Notas: Nuevo episodio, finalmente! Naruto no me pertenece, gracias por leer.
Capitulo 2: Desiciones y Encuentros
Amegakure era una aldea a la que llegaban visitantes en gran número y cantidad, pero pocos de ellos partían, y mucho menos intactos. La gente andaba por las calles con decisión y paso apresurado, no levantaban la mirada y no hacían preguntas innecesarias a la implacable justicia que les mantenía alejados de los horrores del mundo exterior. Sólo los más jóvenes no recordaban los ríos de sangre que habían brotado la guerra pasada, vivían sus vidas con ojos brillantes que se abrían como platos al contemplar en rara ocasión la brillante presencia del Ángel de Dios.
La aldea le dió la bienvenida a Hinata con un día libre de precipitación, pero en el piso aún quedaban charcos como evidencia de que el nombre era bien merecido. La ilusión que ocultaba su verdadera apariencia le permitía mantener la semblanza de calma sobre un torbellino de emociones, cada paso que daba se sentía como una presa aproximándose resignada a las fauces de su depredador. No le seguían murmullos como era la costumbre en las aldeas, en cambio apenas se escuchaba un suspiro o unos pasos que al verla aumentaban su velocidad.
El edificio del jefe destacó apenas entró en su campo visual. Era un rostro con una expresión feroz que sobresalía de un muro de roca, en contraste con las deformes edificaciones metálicas que crecían dejando poco espacio entre sí, y se elevaban como compitiendo por la luz del sol. Se abrió su paso por entre los callejones con agitación que aumentaba en cada momento, la carcomía una impaciencia por terminar lo que sería su juicio, la vida o la muerte.
Una vez estuvo por llegar al edificio una presencia interrumpió sus musitaciones, Hinata se detuvo e inmediatamente vio a un personaje surrealista: una mujer con alas de papel y una túnica negra de nubes rojas que aterrizó frente a ella. Hinata tuvo que contener su impulso de ponerse en guardia, en cambio se quedó quieta como una estatua. La mujer, en contraste, tenía un aire frío y desinteresado. Sin detenerse, la mujer empezó a caminar lanzándole una sola mirada penetrante a Hinata, y ella la siguió sin palabras. Ambas caminaron alrededor del edificio y subieron por unas escaleras que giraban alrededor del torso de la figura para acabar detrás de la cabeza. Tras una puerta gris se encontraba un pasillo oscuro que llevaba hasta una puerta doble.
La habitación era amplia y estaba adecuadamente amueblada. Hacia una de las esquinas, un sofá blando parecía incitar a tumbarse sobre él. Hinata se paró robóticamente y observó la espalda del hombre que estaba sentado detrás de la mesa.
—Mi nombre es Pain —dijo después de girarse a verla, y su voz resonó por el cuarto—. Quiero hacerle algunas preguntas, y tal vez una propuesta.
Hinata lo miró con escepticismo silencioso.
—Está claro que si quisiera matarla no me habría molestado en traerla hasta aquí —espetó Pain, implacable—. Siéntese tranquilamente.
Pain apuntó a una silla de madera que estaba frente a él. Ante una audiencia diferente Hinata hubiera puesto los ojos en blanco y seguido el movimiento con su cabeza para enfatizar su punto, pero se mordió la lengua y se sentó como le había indicado Pain. Hinata puso sus manos en su regazo para convencer a su cuerpo de llenarse de calma y serenidad.
—Disculpe mi comportamiento, pero su carta no ha sido del todo reconfortante —Como respuesta Pain estuvo en silencio unos segundos antes de continuar.
—Me intriga el pequeño grupo de ninjas que usted ayudó a conformar. Por supuesto también me intriga su linaje y su historia de vida.
—Ahora hemos disuelto el grupo —interrumpió Hinata.
—Una pena, sin embargo no una sorpresa. Supuse que su unidad dependía de la amenaza inminente —La respuesta la decepcionó, matando la pequeña esperanza que tenía de hacer al otro perder el interés—. ¿Piensa ahora volver a Konoha?
—Eh… No lo sé.
—¿Por qué?
—Bueno... —Sintió un nudo en la garganta ante la falta de una respuesta evidente—. Una aldea ninja es como un arma de guerra, y no estoy segura de querer hacer parte de ella. La violencia no es lo mío.
—Y sin embargo tuvo que aprender a emplearla.
—Es diferente, cuando estoy sola tengo capacidad de decidir por mí misma, puedo elegir a quién defender y a quién atacar, y tomar una decisión que no lamentaré luego —Paró un momento, poniendo en duda la veracidad de sus propias palabras—. O bueno, cuando menos una decisión consciente.
—Bien —Pain habló con una sonrisa casi imperceptible—. Le diré algo que en su aldea probablemente le han ocultado a la mayoría. Habrá notado que la guerra se detuvo de forma muy repentina, sin un ganador claro. La razón de esto es que ha aparecido una amenaza mayor, una amenaza que ha obligado a los países a dejar de luchar entre sí. El nombre de esa amenaza es Akatsuki.
—¿Akatsuki? —El corazón de Hinata palpitaba con fuerza, a pesar de que el nombre no significaba nada para ella, tenía una sensación pesada y asfixiante. Como si algo terrible hubiera sido nombrado, algo que cambiaría el destino del mundo para siempre.
—Akatsuki es lo que usted llamaría una organización terrorista. Yo soy su líder.
Hinata saltó de su silla y dio unos pasos atrás. Miró hacia todos lados buscando una salida, una forma de huir, un arma, pero no había nada. La habitación que previamente le había parecido inocua ahora era perversa, se cerraba sobre ella y le robaba el espacio. La única puerta estaba custodiada por la mujer, que estaba alerta y lista para atacar de ser necesario, hacerlo primero sin estar conciente de las habilidades que tenían sus oponentes sería un suicidio. Retrocedió hasta el centro del cuarto, equidistante a ambos ninja, que la miraban impasibles.
—¿¡Por qué me dice algo así!? ¿Qué es lo que busca? —gritó, aunque una parte de ella ya se imaginaba la respuesta.
—¿Ya lo ha vivido, no? El mundo sólo entra en paz si hay una amenaza que lo obligue.
—¿Y si me rehúso?
—No puede —sentenció Pain—. No tiene que decidir ahora mismo. Le mostraré una habitación donde se puede quedar mientras recupera sus cabales.
Hinata supo que su decisión en realidad era unirse a Akatsuki o morir. La mujer abrió la puerta y Hinata se apresuró a salir sin pensarlo dos veces. Ambas caminaron por el pasillo hasta una habitación sencilla al estilo japonés tradicional, tenía una ventana que daba al exterior y un pequeño armario de madera. Hinata se sentó en el piso aún estupefacta, pero la mujer se quedó en el marco de la puerta unos momentos.
—Mi nombre es Konan. Es mejor que nos llevemos bien desde ahora
—Si —Hinata contestó, y Konan se retiró satisfecha.
Es curioso como en las situaciones más demandantes surge de nuestro cuerpo una impresionante capacidad de apagar la mente, y Hinata sintió algo similar esa tarde. El sol ni siquiera se había puesto, pero el esfuerzo que le había supuesto enfrentarse a Pain y empezar a aceptar su nueva situación fue lo suficientemente grande para que liberara su transformación y cayera rendida. Durmió profundamente, y si soñó lo olvidó inmediatamente al despertar.
Cuando abrió los ojos el cielo estaba oscuro, sin dejar claro si el próximo día había empezado ya. Por un momento quiso volver a dormir, pero un hambre punzante la obligó a cambiar sus planes. Tenía consigo suficientes materiales para cocinar arroz blanco, pero dado que su habitación estaba hecha en gran medida de papel y madera, era prudente buscar un lugar diferente para hacer fuego.
Al salir de su habitación se encontró con el familiar pasillo, y se dirigió hacia el lado opuesto de la habitación en que había hablado con Pain. Sólo había caminado unos cuantos pasos cuando una voz de entre la penumbra le hizo dar un salto al corazón.
—¿Huyendo… hm?
Hinata se giró violentamente hacia la dirección de la voz, todavía perturbada por su repentina aparición. La pregunta la dejó plasmada, huir significaría poner su identidad y su estilo de vida a los designios de una organización que admitía ser terrorista.
—No realmente —murmuró como respuesta—. ¿Quien es usted?
—No tienes que avergonzarte, yo también intenté escapar mi primera noche aquí. Me llamo Deidara, un gusto, hm.
Ella no se molestó en corregirlo, le parecía más importante el hecho de que al parecer no la castigarían si intentaba huir, entonces la estrategia de la organización no era impartir miedo en sus posibles miembros. No era mucho a lo que aferrarse, pero un consuelo de todas maneras.
—Un gusto —Hubo una pausa incómoda—. Tengo hambre.
Deidara soltó una risa, y Hinata agradeció que la penumbra del pasillo ocultaba sus mejillas sonrojadas por la vergüenza.
—Bueno, estaba preparado para retenerte a la fuerza hm, pero si lo que quieres es cocinar algo puedo mostrarte dónde —Deidara se acercó lentamente a ella para no sorprenderla, y Hinata supuso que quería tomarla de la mano para poder guiarla en la oscuridad, así que guió su propia mano a la de él.
Por unos momentos la textura le resultó incomprensible, pero luego la inconfundible humedad viscosa de una lengua lamiendo su mano hizo a Hinata dar un respingo y soltarla inmediatamente. Saliva quedó como evidencia en la palma de su mano, y el profundo asco le impidió quedarse callada.
—¿¡Ah!?
—¡Ojalá pudiera ver tu cara! —exclamó Deidara, que se moría a carcajadas—. Sígueme con tus ojos mágicos, princesa, te mostraré donde es la cocina.
