Capítulo 14. Necesidad.

La rubia no sabía que hacer frente a él pero de una cosa estaba clara; estaba harta de que acosara a sus amigos por su culpa, debía detenerlo. Lucía tan diferente, al igual que ella… cansado, con unas ojeras aún más marcadas que las de ella, con sus ojos rojos y notablemente más delgado. Estaba sumergida en sus pensamientos hasta que realizó que él se ponía de pie.

- Annita.- pronunció con anhelo e intentó acercarse a ella, pero la rubia se lo impidió estirando el brazo y poniendo su mano frente a él.

- ¡NO!- dijo con fuerza.- ¡No te me acerques!- siseó apretando los dientes.

El castaño se frenó enseguida, la miró de forma suplicante y en forma de suspiro exhaló un leve.- por favor.- frase que desató aún más la molestia de la rubia.

- ¿por favor? Por favor ¿Qué? "Por favor déjame tocarte", "por favor acepta mi acoso", "por favor acepta que moleste a tus amigos" por favor ¿Qué?- gritó con rabia. El chico bajó la mirada con tristeza pero aun así habló con fuerza.

- Por favor escúchame; Yo…

- ¡NO!- interrumpió la rubia.- no quiero escuchar nada de lo que tengas que decirme… no quiero que me expliques nada, no tengo deseos de saber por qué lo hiciste, sólo déjame en paz.- las palabras de la itako hicieron que el shaman comenzara a respirar con fuerza hasta que decidido contestó.

- ¿saber por qué lo hice? ¿Por qué lo hice? ¿Qué demonios hice Anna? Es lo que quiero saber… he buscado la respuesta por cielo y tierra pero nadie quiere ayudarme a resolver mis dudas, DEMONIOS ANNA YO NO HICE NADA, ni siquiera recuerdo que pasó unos segundos antes de haber abierto los ojos y verte en la puerta de mi habitación, por favor tienes que creerme, eres la única en el mundo que necesito que me crea… tú lo dijiste, dijiste que confiabas en mí más que en nadie… por favor.- dijo con un profundo dolor en la garganta y respirando hondo.- vuelve a casa; vuelve a mi lado.- dejando brotar incontables lágrimas de sus ojos.

Alrededor de ellos ya se había juntado bastante público que murmuraba lo que estaba aconteciendo. Para Anna eso era lo peor que podría pasar ahora estaría en los rumores de todos.

- No hay a donde volver.- dijo apretando los puños.- lo que vi no necesita explicación; ahora… dijiste que si me veías no molestarías más… espero que cumplas tu promesa y nos dejes en paz.- dijo dándose la vuelta y comenzando a caminar. Rápidamente la alcanzó y la sujetó con fuerza de uno de sus brazos provocando que quedaran cara a cara.

- No me importa el tiempo que tome… haré que me escuches, lograré que me creas.- dijo mirándola a los ojos.

- No tienes nada que lograr.- dijo la chica zafándose de su agarre.- no pierdas tu tiempo.

- ¿no te importo?- preguntó con dolor. La chica tragó pesado, pero no podía dejar que se notara que le dolía que él estuviera ahí.

- Ni en lo más mínimo.- el castaño cerró los ojos.

- ¿y mi familia?- dijo con algo de esperanza, sabía que si algo podría pesar en la rubia, serían sin duda su madre y abuela. La chica se detuvo en seco pues con tanto dolor en esos días, no se había detenido a pensar en su sensei o en la señora keiko a quienes amaba más que a ella misma.

Por el tiempo que había trascurrido estaba segura de que Yoh ya les había dicho lo que pasaba, volteo lentamente y cuestionó.

- ¿Qué les dijiste?- pronunció lentamente con temor. El castaño devolvió una triste mirada.

- Que no estabas…- Anna sollozó y cubrió su boca.

- ¿Me odian?- preguntó entre lágrimas.

- No…- dijo acompañándola en su llanto.-No Anna eso jamás… ellos sólo están preocupados.

- Por favor… ya no les digas nada ¿sí?... yo… yo… cuando esté lista iré a hablar con ellos… - Esa fue la prueba más clara para Yoh de que ella no volvería… no ahora. Asintió con tristeza mientras la veía correr lejos de él a lo largo del pasillo.

Corrió tan rápido como sus piernas se lo permitieron, hasta llegar al primer salón vacío en donde se encerró; se dejó caer por la puerta y sujetó sus piernas… no había pensado en su familia, la familia que la acogió y le dio un hogar.

- ¿Anna?- escuchó la voz de su amiga desde afuera.- Por favor abre la puerta… todo está bien, él ya se fue.- la itako se calmó un poco, se repuso y abrió la puerta; inmediatamente su amiga se arrojó a sus brazos- ¿estás bien?- la sacerdotisa la alejó un poco de su cuerpo.

- Estoy bien… no quiero hablar de eso, vamos a clase ¿sí? Terminemos con el proyecto y vayamos a casa.- la morena la miró con preocupación.

- ¿segura?- la chica sólo asintió.

Comenzaron a caminar hasta que la rubia comenzó a sentir un poco de mareo y se detuvo de la pared.

- ¿Anna?- escuchó que Bere la llamaba.

La rubia se petrificó pues frente a ella estaba ese horrible espectro.

- ¿Quién eres? ¿Qué quieres?- Sólo escuchaba la espeluznante risa de la bestia frente a él.

- ¿Anna?- se acercó su amiga con miedo y la tocó del hombro; la rubia volteó asustada y observó a su amiga quien parecía perderse entre las sombras y se desplomó en el suelo.

-Empresas Tao-

- Bueno… ¿y qué te parece Tao?- cuestionó el alemán orgulloso de su trabajo.

- Es perfecto, sin lugar a dudas Clayê se posicionará primer lugar en Japón con este proyecto, el amparo nos ayudará a evitar la competencia.- Exclamó contento el chino.

- Sí, el único problema es…- dijo algo preocupado por su jefe, el cual suspiró y respondió.

- Lo sé, afectaremos directamente a las empresas Oyamada, en algún momento deberemos enfrentarnos en los tribunales.

- Trabajo es trabajo y como tú lo dices, el cliente es primero.

- Así es.- afirmó Tao.- ahora vuelve a la escuela que ya perdiste bastantes clases y te necesito actualizado.

- A la orden jefe.- dijo el chico saliendo de la empresa con una enorme sonrisa.

- Universidad de leyes; enfermería -

Abrió lentamente antes de escuchar la voz preocupada de su amiga.

- ¡Anna!- exclamó con alivio la morena.- ¿estás bien?

- Sí.- tartamudeó un poco.- sólo algo mareada.- dijo intentando levantarse.- volvamos a clase.

- ¡no! Nos vamos a casa.- dijo terminantemente, la chica la miró extrañada.

- No podemos hacer eso… sabes que es una semana muy importante.

- Pues lo siento mucho, no estás bien y lo sabes, iremos a casa antes de que te expongas a algo peor.- la rubia sólo suspiró y tomó su cabeza, sabía que no ganaría la batalla y de todas maneras no se sentía muy bien así que sin luchar más emprendió camino.

¿Qué le pasaba? Últimamente se sentía diferente, lloraba todo el tiempo, se tenía lástima así misma; esa no era ella.

En el estacionamiento se encontraba aún Yoh Asakura quién simplemente no podía irse, extrañamente sabía que algo malo pasaba a parte de su situación, sintió algo que no lo dejó irse.

La respuesta comenzó a llegar a él al ver salir a Anna caminando con debilidad y siendo sostenida por Bere; rápidamente se acercó a ellas.

- ¿Qué pasa? ¿Está todo bien?- la morena lo observó con molestia.

- Sabe que esto es su culpa, por favor déjela en paz.- Yoh sabía que la rubia no contestaría pues era algo más allá de los sentimientos de la itako; sabía que tenía que ver con el espectro que acosaba a la sacerdotisa pero su amiga no estaba relacionada con ese mundo.

- ¿Anna?- dijo mirándola; ella sólo devolvió la mirada.

- No es nada, déjanos ir.- intentaron seguir su camino pero no lo lograron.

- No, yo las llevo.- la itako lo miró cansada.- no tienes que decirme dónde vives ahora, puedo dejarlas cerca, pero por favor, será más seguro si las acompaño.- la rubia ni siquiera respondió, sabía que era algo inútil, así que simplemente se acomodó en el asiento de atrás de la camioneta.

Llegaron a un parque cercano a la casa de la morena dónde el shaman estacionó y las chicas bajaron.

- Por favor Yoh… no nos sigas.- le dijo Anna con serenidad, el castaño simplemente asintió.- y… -dijo la rubia de espaldas antes de seguir su camino.- ve a trabajar, es lo mínimo que le debes a Manta.

- Eso haré.-

La itako llegó a su habitación y meditó durante largas horas, sabía que para sentirse mejor debía evocar momentos felices, pero ahora todos esos momentos felices la atormentaban.

¿Qué podía hacer?

Se aceró a su librero y de ahí sacó un pequeño y viejo álbum de fotos, tuvo que pasar la mayoría ya que estaba lleno de Yoh por todas partes, hasta que encontró lo que buscaba.

Hermosos recuerdos dónde la madre de Yoh la enseñaba a tejer, coser, cocinar y muchas otras cosas.

Sonrió maravillada ante los recuerdos de la única mujer que quiso ser su madre y de la familia que la acogió y ahora ella los estaba abandonando.

Suspiró con pesadez, debía pensar con claridad que hacer… si abandonaba definitivamente a Yoh no volvería a ver de nuevo a su familia, no tendría la cara para hacerlo.

Y si volvía con él, conservaría a su familia, pero no quería seguir sufriendo con el engaño de su prometido, ¿Qué sería de ella si las cosas seguían así y él se convertía en su esposo? No podría soportarlo.

Debía pensarlo con detenimiento.

El Cataño ingresó a la matriz de las empresas Oyamada y se dirigió directo a la oficia de su amigo.

- Hola Manta.- el pequeño lo volteó a ver a su amigo con sorpresa.

- ¡Vaya Yoh! No te esperaba por aquí el día de hoy.- el shaman sonrió con tristeza.

- Lo sé, lo siento Manta; pero ya no faltaré más…- el pequeñín lo vio con detenimiento, parecía afligido, y aun así debía darle una noticia.

- Bueno, ahora que estás de regreso, debes ver esto.- dijo pasándole un expediente con el logotipo de las empresas Tao.- Prepara la demanda, debemos enfrentarlos. Su amigo simplemente asintió. Serían unas semanas bastante pesadas.

Pasaron los días con rapidez, Anna había encontrado una buena rutina que la mantenía un poco más distraída de lo normal, despertaba y hacía ejercicios, volvía a tomar una larga ducha, un gran desayuno y caminaba hasta la escuela, posterior a eso se dirigía al trabajo en donde se inundaba de trabajo hasta no poder más y volver muerta a casa.

Le había funcionado bastante bien pues cada vez veía menos a la sombra, aunque aún se sentía un poco débil pero lo atribuía a su pesado horario.

Una noche saliendo del trabajo caminaba a toda prisa pues la tormenta que había caído en la tarde había dejado a la mitad de la ciudad sin luz; ya era mitad de marzo y era extraño que en esos días hubiera tormenta pero cuando las había, eran bastante pesadas.

Dio vuelta por una de las calles y su paso se vio impedido por dos sujetos que no la dejaron continuar.

- Hola preciosa ¿A dónde vas tan deprisa? ¿Podemos acompañarte?- la rubia observó sus manos y encontró que iban armados, intentó cruzar la calle y fue impedida, al dar la vuelta para intentar regresar por su camino, se encontró a dos sujetos más; se sentía desesperada y estúpida por no aceptar que Rick la llevara a casa y no haber cargado con su rosario.

- Gracias por la oferta pero estoy mejor sola.- respondió fríamente.

- Lo dudo cariño.- dijo uno de ellos acercándose.- una bella dama como tú jamás estará mejor sola; ¿no es así chicos?- dijo tomándola de la mano.- elegiste un mal día para caminar primor.- dijo jalándola hacia él y olfateando su cuello.- mmmhh… deliciosa.- la chica zafándose con fuerza le plantó una fuerte bofetada con la mano izquierda que tomó por desprevenido al chico.

- No se me acerquen.- dijo la rubia dando un paso hacia atrás, el tipo limpió el pequeño hilo de sangre de su boca y rio sarcásticamente.

- Hasta aquí llegaste.- siseo.- ¡agárrenla!- gritó con coraje.- te enseñaré como se les trata a las perras como tú.- dijo mientas la abofeteaba con fuerza, seguido de plantarle un fuerte golpe al estómago.

Uno de los tipos tomaba las cosas de Anna mientras las inspeccionaba, otro preparaba el auto para huir de la escena, uno más la inmovilizaba de los brazos mientras el otro golpeaba, insultaba y desvestía a Anna.

- Aprenderás a no pasarte de lista.- dijo el tipo mientras escupía en la cara de Anna. La chica trataba de soltarse pero le era imposible.

- ¡no ya basta por favor!- comenzó a sollozar. Observó como el tipo bajaba sus pantalones y exhibía su miembro al aire. Apretó con fuerza los ojos y esperó por lo peor. Quería morir en ese momento.

A lo lejos escuchó como las llantas de un automóvil frenaban con violencia. Y un abrir y cerrar de una puerta.

- ¡Déjenla en paz!- gritó con fuerza mientras miraba amenazadoramente a los tipos.- se los advierto.- siseo.- la rubia no podía creer lo que veía. Estaría bien.

- Jjajajaaj no nos hagas reír ¿Qué podría hacer alguien como tú contra nosotros?- el chico lo miró con odio.

- Prepárate. ¡Amidamaru!- gritó con fuerza, y aunque los tipos no podían ver lo que sucedía, si notaron que en cuestión de segundos la mayoría de ellos quedó inconsciente mientras sólo uno logró escapar.- al sentirse a salvo la chica se desvaneció.- ¿Annita?- escuchaba a lo lejos.- Annita despierta. Vamos al hospital.- la tomó en brazos y poco a poco la chica fue reaccionando hasta que la subió a su camioneta.

- No, no… por favor, quiero ir a mi casa.- dijo mientras tomaba su mejilla.

- Anna, tienes heridas abiertas… por favor déjame llevarte al hospital.

- Son superficiales, no quiero… por favor no quiero que pregunten qué pasó. - el castaño entendió enseguida.

- De acuerdo pero iremos a la pensión y me dejarás curarte, después te llevaré a tu casa; es el trato.- La rubia lo contempló unos segundos.

- Está bien.- el shaman condujo rumbo a la pensión.- ¿Qué hacías por esa calle?- cuestionó la sacerdotisa.- no estás siguiéndome ¿o sí?- el abogado rio con ternura.

- No, puedes estar tranquila, aunque viendo lo que pasó, tal vez sería bueno que lo hiciera. Es la segunda vez que pasa algo cuando vuelves tarde a casa.

- Seré más cuidadosa.- llegaron a la pensión, era extraño estar ahí después de meses de ausencia, se sentía tan cómodo ese lugar, tan acogedor; la chica suspiró nostálgica.- No hay nadie.- comentó.

- Si, los chicos no… ellos no… yo… quería estar sólo.- la rubia asintió en comprensión.- Bien… déjame comenzar.- el shaman revisó, limpió y curó todas y cada una de las heridas de la itako con paciencia y cuidado; no se veían graves pero si dejarían moretes que tardarían mucho tiempo en desaparecer.- Listo, promete que mañana irás a que te revisen el golpe del estómago.- dijo el chico preocupado.

- Lo prometo; llévame a casa.- Yoh suspiró triste, esa era su casa, siempre lo seria pero no lo dijo ya que no quería que la rubia tuviera un mal rato después de lo que había pasado.

- Claro, vamos…- siguió el camino que la rubia le indicó hasta llegar una gran mansión.- wow! – exclamó.- está hermosa… parece que no hay nadie.

- Sí ellos, están fuera de la ciudad, volverán por la mañana, déjame tomar mis llaves.- ambos guardaron silencio. Se percataron de que no traían el bolso de Anna.- no puede ser… se llevaron mis cosas.

- Está bien, tranquila; volverán en la mañana, dormirás en la pensión y mañana te traeré temprano.

- ¡no! Puedo esperarlos en la entrada, hay un sillón muy cómodo.- el castaño suspiró frustrado.

- Anna no seas terca, pasaste por algo horrible, no hay luz en la casa, y quieres quedarte a esperar tú sola; no es de tus ideas más brillantes, además no lo permitiré. Ven, si quieres esperar aquí está bien, pero será dentro de la camioneta, fuera hace mucho frío. Reclinaré tu asiento para que se vuelva cama y aquí tienes.- dijo dándole su abrigo.- te mantendrá caliente.- Yoh también reclinó su asiento, observando que la chica estaba incómoda.- relájate, sólo serán unas cuantas horas… ¿quieres platicar de algo? Romperá la tensión.

- uhmm… ¿Cómo de qué?.- en realidad no tuvo que pensarlo mucho.

- sabes… yo compré esta camioneta para ti y tu seguridad; creo que deberías quedártela.- la chica suspiró despectivamente.

- claro que no, es tuya… ¿yo para qué la quiero? No tienes que preocuparte por mi seguridad, eso ya no es asunto tuyo.

- Claro que lo es… siempre lo será y no pienso discutirlo, mi punto es, que si no me quieres cerca escoltándote, entonces usa la camioneta, para que puedas moverte con menos peligro.

- bueno genio… hay una gran falla en tu plan; yo-no-sé-manejar.- dijo como si fuera lo más lógico del planeta.

- Esos se puede arreglar fácilmente; yo puedo enseñarte…- la chica rio.

- Eso jamás.- dijo totalmente segura.

- Ok, entonces, ¿Qué tal si le pido el favor a Ren? Estoy seguro de que estará de acuerdo conmigo y no tendrá problema.- la chica parecía pensarlo.- por favor hazlo Anna, no dejes que esto se vuelva a repetir.

- Está bien.- dijo.- lo haré.- El castaño sonrió satisfecho, bueno al menos había ganado una.- eh… - la escuchó decir.- ¿Yoh?… ¿has hablado con tu familia?- preguntó temerosa. Él la miró por un rato… ¿cómo responder esa pregunta?

Flash back…

- ¡muchacho inconsciente! ¡Eres un irresponsable! – gritaba con enojo la anciana a su nieto.- Te di bastante tiempo para encontrarla… además de toda una vida junto a ella para cuidarla y llegas tranquilamente a decirme que no la encontraste… no estarás mintiéndome o sí?- el castaño pasó grueso, no quería decirle a la abuela que había decidido ver por el bien de Anna aunque eso implicara alejarse de ella.

- No lo hice abuela, ella no aparece por ninguna parte; lo mejor será…

- Tú no decides lo que es mejor para nadie… vuelve a casa… te llamaré cuando te necesite; no puedo creer que no te intereses en encontrar a la mujer que amas; o que ella nos odie tanto como para no comunicarse con nosotros.- el shaman bajó su mirada y salió del recinto, no podía hacer nada más; estaba claro que su abuela siempre conseguía lo que quería.

En cuanto hubo salido el chico, una silueta alta y delgada salió de entre las sombras.

- ¿y qué propone suegra?- dijo por entre la máscara.

- Llama a Tamao, localizaré a Anna y arreglare esta bobería, esos dos son demasiado idiotas.- el padre de Yoh desapareció de entre las sombras.

Fin del flashback…

- Emmm…- comenzó a contestar.- no mucho en realidad.- ¿cómo decirle que la abuela estaba furiosa por no saber de su paradero? Sabía que sí se lo decía la preocuparía, y no se permitiría hacer eso.

- Ah…- dijo simplemente la rubia mientras sus ojos se cerraban cansados y caía en un profundo sueño; el shaman sonrió y apartó un mechón de cabello rubio; era tan hermosa.

La contempló dormir durante unas cuantas horas hasta que no soportó más la pesadez y la acompañó en el sueño.

Exhaló un fuerte suspiro, aún un poco inconsciente de donde estaba; escuchó el canto de los pájaros y se talló incómodamente los ojos tratando inútilmente de apartar el sol. Cuando recordó dónde estaba abrió los ojos de golpe buscando a la rubia a su lado y encontrándola profundamente dormida. Sonrió, se acomodó más cómodamente y la observó durante mucho rato hasta que escucho que la chica se quejaba un poco y al igual que él, despertaba de golpe.

- ¡Au!- Pronunció adolorida pues recordó lo que le había acontecido por la noche.

- ¿te encuentras bien?- preguntó preocupado.

- claro… un poco adolorida pero estoy bien.- Observó lo brillante del sol.- ¿Qué hora es?

- Ammm.- sacó su celular.- las 11:00.

- ¿las 11?- se sorprendió bastante, no recordaba en su vida haber despertado tan tarde y a decir verdad, hace mucho que no dormía tan de corrido y sin tener pesadillas.

- Sí, ¿tenías algo que hacer? ¿se te hizo tarde?

- Emmm no; ¿notaste si llegó alguien a la casa?

- Al parecer aún no hay nadie ¿tienes hambre? Te invito a desayunar.

- No, no te molestes estoy bien; puedes avisar a Ren que no iré a trabajar y que de momento no tengo celular.- el castaño sonrió feliz, por lo menos no pelearía con ella sobre si ir al trabajo o no.

- Claro Annita; pero bueno, aunque tú no tengas hambre, yo sí, así que iremos por un café.- la chica lo miró amenazante.- tranquila, lo pediremos por ventanilla y esperaremos aquí a que tus amigos lleguen.- la chica sólo giró los ojos.

Pasada una hora, ya estaban de vuelta en el estacionamiento de la morena esperando el regreso de la familia; bebían café y Anna devorada un par de donas rellenas de mermelada que Yoh le había comprado; el castaño estaba feliz, pues la chica ya no parecía molesta con su presencia.

El gusto le duró poco pues unos minutos después, arribó la camioneta familiar y la morena al notar la presencia de la camioneta del Asakura, corrió enseguida en busca de Anna; al encontrarla en tal estado se puso furiosa con el abogado.

- ¿fue él?- dijo con rabia.

- no, no Bere para nada.- apresuró la chica.- te lo explicaré dentro de acuerdo?.- la morena sólo asintió.

- Bueno…- pronunció el castaño.- al parecer mi trabajo aquí terminó.- el chico le entregó las llaves a la Kyoyama y se fue caminando de ahí.

- ¿Por qué hace esto?.- dijo la morena; la rubia suspiró cansada.

- ven… tengo muchas cosas que contarte.

Pasadas las horas, Anna se encontraba en la tina de baño; llevaba casi una hora ahí, necesitaba relajarse después de todo lo que había pasado. Contarle a su amiga lo sucedido no había sido nada fácil y digerir las horas que había pasado con el castaño mucho menos; se sentía feliz y se odiaba a sí misma por eso.

¿eso había sido todo? ¿tan fácil había caído? No podía permitírselo; debía sacárselo completamente de la cabeza, no era justo para ella.

Salió de la tina y se puso su bata de baño; estaba agotada, abrió la puerta del balcón y salió, llenándose del delicioso aroma de la primavera.

Divisó una hermosa estrella en el cielo y por más tonto que sonara, lo pidió.

- Desearía poder resolver esta situación; quiero encontrar el camino. ¿Cuál es mi destino?

La puerta de su habitación fue abierta arruptamente; asustada volteó.- lo siento Anna.- dijo la morena algo pálida.- pero te buscan en la puerta.

- ¿Quién?- preguntó sorprendida…

- Soy yo… querida nieta…

La itaki quedó estupefacta. Cuidado con lo que deseas.

Continuará…

Lo sé, lo sé no tengo perdón del señor pero mi carga laboral ha sido inmensa.

Lo que me animó a publicar el capítulo fue un review que me pedía que al menos dijera como iba a terminar la historia.

No se aceleren chicos, yo sé que la espera parece eterna pero créanme que aún falta mucha historia y por supuesto que sé a dónde va… sólo paciencia.

Agradezco sus comentarios alentadores y espero recibir muchos más.

Se aceptan quejas, ideas y sugerencias.

Los estoy leyendo.

Saludos