Notas: Naruto pertenece a Kishimoto. En este capitulo veremos crecer a Hinata por lo que quedó un poco apretado. Perdón por la demora y gracias a por leer.
Capitulo 1: Hijos de la Guerra
Año 1 de la cuarta gran guerra ninja
El entrenamiento de Hinata con Jiraiya llegó a su fin una tarde en una tienda de dango, cuando recibieron una noticia desagradable: el Tercer Hokage había sido asesinado por Orochimaru. Kirigakure intentaría invadir la hoja pronto y era poco probable que Iwagakure se aliara con Konoha, ya que su orgullo había sido herido en la guerra anterior. La mejor posibilidad que tenía Konoha de sobrevivir requeriría aliarse con Kumogakure y convencer a Suna de cuando menos permanecer neutral y Jiraiya no podía quedarse quieto esperando. No le entusiasmaba participar en la guerra, pero tenía la responsabilidad de proteger a cierto Jinchuriki durante su transcurso. Después de todo se trataba del hijo de su querido estudiante Minato.
Hinata tenía planeado escabullirse. No podía volver a la hoja, donde sería casi seguro que la enlistarían para la batalla, y no podía quedarse en su nuevo hogar y poner las vidas de todos en peligro. Para una niña normal habría sido tremendamente difícil vivir por su cuenta y pasar desapercibida, pero Hinata tenía entrenamiento ninja y había estudiado todo tipo de técnicas que permitían ocultar la identidad; además de haber aprendido todo lo posible de hierbas y arbustos gracias a la anciana del pueblo. No era una situación ideal, ni mucho menos, y no podría quedarse en un mismo lugar por mucho tiempo, pero Hinata tenía una extraña sensación de calma. Cualquier cosa podía salir mal en cualquier momento, y ella era apenas una niña, pero confiaba en que sabría que hacer. Con la guianza de Jiraiya se había encargado de domar esa voz en su cabeza que siempre le decía que todo iba a salir mal. Ahora siempre intentaba responder a los nervios con acciones: preparase más, asegurarse de todo, o revisar dos veces.
Año 3 de la Cuarta Gran Guerra Ninja
La vida era difícil. Si mirabas a la izquierda o a la derecha veías hambre, muerte y destrucción. Si te parabas un momento a lamentarte, tus tragedias probablemente se multiplicarían. Gente honesta se transforma en ladrones, familias quedaban reducidas a huérfanos, las personas más hospitalarias tenían sus ventanas selladas con tablones de madera. Hinata sentía que era menos una persona y más una sombra, para sobrevivir debía desaparecer de la mente de los humanos, moverse sin respirar y existir sin preguntarse hasta cuándo.
Sin embargo la guerra le había enseñado cuán poco preparada realmente estaba, y le había obligado a despojarse de su orgullo. Puede parecer contradictorio que una persona tímida y con poca confianza necesite una dosis de humildad, pero en realidad es de esperarse que en su juventud, y con conocimientos regulares de la historia, Hinata no hubiera podido imaginarse la realidad de una guerra; así pues, no se trataba de que hubiera sobreestimado su propia capacidad de sobrevivir, más bien había subestimado la cruenta magnitud del conflicto.
El recrudecimiento de la violencia por su parte, había incrementado la aversión que sentía Hinata hacia la confrontación. Más de una vez había tenido que utilizar sus habilidades para incapacitar a quien la atacara, sin embargo se enfrentaba a un difícil dilema, si quería dejar vivos a sus oponentes tenía que valerse sin utilizar el byakugan, de lo contrario tendría que matarlos y darles entierro para prevenir que se esparcieran historias sobre ella. Generalmente hacía lo primero, pero se habia dado una ocasión en que había sido necesario matar para poder vivir. Era una realidad traumática y paralizante, pero si alguien buscaba matarla, ella no tenía otra opción que defenderse. En las noches le atormentaba el momento en que se apaga la luz de la vida en los ojos de otro, pero en el día intentaba seguir con la frente en alto, intentaba convencerse de que su propia vida era valiosa y de que no estaba mal protegerse.
Año 5 de la Cuarta Gran Guerra Ninja
A sus 16 años Hinata llevaba ya un año de haber participado en la fundación del campo de refugiados, y ahora se dedicaba a velar por su mantenimiento. Se le había ocurrido una noche fría de otoño, junto a una fogata y bajo una manta, mientras intentaba con todas sus fuerzas mantener el calor corporal. Entonces tuvo una especie de epifanía, que más bien se trataba de una súbita conciencia de que podía hacer algo para cambiar su situación. Seguía siendo inseguro asentarse en una aldea de civiles, sin embargo, si reunía un número decente de ninjas que estuvieran también cansados de la batalla, heridos, o hubieran sido dejados atrás por sus aldeas, había una posibilidad de sobrevivir. Sólo quedaba el pequeño problema de ocultar su técnica ocular. O eso había pensado al principio.
Hasta ahora había ocultado sus ojos porque temía a los otros ninjas, pero ahora confiaba en tener la experiencia suficiente para defenderse de las amenazas, y con mayor razón si conseguía un grupo de personas que estuvieran dispuestas a defenderse entre si. Después de todo, había diversas técnicas hereditarias y no todas eran perseguidas, y decenas de Hyugas que iban por el mundo a sus anchas. El problema era que alguien llegara a reconocerla como la heredera perdida del clan Hyuga, entonces se podían desatar todo tipo de búsquedas y conflictos. La solución vino a su mente de manera repentina, nadie la asociaría con la heredera si pertenecía a la rama secundaria, sobretodo teniendo en cuenta que sus facciones habían cambiado desde la última vez que había visto a su familia. Bastaría con pintarse el símbolo del ave encerrada en la frente, y utilizar una infusión especial para que su cabello se tornara completamente negro, en vez del tono azulado que tenía naturalmente.
Sus compañeros de ideales llegaron de forma natural: se trataba de una pareja de ninjas de dos aldeas diferentes que se habían conocido en el campo de batalla, y ahora huían para poder estar juntos. Hinata se presentó con un nombre falso y les comentó de su idea, y ellos de inmediato estuvieron dispuestos a ayudar. Establecieron algunas normas básicas para poder mantener la convivencia entre refugiados, y fueron de gran ayuda para comenzar a construir las bases de un asentamiento más o menos permanente.
Ahora había entre 15 y 20 personas viviendo en el refugio, en su mayoría se trataba de ninjas que por una u otra razón no estaban dispuestos a pelear más, y de personas heridas que se quedaban por un tiempo antes de regresar a su sitio de origen. Hinata se encargaba, aunque no por sí sola, de la jardinería. Era una tarea importante ya que una gran cantidad de la comida que consumían venía del huerto, así como todo tipo de plantas medicinales que, de no ser utilizadas, podían venderse en el mercado. Algunos días se sentía sola, por tener que ocultar su identidad, y por siempre desconfiar de las personas que intentaban acercarse a ella, pero en general era feliz. Disfrutaba pasar los días en un mismo lugar, y dormir bajo un techo, así como no tener que luchar sola contra cada bandido que pretendía saquearlos.
Todo terminó cuando un mensajero llegó cabalgando a toda prisa y gritando las buenas nuevas: "¡La guerra ha cesado! ¡Estamos en paz!"
Algunos partieron esa misma semana. Otros prefirieron esperar al primer mes, para hacer preparativos y viajar cómodamente. Quienes estaban retenidos por tener heridas graves se habían curado para el segundo o tercer mes, cuando partieron, y con ellos se fueron quienes eran expertos en medicina y curación. Los más temerosos y escépticos de que la guerra hubiera terminado realmente, se quedaron hasta el cuarto mes. Y al final, sólo quedaban los fundadores del refugio y los miembros más antiguos. Esa noche decidieron matar un cerdo y hacer un buen banquete para celebrar lo que había sido, lloraron, comieron y bebieron; y al amanecer secaron sus lágrimas y recogieron lo que quedaba para finalmente tomar su propio camino.
Hinata se quedó en el asentamiento por unos días más, planteándose si regresar a la aldea que la había criado, o a la que la había visto nacer, pero una carta desvió sus planes, y el resto de su vida. Un halcón negro llegó una mañana y le entregó a Hinata un pergamino, quien lo recibió perpleja. Al principio estaba convencida de que se trataba de un error, pero una vez se sentó y lo abrió se disiparon sus dudas.
La carta empezaba saludandola como "Señorita Hinata Hyuga", y por unos momentos la invadió el pánico, hasta que se forzó a seguir leyendo. "Le deseamos que se encuentre bien. La Aldea de la Lluvia está impresionada y gratamente sorprendida de que esté con vida y de sus admirables acciones durante la guerra ninja. Es de nuestro conocimiento que la Aldea de la Hoja no está consciente de su estado actual, y sería un honor para nosotros colaborar para que esto se mantenga así. Como prueba de nuestra alianza y de su buena voluntad, le rogamos se presente en nuestra aldea lo antes posible." Después de eso la carta terminaba.
A pesar de aparentar lo contrario, estaba claro que Hinata no tenía más opción que acudir como le habían pedido. La información era la herramienta más importante de un ninja, y en este caso ellos llevaban la ventaja. Siendo así la situación, Hinata recogió sus cosas y partió hacia Amegakure con resignación, al parecer no podía huir de su linage indefinidamente
