Capítulo 19. Peligrosa

Cuando regularon sus respiraciones, la rubia sintió un escalofrío que le cruzaba la espalda, el shamano lo notó de inmediato en los ojos de su esposa… era esa cosa oscura que la perseguía.

- No… no Anna no lo permitas. – la chica peleaba entre escuchar al espectro o a su esposo. – Mírame, mírame a mí… sólo a mí. – decía con desesperación mientras tomaba sus mejillas y la miraba directo a los ojos. – confía en mí amor… no te dejaré ir. – la chica cerró los ojos mientras Yoh la besaba. – Aquí estoy...- hablaba para que no olvidara que estaba justo a su lado, protegiéndola. La acunó en su pecho y la arrulló entre sus brazos hasta que la rubia concilió el sueño.

El chico sostenía a la itako en sus brazos, se sentía confundido… había disfrutado cada minuto de lo que había pasado, pero estaba fúrico con esa maldita oscuridad que rodeaba a su chica.

- No sé si puedas escucharme… pero jamás y entiéndelo bien; JAMÁS permitiré que le hagas daño.

Estuvo a punto de quedarse dormido cuando sintió que un frío gélido cubría la habitación… algo inexplicable, y entre las sombras escucho un susurro escalofriante…

El daño se lo hiciste tú…

Sobresaltado se levantó de la cama y en silencio invocó a Amidamaru.

- Dígame Amo Yoh.

- Lo escuché, Amidamaru, escuché esa cosa que acosa a Anna… debe estar cerca; ayúdame a encontrarlo.

- Ahora mismo. – dijo desapareciendo.

Se sentó un momento, su corazón latía con fuerza… esas palabras fueron su declaración de guerra; ese ser iba tras Anna y no había lugar a dudas. Miró a la rubia quién parecía dormir con tranquilidad, acarició su rostro con dulzura.

- Lo encontraré, así sea lo último que haga. Lo prometo.

Pasó alrededor de una hora cuando su espíritu acompañante regresó.

- Lo siento, amo Yoh… pero no hay rastro ¿pudo verlo?

- No. – contestó con tristeza. – sólo lo escuché. Ni siquiera sentí su presencia, sólo me provocó escalofríos.

- Lo mejor será estar alertas.

- Gracias Amidamaru, buenas noches.

El shaman volvió a recostarse junto a su esposa y la abrazó con fuerza; pasó bastante tiempo divagando en su mente, hasta que finalmente se quedó dormido.

Por la mañana, la rubia sudaba mientras temblaba y se agitaba; las pesadillas no la dejaban tranquila; se levantó de la cama estrepitosamente, despertando a Yoh a su paso quien hasta ese momento la tenía envuelta con sus brazos. Asustado, colocó su mano sobre el hombro de la itako.

- Anita ¿estás bien? Tranquila… estamos en casa. – la chica trataba de recuperar el aire, lo miró un momento y asintió.

- Sí… sólo fue una pesadilla. – cuando se recuperó un poco, se vio así misma y se dio cuenta de que estaba desnuda, se cubrió inmediatamente con las sábanas. El castaño la miró con extrañeza.

- Anna, sobre lo que ocurrió anoche…

- Estoy bien. – dijo desviando la mirada.

- No pareces estarlo. – dijo con pesar.

- Lo estoy, no hay nada de qué preocuparse, enserio. Lo disfruté. – el chico mostró una pequeña sonrisa de lado.

- Yo también, mucho… pero, lo escuché. – la rubia rápidamente regresó su mirada a su esposo.

- ¿Qué?

- Escuche a esa cosa que te persigue.

- ¿Cómo lo escuchaste?

- No lo sé… simplemente pasó. – la sacerdotisa simplemente pasó una mano por su rostro. – pero no logramos encontrarlo, Amidamaru hizo lo posible. Lo encontraremos Anna, lo juro.

- Está bien, no es como que sepamos dónde buscar. – se recostó en la cama. - ¿qué hora es?

- Aún nos queda una hora para descansar. –

- Bien. – dijo acomodándose más cómodamente en la cama.

- Oye…

- ¿Mmh?

- ¿Te arrepientes? … Me refiero a… - la joven mordió su labio.

- Dije que estaba bien, no te preocupes por eso. – el shaman se recostó a su lado.

- No quiero que seas infeliz. – ella se dio la vuelta para quedar frente a él.

- No lo soy Yoh, tranquilo. – No era infeliz, desde que conoció a la familia de su esposo, esa palabra se borró de su mente, si bien, lo que pasó con el castaño dolía hasta el alma, sabía que ese era su lugar y que todos a su alrededor harían lo posible por hacer que ella se sintiera en casa. Culpar a Yoh cada día, sólo lograría desgastarla y alejarlo, cuando necesitaba de él más que nunca.

El joven se acercó a ella lentamente y la envolvió en un cálido abrazo, si bien al principio la sintió tensa, poco a poco se fue relajando.

El calor que emanaban ambos los invitaba a dormir y así pasó rápidamente.

Sólo sintió que dio un ligero pestañeo, cuando el despertador sonó. El shaman se estiró, se talló los ojos y apagó el despertador; volteó su mirada a la presión que había sobre la parte izquierda se su pecho y sonrió al ver a su rubia dormida con tranquilidad. Rio levemente al recordar cómo hace sólo algunos años, la chica tenía que sacarlo de la cama casi a golpes; fue una etapa severa en su interacción, pero todo eso lo había convertido en un adulto responsable y trabajador. Se lo debía todo a su mujer. La acurrucó más entre sus brazos y cerró por un momento sus ojos, hasta que sintió como la rubia lo movía levemente. El la abrazó aún con más fuerza.

- Vamos a llegar tarde si sigues de vago reteniéndome. – el castaño sonrió con ironía, por los pensados que tenía hace apenas unos momentos. – Eso no es de un adulto responsable. – completó la itako. El joven la miró con el ceño fruncido. Ella al comprenderlo, trató de evitar su mirada.

- ¿Leíste mi mente? – ella negó levemente. – Mírame a los ojos, Anna tienes que decirme la verdad. – ella suspiró.

- No, yo… en realidad no lo sé, es que… son como pequeñas imágenes que pasan por mi mente, pero en realidad no lo sé.

- ¿Por qué no me lo habías dicho? Esto es muy peligroso, podrías crear Onis nuevamente. – la rubia lo observó con recelo.

- No soy peligrosa Yoh.

- No estoy diciendo que lo seas; sabes por lo que tuvimos que pasar hace años; Anna, sufriste mucho, tenemos que evitar que vuelva a suceder.

- He pasado por esto desde siempre Yoh, cuando vine a vivir contigo a los 14 años, escuchaba esporádicamente susurros de la mente de Manta y tus amigos, incluso de ti y lo sabes.

- Lo sé, porque la abuela nos dijo que mientras regulabas tus emociones y te entrenabas, los sellos que ella colocó serían inestables, pero ahora podría significar que alguien averiguó como quitarlos. En 7 años no había pasado ¿por qué ahora?

- No lo sé Yoh, no lo sé… pero no pasa seguido, es como cuando tenía 14 años.

- Tenemos que decírselo a la abuela.

- No. – dijo sobresaltada. – por favor, ahora no. – dijo sobresaltada. – Estamos pasando por demasiado, podemos resolverlo.

- ¿Podemos? De verdad… ¿Podemos Anna? Ni siquiera lo habías comentado; hemos vivido juntos 11 años, y me siento como un idiota por no haberlo notado antes.

- Tengo 21 años Yoh, no soy estúpida, puedo manejar esto. – el Asakura la miró.

- ¿Cómo? Dime ¿cómo lo harás? Porque estamos a mitad de un problema grande, del que no sabemos cómo salir y que probablemente la abuela también sepa la solución a eso.

- No puedo recurrir a mi sensei como si yo fuera una inútil.

- Nadie ha dicho eso, por favor, debemos hacer algo por tu bien.

- Lo haremos, podemos investigar nosotros por nuestra parte, además Rick…

- ¿Qué? Rick ¿Qué tiene que ver? – dijo molesto.

- El sabe, acerca de esta cosa que me persigue.

- Yo no lo quiero cerca de ti.

- De verdad eres un idiota. – dijo levantándose de la cama enredada en su sábana. El chico se puso rápidamente de pie y la tomó del brazo.

- No te vayas, tenemos que resolver esto, no podré en riesgo tu vida, no más.

- ¿Y bajo qué condiciones? Si lo único que quieres es hacer todo a tu manera.

- Y tú a la tuya, encontremos un punto medio.

- Bien, lo haremos cuando llegues del trabajo. Es tarde.

El shaman cerró los ojos hasta que se relajó y la dejó ir a bañarse.

Mientras la chica se duchaba, el castaño preparó el desayuno para ambos, asegurándose de seguir complementando la alimentación de Anna con cosas saludables y fuertes en hierro.

Cuando la chica bajó, el subió a ducharse.

La itako realmente no tenía apetito, pero se forzó a comer lo más que pudo para no volver a caer en problemas de salud y le acarrearan peores consecuencias.

Al cabo de unos 20 minutos, el Asakura bajó corriendo para desayunar rápidamente.

- Me voy. – informó su esposa. – No peleemos por esto, es tarde y no alcanzarás a llegar, te llevaré.

La sacerdotisa se limitó a ir por sus cosas.

Cuando su esposo finalmente salió, abordaron la camioneta y salieron.

- Saldré temprano y pasaré por ti a la escuela, hay algo que quiero que hagamos.

- ¿Qué cosa?

- Ya lo sabrás.

- jhm. – bufó levemente y se volteó a la ventana; se instaló un silencio incómodo, pero no había más que decir para ninguno de ellos.

Al llegar a la escuela, la rubia bajó de la camioneta y antes de salir por completo, el chico la tomó de la mano.

- Por favor, todo lo que hagamos de ahora en adelante debe ser por nuestro bien, somos un matrimonio; no te aísles y no me ocultes cosas, no quiero que nada te pase. – la itako se soltó y se dio la vuelta en silencio mientras cerraba la puerta tras de sí.

Se dirigió a clases con rapidez pues ya era ligeramente tarde; en cuanto entró a clase, vio a sus amigos y se dirigió hasta ellos, y se sentó en un asiento que le habían reservado, no hubo mucho tiempo para saludos pues el nuevo profesor de derecho corporativo se presentó en el salón de clases.

Las clases transcurrieron con velocidad, a la hora del descanso, Anna dejó a sus amigos y comenzó a buscar a Rick, sabía que su esposo no era fanático, pero ella necesitaba arreglar esto rápido. No demoró mucho en encontrarlo, descubrió que el alemán daba tutorías y esperó fuera del aula a que terminara de atender a sus pupilos.

Cuando por fin el chico se percató de su presencia, le sonrió con dulzura y despidió a los estudiantes, se acercó a ella y la saludó.

- Hola linda ¿está todo bien? – ella sopesó la respuesta hasta que se decidió a contestar.

- Si, emm en realidad yo, necesito de tu ayuda.

- Claro, dime ¿qué necesitas? – la chica comenzó a sentirse un poco mal, un fuerte presentimiento oprimía su pecho, era una sensación entre culpa y arrepentimiento. - ¿te sientes bien?

- Necesito que me hables acerca del Yokai que me está siguiendo.

- ¿Te sigue dando problemas? – dijo levantando la ceja - ¿Sabes linda? Es muy raro, se supone que cuando uno vive equilibrado en su esencia y es feliz en el plano terrenal, ellos simplemente se alejan, siendo sincero, creí que, con tu boda, eso terminaría, se supone que uno es pleno y feliz en esa etapa de su vida. – La rubia suspiró frustrada.

- Necesito deshacerme de él, debe haber otra manera. ¿Tienes alguna idea de dónde investigar?

- Uhmm, creo que mi familia tiene varios libros en los que podrías basarte, llamaré a mi madre por teléfono, aunque los libros aún existan, estos están en Alemania, tardarían varias semanas en llegar, son delicados de transportar por su antigüedad.

- Por favor, consíguelos, los necesito desesperadamente, te pagaré lo que quieras.

- No quiero nada, linda… quiero que estés bien. – dijo el rubio mientras la miraba con preocupación. – te ves exhausta y pálida ¿estás enferma? – la chica negó

- No, voy saliendo de algunas complicaciones, pero ya me siento mejor.

- Encontraré la manera de tener los medios para investigar lo más pronto posible, no te preocupes… debes relajarte y rememorar los buenos momentos de tu vida, eso lo alejará momentáneamente. ¿Qué haces más tarde? ¿Quieres que te lleve a casa?

- Gracias, pero Yoh dijo que saldría temprano y pasaría a recogerme.

- Vaya que es inseguro tu esposo. – la itako lo miró con cansancio. – sólo bromeo. – colocó una mano en su cabeza y desordenó su cabello. – relájate un poco, eres demasiado hermosa e increíble para estar seria y triste todo el tiempo. – ella encaró una ceja.

- No estoy triste todo el tiempo.

- No trates de camuflar tu tristeza con la molestia; cambia esos ojos tristes y usa ese maravilloso cerebro que tienes para mantenerte ocupada. – bajó un poco para estar a la altura de su mirada, casi juntando sus frentes. – Eres brillante, que no se te olvide.

La rubia suspiró, perdiéndose en los hermosos ojos del alemán; volviendo en sí desvió la mirada y se alejó de él.

- Debo volver, el descanso está a punto de terminar, gracias por escuchar y apoyarme. – él la miró con ternura.

- Cuando quieras, sabes dónde encontrarme.

La joven dio la vuelta y regresó a su salón de clases. Las horas pasaron de manera rápida, debía seguir esforzándose, aún tenía trabajo atrasado y exámenes pendientes por aplicar, la próxima semana para reponer materias que dejó cuando faltó a clases.

Cuando el timbre sonó, corrió por los pasillos hacia la administración de la escuela, se registró para tomar uno de los exámenes lo más pronto que el calendario lo permitiera y tomó la guía de estudio, que más que una guía, era un enorme libro de 300 páginas para aplicar dentro de 3 días.

Ella podría lograrlo, tenía fe. Ya había estudiado bajo presión, así que se mentalizó.

Salió al estacionamiento y vio la camioneta de su esposo a varios metros de ella, emprendió su camino a alcanzarlo, pero una cálida mano la tomó desprevenida.

- Espera linda. – dijo el alemán, volteando el cuerpo de la chica para mirarla a los ojos. – quiero darte esto. – colocó en su mano un pequeño amuleto; tenía forma de estrella y era color verde.

- ¿Para qué es? – dijo ella mirando el artefacto con curiosidad.

- Para que pienses en mí.

- ¿Qué? – la chica exclamó divertida sin darse cuenta - ¿estás bromeando?

- No, bueno en parte. – mencionó mientras se rascaba la cabeza. – esto aleja las malas energías, pero además de eso, es para que te acuerdes de mí; sé que tal vez no soy el recuerdo más lindo o divertido que tengas, pero, cuando no tengas en más qué pensar, ahí estaré yo; sacando esa bella sonrisa en tu rostro. – dijo el alemán señalando sus labios; la itako tocó sus labios sin percatarse hasta ese momento de que había estado sonriendo.

- Eres muy raro. – dijo la joven con un poco de gracia.

- Lo tomaré como un cumplido. – dijo levantando los hombros.

- Debo irme, gracias por todo. – caminó hacia la camioneta de su esposo.

Yoh quién había mirado toda la escena desde el interior de la camioneta, bufó frustrado mientras destrozaba la rosa que tenía en la mano y la arrojaba por su lado de la ventana.

La Asakura al ingresar a la camioneta, sintió el aura pesada de su marido e inmediatamente un silencio incómodo se instaló entre ellos.

El chico arrancó sin siquiera dirigirle la palabra. Manejó a gran velocidad, apretando el volante.

- Si no te controlas, moriremos antes de que ese espectro logre asesinarnos.

- ¿Qué diablos hacías con él?

- No puede ser. – dijo cubriéndose el rostro con sus manos. – Es la última vez, que te lo digo, es mi amigo y no me importa lo que pienses, el va a ayudarnos a arreglar esta situación.

- En la mañana hablamos de arreglar esto juntos.

- Y lo haremos, no te dejaré fuera, él sólo va a darme material para investigar de estas cosas, tiene más experiencia en ello.

- ¿A qué precio? Dime…

- No seas idiota, por Kami Yoh… Los amigos no se cobran los favores, y si así fuera ¿me creerías capaz de hacer algo así? Yo no soy una cualquiera. – ese golpe dolió en el pecho del castaño, quien sabía que los celos lo hacían actuar de manera irracional.

El shaman estacionó en un parque, recargó su cabeza sobre el volante y suspiró.

- Lo siento.

- Si pensaras antes de hablar, no tendrías que disculparte. – argumentó sin siquiera mirarlo.

- Te llevaré a comer.

- No tengo hambre.

- Si no comes algo, corres el riesgo de recaer. – la mujer se mordió el labio y asintió.

- Bien, quiero ir a casa.

- Pero quería llevarte a…

- No; creo que no es un buen momento para lo que sea que tienes planeado. Agendé un examen para dentro de tres días y tengo mucho material por estudiar.

- Era importante, agendé una cita en…

- Pues cancela, no quiero saber de nada ahora.

- Sé que estás molesta.

- No, estoy furiosa. Llévame a casa… ya.

El Asakura dio una vuelta en "U" y volvieron a la pensión.

- ¿Al menos vas a involucrarme en las "soluciones" que te ofrezca Rick? – cuestionó en tono sarcástico.

- ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene involucrarte en algo que no quieres ni tomar en cuenta?

- Eres mi mujer.

- ¿Importa?

Llegaron a la pensión, donde la rubia rápidamente bajó de la camioneta, y se alejó de él.

Lleno de rabia y desesperación, el chico tomó el teléfono y decidido llamó a Izumo, sabía que su esposa lo odiaría (más si se puede) pero él debía hacer algo y no dejarle la vida de su esposa a un completo desconocido.

Marcó el número y esperó hasta que tuvo respuesta.

- Hola mamá. –

- Hola cariño ¿Cómo estás? ¿Está todo bien por allá?

- Bueno… no mucho en realidad. –

- Oh mi cielo, pero ¿qué pasa? Has tenido problemas con Anna. – su voz sonaba preocupada. El chico suspiró al otro lado de la línea.

- Sólo arruino todo mamá. No puedo hacerla feliz, creo que, de verdad ella se merece a alguien mejor que yo.

- Pero ¿Por qué dices eso?

- Anna, ella está; está en peligro… y en lugar de ayudarla, sólo complico las cosas para ella.

- ¿Cómo es eso?

El castaño le platicó todo a su madre, el espectro, la lectura de mentes, Rick.

… Oh amor, entiendo que estés preocupado; lo de los celos, bueno… ella jamás te ha dado motivos ¿o sí?

- No, no, ella jamás, pero es que… no lo conoces mamá, él la quiere, y si te soy honesto; es un buen partido para ella.

- Él la quiere, pero ella te quiere a ti. – el chico suspiró frustrado.

- Ella me odia mamá, lo sabes… viste lo que pasó en la boda.

- Yo la conozco ¿has visto sus ojos cuando te mira? Puedo asegurarte, que ella te ama desde que tenía 10 años.

- Jhm, que optimista mamá, pero ella jamás me lo ha dicho.

- Hijo, ella no es de palabras, es de acciones ¿tú la quieres?

- Yo la amo, desde siempre; lo sabes.

- Ya encontraremos la manera de ayudarla. ¿Te paso a la abuela? – el shaman suspiró.

- Creo que sí, espero que sepa qué hacer.

- De seguro lo hará.

El castaño supo que había cometido un error en cuanto escuchó a su abuela, la edad la hacía más severa, la enfermedad la estaba consumiendo, y que supiera que un shaman la instruía acerca de los Yokai, el colapso nervioso se intensificó. Kino estaba histérica.

- Creí haber educado bien a esa muchacha, como siempre está dejando que su sentimentalismo la controle ¿cómo es posible que pueda escuchar las mentes de los demás de nuevo? ¿cómo es posible que no me lo haya dicho? Esto es muy peligroso.

- Abuela, cálmate por favor, ella no quería molestarte.

- ¿entonces que pretende? ¿Matar a sus semejantes creando Onis?

- Ella está sufriendo y tenemos que protegerla, no es para que te pongas así.

- Esa niña me va a escuchar.

- Abuela, ella ya tiene suficientes cosas por las cuales preocuparse.

- Pues tendrá una más.

- No permitiré que le hagas daño

- No le haré daño muchacho idiota, obviamente veré la manera de ayudarla, pero primero va a escucharme. – y sin más, colgó el teléfono.

El chico se encogió en su lugar y masajeó sus sienes, ¿Qué he hecho? Se preguntó.

La rubia dejó sus libros en el escritorio de la habitación que acondicionaron como biblioteca y subió a su habitación a cambiarse de ropa.

Se puso algo cómodo y bajó a la cocina donde su esposo se encontraba preparando la comida; sin dirigirle la palabra, abrió el refrigerador y tomó una botella de agua helada, se sentía tan acelerada que su cuerpo se sentía caliente y eso la sofocaba.

Cuando Yoh terminó de preparar la comida, ella le ayudó a servir y se sentaron a comer a la mesa.

- Anna…

- Es hora de comer…- dijo sin prestarle atención.

- Hay algo importante que tengo que decirte… - el shaman sabía que debía informarle acerca de la abuela, para que estuviera preparada, pero ella ya lucía tan molesta y estresada que no sabía cómo empezar a comunicarle la noticia.

- Ahora no. – dio por zanjado el tema, comió lo más rápido que pudo y se retiró de la mesa.

Subió directo a la biblioteca y se sentó con el manual dispuesta a comenzar con el estudio que tenía pendiente.

Pasaron las horas y cuando ya no pudo más, se retiró a dar un baño para relajarse y continuar, pues el examen no era su única obligación ya que tenía más tarea de otras materias.

Cuando volvió, encontró al shaman de pie junto al escritorio, y en sus manos se encontraba el amuleto que Rick le había dado en la escuela.

La rabia sacudió el cuerpo de la chica, rápidamente se acercó a él y se lo arrebató de las manos, el joven se sorprendió y la miró con un interrogante.

- Se puede saber ¿Por qué estás hurgando entre mis cosas?

- No estoy buscando entre tus cosas Anna, eso estaba en el suelo.

- ¿Qué es?

- No es de tu incumbencia. – el castaño se molestó al escuchar las palabras de su mujer.

- Todo lo que te concierne es de mi incumbencia.

- Claro que no, ahora sal de aquí y déjame en paz.

- Sólo vine a ver si necesitabas ayuda.

- No la necesito. Largo. – dijo señalando la puerta.

- Oye, yo también puedo estar aquí, hay suficiente espacio para los dos y tengo trabajo qué hacer.

- Entonces quédate aquí y me iré a la habitación, no necesito distracciones.

- ¿Por qué quieres esconderte de mí? Mejor quédate y hablemos.

- No tengo tiempo de hacerlo, me atrasé mucho en la escuela por lo que pasó, tengo que ponerme al día. – dijo tomando sus libros y saliendo de ahí.

El chico se quedó de pie mirando a la nada, al paso que iban, terminarían odiándose el uno al otro. Ella no quería escuchar nada de él, y él… lastimosamente, la entendía.

La itako subió corriendo las escaleras y entró a la habitación, estaba molesta y sentía que no podía más; de la relación que tenía con Yoh en su adolescencia, no quedaba nada. Pero su pecho dolía pues el amor que tenía seguía intacto, por eso le lastimaba tanto saber que su esposo y ella, no estaban bien… tal vez nunca lo estarían.

Comenzó a sentir frío, cerró los ojos, sabía que algo andaba mal, esa cosa estaba cerca; rápidamente tomó el amuleto de Rick, en su mente sonaron las palabras que él le dijo cuando se lo entregó: "es para que te acuerdes de mí; sé que tal vez no soy el recuerdo más lindo o divertido que tengas, pero, cuando no tengas en más qué pensar, ahí estaré yo; sacando esa bella sonrisa en tu rostro".

La chica sonrió con curiosidad, esas eran las palabras más raras y extrañamente románticas que alguien le hubiera dicho jamás, y eso la hizo reír de una forma bastante complicada.

Cuando se dio cuenta, ya no hacía frío en la habitación y todo había vuelto a la normalidad.

Se sentó en la cama con su ordenador portátil y libro, se puso en marcha a seguir con su trabajo académico que parecía no tener fin.

El joven castaño siguió trabajando en la biblioteca hasta la hora de la cena, subió las escaleras y se dirigió a su habitación; entró y llamó a la chica, pero la chica le dijo que no tenía hambre o tiempo para cenar; el chico solo atinó a preparar un sándwich para ella y lo dejó a un lado de donde ella estaba trabajando.

Cuando era tarde en la madrugada, el shaman decidió poner fin a su trabajo e ir a dormir. Al entrar a la habitación, se encontró a Anna dormida con sus libros y ordenador. Se acercó y con cuidado de no despertarla, retiró las cosas de la cama, la cargó con cuidado y la acomodó en una posición más cómoda. La arropó y sin poder evitarlo, besó suavemente sus labios.

- Anita, por favor debes escucharme, tenemos que arreglar esto pronto y juntos; porque ya no sé si estamos empeorando nuestra vida y sólo quiero que seas feliz.

El tiempo a partir de que se había aumentado la actividad escolar en la chica, aumentó con velocidad, los días parecían correr como el agua y no tenía tiempo ni de respirar.

Todo siguió con normalidad, los amigos de Yoh los visitaban con más frecuencia, todos tratando de encontrar soluciones al problema de Anna.

La relación de los esposos seguía igual de tensa, pues el Asakura sabía que Rick se acercaba cada vez más a su mujer y le costaba cada vez más controlar los celos.

Todo se derrumbaba bajo sus pies; habían pasado 3 semanas desde que habían tenido intimidad y parecían ya no poder estar en el mismo lugar al mismo tiempo.

Ese día por la mañana, la chica se sentía muy mal, parecía que estaba por pescar un refriado, se sentía congestionada, con sueño, dolor de cabeza y algo de mareo.

No pudo enfocarse en clase con totalidad, al sonar el timbre de la salida, la rubia caminaba con sus amigos por el pasillo.

- Vaya en serio te ves mal. – anunció su amigo moreno.

- Gracias por señalar lo obvio tarado. – defendió su amiga morena.

- Vaya, gracias a los dos. – habló con ironía la rubia.

- Linda. – escuchó Anna que la llamaban a lo lejos. Volteó hacia atrás y encontró a Rick corriendo hacia ella. – Wow ¿Estás bien? – dijo mirándola.

- Sí, creo que me estoy resfriando.

- Oh, bueno… yo sólo quería darte esto. – dijo dándole dos libros gruesos y enormes que tenían aspecto antiguo. – Es lo que me envió mi madre, creo que nos ayudará con tu situación. Los leí y marqué unas páginas que pueden ser de tu interés. Revísalo y me dices que decidiste. – le mostró una hermosa sonrisa.

- Gracias. – dijo regresándole una sonrisa más pequeña.

- Si necesitas cualquier otra cosa, por favor dímelo.

- Lo haré. –

- ¿Quieres que te lleve a casa? – ofreció.

- No gracias, iré a casa de Bere, tenemos proyecto la próxima semana.

- Bien, cuídate. – dijo despidiéndose.

Eran alrededor de las 8 de la noche cuando llegó por fin a la pensión, esta se encontraba totalmente vacía, por alguna razón, a pesar de sentirse cansada y resfriada, se sentía feliz, ya que traía consigo los libros que posiblemente la ayudarían a salir del hoyo en el que estaba.

Iba camino a su habitación, cuando el teléfono de la pensión sonó. Dejó sus libros en la pequeña mesa donde se encontraba el teléfono y contestó.

Al principio no escuchó respuesta, hasta que observó cómo salía del aparato un pequeño Shikigami Kooni, su piel se heló. Volvió a ponerse el teléfono al oído.

- Sensei. – dijo con voz temblorosa.

- ¿Pensabas llamarme en algún momento?

- Yo…

- Sé la respuesta a eso Anna… soy anciana, no estúpida.

- Jamás creería algo así.

- ¿Por qué no me lo dijiste?

- ¿Cómo es que usted…?

- ¿Pues de qué otra manera? Del único nieto que aún confía en mi… - ante esas palabras la rubia cerró los ojos y suspiró.

- Confío en ti abuela. Yo sólo no quería…

- ¿Qué? ¿No querías ser una persona sensata? Que sabe que lo que le está sucediendo es de alta peligrosidad, ¿que no sólo podría perjudicarse a sí misma, si no a toda la familia?

- Quería encontrar la manera de…

- ¿Tú? ¿Encontrar la manera? ¿Sola? O ¿Con ese chico que te sigue a todas partes? – la itako sintió que la rabia de recorría el cuerpo.

- ¿Cómo dijo?

- Lo sé todo Anna. Así que deja de darle vueltas a todo este asunto y deja de defraudarme con tus acciones incoherentes cada día; no eres la alumna que eduqué. – la joven sintió que todo a su alrededor se movía.

- Escucha bien, esa cosa que te sigue, no es cualquier Yokai, es un maldito demonio que trata de materializarse en la tierra y busca las debilidades de los especialistas en estas artes para lograr ese objetivo. De todos los espiritistas en el mundo, jamás creí que serías tu la que caería en esa clase de trampa tan baja. – la chica ya jadeaba de cansancio, su cuerpo no podría soportar más pesar, lo que le decía su sensei se sentían como golpes directos al cuerpo.

- Usted no sabe lo que ha sido…

- Sé exactamente por todo lo que has pasado, lo sé todo y aún así, debiste mantenerte fuerte, estás dejando que se abra una puerta, que jamás se podrá cerrar. Ahora escucha bien, iré a Aomori con las sacerdotisas, consultaremos la mejor estrategia para encerrar a ese demonio de donde no pueda escapar, me tomará un par de semanas. Hasta entonces, deja de meterte en problemas y provocar más idioteces. – la rubia no podía contener las lágrimas, ni siquiera sabía de que eran ¿rabia? ¿dolor? ¿frustración? Levantó la mirada y vio como Yoh que estaba lejos, se acercaba a ella, mirándola preocupado. - Conserva la poca confianza que me queda en ti. – colgó el teléfono.

La itako rápidamente se dio la vuelta y subió las escaleras, su esposo la alcanzó a la mitad y la tomó por el brazo.

- ¿Qué pasa Anna? – la rubia se volteó y con su mano izquierda lo abofeteó con fuerza en el rostro, el castaño la miró asombrado.

- No me toques. – como pudo siguió su camino al cuarto, sentía que en cualquier momento se desvanecería.

En cuanto llegó, se metió al baño de la habitación y devolvió el estómago con dolorosas contracciones.

- Anna. – el joven sólo atinó a sostener su cabello y sobar su espalda. - ¿Qué pasa? – la joven trató de tranquilizarse, pues no podía parar de vomitar, su pecho se contraía con fuerza. – llamaré a fausto; ella sólo atinó a negar con la cabeza. Pasaron unos minutos hasta que se pudo controlar.

Jaló la palanca del baño, se puso de pie, se lavó los dientes y respiró lentamente hasta que se volvió para encontrarse de frente a Yoh… las siguientes dos palabras que salieron de su boca, dejaron a su esposo estático en su lugar.

- Le dijiste…- suspiró con dolor.

- Tuve que hacerlo. – ella lo abofeteó de nuevo.

- No, no tenías que… - se sostuvo del lavabo, pues se tambaleaba por el mareo.

- Debo llamar a Fausto, quiero que te revise.

- No, no lo harás; no puedo creer que lo hayas hecho; eres un idiota. Te odio. – trató de darle otra bofetada, pero se mareó tanto que casi cae de bruces en el suelo. El chico la sostuvo y la llevó a la cama.

- Llamaré a Fausto. – dijo sacando su celular; al verlo totalmente descargado, bufó. – lo llamaré por el teléfono de abajo, espera aquí.

La itako no tuvo que pensarlo ni por un segundo, en cuanto Yoh salió de la habitación, tomó cosas suficientes y las echó en una mochila pequeña de viaje; dejó su celular sobre la cama, bajó las escaleras mientras escuchaba como su esposo hablaba por teléfono con el doctor.

Aprovechó su distracción para salir por la puerta trasera; no se sentía nada bien para correr, hizo señas a un taxi que veía a lo lejos, subió y se puso en marcha.

Cuando Yoh regresó a la habitación, no encontró rastro de su mujer por ninguna parte, fue inútil llamarla, había dejado el celular.

Llamó a sus amigos y en cuestión de minutos Lyserg y Horo se encontraban en la búsqueda de la rubia pues sus demás amigos debían atender compromisos importantes.

Eran aproximadamente las 10 de la noche cuando llegó a su destino, no había tomado tanto tiempo, la casa de su amigo estaba a 40 minutos de la pensión.

Tocó y se encontró con uno de los sirvientes de la mansión.

- Con Ren o Jun Tao Por favor. – Avisó la rubia que no tardó mucha en ser recibida por un joven chino que la veía con preocupación.

- Te ves fatal. – la chica al verlo, se derrumbó en sus brazos.

Despertó sobresaltada en un lugar que no reconocía, la habitación era muy amplia y sobria.

- Vaya, al fin despiertas.

- Ren…

- No llamé a Yoh, supuse que por eso estabas aquí.

- Gracias.

- ¿Qué ha pasado? –

- Es una larga historia.

- Tengo tiempo, justo terminaba una reunión en línea e iba directo a la pensión porque Yoh nos llamó. Pero ya que estás aquí, puedo saberlo por ti, ella suspiró y procedió a contarle todo. – Mmm, y ¿qué pretendes al esconderte de él?

- Nada en realidad, necesito alejarme y pensar con claridad, necesito que en verdad me deje pensar que quiero hacer de ahora en adelante, si sigo así, seré un peligro para él y para mí.

- Te apoyaré el tiempo que lo necesites Anna, pero él debe saber que estás aquí.

- ¿Eso de qué servirá?

- De mucho y lo sabes, no dejaré que se acerque; pero sabrá que estás bien. – entonces ella asintió.

Ren llamó a Yoh por teléfono y le explicó la situación.

- No Yoh, no puedes venir; escucha, esto es lo mejor; no, ella lo decidió así. – el chino se veía un poco alterado. – dale un tiempo, si de verdad quieres volver a verla, déjala que se quede aquí. No será para siempre, no; no sé cuanto tiempo, ella lo decidirá. Tranquilo, ya llamé a un doctor y la está atendiendo en este momento, estará bien te lo prometo. – después de unos minutos más de charla, colgó la llamada y se acercó a Anna. – bueno, eso fue difícil. ¿Todo bien con Anna? – preguntó el chino al doctor.

- Mmm, es difícil saber, a simple vista, parece un resfriado común, pero tomaré una muestra de su sangre para estar seguro, tendré listos los resultados en unos días, por lo pronto, medicamento común para el resfriado, nada de antibiótico, vitaminas y muchos líquidos.

- Bien, gracias doctor.

Una vez tomada la muestra y retirado el doctor, el shaman le explicó a la itako cómo había salido todo y que se relajara esos días para relajarse, antes de la visita de Kino.

Los días a partir de ahí, se hicieron tortuosos para el castaño que no sabía qué hacer para ver a Anna, lo intentó en un par de ocasiones; la primera se acercó a la mansión de los Tao para llevarle a la rubia unos cambios de ropa extra y su celular, pero los guardias no lo dejaron pasar de la entrada y la segunda vez para llevarle un canasto con alimentos, ricos en hierro, pero el éxito fue el mismo.

La rubia no estaba en mejores condiciones, si bien se había enterado de los intentos del castaño, ella pasaba días enteros sin siquiera salir de la cama.

En esa penosa situación se encontraban los dos, mientras pasaron dos semanas.

Una mañana en la que la rubia se terminaba de bañar, secó su cuerpo y sintió el constante mareo recorrer su cuerpo.

Entró a su habitación y vio al lado de su cama, los análisis que habían llegado del laboratorio del doctor. Los había olvidado ahí, no tenía mucho sentido para ella ver los resultados pues creía que no los entendería, pero dado a como se sentía, se decidió en por fin revisarlos.

Tomó el sobre en sus manos y lo abrió. Cuando llegó al final, el resultado la dejó sin habla. Era hora de volver a casa.

Eran las 6 de la tarde cuando el castaño volvía del trabajo, triste y desolado como últimamente solía hacerlo, se sirvió un jugo de naranja y se sentó en la cocina. Colocó sus codos en la mesa y apoyó su cabeza entre sus manos; se sentía miserable. Desde que Anna se había ido, decidió que no quería que nadie más lo acompañara, ni siquiera sus amigos.

El sonido de la puerta correrse lo sobresaltó, no esperaba a nadie; salió al recibidor y la vio.

- Annita… Hola. – esperó recibir respuesta de la chica, pero no la hubo. – bienvenida. ¿Estás de vuelta? – preguntó, como si fuera lo más lógico de escuchar para los dos. La rubia cambió su peso de pie y lo miró a los ojos.

- Es sólo que… no puedo ocultarte, algo que también te pertenece. – el chico no entendía lo que su esposa quería decir. Esta le tendió el sobre; él lo tomó, lo abrió y leyó el contenido.

"Examen de gravidez" …

- Positivo. – susurró el castaño. – vamos a tener un bebé. – la chica dio un respingo al escucharlo salir de los labios de su esposo. La sacerdotisa asintió.

La rubia trastabilló pues no se esperó que Yoh la envolviera entre sus brazos, apresándola con su cuerpo.

- Gracias, gracias, gracias, gracias, Annita, gracias, por hacerme el hombre más feliz del mundo, Kami… voy a ser papá, Anna, vamos a ser papás. – la rubia lo alejó un poco de su cuerpo y sonrió un poco de ver la felicidad en el rostro del Asakura.

- Sí, vamos a ser papás.

- VOY A SER PAPÁ. – gristó el shaman con emoción. Pero esta fue cortada de repente con una voz que venía de la puerta.

- Vaya, felicidades amorcito. – ambos Asakura se pusieron pálidos ante la voz de Sakura. - ¿Quién lo diría? Vas a ser papá muy pronto. – dijo con una sonrisa sarcástica. – y de dos bebés. – dijo sobando su ligeramente abultado vientre.

CONTINUARÁ…

Hola a todos como están, disculpen la demora, la verdad es que la cuarentena no me la hace fácil.

Soy docente y el trabajo se me ha multiplicado, pero aún así, nos han disminuido el sueldo, esto me tiene super mal, preocupada y la ansiedad no me deja descansar.

Ustedes son mi único desahogo así que… es por eso que lo platico, tal vez por eso este capítulo me es un poco acelerado, pero tenía que lograr distraerme y darles a ustedes una continuación.

Agradezco mucho su apoyo y sus comentarios.

Por favor, no olviden dejarme un review con sus ideas y observaciones.

Gracias a todos.

Besos.