrera es la más acertada para cumplir mis objetivos; yo…- dijo con un poco de duda.- quiero ayudar a todos los niños que no tienen hogar a encontrar un lugar digno en dónde crecer y desarrollarse; sé que hay muchas empresas que reúnen fondos para las casas hogar y becas educativas, a mí me hubiera gustado contar con algo así cuando…- la chica dejó de hablar y su mirada se ensombreció. El castaño tomó una de sus manos y la besó tiernamente.

- Lo entiendo. Es hermoso lo que quieres hacer Annita. Es de verdad algo muy motivador… yo quisiera estar a tu lado cuando eso pase.- la itako lo miró con interrogación.- quiero apoyarte y seguir ese camino contigo.- dijo con ilusión.- quiero lo mismo que quieres Annita… quiero entrar a esa escuela.- era algo en verdad extraordinario para ambos, para él ya que lo único que había imaginado de su vida era estar en la tranquilidad de su hogar, con su hermosa y rubia esposa y con la enorme herencia familiar viviendo en la calma por el resto de su vida; y por parte de la chica porque él jamás había demostrado interés en la escuela.

- Pero… con tus calificaciones de la preparatoria, deberás al menos sacar un 95 en todas las materias para poder aplicar en esta universidad.- dijo la sacerdotisa algo escéptica.

- ¿A caso no confías en mí?- dijo con un lindo puchero.- sólo debo estudiar día y noche y daré mi mejor esfuerzo… ya lo verás Annita, entraré a esa escuela y me graduaré junto a ti como abogado. Estarás muy orgullosa de mí.- la chica sonrió como pocas veces.

- Ya lo estoy.- contestó segura. El chico sonrió totalmente enamorado.

- Bueno… Por favor comamos algo Annita ¿sí? Para recargar energías y ponernos a estudiar… necesitaré toda la ayuda del mundo.- la chica asintió y fueron a tomar sus alimentos.

Tuvieron una conversación bastante amena durante la cena, por primera vez el castaño pudo visualizar su vida al lado de la rubia más allá de algo establecido por la familia. Se dio cuenta de lo mucho que deseaba ayudar a Anna a cumplir sus sueños y que en verdad esa carrera le motivaba; estaba muy emocionado.

Terminando la cena pasaron a la sala dónde se organizaron para estudiar, la itako se daba cuenta de lo mucho que le costaba al castaño pero del empeño que le ponía y eso le llenaba el corazón de alegría.

Por la mañana amidamaru entró a la casa buscando a su amo en su habitación, al no encontrarlo lo buscó por el resto de la pensión hasta dar con él; el chico estaba dormido en el piso de la sala con la rubia dormida plácidamente en su pecho, el shaman la sostenía con vehemencia y en su cara se visualizaba una notoria sonrisa.

El espíritu no sabía si debía interrumpir la escena pero dada la hora en la que se encontraban, lo mejor era hacerlo ya que en una hora los chicos debían estar en la escuela; el samurái entró en el cuerpo de su amo para entumirlo hasta que finalmente despertó.

- Gracias Amidamaru… emmm ¿hum?- dijo dándose cuenta finalmente de que su hermosa prometida estaba entre sus brazos y sonrió abiertamente.

Posó su nariz en los rubios cabellos de la sacerdotisa y aspiró su dulce aroma; la chica pudo sentir el respirar de su prometido y lentamente abrió los ojos.

Ruborizada se alejó lentamente de él.

- Buenos días.- dijo el castaño. La chica sólo desvió la mirada.

- lo siento… no debí…-

- Estabas agotada, debíamos descansar un poco, gracias Anna, la pasé muy bien anoche… esperaré ansioso la siguiente lección de estudio.- la rubia se sonrojó y asintió.

- Es hora de prepararnos para la escuela.- se pusieron de pie y subieron a sus habitaciones.

Cuatro meses después…

El castaño sostenía una carta membretada de la universidad con una enorme sonrisa; entró a la casa corriendo en busca de su prometida; la sintió en su habitación, ni siquiera se molestó en tocar la puerta y la abrió de golpe.

La rubia se encontraba de pie sosteniendo una carta igual a la del castaño, pero sorprendida por el ruido que había ocasionado la puerta volteó inmediatamente encontrándose con la mirada de su prometido.

El chico no esperó un segundo más y de dos zancadas atravesó la habitación, tomó a la rubia entre sus brazos y la estrechó con fuerza contra su cuerpo.

- Lo logré Annita, si entré a la universidad.- dijo emocionado con lágrimas en los ojos, besando la frente de la chica. Entonces recordó, ella también había aplicado a la universidad.- Annita… ¿a ti como te fue?- la rubia sólo atinó a pasarle la carta donde claramente se podía leer ADMITIDO CON PROMEDIO SOBRESALIENTE. El Shaman inmensamente feliz la tomó en brazos y dio vueltas con ella hasta que la chica lo pellizco.- OUCH

- ya basta Asakura, no tientes tu suerte. El chico la bajó y rio encantadoramente.

- Lo siento Annita, estoy muy contento, gracias por siempre creer en mí.- la chica ablandó la irada y le regaló una hermosa sonrisa.

- Siempre lo he hecho.- el castaño se acercó y le dio un dulce beso en la mejilla.

Fin del flash back.

El shaman suspiró con tristeza, la extrañaba tanto, y si de algo estaba seguro era de que no descansaría hasta encontrarla.

La rubia caminaba al lado de Rick por las heladas calles de Funbari.

- No sé en qué momento se hizo tan tarde.- habló el Alemán.

- Lo sé, e quedé enfrascada en la conversación, debe ser pesado para ti tener tanto trabajo pendiente en vacaciones.

- Si bueno, soy el jefe jurídico de todo un corporativo, eso tiene que tener unas cuantas desventajas.

- Por favor permíteme ayudarte.

- No lo sé linda, no sé si sea buena idea, estás pasando por un mal momento y necesitas descanso, relajarte estas vacaciones te hará sentir bien.

- No, por favor, de verdad el trabajo es terapéutico para mí. Necesito hacer algo para olvidar por lo menos un poco por todo lo que estoy pasando.

- Mmmmm. Está bien, ven a mi departamento por la mañana, ahí tengo todos mis expedientes, te advierto que en verdad si es mucho trabajo.

- No importa, de verdad te agradezco.- dijo llegando a la entrada de la casa de su amiga.

- Bien, aquí te dejo, espero que hayas pasado un rato agradable a mi lado.- la rubia le regaló una hermosa sonrisa.

- Lo fue, muchas gracias en verdad.- el alemán se animó y la encerró en un abrazo.

- es tan bueno verte…- la chica tímidamente correspondió y rodeó al chico; duraron unos momentos más abrazados hasta que se soltaron.

- Yo emmm… buenas noches.- dijo la rubia dando la vuelta y entrando a la casa.

- Buenas noches hermosa.

No había lugar a dudas de que ese chico le provocaba sentimientos extraños a la rubia. Rápidamente subió a su habitación donde se encontraba una simpática morena esperándola.

- ¿y? ¿Cómo te fue?- preguntó divertida.- desde la ventana se veía que estabas bastante cómoda.- dijo riendo un poco.

- ¿me espiabas?- dijo un poco molesta

- claro.- dijo la morena con gracia; anda dime, ¿qué tal te fue?

- Bastante bien, considerando que a propósito me dejaste con él.

-Bueno, relájate amiga… necesitabas un poco de distracción y Rick es perfecto para eso. Ahora dime… ¿de qué hablaron?

- Bien… aún quedan dos semanas de vacaciones y tiene mucho trabajo pendiente así que me ofrecí para ayudarle.

- ¿y con trabajo pendiente te refieres a algo relacionado con el amor y el acercamiento?- la rubia se sonrojó violentamente.

- ¿Qué? ¿A caso estás loca? Por supuesto que no, me refiero a que le ayudaré con las demandas pendientes en la oficina.- dijo apresuradamente.

- Espera un momento, déjame ver si entendí bien. Te quedaste a comer con el más sexy alemán, llegaste hasta esta hora y lo único que hicieron fue ¿hablar de trabajo?

- pues… ¿de qué más íbamos a hablar? Es mi jefe ¿sabes? No es como que tuviéramos tantas opciones.

- sí, el jefe con el que hasta donde sé te besaste…

- lamento haberte platicado eso… ahora lo usas en mi contra.

- no es para nada en tu contra Anna; en verdad a mí me da mucho gusto que haya alguien que en verdad te valore y esté dispuesto a hacerte feliz. Creo que deberías darle una oportunidad.- la rubia lo pensó un momento.

- Es muy pronto aún para eso.- dijo casi en un susurro.

- A veces pronto es el mejor momento.- dijo acercándose y abrazando a su amiga.- Que descanses.- salió de la habitación dejándola sola. La rubia caminó hacia el ventanal y observó a la hermosa e imponente luna y susurrando para sí misma pronunció.

- Lo pensaré.

Los días pasaron en un abrir y cerrar de ojos, las vacaciones habían terminado y todos reanudaban la rutina.

Yoh presuroso condujo hasta la escuela de la rubia, se adentró en el estacionamiento, bajó de la camioneta y esperó.

Sabía que la rubia llegaría en cualquier momento; moría por verla, era su único pensamiento constante todos los días. La necesitaba como al oxígeno. Mas pasaron varias horas y esta nunca apareció.

El chico pensó durante un momento que hacer hasta que finalmente pareció iluminarse su rostro. Hablaría con el director, después de todo se había convertido en su tutor al finalizar sus estudios y le tenía estima debido a lo cual estaba enterado de su relación con la rubia.

Se adentró al área administrativa de la escuela hasta dar con la oficina del director, se presentó ante la secretaria y le pidió ser anunciado, no tardó más de cinco minutos en que le permitieran entrar a la oficina y le saludara el hombre de edad madura con una amable sonrisa.

- Joven Asakura que gusto verlo.

- Buenos días señor director.- respondió amablemente el castaño.- el gusto es todo mío.

- ¿A qué debo el honor de su visita?

- Verá… quisiera saber en qué salón está Anna… y… quiero que la llame para hablar con ella.- El hombre suspiró.

- Escuche… no puedo hacer eso.- el castaño lo miró con una interrogante en su rostro.- ella se acercó a mí y me conto parte de la situación por la que están pasando. Sé que ella ya no es su prometida.- el rostro del castaño se ensombreció, ella ya había actuado.- y como ya no existe ninguna relación entre ustedes, no puedo proporcionarle información privada.

- Por favor, señor director… debe ayudarme.

- Mire, no se cuales sean sus intenciones, aunque seguramente son buenas pues sé perfectamente que usted es un buen joven pero… no hay nada que yo pueda hacer para ayudarlo. Aunque no puedo prohibirle el acceso a una escuela pública, si quiere buscar por usted mismo, está en toda la libertad de hacerlo.- el castaño asintió lentamente en silencio.

- Así lo haré. Gracias señor director y disculpe las molestias.- El hombre asintió de vuelta y no hubo necesidad de más.

El Shaman salió rápidamente y buscó cuanto pudo durante el día, al finalizar las clases y no haber localizado a la chica ni a ni uno de sus amigos decidió abordar su camioneta y dirigirse a la empresa de Ren, ahí de seguro tendría suerte.

Al llegar al corporativo se estacionó y bajó, se acercó a la puerta más cuando intentó ingresar, le impidieron el paso.

- Lo siento abogado, pero tenemos órdenes estrictas de impedir su ingreso.- dijo el guardia con mucha pena, el rostro del Asakura se desencajó por completo.

- ¿Disculpa?

- Lo lamento pero el ingeniero nos prohibió completamente que lo dejáramos acceder.

- ¿El ingeniero? ¿Hablas de Ren?- El chico temeroso del rostro furioso del shaman asintió. Trató de controlarse pero no pudo, harto de ser traicionado por sus amigos se lanzó a los guardias para tratar de ingresar a la fuerza.

- ¿Qué está pasando aquí?- se escuchó la fuerte voz del chico de ojos gatunos.

- Vaya… te dignaste a aparecer… ahora resulta que ¿ni siquiera puedo entrar a tu empresa? – el chino suspiró.

- Lo lamento, pero no puedo permitirlo, no por ahora… ella no está lista.- El castaño lo miraba incrédulo.

- ¿lista? ¿Qué vas a saber tú de eso? Ella necesita hablar conmigo, necesito aclarar las cosas, por Dios Ren sólo quiero arreglar las cosas, por el bien de ella, por mi paz, por favor.- Ren sólo pudo bajar la mirada.

- Lo siento amigo.- dijo quedamente y se dio la vuelta. Al shaman se le nubló la vista y se lanzó contra él; hicieron falta muchos guardias para controlarlo y diez pisos más arriba la rubia observaba todo desde un gran ventanal.

- Dice Ren que Yoh fue a la escuela a buscarte, uno de tus amigos le informó que estuvo ahí toda la mañana.- escuchó a sus espaldas la voz de Jun.

- Lo sé, el mismo tiempo que me pasé evadiéndolo, escondiendo mi presencia y la de mis amigos de él.

- Anna… tal vez lo mejor sería que hablaras con él y pudieras cerrar este círculo.- la chica suspiró profundamente.

- No estoy lista.

Abajo el castaño ya se había calmado y abandonado la entrada de la empresa. Abordaba su camioneta completamente derrotado, si creían que se daría por vencido… estaban todos muy equivocados.

Había pasado un mes de eso y nada había mejorado. Con Sakura desaparecida, Anna escondiéndose de él y Ren dándole la espalda, todo parecía un calvario sin fin.

Pero hacia dos semanas que las cosas parecían mejorar. En su búsqueda por la escuela logró ubicar a Franck, el amigo gordinflón de Anna, eso sí que había sido un golpe de suerte. Ya tenía acosándolo lo que llevaba de la quincena y el chico no cedía con el paradero de la rubia, de hecho había optado por no entrar a clases cuando el castaño se encontrara rondándolo que prácticamente eran todos los días.

La rubia se estaba hartando de la actitud del castaño, ¿cómo podía perjudicar a su amigo de esta manera sin importarle otra cosa que sus objetivos egoístas? Sabía de antemano que la culpa también era de ella por ocultarse. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la presencia de su prometido y fue fuertemente jalada a uno de los salones por las manos de su amiga.

- Casi.- murmuró para no ser escuchadas. La rubia sólo asintió.- el shaman se acercaba peligrosamente al salón cuando fue desviado por dos de los amigos de Anna.

- Asakura.- el chico volteó rápidamente a interceptarlos.- Porque no mejor la dejas descansar un poco, deja que lo piense y estoy seguro que ella sola se acercará a ti. De verdad creo que sólo estás empeorando las cosas.- el castaño se alejó del salón de clases y los encaró.

- No chicos por favor, sé que solo lo hacen para cuidarla pero les aseguro que mi intención no es lastimarla, sólo necesito estar con ella, verla, aclarar todo de una buena vez.- la rubia escuchaba molesta a través de la puerta que los mantenía separados.- ella no me da la oportunidad de hacerlo. Yo… yo tengo que… debo verla.

- Creo que está haciendo lo contrario a ayudarse, debemos irnos a nuestro salón, seguir nuestra vida y tomar la clase y usted debe ir a trabajar y esperar a que ella se acerque a usted.

- No, por favor. No me iré de aquí hasta que la vea y ustedes me ayudarán. Llévenme con ustedes, les aseguro que después de esto no sabrán nada más de mí.

- Así lo único que logrará será perderla.- dijo cruelmente su amigo flacucho.- el castaño sintió una fuerte punzada en el corazón y calló lentamente de rodillas.

- por favor… deben ayudarme.- dijo bajando la mirada.

Harta de todo esto la rubia salió silenciosamente del salón, se colocó tras de él a una distancia prudente e hizo notoria su presencia. El castaño abrió desmesuradamente los ojos y volteó a sus espaldas. Ahí estaba, tan hermosa como siempre, lucía bastante cansada, con unas ligeras ojeras bajo sus bellos ojos, seria… como era su costumbre.

La rubia no sabía que hacer frente a él pero de una cosa estaba clara; estaba harta de que acosara a sus amigos por su culpa, debía detenerlo. Lucía tan diferente, al igual que ella… cansado, con unas ojeras aún más marcadas que las de ella, con sus ojos rojos y notablemente más delgado. Estaba sumergida en sus pensamientos hasta que realizó que él se ponía de pie.

- Annita.- pronunció con anhelo e intentó acercarse a ella, pero la rubia se lo impidió estirando el brazo y poniendo su mano frente a él.

- ¡NO!- dijo con fuerza.- ¡No te me acerques!- siseó apretando los dientes.

Continuará.

Hola Chicooooos!

Ya lo sé que me odian, pero he estado tratando de acoplarme a mi nuevo trabajo que está bastante lejos de mi casa y debo levantarme a las 4:20 am para llegar a tiempo x.x

En fin ya me estoy integrando y prometo subir actualización cada semana de alguno de mis fics.

Agradezco a todos y cada uno de los que me siguen leyendo, en especial a Papaola porque amo tus fics y es increíble que te estén gustando los míos.

Un saludo enorme a todos y nos estamos leyendo.

Dejen sus comentarios.

Besos.