Capítulo 16.- Intermitencia
Llegó a la habitación que habían designado como matrimonial y esperó en la puerta, no sabía que encontrar del otro lado; un escalofrío la recorrió por la espalda y al girarse pudo ver al enorme espectro que la miraba con rencor…- Así que te casaste rubia… ajjjajaa pobre de ti; tu calvario apenas comienza.- la chica abrió la puerta con rapidez y entró en la habitación dando un portazo. Dentro su esposo la esperaba en uno de los sillones y al escucharla entrar de esa manera, se acercó con velocidad para auxiliarla.
- Annita ¿estás bien?- ella temblaba pálida- ¿Qué pasa?- la itako simplemente negó con la cabeza.
- Estoy bien.- dijo alejándose de él. El silencio se hizo más pesado y la incomodidad comenzó a notarse.
- Lo mejor será dormir, mañana será un largo día.- dijo su esposo quien intentó tocarla en un hombro más ella lo evadió. Ambos miraron la única cama que había en la habitación.- tu puedes tomarla, yo… puedo dormir en el sillón.
La chica negó lentamente y sólo tomó una cobija para cubrir sus hombros, se acercó al sillón de cuerpo entero que estaba en la orilla de la ventana y se acercó a admirar la luna.
- De repente… se me quitó el sueño.- dijo mientras descansaba sus piernas y trataba de arrullarse contemplando las estrellas. El chico no pudo hacer más que sentirse triste y rezar porque su matrimonio mejorara; lograría retomar su confianza… lo haría; así fuera lo último que hiciera. Triste, se acercó a la cama y se recostó, admirando la figura de la rubia que era enmarcada por la luna. Lentamente fue cerrando los ojos hasta que fue inconsciente de lo que sucedía en el exterior.
El sonido de la puerta lo trajo de del mundo de los sueños, cuando abrió los ojos miró a Anna que dormía recargada en la ventana, lentamente se acercó a la puerta y abrió. Era la amiga de la rubia.
- Perdone que los moleste señor Asakura.- dijo con pena.- ¿puedo hablar un momento con Anna?- el castaño volteo a donde yacía su esposa e iba a contestar pero su voz lo tomó por delante.
- Claro Bere… espera un minuto.- el chico las miró.
- Pueden quedarse aquí en la habitación, yo saldré…
- No es necesario Yoh… nosotras estaremos en el pasillo.
Las chicas se adelantaron fuera de la habitación dejando al castaño en la oscuridad del cuarto, quien sólo optó por recostarse en la cama.
- ¿Qué pasa Bere? Es muy tarde.- la chica la miró con preocupación.
- Lo sé… lo lamento, es sólo que, como amiga, era necesario venir a verte… Anna… te casaste ¿sabes todo lo que eso implica?- la rubia guardó silencio un momento y suspiró un leve "lo sé".- Entonces ¿Por qué estabas durmiendo en el sillón?- la chica bajó la mirada.- Amiga… ya no hay vuelta atrás, decidiste casarte con él y quiero que entiendas todas las repercusiones de esa decisión… ¿por qué lo hiciste?
- Es mi familia, siempre lo han sido.
- Parece no ser una razón suficiente.
- Nunca entenderías… nadie lo haría.
-Pues ahora tú debes de entender, que él es tu familia y que todas tus decisiones están ligadas a las de él, que forjarás un futuro con tu esposo y al parecer por lo que tu familia dice, un descendiente ¿estás dispuesta a eso?- la itako levantó la mirada y enfrentó la de su amiga y respondió firmemente.
- Sí.
- Muy bien… pues debes ser feliz con esa decisión.- ambas se sonrieron con cansancio, la morena se acercó a su amiga y la abrazó. Ambas se despidieron y la rubia volvió a su habitación. Cuando entró a la habitación, observó a su esposo dormido profundamente en un lado de su cama, tomó una manta y lo cubrió; se quedó parada un momento más a su lado hasta que finalmente se decidió, tomó otra manta y se metió a la cama junto a él; cerró los ojos y esperó a caer profundamente dormida.
Cuando recién entraba la mañana, fueron despertados por Tamao quien les avisaba que era hora de partir al aeropuerto. El primero en despertar fue Yoh quien se sorprendió de ver a Anna tranquilamente dormida a su lado. Abrió la puerta indicándole a la pelirosa que bajaban enseguida. Se posó al lado de su esposa y la admiró unos momentos más antes de tomarla del hombro moviéndola levemente para despertarla. La itako despertó con un pequeño sobresalto.
- Lo siento, sólo quería decirte que es hora de irnos.- la rubia desvió la mirada antes de levantarse con rapidez, meterse al baño y darse una ducha rápida.
Partieron a las 4:30 am rumbo al aeropuerto, siendo despedidos por todos los familiares y la mayoría de los amigos de ambos desde la entrada. Más que vacaciones, parecía que iban directo a la guerra.
Anna tomó un par de analgésicos pues el dolor de su espalda y cabeza aún era punzante. El check in del avión duró menos de lo esperado y a las 6 en punto de la mañana ya iban directo a Ishigaki.
La rubia cayó dormida en cuanto tocó el asiento por los medicamentos que ingirió, e Yoh dormitó la mitad del viaje mientras la otra parte admiraba el cielo y a su esposa.
Pasando el medio día, llegaron a la paradisíaca isla, no fue ningún trabajo para ellos encontrar a alguien que los llevara al hotel pues había muy pocos por ser una Isla realmente hermosa y poco visitada.
Se registraron y de inmediato los llevaron a su habitación… era verdaderamente hermosa. Toda blanca, espaciosa, una hermosa cocina con el refrigerado lleno de aperitivos y deliciosas bebidas; el baño tenía una enorme tina, la habitación era impresionante, tenía un balcón cuya vista daba directo a las hermosas playas, sillones para recostarse, una hamaca, un enorme Jacuzzi cerca de la ventana y finalmente una gran cama redonda y blanca con pétalos de rosas rojas esparcidos sobre ella. El botones se despidió con amabilidad de la pareja, recomendado que era la hora ideal para bajar a comer al buffet. Ambos asintieron con agradecimiento y se quedaron solos en la habitación. Incómodo…
- Sabes… deberíamos hacer caso y bajar a comer, la verdad es que tengo mucha hambre, dijo el castaño. La chica se tardó un poco en contestar.
- De acuerdo… sólo, me gustaría usar algo más cómodo, hace mucho calor.
- Me parece bien, tomaré una ducha rápida Annita, mientras tú puedes ponerte cómoda, no tardo.- dijo ofreciéndole una hermosa sonrisa, pues parecía más dispuesta a convivir con él.
Pasando aproximadamente 20 minutos, el castaño salió listo y fresco para reunirse con Anna, la rubia parecía haberse quedado ensimismada con el paisaje, apreciándolo desde el balcón, ataviada con un ligero vestido salmón que la hacía ver hermosa, a pesar de las marcas de golpes que tenía en la espalda derivados de la caída de la cascada.
- ¿Estás lista?- le dijo con precaución el shaman pues sabía que la chica tenía tiempo nerviosa y no quería asustarla. Ella volteó lentamente y asintió… caminó por delante de él hasta salir por la puerta y ambos se dirigieron al restaurante.
En otro lugar de Japón…
- Humana idiota ¿acaso no te das cuenta que no sirves para nada? Yoh ya se casó y tus propósitos van a fracasar. Debería matarte.- la pelinegra lo miró con odio.
- No puedes hacerlo, me necesitas... estás unido a mí, si es que quieres ser liberado. Además, este sólo es un obstáculo. Esto no ha terminado… nadie dijo que su matrimonio sería feliz, y para eso estoy yo… Así que has tu parte demonio inútil, necesito que uses tus partes más humanas conmigo.- el espectro la miró con duda mientras ella sólo sonreía con malicia.- ya verás cómo esto va a terminar más pronto de lo que crees.
De vuelta en Ishigaki…
Terminaron de comer y salieron del restaurante, la rubia tenía intenciones de volver a la habitación pero el castaño la tomó de un hombro deteniéndola.
- Espera…- ella volteó a verlo con seriedad.- este paisaje es hermoso… ya que estamos aquí ¿por qué no damos un paseo?- la itako pareció pensarlo un breve momento hasta que asintió.
Salieron del hotel y se dirigieron a las blancas y suaves arenas de la playa. Era delicioso caminar sobre ellas, el viento fresco golpeando sus rostros. El aroma del agua salada inundando de paz su interior, el sol brillante sobre sus cabezas. La incomodidad lentamente dejando sus cuerpos.
Yoh en un intento de acercarse a ella le sacó plática de la escuela, del trabajo, de sus amigos, de lo que fuera que ella disfrutara hacer; al principio renuente en sus respuestas, pero después cayeron en una conversación amena que se extendió por el resto de la tarde hasta que comenzó a ocultar el sol. Cuando ambos lo notaron, al dar vuelta se dieron cuenta que estaban muy lejos del hotel y decidieron volver a pasos más rápidos.
Se acercaron más a la orilla de la playa para mojar sus pies, se sentía realmente bien estar ahí. Anna comenzó a pensar que tal vez no podría ser tan malo como sí difícil. A pesar del engaño imperdonable de Yoh sabía que su actitud siempre había sido cálida, divertida y amable, por lo cual tal vez y sólo tal vez podría acostumbrarse a vivir con eso.
Tan distraídos estaban que no notaron que la marea se elevó un poco y una gran ola los alcanzo con fuerza hasta donde estaban haciéndolos caer.
El castaño se levantó con rapidez y buscó a Anna quien ya estaba saliendo del agua totalmente empapada. El chico la sostuvo pues se tambaleaba.
- ¿Estás bien?- dijo preocupado, pero en cuanto la vio, cambió su semblante a uno de total sorpresa pues Anna lucía una radiante sonrisa.
- Estoy bien… en realidad el agua está deliciosa.- comentó con frescura.- vamos más rápido que está oscureciendo. Debemos darnos una ducha para ir a cenar.
- Bien.- contestó con una sonrisa igualmente hermosa.
Comenzaron a caminar más a prisa aún por la orilla de la playa, donde la rubia sumergía los pies y en ocasiones pateaba el agua. Fueron alcanzados en varias ocasiones más por olas grandes con un menor impacto que la primera vez. El shaman se notaba sorprendido de ver a su esposa tan contenta. Cuando se fueron acercando al hotel, salieron de la playa y caminaron por el camino de piedra que los guiaba al mismo.
- ¿sabes…? Nunca había ido a la playa- dijo levemente.- es hermosa.- el castaño sorprendido por las palabras de la chica, atesoró que tuviera la confianza de hablar con él de ese tema tan personal.
- Lo es… y me alegra que te haya gustado… podemos volver cada año, si tú quieres… o podemos visitar otras playas.- le sonrió con confianza. Ella lo miró por unos segundos y le respondió con una leve pero hermosa sonrisa. Para el castaño esa sonrisa fue una decisión clara en su mente, llevaría a su esposa a la playa tanto como ella quisiera. Promesa sellada con el corazón.
La rubia caminaba perdida en sus pensamientos, recordando a la niña que fue hace ya tantos años y que soñaba casi todos los días en ir a la playa, conocer el mar, sumergirse en esas deliciosas aguas, y ahora Yoh se lo ofrecía con total apertura y facilidad.
Todo transcurrió de prisa a partir de ahí, llegaron al hotel, se ducharon, bajaron a cenar, disfrutaron de una hermosa velada a la luz de las velas, vino y chocolates, con música llenando el lugar. Cuando salieron del restaurante, la chica le pidió que dieran otro paseo por la orilla de la playa, se había enamorado del lugar, el shaman no puso objeción alguna.
Volvieron a la habitación a eso de la 1 de la mañana, agotados y con las piernas adoloridas pues si habían caminado bastante a lo largo del día.
La rubia pasó directo al vestidor para cambiarse de ropa e yoh se quedó en el balcón por unos momentos.
La itako hurgaba entre las cosas que había empacado Tamao pues ella jamas tuvo oportunidad de hacerlo, dentro de la maleta encontró un paquete que venía de parte de sus tres amigos, Kike, Frank y Bere con una pequeña nota que decía: "Bienvenida a la vida de casada" levantó una ceja con curiosidad y lo abrió; se puso totalmente roja al ver el contenido pues no era nada más que un pequeño (si se podía llamar así) camisón para dormir de tirantes en color blanco que se notaba que aunque lo intentara, no alcanzaría a cubrir lo necesario.; pero ¿en qué diablos pensaban sus amigos? Ya se encargaría de ellos al volver. Lo devolvió a su empaque y siguió buscando hasta que encontró un camisón que le llegaba a la mitad del muslo en color negro y de manga corta con el cual se sentiría mucho más cómoda, lo tomó y se lo puso enseguida. Cuando volvió, su esposo le sonrió y se levantó para entrar al vestidor y cambiarse de ropa a algo más cómodo.
La rubia se recostó en la hamaca pues le costaba trabajo asimilar que nuevamente debía compartir la cama con él. Aunque eso sería para siempre, debía hacerse el ánimo. Mientras pensaba en eso cerró los ojos y sin darse cuenta se quedó dormida.
Cuando su esposo regresó, la encontró respirando acompasadamente sumida en sus sueños; la tomó entre sus brazos y la llevó a la cama, la cubrió con una sábana y se unió a ella cubriéndose con la misma sábana y colocando a la chica sobre su pecho mientras la abrazaba. Una parte de él sabía que eso estaba mal pero se sentía tan bien estar así con la mujer que amaba, más aún cuando entre sueños la itako lo abrazó con fuerza. Cerró los ojos y se dejó llevar por el mundo de los sueños.
…
Se sentía presionada contra algo firme y cálido que no podía distinguir entre sueños, a lo lejos podía escuchar el sonido de las olas al romper. Trató de moverse pero se sentía firmemente sujeta. Lentamente se fue haciendo consciente de donde se encontraba y fue cuando se percató de estar envuelta en los brazos de su esposo. Se ruborizó y con cuidado comenzó a retirar los brazos intentando no despertarlo, cosa que fue inútil pues en un movimiento Yoh la volvió a atrapar y afianzó su agarre.
La chica se desesperó y en un rápido movimiento se soltó de su esposo, provocando que este despertara de golpe y se percatara de lo que estaba ocurriendo.
- Lo lamento… yo en verdad no quise.- la rubia ocultó su rostro completamente rojo y en un susurro leve pero entendible sentenció.
- No me abraces, no puedes hacerlo… no quiero que lo hagas.- los ojos castaños del chico se llenaron de tristeza.
- Lo siento, estaba dormido y no fue mi intención.- la sacerdotisa lo encaró con molestia.
- Mientes.- dijo con determinación, el shaman se sobresaltó.
- ¿Cómo lo…?- ambos realizaron lo que estaba pasando.- Anna… ¿leíste mi mente? ¿Está pasando de nuevo?- ella sacudió su cabeza y se apretó las sienes.
- No, emmm… sólo lo supe.- él se acercó y le sujetó ambas manos por las muñecas, provocando que lo mirara a los ojos.
- No me mientas, por favor no lo hagas.- la rubia liberó sus muñecas.
- No lo hago… de verdad no sé qué pasó… sólo sé que estás mintiendo. Y basta de esto, no quiero que vuelvas a hacer algo sin mi consentimiento, debemos prepararnos para desayunar, parece que es tarde, si no nos damos prisa nos perderemos el buffete.
- Bien… ¿trajiste traje de baño?- preguntó el castaño.- el hotel tiene varias albercas y el mar ayer estaba delicioso.
- la verdad es que no estoy segura porque empacó Tamao, pero supongo que ella sabía que vendríamos a la playa así que espero que sí.
- Bien… también buscaré en mi equipaje y si no hay nada, compraremos algo en la boutique del hotel.- la itako asintió y desapareció en el vestidor.
Antes de ponerse en marcha, se recostó una última vez en la cama y apretó los ojos. Acercarse a Anna siempre había sido muy difícil, él la entendía perfectamente, su infancia y adolescencia habían sido muy difíciles; expresarle cariño a la rubia había sido casi imposible no sólo por su manera de ser, sino porque Kino la había prácticamente aislado de todos para no distraerla de su entrenamiento, sólo tenía ese contacto humano y ocasionalmente el de su madre, que si bien era muy cariñosa, sabía que su abuela no permitía tanto afecto dentro de sus deberes para no generarle más distracciones.
Pero ahora, parecía prácticamente imposible acercarse a ella, si bien ayer parecía dispuesta a pasar el tiempo con él, a la primera muestra de afecto se alejó de él tajantemente. Su esposa parecía tener una lucha interna con ella misma acerca de su matrimonio. Pero hasta que Anna no estuviera dispuesta a aclarar las cosas con él acerca del incidente de navidad, nada podría volver a la normalidad y su matrimonio no tendría oportunidad alguna.
La vio salir del baño, con el cabello empapado y un ligero vestido blanco playero, le encantaba como se veía con ese color, parecía no estar tan triste, aunque a ella todo lo sentaba bien.
- ¿Encontraste bañador?-
- Sí, lo tengo puesto debajo del vestido.
- bien… supongo que es mi turno, no tardo.
No transcurrieron ni 10 minutos cuando el shaman ya se encontraba de nuevo en la habitación con ella, completamente refrescado, con un short bañador y una camisa desabotonada. La chica terminaba en ese momento de sujetarse el cabello en un ligero chongo despeinado. Aunque le encantaba la playa, no le gustaba mucho el calor que alborotaba demasiado su cabello. El castaño le sonrió y ambos se fueron directo al desayuno para después pasar el rato bajo una palapa que quedaba sobre las blancas arenas y quedaba cerca de donde rompían las olas.
La rubia tomaba agua de un coco helado y el decidió refrescarse con una cerveza, ambos admirando el bello paisaje.
- Y… ¿hay algo que quieras hacer en especial?- la rica retiró el popote de sus labios.
- ¿En especial?- cuestionó levantando una fina ceja.
- Si bueno… no sé si has revisado el programa, pero al parecer, el hotel tiene muchas atracciones que podrían ser de tu agrado.
- Atracciones humm… ¿Cómo cuáles?- el chico dejó de lado su cerveza y sacó un folleto de su bolsillo el cual había tomado de la recepción del hotel.
- Bien… aquí hay… Kayak, caminata en las montañas, paseos en elefantes, en caballos, paracaidismo, snorkel, surf, tenis, paseos en lancha, nado con delfines.
- ¿Nado con delfines?... eso…suena como algo que me gustaría hacer.- dijo pensándolo con detenimiento.
- ¿Enserio? Pues podríamos agendar alguna fecha para hacerlo.- cuando vio la sonrisa afirmativa de la sacerdotisa, el chico se puso de pie, bien, iré al hotel por mi tarjeta y pasaré a recepción para reservar el evento; dijo muy animoso poniéndose de pie y corrió de vuelta al hotel.
Anna lo miró extrañada, pero sin borrar una pequeña sonrisa de su rostro, después de todo, esa siempre había sido la actitud de Yoh. Se puso de pie sobre la blanca arena y se quitó el pequeño y ligero ensamble que tenía revelando el bikini que tenía puesto; negro, de dos piezas que se ajustaba perfectamente a sus curvas y exponía demasiada piel, cuando lo tomó tenía una pequeña nota que decía "Feliz Viaje: Jun"… al parecer todos excepto ellos dos se preocupaban por su vida marital.
Lentamente caminó hacia la orilla de la playa, deseaba sumergirse en esas bellas aguas, pero como era de suponerse, jamás había aprendido a nadar. En cierta forma le daba tranquilidad que el castaño se encontrara cerca ya que por ser una playa privada del hotel, había muy poca gente alrededor. Se sentó en la orilla dejando que el agua le cubriera hasta la cintura por un buen rato hasta que se puso de pie y se acercó un poco más. Se quedó parada contemplando todo lo que la hermosa vista le ofrecía, en donde estaba parada el agua le llegaba a los tobillos…
Cuando el castaño regresó a la palapa con dos bebidas más para ambos, se extrañó de no encontrarla ahí, pero en cuanto movió su vista su corazón se detuvo por unos momentos, se encontraba en la orilla de la playa, de espaldas a él con su hermoso cuerpo cubierto únicamente por ese hermoso bikini negro, nadie podía culparlo por sentirse así, después de todo era humano… muy humano, un hombre enamorado de su esposa desde que la conoció a los diez años, cuyo interés aumentó cuando ella se fue a vivir con él a funbari en la etapa más difícil de la adolescencia; era prácticamente imposible mantener los ojos lejos de ella, después de todo Anna era muy hermosa y combinado a los pequeños vestidos de la rubia y al amor que sentía por la itako, era orillado por sus hormonas a recibir duchas de agua fría casi todos los días, algunas veces más de una vez en el mismo día.
Recordaba haber pasado complicaciones en más de una ocasión al estar cerca de ella y percibir su maravilloso aroma, el calor de su cuerpo, el admirar con atención sus bonitos labios, los preciosos ojos negros, sus hermosas piernas o su bella figura y terminar cerca de ella con una erección involuntaria junto como en este momento; ocultarla no era el problema, era la incomodidad de no poder expresar su sentir a nadie al igual que ahora y todo por el miedo de sentirse juzgado pero ¡Rayos! Era hombre, no significaba que la fuera a violar o lastimar en alguna manera, simplemente era la reacción natural de su cuerpo.
Tomando aire con fuerza, se acomodó su traje de baño para ocultar lo que sobresalía con notoriedad, se quitó la camisa y las sandalias y se acercó a ella con lentitud. Cuando se encontraba a su lado, la chica parecía no percatarse de él aún.
- Ya regresé.- le dijo el chico con tranquilidad.- te traje una piña colada del hotel, pensé que tal vez te gustaría, la deje sobre la mesita para cuando quieras descansar.- la Itako lo miró por un momento, se quedó callada al verlo por completo sin camisa, si bien estaba acostumbrada a verlo con la camisa abierta no era lo mismo, desde donde estaba podía ver con claridad la forma de los músculos de su espalda, sus fuertes brazo, su abdomen plano y completamente marcado, además de ese camino bien definido que guiaba hacia lo que estaba oculto en su traje de baño "!Dios! ¿Qué clase de abdominales debes hacer para lograr eso?" y finalmente admiró sus grandes y tonificadas piernas, sí el chiquillo del que ella se había enamorado en su infancia se había convertido en todo un hombre guapo y bien formado, en parte gracias a los entrenamientos que ella le imponía.
- Gracias… pero quiero estar un rato más aquí.- dijo mirando a sus pies a los que el vaivén de las holas cubrían cada tanto.
- ¿Por qué no entramos un poco más? El agua está deliciosa.- dijo dando un paso dentro. La rubia lo miró con algo de decepción.
- No yo, no sé nadar… jamás tuve la oportunidad. Lo más cerca que he estado del agua han sido las cascadas para hacer el ritual de purificación pero siempre estuve cerca de alguien o en aguas no tan profundas.- el castaño quien notó su mirada se acercó a ella y le tomó la mano. Ella inmediatamente levantó la vista para encararlo y trató de retirar la mano.
- Vamos, yo estoy aquí, no corres peligro; soy un buen nadador, además, no está picado el mar y las aguas de por aquí a al menos 1 kilómetro no son tan profundas. Sólo no sueltes mi mano hasta que realmente te sientas segura.- miró la mano de su esposo hasta que finalmente se decidió y asintió. El shaman encantado la tomó con más fuerza y lentamente se acercaron adentraron al mar, justo a donde cubría la cintura de la rubia, ahí el castaño se arrodilló y la invitó a hacer lo mismo.- Aquí estaremos bien por ahora.- en esa posición el agua les llegaba al cuello y por más cómoda que se sentía, la itako jamás soltó la mano del castaño.- quería decirte que, la cita más cercana para los delfines es el jueves, así que aún faltan dos días más por lo cual reservé otras actividades.
- ¿Otras actividades?- cuestionó levantando una ceja.
- Así es… mañana haremos caminata y conoceremos la isla, para después pasear a caballo, el miércoles nos llevarán en lancha a unos senotes para poder hacer snorkel y estaremos cerca del paso de ballenas así que con suerte podremos ver alguna y el jueves nadaremos con delfines toda la mañana y parte de la tarde para después cerrar el día cenando en un yate privado, solos tú y yo… y el capitán claro.- wow eso sonaba a mucho dinero invertido.
- ¿no crees que es demasiado? Es decir… ¿para qué hacer snorken si no sé nadar?
- bueno eso tiene arreglo, tendrás puesto un tanque de oxígeno y un instructor, además… sería lo mismo en el nado con delfines…- dijo con una pequeña sonrisa burlona.
- No es así, en el nado con delfines tendré un chaleco salvavidas.- al chico se le escapó una risilla.
- Confía en mí Annita, todo estará bien.- la rubia suspiró y supo que su esposo había ganado, además... teniendo todas estas atenciones para con ella era muy difícil decir que no.
- Bien…- estuvieron un rato más en el mar, convivieron juntos el resto del día y por la noche fue más fácil para ellos ir a dormir, ambos con el pensamiento de que se acercaba el hecho de que tendrían que estar juntos para cumplir sus obligaciones maritales, pero por lo pronto, esa noche Yoh tuvo especial cuidado en no tocarla demasiado para que se sintiera cómoda y todo resultó bastante bien para ambos.
Así pasaron los días en las deliciosas vacaciones en esa hermosa isla, el jueves pasaron el día nadando y conviviendo con delfines hasta que llegó la hora en que ambos abordaban el yate para pasear en las oscuras aguas y tomar una deliciosa cena a la luz de las velas. El ambiente era tan cálido y acogedor, la cena bastante buena. Todo era maravilloso, incluso la compañía del otro., in
Cuando volvieron a la habitación, permanecieron en el balcón con una botella de vino y fresas, se sentían bastante bien así. Balanceándose en la hamaca.
Nada podía romper el hermoso ambiente que había entre ellos, ni siquiera el hecho de que estuvieran bastante cerca el uno del otro incluso sus brazos se rosaban.
Tomando valor, el chico sujetó su mano con delicadeza ante la mirada fija de su esposa y la llevó a sus labios. La rubia no se alejó de él en ningún momento, tomándolo como buena señal, acarició delicadamente su mejilla con la mano libre, mirándola a los ojos se acercó lentamente y besó su frente, después bajó un poco y besó la punta de su nariz lo que provocó un dulce suspiro en la chica.
Siguiendo con su recorrido, besó con lentitud su mejilla; regresó su mirada a esos oscuros ojos que lo hipnotizaban y al no encontrar objeción alguna, capturó con suavidad sus labios. La itako se sintió un poco extraña al principio pero decidida a dejar de lado todo lo que le hacía daño, correspondió levemente el beso permitiendo que Yoh entrara en su boca,después de todo, en el fondo de su corazón aún lo amaba, por más que le costara admitirlo. El shaman exploraba cada vez con más vehemencia, deslizando una mano en su cintura y otra en su nuca. Ella se sujetó con ambas manos a sus hombros y correspondía el beso en medida de lo posible.
Él la tomó por las piernas y en un rápido movimiento la alzó para llevarla a la habitación, provocando que ella se abrazara a su cuello para evitar caer.
La colocó en la cama con delicadeza, y reclamó sus labios nuevamente mientras se colocaba con suavidad sobre ella. Rompiendo el beso para tomar aire, el castaño miró con atención sus ojos esperando encontrar algún tipo de reproche de su parte.
Al no ser así, tomó su camisa y se despojó de ella ante sus ojos, el sonrojo de la rubia fue notorio para ambos, intentó desviar la mirada pero él capturó su barbilla y la llenó de besos en todo el rostro mientras tomaba la parte baja del vestido de la rubia y lo alzaba por sobre sus hombros despojándola de la prenda.
En un rápido movimiento se quitó los pantalones quedando en igualdad de circunstancias a la rubia.
Se miraron por un minuto que pareció eterno, el castaño se aceró y la envolvió de suaves caricias, besos en el cuello y toques sensuales por encima de la tela. Ella contestaba con leves gemidos todas las atenciones que le brindaba el castaño. Incapaz de sentirse sólo una espectadora por mucho tiempo más, alzó sus brazos y acarició lo que estuvo a su alcance, brazos, hombros, espalda, nuca, cuello, todo era tan nuevo pero tan delicioso.
El shaman bajó sus besos más allá del cuello, por encima de la fina tela de encaje que portaba el pequeño sostén negro de la rubia provocando débiles pero constantes gemidos en su esposa. Besó por encima de la tela las protuberancias que sobresalían del sostén hasta que se decidió a quitárselo de una vez, en cuanto lo hubo hecho, la chica trató de cubrirse con sus manos pero Yoh se lo impidió.
- Eres hermosa Annita, por favor, déjame admirarte.- con la mirada baja y su cabello ocultando sus ojos, la chica dejó que el castaño le retirara las manos.
Él la tomó de ambas mejillas y la besó en los labios, un beso delicioso que la dejó jadeando de deseo.
Cuando la sintió más segura, siguió su recorrido por el hermoso cuerpo de su ahora esposa.
Bajó por su plano abdomen hasta que llegó a sus pequeñas pantaletas, las cuales tomó de sus caderas y bajó lentamente por sus piernas.
Alejándose un poco de ella, sólo lo suficiente, se quitó su propia prenda restante mientras contemplaba el cuerpo desnudo de su amada. Se subió lentamente en ella hasta quedar a su altura y la besó, delineó su silueta con su mano bajando a su centro donde se concentraba todo su calor y humedad, con cuidado, metió su mano entre los pliegues en la parte donde se concentraban todas sus terminaciones nerviosas provocando un leve sobresalto de la chica rompiendo el beso y tomando aire. El castaño besó una de sus mejillas antes de regresar a sus labios y seguir con sus suaves caricias.
El shaman movía sus dedos en forma circular haciendo temblar el cuerpo de su esposa quien gemía con agrado aferrada a los hombros de su esposo. Cuando no pudo contenerse de las sensaciones rompió el beso arqueando su espalda permitiendo el libre acceso de Yoh a su cuello.
Encantado por las reacciones de la itako, el chico devoró su cuello dejando varias marcas rojas en el proceso y animándose a alojar uno de sus dedos en la cálida entrada de la mujer quien abrió sus ojos ante la agradable sorpresa, se mordió uno de sus labios y se abandonó a las deliciosas sensaciones que su esposo la hacía sentir.
El chico siguió moviendo su dedo con agilidad alojando uno más en su cavidad, hasta que el cuerpo de la sacerdotisa se tensó para posteriormente liberar espasmos que la recorrían por todo su cuerpo; la mujer intentó ocultar sus gritos de placer mordiendo su labio inferior pero no sirviendo de mucho.
Jadeando ante la liberación Yoh notó que estaba lo suficientemente mojada para recibirlo en su interior. Retirando su mano de sus suaves partes, acomodó su enorme dureza entre las piernas de su amada. La miró a los ojos mientras la besaba y presionó un poco para entrar en ella; cuando su punta estuvo adentro separó los labios de su esposa y esperó que ella tuviera algo que decirle. La rubia simplemente asintió permitiéndole entrar más… presionó con más fuerza hasta que sintió una barrera que le impidió seguir avanzando, cuando intentó presionar más, la chica hizo una mueca de dolor y se sobresaltó.
- Espera… por favor.- le dijo entre jadeos desviando la mirada.- duele mucho.- el hombre se detuvo y esperó que la chica se relajara un poco, presionó su cuerpo encima de ella levemente para liberar una de sus manos y acariciar su mejilla, haciendo que lo mirara de nuevo a los ojos.
- Está bien Annita… si quieres que me detenga sólo tienes que decirlo ¿de acuerdo? Podemos esperar un poco más si tú quieres.- ella lo pensó por un momento y supo que no tenido, ahora o después igual iba a doler, en este momento ya se encontraba ahí y recordaba las palabras de su sensei que le decía que debía cumplir con sus obligaciones como esposa de los Asakura.
- No, por favor… sigue, sólo es un poco de dolor.- el marido con algo de duda presionó más su dureza contra su suavidad y ocasionando más dolor a la rubia.- mmhm, Yo… de verdad duele.
- Esta bien amor… pero no puedo seguir si te duele. No quiero hacerte daño. Voy a salir.- dijo tratando de retirarse hasta que los brazos de la itako se lo impidieron.
- Por favor, sigamos… será solo un momento.- la mujer cerró los ojos tratando de concentrarse y comenzó a mover las caderas provocando roncos gemidos del castaño quien la tomó de las caderas con ambas manos.
- De acuerdo, entonces hagamos esto rápido.- dijo presionando fuertemente hasta que rompió la barrera por completo, su esposa jaló aire con fuerza y se quedó inmóvil. El shaman la abrazó con acariciando su espalda con cariño y quitando con sus labios una traviesa lágrima que resbalaba por su mejilla. Esperó unos segundos más mientras susurraba en su oído palabras de amor.
Cuando la sintió más tranquila comenzó un leve movimiento de caderas que lo hacían ajustarse a la estreches de la rubia y entrar con mayor profundidad. Cuando sus gemidos volvieron y su humedad se volvió mayor, no tuvo más duda en acelerar sus movimientos acompañados de las caderas de la chica que lo buscaban a la par. Cuando las penetraciones se volvieron fuertes y rápidas, Anna ya había olvidado todo el dolor inicial y se encontraba en un nirvana de placer que no soportó más, dejándose caer en la cama, saboreando los espasmos de su cuerpo y recibiendo el orgasmo que invadía su cuerpo.
La vagina de su esposa comenzó a apretar con fuerza ocasionando que Yoh tuviera su propio orgasmo dejando su esencia en el interior de su ahora mujer.
Aun sin salir de ella, se cercioró de que estuviera bien, llenó de húmedos besos su sudado rostro y le susurró un te amo, mientras ella simplemente se entregaba a la languidez que su cuerpo experimentaba. Hasta que fue consciente del ambiente extraño que se había creado.
La habitación estaba helada, más oscura que la noche, tremendos escalofríos llenaban su cuerpo y se le dificultaba la respiración. Con un leve alzamiento el shaman salió de su interior y la miró con curiosidad.
- Annita ¿estás bien?- el chico notó su mirada perdida en la nada y se dio cuenta de lo que pasaba.- Anna.- repitió mientras la tomaba de los hombros.- Anna ¿lo estás viendo?- la chica no escuchaba su voz, veía como ese enorme espectro que la atormentaba se hacía presente en la habitación mientras se acercaba lentamente a donde se encontraba.- Anna no lo escuches, ignóralo…- trataba con desesperación de llamar su atención pero ella se encontraba perdida.
- ¿Así que te importó muy poco lo que te hizo he?... rubia tonta, ¿crees que este es el inicio de una nueva vida? ¿Qué todo cambiará para ustedes? No seas ilusa… ya lo hizo una vez, no será difícil hacerlo nuevamente.- rio con obscuridad.- esto apenas comienza, tu sufrimiento será eterno, recuerda mis palabras.- sin más desapareció de la habitación dejando todo a su vista como si nada hubiera pasado.
Los ojos de la rubia se inundaron de lágrimas que no pudo contener, sintió unas manos cálidas en sus mejillas y una voz conocida que la llamaba.
- Anna por favor, aquí estoy escúchame, todo está bien, tranquila, por favor mírame.- la chica lo miró con rencor mientras quitaba las manos de su esposo.
- Suéltame.- siseó con desprecio.- no me toques.- el castaño extrañado trató de abrazarla.
- No Anna, por favor, ignora todo lo que te haga sentir, no le des poder, por favor…- la rubia lo abofeteó y trató de salir de la cama. Pero los fuertes brazos de su esposo se lo impidieron.- puedes golpearme, insultarme y gritarme todo lo que quieras, pero no impedirás que esté cerca de ti para cuidarte.- ella se movía con desesperación pero no pudo librarse del agarre del castaño.
La acomodó a su lado, abrazándola con fuerza, su cabeza bajo su barbilla y una de sus piernas enredadas en las de ella.
- Déjame ir.- susurró con lágrimas en los ojos.
- Jamás amor.- dijo con tristeza el shaman que la acompañaba con sus silenciosas lágrimas.- el chico acariciaba la espalda de su mujer que poco a poco se iba relajando hasta quedarse dormida. Cuando el Asakura estuvo seguro de que su esposa se encontraba mejor, se dejó llevar con ella al mundo de los sueños.
El sonido acompasado de las olas lo invitaba a seguir durmiendo, pero los vagos recuerdos de la noche anterior lo arrancaron lo trajeron de golpe a la realidad. Se levantó de la cama y miró a su costado; Anna no estaba… se paró de golpe bajando de la cama buscando por las habitaciones de la recámara.
- Anna… ¿dónde estás?- llamaba pero nunca contestó. Se colocó su ropa interior, pantalones y una camisa antes de salir miró por el balcón y alcanzó a ver la silueta de la itako a lo lejos, que estaba de pie sobre la orilla del mar, con su traje de baño cubierto por un pareo completo y un sombrero.
Saliendo como alma que llevaba el diablo corrió tan rápido como le fue posible hasta posarse enfrente de la rubia asustándola en el proceso.
- Anna…- jadeaba sonoramente el castaño, más no le dio tiempo ni de inmutarse a la rubia pues la sujetó en un fuerte abrazo.- No lo hagas, no… no vuelvas a irte así, estaba tan asustado, yo…- no pudo continuar pues la rubia lo alejó fuertemente de su cuerpo.
- No me toques.- pronunció con frialdad; el sólo la miraba con tristeza, tratando de leer la expresión de su esposa quien tenía los ojos sumamente hinchados.- Quiero irme a casa.
Continuará…
Holaaaaa! Estoy vivaaaaaaaaaaaaaaa… Por favor perdónenme pero ha estado de locos últimamente mi vida y aun así me he dado a la tarea de escribir al menos una hoja por día pues de lo contrario no podría avanzar nada en mis fics.
Agradezco mucho a los que me siguen leyendo, de verdad los valoro y espero lo sigan haciendo pues me inspiran a seguir.
Acepto críticas, comentarios e ideas acerca del desarrollo de mis historias…
Muchas gracias por todo y nos estamos leyendo… Bye!
