Notas:

-Ha sido mucho tiempo desde que acostumbraba a pasarme por este sitio web, pero ultimamente me llegó la inspiración. Gracias por darle una oportunidad a esta historia.

-La historia y personages de Naruto no me pertenecen

Introducción

A semejantes alturas de su vida, Jiraiya estaba convencido de que había terminado de adoptar a mocosos que se encontraba por el camino, pero fue entonces cuando se encontró con una niña Hyuga viviendo de la caridad y buena voluntad de los aldeanos de una pequeña aldea. Era realmente un milagro que el sitio fuera lo suficientemente humilde para que las personas tuvieran una comunidad cerrada y hasta cierto punto recelosa; de tal manera que a nadie se le había ocurrido vender a la Hyuga por un puñado de monedas. Sin embargo, el conflicto de Kirigakure con Konoha no tardaría mucho más tiempo en escalar al nivel de una guerra, y entonces alguien vendría por ella.

Su primera idea fue acercarse a hablar con la pequeña, pero ésta apenas se asomaba por las ventanas, y todos los aldeanos negaban su existencia. Así las cosas, Jiraiya esperó a que estuviera bien entrada la noche, para sentarse a tomar con el sujeto quien durante el día había observado tenía la menor cantidad de perspicacia, y no sacó a relucir el tema hasta que su compañero estaba sonrojado e hipando.

—Escucha, vi que hay una pequeña aquí que tiene los ojos blancos, ¿Hay algo mal con ella? —preguntó Jiraiya.

—¿Y a ti qué te importa?

—Bueno, ya sabe que soy un viajero, si hay alguna medicina que necesite le puedo ayudar, por un pequeño precio. —Jiraiya puso una risa pícara, estaba claro que si sus intenciones parecían muy honestas el otro sospecharía.

—¡Bah! Ella no necesita medicina, es más, vé mejor que cualquier persona normal. —El hombre espetó con indignación.

—¿Eh?

—Escuche, se lo diré si me compra otra botella de sake, ¿Qué dice?

—Muy bien, pero después debe contarme la historia —respondió Jiraiya, haciendo un ademán al dueño del bar para que trajera más sake. Esperó que el hombre se bebiera un buen trago, y él mismo exageró un pequeño sorbo.

—Esto fué lo que pasó —susurró el hombre, acercándose a Jiraiya para que le oyera bien—. Un día un hombre vino pidiendo hospedaje y la trajo con sigo. Al principio le acogimos como a cualquier otro, pero habría que estar ciego para no darse cuenta que algo andaba muy mal. La pobre criatura estaba muerta del miedo, y el hombre no parecía guardarle ningún cariño.

—¿El que la traía era un ninja? —lo interrumpió Jiraiya, mientras ataba cabos en su mente. Los Hyuga habían querido mantenerlo en total secreto, pero el rumor había viajado de boca en boca: la heredera en realidad no había enfermado y muerto como insistía Hiashi, había sido raptada.

—Si, si. Un guerrero —continuó el hombre—. Pero le digo que algo andaba muy mal y teníamos que hacer algo. Es imposible saber lo que quería hacerle ese hombre a una niña de menos de 8 años, ¡Pero no era nada bueno!

—¿Y qué hicieron?

—Sabíamos que no podíamos ganarle en una pelea, entonces la anciana más vieja y el jefe del pueblo formularon un plan. Primero se aseguraron de que el tipo dormiría profundamente, no se como lo hicieron, pero tuvieron que darle algo. No es normal que un guerrero duerma profundamente. —El hombre asintió con énfasis antes de proseguir—. Y entonces pusieron a la niña a salvo y le cortaron el cuello. La pequeña vive con nosotros desde ese día.

Estaba claro que la niña era en realidad Hinata Hyuga, y que no podía dejarla en esa aldea. No solamente estaba en peligro, sino que ponía en peligro a la gente que la había ayudado. Podría llevarla consigo, y regresarla a su familia pero primero sería necesario convencerla de hablar con él. Una vez hubo pagado por el alcohol, Jiraiya caminó hacia su hospedaje mientras musitaba un plan. El hombre había mencionado a dos personas influyentes en la aldea, el jefe y la anciana, si eran lo suficientemente sensatos para organizar un rescate y mantener oculta a Hinata por los tres años que habían transcurrido, había esperanza de que fuera posible razonar con ellos. Después de todo, sería una pena tener que recurrir a la fuerza bruta.

Llegó el día siguiente y las negociaciones transcurrieron con muy pocos contratiempos. La leyenda de los legendarios Sannin había llegado incluso hasta este rincón del continente, por lo que probar su habilidad no fué problema. Adicionalmente el hecho de haberlos informado de lo que quería hacer, en vez de simplemente llevársela como bien pudo haber hecho, le ganó un poco de confianza. Sólo le habían puesto una condición, -la que ambas partes sabían era más una petición-, que escuchara los deseos de Hinata.

Esa tarde Hinata supo de inmediato que algo había cambiado, los adultos estaban tensos, y apenas la miraban a la cara, y cuando preguntó qué sucedía le dieron un abrazo fuerte y le pidieron que comiera su almuerzo. Su estómago estaba hecho un nudo por los nervios pero se forzó a tomar un poco del estofado que le habían servido, no era una comida particularmente especial como las que hacían en su antigua casa, pero era vigorizante y cálida; y la hacía sentir parte de la familia. Una vez terminó le dijeron que saliera de la casa y fuera con ellos, y ella lo dudó por unos segundos, había un visitante en la aldea y siempre le habían dicho que se escondiera si había alguien extraño, sin embargo le insistieron nuevamente que debía ir con ellos y decidió obedecer.

La llevaron hasta el centro del pueblo donde el jefe y el hombre extraño estaban esperando, temblando, Hinata se escondió detrás de la mujer que la cuidaba.

—Buenas tardes, Hinata —dijo el hombre, arrodillándose—. Me llamo Jiraiya, yo también nací en Konoha.

—Mucho gusto —murmuró Hinata.

—No quiero hacerte daño, lo prometo. —Jiraiya le tendió el dedo meñique y Hinata lo miró intensamente, antes de acercarse y entrelazar su propio dedo para sellar la promesa—. El jefe y yo queremos hablar contigo, pero será mejor que entremos a su casa primero, ¿Vale?

—Si. —Hinata no entendía bien por qué Jiraiya le había preguntado por su opinión, pero el jefe era fuerte y de confianza, si él estaría allí se sentía un poco más segura.

Bajo las miradas curiosas de los otros aldeanos los tres entraron a la casa y se sentaron en una mesa tradicional. La esposa del jefe les sirvió un poco de té y se sentó junto a Hinata.

—Cariño, es mejor que nos dejes solos —afirmó el jefe.

—De ninguna manera —repuso ella—. Voy a asegurarme de que no le hagan daño a Hinata.

—Esta bien. —Jiraiya alzó un poco las manos para calmar los ánimos—. Entiendo que no quieran que le pase nada malo.

El jefe relajó sus hombros con resignación, y todos se sentaron en silencio confortable hasta que Jiraiya retomó la conversación.

—Hinata, primero voy a hacerte unas preguntas. ¿Sabes quién te secuestró de la mansión Hyuga? —La niña bajó la mirada.

—Un ninja de Kirigakure. Vi la marca en su bandana.

—¿Y sabes por qué lo hizo?

—Por mis ojos. —Hinata pegó sus brazos al cuerpo, intentando hacerse pequeña, ante esto la mujer puso una mano en la espalda de Hinata y la acarició un poco para reconfortarla.

—Bueno, sí y no —respondió Jiraiya—. El ninja también quería que tu familia y la aldea se molestaran y atacaran Kirigakure.

—¿Por qué?

—Bueno, eso lo entenderás cuando crezcas un poco más. Lo importante es que tu familia debe estar preocupada por tí, y yo puedo llevarte de vuelta con ellos para que no se preocupen más. —Hinata no respondió nada, pero sus ojos comenzaron a aguarse. Jiraiya, un poco alarmado y confundido preguntó—. ¿Que sucede?

Hinata cerró los ojos fuertemente y negó con la cabeza, incapaz de encontrar las palabras.

—Está bien cariño, puedes decirnos —insistió la mujer, y le apartó el cabello del rostro gentilmente.

—¡No quiero volver! —sollozó Hinata. —¡Soy mala entrenando, y decepciono a papá! ¡Y no quiero casarme y liderar el clan, ni ser una ninja! ¡Quiero quedarme aquí!

Los adultos se quedaron pasmados en silencio, la mujer se apresuró a calmar a Hinata y los dos hombres tomaron un poco de té.

—¿Te gusta vivir aquí? —Finalmente Jiraiya decidió preguntar.

—Si… Me gusta jugar con los otros niños, cuidar las flores y leer cuentos. —Hinata respondió, ahora un poco más relajada—. No me gusta pelear.

—Bien… Lamentablemente hay circunstancias en la vida que no podemos controlar. Todo el mundo debe hacer cosas que no quiere, Hinata, para poder sobrevivir y que las personas que quieren estén bien. Hay muchos ninjas que también buscan tener tus ojos para usarlos en peleas, y pronto habrá una guerra, ¿Entiendes?

—Creo que si.

—Significa que muchas personas van a querer hacerte daño, y necesitas poder defenderte y defender a la gente que amas —explicó Jiraiya—. No voy a llevarte a Konoha si no quieres, ni obligarte a ser ninja. Pero déjame entrenarte por un tiempo. Quiero asegurarme que nadie te haga daño.

—No soy buena entrenando —repitió Hinata, avergonzada.

—Tal vez no eres buena en el entrenamiento de tu padre, pero creo que serás buena en mi entrenamiento. Sólo tienes que darle una oportunidad.

—Está bien —aceptó, con toda la firmeza que pudo.

—¡Bien! —Jiraiya se levantó de la mesa, impaciente por comenzar a prepararse—. Descansa, empezamos mañana.