ADVERTENCIAS (IMPORTANTE): En este capitulo habrá descripcion gráfica de autolesiones, si esto es algo que puede afectarte negativamente por favor no leas este episodio.

En otras noticias, por fin he terminado un nuevo episodio, estaba un poco bloqueada sobre que hacer en este punto de la historia.

Tambien quería decirles que leí sus reviews y me han animado mucho para terminar. A manu, quiero decirle que tal vez haga one-shots con alguna de esas parejas, pero por ahora quiero terminar esta historia. A luned anko88, muchas gracias por comentar, espero que este episodio te guste.

No siendo mas:


Capítulo 4: Sacrificio

La atmósfera era pesada. Deidara estaba sentado frente a ella observándola masticar y haciéndole preguntas a las que ella intentaba no responder. El arroz no le daba ninguna satisfacción más allá de calmar su estómago agitado. Los pensamientos se apilaban en su mente obligándola a entender una cruda realidad: después de años de hacer lo que le placía ahora no tenía ningún poder de decisión. Había huido tan lejos de la guarida del lobo que había dado una vuelta completa directo hacia sus fauces. Incapaz de acallar la sangre que parecía querer escapar de sus venas, se levantó sin haber dado advertencia, y Deidara dió un pequeño respingo, pero en ese momento para Hinata él era invisible.

Una idea terrible le pasó por la mente. Una posibilidad que de repente inundó sus pensamientos. Se lo debatió por un momento, pero entre más pensaba en ello más la ahogaba la impotencia. No tenía sentido volver a Konoha después de todo lo que había hecho para evitarlo, pero no encontraba la manera de huir de Akatsuki. Eran más fuertes que ella y sabían su identidad. ¿Sería esa su vida de ahora en adelante? ¿Resignarse a ser una marioneta para los más poderosos? No… ¡No! Aquella idea, aquella posibilidad. Debía hacerlo ahora mientras aún tenía la oportunidad.

Hinata caminó hacia el estante y abrió la llave del fregadero, dejando el agua correr sobre los platos. El corazón le iba a mil, pero en ese instante sus manos parecían moverse por si solas, lentamente se elevaron hasta estar flotando directamente frente a su rostro. Entonces sin permitirse cambiar de opinión, comenzó a hundir sus dedos detrás de sus párpados, a agarrar sus globos oculares con la esperanza de arrancarlos de su cráneo. El dolor era inconmensurable, y sin embargo sólo podía enfocarse en la sensación húmeda que quedaba en las yemas de sus dedos. Se preguntó si estaba llorando, pero la viscosidad del líquido que corría por sus mejillas era inconfundiblemente sangre. Una sola gota cayó al piso.

—Oye, ¿Estás bien? —preguntó Deidara, girando hacia ella.

La urgencia inundó a Hinata, sus movimientos antes lentos y precisos se llenaron de temblores y espasmos, sus instintos de supervivencia pretendían paralizarla pero ella luchaba contra el dolor, apretaba hacia el centro intentando hacer espacio para insertar sus uñas detrás de las pequeñas esferas. Sus cuerdas vocales se abrieron sin su permiso, pero ella apretó los dientes, dejando escapar sólo un gruñido débil.

—¿¡Qué crees que haces!? —Alarmado, Deidara saltó a la acción, y en dos zancadas estaba detrás de ella, con las muñecas de ella firmemente entre sus puños, halándolas hacia atrás.

Hinata luchaba con todas sus fuerzas, torcía los hombros e intentaba pegarle con su cráneo, pero estaba tan fuera de sí que él la esquivaba fácilmente.

Furiosa, Hinata lanzó una patada hacia atrás, obligando a Deidara a soltar una de sus manos para evitar ser golpeado. Aprovechando la pequeña apertura, Hinata abalanzó el codo que tenía libre sobre el brazo que aún la sujetaba, él lo quitó a tiempo, y no tardó en empujar a Hinata hacia la repisa. Sólo los reflejos producto de la experiencia le permitieron a Hinata poner los brazos a tiempo para no lastimarse la columna vertebral. Él no le permitió recobrar el equilibrio, sujetándola de los hombros para moverla contra la pared más cercana, donde la retuvo.

Inseguro acerca de qué otra cosa podía hacer, Deidara le dió una cachetada a Hinata, manchandose la mano de la sangre que corría por sus mejillas.

—¿Qué crees que haces? —repitió su pregunta conmocionado.

—Es eso lo que quieren, ¿No? —susurró Hinata—. Mis ojos.

—¿Qué? —repuso él, incapaz de entender su razonamiento.

—Es lo que todos quieren, es lo que todos buscan, es la razón por la cual me impiden vivir en paz —con la adrenalina ausente Hinata sentía el dolor en sus ojos crudo y punzante, hasta el punto en que era incapaz de mantenerlos abiertos—. Es la razón por la cual no puedo tener una familia, una vida normal, ¡Una maldita huerta de plantas medicinales!

Deidara abrió la boca, pero no tenía palabras adecuadas para ofrecerle, dejó salir una risa desquiciada aunque no sentía ni pizca de gracia.

—Me arrebatarán cualquier cosa buena que consiga —siguió ella.

—¿Quienes? —preguntó Deidara de repente, su tono delataba la epifanía que había llegado a su mente.

—¡Estos ojos!

—¡No! —corrigió él—. Ellos

Deidara soltó a Hinata para señalar con un gesto amplio al cuarto vacío. Ella, con los ojos apretados por el dolor, no entendía en lo más mínimo.

—El mundo.

Después de unos minutos en confusión, Hinata tuvo un gélido momento de comprensión, no eran sus ojos los que le habían arrebatado todo, eran ellos, era el mundo, era el mundo ninja.

—¿Qué vas a hacer al respecto, princesa?¿Vas a darles lo que quieren? —incitó Deidara.

—Hinata. Me llamo Hinata.

—Gran respuesta —Aún con los ojos cerrados, Hinata escuchaba la risa burlona en su voz—. Escucha, ¿Qué es lo que quieres en la vida?

—No lo se…

—¿Te parece si lo piensas mientras te llevo al médico hm? —Hinata temblaba de los pies a la cabeza, era surrealista pensar que acababa de intentar arrancarse los ojos, hasta hace unos días hubiera jurado que ella era incapaz de hacer algo así. Pero también hubiera jurado que era imposible detener la guerra.

Pain había admitido que Akatsuki era una organización terrorista, ni siquiera la persona mas ingenua pensaría que no saldría lastimado ningún civil o inocente en el proceso. Además no podía entender del todo qué era lo que pretendían lograr, más allá de ser un enemigo en común para las aldeas, debían tener un objetivo a largo plazo, algo que no tenían intención de decirle a ella. Si les obedecía no podía mantener su conciencia tranquila, pero la alternativa era sacrificarse a sí misma. En ese momento recordó a su maestro Jiraiya. Recordó la conversación que tuvieron en la tienda de dango antes de despedirse, él le había dicho que no tenía más opción que involucrarse en la guerra, para proteger a la gente que quería. Supo inmediatamente lo que él le aconsejaría hacer.

—¿No tienen un ninja médico aquí en la organización? —preguntó Hinata tras decidir cuál sería su plan.

—Si, hm, pero… No es de fiar en este caso. Créeme.

—Esta bien. En ese caso tendrás que guiarme, no creo poder abrir los ojos.

—¡Ja! No me sorprende —Deidara puso su brazo en la espalda de Hinata y comenzó a empujarla gentilmente—. Más vale que puedas recuperarte, o si no el líder tendrá mi pescuezo.

Consciente de que su seguridad dependía de él, Hinata mantuvo un silencio diplomático, pero en su mente pensó que no sentía ninguna culpa si en efecto castigaban a Deidara. Técnicamente él hacía parte del grupo de personas que la estaban amenazando y chantajeando.

Ambos salieron al exterior del edificio, donde Deidara tenia espacio suficiente para hacer un ave de arcilla donde llevar a Hinata. Amegakure de noche estaba llena de luces de neón y ruidos desenfrenados. Más que divertirse, la gente parecía desahogarse, gritar y explotar bajo el manto de la noche, mintiéndose a sí mismos sólo por unos instantes en los que pretendían que los fríos ojos de Dios no podían verlos. El hospital estaba abierto las 24 horas, pero la recepcionista, que había esperado tener una madrugada en calma, se sobresaltó bastante al ver a Hinata llegar con el rostro y las manos cubiertas de sangre.

Una pequeña tropa de ninjas médicos empezaron a hacerle preguntas y a trasladarla a salas de cuidado, mientras Deidara esperaba parado contra una pared. Todo pasó en un abrir y cerrar de ojos. Aparentemente no se había hecho mucho daño, así que solamente le recomendaban mantener las bandas sobre sus ojos por un día. Desafortunadamente Hinata no podría permitirse ese lujo.

Justo en el momento en que le confirmaron que no necesitaba más tratamientos, Hinata activó su Byakugan y dejó inconsciente a las dos personas que estaban presentes. No tenía mucho tiempo antes de que alguien viniera a investigar, así que no podría recuperar sus cosas. Saltó por la ventana y notó en el último segundo que estaba en un piso bastante alto, de ser una persona normal habría caído hacia la muerte, pero el control del chakra le permitió correr por la pared y saltar por entre las torres altas hasta que encontró una calle concurrida en la que mezclarse. Una rápida mirada al cielo reveló que Deidara ya la estaba buscando desde su ave de arcilla.

Hinata miró a todos lados en busca de una ruta de escape, y como si se tratara de un milagro, el sistema de alcantarillado de la aldea entró en su campo de visión. Bastó con encontrar un sitio poco iluminado y bajar por ahí. El hedor de las aguas sucias era penetrante, y la constante lluvia hacía que las tuberías fueran caudalosas. Hinata corrió en la superficie para evitar ensuciar su ropa. Era sorprendentemente complejo, tubos de distintos tamaños se abrían en dos, y se unían constantemente, dando vueltas e incluso yendo más profundo. Una vez más el Byakugan le salvaba el pellejo, realmente tenía mucha suerte de no haber arruinado su visión, aunque los efectos de no haberse tomado el descanso recomendado estaban por verse.

Hinata estuvo un buen tiempo recorriendo con sus ojos decenas de salidas y entradas hasta que encontró la ruta hacia el exterior, por lo que para cuando llegó ya se habían asomado los primeros rayos de sol en el horizonte. No tenía más comida ni suministros, así que debería llegar a Konoha lo más rápido posible. Corrió sin perder tiempo.