AVENTURAS EN TOKIO

PRÓLOGO

Pensar en el futuro siempre era un tema que las ponía en distintos lados de la balanza, mientras que una sentía emoción por lo desconocido y lo nuevo por descubrir, la otra se tensaba pensando en lo que podría o no hacer con lo que tenía en sus manos. Honoka miraba al frente con viva emoción y sin miedo a lo que llegase de frente, Nagisa dudaba porque salir de su zona de confort siempre la desorientaba y a momentos no sabía hacia dónde dar el paso. Para suerte suya, desde que estaban juntas, el punto de vista de la otra era una buena manera de balancearse a sí mismas.

Gracias a Nagisa, Honoka ya era capaz de ver los posibles riesgos, y gracias a ello podía pensar en todos los escenarios y planear qué hacer para cada caso. Por su lado, gracias a Honoka, Nagisa podía ver de frente con menos recelo y temor, se contagiaba del entusiasmo ajeno y sus propias precauciones le ayudarían a mantenerse firme si algo no salía bien. Y en todos esos casos, salieran o no bien las cosas, se tenían la una a la otra. Podían contar la una con la otra. Esa era la mejor parte de crecer con una compañera incondicional.

Y cómo no ser fiel la una a la otra cuando ya habían pasado por tantas cosas, desde hacer crecer su amistad durante el día a día, hasta enfrentarse con la oscuridad primigenia más de una vez a punta de puñetazo y con la ayuda de la Luz misma.

Para Nagisa era casi ridículo sentirse preocupada por su futuro cuando le había pateado la cara a la Oscuridad más de una vez, literalmente. Honoka encontraba ese razonamiento más que suficiente para poder ir de frente a ese futuro con menos miedo, es decir, ya habían sido apaleadas por la mismísima oscuridad en medio de un mundo devastado, ¿qué podría ser peor que eso? Con ayuda de un poco del razonamiento ajeno, ambas pasaron sus tres años de preparatoria con la normalidad que tanto habían pedido.

Cuando llegó el momento de elegir el nuevo camino a seguir, para nadie fue sorpresa que Honoka Yukishiro junto con sus habilidades, su sed de conocimiento y su alto rendimiento escolar, viera viable estudiar en alguna prestigiosa universidad especializada en ciencia y tecnología en Tokio. Por su lado, el alto desempeño deportivo, don de mando y habilidad para adaptarse de Nagisa le dieron la opción de seguir como deportista profesional en la liga femenil de lacrosse, reclutada desde que empezó tercero de preparatoria por una universidad deportiva en, precisamente, Tokio.

El universo siempre les echaba una mano para mantenerlas juntas al parecer, y así Mepple y Mipple no tendrían que separarse, no cuando ahora sería al revés, ellas compartirían más horas en casa y no en clases.

Por supuesto, dejar su ciudad quería decir dejar a sus familias, a su pequeña Hikari y todo lo que conocían. La distancia de dos horas y media de Wakabadai a Tokio en tren bala podía sonar tan poco y la vez tan largo. No estaba de más mencionar que Honoka decidió no ir a París con sus padres, en cambio, estos fueron los que tuvieron que adaptarse a la nueva tecnología, a que los tiempos de ahora ya no los requerían de viaje 364 días al año y que casi todos sus tratos podrían llevarlos a cabo desde un teléfono móvil con internet. Fueron ellos los que volvieron a casa, era el turno de Honoka de viajar. Nagisa estaba algo más ansiosa por la idea de dejar su hogar y a su familia, pero encontró consuelo y ánimos en las palabras de alguien que siempre lograba darle cierto consuelo y bastantes ánimos: Fujimura.

El futbolista, junto con su amigo Kimata, había sido reclutado por la misma universidad que Nagisa, tenía un futuro prometedor como futbolista profesional, y por carrera optó por Psicología del Deporte. El plan del chico fue claro apenas pisó Tokio: seguiría como futbolista y, cuando fuera el momento de retirarse, quería trabajar como entrenador de equipos de fútbol locales. Nagisa supo eso mismo no solo de parte del chico, si no de Honoka, y eso le dio un camino claro a Nagisa.

El plan que se dibujó en su camino fue casi el mismo, seguir como jugadora de lacrosse hasta las últimas instancias, mientras tomaría por carrera Orientación en Educación Física y con ello podría ser maestra de educación física y trabajar en cualquier escuela a partir de nivel preparatoria, incluso en la misma universidad. Tener un camino claro le dio calma, solo quedaban los nervios ante el nuevo camino.

Honoka la tuvo un poco más sencillo, la misma universidad le estaba ofreciendo programas personalizados que ella podría seguir a capricho y adaptarlos a como avanzara. Ser una científica e investigadora le daba tantas opciones, quería tomarlas todas y saciar aquella sed de conocimiento en un sitio más grande.

Sus amistades se fueron por otros caminos, Shiho decidió ir a una universidad donde pudiera tomar materias relacionadas con la cinematografía, de verdad quería ser directora de cine. Pensaba lograrlo. Rina, por su parte, encontró que le gustaban mucho los animales y se decidió por una carrera como veterinaria. Yuriko optó por volverse maestra especializada en ciencias, quería inspirar a los más jóvenes a amar la ciencia así como ella lo hizo al lado de Honoka, así como Honoka la inspiró a ella y a todas las chicas del club, tanto mayores como menores. Lo último que supieron de Yuka Odajima fue que terminó en una universidad privada y se dedicaría a negocios y política como su familia. Todos sus conocidos estaban siguiendo sus propios caminos.

Hikari estaba feliz por ellas, pero también las iba a echar mucho de menos. Ya no había peligros latentes y deseaba que no los hubiera, ya era justo que sus amigas siguieran sus sueños y que ella misma siguiera viviendo esa vida que se le permitió vivir. Estar con Akane y con Hikaru, con su familia, era algo que amaba cada día más. Nadie vería con extrañeza que Hikari siguiera en la misma rama de negocios como Akane. Y tampoco estaría tan sola, Porun y Lulun seguirían a su lado, cuidándola, y gracias a Porun podría ir con las chicas en cualquier momento cuando lo necesitara, el pequeño príncipe había aprendido la habilidad de teleportación.

Sentir miedo, ansiedad, emoción y esperanza por ese camino era normal, esa parte de vivir.

Les tocaba vivir como siempre lo desearon, se lo merecían.