Capítulo 18. Crisis
- Entonces ¿qué pasa con Anna? – oh cierto… sus exámenes.
- Una fuerte anemia y no, es tan simple como suena.
- La anemia no suena como algo simple.- aclaró el shaman
- Bien. La anemia ha sido tan fuerte, resultado probablemente de tus hábitos alimenticios de los últimos meses. Como verás… tu periodo se detuvo producto de ello. Lo que quiero decir es… que no hay manera de que salgas embarazada hasta que tu salud mejore y eso si tu cuerpo se siente listo para recibir a un ser que tomará todo de ti físicamente.
La cara de la rubia se desencajó por completo… ahora no sólo se trataba de estar con Yoh e intentarlo, sino de algo que ella misma se provocó.
¿Cómo podría cumplir con su familia?
¿Cómo lo tomaría su abuela?
Vergüenza, pena y dolor cubrieron sus facciones.
- Anna… todo saldrá bien, debes calmarte.
Obscuridad rodeaba a la rubia e inmediatamente lo sintió. Había perdido, lo perdería todo.
Se sintió completamente mareada y no reaccionaba cuando la llamaban, no lo soportó más y cayó siendo atrapada por los brazos de Yoh.
La recostó suavemente en la cama.
- De verdad este asunto es muy importante para ella verdad? – pronunció Fausto mirando a Yoh.
- Sí, la abuela ha presionado mucho ese tema.
- ¿Y tú que piensas?
- Que la amo con todo mi ser, que me duele que esté así por mi culpa y que lo único que quiero es que ella esté bien.
- ¿En verdad piensas que es tu culpa?
- Pues… yo sólo sé que no recuerdo exactamente lo que pasó. Pero estoy seguro de que jamás le haría daño. Pero ella no me deja hablar del tema.
- y ¿Tú no piensas en bebés ahora?
- Yo pienso en bebés todo el tiempo cuando estoy con Anna; pienso en formar una hermosa familia a su lado, pero ahora lo importante es que ella mejore y que sea feliz.
- ¿Qué harás al respecto?
- La cuidaré; tanto como ella me lo permita, haré todo lo que esté en mis manos para que sane y mejore y después, haré cualquier cosa que ella me pida para que sea feliz.
- ¿Y si ella quiere irse? ¿estás preparado para eso?
- Jamás estaré listo para dejarla ir, pero si es lo que ella necesita para ser feliz, entonces lo haré.
- Es sólo un pensar, no creo que de verdad ella quiera irse. - El shaman se quedó pensativo acerca de lo que acababa de decir el médico. Si Anna se quedaba, ¿era porque realmente lo quería?
Los días pasaron con velocidad, el shaman asistía al trabajo y desde allá se encargaba de monitorear que Anna hubiera desayunado, comido y tomado sus pastillas (desde que el tratamiento inició habían pasado 3 semanas y estaban muy positivos).
Al volver, sabía que debía aplicarle una inyección de hierro muy dolorosa y previamente instruido por Fausto; para él era muy difícil ese tema, pues tenía que invadir la privacidad de Anna y ella se notaba muy incómoda; no sólo eso, parecía que su luz interna se había apagado, así que hacía lo posible por hacerla sentir mucho mejor.
De salida del trabajo, pasaba por la florería y compraba una rosa de color blanca y algo delicioso para que pudiera comer, generalmente era un panecillo de betabel o algo que contuviera muchas vitaminas y que le diera la fuerza necesaria para reponerse.
Llegaba a casa, la saludaba con una enorme sonrisa que ella recibía intentando reponerse un poco, la rubia; sabía que, si quería salir de esto, necesitaba comenzar a acercarse a su esposo y cooperar; antes de entregarle la rosa, el castaño la cubría con sus brazos por varios momentos, ella no respondía el abrazo, simplemente se dejaba envolver por él, pero ya no se ponía tensa con esta acción, los aceptaba y recargaba su cabeza en su hombro. Posteriormente le entregaba su rosa blanca y el panecillo que le ofrecía.
Cuando ella terminaba el panecillo se dirigían a la habitación para aplicar la inyección y después Yoh le sacaba plática acerca de lo que fuera que los distrajera. Su día, cosas graciosas que le pasaban al castaño en el trabajo, cosas serias que no sabía cómo resolver; etc.
- ¿Fuiste a la escuela? - Preguntó el castaño, ella asintió. - ¿sola? – ella negó. El suspiró.
- Bere pasó por mí.
- ¿Te dijeron algo?
- Puedo revalidar mis materias y volver a la escuela, pero me llevará el doble de esfuerzo, es mucho trabajo el que tengo que cubrir.
- Bueno… no suena tan mal, sé que podrás conseguirlo.
- Sí… pero no podré volver con Ren por ahora, lamentablemente no puedo dedicarle el tiempo suficiente a ambas cosas, y mi prioridad debe ser la escuela. – el chico hizo una mueca.
- Lo siento, sé cuánto te gustaba ir.
- No debes fingir, yo sé cuánto odiabas que fuera. - el castaño le ofreció una sonrisa triste.
- Eso no significa que me guste verte triste. Puedo ayudarte con el trabajo de la escuela. Se te hará más ligero.
- Tu también tienes tu propio trabajo atrasado en la empresa.
- Bueno, entonces tu me puedes ayudar con eso… de paso practicarás, y te gustará más que toda la tarea que tienes que hacer.
- Bien. – dijo simplemente.
- Bueno, haré la cena. – dijo poniéndose de pie. La chica rápidamente lo alcanzó.
- Te ayudo. – dijo e ingresaron juntos a la cocina.
Prepararon cosas ricas en hierro y que fueran de un gran impacto en la salud de la rubia.
- ¿Cómo te has sentido con el cambio de hábitos?
- Mejor… aunque aún me cuesta comer todo eso… subiré de peso.
- jijijij lo dudo mucho, no es tanto lo que hay que comer, sólo se constante. – ella asintió, en realidad se sentía mucho mejor, con más energía, más motivada y últimamente reconocía los síntomas de su periodo, así que con suerte su periodo estaría pronto de regreso y podrían seguir adelante con sus planes. - ¿Qué tanto piensas? – dijo mirándola curiosidad.
- Nada en específico, sólo en que me tengo que organizar para cubrir mis horarios y ser proactiva.
- Lo harás bien… y tienes todo mi apoyo para ello.
Se sentaron a cenar tranquilamente, continuaron conversando de varias cosas, el shaman intentaba distraerla el mayor tiempo posible pues no quería dejar paso a pensamientos negativos para que las sombras y la oscuridad se mantuvieran lejos de ella.
- ¿Tienes planes para mañana?
- Sí… debo ir a la escuela a pagar la reinscripción y las materias que debo cubrir para reponerme.
- ¿Puedo llevarte?
- No es necesario, no quiero que llegues tarde al trabajo, puedo irme con mis amigos.
- Bien, pero no lo hagas sola por favor. Te dejaré el dinero necesario para los pagos en el cajón de tu cómoda.
- No te preocupes, puedo pagar con lo que he ahorrado.
- No, conserva tu dinero… yo puedo costear tus estudios. Te dejaré lo suficiente.
- Gracias. - dijo quedamente, pero con sinceridad.
Terminaron sus alimentos y limpiaron la cocina y el comedor aún juntos. El castaño la invitó a dar un paseo, pero lo rechazó, no tenía muchas ganas de salir, se hacía tarde y quería ir a la escuela descansada y con mucho ánimo; la itako se dio una ducha y se metió a la cama con un buen libro antes de dormir. Estuvo despierta hasta que vio a su esposo meterse al baño para asearse; al cabo de un rato, apagó la pequeña lámpara de su lado y guardó el libro en su pequeña cómoda.
No más de 10 minutos más tarde, sintió el otro lado de la cama hundirse, sus fosas nasales se llenaron de un delicioso aroma a limpio y fresco combinado con el característico aroma de Yoh.
Hace unas semanas ya que no se tensaba al acostarse en la misma cama con él, así que se relajó y cerró los ojos; agradecía que, a pesar de todo, su esposo hacía lo posible por hacerla sentir bien.
El castaño apagó la lámpara de su lado y observó la espalda de su esposa por un rato, una emoción de amor y devoción lo embargaron, recordó las palabras de su amigo médico "¿Y si ella quiere irse? ¿estás preparado para eso?" Apretó los ojos asustado, jamás, jamás estaría listo para eso, pero si ella se lo pedía, claro que lo haría, cualquier cosa, lo que fuera, por que ella pudiera ser feliz.
Un sentimiento de opresión le invadió el pecho; vacío, dolor… ¿de verdad ella no lo amaba nada? ¿de verdad no creía en absoluto en su palabra? Era duro saber esa verdad.
Se acercó a ella con cautela y así de espaldas la abrazó y la apegó a su cuerpo lo más que pudo; ella estaba despierta, el lo sabía… pero necesitaba sentirla cerca, en caso de que ella quisiera dejarlo, al menos disfrutaría el tiempo con ella, lo mayor posible.
- ¿Sucede algo? – preguntó extrañada la rubia sin moverse; al menos no intentaba alejarlo.
- No, yo sólo… quería sentirte cerca.
- Dormimos en la misma cama, no es muy lejos que digamos. – el chico rio con frescura y la apretó más a su cuerpo.
- Lo sé, sólo… dame unos minutos más ¿sí? Quiero aprovechar el tiempo que nos queda juntos.
- ¿El tiempo que nos queda juntos? ¿hablas de el resto de nuestras vidas? Estamos casados ¿recuerdas? – el shaman tomó aire antes de responder.
- Lo sé… pero cuando te sientas bien, quiero dejar que decidas… si quieres estar conmigo, o quieras vivir sin mí.
- ¿De qué hablas? – dijo sorprendida, mientras se daba la vuelta en los brazos de su esposo. Este se negaba a soltarla.
- Es sólo eso… si no puedes ser feliz conmigo, entonces estoy dispuesto a dejarte ir.
La chica lo miró por unos momentos, no sabía cómo interpretar las palabras de su esposo, ¿le estaba dando una salida? ¿o era lo que él quería?
- ¿no quieres estar casado conmigo?
- No, no digas eso… esto es lo que más eh anhelado en la vida, pero no puedo obligarte a sentir lo mismo.
- Ya estamos casados, nos unimos en un compromiso con tu familia, no podemos faltar a él y pienso cumplirlo al pie de la letra…
- No quiero que estés conmigo por un compromiso con mi familia, quiero que seas feliz con esta decisión. – La sacerdotisa lo vio fijamente a los ojos hasta que no pudo soportar el peso de su mirada.
Toda su vida soñó con estar casada con ese hombre, lo adoraba, era el amor de su vida… y luego eso pasó. Pero ya no había marcha atrás.
- Lo soy. – dijo levantando su mirada a él. – Sólo necesitaba un poco de tiempo. – al castaño le brillaron los ojos por las lágrimas contenidas, sabía en lo profundo de su corazón que ella mentía, pero quería mantener la fantasía para él.
La acercó tanto como pudo a su cuerpo mientras aspiraba de su cuello su delicioso aroma. Besó su cabeza y la recostó sobre su pecho.
- Te amo Anita, lo he hecho toda mi vida. – la sintió temblar en sus brazos, un escalofrío la recorrió entera. Quería creer en sus palabras, pero estaba ese horrible recuerdo que no se lo permitía.
Cerró los ojos con fuerza para evitar pensar en ello, se sujetó al pecho de su marido y se relajó con el latido de su corazón hasta que logró quedarse dormida.
El despertador sonó a las 7 en punto. Cuando la rubia abrió los ojos, aún estaba envuelta en los brazos del castaño. Estiró el brazo y apagó el despertador; lentamente se movió para incorporarse, pero sintió los brazos de su esposo atrayéndola de nuevo hacia él.
- 5 minutos más Anita, por favor. – ella no pudo evitar sonreír; aunque el shaman era todo un adulto responsable y trabajador, a veces seguía siendo el vago con la misma personalidad de su adolescencia.
- Se nos hará tarde, hay que preparar el desayuno y alistarnos.
- Ahorremos el tiempo de la preparación y desayunemos algo delicioso en la calle.
- Vamos a distintos lugares, perderemos más tiempo.
- No Anita, vamos… yo te llevaré a la escuela, harás tus trámites y yo me iré al trabajo, puedo traer algunos contratos a casa y reponer lo que me quede pendiente desde aquí.}
- No sé en qué momento Manta confió en ti para ser su jefe legal.
- Jijiji, soy bueno en lo que hago, lo sabes… - Sí, lo sabía y le enorgullecía. - nunca quedo mal y soy responsable. Además, el también se preocupa por ti y no quiere que estés mucho tiempo sola en la calle.
- Vaya… hasta Manta lo sabe todo de mí.
- Todos queremos que estés bien… ahora ¿Qué dices? Nos preparamos y vamos por algo delicioso antes de irnos a nuestros respectivos pendientes.
- Bien, andando…- dijo cuando sintió los brazos de Yoh en su cuerpo.
- Cinco minutos. Jijijiji . - la rubia rodó los ojos y se acomodó.
- Bien, serán solo 5.
Cuando se terminaban de arreglar, Yoh pidió ayuda a Anna con la corbata, ella se acercó y se la anudó; el castaño agradeció en silencio con una dulce sonrisa añorando esos dulces momentos tan íntimos.
Estando listos, abordaron la camioneta y se dirigieron al centro a un pequeño y hermoso café, pidieron de desayunar y lo disfrutaron conversando acerca de trivialidades.
Se dispusieron a partir a su nuevo destino; llegando a la escuela, el chico se detuvo frente a esta para que la rubia pudiera salir de la camioneta, no sin antes, sacar su cartera y darle el dinero suficiente para que realizara sus pagos y fuera por algo de comer a la tarde. Ella dudosa lo tomó y él sólo sonrió con confianza para que lo tomara.
- Gracias. - dijo y sin más cerró la puerta e ingresó a la escuela.
Se dirigió a las oficinas de pago, se reinscribió en el semestre al que asistían sus compañeros y pagó para cursar las materias que le quedaron pendientes; suspiró con resignación al darse cuenta de todo lo que debería trabajar para ajustarse al nivel de sus amigos.
Salió de la oficina con los brazos repletos de libros y caminó con resignación en búsqueda de sus amigos, hasta que sintió unas manos que le quitaban con gentileza, la carga que llevaba.
- Hola linda. – Escuchó la voz de Rick que le hablaba con dulzura. Ella lo miró directo a los ojos, se veía cansado.
- Hola. – Dijo con sencillez
- No esperaba verte tan pronto, supe que te casaste… felicidades. – dijo con algo de pesar, pero con simpatía hacia ella. La itako desvió la mirada; provocando un incómodo silencio. – Vamos, te acompaño a dónde vayas, yo cargaré tus cosas. – la rubia lo pensó por un momento hasta que esta asintió. Caminaron en silencio hasta que la chica se animó a romperlo.
- Te ves algo cansado. – afirmó.
- Sí, bueno… es que hay mucho trabajo en la oficina linda.
- Oh. –
- Te extraño en la oficina. – dijo sin más.
- Yo también extraño el trabajo, pero por el momento tengo que concentrarme en terminar la carrera, si no, jamás lo haré.
- Entiendo. – dijo con una pequeña sonrisa. – si necesitas ayuda, sabes dónde encontrarme. – ella lo miró a los ojos y los admiró, estos estaban llenos de sinceridad y cariño.
- Lo tomaré en cuenta. – dijo con un suspiro; de repente sintió un calambre en su bajo vientre y se torció un poco con incomodidad.
- Sí, estoy bien. Mira… allá están los chicos. – dijo señalando una mesa en la cafetería. Se acercaron a ellos y conversaron unos momentos.
- Se me hace tarde para la clase especial, me retiro… que pasen un buen día. Hasta pronto linda. – dijo regalándole otra de sus hermosas sonrisas.
- Adiós. – se despidieron todos y miraron con preocupación a la rubia. El primero en hablar fue el gordinflón.
- ¿Estás bien? Te ves un poco pálida.
- Estoy bien Franck, no te preocupes.
- Oye Anna… sé que es difícil escuchar estas cosas, pero, somos tus amigos y no hemos sabido mucho de ti; no contestas llamadas y, estamos preocupados. ¿Está todo bien… con el señor Yoh? Él… ¿Te hace daño? – la rubia los miró un momento, sintió que su estómago se revolvía y comenzó a sudar frío.
- Es extraño que le hagan esas preguntas a una recién casada saben… - suspiró. – pero entiendo su preocupación, sólo quería darme un tiempo para asimilar las cosas en mi matrimonio. Él… jamás me pondría una mano encima.
- No sólo es daño físico Anna. – Hablé esta vez su amigo flacucho.
- Estoy bien kike, aún me estoy acostumbrando a este cambio, todo fue muy repentino por decisión de la familia, pero estamos bien… él es una gran persona y todo está bie… - sintió un calambre de más intensidad que el anterior. – disculpen, debo ir al baño. Por favor, cuiden mis libros.
Salió corriendo de la cafetería e ingresó al baño, rápidamente entró a un cubículo y devolvió a arcadas todo su desayuno. Después de devolverlo todo, respiró pesadamente y bajó la palanca del baño. Sintió un dolor un poco más intenso y respiró.
- Esto me es similar a… - decidió revisar su ropa interior y lo notó… su periodo había vuelto. Abrió los ojos con sorpresa y una sonrisa de alegría surcó sus labios.
La sacerdotisa estaba pasmada de alegría, jamás pensó que el tratamiento y los cuidados de Yoh funcionarían tan rápidamente.
Sacó su celular y anotó en su aplicación de control el comienzo de su regla y rápidamente calculó sus días de ovulación. Ya no habría impedimento, la abuela se pondría feliz cuando todo saliera como lo habían planeado desde su compromiso hace ya muchos años.
Se colocó un protector y salió del cubículo, sacó su cepillo dental de la mochila y se lavó los dientes, después regresó con sus amigos con un semblante completamente diferente.
- ¿Todo bien? – preguntó la morena.
- Sí, todo en orden, sólo ya sabes… - la morena comprendió enseguida y le sonrió en entendimiento.
A pesar de las complicaciones, el día transcurrió con velocidad, la rubia no podía dejar de pensar que, en un mes, Yoh se había comprometido y vuelto constante en cuidar su salud y todo había dado frutos.
Salió de la escuela cargando sus pesados libros cuando escuchó el claxon de un automóvil, volteó y vio a Rick que le abría la puerta de copiloto con rapidez.
- No acepto un no por respuesta, llevas una carga pesada y no me cuesta nada dejarte en el camino. – No dijo más y subió al automóvil.
El camino fue corto y ameno, él jamás mencionó algo que la hiciera sentir incómoda y eso la hizo sentirse tranquila y confiada a su lado.
Se estacionaron fuera de la pensión y rápidamente el rubio bajó del auto y abrió la puerta del pasajero, tomó los libros y la acompaño hasta la sala donde dejó los libros.
- Gracias por traerme.
- Es un placer linda, cuando necesites. – dijo tomando su mano, en ese momento, se corrió la puerta de la sala y el rubio se topó de frente con Yoh. El shaman castaño frunció el ceño al ver dicha escena.
- ¿Interrumpo? – habló con molestia.
- No en realidad, ya me iba, sólo ayudaba a Anna con sus libros.
- Pudiste llamarme si necesitabas ayuda.
- No necesitaba ayuda, iba a tomar taxi, pero Rick muy amablemente se ofreció a traerme a casa.
- Muy amablemente…- repitió con sarcasmo.
- ¿Sabes? Actúas muy inseguro para ser un recién casado con el amor de su vida… - el Asakura lo miró con odio. – Después de todo lo que ha pasado Anna, no quería que estuviera sola por la calle, por eso me ofrecí a traerla… no entiendo por qué te pones así… Anna no es tú.
Eso fue suficiente para hacer que Yoh perdiera el control y lo tomó por las solapas de su camisa.
- ¿A qué te refieres con eso? – El alemán sonrió con sarcasmo.
- No creí que fueras tan mediocre, como para no recordar. – el castaño apretó su agarre.
- Ya basta. – Habló Anna con molestia. – Yoh, suéltalo… - su esposo bufó con coraje mientras lentamente lo soltaba. - Gracias por traerme Rick, pero es hora de que te marches. – el rubio la miró con una pequeña sonrisa.
- Sabes que puedes llamarme cuando lo necesites, estoy para apoyarte. – el shaman castaño se tensó.
- No necesita de tu ayuda, me tiene a mí.
- Bien, eso no suena narcisista en absoluto. Adiós linda. – dijo guiñándole un ojo antes de encaminarse a la puerta. – por cierto… señor Asakura, acabamos de recibir la solicitud de tu contraparte en el contrato de Clayê, nos vemos pronto en los juzgados.
Salió de la casa dejando a un castaño temblando de rabia… ¿cómo se atrevía a entrar a su casa, a acercarse a su mujer? Pero sobre todo… Ren sabía que la empresa de Manta llevaba ese contrato ¿cómo su amigo se había atrevido a traicionarlo de esa manera?
Se volvió lentamente hacia su esposa, esperando que de alguna manera ella tuviera algo que decirle, pero no fue así.
- ¿Por qué dejaste que te trajera a casa? – la chica arqueó las cejas.
- ¿Disculpa? No pensé que mis amigos tuvieran que pedir permiso para traerme a casa o visitarme.
- Tus amigos no… pero él no es bienvenido aquí.
- Y ¿por qué no?
- Porque el no quiere ser sólo tu amigo.
- ¿Qué te hace pensar eso?
- Todo de él Anna… se ve a kilómetros.
- Buenos pues es una lástima porque yo estoy casada contigo y no hay manera de que algo así pueda pasar entre él y yo. Además… yo no soy así Yoh… no soy una cualquiera que busque revolcarse con alguien más. – el Asakura sintió un golpe en el pecho. Otra vez… la había ofendido, era un idiota que no sabía controlar sus celos.
- Lo siento… de verdad no quise ofenderte.
- Ya no importa, sólo quiero irme a descansar un poco.
- ¿Tuviste un mal día? – preguntó preocupado.
- Todo lo contrario, hasta este momento. - el chico bajó la mirada.
- Lo lamente en serio. – ella alzó los hombros restándole importancia. - ¿Pudiste terminar todos tus pendientes?
- Sí, tengo tarea suficiente para no descansar jamás. – el chico sonrió.
- Te ayudaré. – cuando la chica se iba dando la vuelta, se detuvo un momento y mencionó.
- Ah… y mi periodo regresó. – el chico no daba cabida a lo que escuchaba, sin que la rubia lo esperara, sintió los fuertes brazos del castaño rodearla, mientras la acercaba lo más posible a su cuerpo.
- Oh Anna, estoy tan feliz de saber que tu salud está mejor ahora. – ella no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa.
- Fue gracias a tus cuidados. – dijo, devolviendo el abrazo levemente, el castaño la acercó aún más a su cuerpo. – Ahora podremos seguir con los planes de la familia. – su esposo cambió su semblante por uno completamente triste.
- Podemos darnos un tiempo para eso… para que disfrutes de la escuela y de lo que quieras hacer. – ella se soltó.
- No podemos esperar tanto… tu abuela podría…
- Anna, no importa lo que diga la abuela, esta es tu vida, nuestra vida… y los únicos que tenemos injerencia en este tema, somos nosotros… la familia no dejará de quererte por esperar un poco más para tener un descendiente. ¿De verdad quieres tener un bebé bajo esas condiciones? – la chica lo miró con pesar.
- ¿Tú no quieres hijos conmigo? – Su esposo la miró con dulzura.
- Los deseo más que nada en el mundo… una gran y hermosa familia a tu lado; pero esos niños deben nacer por el deseo de ambos.
La itako se quedó en la sala pensándolo todo. Sin Yoh con los mismos planes que su familia, jamás podría quedar embarazada. Le dolía pensar así… le dolía saber que para recuperarse a sí misma, debía traer un heredero a la familia, pero de algo estaba segura… cuando el bebé llegara; ella lo amaría con locura, sin importar las circunstancias.
Pasaron los días sin mucha diferencia y se había convertido en una rutina llevadera, su periodo había vuelto y se había ido con normalidad, se acercaban sus días de ovulación y el castaño no parecía querer acercarse a ella en un sentido sexual, la abrazaba por las noches, la acurrucaba contra su pecho, le dedicaba dulces palabras y aún así… no avanzaba más.
Sabía en su corazón que Yoh deseaba un bebé tanto como ella, pero en diferentes circunstancias y que era horrible desearlo de esta manera. Pero tenia que ser ahora… no podía esperar. Comenzaba a frustrarse, su esposo no se acercaba y sabía la razón… ella se había alejado en un principio; así que debía arreglarlo.
Poco a poco se acercaba más a él por las noches, respondía sus abrazos, acercaba su rosto a su cuello, pero nada, Yoh no cedería. Así que un día lo decidió, hablaría con él y pondría solución.
Llegó la noche y se acercó a su esposo, abrazados como todas las noches y un poco temerosa y sonrojada, se armó de valor y habló.
- Yoh… quiero hacerlo. - el chico levantó una ceja en interrogación.
- ¿A qué te refieres? – Vamos… su esposo no podía ser tan inocente ¿o sí?
- Pues… a eso. – el chico recargó su codo en la cama y se recostó sobre su brazo para admirarla completa.
- En verdad no sé a qué te refieres.
- A un bebé Yoh… quiero hacer un bebé. – el castaño se puso rojo y rio con algo de nerviosismo.
- ¿Quieres decir… ahora?
- Sí… ahora. – el shaman suspiró y se elevó un poco para admirarla desde más arriba.
- Oye… sé lo que piensas, pero no quiero que pase lo de la última vez, temo mucho que te arrepientas y no quiero hacerte daño.
- No me harás daño.
- mmmm. - su esposo la observaba. – Yo no quiero simplemente tener sexo contigo Anna, te amo y lo único que quiero es hacerte el amor, un bebé se hace con amor, no con obligaciones o exigencias.
- El sexo también es para disfrutarse. – le dijo con seguridad.
- y ¿lo disfrutarías Anita? ¿me estás diciendo que, no te arrepentirás en lo absoluto? No quiero llenarte de más dolor y tristeza, hemos trabajado en iluminar tu corazón y alejar a ese enorme espectro de ti, por favor, no quiero provocarte más dolor.
- Por favor Yoh… sólo hazlo, te necesito. – le dijo mirándolo a los ojos. El shaman trataba de pelear con las inmensas ganas que tenía de hacerle el amor y con su propia razón que le decía que no era una buena idea.
- Anita… No puedo, es que yo… - fue silenciado por los labios de la rubia que lo incitaban a decir que sí, la chica lo sujetó de las mejillas y lo acercó más hacia ella, lamía sus labios buscando abrir su boca.
- Por favor… no me hagas rogar más, esa no soy yo…- decía la rubia mientras se montaba sobre Yoh y le sacaba la playera.
- ¿Sabes que aunque lo hagamos una o varias veces, no siempre es seguro que funcionará, cierto? – ella asintió. - ¿Prometes… no arrepentirte de esto después? - ella se detuvo a horcajadas sobre él y mordiendo su labio asintió. – Bien, entonces… esta noche serás toda mía, amor.
El castaño acarició las suaves piernas de la itako que se encontraba sobre él, tomó la ligera bata que cubría su cuerpo y se la sacó por arriba dejando expuesta totalmente a la rubia excepto por su prenda más íntima; intentó cubrirse con sus brazos pero el shaman se lo impidió, se sentó para estar a su altura y reclamó sus labios en un apasionado beso en el que descargó todo el amor que por ella sentía; siguió bajando sus besos por el cuello de la sacerdotisa, después por su clavícula, hasta llegar a sus pequeños y rosados pezones, los cuales saboreo como el más deliciosos de los manjares; la rubia jadeaba extasiada mientras echaba la cabeza hacia atrás para darle más entrada a Yoh, este por su parte, la sostenía por su espalda dándole algo de soporte.
El Asakura siguió llenándola de deliciosos mimos hasta que la rubia no pudo soportar más la presión que sentía entre las piernas, se sentía húmeda en exceso y sentía la virilidad de su esposo gruesa y palpitante a más no poder que se presionaba fuerte contra su ropa interior.
Con su mano izquierda empujó a su esposo para que se recostara, lo miró a los ojos y con una sensual sonrisa, bajo la atenta mirada del castaño, hizo a un lado el pants y la ropa interior de su marido para descubrir su enorme y grueso miembro que se encontraba preparado para entrar en ella. Con su mano derecha, masajeó unos instantes el delicioso miembro del shaman para después, hacer un espacio en su ropa interior, suficiente para que pudiera abrirse espacio.
Colocó la punta en su entrada y ambos contuvieron la respiración, la chica se tomó de los hombros de Yoh para bajar lentamente pues, aunque ya lo habían hecho una vez, ella aún era demasiado estrecha y el en exceso grande. Se dejó caer un poco hasta que entró la mitad y sus ojos se llenaron de lágrimas por el deseo y esa sensación de dolor.
- ¿Estás bien? ¿Quieres que nos detengamos? – preguntó el Asakura preocupado.
- Estoy bien… sólo dame un momento, necesito acostumbrarme.
El chico la tomó de las caderas para ayudarla a sostener su peso y poco a poco fue bajando más hasta que lo tuvo completamente dentro de ella; en esta posición, se sentía aún más profunda la penetración del castaño en su esposa.
Respirando con agitación, comenzó a mover las caderas levemente aun sosteniéndose de los hombros de su amante. Conforme marcaban el ritmo, las respiraciones se agitaban y elevaban, sus cuerpos se sentían sudorosos y el placer ascendía en ambos.
Cuando el ritmo aumentó la chica se dejó caer por completo en el pecho de su esposo mientras Yoh la tomaba por los glúteos para moverla con mayor velocidad y marcar más profundas sus embestidas.
La rubia contoneaba sus caderas para mantener dentro de ella esa deliciosa sensación de ser penetrada tan fuerte por su esposo. Anna comenzaba a gemir sin poder ocultar su gusto y el Asakura gruñía de deseo por su mujer. Se sentó en la cama con su esposa y tomándola de las caderas, aceleró el ritmo, la itako mordía el cuello de su esposo para evitar gritar sin mucho éxito.
Cuando el momento estaba cerca, el castaño sintió cómo la vagina de su esposa se comprimía, aumentó el ritmo hasta que sintió las pulsaciones del sexo de su mujer, obligando al Asakura a tener su propio orgasmo; la sacerdotisa sintió el semen de su esposo inundarla por completo, terminó rendida en sus brazos mientras este le dedicaba dulces besos en su lóbulo derecho y susurrando dulces palabras de amor.
Cuando regularon sus respiraciones, la rubia sintió un escalofrío que le cruzaba la espalda, el shamano lo notó de inmediato en los ojos de su esposa… era esa cosa oscura que la perseguía.
- No… no Anna no lo permitas. – la chica peleaba entre escuchar al espectro o a su esposo. – Mírame, mírame a mí… sólo a mí. – decía con desesperación mientras tomaba sus mejillas y la miraba directo a los ojos. – confía en mí amor… no te dejaré ir. – la chica cerró los ojos mientras Yoh la besaba. – Aquí estoy...- hablaba para que no olvidara que estaba justo a su lado, protegiéndola. La acunó en su pecho y la arrulló entre sus brazos hasta que la rubia concilió el sueño.
El chico sostenía a la itako en sus brazos, se sentía confundido… había disfrutado cada minuto de lo que había pasado, pero estaba fúrico con esa maldita oscuridad que rodeaba a su chica.
- No sé si puedas escucharme… pero jamás y entiéndelo bien; JAMÁS permitiré que le hagas daño.
Estuvo a punto de quedarse dormido cuando sintió que un frío gélido cubría la habitación… algo inexplicable, y entre las sombras escucho un susurro escalofriante…
El daño se lo hiciste tú…
Continuará…
Hola chicos… estoy tratando de acelerar el ritmo, la verdad es que aún queda mucho de esta historia y estoy tratando de avanzar lo mejor que puedo.
Me encanta leer sus comentarios, los disfruto mucho y me llena de curiosidad cómo es que quieren que los divorcie para que puedan estar mejor.
La verdad es que no los voy a divorciar, porque se terminaría mi historia jajaja mis planes van aún más allá de llevarlos a un punto de quiebre, estamos muy lejos de un desenlace y de hecho aún muy lejos de el problema principal… el siguiente capítulo traerá mucho dolor y coraje a todos nuestros personajes, así que espero lo disfruten.
Besos y los estoy leyendo.
